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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 311

La revista Punto, principal órgano de divulgación de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, durante sus 40 años de vida y 69 números publicados atravesó por diferentes etapas. La más larga de ellas correspondió a la dirigida por su fundador Antonio Granados Valdés entre enero de 1961 y mayo de 1978 en la que apareció en 60 oportunidades.

Durante la gestión de Granados al frente de la publicación, también es posible detectar variaciones y alteraciones reflejadas algunas de ellas en el diseño de la portada, organización del contenido e incluso variaciones en el enfoque del mismo. Pero sin duda el cambio más notorio es el que se da a partir del número 40-41 (enero-marzo de 1970) cuando, presionado por los aires que provenían del proceso de Renovación Académica, Granados, en un inusual editorial donde explica los rasgos que habían identificado la revista desde su “modesta aparición en el año de 1961”, señala la finalización de una etapa y el comienzo de otra que se inicia con la incorporación de “criterios sobre los más candentes y actuales problemas que confronta nuestra Facultad, así como de algunos ejemplos recientes de la arquitectura venezolana”.

Consciente de que “está planteada una nueva estructuración de los estudios que se imparten en nuestra Facultad”, Punto 40-41 mediante el título “Renovación ¿Por qué? ¿cómo?” recoge parcialmente lo que venía aconteciendo en los espacios académicos de la institución dedicándole la mayor cobertura posible. Encabezado por el «Informe elaborado por el Departamento de Composición Arquitectónica» cuya jefatura ejercía Augusto Tobito y que contaba como jefes de talleres con: Dirk Bornhorst (Taller 1), Augusto Tobito (Taller 2), José Miguel Galia (Taller 3), Bernardo Borges (Taller 4), Ramón González Almeida (Taller 5), Carlos Raúl Villanueva (Taller 6) y Américo Faillace (Taller 7), al que se sumó el “Grupo de ampliación” conformado por Henrique Hernández, Carlos Becerra y José Miguel Menéndez, los editores de la revista logran adicionalmente plasmar la opinión dada como respuesta a una encuesta elaborada para la ocasión de hasta 23 profesores y 10 estudiantes.

1. Momento en que la revista PUNTO sufre un cambio importante en su línea editorial influido por los aires de la Renovación.

También este ejemplar de la revista está signado por la aparición por primera vez como su portada de los resultados provenientes de un concurso promovido por la División de Extensión Cultural entre los estudiantes, cuyo valor gráfico dejaba atrás el predominio de la fotografía como elemento identitario de su tapa mantenido durante 39 entregas.

Dentro de este clima, Punto abre a partir del número 44 una “sección estudiantil” en la que se empezarían a mostrar trabajos realizados en los agonizantes talleres de composición que serían sustituidos por los provenientes de las nacientes unidades docentes. Cabe recordar que esta actividad divulgativa de los productos de los alumnos había sido llevada a cabo en su mayor medida por las diferentes publicaciones que fueron impulsadas durante años por el sector estudiantil (principalmente Taller y en segundo lugar Tauro 13).

2. Las tres páginas de la revista Punto nº44 ocupadas por la Tesis de Grado del estudiante Joel Sanz.

Le corresponderá a la Tesis de Grado presentada en febrero de aquel año 1970 por el entonces bachiller Joel Sanz Pino inaugurar la sección estudiantil de Punto. De dicho trabajo es de donde proceden los dibujos que ilustran nuestra postal del día de hoy.

El proyecto con el que Sanz se gradúa, consistente en un sistema que sumaba vivienda y servicios para personas que se dirijan a zonas recreacionales estratégicamente ubicadas en el país que disfrutarían de estancias de más de un día, centra su atención en el diseño de unidades de vivienda móviles que estarían bajo la administración de un instituto recreacional promotor y garante del funcionamiento de la red “que las rentaría a los usuarios y cobraría a la devolución por servicios consumidos. Tendrían capacidad para dos personas, con posibilidades de remolcar otras unidades y de agruparlas estableciendo comunicación entre ellas”, según consta en la memoria preparada por su autor que acompaña los dibujos publicados en la revista.

3. Página central de las tres ocupadas por la Tesis de Grado del estudiante Joel Sanz en la revista Punto nº44.

Cada unidad “estará dotada de todos los servicios necesarios para la alimentación… y la higiene, así como todo lo necesario para que la actividad principal que en ellas se realiza (el descanso físico y mental) y sus derivados, se satisfaga a plenitud; incluyendo para ello desde butacas-camas adaptables a la posición del cuerpo, aire acondicionado, equipos de sonido, televisión, libros, hasta ropa desechable para actividades de recreación”.

Luego de detallar lo correspondiente al sistema de movimiento de las unidades, se señala que “la unidad de vivienda será de plástico, en dos piezas (más los equipos y el sistema de movimiento), fácilmente almacenable y transportable y se unirá a las unidades de servicio por una rosca universal que contendrá los ductos e instalaciones necesarias para dar servicio completo durante la permanencia en ese sitio y abastecimiento para subsistir 30 minutos aproximadamente. (…) Las unidades de servicio podrán ser fijas o móviles, ambas con posibilidad de ser autónomas o recargables, dependiendo de la existencia o no de redes de servicio en la zona recreacional; también podrán ser subterráneas o superficiales, de crecimiento horizontal o vertical, o sea, con la mayor flexibilidad posible de crecimiento y adaptabilidad para que puedan existir en cualquier zona recreacional”.

Más allá del hecho de haber sido el primer trabajo estudiantil publicado ampliamente en Punto luego de su “viraje”, el trabajo de Sanz tiene un alto significado en varios sentidos: demuestra claramente la presencia de un diseñador preocupado por un tema de importancia en el marco del necesario desarrollo turístico del país; se desmarca de lo que en la época se consideraban temas prioritarios apuntándose a otra línea de trabajo que observa la vivienda desde lo temporal; ofrece otra variante en la industrialización de piezas con fines de su masificación y la incorporación de nuevos materiales; permite demostrar, resolviendo hasta el más mínimo detalle, la capacidad de diseño de su autor; y demuestra una opción viable para poder desarrollar las habilidades de un arquitecto no necesariamente restringidas al diseño de edificaciones, preocupaciones que nunca abandonó Sanz durante su trayectoria tanto profesional como docente.

Sanz, quien realizó su tesis en el Taller González Almeida, teniendo como profesores asesores a Pablo Lasala y Carlos Gómez de Llarena, obtuvo una calificación de 19 puntos, honor que le fue reconocido en el acto de graduación del 12 de marzo de 1970. Durante su tránsito como estudiante de la escuela de arquitectura de la FAU UCV Sanz fue ganador de un concurso como preparador de Geometría Descriptiva, y fue preparador de los profesores Ángel Martin, Omar Carnevalli y Pablo Lasala. También realizó una pasantía con el arquitecto Jesús Tenreiro. Ya graduado, Sanz (1947-2013) ganaría el concurso de oposición para dar clases en el Sector de Historia y Crítica en la FAU UCV y llevaría adelante una fructífera trayectoria tanto como docente en el área de diseño como profesionalmente, formando parte de la oficina S+P+A Arquitectos C.A. la que le fue reconocida al serle otorgado el Premio Nacional de Arquitectura el año 2000.

La “sección estudiantil” de la revista Punto al igual que otras que ya habían ido apareciendo a lo largo de los años no tuvo el rigor y la sistematicidad requeridos. Sin embargo, hay que reconocer que la misma se mantiene en el número 45, se interrumpe en el 46 (dedicado en pleno a Carlos Raúl Villanueva), se amplía si se quiere en el 49-50 cuando las Unidades Docentes muestran sus lineamientos junto a los trabajos de sus alumnos, y reaparece en el 52 continuando sin interrupciones hasta el 55.

4. Tres de las diez páginas publicadas en la revista Punto nº54 del trabajo enviado por la FAU UCV a la Confrontación Internacional de Escuelas de Arquitectura a celebrarse en Madrid durante el XII Congreso de la UIA (1975).

Como dato curioso, para concluir, solamente apuntar que formando parte de la presencia estudiantil en el número 54 (mayo 1975) de Punto, apareció un extracto del trabajo enviado por la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV a la Confrontación Internacional de Escuelas de Arquitectura a celebrarse en Madrid durante el XII Congreso de la UIA que se iniciaría en mayo de aquel año. El tema propuesto por los organizadores del Concurso fue el diseño de un hábitat provisorio para auxiliar a las víctimas causadas por desastres. El diseño corrió a cargo del joven Juan Carlos Parilli y de cuatro integrantes del Sistema Nacional de Emergencia contando con la colaboración de un total de hasta 15 compañeros de estudio. El profesor guía del trabajo fue Joel Sanz. La breve memoria aparecida publicada recogía: “Se debían contemplar los aspectos siguientes: Organización de conjunto; servicios de infraestructura; servicios complementarios (sanitarios, escuela, comedor); y sobre todo la ‘vivienda de emergencia’ propiamente dicha, incluyendo detalles y el proceso constructivo. En este trabajo se desechó la idea de una vivienda para hacer frente a la situación de emergencia y se plantearon unidades de emergencia, con un propósito muy diferente. Caracas, diciembre de 1974”.

Se trataba de darle continuidad a un enfoque que ya quien guiaba al grupo había venido desarrollando desde que era estudiante, de no perder la oportunidad de participar en un concurso (cosa que también formaba parte del comportamiento del docente conductor), y tal vez del inicio de una relación que perduraría en el tiempo entre el profesor y el talentoso estudiante que encabezó el equipo.

ACA

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Todas. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad (http://www.edicionesfau.com/index.php?main_page=page&id=14&chapter=0)

EL ACERVO EDITORIAL DE LA FAU UCV

PUNTO nº 25

División de Extensión Cultural

Facultad de Arquitectura y Urbanismo

Universidad Central de Venezuela

Noviembre-diciembre 1965

La inesperada muerte el 27 de agosto de 1965 de Charles-Edouard Jeanneret-Gris, conocido mundialmente como Le Corbusier, considerado por muchos como el más importante arquitecto del siglo XX, causó revuelo y consternación a todo lo largo del planeta y muy especialmente en los ambientes relacionados con la actividad disciplinar. Con 77 años, mientras nadaba en la playa cercana a su cabaña de verano (Le Cabanon) situada en la población francesa de Roquebrune-Cap-Martin en la Costa Azul, un paro cardíaco marcó el final de un referente cuyas enseñanzas siguen aún hoy dando de qué hablar y muchos de sus postulados mantienen plena vigencia.

1. Emplazamiento en la población francesa de Roquebrune-Cap-Martin en la Costa Azul y dos imágenes (una exterior y otra interior) del Cabanon de Le Corbusier.

En nuestro país, el impacto de la noticia dio pie para que las autoridades de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela acordaran la realización de diversos actos en memoria del maestro desaparecido, que contaron con el apoyo del cuerpo profesoral y los estudiantes. De tal manera, le correspondió a la División de Extensión Cultural a cargo de Antonio Granados Valdés, montar una pequeña exposición-homenaje con fotografías de la obra de Le Corbusier, proyectar una película sobre su vida y organizar el 1 de septiembre una mesa redonda en el auditorio con la participación de los profesores Carlos Raúl Villanueva, Juan Pedro Posani, Augusto Tobito y Oscar Tenreiro, en la que fueron abordados aspectos relevantes relacionados con la figura del gran arquitecto. Adicionalmente, en un acto especial, las autoridades de la FAU, encabezadas por el decano Victor Fossi y el director de la escuela Oscar Carpio, develaron en la planta baja del edificio una placa vaciada en concreto en su memoria, que aún permanece en el espacio del foyer del auditorio.

2. El colorido proveniente de una pintura de Le Corbusier usada en la portada del nº 25 de la revista Punto, contrasta con la sobriedad que hasta entonces caracterizaba las tapas de la publicación.

Como perdurable testimonio de aquel acontecimiento, Granados Valdés, en compañía de la Comisión de Extensión Cultural integrada por Carlos Raúl Villanueva, Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani, tomaron la decisión de dedicar un número de la revista Punto para dejar constancia de la relevancia que para una institución formadora de arquitectos tuvo el fallecimiento del maestro oriundo de La Chaux-de-Fonds, Cantón de Neuchâtel, Suiza, nacido el 6 de octubre de 1887.

La publicación dedicada de lleno a Le Corbusier, a la que le corresponderá el significativo 25 dentro de la numeración, adquiere particular relevancia por varias razones. En primer lugar, se trata del primer número monográfico de Punto a casi 5 años de su primera aparición en enero de 1961. En segundo término, es el ejemplar más voluminoso de los publicados hasta entonces ya que alcanzó las 71 páginas cuando en promedio no sobrepasaban las 55. En tercer lugar, marca una ruptura con la línea que hasta entonces había caracterizado las portadas de la revista, siempre presididas por una buena fotografía en blanco y negro que se combinaba con un espacio en blanco donde se colocaba la identificación, siendo ocupada en este caso por una colorida imagen de una pintura realizada por Le Corbusier en 1956, otra de las importantes facetas que abarcó a lo largo de su trayectoria. Valga añadir que desde ese momento, siguiendo la pauta establecida por el nº 25, toda la carátula pasó a estar ocupada por el motivo fotográfico colocándose sobre él la identificación respectiva.

3. Cuatro de las publicaciones desde las que Granados Valdés extrajo algunos de los textos utilizados en la revista Punto nº 25.

Granados, como era su costumbre, apeló para llenar de contenido la revista a “importar” una serie de textos que le dan relevancia y contexto al objetivo de mostrar la trascendencia del personaje que constituyó su centro de atención. Es así como son transcritos de la dilatada obra escrita del arquitecto suizo: en la página 6 “La morada: templo de los hombres” (del 30 de enero de 1930); en las páginas 26 y 27 “El poema electrónico” (extracto del libro publicado por S.l., Centrale Graphique, 1958, dedicado al Pabellón Philips de la Exposición Universal de Bruselas); en las páginas 46 a 54 “La arquitectura -mensaje a los estudiantes-” (extracto del Mensaje a los estudiantes de arquitectura, publicado originalmente por las Editions de Minuits, París, 1957, y luego en Architectural Design, volumen 29, febrero 1959, el cual fue editado por primera vez en castellano por Infinito en 1959); y en la páginas 58 a 60 “La nueva arquitectura” (de 1929 introducción al libro Le Corbusier 1910-1929 que a la postre terminará convirtiéndose en el Volumen 1 de sus obras completas).

4. Algunas páginas interiores de la revista Punto nº 25

A fin de contextualizar el tema central de la revista, además de colocar imágenes y fotografías alusivas, también aparecen seleccionados diversos artículos o ensayos de críticos y teóricos conocedores de la obra de Le Corbusier. Así nos encontramos en las páginas 28 y 29 “Le Corbusier, poeta del espacio” de Enrique Capellini; en la páginas 30 a 38 “Le Corbusier” de Françoise Choay (extracto del libro del mismo título publicado por George Braziller dentro de la serie Maestros de la arquitectura moderna en 1960, publicado en castellano por Editorial Bruguera en 1961); en la página 56 y en las 64 a 67 “Dimensión humana del último Le Corbusier” (tomado de L’Archittetura, Milán, julio 1965) y “El Descartes de los rascacielos” (tomado de L’Espresso, 9-9-65) ambos de Bruno Zevi con traducción de J. P. Posani; en las páginas 61 y 62 “Había sido secretamente un poeta” de André Malraux (discurso que como Ministro de Estado encargado de los Asuntos Culturales, pronunció Malraux ante el sarcófago de Le Corbusier en el patio cuadrado de El Louvre, París, tomado del diario Nice Matin), traducido por Max Pedemonte, cortesía de la revista estudiantil Tauro 13; y en la página 63 “La vida no tiene piedad” de André Wogenscky -entre 1936 y 1956 alumno, asistente, jefe de taller y arquitecto adjunto de Le Corbusier- (tomado de Les Lettres Francaises), traducción de C. Delgado Sarmiento.

Sin menospreciar la importancia de los textos traídos de otras fuentes por el editor de la revista, con el siempre incondicional apoyo de Tina Lagar, de los cuales valga señalar que los de Malraux, Wogenscky y el segundo de Zevi se produjeron después del deceso de Le Cobusier y por tanto cobraban plena actualidad, pasa a nuestro juicio a ocupar un lugar privilegiado el material original que allí aparece, elaborado expresamente para la ocasión. Es así como se incorporaron las preguntas que acerca de la figura e importancia de Le Corbusier los editores les hicieran y fueran respondidas por los profesores Gustavo Legórburu, Ralph Erminy y Américo Faillace (páginas 12 a 15); la serie de citas que bajo el título de “Escritos de Le Corbusier” fueron recopiladas y traducidas por Gorka Dorronsoro (pág. 57); los escritos elaborados por Carlos Raúl Villanueva “Luminosa trayectoria” (pág. 7), Augusto Tobito “Le Corbusier. Gigante del siglo XX” (págs. 8 a 11) y “Algo más sobre Le Corbusier” del Br. Bernabé Ruiz (págs. 24 y 25); Perán Erminy “El otro arte de Le Corbusier” (págs. 40 a 45); y, como testimonio de primer orden, bajo el título “Hablando de Le Corbusier” (págs. 16 a 22), donde se recoge lo más importante de la ya citada conversación realizada en el auditorio el 1 de septiembre entre Carlos Raúl Villanueva, Augusto Tobito, Oscar Tenreiro y Juan Pedro Posani.

5. Algunas páginas interiores de la revista Punto nº 25

Es de la transcripción de esta mesa redonda, la cual no tiene desperdicio, de donde se puede conocer directamente de boca de Villanueva sus primeros contactos con Le Corbusier mientras estudiaba arquitectura en la Escuela de Bellas Artes de París, la amistad que desde entonces cultivaron y las infructuosas gestiones que hiciera para que viniera el maestro suizo a Venezuela; de parte de Tobito las anécdotas ligadas a su incorporación al taller del maestro en marzo de 1953, la forma como allí se trabajaba, la paulatina comprensión de su valor humano y su honestidad a toda prueba; Tenreiro manifiesta a través de sus intervenciones la profunda admiración que desde entonces ya le profesaba; de Posani se percibe una reservada pero atenta proximidad hacia la obra corbusiana; y trasciende de forma notoria el reconocimiento manifestado por todos los foristas hacia un personaje que en palabras de Villanueva “tuvo una vida muy dura y difícil, pues pocos hombres se vieron tan combatidos, tan incomprendidos, tan obstaculizados en forma tan enconada, tal vez como reacción, para mejor decirlo, represalia a sus demoledores ataques al academicismo, la rutina y la repetición perpetua de soluciones pasadas, apego a determinados conceptos, desconfianza al presente y temor al futuro, hasta lograr hacer del Maestro Le Corbusier un hombre a veces intratable”.

6. Le Corbusier en la Universidad Nacional de Bogotá en 1947 durante su primera visita. A su lado, Augusto Tobito

Tobito quien ya conocía a Le Corbusier cuando éste fue llamado en 1947 a realizar el Plan Piloto para Bogotá y trabajará con el maestro en el memorable Atelier de la calle Sevres, entre 1953 y 1959, por otro lado, manifestará: “Se le tuvo por susceptible, malhumorado, antipático y engreído. En verdad era irónico hasta el sarcasmo, frente a la insuficiencia y la pretensión. Insoportable y con desplantes ante las lisonjas interesadas del Instituto, las Academias y los hombres. Poco simpático para quienes desaforados e impacientes esperaban recibir la ‘Fórmula’. Pero capaz de conmoverse al extremo, ante manifestaciones sencillas de verdadera amistad, admiraba y respetaba la labor de los otros. Celoso de su tiempo, convencido de su ‘búsqueda paciente’, fue el hombre que buscaba y que encontró algo”.

La revista a la estamos dedicando esta nota presenta, además, dos asuntos que quedan fuera del ámbito de su temática central. El primero (pág. 4) tiene que ver con que se informa del fallecimiento el 29 de septiembre de aquel año 65 del reconocido arquitecto brasileño Rino Levi invitado en dos ocasiones como conferencista en la FAU UCV y asesor en diversos proyectos realizados para nuestra capital. El segundo (páginas 68 a 70) está relacionado con la aparición de “Apuntes críticos. Exposiciones en Caracas” de Juan Calzadilla.

En resumen, el número 25 de Punto es, sin duda, un ejemplar de colección y un texto de consulta no sólo por su contenido sino por el significado que tuvo en un momento en que la enseñanza de la arquitectura aún tenía en la figura de los grandes maestros motivo permanente de veneración y un pilar fundamental en lo que a referencias se trataba.

ACA

Procedencia de las imágenes

Encabezado, 4 y 5. Revista Punto nº 25.

  1. https://www.iconicriviera.com/the-story-behind-cap-moderne-roquebrune-cap-martin/, http://decouvertes.fr/content/cabanon-le-corbusier y https://arquiscopio.com/archivo/2013/09/03/petit-cabanon/

2. http://www.edicionesfau.com/

3. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.

6. Colección Crono Arquitectura Venezuela.

EL ACERVO EDITORIAL DE LA FAU UCV

PUNTO nº 59

La Ciudad Universitaria de Caracas

División de Extensión Cultural

Facultad de Arquitectura y Urbanismo

Universidad Central de Venezuela

Octubre 1977

Cuando a finales de 1977 aparece el número 59 de la revista Punto dedicado plenamente a la Ciudad Universitaria de Caracas, podría decirse que el campus de la principal casa de estudios del país llevaba cerca veinte años de pleno funcionamiento si tomamos como punto de referencia la realización de la cuarta fase de su desarrollo, que Silvia Hernández de Lasala en En busca de lo sublime. Villanueva y la Ciudad Universitaria de Caracas (2006) denomina como “Cambio de rumbo radical”, marcada por la terminación de la Facultad de Humanidades (1953-1956); las torres de las Facultades de Arquitectura y Urbanismo (1954-1956), Odontología (1955-1957) y Farmacia (1956-1960); el Gimnasio Cubierto, el Complejo de Piscinas, la Sala de Gimnasia Olímpica y la Dirección de Deportes (1958-1959); y el proyecto de la Zona Rental (1957-1958). Se trataba, por tanto, de un organismo vivo cuyos habitantes usaban y del cual abusaban sin importarles ni el valor arquitectónico que se les había legado ni la calidad espacial de los lugares que pisaban.

En tal sentido, ya la universidad había pasado por los años duros de la insurgencia armada en el país (1960-1969) de la que la UCV fue lugar estratégico y punto de referencia, y como consecuencia había sufrido dos allanamientos: el primero por parte de Raúl Leoni (1966) y el segundo por Rafael Caldera (1969) este último que conllevó a la suspensión de clases por dos años en momentos en que la institución vivía un proceso de renovación académica.

Durante aquel período donde la actividad política se había convertido en la protagonista central de la vida universitaria y se había apoderado de espacios como las residencias estudiantiles, el Gimnasio Cubierto y el Jardín Botánico, sería la realización de campañas para la elección de representantes estudiantiles una de las más contundentes manifestaciones de irrespeto de las instalaciones que Villanueva había proyectado y del conjunto de obras de arte que las acompañaban. También se sumaban a ello claras muestras asociadas a la falta de mantenimiento, el acomodo anárquico a las nuevas necesidades funcionales y espaciales que fueron apareciendo, los cambios de uso en las edificaciones existentes, y el descuido de los espacios abiertos. A ello se añadirían como detonantes de un acelerado deterioro, por un lado, el aumento exponencial de la matrícula, prevista por Villanueva para 7.500 estudiantes, que pasaría de 14.277 en 1960-1961 (límite aceptable para su buen funcionamiento) a 50.259 entre 1973-1974 lo cual impactará de forma notable la infraestructura y, por el otro, la apertura franca de la Ciudad Universitaria al tránsito automotor y la demanda de estacionamientos por un total aproximado de 10.751 vehículos (que sólo podía ser cubierto a duras penas para 4.872 de ellos) lo cual traerá graves consecuencias ambientales y alterará el fin inicial de un campus pensado fundamentalmente para el peatón.

Todo lo anteriormente descrito se vio acompañado por una alarmante falta de planificación que se tradujo en la conversión de edificaciones provisionales en permanentes y la aparición de todo tipo de construcciones y ocupaciones de mala calidad que produjeron un impacto de importantes proporciones.

Es así que, ante tal panorama, el Consejo de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo en sesión del 14 de julio de 1975, al acusar el deterioro ambiental y funcional de la Ciudad Universitaria hace el siguiente pronunciamiento: “La Ciudad Universitaria, obra del Arquitecto Carlos Raúl Villanueva, ha pasado a ser un conjunto urbano importante del patrimonio nacional en el campo de la arquitectura y de las artes plásticas y por lo tanto debe ser salvaguardado. Consideramos que en la actualidad se han sobrepasado los límites adecuados para el uso de sus espacios comunes, así como también de sus servicios de infraestructuras con los efectos negativos que vive diariamente la Comunidad Universitaria”.

El decano Américo Faillace, en actitud proactiva, ofrece al Consejo Universitario la colaboración de la FAU para el establecimiento de planes de desarrollo físico racionales de la UCV a través de un análisis de la situación (así “como también para el estudio del edificio de Transbordo”) y elaboración de las recomendaciones necesarias, trabajo que se le encomienda al Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas (CIHE) cuyo resultado es recogido en un extenso, oportuno e invaluable ensayo elaborado por el arquitecto, profesor e investigador Leszek Zawisza titulado “La Ciudad Universitaria de Caracas” que la revista Punto nº 59, penúltima de las dirigidas por Antonio Granados Valdés, recoge.

1. Ciudad Universitaria de Caracas. Edificios proyectados en la última etapa.
2. Plan Piloto de la Ciudad Universitaria de Caracas (1963).
3. Ciudad Universitaria de Caracas. Construcciones provisorias y zonas rentales.

En su contenido, la revista muestra tres elementos importantes: un texto de presentación a cargo del decano Américo Faillace; el trabajo “La Ciudad Universitaria de Caracas” propiamente dicho a cargo de Zawisza y, como importante acompañante, Granados Valdés incorporó la “Guía de las obras de Arte de la Ciudad Universitaria de Caracas” de su autoría, que ya había sido publicada como libro en 1974.

“La Ciudad Universitaria de Caracas” contempla siete partes: 1) Antecedentes; 2) Primer Proyecto de C. R. Villanueva; 3) Segunda fase del proyecto; 4) Período 1957-1963; 5) Deterioro; 6) Conclusiones; y 7) Así nos dejó Villanueva la Ciudad Universitaria. Contó con el apoyo de un muy valioso material gráfico y fotográfico este último realizado en su gran mayoría por Paolo Gasparini todo lo cual ofrece una muy objetiva y estremecedora panorámica de lo que era la Ciudad Universitaria en aquel entonces.

Como versado historiador de la arquitectura Zawisza lleva a cabo en las tres primeras partes del trabajo una aproximación rápida y a la vez precisa de todo en proceso de gestación y desarrollo del proyecto de la Ciudad Universitaria de Caracas (CUC), donde ofrece datos relevantes sobre los antecedentes que se remontan a la elevación al rango de Universidad del Colegio Seminario de Santa Rosa de Lima en 1721, hasta la selección de los terrenos de la hacienda Ibarra para desarrollar una institución acorde a los tiempos. También desglosa y analiza las fases del proyecto que Villanueva llevó adelante desde 1943, cuando Isaías Medina crea el Instituto Autónomo de la Ciudad Universitaria y se inicia con la construcción del Hospital Clínico, el cual contó con el apoyo político necesario que facilitó su continuidad y construcción paulatina por más de diez años en los que pueden registrarse importantes cambios en la visión que sobre el problema experimentará el Maestro.

Si bien Villanueva aportó la mejor solución posible desde el punto de vista arquitectónico y organizativo, buscó minimizar al máximo el impacto del tránsito automotor en el campus, evitó hasta donde pudo la provisionalidad de ciertas construcciones e incluso fue capaz de adelantar propuestas para usos y dependencias que ya a finales de los años 50 se mostraban necesarias, no lo pudo prever todo, lo que obligaba a contar con un atinado manejo de las necesidades y una imprescindible planificación de parte de quienes fueron los encargados de velar por el funcionamiento adecuado de la universidad, tarea que no se cumplió y que afectó particularmente la suerte de las zonas rentales, bombona de oxígeno económico para la universidad prevista desde sus inicios como parte del plan general.

4. Evolución de la matrícula estudiantil 1946-1974.
5. Imágenes que acompañan el capítulo «Deterioro» de «La Ciudad Unversitaria de Caracas».
6. Imágenes que acompañan el capítulo «Deterioro» de «La Ciudad Unversitaria de Caracas».
7. Imágenes que acompañan el capítulo «Deterioro» de «La Ciudad Unversitaria de Caracas».

“Deterioro”, capítulo fundamental dentro del trabajo presentado por Zawisza, le permite mostrar de forma cruda y patente: cambios mayores y menores en los edificios proyectados por Villanueva, falta de mantenimiento, irrespeto a las obras de arte, galpones, construcciones e instalaciones provisionales, buhoneros, letreros de toda índole, propaganda electoral, irrespeto al paisaje, basura, dictadura del automóvil y deterioro total del ambiente.

Las “Conclusiones” se inician dedicadas a tratar la presencia del automóvil en la CUC (“dictadura del automóvil”) y la complejidad de su tratamiento pese a “las varias veces intentada por Villanueva marginalización del sistema vial universitario respecto al sistema urbano, las calles de penetración y accesos en lugar de las vías de tránsito”, proponiendo ante el desbordamiento ocasionado por una demanda que sobrepasa en más del doble la oferta de sitios para estacionar: “a) control y cobro en todos los estacionamientos existentes; b) establecimiento de un sistema colectivo urbano de servicio a la Ciudad Universitaria; c) terminación del sistema peatonal techado existente”, apuntando a largo plazo a la eliminación de los estacionamientos existentes al interior del campus y a la creación de garajes periféricos estratégicamente ubicados.

También se dedica una reflexión particular a las zonas rentales, su necesaria actualización conceptual y puesta al servicio de la universidad a través de planes de desarrollo por etapas.

En definitiva, son 12 las recomendaciones que se hacen una vez expuesto el trabajo que pueden resumirse en: crear conciencia a nivel universitario, metropolitano y nacional que ponga en claro que los intereses de la UCV son los de la Nación; preservación celosa por parte de las autoridades del valor patrimonial de la CUC a través de sus órganos técnicos de apoyo; restitución a su estado original de edificaciones que han sido modificadas y eliminación de todas las construcciones improvisadas; actualización del Plan Piloto; cumplimiento de las recomendaciones contenidas en el estudio de Vialidad y Estacionamientos realizado por la FAU y la Dirección de Planeamiento; liberación de las zonas rentales e incorporación a los planes de desarrollo tanto de la universidad como de la ciudad; realización de las edificaciones proyectadas por Villanueva y sus colaboradores que aún tengan validez con las modificaciones técnicas a que haya lugar; sustitución de las construcciones no conformes con el Plan Piloto General por canchas deportivas; reorganizar el servicio de Mantenimiento; colaboración de las organizaciones estudiantiles en cuanto a mantenimiento de áreas verdes y cuidado por preservar el buen estado de los edificios con prohibición de letreros en las paredes y creación de lugares y criterios que impliquen cero deterioro de la infraestructura; realizar el estudio paisajístico que permita orientar la restitución de áreas verdes y reforestar áreas libres; sustituir la anarquía presente tanto al interior de las facultades como en áreas exteriores por la aparición de intervenciones no conformes; y, para cerrar, se exige a las Autoridades «emitir criterios de política de crecimiento universitario, dada la superpoblación que afecta a la UCV” una de las pocas recomendaciones que la ayuda del tiempo y la severa crisis han permitido que se cumpla.

8. Último capítulo de «La Ciudad Unversitaria de Caracas».

Como atinado epílogo y objetivo hacia el cual apuntar tanto “Así nos dejó Villanueva la Ciudad Universitaria” como la “Guía de obras de arte de la Ciudad Universitaria de Caracas” permiten recuperar el sabor de lo que las edificaciones, espacios y piezas artísticas fueron en su momento y con ello la esperanza de recobrar en buena medida esa época estelar.

“La Ciudad Universitaria de Caracas” constituyó la primera voz de alerta sobre el deterioro y falta de conservación de la Ciudad Universitaria, iniciándose desde entonces una progresiva toma de conciencia que condujo a una lenta recuperación, a la elaboración en 1994 de un nuevo Plan Rector (actualización del Plan Piloto de Villanueva) y a la formulación del trabajo realizado entre 1997 y 1999 que llevó a su “Declaración como Bien Patrimonial de la Humanidad” por parte de la UNESCO en el año 2000 el cual, a su vez, dio pie a la creación del Consejo de Preservación y Desarrollo (COPRED).

Las aún vigentes recomendaciones de “La Ciudad Universitaria de Caracas” son toda una lección en cuanto a establecer prioridades en momentos como los actuales en los que se llevan a cabo en la UCV mejoras cosméticas de parte del gobierno tras haber dejado que el campus alcance un estado de severo deterioro por la no aprobación de los recursos presupuestarios que hubieran permitido en buena medida que eso no sucediera.

La Universidad Central de Venezuela cumple el próximo 22 de diciembre 300 años de creada y las medidas de fondo expuestas hace ya 44 años siguen a la espera de implementarse en su totalidad. Esperemos que si ello se da lo sea teniendo como base su inalienable condición autonómica.

ACA

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Todas. Revista PUNTO nº 59, octubre 1977