
1982• Con el patrocinio de la Embajada de Austria en Venezuela se expone en el Centro de Información y Documentación de la FAU UCV la muestra «Arquitectura Austriaca 1860-1930».
HVH

1982• Con el patrocinio de la Embajada de Austria en Venezuela se expone en el Centro de Información y Documentación de la FAU UCV la muestra «Arquitectura Austriaca 1860-1930».
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Desde que se inicia la institucionalización de la enseñanza de la arquitectura en Venezuela a finales del siglo XIX, tal y como ocurrió en otras partes del mundo, el debate entre el peso que debían tener lo artístico y lo técnico, lo artesanal y lo profesional hizo acto de presencia como reflejo de “las profundas transformaciones de las cuales era entonces objeto la propia disciplina, afectada sucesivamente por las ideas artísticas del Renacimiento italiano, el racionalismo de la Ilustración y los cambios tecnológicos de la modernidad reciente”, tal y como señalan Lorenzo González Casas y Orlando Marín en “La transformación disciplinar de la arquitectura en Venezuela durante el siglo XX”, artículo publicado en el portal Prodavinci el 20/12/2021.


Si reconocemos que los cursos inaugurales y la entrega de los primeros títulos profesionales de arquitecto ocurren tras la creación de la Academia de Matemáticas de Caracas (1831), “que siguió muy de cerca el modelo politécnico francés”, luego, una vez consolidada la hegemonía del gremio de la ingeniería en el diseño y construcción de edificios, la arquitectura siguió un largo proceso que, tras una breve presencia como un curso dentro de la Academia de Bellas Artes de Caracas (1887), le permitió contar en 1895 con su primer programa a nivel profesional en Venezuela dentro la Escuela Nacional de Ingeniería (ENI), “una institución educativa dependiente del CIV que, en muchos sentidos, vino a restituir a la antigua Academia de Matemáticas clausurada por Guzmán Blanco”. Sin embargo, “la ENI es suprimida como ente autónomo en el año 1904 y sus estudios reincorporados a la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Central, incluyendo los de arquitectura”.
El accidentado tránsito que se dio en el período que va desde 1904 a 1922 (cuando Gómez cierra y reabre la Universidad), y luego hasta 1941, años en los que empiezan a ser reconocidos los títulos obtenidos por muchos arquitectos venezolanos formados en el extranjero a falta de regularización de los estudios en el país, muestra una clara inclinación científico-técnica presente en los pensa diseñados fundamentalmente por arquitectos-ingenieros. Ello también será el origen del traspié inicial sufrido en 1941 por la recién creada Escuela de Arquitectura de la UCV cuyos primeros 70 estudiantes abandonaron la prosecución de sus estudios transcurrido el primer año.
González Casas y Marín acotarán lo siguiente: “Esta situación cambia a partir de la revisión del plan de estudios que se hace en 1944, incluida en la Reforma Parcial de la Ley de Educación de ese año; aunque este instrumento transforma la Escuela en simple Departamento, el pensum que se implementa, con una duración de cuatro años divididos en semestres, cuenta entre las 64 materias que lo conforman con un importante porcentaje de cursos propios de la disciplina”. Entre ellos destaca la presencia de asignaturas dirigidas a incorporar la complementación que aporta la formación artística, eso sí, con un enfoque predominantemente “beauxartiano” característico del perfil del cuerpo profesoral que integraba la escuela.

Con la creación de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) en 1953 se incorporó como curso de composición básica la fusión con la plástica, dándole la responsabilidad de guiarlo a artistas vinculados a las vanguardias, evolucionando la orientación pedagógica hacia los principios dictados por la Bauhaus. Será el momento en el que el primer decano, ingeniero Willy Ossott, de inicio a las actividades de Extensión Cultural designando al artista plástico catalán Abel Vallmitjana como Coordinador de las mismas. En 1954, al cumplirse el primer aniversario de la FAU, cuando aún funcionaba repartida entre las instalaciones de las residencias estudiantiles y la Escuela de Ingeniería Eléctrica, Vallmitjana coordinará en los espacios de esta última el montaje de la primera exposición dedicada a “Leonardo Da Vinci”.

Sin embargo, es a partir de octubre de 1957 al iniciarse las actividades académicas de la Escuela de Arquitectura en el flamante edificio de la FAU (inaugurado el 2 de diciembre del año anterior), estructuradas con base en un nuevo Plan de Estudios para una población de 313 alumnos, que empezará a notarse el peso que tanto la formación recibida por los estudiantes como la disponibilidad de espacios idóneos para exhibiciones tendrán dentro de su animación cultural.
Con el nombramiento del pintor, grabador, dibujante y crítico de arte español Antonio Granados Valdés como sucesor de Vallmitjana en la Extensión Cultural por parte de Ossott en 1957, ratificado por Julián Ferris desde 1959, cuando ya en 1958 se había creado la División de Extensión Cultural, podría decirse que la FAU comienza a vivir un protagonismo importante dentro del circuito expositivo de la capital.


Con Granados al frente de la Extensión Cultural, es lanzado justo en 1957 el primer número de la “Colección Espacio y Forma” y a partir de enero de 1961 la revista Punto, su gran logro, de la cual alcanzó a publicar hasta 60 números.
Pero, dentro de la temática que hoy nos ocupa, conviene resaltar cómo también desde 1957, Granados instaura los Salones de Arte de Alumnos los cuales se realizaron de manera ininterrumpida en los espacios expositivos de la FAU hasta 1979, correspondiéndole a él organizar quince de los dieciséis que se abrieron. El Primer Premio de las dos primeras versiones (1957 y 1958) le sería otorgado al bachiller Domingo Álvarez. Con el transcurrir del tiempo, los salones, en los cuales siempre participaba un calificado jurado, sirvieron como plataforma de inicio para destacados arquitectos-artistas plásticos venezolanos como: Harry Abend, Jorge Castillo, Miguel Acosta, Marcos Miliani y Elías Toro, entre otros.
Otro logro de Granados lo constituyó la organización en 1959 de la I Exposición Nacional de Dibujo y Grabado cuyo primer premio en dibujo lo obtuvo Manuel Quintana Castillo y el segundo Alirio Palacios. El primer premio en grabado le correspondería a Luisa Elvira Zuloaga. Estas exposiciones que también se realizaron hasta el año 1966 en los espacios de la FAU y que tendrían como punto culminante la apertura el 19 de noviembre de 1967 de la Exposición Latinoamericana de Dibujo y Grabado (comisariada por Granados en la que también participó como jurado), ratificaron el interés por hacer del arte un eje fundamental tanto en la formación de los jóvenes como dentro de la agenda cultural de la ciudad. Promover la síntesis de las artes fue, sin duda, un elemento fundamental orientador de la gestión del profesor español.


Con la revista Punto como gran plataforma, Granados se convierte a lo largo de la década de los años 1960 en importante impulsor de la actividad artística dando cabida a una significativa cantidad de exposiciones y eventos entre los cuales se encuentran: la Exposición Nacional de dibujos humorísticos (1961), la Exposición de Pintura, Dibujo y Escultura de profesores de la FAU (1962), el Primer Salón Anual de la Sociedad Venezolana de Arquitectos (1962), el Segundo Salón Anual de pintura, escultura y dibujo de la Sociedad Venezolana de Arquitectos (1963), el Tercer Salón Anual de pintura, escultura y dibujo de la Sociedad Venezolana de Arquitectos (1964) o la Exposición Homenaje de alumnos al Maestro Villanueva (1972). A través de ellos se abrirían paso noveles figuras y se darían cita otras ya consagradas dentro del mundo de las artes plásticas. Daría así por validas sus palabras al lanzar el primer número de la revista donde expresó que “al crear esta publicación, no se pretende otra cosa que informar a nuestro estudiantado del movimiento artístico-cultural de los pueblos del mundo y de nuestro propio país”.


La llegada de los años 70 producirá un giro importante en la Extensión Cultural de la FAU UCV que empezará a ir a remolque del proceso de Renovación Académica que se dio en la Escuela de Arquitectura entre 1969 y 1971. Los cambios provenientes de dicho proceso apuntaron a la reelaboración del pensum de estudios y a la reestructuración de la escuela, cuyo efecto más importante sería la eliminación de los Talleres de Composición y con ello la reducción al mínimo del peso de la formación artística dentro de la enseñanza. Aquellos aires afectaron de manera notoria la presentación de contenidos de Punto que eran tradicionales a partir del número 40-41 (enero-marzo 1970), dedicado a registrar valioso material elaborado durante la Renovación. Ello llevará a Granados a expresar que “se cumple para nuestra revista una etapa”, dándose inicio a otra donde irá perdiendo el control absoluto en la selección del material que se publicaba periódicamente que ahora se abrirá más a mostrar la actividad docente y los productos provenientes de ella, así como a edificios firmados por arquitectos nacionales.
La jubilación de Granados en 1978 y la aparición del nº 61 de Punto (año XVIII, junio de 1979), ahora bajo la responsabilidad del recién creado Centro de Información y Documentación (CID) de la FAU dirigido por Henrique Vera, sellará un definitivo cambio tanto de dirección como de orientación.

Sin embargo, la inclinación individual por el arte, incluso entre los estudiantes que liderizaron el movimiento renovador, se mantuvo. Partícipes muchos de ellos de los Salones de Alumnos atenderán el llamado, junto a otros creadores de diferentes generaciones, que en 1990 se hiciera por el Centro de Información y Documentación conjuntamente con la Unidad Docente Siete para participar en la muestra colectiva “El trópico visto por 33 artistas arquitectos”, cuya portada del catálogo elaborado para la ocasión engalana nuestra postal del día de hoy.

La exposición se convocaría inicialmente para ser celebrada entre el 5 y el 23 de marzo de 1990. Estaría integrada por 36 arquitectos que tienen una estrecha relación con la plástica, muchos de ellos con amplio reconocimiento nacional, a los cuales se les pidió el envío de una obra, sin restricciones de especialidad y formato. Tenía por objetivo “impulsar el vínculo entre arquitectura y expresión plástica fundamental en nuestra formación”.
Se trataba de un evento colectivo y a la vez temático que permitiría disfrutar de diferentes manifestaciones expresivas inspiradas en la noción de “trópico”. También se planteó inicialmente que tuviera el formato de exposición-subasta lo cual permitiría cubrir los gastos del evento y lograr recursos para establecer un fondo editorial dedicado al Arte y la Arquitectura.

Adicionalmente, se pensó en organizar paralelamente a la muestra dos encuentros a realizarse en el Auditorio de la FAU UCV: uno titulado “El trópico en la plástica venezolana”, que contaría con la participación de María Elena Ramos, Cornelis Zitman y Mario Abreu, como invitados especiales; y otro denominado “Los vínculos entre arte y arquitectura”, con presencia de Domingo Álvarez, Gustavo Flores, Doménico Silvestro, Jorge Castillo y Jesús Tenreiro como invitados especiales.
Por razones que no hemos podido precisar, la muestra tuvo que ser reprogramada para realizarse del 4 al 23 de julio de 1990, redimensionándose el número de participantes (de 36 a 33), cambiándose la condición de subasta por la de venta directa de las obras, y prescindiéndose de los dos encuentros que se realizarían en el auditorio.

Al auspicio del CID FAU y la Unidad Siete se sumó el del Museo de Bellas Artes y se contó con el patrocinio del Rectorado de la UCV y el Centro de Ingenieros del Área Metropolitana. La coordinación general y curaduría fue responsabilidad de José Manuel Rodríguez con la colaboración de Yael Bemergui, Marjorie Pedreañez y Rosalba García de Alejandro. La exhibición estuvo acompañada por un catálogo realizado con escasos recursos, pero impecable diseño a cargo de Martha Sanabria con fotos de Henrique Vera.

El catálogo estuvo dividido en dos partes hecha cada una con diferentes tipos de papel: la primera donde se presentan los créditos, un breve currículum de cada participante, una “Presentación” elaborada por José Manuiel Rodrígyez y un texto titulado “Trópico” de Federica Palomero. La segunda recoge una foto de cada una de las 33 piezas enviadas con la correspondiente ficha donde se identifica al autor, el título de la obra, el tipo de representación y sus dimensiones.

Los 33 participantes, muchos de ellos fogueados en los salones de alumnos organizados por Granados cuando eran estudiantes y otros que ya habían desarrollado una labor artística reconocida, fueron (por orden alfabético): Harry Abend, Miguel Acosta, Beltrán Alfaro, Domingo Álvarez, Omar Carreño, Jorge Castillo, Ilari M. De Eguiarte, Gustavo Flores, Willi Gil, Fernando González Bustillos, Ramón León, Bruno Maiuri, Walter Margulis, Julio Maragall, Marcos Miliani, María Teresa Novoa, Antonio Ochoa, Jorge Ortiz, Johann Ossott, Pedro Ovalles, Maciá Pintó, Juan Pedro Posani, Rosa María Rodríguez, Odoardo Rodríguez, José Manuel Rodríguez, Pedro Sanz, Farruco Sesto, Doménico Silvestro, Elías Toro, Rafael Urbina, Henrique Vera, Paulina Villanueva y Julio Volante.

Para cerrar, a modo de repaso de los que hemos presentado en esta nota, creemos oportuno transcribir algunas de las ideas expresadas por José Manuel Rodríguez en la “Presentación” del catálogo de la muestra que, además, señalan con claridad el momento que entonces se atravesaba: “Entre los arquitectos existe una vieja polémica que enfrenta arte y técnica. No queremos insistir en ella, nos interesa más bien reafirmar cómo el esfuerzo reflexivo que se produce en el diseño arquitectónico nos lleva por un mundo de ensueños, visiones y convicciones que en el arte se produce. (…) Y es este esfuerzo reflexivo cargado de símbolos y significados lo que en definitiva separa arquitectura de construcción, y por esto con mayor o menor énfasis, los arquitectos nos hemos mantenido muy cerca de las expresiones plásticas aprendiendo de sus técnicas, utilizándolas en nuestro trabajo y en muchos casos dedicándonos a ellas pues fuera ya de toda duda, tenemos la convicción que nuestra presencia entre las artes, la utilización de sus maneras expresivas, es vital en la formación y en el desarrollo de todo diseñador de formas y espacios pues la unidad plástica que en un edificio se debe lograr exige de una estética poderosa y de significación mayor a la del arte alguno. (…) Esta convicción nos ha llevado a estimular y darle importancia a todo intento de rescatar para nuestra Facultad de Arquitectura, este nexo con el arte que, desdibujado por posiciones severamente pragmáticas, ha permanecido casi sin hacerse notar en los últimos quince años. El rescate del Salón de Arte de Alumnos y de los Talleres de Grabado y Serigrafía así como la aparición de algunos seminarios sobre lenguaje y expresión son pasos evidentes y positivos en este camino. El Trópico visto por 33 artistas que tienen en común el hecho de ser arquitectos, es un momento, pensamos que estelar, en este propósito”.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal y 8-14. Catálogo de la Exposición «El Trópico visto por 33 artistas arquitectos» (1990)
1. IAM (https://iamvenezuela.org/2015/09/palacio-de-las-academias/)
2. Venezuela y sus recuerdos (https://www.facebook.com/groups/121930817952147/posts/4410863942392125/)
3. Colección Crono Arquitectura Venezuela; y Monte Elena (https://www.monteelena.com/2021/08/la-facultad-de-ingenieria-de-la-ucv-algunos-nombres/)
4. Colección Crono Arquitectura Venezuela
5. José Javier Alayón (ed.). DPA 29. C.R. Villanueva. 2013; steemit (https://steemit.com/universidadarquitectura/@jorgymar/arquitectura-en-la-ucv); y @enmanuel.mastroianni (https://www.instagram.com/p/C9mtA9XOVe8/)
6. Revista Punto nº 53 (diciembre de 1974)
7. Revista Punto nº 58 (junio de 1977)

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2024• En los espacios de exposición de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela se inauguró el día 23 de septiembre la exposición fotográfica «La Ciudad Universitaria de Caracas: Patrimonio de la Humanidad en la lente de Leo Matiz», auspiciada la CAF (Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe) y la FAU UCV.

En línea con los objetivos estratégicos de promover las expresiones artísticas y culturales en la región, la CAF auspició esta notable exposición itinerante del reconocido fotógrafo colombiano, que gracias a las gestiones del Decano Javier Caricatto y Marina Fernández, Coordinadora de Extensión de la FAU UCV, pudimos disfrutar.

Leo Matiz (1917-1998) fotógrafo colombiano reconocido internacionalmente compartió durante 40 años el crecimiento urbano, social y económico del país, dejando hermosas imágenes tomadas durante ese lapso.
Entre ellas las de la Ciudad Universitaria de Caracas, obra del Maestro Carlos Raúl Villanueva, las cuales algunas de ellas fueron hechas entre 1950 y 1952, momento en el cual se estaba concluyendo la construcción de los edificios del Conjunto Central Académico-Administrativo (Plaza del Rectorado, Edificio del Rectorado, el Paraninfo, la Plaza Cubierta, el Aula Magna, la Sala de Conciertos y la Biblioteca Central), los arcos de acceso a la universidad, los pasillos cubiertos, los primeros edificios de la Facultad de Medicina, las áreas verdes y la integración vanguardista de las obras de los artistas nacionales e internacionales: Jean Arp, , Alexander Calder, Mateo Manaure, Antoine Pevsner, Francisco Narváez, Victor Vasarely, André Bloc, Fernand Leger y Oswaldo Vigas, entre otros.
Los textos del excelente catálogo de la exposición «Leo Matiz en Venezuela, 1950-1990» fueron realizados por Osbel Suárez y Alejandra Matiz (hija del fotógrafo colombiano). Durante la exposición se proyectó el documental «Leo Matiz en Caracas¨.



Está contemplado que la exposición, tenga carácter itinerante. Nos llegó desde el Uruguay y luego de la clausura en la FAU UCV partirá hacia Colombia.


Leo Matiz fue reconocido en el año 1949 por la prensa internacional como uno de los diez mejores fotógrafos del mundo.

HVH

Como ya hemos señalado en varias ocasiones, a partir de 1985, año en el que se conmemoró el 40 aniversario de la creación de la Sociedad Venezolana de Arquitectos, bajo la presidencia de Ítalo Balbi Toro, el Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV) declaró julio como Mes de la Arquitectura. Se prolongaba así la celebración puntual del Día del Arquitecto el 4 de julio con la elaboración de un programa respaldado por importantes patrocinantes y el esfuerzo de un motivado grupo humano, que contemplaba charlas, coloquios, actividades de intercambio y exposiciones, y que tendría como plato principal el contar durante la semana conmemorativa de la fecha mencionada con la presencia de destacados arquitectos del star system internacional, quienes asumían el compromiso, entre otros, de dictar sendas conferencias.
El invitado de honor para el primer año fue el afamado arquitecto norteamericano Richard Meier ganador del Premio Pritzker en 1984. Para la celebración de la Semana de la Arquitectura de 1986 los convocados fueron el arquitecto suizo Mario Botta y el italiano Franco Purini, y en 1987 se contó con la presencia del francés Jean Nouvel quien obtendría el Pritzker en 2008. Se abrió así un amplio abanico que sirvió para debatir acerca de diferentes maneras de entender un período en el que tardíamente llegaba la posmodernidad a Venezuela.
La nota de hoy, la dedicaremos a reseñar la importante exposición “Franco Purini. Alrededor de la línea de la sombra”, montada en el Museo de Bellas Artes de Caracas (MBA), que acompañó la presencia del arquitecto italiano entre nosotros en julio de 1986, cuya carátula del catálogo elaborado para la ocasión, diseñado por Martín J. Padrón, engalana la postal del día de hoy. Aquel año, además, se conmemoraban veinte años de la creación del CAV.

Purini, nacido el 9 de noviembre de 1941 en Isola del Liri, una localidad italiana situada en la provincia de Frosinone, en la región del Lacio, viene a nuestro país gracias a las gestiones realizadas por el arquitecto Jorge Rigamonti quien lo conoció personalmente en 1985 con motivo de la celebración de la primera Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires (BA/85), donde Purini le obsequió un ejemplar de su libro L’arquitettura didattica publicado en 1979, una de las piedras angulares de su pensamiento junto a Luogo e progetto (1976). Sumado a ello, también se logró traer y montar la ya mencionada exposición consistente en dibujos elaborados por Purini y su esposa Laura Thermes (Roma, 1943), asociados desde 1966 cuando aún estudiaban arquitectura en la Universidad La Sapienza de Roma de la cual ambos se graduarían en 1971.

La muestra, abierta entre julio y septiembre de 1986, con curaduría a cargo de Rigamonti, puede considerarse una versión de la exhibición «Around the Shadow Line: Beyond Urban Architecture», celebrada en la Architectural Association (AA) de Londres en mayo de 1984, hito fundamental en la recepción internacional de Purini y Thermes. El catálogo londinense publicado como el Folio 3 de la AA, elogiado por estar conformado por una caja con 30 láminas sueltas contentivas de lo expuesto, con otras 15 hojas impresas con los ensayos introductorios de Vittorio Gregotti, Pierluigi Nicolin y Micha Bandini, enfatiza mediante su presentación la naturaleza de la obra como un archivo de pensamiento y destaca principalmente la transición del dibujo como representación hacia el dibujo como una entidad teórica autónoma. El título, que alude al relato corto The shadow-line de Joseph Conrad (escrito en 1915 y publicado en 1916), apunta a considerar el concepto de la “línea de la sombra” como una metáfora del límite entre la realidad y la invención.

La exhibición caraqueña, estuvo acompañada del catálogo citado más arriba, de 24 páginas (formato 22×22 cm), editado por el MBA y el CAV, que hoy es una pieza de colección. La publicación, caracterizada por la alta calidad de su impresión, estuvo estructurada con base en una “Introducción” preparada por Jorge Rigamonti, el escrito “La arquitectura como residuo de evocación” de William Niño Araque, y dos textos traducidos del Folio 3 de la AA: “Alrededor de la línea de la sombra. Después de la Arquitectura de la Ciudad” de Franco Purini, e “Invenciones Romanas” de Micha Bandini. Sin embargo, su materia prima fundamental son las reproducciones que, haciendo referencia al título de la muestra, según Bandini, pueden considerarse como “un estilo de dibujo … una presentación conscientemente ‘arqueológica’ (rememorativa de la representación pre-perspectiva de las pinturas de principios del Renacimiento, que muestran escenas urbanas) -donde- Purini enfatiza el valor de cada volumen”. No en vano, tanto el “claroscuro dramático” de Piranesi como la atmósfera metafísica de De Chirico figuran entre sus referentes principales.

También forman parte del catálogo los dibujos de hasta 10 concursos y proyectos realizados entre 1978 y 1985 (en su mayoría con Laura Thermes), que transmiten la sensación de que su generación, lejos de lo que se difundía, también estaba interesada en construir edificios.
Cabe añadir que la exposición contó con el fundamental apoyo de Thermes quien desde Roma seleccionó y preparó el material presentado, lo cual le otorga un valor particular. En tal sentido, aunque puede considerarse como una traslación y adaptación de la exhibición original de la AA, la montada en el MBA hace énfasis en el proceso analítico y en la consideración del dibujo como investigación.

Purini y Thermes, cuyo trabajo ya para 1986 tenía un recorrido de 20 años, se habían sumado desde temprano como figuras jóvenes de la “Tendenza”, movimiento que criticó el funcionalismo radical de la arquitectura moderna, abogando por la ciudad histórica, la tipología y la memoria colectiva sobre la tecnología pura. Sus primeros pasos, con Purini como figura protagónica, están signados por la influencia que ejerciera en su formación Ludovico Quaroni, el contar entre sus compañeros con Franco Libertucci, Achille Perilli y Lorenzo Taiuti, y el haber trabajado en las oficinas de Maurizio Sacripanti y Vittorio Gregotti. Sus investigaciones teóricas y experimentaciones de diseño giraron en torno al debate del lenguaje arquitectónico y las complejas problemáticas urbanas, siguiendo un enfoque que combina un fuerte componente racional con sugerencias figurativas de carácter metafísico extraídas de la tradición clásica.

Stefano Milani en su tesis doctoral titulada “Franco Purini. The Drawing of Architecture and the Architecture of Drawing” (2026), refiriéndose al período entre 1966 y 1968 analiza la obra fundamental de Purini, «Una ipotesi di architettura» donde desarrolla el concepto de “arquitectura del dibujo” entendido como “un marco crítico en el que el dibujo no es meramente una herramienta de representación, sino una forma de pensamiento arquitectónico e investigación teórica” o, en otras palabras: “una forma de conocimiento y un área crítica dentro de la investigación arquitectónica”.

En otro momento, con motivo de la apertura de la exposición “L’invenzione di un linguaggio. Franco Purini e il tema dell’origine, 1964-1976” (2019), el propio Purini expresará, siempre acompañado por Laura Thermes: “La invención de un lenguaje, se produjo en mi investigación en un clima donde el estructuralismo convivía con el conceptualismo, mientras que el idealismo dialogaba con el pensamiento marxista, también a través de la distinción —para mí engañosa y quizás inapropiada— entre estructura y superestructura. Al mismo tiempo, la fenomenología, la semiología y el incipiente sistema de medios de comunicación de masas, la sociología, también estaban presentes y muy activos. Todo ello dio lugar a un mosaico, a veces indescifrable, de perspectivas culturales. Comentada por Manfredo Tafuri en 1969, en el número 5 de Palatino, revista del Ayuntamiento de Roma, esta hipótesis lingüística sigue sustentando mi trabajo hoy en día».

Más adelante, el número 11-12 (noviembre-diciembre de 1972) de la revista de arquitectura italiana Controspazio presentó una retrospectiva de las primeras “investigaciones de diseño” de la pareja Purini/Thermes, pero su reconocimiento llegó, más que por la obra construida, de la participación en la primera Bienal de Arquitectura de Venecia (1980), cuando fueron llamados por Paolo Portoghesi (también director de Controspazio) para contribuir, junto con otros arquitectos de renombre, al diseño de la instalación “Strada Novissima”.


Ya a mediados de los 80, en pleno fervor posmoderno, la serie presentada en Caracas marca la consolidación de la «gramática puriniana», donde abandona el experimentalismo de los 60 para centrarse en una estética de la precisión y el rigor geométrico. Allí se reafirmó el valor del dibujo como proyecto autónomo (como un sistema cerrado con sus propias reglas lógicas); el predominio en sus composiciones de una cuadrícula (o grilla) rigurosa que organiza el caos y funciona como un andamiaje intelectual que conecta la escala del detalle con la escala urbana; la representación de utopías o críticas urbanas que la realidad política y económica de la época no permitía materializar; y la visión de la ciudad no como un todo continuo, sino como una colección de fragmentos y memorias.

Ante el peso teórico en el que la figura de Purini prevalece, su sociedad con Thermes, sin embargo, permite hablar de una sólida y coherente producción proyectual y edilicia. Sus dibujos descomponen los edificios en sus elementos primarios: muros, columnas, pórticos y vanos donde no hay ornamentación gratuita; cada línea responde a una investigación sobre el origen del lenguaje arquitectónico.

Algunos de sus críticos (como es el caso de Luigi Prestinenza Puglisi) que han visto la evolución de Purini desde posturas más rígidas a otras más flexibles, aunque lo señalan como un dibujante talentoso y valoran el intento de mantener siempre abierta la puerta entre la reflexión teórica y el diseño, apuntan a la pesadez como integrante de sus trabajos en los que se ignora el concepto de ligereza, valiendo para ello el ejemplo relativamente reciente del edificio Eurosky, Roma (2010-2013). Por otro lado, resaltan su incansable y apasionada labor como docente destacando que “un profesor generoso y comprometido, aunque sus ideas no sean compartidas, resulta más útil para los estudiantes que mil diseñadores talentosos que carecen de habilidades comunicativas e interpersonales”.

El próximo mes de julio se cumplirán 40 años del montaje de la exposición “Franco Purini. Alrededor de la línea de la sombra” y con ello de la visita del arquitecto italiano, que impartió clases de composición arquitectónica de 1977 a 1981 en el Instituto Superior de Arquitectura (IUSA) de Reggio Calabria; de 1987 a 1988 en el Politécnico de Milán; desde 1994 a la actualidad en el Instituto Superior de Arquitectura de Venecia (IUAV); y de 1981 a 1994 en la Universidad de Roma «La Sapienza», donde en 1994 fue nombrado catedrático de Composición Arquitectónica y Urbana y en 2015 Profesor Emérito; y que por sus logros en el ámbito profesional y teórico, fue elegido «Accademico Correspondente» de la Academia de Dibujo de Florencia y es miembro de la Accademia di San Luca.

Autor de una extensa obra gráfica y escrita, su rico intercambio con estudiantes y profesionales en nuestro país en aquella visita permitió observar una forma de resistencia intelectual y rigor compositivo abriendo el debate sobre si la arquitectura existe plenamente en el papel, independientemente de su construcción física, permitiendo así confrontar la racionalidad italiana de la Tendenza con la tradición local de la modernidad.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal, 4-7 y 10. Museo de Bellas Artes/Colegio de Arquitectos de Venezuela. Catálogo de la exposición «Franco Purini. Alrededor de la línea de la sombra», 1986
1 y 14. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.
2. MAXXI (https://www.maxxi.art/events/franco-purini/); y CASABELLA (https://casabellaweb.eu/2014/12/14/laura-thermes-napoli/)
3. AA Bookshop (https://bookshop.aaschool.ac.uk/?product=around-the-shadow-line-beyond-urban-architecture)
8. DOMUS (https://www.domusweb.it/en/from-the-archive/2012/08/25/-em-la-strada-novissima-em–the-1980-venice-biennale.html); y Plus Acne (https://plusacne.wordpress.com/2013/03/07/strada-novissima/)
9. FFMAAM (https://ffmaam.it/collezione/franco-purini#franco-purini)
11 y 12. Autobiografie Scientifiche. FRANCO PURINI e LAURA THERMES. L’uno e il due, 2020 (https://www.youtube.com/watch?v=PeOEAdWajug)
13. InfoBUILDENERGIA (https://www.infobuildenergia.it/progetti/eurosky/) ; y Autobiografie Scientifiche. FRANCO PURINI e LAURA THERMES. L’uno e il due, 2020 (https://www.youtube.com/watch?v=PeOEAdWajug)

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