
1928• El Primer Congreso Internacional de Arquitectura Moderna (CIAM I) se celebró en el Castillo de La Sarraz (Château de La Sarraz), ubicado en el cantón de Vaud, Suiza.
Este evento, fundado en junio de 1928, es considerado el acta de nacimiento institucional del Movimiento Moderno a escala internacional, donde se consolidaron las bases teóricas y pragmáticas que definirían el urbanismo y la arquitectura de la vanguardia europea (y posteriormente global) durante la mitad del siglo XX.
Contexto y Convocatoria
La iniciativa de organizar el congreso surgió principalmente de la necesidad de responder colectivamente al polémico concurso del palacio de la Sociedad de Naciones en Ginebra (1927), donde los proyectos modernos (incluido el de Le Corbusier) fueron rechazados a favor de propuestas academicistas y neoclásicas.
La mecenas suiza Hélène de Mandrot puso a disposición su castillo en La Sarraz para reunir a un grupo selecto de arquitectos de vanguardia. La organización y el liderazgo ideológico del evento recayeron sobre Le Corbusier, el historiador y crítico Sigfried Giedion (quien se convirtió en el secretario general de los CIAM) y el arquitecto suizo Karl Moser (nombrado primer presidente).
Principales Asistentes
Al congreso asistieron 28 arquitectos procedentes de diversos países europeos, conformando el núcleo duro de la vanguardia:
Francia / Suiza: Le Corbusier, Pierre Jeanneret, André Lurçat, Alberto Sartoris.
Alemania: Ernst May, Hugo Häring (en representación de Der Ring). Walter Gropius no pudo asistir pero envió su adhesión, y se incorporaría activamente en los siguientes congresos.
Países Bajos: Mart Stam, Gerrit Rietveld, Hendrik Petrus Berlage (quien asistió como una figura histórica de respeto, aunque mantenía posturas más conservadoras).
Bélgica: Victor Bourgeois.
Austria / España: Josef Frank, Gabriel Guévrékian.
La Declaración de La Sarraz (Puntos Clave)
El resultado más importante del congreso fue la redacción de la Declaración de La Sarraz, un manifiesto que fijó los objetivos de los CIAM y desvinculó la arquitectura de la mera preocupación estética o académica, ligándola directamente a los problemas socioeconómicos del Estado moderno. Los puntos fundamentales abordados fueron:
La Arquitectura como hecho económico y social: Se planteó que la arquitectura debe estar al servicio de las necesidades generales de la colectividad y no de los intereses individuales o el prestigio de las clases dominantes.
La Industrialización de la construcción: Se exigió la introducción de métodos de racionalización, estandarización y producción en serie en la industria de la construcción para reducir costos y resolver el déficit de vivienda.
Relación entre Arquitectura y Estado: Se argumentó que los arquitectos debían influir directamente en la planificación pública y que el Estado debía reformar las normativas de construcción obsoletas de raíz académica.
El Urbanismo como ordenamiento funcional: Se sentaron las bases de lo que años más tarde (en el CIAM IV de 1933) se convertiría en la Carta de Atenas, definiendo el urbanismo no como una composición monumental o estética, sino como la ordenación funcional de las actividades vitales: habitar, trabajar, recrearse y circular.
El CIAM I de La Sarraz funcionó como la plataforma que estructuró el debate arquitectónico mundial durante las tres décadas siguientes, influyendo de manera directa en los planes de vivienda social y ordenamiento urbano que instituciones como el Taller de Arquitectura del Banco Obrero (TABO) aplicarían en Venezuela a partir de los años cuarenta.
Texto preparado utilizando IA (Google Gemini)
HVH





