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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 478

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL

El Conde, donde Caracas inventó la ciudad del futuro

El conjunto residencial y comercial de Parque Central encarnó en los años setenta la promesa de una modernidad tropical donde el peatón recobraba el trono robado por el automóvil. Tres décadas observando el urbanismo latinoamericano obligan a releer la lección de un gigante de hormigón.

Hay imágenes que resumen el momento exacto en que una ciudad decide borrar su pasado para refundarse. En la historia urbana de Caracas, una de esas imágenes clave es el fotomontaje panorámico en blanco y negro realizado por el arquitecto John Stoddart desde el piso 15 del recién inaugurado Hotel Hilton a finales de los años 60.

La toma, expectante y reveladora, captura un territorio a la espera de un nuevo destino: una vasta franja que se extendía desde la quebrada Catuche hasta la Anauco en sentido oeste-este, y desde lo que hoy es la avenida México hasta el río Guaire en sentido norte-sur, tal como ha señalado el arquitecto Azier Calvo en el Contacto FAC, nº 16, del 26 de febrero de 2017.

En el encuadre de Stoddart destacan la extensión de los terrenos ya baldíos de El Conde y la compacta configuración de San Agustín del Norte, donde sobresale la silueta de la Iglesia de Nuestra Señora de Fátima (proyectada por Valentín Beato Téllez en 1952).

Aquel vacío no era casual: era el testimonio del fin de una era.

Décadas atrás, El Conde —desarrollado y promovido por Juan Bernardo Arismendi y Luis Roche en la carrera expansiva de la ciudad hacia el este— había ofrecido a la naciente clase media caraqueña una de sus primeras oportunidades para experimentar una vida urbana moderna. Era un sector efervescente, dotado de cines, clínicas privadas, clubes, canchas de tenis, museos, estadios y talleres automotrices. Sin embargo, su destino quedó sentenciado a partir de 1938, cuando la recién creada Dirección de Urbanismo del Distrito Federal impulsó las iniciativas que desembocarían en el Plan Monumental de Caracas de 1939 —el célebre Plan Rotival—.

Aquella hoja de ruta, cuyos ecos resonarían en el Plan de 1951, la propuesta del Centro Federal y la Tesis para Caracas de 1959, colocó sobre El Conde una permanente amenaza.

Izquierda: A la izquierda, pabellón que albergó en 1967 «Imagen de Caracas» ubicado en los terrenos al sur de la avenida Bolívar tras la demolición de El Conde. Derecha: Parque El Conde, localizado entre 1968 y 1973 en el lote que formó parte de El Conde ubicado al norte de la avenida Bolívar.

Tal y como comenta Calvo, la prolongación de la avenida Bolívar terminó por asestarle la puñalada mortal, sentenciando el derribo definitivo del barrio a comienzos de los años sesenta y borrando del mapa cientos de inmuebles y toda una forma de entender la trama tradicional. Sobre ese escenario arrasado, tras acoger en 1967 el pabellón que Juan Pedro Posani diseñara para albergar «Imagen de Caracas» y entre 1968 y 1973 el proyecto efímero del Parque El Conde diseñado por Jorge Castillo, la ciudad se dispuso a levantar su apuesta más ambiciosa: Parque Central.

Para articular visualmente este ambicioso relato de modernidad, el Centro Simón Bolívar convocó a un equipo creativo multidisciplinar de primer orden encargado de confeccionar el legendario folleto promocional del complejo. Bajo la coordinación de José A. Menéndez Tannenbaum, la publicación contó con la sofisticada diagramación del diseñador de origen nórdico Erling Oløe y la asesoría técnica de la firma Grafex.

El volumen combinó el rigor documental con el arte gráfico gracias a los planos de plantas elaborados por James Frazier, la refinada fotografía urbana e industrial de Federico Aoun, las selecciones cromáticas de Fotolito Casas, el trabajo de imprenta de Editorial Arte y las geniales ilustraciones de Alberto Monteagudo junto al célebre artista plástico y humorista gráfico Abilio Padrón, quienes imprimieron al material un tono cercano e ingenioso que tradujo el rigor de la ingeniería estructural a una promesa de bienestar cotidiano, inmortalizando en el imaginario colectivo la famosa aspiración de vivir en el futuro.

Definido en el folleto promocional del Centro Simón Bolívar como un «desarrollo urbano multifuncional», el proyecto buscó capitalizar la vanguardia técnica de la ingeniería de la época: pantallas de concreto resistentes a sismos ensayadas en laboratorios especializados de Lisboa, Bérgamo y Venezuela; dos redes independientes de abastecimiento eléctrico con respaldo alternativo; aire acondicionado central; aislamiento acústico; y un novedoso sistema neumático y hermético de succión para la recogida de basura.

Las viviendas a la venta tenían diversas tipologías: de un solo nivel, desde los 103 hasta los 116 m2; tipo estudio desde los 51 hasta los 75 m2; dos modelos dúplex desde 77 hasta 103 m2; un modelo dúplex de 126 hasta 150 m2 y otro de 140 a 174 m2. Todos ofrecidos en propiedad horizontal con financiamiento a 20 años.

En el interior de las viviendas, la promesa de la «ciudad dentro de la ciudad» se traducía en equipamientos que bordaban el futurismo para los años setenta: cabinas de ducha y bañeras de fibra de vidrio de una sola pieza, sanitarios sin tanque accionados por fluxómetro, suministro de agua a presión constante, cocinas empotradas, pisos alfombrados sobre caucho, paredes de revestimiento lavable y climatización regulable por ambiente.

Sin embargo, la verdadera genialidad conceptual del conjunto radicó en su plataforma peatonal, pues mientras que las grandes avenidas y autopistas discurrían por los niveles inferiores, en la superficie se imponía el lema que definía la experiencia del habitante: caminar.

La gran innovación conceptual de Parque Central no residió únicamente en la verticalidad de sus torres ni en la osadía técnica de sus estructuras, sino tambien en la radical segregación de flujos. La ciudad vehicular quedaba abajo, soterrada en complejas redes de enlace que conectaban con las avenidas Bolívar, Lecuna, Libertador y la Autopista del Este; arriba, flotando sobre la polución y el rugido del tráfico, emergía la ciudad peatonal.

En esa plataforma elevada, el ciudadano podía ir al cine, al teatro, a la iglesia, al colegio o a hacer la compra «caminandito», sin cruzar una sola calle transitada por coches. La utopía caraqueña ofrecía conectar directamente al peatón, a través de pasarelas y corredores sombreados, con los principales hitos culturales de la zona: el Hotel Caracas Hilton, el Ateneo, el Museo de Bellas Artes, el Parque Los Caobos y el sistema Metro.

El proyecto del taller de arquitectura Siso, Shaw y Asociados y la constructora Delpre, no pretendía ser un simple conjunto residencial de alta densidad, sino una respuesta sociológica a la metamorfosis acelerada de la capital. La capital venezolana ensayaba una escala humana de proporciones gigantescas, un coloso de hormigón concebido como el laboratorio definitivo del hábitat moderno, en los terrenos que alguna vez ocupara la retícula tradicional del sector El Conde.

En las pautas promocionales de la época, la retórica institucional no dudaba en confrontar la nostalgia por la «antañona Villa de Santiago de León» con el vértigo del progreso. Se asumía que la expansión de la metrópoli traía consigo cierto desasosiego, pero se prometía una compensación audaz: devolverle al ciudadano el «derecho humano a la alegría de vivir» mediante la reconquista del espacio público.

Parque Central proyectó la idea de que la densidad vertical no tenía por qué traducirse en hacinamiento o deshumanización, sino en eficiencia de servicios, integración comunitaria y liberación del suelo para la vegetación y el encuentro social. Era la materialización de un centro multifuncional donde residir, trabajar y disfrutar no exigían el peaje del atasco diario.

Vista hoy, con el paso del tiempo, y revisando este folleto promocional, la experiencia de Parque Central permanece como uno de los ejercicios de diseño urbano más ambiciosos y complejos del siglo XX en el continente. Un testimonio monumental de una época en que Caracas no solo soñaba en grande, sino que se atrevía a edificar el futuro.

Al volver la vista atrás hacia el fotomontaje de John Stoddart, la perspectiva adquiere una dimensión casi poética. Aquella panorámica en blanco y negro congeló un momento único previo a la transformación urbana: el espacio vacío como una página en blanco donde una metrópoli impaciente dibujó su propia utopía de hormigón. La imagen documenta la demolición de El Conde o la quietud que antecedió al estruendo de la construcción, así como la fe ciega de una época en la capacidad de la arquitectura para reinventar la vida social.

Hoy, al contemplar Parque Central desde el mismo horizonte, la foto de Stoddart se reafirma como prueba de como Caracas borró un trozo de su historia para atreverse a construir la escala monumental de su futuro.

IGV

Procedencia de las imágenes

Postal y primera imagen. Archivo personal de Iván González Viso. Obsequio de María Eugenia Bacci, curadora junto a Diana Henríquez del archivo de John Sttodart.

Segunda imagen. Colección Crono Arquitectura Venezuela

Resto de las imágenes. Centro Simón Bolívar (s/f). Parque Central. Como vivir mejor en una ciudad moderna. Folleto promocional.

1966• Se concluye la remodelación y ampliación de La Casona

Remodelación de La Casona.jpg

1966•  El Centro Simón Bolívar luego de dos años de trabajos concluye la remodelación y ampliación de La Casona, la Residencia del Presidente de Venezuela, ubicada entre las urbanizaciones de La Carlota por el Norte, Campo Claro por el Este y Santa Cecilia por el Sur, proyectada por el arquitecto Andrés Enrique Betancourt Silva (FAU UCV Revalida 1964) y supervisada la construcción por el ingeniero Rodríguez Pérez.
El terreno y la casona formaban parte de la hacienda colonial de caña de azúcar llamada La Pastora, propiedad de la familia Brandt, en el momento en que el Presidente Raúl Leoni la adquirió (1964).

Una vez completada la remodelación y la ampliación, el terreno alcanzó más de 50.000 m2 (que incluye una extensión adicional que se expropió para poder construir el alojamiento de la Guardia de Honor y las garitas de seguridad). La quinta tiene 6.000 m2 de construcción. La restauración realizada por el arquitecto Betancourt Silva fue casi total, ya que lamentablemente no no se pudo utilizar más área de la vieja casona por razones estructurales: los techos de madera estaban apoyados directamente en paredes y columnas sin arriostramiento alguno y, sometidas las columnas a pruebas de resistencia, no cumplieron con las normas existentes. Por otro lado, el replanteo de la casa en muchas partes no era ortogonal.
La Casona está dividida en tres grandes áreas: la primera, el Despacho del Presidente, con una sala de conferencias para recibir a los Ministros.
La segunda, la Residencial, compuesta de las habitaciones para el Presidente y su familia, las habitaciones para el Jefe de la Casa Militar y otras dos habitaciones para huéspedes.
La tercera área es la de Apoyo y Recreación. En esta se ubicó el comedor para 64 comensales, servidos por una cocina adecuada y moderna. También posee un gimnasio, una sala de proyección de cine y una piscina temperada.

Los corredores que rodean la casa son amplios, pudiéndose realizar eventos sociales con un elevado número de personas. Los patios interiores que separan algunos de los espacios y los jardines están sembrados con robustos arboles (ya existentes en la vieja casona) entre los cuales se destaca un enorme «higuerón» y un samán. En uno de los patios se colocó una vieja fuente que estuvo en el Edificio de Cartografía de la época de Joaquín Crespo.
Las maderas que se utilizaron para los nuevos techos y pisos fueron curarire y cañahuato, así como cedro y caoba para otros detalles.
En las paredes de la vivienda presidencial se exhiben obras de arte de artistas nacionales, entre los que destacan: Carlos Otero, Marcos Castillo, Conchita Firgau, Manuel Cabré, Antonio Alcántara, Rafael Monasterios, Elisa Elvira Zuloaga, Antonio Herrera Toro, Arturo Michelena, Pedro Ángel González, Francisco Narváez, Héctor Poleo, Mateo Manaure y de dos extranjeros que hicieron de Venezuela su patria: Lucio Rivas y Armando Lira.
El Presidente Raúl Leoni y su familia fueron los primeros ocupantes de La Casona.


Fuente consultada y fotografías: Boletin CIV #74, 1966.

HVH

1949• Demolición de la sede del Banco Caracas

1949• Para la construcción del Centro Simón Bolívar fue necesario demoler todos los edificios entre las esquinas Camejo y Santa Teresa sobre la avenida Sur, (algunos de ellos con valor patrimonial). Entre estos se demolió la sede del Banco Caracas, estructura de estilo neoclásico y postcolonial proyectada por el ingeniero-arquitecto venezolano Alejandro Chataing (1873-1928).
Alejandro Chataing, egresado de la Universidad Central de Venezuela como Doctor en Ciencias Físicas y Matemáticas, proyecta y construye entre muchas obras: el Teatro Nacional, 1905; reforma el Panteón Nacional, 1910-1911; Villa Zoila, 1905; la Academia Militar La Planicie, 1906; el Nuevo Circo, 1919; y el Hotel Miramar, 1928.
El Banco Caracas fue fundado en marzo de 1883 por el general Manuel Antonio Matos.


Fotografía. Revista «El Cojo Ilustrado» noviembre 1899. (Publicada por Caracas siempre Caracas)

HVH

1973• Cierra sus puertas el Parque Recreacional El Conde

1973• Cierra sus puertas el Parque Recreacional El Conde ubicado en un terreno entre la av. Bolívar y la av. México, en la parte norte de la urbanización El Conde, diseñado por el arquitecto, diseñador industrial y artista Jorge Castillo C. (1933-2022) (FAU UCV promoción 9/1959), con la colaboración del arquitecto Bernabé Ruíz D. (FAU UCV promoción 16A/ 1967).

El centro de entretenimiento se creó de forma temporal por el Centro Simón Bolívar (CSB) mientras se determinaba el uso definitivo para los terrenos de la parte norte de la urbanización El Conde.
El Parque había abierto sus instalaciones en 1968.

HVH

1949• Se altera la fachada original del teatro municipal

1949• Para construir el Centro Simón Bolívar se inicia la demolición del cuerpo frontal del Teatro Municipal, hoy monumento nacional, ubicado en el casco histórico central de Caracas en la avenida Lecuna, entre las esquinas Reducto a Municipal, Parroquia Santa Teresa, que goza de protección patrimonial mediante el Decreto Número 26.320, publicado posteriormente a su intervención, en la Gaceta Oficial de la República de Venezuela, el 16 de febrero de 1979.
El Presidente Antonio Guzmán Blanco (1829-1899), durante su segundo mandato ordenó construir un gran teatro en Caracas. La obra le fue contratada al arquitecto francés Esteban Ricard, quien la inició en 1876. Su propuesta fue la de un edificio de planta ovalada al estilo del gusto francés de aquel momento. En su proyecto incorporó altas columnas dóricas, una imponente fachada neoclásica y una estructura técnica avanzada para la época. Sin embargo, por desavenencias surgidas entre el arquitecto Ricard y el «Ilustre Americano», éste regresa a Europa sin terminar la construcción del teatro, la cual es completada a partir de 1879 por el ingeniero venezolano Jesús Muñoz Tébar (1847-1909).
Una vez concluida la construcción, que fue una de las primeras edificaciones de Caracas en tener luz eléctrica, fue inaugurado el teatro con el nombre de Teatro Guzmán Blanco el 1 de enero de 1881, con la presentación de la ópera «El trovador» de Giuseppe Verdi.

En la imagen, una fotografía tomada en 1947 de la Revista Élite, se puede verel acceso principal del Teatro Municipal a través de las puertas del Hotel Majestic y la icónica estatua del general y expresidente venezolano José Tadeo Monagas, ubicada en la antigua Plaza de San Pablo e inaugurada durante el gobierno de Guzmán Blanco el 28 de octubre de 1881. El recordado Hotel Majestic fue inaugurado el 30 de diciembre de 1930 y cerró sus puertas el 18 de febrero de 1949. Su demolición comenzó poco después para dar paso a las obras del Centro Simón Bolívar.

Para disponer de un terreno con área suficiente para esta nueva edificación el «Ilustre Americano», haciendo gala de su política anticlerical, ordenó la demolición de: el Hospital de San Pablo (construido hacia 1594), el centro de asistencia médica más importante de Caracas, que como conjunto tenia patios internos, capillas y salas de hospitalización divididas por sexos y tipos de enfermedades; la Plazuela de San Pablo frente al hospital, espacio público usado para mercado; y el templo de San Pablo, de donde se originó la leyenda del Nazareno.
Luis Muñoz Tebár, quien concluyo la construcción de Teatro Guzmán Blanco (hoy Teatro Municipal), fue un ingeniero, militar, político e historiador venezolano. Fundador del Ministerios de Obras Públicas (MOP) en 1874, quien entre sus muchas obras construidas destaca el Ferrocarril Caracas – La Guaira en 1883, y el Hospital Vargas de Caracas concluido en 1891.

Las demoliciones realizadas para la construcción del Centro Simón Bolívar se iniciaron con el Hotel Majestic en el mes de marzo de 1949. En la imagen se puede ver el cuerpo frontal del Teatro Municipal aún intacto.

El Teatro Municipal fue construido en un claro estilo neoclásico, simétrico y proporcionado, con columnas dóricas, un frontón triangular, arcos de medio punto, vitrales y óculos que permiten la iluminación. En su cubierta destaca un tambor que remata el techo cónico del piso superior. Su interior fue proyectado en forma de herradura, con un patio central y palcos de varios niveles.

La parte del Teatro Municipal de Caracas que fue demolida para la construcción de la Torre Sur del Centro Simón Bolívar y la ampliación de la Avenida Bolívar fue su cuerpo frontal, compuesto principalmente por el peristilo semicircular (el gran pórtico de columnas de estilo clásico). Ello implicó que en su parte baja disminuyera drásticamente el vestíbulo o foyer original (el área de recepción y encuentro social para los asistentes) y que era el elemento que definía la fachada exterior. También afectó su parte alta, que incluía el área de ingreso a la zona de palcos y el acceso a los niveles superiores del teatro, que desapareció y se tuvo que modificar fuertemente, lo cual causó además la eliminación de la escalera del palco presidencial.

Otra vista del avance de las obras del Centro Simón Bolívar y al fondo el Teatro Municipal, ya con el peristilo semicircular (el gran pórtico de columnas de estilo clásico) eliminado y el inicio de la construcción de la nueva fachada del teatro.
El Teatro Municipal con su nueva fachada, evidenciando el desproporcionado y reducido atrio exterior, limitado con una balaustrada de elementos moldeados de concreto que lo separa de la circulación peatonal, la cual fue reconstruida a una cota más baja. Y en primer plano el hincado de pilotes de la estructura del edificio Sur del Centro Simón Bolívar.
En una fotografía reciente, enfrentados urbanamente, el Teatro Municipal, con su fachada reconstruida, y el edificio sur del Centro Simón Bolívar, separados tan solo por el ancho de la Avenida Oeste 8.

El Teatro Municipal es una de las salas de opera más antiguas de Suramérica. Concluida la reconstrucción de su fachada fue reabierto diez años después, el 17 de febrero de 1959.

HVH

1968• Parque Recreacional El Conde

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1968•  Se concluye la construcción y equipamiento del Parque Recreacional El Conde, ubicado en un terreno entre la Av. Bolívar y la Av. México, en la parte norte de la urbanización El Conde, diseñado por el arquitecto, diseñador industrial y artista Jorge Castillo C. (1933-2022) (FAU UCV promoción 9/1959), con la colaboración del arquitecto Bernabé Ruíz D. (FAU UCV promoción 16A/1967).

Este recinto de diversiones, cultural y expositivo fue considerado por el Centro Simón Bolívar CSB como una obra temporal ya para el lote de terreno donde se levantó aún no se había definido el proyecto que allí se haría. Por consiguiente al arquitecto Castillo se le solicitó la elaboración de una propuesta de construcción económica, rápida de edificar y de desmontar. Este momento coincidió con un área de investigación que Jorge Castillo desarrollaba: la de estructuras modulares, de reducida dimensión, de poco peso y con la posibilidad se ser recubiertas con materiales livianos y fácilmente fabricados industrialmente y no a pie de obra.

Castillo empleó en el Parque Recreacional El Conde estructuras metálicas livianas, de ensamblaje rápido, fibra de vidrio para los cerramientos modulares de las paredes y techos, y plásticos y polímeros para los acabados que aportaron vivos colores a las construcciones.
Con ellos se definieron Pabellones expositivos en donde se celebró en 1971 la IV Bienal de Arquitectura de Venezuela bajo el lema «Vivamos en los espacios del hombre», para la que se abrieron restaurantes y brindó la posibilidad de dictar múltiples charlas y conferencias, entre las cuales vale destacar, entre otras, las Primeras Jornadas Nacionales de Arquitectura y Urbanismo.
Este parque recreacional fue muy visitado por su atractivo y fácil acceso urbano hasta el año 1973 cuando fue cerrado y desmontado.
El arquitecto Jorge Castillo C. fue galardonado con el Premio Nacional de Arquitectura en el año 1999.

HVH