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El Centro Ciudad Comercial Tamanaco (mejor conocido por sus siglas CCCT) ostentó durante muchos años el lugar que lo colocaba con el establecimiento de su tipo más grande del país. Ello ocurrió desde que se terminó su primera etapa en 1976 hasta 1998 cuando abre sus puertas el Centro Comercial Sambil Caracas. La denominación de ciudad comercial tiene que ver justamente con sus dimensiones, las características de su organización y la diversidad de usos que alberga. Se levanta sobre un terreno de aproximadamente 83.000 m2 (8,3 Há) ubicado en la urbanización Chuao, municipio Chacao, estado Miranda, que, luego de la lotificación de la hacienda de la cual tomó el nombre la urbanización, estuvo durante muchos años vacío y luego subutilizado como lugar donde funcionaba el Autocine o Cinemóvil Tamanaco.


Su proyectista, Diego Carbonell Parra (1923-2000), egresado del Massachusetts Institute of Technology en 1944, Presidente de la Sociedad Venezolana de Arquitectos (SVA) (1951-53) y uno de los miembros fundadores de la FAU UCV (1953), ya había hecho acto de presencia casi a modo fundacional en la zona donde se implantará el CCCT diseñando entre 1957 y 1958 junto a Miguel Salvador Díaz y José Lino Vaamonde el edificio La Estancia (antiguo edificio Shell, luego Maraven y hoy sede de la UNEFA), hito de la arquitectura moderna venezolana. También sería bueno recordar que Carbonell constituye entre 1949 y 1953 la que se reconoce como la primera oficina de arquitectura de Caracas junto a Tomás José Sanabria (Carbonell y Sanabria Arquitectos), experiencia que, al servir de modelo para otra serie de profesionales, cambiará el perfil de la disciplina durante la década de los 50 del siglo XX y que realizará una serie de obras señeras en las que modernidad y tradición serán tratadas con particular equilibrio. Ya de manera independiente Carbonell proyectará en 1953 el Centro Comercial del Este (sobre la avenida Casanova); en 1955 la sede del Colegio de Médicos del Distrito Federal (Plaza Las Tres Gracias) y el edificio Las Fundaciones (Avenida Andrés Bello); en 1957 el edificio La Hacienda (Las Mercedes); y en 1958 la Casa Club del Junko Golf Club (El Junko) por citar algunas de sus obras a las que habría de sumarse el trazado y diseño de viviendas tipo para las urbanizaciones Santa Marta y Santa Cecilia (1955).
En esta oportunidad Carbonell, quien durante los años sesenta había reorientado su actividad arquitectónica hacia el campo de la planificación y gerencia de edificaciones, se asociará para enfrentar el proyecto del CCCT con el arquitecto norteamericano Chris Ramos.

La ambiciosa propuesta, prevista para ser construida por etapas, se propone desde un inicio concentrar las edificaciones que la integran destinándose la casi totalidad del resto del terreno para resolver los estacionamientos los cuales se desarrollarían, además, en los sótanos del complejo. Los primeros bosquejos elaborados por Carbonell (1971) muestran la existencia de tres volúmenes principales en los que se jugaba con el escalonamiento de las fachadas de diferentes formas ofreciéndose una presencia si se quiere más homogénea en que ya destacaba la imagen de una pirámide invertida como elemento de mayor impacto visual.
Se buscaba en todo caso responder a las variables del contexto en el que se insertaba (rodeado de vías rápidas, de difícil accesibilidad peatonal y afectado por el cono de aproximación del Aeropuerto La Carlota) e impactar, dada su estratégica ubicación, mediante el uso del concreto armado obra limpia con visos brutalistas y el protagonismo del elemento piramidal que en definitiva identificará el conjunto de cara a la ciudad.


El desarrollo y evolución del proyecto apuntará a acentuar y liberar la lectura formal del elemento protagónico de la composición (destinado a oficinas) el cual junto a la construcción en las plantas inferiores de un extenso centro comercial (con 9 salas de cine, el automercado CADA y la tienda por departamentos BECO como “anclas”) y las respectivas áreas de estacionamiento, conformará la primera etapa inaugurada el año 1976 luego de cuatro años de iniciadas las obras.
La “pirámide invertida”, que perdura desde el primer planteamiento de conjunto hasta la propuesta final, permitirá, además, incorporar importantes innovaciones estructurales, introducir la iluminación cenital a su espacio central y manejar de manera peculiar la incidencia solar en sus fachadas, aspecto este de importancia para el uso que alberga. Finalmente, estará acompañada para cuando se concluya la construcción de la segunda etapa (1982) de otras 4 torres de oficinas y un hotel de 200 habitaciones (morfológicamente muy distantes de la primera propuesta), incrementándose a 450 tiendas del centro comercial (tres niveles más) y a más de 5000 los puestos de estacionamiento.



En total se construyeron 480.000 m2 bajo un esquema de propiedad multiuso, correspondiéndole a don Siro Febres Cordero, quien creó la empresa Ciudad Comercial Tamanaco, la tarea de reunir al nutrido grupo de inversionistas que se asociaron para lograr que la obra se concretara de acuerdo al proyecto definitivo de Carbonell (de mayor incidencia en la primera etapa) y Ramos (con mayor peso en la segunda).
Acompañaron a los arquitectos proyectistas en la tarea de llevar adelante los cálculos estructurales los ingenieros Francisco Pérez Rodríguez, Luís Enrique Madriz y Manuel Porras, con el apoyo de Hugo Hernández López y Celso Fortoul Padrón.
La construcción de la primera etapa se hizo a través de un consorcio formado por tres empresas: Fibrocemento, Inversora Taca y la Constructora de los Hermanos González. El ingeniero Francisco Pérez Rodríguez, se encargó de la inspección de la obra. Al iniciarse la segunda etapa se incorporó al Ing. Enrique Pardo Morales con un equipo de profesionales para contribuir con la supervisión de la obra en la que participaron más de 120 contratistas.
La condición de isla que siempre ha caracterizado al CCCT ha hecho de la llegada en vehículo su principal forma de acceso. Sin embargo, desde la apertura de la estación Chacao de la línea 1 del Metro de Caracas (1988) se ha reforzado su vinculación aunque lejana con este sistema de transporte, estándose a la espera de la finalización de las obras de la línea 5 que aproximaría a los usuarios desde la estación Tamanaco. Esta particularidad ha hecho que desde la apertura del Centro Sambil, mucho más accesible desde el transporte público, la actividad del CCCT disminuyera sensiblemente, obligando a sus propietarios a llevar a cabo importantes inversiones que han buscado una reactivación la cual ha llegado.
Pese a todo ello el CCCT (cuyo slogan es “todas las soluciones en un mismo lugar”) desde su apertura se convirtió en referencia y lugar de encuentro concentrando buena parte de los comercios de élite de la ciudad además de lugares de diversión y entretenimiento. Su versatilidad y permanente actualización le ha permitido albergar también exposiciones industriales y comerciales, eventos musicales y de entretenimiento a gran escala en su áreas destechadas. Hoy, sin duda, es una de los principales lugares de distracción dentro de una ciudad que no ofrece seguridad y que ha hecho de los centros comerciales cerrados y con sistemas de vigilancia espacios urbanos de disfrute masivo.


En 2013, a raíz de un concurso privado organizado por el CCCT para el proyecto de remodelación y actualización de los pisos del centro comercial ganado por la arquitecto Vivian Dembo, el arquitecto Alejandro Borges a la vez que presenta su propuesta, señala con claridad cómo “la dinámica urbana actual y la bien comprendida necesidad de generar espacios dados al peatón, han cambiado radicalmente el papel potencial de una pieza tan importante como lo es el CCCT. Tanto su escala como su ubicación en la ciudad lo han convertido en pieza fundamental en las posibilidades reales de establecer conexiones Norte-Sur en este tramo de nuestra ciudad combinando esfuerzos privados y públicos. Las presiones actuales ineludibles de múltiples fuerzas del lugar constituyen una oportunidad valiosa de desarrollar estrategias que permitan ser repetidas a lo largo de la gran escisión que representan la autopista y el río en el tejido de Caracas”. Y añade: “En la actualidad, el CCCT opera como un extraordinario pasaje urbano que de una manera precaria y accidental conecta peatonalmente la avenida Francisco de Miranda, el metro de Chacao y la avenida Libertador con el sector de Chuao y Las Mercedes. La nueva estación del metro Las Mercedes y el futuro Parque La Carlota van seguramente a acentuar el flujo peatonal desde y hacia el CCCT”, todo lo cual le permite realizar una interesante propuesta que con el título de “Arqueología del espacio. Del fragmento a la idea globalizadora” se puede consultar en el nº 103 de la revista entre rayas de febrero de 2014.
Diego Carbonell tras diseñar y ejecutar el CCCT recibió desde el gremio arquitectónico duras críticas en cuanto al claro distanciamiento que mostró esta obra con su anterior producción, muy alejada en cuanto a los patrones estéticos hasta entonces había manejado dando rienda suelta en este caso a las exigencias de inversionistas y agentes inmobiliarios. La desproporcionada escala de los espacios, falta de claridad en los recorridos y llegadas a las diferentes partes que lo conforman, ausencia de contacto con el exterior, impureza y descuido en el tratamiento de la masa construida, y presencia de materiales y acabados suntuosos y aleatoriamente combinados, si bien alejaron a Carbonell de la “buena arquitectura” dejaron sumamente satisfechos a los promotores y también a quienes desde mediados de los años 70 han podido conocerlo. La idea de una ciudad dentro de la ciudad donde la seguridad y el confort del usuario y del vehículo predominan lo convierten en pionero y referencia ineludible dentro de los malls caraqueños.

Nota
Como dato curioso hemos encontrado que Julio Volante publicó en la Revista Punto nº 17, abril 1964, para la sección “Habla un arquitecto” la imagen de un proyecto que se identifica como “Edificio Ciudad Tamanaco” que bien podría ser una primera propuesta para el lugar donde finalmente de erigió en CCCT, sin que nos atrevamos a afirmarlo categóricamente. Sería interesante que nuestros lectores nos ayudaran a corroborar si esto es o no cierto.
ACA
Procedencia de las imágenes
1. https://www.academia.edu/36603255/Biografia_sobre_el_Arquitecto_venezolano_Diego_Carbonell_Parra
2, 3, 4 y 6. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad
5. https://www.pinterest.com/pin/483574078716324439/
7. https://hectorucsar.wordpress.com/2012/12/06/caminando-por-caracas-piero/caracas-ccct/
9. https://entrerayas.com/2014/03/arqueologia-del-espacio-del-fragmento-a-la-idea-globalizadora/
10. Revista Punto nº 17, abril 1964

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El Centro Comercial Mata de Coco, cuya imagen muy cercana al momento de su inauguración en 1959 ocupa nuestra postal del día de hoy, dada su ubicación en un sector denominado San Marino, fronterizo entre Chacao, Campo Alegre y el Country Club, entre la avenida Blandín y la San Marino, colindante por el norte con lo que eran los campos deportivos del Colegio San Ignacio de Loyola (donde posteriormente se desarrolló en Centro San Ignacio), constituye una de las primeras muestras de lo que un arquitecto, de común acuerdo con las autoridades municipales, puede lograr desde la perspectiva de visualizar a futuro un sector en plena transformación a través de una propuesta de diseño urbano. Esta actitud consistente en ver la ciudad como oportunidad permanente de ser renovada, es un sello que distinguirá siempre la manera como Tomás José Sanabria (1922-2008) entendía la relación edificio-contexto, presente a lo largo de toda su carrera profesional que tiene en el proyecto de este centro comercial una primera oportunidad de mostrarse.

El problema consistía inicialmente en diseñar diez casas en diez lotes separados a solicitud de Enrique Siblesz y Juan Bernardo Arismendi propietarios de los terrenos. Sanabria narra de acuerdo a lo recogido en la ficha P-261 del portal Tomás José Sanabria. Arquitecto (https://tomasjosesanabria.com/) cómo “una vez que tuve la información hice visitas al sitio y luego de analizar el lugar, llamé al Ing. Siblesz para hacerle la siguiente proposición. En lugar de construir las viviendas proponía crear un ‘hito urbano’ que representaría un cambio, una mejora ambiental en una zona donde me preocupaba seguir haciendo lo mismo, que a la larga representaría un deterioro. Hablé con Siblesz quien recibió la proposición con agrado, luego me dijo que lo había considerado con su socio (Arismendi) quien también lo tomó con agrado. (…) Lo elevé a consulta a la autoridad Municipal quien también lo aprobó. (…) Con este gran estímulo comencé a trabajar en el proyecto, cada día me sentía mas contento con la idea, proponía en el notable terreno, una sala de cine, un centro comercial, una pequeña torre de oficinas integrada a una cafetería con vista al Ávila. El pequeño conjunto quedaba rodeado por estacionamientos y amplios espacios donde el peatón podría caminar libremente, creando un oasis en el espacio habitado por viviendas.”

Así, la propuesta quedó conformada por tres cuerpos: el centro comercial propiamente dicho al norte, la sala de cine al sur y la torre de oficinas como elemento articulador de ambos con sus fachadas largas orientadas norte-sur. En total, inicialmente, se trabajó con un porcentaje de ubicación del 21% (quedando un 79% para el tratamiento de las áreas exteriores y estacionamientos) y un 74% de área de construcción del cual un 28% (13.540 m2) correspondía a la torre.
La solución permite vincular peatonalmente la avenida Blandin (al norte) con la San Marino (al sur) siendo servidas ambas por sendos estacionamientos. Muy bien adaptada a la topografía, su composición sigue el esquema de prisma vertical alargado elevado sobre pilotis y cuerpo bajo horizontal generándose un espacio de transición entre la volumetría del cuerpo bajo y la torre que da como resultado una amplia terraza en el techo del centro comercial con vistas al Ávila. Para la resolución del prisma vertical Sanabria recurre a un lenguaje típicamente corbusiano protegiendo las fachadas norte y sur con un sistema de parasoles que recuerda el tratamiento dado a los edificios diseñados por Sanabria para la Electricidad de Caracas a comienzos de los años cincuenta. A diferencia de aquellos, los brise-soleils de Mata de Coco fueron realizados en asbesto por “asuntos de economía” como señala irónicamente el arquitecto.




La planta baja comercial, caracterizada por el uso del concreto obra limpia en los acabados exteriores de los volúmenes, se comporta espacialmente como un sistema de calles y patios entrelazados rememorando una pequeña ciudad. El cuerpo del cine, recubierto de ladrillo trabajado al detalle que deja a la vista el esqueleto estructural en concreto, está acompañado de una plaza al este que le sirve de desahogo formando parte importante del recorrido externo que se desarrolla a lo largo del eje norte-sur del terreno, lo que refuerza la vocación urbana del conjunto. Bajo la plaza se ubica un espacio comercial en el que la zona de depósito ocupa su mayor porcentaje. Como dato curioso vale la pena señalar que cuando Sanabria escoge el mismo acabado del cine para las fachadas este y oeste de la torre de oficinas su costo tuvo que ponerlo de su bolsillo, “reduciendo los ‘honorarios’ que recibí, pues los propietarios se negaron a hacer ese gasto que representaba un aumento no previsto. Sacrificio que hice por sentir que la propuesta que hice demandaba una imagen que perdurara en el tiempo”.
El edificio de oficinas de ocho niveles ofrece la posibilidad de contar con visuales amplias sobre la ciudad. En él se ubicaron durante los primeros años una serie de despachos de arquitectura que empezaron a hacer contrapeso al predominio que hasta entonces había tenido el Centro Profesional del Este como lugar de referencia. En Mata de Coco, quizás por ser su suegro Juan Bernardo Arismendi uno de los propietarios del conjunto, Carlos Raúl Villanueva ocupó un espacio en el pent-house que se recuerda como la única ocasión en la que ejerció la profesión de forma liberal una vez terminada la experiencia de la Ciudad Universitaria de Caracas. Así mismo, el propio Tomás Sanabria ubicó allí por un tiempo su lugar de trabajo. En el pent-house (ala este) se instalaron Gustavo Legórburu, Américo Faillace, Nelson Douaihi, José Antonio Pechio y Elías Toro. Enrique Gómez y Carlos Sosa ocuparon primero otro sector del ala este del pent-house y más adelante una oficina en el piso 6.
El Centro Comercial Mata de Coco se convirtió desde su apertura en lugar de escape para los estudiantes del Colegio San Ignacio. Allí, además, se instaló la célebre librería LEA donde se podían adquirir los útiles y textos escolares que se exigían en el centro educativo. El teatro Caribe formaba junto con la fuente de soda-restaurant ubicada en la terraza superior del ala comercial y el automercado CADA que ocupaba el volumen más al norte, lugares de referencia. Debe reconocerse, sin embargo, desde muy temprano, un descontrol en la utilización de los elementos publicitarios que identificaban los locales lo que empezó a transmitir cierta anarquía contrastante a todas luces con la sobriedad y correcta planificación que lo caracterizaba.

Al transcurrir del tiempo Mata de Coco fue sufriendo el impacto de la presión que ejercía el valor comercial del terreno que ocupaba en virtud de su localización. En tal sentido, primero fue objeto de una desproporcionada intervención a cargo de la oficina Volante-Monaldi y Asociados C.A. que a comienzos de los años 80 del siglo XX buscó remozarlo abusándose del uso de cubiertas basadas en estructuras tridimensionales. Es el momento en el que el teatro Caribe deja de ser cine para convertirse en sala para presentaciones musicales y teatrales además de grabaciones. Sanabria resiente este trabajo cuando expresa: “Lo mas triste del caso es que un arquitecto (hijo de un muy apreciado colega) intervino el edificio de manera arbitraria y grotesca, acción que trajo como consecuencia que propietarios de lotes vecinos hicieran lo propio hasta llegar al caos que hoy podemos observar en este sufrido caso!”.
La estocada mortal que se le da a la integridad del conjunto surge a finales de siglo cuando en la parte norte del terreno “sin consulta ni opinión” se levanta la sede del SENIAT rompiendo por completo la concepción inicial que dio origen a la propuesta. Ya para entonces se construía en los terrenos vendidos por el Loyola correspondientes a sus campos deportivos el Centro Comercial San Ignacio (1998), lo que terminó de afectar las visuales hacia Ávila. Sobre estos dos hechos Sanabria, indignado, opina lo siguiente: “Esto (de contar con visuales libres) se mantuvo durante unos años hasta que ocurrió el gran crimen urbano, el apetito por el lucro que combinado con una nefasta asesoría al nivel de las autoridades del Colegio San Ignacio, negociaron las invalorables áreas verdes para comenzar con el brutal ‘desarrollo’ urbano que hoy en día hemos visto como ha nacido para continuar en su ‘nefasto deterioro ambiental’ «.
Sumido dentro de esta condición degradante el Centro Comercial Mata de Coco hoy pervive agredido mostrando sólo hacia el sur parte del esplendor que lo caracterizó a lo largo de más de cuatro décadas.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal, 3 derecha y 6. Colección Crono Arquitectura Venezuela
1, 2, 3 izquierda, 4 y 5. Catálogo de la exposición Tomás José Sanabria Arquitecto. Aproximación a su obra. Galería de Arte Nacional, 1995
7. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

1968• Una vez vendidos los 50.000 m2 de terreno que conformaban parte de la antigua Hacienda Sans Souci, se destinan 33.000 m2 para vivienda y 23.000 m2 para un centro comercial, separando ambos lotes por una vía que comunica la Av Principal de la Urbanización El Bosque con la Urbanización Las Delicias, Sabana Grande.
En el lote destinado a comercio se construye e inaugura en 1968 el Centro Comercial, que limita por el sur con la Avenida Principal de Sabana Grande, por el norte con la Av. Solano López y por el oeste con la Quebrada Chacaíto, límite natural entre el Distrito Federal y el Estado Miranda.
La obra fue proyectada en 1965 por Antonio Pinzani (1927-2009) arquitecto graduado en la Universidad de Venecia, Italia, en 1953. Revalidó en la FAU UCV recibiendo su título en la promoción 12C /1963. El diseño estructural fue realizado por los ingenieros Sergio Piccín y Antonio Froyo.
El diseño original proponía la construcción de una torre de oficinas sobre el centro comercial, la cual fue desechada. Los 23.000 m2 construidos, aprovechan el desnivel existente entre las dos avenidas para desarrollar tres niveles comerciales con estacionamiento más un sótano de uso múltiple. El centro comercial, ubicado en un punto neurálgico de la ciudad, punto de interconexión de transporte público, facilitó el desarrollo y éxito de comercios ancla, fuentes de soda, restaurantes, librerías, agencias bancarias, cines, discotecas, automercados, etc. El diseño del arquitecto Pinzani privilegió al peatón, desagregando la vialidad vehicular, concibiendo un centro comercial que verdaderamente daba respuesta a construir en el trópico.
Inicialmente tuvo 97 tiendas y dos estacionamientos, uno de ellos ubicado en el sótano, ofreciendo entre ellos 600 puestos, la mayoría techados.
HVH

Centro Comercial Chacaíto. Antonio Pinzani. Patio interno descubierto.

Centro Comercial Chacaíto. Antonio Pinzani. Una vista nocturna del estacionamiento descubierto del segundo nivel de comercios.

Centro Comercial Chacaíto. Antonio Pinzani. Estacionamiento descubierto en el segundo nivel de comercios.

Centro Comercial Chacaíto. Antonio Pinzani. Vista noctura de la edificación.

2004• Con la coordinación del proyecto y su construcción la firma Arquina, SRL, concluye el Centro Comercial Galerias Ávila, ubicado en la avenida Urdaneta con avenida El Parque, La Candelaria.
Este nuevo centro comercial cuenta con 200 locales comerciales de diferente área distribuidos en cinco niveles, uno de los cuales tiene una feria de comida rápida y otro seis salas de cine. Tiene 250 puestos de estacionamiento techados.
HVH