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Cuando la semana pasada nos referimos al lugar ocupado por el Centro Comercial Los Palos Grandes (o “Canaima”) dentro de una posible evolución de ese tipo de edificación en la capital, adelantábamos el importante sitial ocupado por el Centro Comercial Chacaíto. Hoy nos correspondería añadir que este emblemático edificio marca un antes y un después tanto en la manera como fue concebida su organización y resuelta su implantación en el sitio donde le ha correspondido estar, como por el impacto que su apertura aportó a la manera de entender su trazado y el rol que puede jugar un grupo concentrado y diverso de comercios dentro de la trama de la ciudad. Se trata de una obra aleccionadora que, sin duda, envió un claro mensaje sobre la integración que debe darse entre un edificio de esta naturaleza, el trópico, la ciudad y el usuario el cual tuvo una consideración privilegiada.

El lugar donde se desarrolló el centro comercial, al este de la quebrada Chacaíto, límite natural entre lo que antes era el Distrito Federal y el Distrito Sucre del estado Miranda (o, en la actualidad, entre los Municipios Libertador y Chacao), no sólo ofrecía las ventajas que otorga su condición de nodo articulador urbano de fácil acceso, sino que imponía un complejo reto a la hora de enfrentar la topografía, sectorizar los usos que debía albergar, resolver mediante un esquema claro la relación entre el vehículo y el peatón, y decidir cómo responder a los dos frentes que lo limitan: al norte la avenida Francisco Solano López, y al sur lo que para entonces era el fin de la Calle Real de Sabana Grande y el inicio de la avenida Francisco de Miranda.
Producto de parte de la venta de los 50.000 m2 de terreno que conformaban la antigua Hacienda Sans Souci, los 23.000 m2 que conforman el lote trapezoidal que se destinó al centro comercial, se separan de los 33.000 m2 que darían pie a un importante desarrollo habitacional que tomó el nombre de la hacienda, diseñado por José Miguel Galia, por la ya mencionada avenida Solano, vía que comunicará la Av. Principal de la urbanización El Bosque con la urbanización Las Delicias de Sabana Grande.
El proyecto, encargado al arquitecto Antonio Pinzani (1927-2009), construido entre 1965 y 1968, que contó con la participación de los ingenieros Sergio Piccín y Antonio Froyo en el diseño estructural, enfrentó con gran sabiduría la articulación de las complejas situaciones que presentaba el nodo de Chacaíto ideando un conjunto abierto al clima, con amplios corredores peatonales separados del automóvil que permitían recorrerlo disfrutando a la vez de lo que sus vitrinas mostraban.

Conformado por dos grandes piezas, una en forma de “L” que ocupa los linderos norte y este, y otra con planta cuadrada ubicada al sur-oeste, el centro comercial se divide en 3 niveles: sótano (donde se combinan estacionamientos y comercios); planta baja comercial (con fuentes de soda y una plaza central luego convertida en estacionamiento), y planta alta (que tiene usos comerciales y oficinas con área de estacionamiento independiente al norte). Inicialmente tuvo 97 tiendas y contaba con un total de 600 puestos para automóviles.
El nivel superior del cuerpo en “L”, donde destaca al oeste el volumen destinado al supermercado (ocupado finalmente por la cadena Central Madeirense que para la época ya se convertía en la competencia de CADA), conecta la avenida Francisco Solano López por medio de escaleras y una rampa al nivel principal (planta baja comercial). La segunda pieza, rodeada por cómodos pasillos y abierta la calle, contempla la existencia de un espacio central a doble altura donde el tratamiento de la luz se convierte en protagonista. En general, las tiendas ordenadas a partir de corredores perimetrales sin cerramientos, que mantienen al paseante entre las vitrinas y el exterior, junto a unos letreros comerciales de alta calidad gráfica, fueron claves en su imagen vanguardista en los años 70.

El centro comercial, ubicado, como ya se dijo, en un punto neurálgico de la ciudad y de interconexión del transporte público, facilitó el desarrollo y éxito de diversos comercios “ancla”. Al ya mencionado supermercado, se sumaron fuentes de soda (como El Papagayo y el Ovni), librerías (como El Acento y Lectura), varias agencias bancarias, cines (como los tres “cinemas” ubicados en el sótano), un teatro, discotecas (como El Hipocampo a nivel de la Solano y la Eva en el sótano), tiendas que representaban a las mejores marcas (Carnaby Street, Wilco, Adams o Vogue) y muy especialmente Le Drugstore, espacio de ambientación juvenil que ofrecía en su interior, además de una fuente de soda que destacaba por la originalidad de sus platos y el nombre que llevaban, una cantidad de mini tiendas destinadas, entre otras, a la venta de discos, tarjetería y cerrajería, todo bastante alejado de lo que su nombre parecía sugerir.
Recién inaugurado, el conjunto de 45.000 m2 de construcción, cuyo diseño original proponía la realización de una torre de oficinas sobre el centro comercial (la cual fue desechada), se convirtió de inmediato en ícono comercial en Caracas.
Antonio Pinzani, graduado de arquitecto en 1953 en la Universidad de Venecia, Italia, quien revalidó su título en la FAU UCV en 1963 y siempre estuvo muy vinculado a la colonia italiana en nuestro país, alcanzó con el Centro Comercial Chacaíto su obra más lograda y se abrió paso para que posteriormente fuera considerado para diseñar la Escuela Técnica de Catia (1972) y el Unicentro El Marqués (1973) edificaciones que, pese a variar sus usos y sus escalas tienen claras vinculaciones con el de Chacaíto en cuanto al tratamiento espacial, volumétrico y ambiental. Más adelante se le contratará para proyectar la sede del Centro Social Ítalo-Venezolano (1980) y luego, asociado con Giampiero Pierucci Renta, a través de Pinzani + Pierucci, en 1991 el Edificio Sede Gerencial La Castellana; en 1995 el Centro Comercial La Colina, San Antonio de los Altos (estado Miranda); en 1996 el edificio sede de la Casa Oliveira, en Boleíta Norte; y en 1999 el Centro Comercial Santa Fé.



Luego de la inauguración del Metro en 1983, Chacaíto acentuó su condición de nodo dentro de la ciudad y los alrededores del centro comercial se vieron beneficiados por prolongación de la peatonalización del Bulevar de Sabana Grande y la creación de la Plaza Brión ubicada sobre la estación del subterráneo. No obstante, su condición de edificio permeable le ha traído, en momentos en que el deterioro de la ciudad ha ido en franco aumento, problemas para poder defenderse de la inseguridad, y lo que antes fue lugar de referencia por la variedad y calidad de los usos que ofrecía hoy ha dejado de lado el toque de exclusividad que lo distinguía a favor de una mayor mimetización con lo que existe en su entorno.
Acreedor del Premio Municipal del Distrito Sucre en 1970 en la IV Bienal Nacional de Arquitectura, a pesar de sus años y alteraciones, y de la imposición de la nueva tipología del “mall” (ensimismado y aislado de su entorno) que introdujo una nueva forma de vivir la ciudad, tal y como se señala en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015) el de Chacaíto “sigue siendo considerado por muchos, desde el punto de vista arquitectónico, como el mejor centro comercial de la ciudad”.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal. Colección Crono Arquitectura Venezuela.
1, 2 arriba y 3 arriba derecha. Mariano Goldberg, Guía de edificaciones contemporáneas en Venezuela. Caracas. Parte 1, 1980
2 abajo. https://i.pinimg.com/originals/96/fe/02/96fe025c42d20858f25b04887a970095.jpg y Colección Fundación Arquitectura y Ciudad
3. https://elestimulo.com/bienmesabe/le-drugstore-el-espiritu-caraqueno-de-los-70/ y Colección Fundación Arquitectura y Ciudad
4 arriba. http://guiaccs.com/obras/centro-comercial-chacaito/
4 abajo. https://venezuela.bienesonline.com/ficha-local-venta-caracas-distrito-federal_LOV110199.php
…que en 1964 se concluye la construcción del Centro Comercial Los Palos Grandes, también conocido como Centro Comercial “Canaima”?

Si el boom de los centros comerciales en Caracas tiene en el Centro Comercial Chacaíto su mayor detonante cuando se concluye en 1968, colocando el listón en lo más alto, han pasado por debajo de la mesa a la hora de establecer una especie de cronología de lo que este fenómeno ha sido para la capital venezolana (trabajo aún pendiente de realizar con verdadero rigor académico), otros que lo antecedieron y se constituyeron en referencia particularmente para los habitantes del este de la ciudad.
La fórmula de contar con usos considerados “ancla” que garantizarían la afluencia de público a este tipo de edificación, quedó claramente establecida cuando en 1955 Don Hatch proyecta en Las Mercedes lo que sería la primera incursión en Caracas de IBEC (International Basic Economy Corporation), empresa de Nelson Rockefeller fundada en 1947, cuya subsidiaria en Venezuela adoptaría las siglas VBEC (Venezuelan Basic Economy Corporation), quien asociado a empresarios nacionales dueños de los automercados Todos, de Maracaibo, financian el centro comercial donde se ubicaría el primer Automercado CADA (Compañía Anónima Distribuidora de Alimentos) de la capital. De esta manera, se daría inicio a la conformación de una cadena pionera en la venta al detal de alimentos bajo estándares norteamericanos que acompañaría la apertura de otros centros comerciales como elemento jerárquico, en los cuales se vería normalmente complementado con una fuente de soda de la misma franquicia y de otra serie de locales que irían adquiriendo identidad propia. A ello se fueron sumando usos de importante tamaño que junto al supermercado acrecentarían el atractivo de estas pequeñas ciudades dentro de la ciudad.
Al CADA de Las Mercedes siguió el de La Vega y luego el de La Florida incorporado al centro comercial del mismo nombre, el cual empezó a señalar un importante cambio en la escala reforzado por la adición de un local con 12 canchas de bowling, deporte que se empezaba a poner de moda a inicios de los años 60.

Dentro de esta secuencia le correspondería a la urbanización Los Palos Grandes contar a partir de 1964 con un centro comercial que se ubicaría en los terrenos de lo que fue el Coney Island, lugar de recreación, diversión y atracciones de gran importancia durante los años 50 que funcionó hasta 1963.
El proyecto, ubicado con frente sobre la avenida Francisco de Miranda, entre la 2ª y 3ª avenidas de Los Palos Grandes, estaría a cargo de la firma Coto y Loperena Arquitectos (Alvaro Coto Asenjo y José Gabriel Loperena). Sería construido por la empresa Aldrey y Simon siendo Luis Borges Villegas y Francisco Borges los ingenieros residentes y su costo total alcanzaría los cinco millones de bolívares provenientes en su totalidad de capital privado.
El programa contemplaba el funcionamiento de un automercado, una fuente de soda, 24 canchas de bowling, 20 establecimientos comerciales, una sala de cine y estacionamiento para 360 vehículos.
El partido arquitectónico orientó la organización de los tres grandes cuerpos (el cine, el bowling y el automercado) en torno a un espacio central donde se ubicaría la fuente de soda presidida por un enorme mijao, árbol común en la zona de los Palos Grandes, a quien la urbanización debe su nombre. Hacia la periferia (donde se resolvieron los estacionamientos divididos en tres zonas), bajo el volumen del bowling y en parte del espacio central se ubicarían el resto de los locales comerciales. La circulación, resuelta correctamente, permitía el acceso independiente a los locales principales y secundarios localizándose el automercado al norte (con estacionamiento propio y una amplia área de carga y descarga), el cine al oeste y el bowling al este.

El centro comercial se caracterizó por tener una estilizada solución estructural y por estar realizado con materiales de muy buena calidad, excelentes acabados y una lograda volumetría. Así, el prisma en el cual se desarrolló la sala de cine fue utilizado con mucho acierto por los proyectistas como volumen con fuerza suficiente para presentar el edificio hacia el frente de la avenida Francisco de Miranda. La pendiente interna de este espacio, necesaria para la gradería de asientos, se convierte en su exterior en antesala techada de acceso peatonal y vehicular al teatro.
Tanto la cubierta de la sala del cine como la del boliche y el supermercado fueron construidas utilizando paraboloides hiperbólicos de concreto armado diseñados por el arquitecto Coto Asenjo, los cuales se dejaron en obra limpia. Para la tabiquería exterior se utilizaron ladrillos de arcilla, colocados también en obra limpia.
Los más importantes locales, todos adjudicados con carácter de alquiler, estarían ocupados por CADA, el Pin 5 (que con 24 canchas de bowling se convirtió en el mayor espacio de este tipo de la capital), el teatro Canaima (primera sala diseñada para proyectar películas sobre una enorme pantalla curva en el formato llamado “supercinerama”), la discoteca El Hipopótamo (ubicada bajo el cine y una de las primeras en su género) y la Librería ABC (de los mismos dueños que posteriormente abrirían LECTURA en el Centro Comercial Chacaíto).

La apertura del centro comercial se concretaría en septiembre de 1964 y la de la sala de cine sería el 29 de octubre con la superproducción “La Conquista del Oeste”, dirigida John Ford, Henry Hathaway y Georges Marshall en la que participaron hasta 24 famosas estrellas del celuloide, constituyéndose en todo un evento.
Alvaro Coto Asenjo (1928-2013), arquitecto de origen mexicano que revalidó su titulo en la FAU UCV en 1970 y desarrolló su carrera en Venezuela, constituyó en los años 50 junto a José Gabriel Loperena Taboada la empresa “Cubiertas Ala de Venezuela, C.A.” que diseñó y construyó un gran número de estructuras de paraboloides hiperbólicos de concreto armado en nuestro país, y actuó como filial y representante de los proyectos y contratos del ingeniero y arquitecto Félix Candela.

La firma entre los años 50 y 70 ejecutó una importante cantidad de dichas estructuras a modo de paraguas invertidos que se utilizaron como cubierta en el área de surtidores y en otros volúmenes en numerosas estaciones de servicio (bombas de gasolina) en Caracas, de los cuales sólo unos pocos quedan aún en pie. También colaboró en el proyecto y construcción en 1963 de la cubierta a base de paraboloides de la Planta ensambladora de la Volkswagen en Palma Sola (Morón, estado Carabobo) de Dirk Bornhorst y Pedro Neuberger, y en la construcción en 1964 del Edificio Sede del Colegio de Médicos del Zulia, del arquitecto Miguel Casas Armengol. En 1968 Coto proyectó y construyó el Terminal de Pasajeros “Genaro Méndez” en San Cristóbal, estado Táchira y, en 1969, realizó el diseño para la cubierta del Terminal de Autobuses de Ciudad Bolívar. Más adelante Coto creará las firmas Constructora Orión y Cubiertas Orientales desde donde continuará su particular investigación, planteando entre 1980 y 1990 una tipología de silos agroindustriales de gran capacidad que tuvo su antecedente en las propuestas solicitadas por Fedeagro Turén y Fedeagro Araure a “Ala de Venezuela” durante los 60. También propondrá una estructura con base a paraboloides para construir tanques de agua semienterrados de 500 mil litros en la Isla de Margarita e intentará patentar en 1994 una cubierta denominada “Pieza reversible, prefabricada en forma de dos sectores de paraboloides hiperbólicos, usable en repetición ensamblada en la ejecución de cubiertas”, a base de fibra de vidrio y resinas plásticas, tal y como reseña Rafael Gerardo Páez en el artículo “Edificaciones con paraboloides hiperbólicos. La obra de Félix Candela en México y de Álvaro Coto en Venezuela”, aparecido en la revista Tecnología y Construcción 27 I, septiembre 2013.

Debido a un incendio de grandes proporciones que hubo en 1978, el cual destruyó por completo la tabiquería del centro comercial, el Cine Canaima tuvo que cerrar sus puertas, el Pin 5 fue mudado a la urbanización La California y la edificación fue demolida a finales de los años 80, teniéndose que utilizar explosivos para derrumbar la estructura y los paraboloides hiperbólicos de concreto armado que habían sobrevivido sin daño al evento. Luego de ser demolido el centro comercial, se construyeron en el mismo lote, la Torre Telefónica (hoy Movistar) y el Centro Comercial El Parque, situados entre la 2ª y 3ª avenidas de Los Palos Grandes, es decir, entre la Torre Hewlett Packard y el Parque Cristal.
ACA
Procedencia de las imágenes
2. http://ppr-aracamuni.blogspot.com/2017/05/el-parque-coney-island-de-caracas.html
3 y 4. Colección Crono Arquitectura Venezuela y Colección Fundación Arquitectura y Ciudad
5 y 6 izquierda. https://en.calameo.com/read/005631450353a7c33aa4e y https://issuu.com/tycidec/docs/27-i-tycissuu/68
6 derecha. https://mapio.net/pic/p-42830568/

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El Centro Comercial Bello Monte (a veces denominado Centro Bello Monte o también Torre Bello Monte) es el primer edificio de envergadura realizado con éxito en Caracas por BFG Arquitectos, firma conformada en 1970 por Moisés Benacerraf, Manuel Fuentes y Carlos Gómez de Llarena. Fuentes se independiza en 1973 pero la sociedad Benacerraf & Gómez Arquitectura perdurará por más de 30 años constituyéndose en una de las oficinas de arquitectura más importantes de la historia reciente en Venezuela. Es de destacar que aquel mismo año de 1970 Benacerraf, Fuentes y Gómez ganan el Primer Premio del Concurso Internacional para el Palacio Municipal de Caracas y en 1976 el Premio Nacional de Arquitectura con la Torre Europa construida entre 1971 y 1975.

Para Hannia Gómez en “Obra Reciente de Benacerraf & Gómez. Caracas, Venezuela”, publicado en el blog Desde la Memoria Urbana el 27 de abril de 2016, “En la obra conjunta Benacerraf & Gómez van a encontrarse la primera modernidad venezolana más ortodoxa, encarnada en la experiencia de Benacerraf, con la nueva modernidad venezolana de la segunda mitad del siglo, actualizada por la fuerza proyectual de Gómez de Llarena, cuando la memoria de la propia modernidad y la necesidad de darle importancia a lo urbano se estaban haciendo cada vez más presentes y urgentes, y se estaban redoblando tanto la sofisticación del diseño y la importancia de la estructura, como la aspiración a la excelencia en la calidad de la construcción y en el refinamiento en los detalles. (…) La capacidad de Gómez de Llarena como dibujante de perspectivas (en las que no solo dibuja sino que diseña los proyectos), le abrieron el camino desde muy temprano en su carrera, contando con una oficina de arquitectura propia desde los veinte años de edad, trabajando para los arquitectos Martín Vegas, José Miguel Galia y Walter J. Alcock. Esta facultad, y la inclinación por el diseño en perspectiva de los volúmenes calzando en los escenarios de la ciudad, marcará inmediatamente el perfil de la obra de Benacerraf & Gómez.»



Ubicado en la zona comercial de la Urbanización Colinas de Bello Monte entre las avenidas Principal de Bello Monte y Leonardo Da Vinci y la calle Lincoln, la obra de 19.000 m2 de construcción descansa sobre un terreno de 3.600 m2 en el que anteriormente se encontraba un pequeño centro comercial que había sido construido en los años 50 frente a la tienda por departamentos Sears. Fue proyectada para contener 12 apartamentos tipo estudio en cada uno de los 11 pisos de la torre, planta baja y mezzanina comercial, y estacionamiento en el sótano y parte del nivel calle.

Este notable edificio también da inicio al desarrollo de una tipología que será aplicada y desarrollada posteriormente por Benacerraf & Gómez en obras como la ya mencionada Torre Europa y continuará con la Torre América (1978), la Torre del Banco Unión (1980), las torres gemelas del Centro El Recreo (1990) y las del Centro San Ignacio (1998). “Observando algunas de las plantas de sus torres de oficinas entre 1970 y 1998, vemos como ‘todos los edificios tienen la misma planta’. Porque ellas no son sino una repetición diferente de un mismo tema. En todas se trabaja la misma idea de ‘la planta útil’: un enorme container, una planta amplia y modular que funciona diáfanamente, un uso del piso total, con su circulación vertical y horizontal y la ubicación clara de los grandes servicios y de la ductería. ‘Una constante desde la Torre Bello Monte (1970)’ ”, recogerá Hannia Gómez intercalando frases del arquitecto Gómez de Llarena.

Asimismo el Centro Comercial Bello Monte comienza a señalar una ruta relacionada con el compromiso urbano que todas las obras de la firma han demostrado tener en el tiempo. “El edificio ‘es como un guante que calza perfectamente bien en el lugar y lo hace entendible, lo hace lógico. Desde su primer croquis debe crear y resolver la situación urbana donde se encuentra. Luego, se vuelve indispensable para entender ese espacio. Cada edificio es imprescindible en el lugar donde está’. Ambas ideas estarán en toda la obra de Benacerraf & Gómez. Una arquitectura legible y un instrumento para reorganizar la ciudad. Pero también, un sistema”, afirmará Hannia Gómez.
La franqueza que exteriormente manifiesta el edificio, construido en concreto obra limpia obedeciendo a una clara modulación estructural, permite rescatar el principio de que se trata de “una arquitectura que se entiende al observarla perfectamente bien: cuáles son sus partes, cuáles son sus elementos constitutivos, cómo son las oficinas, cómo son los comercios, cómo los medios de escape, dónde están las circulaciones, los accesos, las instalaciones. ‘La expresión exterior es el resultado de cómo todo funciona por dentro. La expresión es la idea, cómo esta se construyó y cómo funciona; es expresar la verdad. Todo lo expresa el edificio; todo se lee: la modulación, las columnas, las vigas, los muros de resistencia que refuerzan la estructura, incluso desde el aire’ «.


Durante muchos años tal y como lo fueran el Centro Profesional del Este y el Centro Comercial Mata de Coco en su momento, en el Centro Comercial Bello Monte tuvieron su asiento un grupo importante de oficinas de arquitectura e incluso de profesionales que formaban parte de los servicios por ellos requeridos, quienes pudieron comprar o alquilar espacios en momentos en que la bonanza económica del país y la abundancia de trabajo lo permitieron. Las dimensiones de los apartamentos (tipo estudio) que originalmente conformaban la torre, permitían un buen acomodo para estas actividades hasta el punto de que con el tiempo el cambio de uso se tornó inminente. La alta concentración de arquitectos obedeció a las comodidades que la edificación ofrecía, su excelente ubicación y conectividad con el resto de la ciudad a lo cual se sumaba la cercanía de la UCV, institución en la que muchos de ellos daban clases por lo cual también era visitado por un nutrido grupo de estudiantes que los consultaban, trabajaban o colaboraban con ellos. El tratarse de un proyecto en el que intervino Carlos Gómez de Llarena, profesor activo y muy respetado, y su probable actuación como promotor de la venta de los apartamentos entre sus colegas, debe haber influido también en ello.
Es de hacer notar que había mucha movilidad de personal entre las diversas oficinas, además de que se promovía el intercambio y colaboración profesional creándose un clima de franca camaradería. Como dato anecdótico se puede asomar el hecho de que en momentos en que se abrían las convocatorias a concursos de arquitectura, frecuentes en las tres últimas décadas del siglo XX, el edificio se sumía en un clima de tensión y sana competencia en virtud de que muchos de sus ocupantes eran asiduos participantes en tales eventos, saliendo de allí un elevado porcentaje de ganadores, de premiados en general y de mencionados.
Del numeroso grupo de arquitectos y firmas que tuvieron y aún tienen al Centro Comercial Bello Monte como base de operaciones vale la pena destacar: BFG Arquitectos (Moisés Benacerraf, Manuel Fuentes y Carlos Gómez de Llarena) y luego Benacerraf & Gómez Arquitectura quienes mantuvieron su oficina allí por varios años, en el PH, hasta mudarse a la Torre América; la firma conformada por Bernardo Borges, Francisco Pimentel y Jacobo Koifman (piso 9), luego continuada por Pimentel y Oscar Capiello en el mismo espacio; la sociedad entre Edwing Otero (quien venía de trabajar con Borges y Pimentel) y Alfredo Sanabria la cual devino luego en OSLD cuando se incorporaron Juan Luchsinger y Hugo D’Enjoy (piso 10), conservando Otero aún la oficina; Gustavo Legórburu, su hijo Gustavo Luis y su esposa Maritza (piso 10); José Miguel Roig y luego su hijo Cristóbal (piso 10); Pablo Lasala (quien también había trabajado anteriormente con Borges y Pimentel) y su esposa Silvia Hernández incorporándose luego sus hijas Isabel y Ana (piso 5); Jesús Tenreiro, su esposa Ana y sus discípulos Manuel Delgado y Rafael Urbina compartieron espacio en el piso 3; Armando Hernández (piso 11); Roberto Puchetti (piso 5); Hernán Zamora y Henry Vicente; Jesús Sandoval; Alberto Enríquez; Doménico Silvestro (posteriormente trasladado a la Torre América); y SPA (Joel Sanz, Juan Carlos Parilli y Francisco Arocha). Debemos reconocer que este somero recuento lo hemos logrado confeccionar gracias al apoyo y buena memoria de Alfredo Sanabria.
Para finalizar vale la pena agregar que, pese al cambio de uso que sufrió y los años transcurridos, el Centro Comercial Bello Monte presenta hoy en día, gracias a la nobleza y calidad de su construcción y al mantenimiento que lo ha acompañado, un buen estado de conservación. Sus moduladas y bien proporcionadas fachadas largas (norte y sur), beneficiadas por la incorporación de jardineras previstas como elementos de protección solar y espacios generadores de sombra, han podido absorber y disimular en gran medida los efectos de la aparición de equipos de aire acondicionado que paulatinamente fueron apareciendo, otro acierto a sumar a los ya mencionados dentro de esta obra que sin duda ha dejado huella.

Nota
De acuerdo a lo que se recoge en https://carlosgomezdellarena.blogspot.com/2010/10/biografia-biography.html, “En Marzo de 1971 BFG Arquitectos gana el Premio Municipal del Distrito Sucre en la Quinta Bienal de Arquitectura por el proyecto del Centro Bello Monte”. Este dato pareciera que tiene que ser revisado ya que, en primer lugar, la Quinta Bienal de Arquitectura se realizó en 1973 y, en segundo lugar, el Premio Municipal del Distrito Sucre de aquella ocasión le fue otorgado a la Torre La Primera proyecto de Celina Bentata. Nos preguntamos si el premio otorgado no corresponderá al Distrito Federal de esa misma Bienal ya que el edificio se encuentra justo en el límite entre ambas circunscripciones.
ACA
Procedencia de las imágenes
1 y 4. http://hanniagomez.blogspot.com/2016/04/obra-reciente-de-benacerraf-gomez.html
2, 3 y 8. Colección Crono Arquitectura Venezuela
5, 6 y 7. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad


1970• Se inicia la demolición del pequeño centro comercial ubicado en el cruce de la Avenida Principal de Bello Monte y la Calle Lincoln (frente a la tienda por departamentos Sears), atribuido al arquitecto norteamericano Don Hatch, para iniciar la construcción de la Torre Bello Monte, diseñada por Manuel Fuentes (FAU UCV, promoción 14A, 1965), Carlos Gómez de Llarena (FA ULA, 1967) y Moisés Benacerraf (1924-1998) (Universidad de Yale, 1947).

El proyecto fue distinguido en marzo del año 1971, en la Quinta Bienal de Arquitectura con el Premio Municipal del Distrito Sucre.
(Fotografía de Julio César Mesa.)
HVH