1946• Por orden del gobernador Eligio Anzola Anzola (1908-2001) se demuele la Cárcel de las Tres Torres, ubicada en la carrera 15 entre calles 31 y 32, Barquisimeto, estado Lara, edificio proyectado en 1896 por el ingeniero y arquitecto Luis Muñoz Tébar (1867-1918) y construido el mismo año a un costo de 60.000 bolívares.
Durante las primeras décadas del siglo XX, la cárcel de Las Tres Torres, un edificio de gruesos muros y sombrías celdas, se convirtió en uno de los símbolos más temidos de la represión política en el estado Lara. Fue el escenario del encierro de cientos de venezolanos cuyo delito consistió en disentir del poder. Vale añadir que el ingeniero-arquitecto Muñoz Tebar también proyectó, junto a Luciano Urdaneta en Barquisimeto, el Teatro Juares del que dirigió las obras de construcción. Igualmente intervino en la Cárcel de Maracaibo y el Colegio de Niñas en esa misma ciudad. También diseñó y realizó la Estación de Encontrados del Ferrocarril del Táchira y en Caracas su obra más importante fue la Iglesia del Corazón de Jesús.
1970• El día 20 de marzo, durante el gobierno del Presidente Rafael Caldera, bajo la premisa de realizar una fuerte renovación urbana, se inicia la demolición del icónico barrio El Saladillo de Maracaibo, reconocido por ser el legado arquitectónico popular más rico del occidente venezolano. Los planificadores tanto del Ministerios de Obras Públicas( MOP) como del Banco Obrero (BO), consideraron que el barrio detenía el crecimiento armónico de la capital zuliana, por lo que sacrificaron sus calles de piedra, sus coloridas casas de zaguanes, techos de tejas y cuna de la gaita, para estructurar un plan de renovación urbana que intervendría unas 60 manzanas, expropiando 1800 inmuebles para sustituirlos por un complejo habitacional de 3.500 apartamentos, áreas verdes, centros comerciales y vialidades acordes con el proyecto planteado, que nunca se culminó.
La modernización con sus miles de viviendas modernas nunca se construyeron, la indemnización de aquellos que perdieron sus viviendas fue precaria y la prometida reubicación en la misma zona no se dio haciéndolos migrar a la periferia de la ciudad, desarticulando el tejido social y la identidad de la comunidad. Durante muchos años solo quedó un inmenso y desolador descampado en pleno centro de Maracaibo. Allí se construyó el Paseo Ciencias, un boulevard peatonal y la av. Padilla, desde donde, en el año 2009, todavía se pueden ver casas en ruinas y restos de lo que fue una calle del Saladillo. Veintiocho años después (en 1998) en un área de lo que fue El Saladillo se edificaron e inauguraron oficialmente las Torres del Saladillo (cuatro edificios de 18 pisos con un total de 864 apartamentos) y el CC Ciudad Chinita.
1945• Deja de funcionar y es demolido el Circo Metropolitano, plaza taurina caraqueña ubicada entre las esquinas de Miranda y Puerto Escondido, proyectado por el arquitecto Antonio Malaussena Levrero (1853-1919), inaugurado el 2 de febrero de 1896. Su promotor había sido el empresario Pedro Salas Camacho. El Circo Metropolitano llego a funcionar simultáneamente con el Nuevo Circo de Caracas.
Fachada del Circo Metropolitano, ubicado entre las esquinas de Miranda y Puerto Escondido, Caracas.
El edificio, construido en madera sobre una estructura de hierro, poseía un ruedo de 36 metros de diámetro y tuvo capacidad para 4.000 espectadores en tendidos, palcos y pasillo.
Otra vista de la fachada del Circo Metropolitano, ubicado entre las esquinas de Miranda y Puerto Escondido, Caracas. Imagen de 1906 de la serie C No 6-Teatros y Circos. Caracas. Foto Couret.
Fue durante un tiempo el sitio favorito de los encuentros deportivos de boxeo, donde se dieron las últimas peleas de Simón Chávez, el “Pollo de la Palmita”.
En el terreno baldío se construyó el Teatro Metropolitano y un estacionamiento público.
Fuente consultada: La Ciudad Transfigurada. Colección El hombre y su ambiente. Cuaderno Lagoven. textos de Augusto German Orihuela y fotografías de Luis H. Doguis (1942).
1941• Se demuele el Cementerio de los Alemanes, ubicado en Quinta Crespo, construido en 1853 por una asociación de comerciantes alemanes, de Caracas, denominada «Sociedad Fraternidad». Esta asociación había adquirido un terreno al sur de la ciudad, cercano al río Guaire, frente al cementerio inglés, para establecer su camposanto, el cual estuvo en servicio hasta el 10 de julio de 1876, fecha en la cual, una vez inaugurado el Cementerio General del Sur, el general Guzmán Blanco, dictó un decreto “prohibiendo enterrar en los otros (cementerios) existentes, que eran «Los Hijos de Dlos», «Las Mercedes», «San Simón», «Los Canónigos», el de «Los Ingleses» y el de «Los Alemanes» y en los Templos, Capillas y otros lugares». Su demolición en 1941 fue motivada por el crecimiento de la ciudad hacia el sur y la afectación de los planes viales de interconexión propuestos.
TAKAMATSU — Se espera que la estructura conocida cariñosamente como el “boat gymnasium”, diseñada por el arquitecto de renombre mundial Kenzo Tange (1913-2005), sea demolida.
El antiguo Gimnasio de la Prefectura de Kagawa en Takamatsu y el Gimnasio Nacional Yoyogi en Tokio tienen elementos de diseño similares, como techos suspendidos de alambre. Este último edificio es ampliamente conocido por ser una de las obras maestras de Tange.
Obra de Kenzo Tange, el antiguo gimnasio de la prefectura japonesa de Kagawa, situado en la ciudad de Takamatsu, que se asemeja a un barco tradicional japonés, abrió sus puertas en 1964. Se cerró en 2014 debido a problemas con su estructura que no era resistente a los terremotos y sus techos bajos, que lo hacían inadecuado para su uso en algunas competiciones deportivas.
Ha habido llamados persistentes para preservar el gimnasio como una estructura histórica, y las discusiones sobre su futuro se han prolongado durante más de ocho años.
Como no había ideas sobre nuevas formas de hacer uso del edificio, el gobierno de la prefectura de Kagawa anunció en la asamblea de la prefectura el 7 de febrero que demolería el gimnasio, diciendo que los fondos públicos no se podían gastar simplemente para mantenerlo en funcionamiento. Ahora se está considerando la posibilidad de crear un registro del gimnasio, tal vez en forma de video.
Los derechos para reconstruir la icónica Torre de Cápsulas Nakagin de Kisho Kurokawa se venden actualmente en uno de los mayores sitios de NFT. Aunque la demolición de la torre ha comenzado a principios de este año, la subasta vende el derecho a reconstruir la estructura, tanto en el metaverso como en el espacio real. La idea de recrear el edificio Metabolic en un espacio virtual parece natural. Podría permitir a una comunidad más amplia explorar una pieza icónica de la arquitectura y animarles a experimentar con ella, una iniciativa en consonancia con los ideales metabolistas. Por otro lado, la idea de reconstruir un edificio histórico demolido en el mundo físico suscita un conjunto diferente de emociones conflictivas. Las réplicas arquitectónicas no son la norma, pero su existencia plantea cuestiones sobre la identidad y la autenticidad de las obras de arquitectura.
La decisión de demoler la Torre de Cápsulas Nakagin, construida en 1972, se tomó debido al precario estado de la estructura y a su incompatibilidad con las normas sísmicas actuales. Aunque la opción más sostenible sería reutilizar las estructuras construidas, la necesidad de demolición suele basarse en factores más decisivos: el abandono prolongado, el deterioro o la presencia de materiales peligrosos como el amianto pueden hacer que una instalación sea insegura. Algunas obras de arquitectura se construyeron como estructuras temporales, mientras que otras representan símbolos que ya no se ajustan a los ideales de la población. Independientemente de las razones, no son muchos los edificios demolidos intencionadamente a los que se les concede una segunda vida
Sin embargo, hay un ejemplo de edificio icónico que fue demolido y resucitado de entre los escombros cuatro décadas después: El Pabellón Alemán de Mies van der Rohe y Lilly Reich, actualmente más conocido como Pabellón de Barcelona. Esta estructura está ampliamente reconocida como un edificio canónico, una de las estructuras clave del Movimiento Moderno. Construido en 1929 en el marco de la Exposición Internacional de Barcelona, el pabellón pretendía representar la cara de Alemania después de la Primera Guerra Mundial como una cultura progresista y moderna, pero aún arraigada en su historia clásica. Siempre se concibió como una estructura temporal, por lo que, una vez finalizada la exposición, el pabellón se desmanteló pronto, en enero de 1930.
En 1955, el arquitecto Oriol Bohigas propuso reconstruir el pabellón reutilizando su estructura de acero. Se puso en contacto con Mies, que estuvo de acuerdo con la idea y se ofreció a rediseñar los planos, ya que los originales se habían perdido. A pesar de ello, el proyecto no se llevó a cabo por falta de apoyo de las autoridades. A lo largo de los años se iniciaron otros intentos infructuosos. Sólo en 1981 prosperó finalmente la iniciativa, debido a la posición favorable de las autoridades de Barcelona. Uno de los principales argumentos a favor de su reconstrucción fue su reconocimiento como «una de las obras fundamentales del siglo XX», citando la expresión de Bohigas. El proyecto se encargó a los arquitectos catalanes Ignasi de Sola-Morales, Cristian Cirici y Fernando Ramos.
“Una premisa indiscutible era el concepto de una reconstrucción que interpretara lo más fielmente posible la idea y la forma material del Pabellón de 1929”.
Ignasi de Solà-Morales
A pesar de la extensa investigación realizada para desarrollar los nuevos planos, alzados y secciones, el nuevo pabellón, terminado en 1986, no es una réplica perfecta. Algunas de las diferencias se debieron a la falta de información sobre la estructura original, pero otras fueron intencionadas. La nueva estructura está construida para ser permanente, por lo que se hicieron una serie de cambios para garantizar la longevidad: los cimientos de «bóveda catalana» de 1929 se sustituyeron por otros de hormigón vertido, se utilizó travertino más duro, se mejoraron el tejado y los sistemas de drenaje y se montaron puertas exteriores permanentes.
El pabellón de 1986 también corrigió aspectos de la estructura original que se consideran representaciones imperfectas de la intención del arquitecto. En 1929, debido a la escasez de mármol verde y travertino, los muros exteriores y la parte trasera del pabellón no estaban revestidos de éstos, sino pintados de verde y amarillo para asemejarse a la piedra. La réplica corrige esto y tiene todas las paredes revestidas de piedra. Con todas las mejoras, se podría argumentar que la copia es de hecho mejor que el original. Intuitivamente rechazamos esta premisa, pero plantea dudas sobre la viabilidad de las copias de la arquitectura.
“No cabe duda de que todos los que hemos participado en esta empresa somos conscientes de la distancia que existe entre el original y su réplica. No porque la calidad de su ejecución sea inferior, que no es el caso, ni porque fuera imposible determinar con precisión cómo se habían resuelto todos los detalles del edificio, sino porque toda réplica es, indiscutiblemente, una reinterpretación”.
Ignasi de Solà-Morales
El sistema del filósofo Nelson Goodman, detallado en su libro Languages of Art, ofrece una visión de la relación entre una obra de arte original y su copia. Divide las artes en dos categorías: artes autográficas, que no pueden ser replicadas, y artes alográficas, que sí pueden serlo. La primera categoría incluye artes como la pintura o la escultura, donde la autenticidad se define por la historia de la producción. Cada pincelada de un maestro representa un paso que sólo puede ser imitado, por lo que cualquier copia es una falsificación. En cambio, las obras alográficas, como los textos literarios, la música o la coreografía, pueden multiplicarse infinitamente sin perder valor. Su autenticidad reside en el sistema abstracto de anotación.
Si consideramos la arquitectura como un arte alográfico, basado en los sistemas de anotación definidos por el arquitecto, entonces todas las instancias de un edificio tienen el mismo valor siempre que se ajusten a los planos y detalles originales. Sin embargo, esto sería una simplificación excesiva, ya que las historias de producción contribuyen a definir los dos edificios. Lo contrario tampoco puede ser del todo cierto, ya que la réplica es, aunque sea parcialmente, una representación auténtica de la intención del arquitecto. Una mejor comprensión de las obras arquitectónicas sería como híbridos, lo que pondría aún más de relieve la complejidad inherente a la arquitectura.
El importante estatus que adquiere un edificio es a menudo la razón subyacente para crear su réplica. El Pabellón de Barcelona no es una reconstrucción de un pabellón nacional que representa a un solo país. Es la reconstrucción de una de las representaciones más importantes y tempranas del Movimiento Modernista. El programa libre del pabellón temporal permitió a Mies van der Rohe y Lilly Reich crear una de las expresiones más puras de un movimiento radical en sus primeras etapas. Es difícil saber si la Torre Cápsula Nakagin podría adquirir un estatus igualmente relevante y una motivación lo suficientemente fuerte como para ser reconstruida.
ACA
Nos interesan temas relacionados con el desarrollo urbano y arquitectónico en Venezuela así como todo lo que acontece en su mundo editorial.