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¿SABÍA USTED…

… que en 1954 el Ministerio de Obras Públicas (MOP) concluye la construcción de la avenida Francisco de Miranda?

1. Vista de la avenida Francisco de Miranda desde Chacaíto hacia el Este. Finales de los años 1950. A la izquierda: edificio Royal Palace (1953), de frente: edificio Easo (Gustavo Guinand Van der Walle, 1951)

La moderna avenida de aproximadamente siete kilómetros que transcurre entre el límite del municipio Chacao y el municipio Libertador en Chacaíto hasta la avenida principal de Las Vegas de Petare (municipio Sucre, anteriormente distrito Sucre), tiene su origen en el trazado del antiguo Camino Real de Petare que unía las haciendas dispuestas a lo largo del trecho mencionado y permitía a su vez el acceso a la zona colonial del pueblo de Petare, donde, transformado en la calle La Libertad, marcaba la entrada a la Hacienda La Urbina, última en urbanizarse de entre las que la vía unía.

Aquel primer camino, una vez desatado el proceso de urbanización del este de Caracas a raíz de la venta con fines especulativos de las tierras de las haciendas que lo ocupaban, dio pie a que el 12 de marzo de 1947, en el período que se conoce como el “Trienio adeco”, el entonces Gobernador de Caracas, Gonzalo Barrios, inaugurara oficialmente la que se conoció como “Carretera del Este”, que conectaba la Calle Real de Sabana Grande con las urbanizaciones Chacaíto, Country Club, Altamira y Los Palos Grandes. Es la ampliación de la Carretera junto a la construcción del tramo entre Los Palos Grandes y Petare lo que se termina en 1954 durante la dictadura perezjimenista, dividiendo al poblado petareño en dos partes: una al norte y otra al sur. Ello dará pie también al cambio de denominación de la vía por el del precursor de la independencia venezolana que ya había sido usada para identificar el estado en el que se ubica, uno de los más importantes del país.

2. Vista de la avenida Francisco de Miranda hacia el Este con el edificio Galipán (Gustavo Guinand Van der Walle,1952) en primer plano. Finales de los años 1950

Considerada la avenida más larga del Área Metropolitana de Caracas (entidad jurídico-administrativa de la capital de la República creada por decreto en 1950), la Francisco de Miranda se constituyó desde su puesta en servicio, con sus calzadas de más de 30 metros de anchura (en total seis vías, tres en un sentido y otras tres en el otro de oeste a este que se ensanchan en el sector de Chacao con canales de servicio y zonas de estacionamiento), islas verdes en ciertos tramos y aceras de cuatro metros cada una, en la arteria vial o “parkway” de mejor presencia dentro de la Caracas moderna. Su costo fue de 26.148.148,45 Bs. y la obra realizada por la Constructora Fibrocemento que luego también participaría en la ejecución del enlace con la Autopista del Este a la altura de Altamira en 1956.

3. Dos tomas de la avenida Francisco de Miranda. Izquierda: vista hacia el este a su paso por Chacao. Derecha: vista hacia el oste a su paso por la Plaza Altamira.
4. Izquierda: Vista aérea de la Plaza Altamira con el paso de la avenida Francisco de Miranda al sur. Derecha: Vista hacia el este del inicio de la avenida Francisco de Miranda en Chacaíto.

No incluida como «imprescindible» en el Plan Municipal de Vialidad de 1951 elaborado por la Gobernación del Distrito Federal más si como parte del sistema del este del Plano Regulador de aquel mismo año junto a las avenidas Andrés Bello, Libertador y Lincoln, la Francisco de Miranda se termina casi a la par de la sí incluida Autopista del Este (ampliada y prolongada hasta Petare en 1955), tomando en cuenta el auge comercial e industrial que se proyectaba a lo largo de su desarrollo, contribuyendo a la valorización de las tierras e inmuebles y al aumento de los tributos municipales. No sería exagerado decir que esta avenida aceleró e impactó el urbanismo en su entorno y modificó profundamente la antigua fisionomía de la capital y muy particularmente la zona de Petare.

En tanto la Autopista del Este actuaría como vía expresa para soportar la gran movilización de vehículos livianos y de carga, siendo luego complementada con la construcción del tramo suroeste hacia el Valle y el enlace Catia-San Martín, la Francisco de Miranda estaba destinada a asumir el peso del transporte público. Con estas y otras obras, la Caracas de los años 50 quedó convertida en una ciudad al servicio de la modernización motorizada, donde el espacio urbano dedicado a la circulación fue diseñado casi exclusivamente a garantizar la plena movilidad del automóvil.

5. Avenida Francisco de Miranda en Chacaíto. Edificio Sokoa (Isidro Monzón, 1947): A su izquierda, vista parcial del edificio Toki Eder (Miguel Salvador Cordón, 1940)
6. Izquierda: Edificio Royal Palace (1953), Chacaíto. Derecha: Estación de Servicio La Castellana (1959)
7. Avenida Francisco de Miranda a la altura de La Castellana. En primer plano el Cine Castellana (Gustavo Wallis,1952)
8. Nueva sede de la Cigarrera Bigott (1957)

Desde antes de ser inaugurada como “Carretera del Este” hasta que es finalizada como avenida Francisco de Miranda en 1954 y durante toda la década de los 50, el eje vial empezó a generar una importante atracción para la inversión inmoiliaria traducida en la construcción de edificaciones de valor que posteriormente pasarían a ser emblemáticas, algunas de ellas, lamentablemente, ya demolidas. Así, desplazándonos de Chacaíto hacia el este se pueden mencionar, entre otros, los edificios: Royal Palace (1953); Sokoa (Isidro Monzón, 1947); Toki Eder (Miguel Salvador Cordón, 1940); Easo (Gustavo Guinand Van der Walle, 1951); Canaima (Narciso Bárcenas,1955); Galipán (Gustavo Guinand Van der Walle,1952); Seguros Venezuela (1957); Roraima (Natalio Yunis, 1957); Cine Lido (Gustavo Guinand Van der Walle,1946); Los Llanos (Jan Gorecki, 1956); Cine Castellana (Gustavo Wallis,1952); Estación de Servicio La Castellana (1959); Plaza Altamira (Martín Hermanos,1945); Humboldt (Francesco Saverio Puglia del Vecchio y Felix Brando,1955); Embajada de los EEUU (Don Hatch,1958); Socony-Mobil (Don Hatch, 1959) y Guarimba (1959), debiéndose reconocer que más allá de la intersección con la avenida principal de La Carlota  hasta Petare es poco lo que se puede mencionar para la fecha, quizás debido al uso industrial que prevalecía en la zona, a excepción de la nueva sede de la Cigarrera Bigott (1957) y el Hospital Pérez de León (1938),  

9. Izquierda: Torre La Primera Celina Bentata, 1973). Derecha: Torre Europa (Carlos Gómez de Llarena, Manuel Fuentes y Moises Benacerraf, 1975)
10. Unicentro El Marqués (Antonio Pinzani, 1973)

Luego, paulatinamente, la avenida se irá completando de manera desigual sin contar con una clara idea del perfil urbano que debería tener una arteria de tal importancia, mostrando siempre un comportamiento muy distinto entre el tramo Chacaíto-Parque del Este y La Carlota-Petare, acentuado cuando el Distrito Sucre se divide en 1989, correspondiéndole el primero al municipio Chacao y el segundo al municipio Sucre. Durante el intervalo se abre el Parque del Este (Roberto Burle-Marx, Fernando Tábora y John Stoddart junto a Carlos Guinand Sandoz, 1961) y se construirán, entre otros: el Centro Comercial Chacaíto (Antonio Pinzani, 1968); la Torre Europa (Carlos Gómez de Llarena, Manuel Fuentes y Moises Benacerraf, 1975); la Torre La Primera Celina Bentata, 1973); el Centro Lido (Celina Bentata, 1988); el edificio Mene Grande (Rafael José Larraín Basalo, 1966); el edificio Banco del Orinoco (Gustavo Legórburu, 1984); el Centro Comercial Canaima (Coto y Loperena Arquitectos, 1964); el Parque de Cristal (Jimmy Alcock, 1977); la Torre Empresarial Parque del Este (Bernardo Borges, Francisco Pimentel y Jacobo Koifman, 1978); el Centro Comercial Los Ruices (1963); el Unicentro El Marqués (Antonio Pinzani, 1973); y el Conjunto Residencial La California (Carlos Guinand Baldó y Moisés Benacerraf, 1965).

11. Parte del “distrito petrolero”, que se desarrollaría entre La Floresta y Los Palos Grandes con los edificios «Sucre» y la antigua sede de la embajada de los EE.UU a la derecha, ambos del arquitecto Don Hatch
12. Vista aérea hacia el sur de las zonas de La Castellana y Altamira que forman parte de lo que se conoce como «la milla de oro», de la cual la avenida Francisco de Miranda es su eje principal

Tomada en cuenta también en los años 50 como epicentro en la conformación de lo que Henry Vicente llama un “distrito petrolero”, que se desarrollaría entre La Floresta y Los Palos Grandes, y considerada como principal conexión del Parque del Este con el resto de la ciudad, la avenida Francisco de Miranda recibe, con su incorporación desde 1988 al trazado de la línea 1 del Metro de Caracas cuando se inaugura el tramo Chacaíto-Los Dos Caminos y posteriormente en 1989 Los Dos Caminos-Palo Verde, un importantísimo impulso que le permitió a mediados de la década de 1990 ser considerada el eje central de los que se dio en denominar como la “Milla de Oro”, distrito financiero que sustituiría la pujante actividad comercial y de oficinas que otrora asumieran el centro de la ciudad y más adelante el eje Plaza Venezuela-Sabana Grande-Chacaíto. Dicha “Milla” abarcaría el tramo que va entre Chacaíto y el Parque del Este, centrándose su impacto en el municipio Chacao y ampliando su influencia hacia el municipio Baruta, incluyendo El Rosal, Las Mercedes y Chuao para lo cual contribuiría enormemente la prolongación de la línea 4 del Metro. Su fortaleza, traducida en rentabilidad y respaldada por buenos índices de seguridad que se apreciaban en los dos municipios que abarca, hizo de la “Milla de Oro” la zona de Caracas que más recibió demandas para la construcción de nuevos edificios destinados a oficinas y centros empresariales hasta el punto de atraer la atención de algunas dependencias gubernamentales y empresas estadales que ubicaron allí sus sedes. También fue objeto de un cuidadoso trabajo de renovación que atendió de manera significativa sus aceras y mobiliario urbano e hizo soñar en la posibilidad de considerar al peatón como protagonista por sobre el caos vehicular que la había ido amenazando peligrosamente.

A modo de contracara, la avenida Francisco de Miranda presenta, una vez pasado el solitario trecho flanqueado por el Parque del Este y el Parque Miranda, al adentrarse en el municipio Sucre, un cambio drástico de su fisonomía mostrando una creciente degradación en la medida que se aproxima a Petare, que requeriría de una particular atención y la convierte potencialmente en un reto a nivel de planificación y diseño urbanos.

El auge y proyección de la avenida Francisco de Miranda como arteria vital para el surgimiento de un nuevo centro de ciudad, se ha visto afectado y paralizado por la enorme crisis económica que atraviesa el país, lo cual ha afectado enormemente la confianza de los inversores y la calidad de vida de los empleados que allí laboran y que constituyen su fuerza vital, quedando como tantas otras cosas a la espera de la llegada de tiempos mejores en los que su indudable potencialidad podría ser rescatada.

ACA

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Todas. Colecciones Crono Arquitectura Venezuela y Fundación Arquitectura y Ciudad

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 236

Considerada como otra de las casas emblemáticas dentro de la arquitectura moderna venezolana, la vivienda que Jimmy Alcock (1932) proyectó como su morada en el Alto Hatillo, a las afueras de Caracas, señalada en su cronología como la Casa Alcock I, ha cobrado con el tiempo el gran valor que le otorgan los años de haber sido habitada con gusto y amor, y por lo que ha significado para sus usuarios.

Obra si se quiere temprana de su autor y pensada por tanto para una joven pareja, ubicada en un terreno con una pronunciada pendiente (entre el 35 y el 60%), poblado por una densa vegetación y con espectaculares visuales lejanas hacia la ciudad, es el reto que constituyó la simple toma de decisiones durante el proceso de diseño (el cual fue motivo de la elaboración de al menos tres alternativas), un argumento que habla por sí solo de las bondades alcanzadas por la propuesta definitiva. Se buscaba, ante todo, lograr una solución sobria, concentrada y económica que recurriría en buena medida a la industrialización de las piezas de la compondrían.

1. Casa Alcock I. Plano de ubicación
2. Casa Alcock I. Izquierda: Isometría general. Derecha: Vista del puente de acceso

El partido arquitectónico asumido, que llevó a los curadores de la muestra “La casa como tema. Primera aproximación antológica  de la casa en Venezuela” (Museo de Bellas Artes, 1989), a incorporarla dentro de la categoría de “Casa y Tecnología”, la cual Martín Padrón acompaña con el sugerente texto “La búsqueda de una poética de la construcción”, parte de respetar al máximo las condiciones del terreno mediante una solución que se posa sobre él, recurriéndose a la conformación de un sólido prisma de base cuadrada apoyado en un sistema estructural lógico y racional que conduce las cargas al suelo a través de cuatro grandes columnas.

Si bien la idea esencial remite a la imagen de un galpón a cuatro aguas cuyo techo está sostenido por cerchas metálicas, organizado en torno a un espacio central vinculador, y si bien la variable constructiva fue fundamental para resolver las dificultades de adaptación al lugar, sería equivocado atribuirle a ellas el rol protagónico en la caracterización de una casa donde la luz y la penumbra se equilibran a la hora de lograr una ambientación totalmente acogedora, dotándola de una atmósfera que la aproxima a la arquitectura colonial bajo coordenadas absolutamente modernas.

Otro asunto de interés viene a ser la manera como se accede una vez implantado el volumen en la pendiente. Tras la apariencia de tratarse desde el exterior de una edificación aislada de una planta, cuya cubierta ligeramente sobresale de entre la vegetación que la arropa, el aislamiento alcanzado se salva a través de la aparición de dos ligeros puentes angostos que, partiendo de la zona de contacto con la calle, señalan uno, el lugar de la puerta principal y el otro la entrada de servicio. Desde ellos se puede descubrir cómo la casa se desarrolla en tres niveles “hacia abajo” para luego fusionarse con corredores perimetrales que, a modo de espacios intermedios, resuelven la transición interior-exterior con solvencia y abren la posibilidad de disfrutar “desde afuera” de las vistas lejanas las cuales, a su vez, tienen una particular  consideración “desde dentro”.

3. Casa Alcock I. Arriba izquierda: el jardín vertical. Arriba derecha: el corredor perimetral. Abajo izquierda: el estar íntimo. Abajo derecha: Vista del espacio central.

Dos escaleras de caracol, una interior sumida en el patio de sólo 20 m2 que relaciona los dos niveles superiores y otra exterior que conecta a los balcones perimetrales conforman el sistema de circulación vertical, permitiendo ésta última acceder de forma independiente al nivel suelo y disfrutar del jardín selvático tan esmeradamente cuidado durante años por la Sra. Carolina Alcock.

Para su creador, tal y como se señala en el catálogo de la exposición organizada por la Galería de Arte Nacional (GAN) “Alcock. Obras y proyectos. 1959-1992” (1992), “esta casa con techo de tejas a cuatro aguas, no tiene ‘nada que ver con las tipologías coloniales’. Es, más bien, ‘una terraza’, que tiene que ser explicada como una sección dominada por la vista y por el jardín natural. Reforzando esta idea, el comedor original de la casa no se cerraba del todo. Paneles corredizos colgantes de vidrio y de romanilla de madera se corrían libremente para ver la vista”.

Alcock diseñó más adelante (1988), con más de 25 años de diferencia, otra casa propia, vacacional, en Mitivibó, estado Mérida (denominada como Casa Alcock II), bajo criterios totalmente diferentes, signados en este caso por la adaptación a una vivienda campesina existente encontrada en ruinas con paredes de tapia de 50 cms de espesor que se estaban cayendo, donde vuelven a ser fundamentales las consideraciones del lugar en que se encuentra y el respeto por la preexistencia. “No había ventanas. Nada era ortogonal. Sólo cuatro cuartos con puertas todos con diferentes proporciones. Los antiguos habitantes vivían en la oscuridad, en el páramo. Con ese frío, sin embargo, hicieron un patio”, dirá Alcock en el catálogo de la exposición de la GAN ya mencionado dando pie así a la explicación de la manera considerada y la vez creativa como actuó a la hora de diseñar la remodelación.

4. Casa Alcock I. Vista exterior
5. Casa Alcock I. Vistas del espacio central
6. Casa Alcock I. El estar íntimo

Rememorando a dos arquitectos desaparecidos recientemente, Domingo Álvarez y Juan Pedro Posani, transcribiremos aquí la impresión que en el primero causó la visita a la Casa Alcock I arrancándole expresiones como “¡Es una maravilla! ¡Es increíble! ¡Es la mejor casa del mundo!”, dándole pie al segundo para manifestar lo siguiente a través de su blog El viejito inquieto el 12 de noviembre de 2019:
“En esta casa, durante mas de cuarenta años, se ha escuchado a Beethoven y guarachas, se comió excelente pasta a la amatriciana con un buen vaso de tinto toscano, así como arepas de chicharrón con cerveza. Y en esta casa, así mismo, se leyó a García  Márquez.

Y es que la realidad de esta casa va mas allá y desborda la simple historia de la arquitectura. Es un punto desde el cual observar a la humanidad y la historia del mundo y del cosmos. Pertenece  más al proceso de la evolución de la humanización de América que a la historia de nuestra arquitectura. Esta se advierte en la tibia ternura de las tejas del techo (recuerdo de nuestra arquitectura colonial) o en el gran espacio central (recuerdo de los grandes espacios de las attas, churuatas y shabonos de nuestra arquitectura indígena). Pero en lo esencial lo que plantea esta casa es desplegarse como un molusco en su concha, como un dispositivo de creación de vida. Es esencial entender por qué las fotos de esta casa no equivalen nunca a las formas exageradas y definitivas de la arquitectura del gran éxito internacional. Esta es una de las grandes casas del mundo. Así como la de Niemeyer en Río, la de Murcutt en Australia, la de Aalto en Finlandia y la de Mies en los Estados Unidos, esta casa es una de las mejores del mundo. El Flaco tenia razón y podemos estar orgullosos, como arquitectos y venezolanos, de este enorme aporte de Jimmy a nuestra presencia en América.

7. Casa Alcock I. Dibujo de una de las alternativas iniciales que formó parte de la exposición Latin America in Construction: Architecture 1955–1980, MoMA, 2015

Bueno es decirlo, la Casa Alcock I fue otra de las obras que representó a Venezuela en la exposición Latin America in Construction: Architecture 1955–1980 organizada por el MoMA en 2015, quedando uno de los dibujos de las alternativas iniciales como parte de la colección del museo.

ACA

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Postal, 1, 2, 3 y 5. Catálogo de la exposición Alcock. Obras y proyectos. 1959-1992. (1992)

4 y 6. http://guiaccs.com/obras/casa-alcock/

7. https://www.moma.org/collection/works/176739

LAS PUBLICACIONES DE EDICIONES FAU UCV

TRAMAS CRUZADAS

El rol de la ciudad en el cine venezolano

Guillermo Barrios

Ediciones FAU UCV/ Centro Nacional Autónomo de Cinematografía -CNAC-

2009

El año 2009 tuvo particular relevancia para el mundo editorial venezolano en lo que se refiere a temas vinculados a la arquitectura. Al lapso conformado por aquellos doce meses, hemos podido detectar que pertenecen una serie de títulos, elaborados todos por arquitectos vinculados directa o indirectamente a la academia y, por ende, fruto de acuciosos trabajos de investigación, como: La cuestión de los barrios, una compilación de Teolinda Bolívar y Josefina Baldó, publicado por Monte Avila Editores, la Fundación Polar y la Universidad Central de Venezuela; Carlos Raúl Villanueva, volumen 108 de la Biblioteca Biográfica Venezolana editado por El Nacional con el auspicio de la Fundación Bancaribe, preparado por Juan José Pérez Rancel; Helene de Garay: Vida y Arquitectura, obra de Jeannette Díaz, coeditado entre la Fundación Empresas Polar y Ediciones FAU UCV; Del eclecticismo criollo a un culto sincretísmo, perteneciente a la Colección Ensayos de Postgrado de Ediciones FAU UCV producto de una conferencia que dictó en 1992 Luis Enrique Jiménez Damas como parte del Curso de Ampliación de Conocimientos titulado “Región, cultura y arquitectura en la Perspectiva del fin de siglo”; El Cerrito. La obra maestra de Gio Ponti en Caracas, proyecto editorial de ULTREYA (Milano) y de la Fundación Anala y Armando Planchart (Caracas), de Hannia Gómez; Estructuras metálicas en la arquitectura venezolana 1874-1935. El carácter de la técnica de Mónica Silva Contreras producido por Ediciones FAU UCV con el patrocinio de Siderúrgica del Turbio, S.A. (Sidetur); y, el que hoy nos ocupa, Tramas cruzadas. El rol de la ciudad en el cine venezolano de Guillermo Barrios elaborado por Ediciones FAU UCV con el patrocinio del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) y la Asociación Civil Mirar en Caracas. Como se podrá ver, de las siete publicaciones cinco fueron realizadas por miembros del personal académico de la FAU UCV, dos son producto de sendas Tesis Doctorales realizadas en la institución y cuatro fueron impulsadas directamente o en coedición por su sello editorial, lo que mostraba que se vivía un período de intenso trabajo y verdadera productividad.

Otros dos libros publicados por Guillermo Barrios: Inventario del Olvido, la sala de cine y la transformación metropolitana de Caracas (1992) y Ciudades de Película (1998)

Resultado de la indagación que dio origen a la Tesis Doctoral en Arquitectura (FAU UCV, 2004) de su autor (dirigida por Arturo Almandoz, por la cual obtuvo Mención Honorífica), y de la posterior adaptación de la misma a criterios editoriales que permitieron su lectura fluida por parte del público en general, Tramas cruzadas constituye el punto culminante de las diferentes aproximaciones que Guillermo Barrios ha realizado al mundo del cine desde su condición de apasionado conocedor e investigador sobre el tema, que tuvo como productos que lo antecedieron los libros Inventario del Olvido, la sala de cine y la transformación metropolitana de Caracas (1992) y Ciudades de Película (1998), así como su trabajo de ascenso a la categoría de profesor titular “Circa 1950. El espacio cinemático en el preámbulo del proyecto moderno en Venezuela” (2003), expresadas de forma amena y proverbial en la entrevista que le hiciera Milagros Socorro en junio de 2014 (http://milagrossocorro.com/2014/06/el-cine-segun-guillermo-barrios/). También se trata de una feliz confluencia a la que se ha sumado a su formación de postgrado en Urbanismo (Magister Scientiarum en 1978), la madurez y erudición alcanzada en los tópicos que le interesan lo cual le ha hecho expresar que el libro que nos ocupa «es la unión de la trama narrativa de las películas y el entramado de la ciudad”.

Siguiendo el “Prólogo” del libro, escrito por Arturo Almandoz, descubrimos que Tramas cruzadas fue visualizado inicialmente como un “tríptico caraqueño” para convertirse finalmente en un “fresco venezolano”. Teniendo a La Escalinata de César Enríquez (1950), obra que empezó a desplazar la cinematografía local de los sainetes y cuentos a problemas asociados a la modernidad urbana y sus consecuencias, la exploración se complementaría “con ulteriores visiones caraqueñas y nacionales: la ciudad frenética de la Venezuela saudita, en películas como El cine soy yo (1975, Luis Armando Roche) y Se solicita muchacha de buena presencia y motorizado con moto propia (1977, Alfredo Anzola); seguida de la metrópoli corrompida que Chalbaud venía prefigurando en sus elencos y decorados esperpénticos, hasta la oscura apoteosis de Pandemonuim, la capital del infierno (1997)”.

Manteniendo una estructura basada en tres partes como recuerdo de su primera concepción, subdivididas a su vez cada una de las dos primeras en tres capítulos y la tercera en uno solo, Tramas cruzadas concluyó su andadura como una “gran panorámica de la ciudad y urbanización en el cine venezolano”: un ambicioso recorrido de los 100 años de cinematografía nacional que transcurren entre 1897 y 1997, cuando ya el país se encontraba a las puertas de ser tomado por quienes, sin reconocer los importantes valores y logros acumulados, se dedicaron a convertirlo en un olvido de lo que fue.

Películas venezolanas trabajadas por Guillermo Barrios en Tramas Cruzadas que le permitieron estructurar el guión del trabajo

Las 151 páginas de Tramas cruzadas, contenidas en un formato de 21,5 x 31,5 cms., papel glasé, tapa dura, diseñado por “Latonería y pintura”, impreso por el Grupo “Intenso”, bajo la producción ejecutiva de Dalia Jaén, albergan además del “Prólogo” y la “Introducción”, una primera parte titulada “Planteamiento: circa 1950” que contiene como primer capítulo “Mirada previa: espacio y ciudad en el primer cine venezolano, 1909-1948”; como segundo “Mirada de cabotaje: el país desde La balandra Isabel llegó esta tarde (1949)”; y como tercero “Trama desenhebrada: la Caracas de La escalinata (1950)”. La segunda parte nombrada como “Nudo: circa 1975” está conformada por: “Miradas en tránsito: territorio y ciudad en la instalación del nuevo cine venezolano”; «El cine soy yo (1975): metáfora de la nueva geometría del territorio”; y “Se solicita ciudad de (buena) presencia y con moto propia”. El capítulo final, “Desenlace: circa 2000” está conformado por un único capítulo: “Pandemonium (y otras miradas a) la capital del infierno (1997)”. Además cuenta con una sustanciosa Bibliografía, amplia Filmografía, y dos índices: uno onomástico y otro de filmes.

Será Almandoz quien reconozca, pese al riesgo que se corrió de construir un trabajo “entre lo panorámico y lo comparativo” y, en consecuencia, de “tener vacíos con respecto a ciertos períodos o autores”, como una de las primeras contribuciones de Tramas cruzadas “el hecho de que el imaginario cinematográfico ha sido una vertiente prácticamente inexplorada de los estudios culturales urbanos en Venezuela. Sobre todo si se considera que la mirada y el análisis de Guillermo en esta nueva obra trascienden los siempre desdibujados límites metropolitanos, especialmente de los sectores informales y periféricos, para vislumbrar también el territorio rural y provinciano…”. Y concluye que por el “hecho de que la obra articula un considerable conjunto … de filmes que son tratados como fuentes primarias, la investigación está llamada a alcanzar el valor de referencia en nuestro medio”.

Barrios, comprometido desde muy temprano con la gestión cultural pública donde fue subdirector de la Galería de Arte Nacional, Caracas (1983-1985) y Director General de Museos del Consejo Nacional de la Cultura, CONAC (1999-2001), lugar desde el que lideró el diseño conceptual de la Red Museos de Venezuela, entre las múltiples actividades museísticas en las que ha participado, destaca el haber sido parte del comité internacional de asesores para la producción de la exposición Latin America in Construction: Architecture 1955-1980, el más importante proyecto museístico hasta ahora realizado sobre el tema, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA, 2015), de la cual estuvo a cargo de la visita guiada inaugural. Actualmente dirige un proyecto cultural en la ciudad de Madrid, Cesta República, el cual ha realizado más de un centenar de eventos desde su apertura en octubre de 2016, incluyendo talleres, recitales de música y poesía, encuentros con intelectuales iberoamericanos en diversas áreas del quehacer creativo y exposiciones de arte y artesanía contemporánea.

Tramas cruzadas, como ya se dijo, cierra su periplo con el análisis crítico del film Pandemonium, la capital del infierno (1997, Román Chalbaud) donde se resalta una Caracas que profundiza sus desigualdades y las exacerba a partir del “caracazo” de febrero de 1989. Una ciudad en la que Chalbaud “pone a la desesperanza a caminar en tumulto por las calles del barrio, proyectada al espacio exterior y hacia callejones flanqueados por casas bajo estricta reja… y no sólo encarnada en gente viva, sino en fantasmas”. En sus escenas finales, para Barrios, Pandemonium “anuncia un nuevo orden, el orden del caos”.

Y cierra: “El desastre adelanta lo que los albores del siglo XXI propone a la urbe post-utópica: la paradójica posibilidad de recuperar lo urbano como dimensión perdida a partir de las expresiones del desafuero. La calle es plataforma del enfrentamiento político y la demagogia, escenario de una ‘ciudadanía del miedo’ aderezado (además de la crisis económica y la inseguridad) por los conflictos que tasajean el plano urbano y trazan nuevas coordenadas de la exclusión”. Excelente fotograma que hasta hoy no ha hecho otra cosa que prolongarse y agudizarse.

ACA

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Todas. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad