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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 238

El plano que ilustra nuestra postal del día de hoy representa una transcripción  fechada el 19 de marzo de 1913 realizada por Florentino Aristeiguieta del “Plano topográfico de una parte del Valle de los Caracas. 1567” tal y como reza en el documento perteneciente a la Colección Archivo General de Planos, Biblioteca Nacional, Caracas.

Siguiendo la pista que ofrece su leyenda el plano muestra la situación y forma de organización del probable asentamiento militar que precedió a la fundación de Caracas por parte de Diego de Losada.

Es importante señalar que la existencia de este plano no debe ser vista como un hecho concluyente, pues historiadores señalan que el establecimiento del campamento definitivo se llevó a cabo en varios intentos discontinuos, en diversos lugares del valle en vista de la hostilidad de los indios Caracas, el último de los cuales condujo a la fundación del pueblo que recibió el nombre de “Santiago de León de Caracas”.

En relación a los intentos de conquista del territorio, “el primero fue la creación, en 1560, del hato de San Francisco, por Francisco Fajardo, posiblemente en lo que hoy es Catia; el segundo, el establecimiento con fecha 1 de agosto de 1561, de la villa de San Francisco en el mismo lugar, por Juan Rodríguez Suárez, quien llegó a nombrar alcaldes y regidores. Tanto el hato como la villa tuvieron corta vida, en razón de la hostilidad de los indígenas circunvecinos; sin embargo, el propósito de permanencia parece haber animado a quienes efectuaron las respectivas fundaciones”, de acuerdo al Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar (http://bibliofep.fundacionempresaspolar.org/dhv/entradas/c/caracas/).

Divergentes apreciaciones de estos dos hechos y de su relación con la fundación de Caracas, han alimentado el problema histórico que se examina: para unos, el hato y la villa de San Francisco fueron meros intentos fracasados, solo con valor anecdótico, estando en el acto de Losada el verdadero comienzo de un poblamiento efectivo; otros estiman que los dos hechos iniciales, si bien aparecen como antecedentes importantes de la fundación de Caracas, no tienen relación entre sí ni con esta última; algunos más plantean que los tres hechos formaron parte integral de un solo y mismo proceso de ocupación y poblamiento de nuevos territorios, siendo el de Losada la culminación de una primera etapa caracterizada por los intentos de formar y consolidar asentamientos permanentes.

Desde esta perspectiva, la fundación de Caracas constituyó ante todo el paso definitivo de un proceso que ya venía en marcha, y no el desencadenante; por ello, se entiende que más que una fundación en primera instancia, la de Caracas tuvo el carácter de restablecimiento o reedificación de la anterior villa de San Francisco, la cual, a su vez, había sustituido al hato de Fajardo. Esta apreciación final ha sido formulada anteriormente por diversos cronistas y por autores más recientes, para los cuales Diego de Losada repobló o reedificó un asentamiento previo, rebautizándolo.

La copia que realiza Aristeiguieta, a escala 1:20.000, precisa la exacta situación del probable del campamento militar español en un rico contexto fluvial de ríos y múltiples quebradas. El dibujo las identifica por su nombre e importancia gracias al tamaño de la tipografía, pero también diferenciando su caudal de agua, torrente y magnitud por el ancho del trazo que las representa. Aristeiguieta señala a su vez el sentido del río Guayre, que corre al oriente, y la flecha que señala el norte, como sistema de convención cartográfica.

Desde el punto de vista defensivo y militar la copia de Aristeiguieta muestra con claridad, recurriendo a un sistema de signos, la disposición en forma concéntrica de los distintos elementos defensivos configurando anillos de protección alrededor del campamento, siguiendo las normas de la tratadística militar de la época.

Según detalla Juan Molina Fernández en “Formaciones de los Tercios en el siglo XVI”, texto aparecido en Bellumartis Historia Militar, una correcta distribución de las tropas podía ser la diferencia entre el caos y la victoria. Los campamentos solían organizarse en función del tamaño y el lugar donde estuvieran montados. Los mandos solían acomodarse en el centro del campamento, pero esto podía modificarse ligeramente en función de la existencia o no de viviendas cómodas en los alrededores. Sin embargo, era crucial que los mandos estuviesen en el centro, pues era el mejor lugar para recibir información y despachar órdenes.

El asentamiento se sitúa entre dos cauces de agua y se vale de ellos como elementos de protección y resguardo, para terminar de conformar el sistema de defensa.
Los europeos se establecen sobre el territorio con cuatro tiendas levantadas a 880-900 metros de altura sobre el nivel del mar, ubicadas al centro entre las quebradas de Los Padrones al oeste (un afluente del rio Caroata), y el río Catuche al este. El área está resguardada por “fosos de defensa” construidos por los soldados al norte y al sur; y por la unidad básica e irreductible del ejercito español compuesta por arcabuceros, rodeleros y lanceros denominada “Los tercios”, cuyo objetivo era lograr que la ocupación española fuera irreductible.

Los “cuerpos de arcabus” o arcabuceros con una misión ofensiva, se ubicaron en cinco puntos en formaciones conocidas como “mangas”, protegiendo todo el perímetro del campamento, ocupando posiciones más apartadas de los cuadros que formaban lanceros y rodeleros, amenazando las líneas enemigas con sus arcabuces con fuste de madera, que disparaban balas de plomo o estaño. De igual forma cuatro piezas de artillería o cañones situados de manera estratégica protegían los cuatro flancos.

Seis unidades de infantería española o “rodeleros” provistos de espadas y escudos redondos dispuestos para la lucha cuerpo a cuerpo, creando una doble línea de defensa, completaban el sistema protegiendo las tiendas. Esta formación militar, siguiendo la geometría de un cuadrado, y basada en la eficaz formación de “Los Tercios”, “dominó la guerra por tierra durante casi doscientos años y significó uno de los más válidos intentos de organización militar de toda la Historia”, permitiendo afianzar la presencia española y desafiando el dominio de las tribus indígenas. 

En relación al ingeniero Florentino Aristeiguieta Grillet, fue un inventor que dedicó esfuerzos para producir mejoras destinadas al beneficio del cacao, que representó un importante sostén de la economía venezolana a finales del siglo XIX. El invento, presentado ante las autoridades de Fomento el 29 de agosto de 1893 por Aristeiguieta Grillet se llamó “La Económica”, y consistió en un “Edificio-Oficina” destinado al beneficio del cacao. “La descripción del aparato nos hace suponer que se trató de un sistema ideado para el transporte y almacenaje del producto, conformado por una inmensa estructura de hierro de 30 metros y medio de largo por 8 de ancho, dividida en vagones de 7,50 por 2,50 metros que se desplazaban por medio de rieles. Según Aristeiguieta Grillet, al momento de solicitar patente su invento ya gozaba de la aprobación de numerosos agricultores quienes podían asegurar la rentabilidad y utilidad del aparato”, como consta en la página 468 de la Memoria del Ministerio de Fomento, N º 116, de 1894.

Otro dato curioso sobre Aristeiguieta Grillet es que figura como Broker, en el II Tomo del Directorio Comercial de las Repúblicas Americanas, elaborado por la Unión Internacional de las Repúblicas Americanas, impreso en la Tipografía Nacional de Washington en 1898. El plano de Aristeiguieta, resulta un documento cartográfico de interés pues es un plano topográfico anterior a la ciudad. Es evidencia de la ocupación de un territorio bajo la norma militar, dando pie para que once años más tarde, en 1578, Antonio Muñoz Ruiz elaborara el primer dibujo de la ciudad que se conserva en el Archivo General de Indias junto a la Relación de la Descripción de la Provincia de Caracas por el Gobernador Don Juan Pimentel y, además, se garantizara la extensión de la provincia de Venezuela hacia el oriente.

ACA

¿SABÍA USTED…

… que en 1954 el Ministerio de Obras Públicas (MOP) concluye la construcción de la avenida Francisco de Miranda?

1. Vista de la avenida Francisco de Miranda desde Chacaíto hacia el Este. Finales de los años 1950. A la izquierda: edificio Royal Palace (1953), de frente: edificio Easo (Gustavo Guinand Van der Walle, 1951)

La moderna avenida de aproximadamente siete kilómetros que transcurre entre el límite del municipio Chacao y el municipio Libertador en Chacaíto hasta la avenida principal de Las Vegas de Petare (municipio Sucre, anteriormente distrito Sucre), tiene su origen en el trazado del antiguo Camino Real de Petare que unía las haciendas dispuestas a lo largo del trecho mencionado y permitía a su vez el acceso a la zona colonial del pueblo de Petare, donde, transformado en la calle La Libertad, marcaba la entrada a la Hacienda La Urbina, última en urbanizarse de entre las que la vía unía.

Aquel primer camino, una vez desatado el proceso de urbanización del este de Caracas a raíz de la venta con fines especulativos de las tierras de las haciendas que lo ocupaban, dio pie a que el 12 de marzo de 1947, en el período que se conoce como el “Trienio adeco”, el entonces Gobernador de Caracas, Gonzalo Barrios, inaugurara oficialmente la que se conoció como “Carretera del Este”, que conectaba la Calle Real de Sabana Grande con las urbanizaciones Chacaíto, Country Club, Altamira y Los Palos Grandes. Es la ampliación de la Carretera junto a la construcción del tramo entre Los Palos Grandes y Petare lo que se termina en 1954 durante la dictadura perezjimenista, dividiendo al poblado petareño en dos partes: una al norte y otra al sur. Ello dará pie también al cambio de denominación de la vía por el del precursor de la independencia venezolana que ya había sido usada para identificar el estado en el que se ubica, uno de los más importantes del país.

2. Vista de la avenida Francisco de Miranda hacia el Este con el edificio Galipán (Gustavo Guinand Van der Walle,1952) en primer plano. Finales de los años 1950

Considerada la avenida más larga del Área Metropolitana de Caracas (entidad jurídico-administrativa de la capital de la República creada por decreto en 1950), la Francisco de Miranda se constituyó desde su puesta en servicio, con sus calzadas de más de 30 metros de anchura (en total seis vías, tres en un sentido y otras tres en el otro de oeste a este que se ensanchan en el sector de Chacao con canales de servicio y zonas de estacionamiento), islas verdes en ciertos tramos y aceras de cuatro metros cada una, en la arteria vial o “parkway” de mejor presencia dentro de la Caracas moderna. Su costo fue de 26.148.148,45 Bs. y la obra realizada por la Constructora Fibrocemento que luego también participaría en la ejecución del enlace con la Autopista del Este a la altura de Altamira en 1956.

3. Dos tomas de la avenida Francisco de Miranda. Izquierda: vista hacia el este a su paso por Chacao. Derecha: vista hacia el oste a su paso por la Plaza Altamira.
4. Izquierda: Vista aérea de la Plaza Altamira con el paso de la avenida Francisco de Miranda al sur. Derecha: Vista hacia el este del inicio de la avenida Francisco de Miranda en Chacaíto.

No incluida como «imprescindible» en el Plan Municipal de Vialidad de 1951 elaborado por la Gobernación del Distrito Federal más si como parte del sistema del este del Plano Regulador de aquel mismo año junto a las avenidas Andrés Bello, Libertador y Lincoln, la Francisco de Miranda se termina casi a la par de la sí incluida Autopista del Este (ampliada y prolongada hasta Petare en 1955), tomando en cuenta el auge comercial e industrial que se proyectaba a lo largo de su desarrollo, contribuyendo a la valorización de las tierras e inmuebles y al aumento de los tributos municipales. No sería exagerado decir que esta avenida aceleró e impactó el urbanismo en su entorno y modificó profundamente la antigua fisionomía de la capital y muy particularmente la zona de Petare.

En tanto la Autopista del Este actuaría como vía expresa para soportar la gran movilización de vehículos livianos y de carga, siendo luego complementada con la construcción del tramo suroeste hacia el Valle y el enlace Catia-San Martín, la Francisco de Miranda estaba destinada a asumir el peso del transporte público. Con estas y otras obras, la Caracas de los años 50 quedó convertida en una ciudad al servicio de la modernización motorizada, donde el espacio urbano dedicado a la circulación fue diseñado casi exclusivamente a garantizar la plena movilidad del automóvil.

5. Avenida Francisco de Miranda en Chacaíto. Edificio Sokoa (Isidro Monzón, 1947): A su izquierda, vista parcial del edificio Toki Eder (Miguel Salvador Cordón, 1940)
6. Izquierda: Edificio Royal Palace (1953), Chacaíto. Derecha: Estación de Servicio La Castellana (1959)
7. Avenida Francisco de Miranda a la altura de La Castellana. En primer plano el Cine Castellana (Gustavo Wallis,1952)
8. Nueva sede de la Cigarrera Bigott (1957)

Desde antes de ser inaugurada como “Carretera del Este” hasta que es finalizada como avenida Francisco de Miranda en 1954 y durante toda la década de los 50, el eje vial empezó a generar una importante atracción para la inversión inmoiliaria traducida en la construcción de edificaciones de valor que posteriormente pasarían a ser emblemáticas, algunas de ellas, lamentablemente, ya demolidas. Así, desplazándonos de Chacaíto hacia el este se pueden mencionar, entre otros, los edificios: Royal Palace (1953); Sokoa (Isidro Monzón, 1947); Toki Eder (Miguel Salvador Cordón, 1940); Easo (Gustavo Guinand Van der Walle, 1951); Canaima (Narciso Bárcenas,1955); Galipán (Gustavo Guinand Van der Walle,1952); Seguros Venezuela (1957); Roraima (Natalio Yunis, 1957); Cine Lido (Gustavo Guinand Van der Walle,1946); Los Llanos (Jan Gorecki, 1956); Cine Castellana (Gustavo Wallis,1952); Estación de Servicio La Castellana (1959); Plaza Altamira (Martín Hermanos,1945); Humboldt (Francesco Saverio Puglia del Vecchio y Felix Brando,1955); Embajada de los EEUU (Don Hatch,1958); Socony-Mobil (Don Hatch, 1959) y Guarimba (1959), debiéndose reconocer que más allá de la intersección con la avenida principal de La Carlota  hasta Petare es poco lo que se puede mencionar para la fecha, quizás debido al uso industrial que prevalecía en la zona, a excepción de la nueva sede de la Cigarrera Bigott (1957) y el Hospital Pérez de León (1938),  

9. Izquierda: Torre La Primera Celina Bentata, 1973). Derecha: Torre Europa (Carlos Gómez de Llarena, Manuel Fuentes y Moises Benacerraf, 1975)
10. Unicentro El Marqués (Antonio Pinzani, 1973)

Luego, paulatinamente, la avenida se irá completando de manera desigual sin contar con una clara idea del perfil urbano que debería tener una arteria de tal importancia, mostrando siempre un comportamiento muy distinto entre el tramo Chacaíto-Parque del Este y La Carlota-Petare, acentuado cuando el Distrito Sucre se divide en 1989, correspondiéndole el primero al municipio Chacao y el segundo al municipio Sucre. Durante el intervalo se abre el Parque del Este (Roberto Burle-Marx, Fernando Tábora y John Stoddart junto a Carlos Guinand Sandoz, 1961) y se construirán, entre otros: el Centro Comercial Chacaíto (Antonio Pinzani, 1968); la Torre Europa (Carlos Gómez de Llarena, Manuel Fuentes y Moises Benacerraf, 1975); la Torre La Primera Celina Bentata, 1973); el Centro Lido (Celina Bentata, 1988); el edificio Mene Grande (Rafael José Larraín Basalo, 1966); el edificio Banco del Orinoco (Gustavo Legórburu, 1984); el Centro Comercial Canaima (Coto y Loperena Arquitectos, 1964); el Parque de Cristal (Jimmy Alcock, 1977); la Torre Empresarial Parque del Este (Bernardo Borges, Francisco Pimentel y Jacobo Koifman, 1978); el Centro Comercial Los Ruices (1963); el Unicentro El Marqués (Antonio Pinzani, 1973); y el Conjunto Residencial La California (Carlos Guinand Baldó y Moisés Benacerraf, 1965).

11. Parte del “distrito petrolero”, que se desarrollaría entre La Floresta y Los Palos Grandes con los edificios «Sucre» y la antigua sede de la embajada de los EE.UU a la derecha, ambos del arquitecto Don Hatch
12. Vista aérea hacia el sur de las zonas de La Castellana y Altamira que forman parte de lo que se conoce como «la milla de oro», de la cual la avenida Francisco de Miranda es su eje principal

Tomada en cuenta también en los años 50 como epicentro en la conformación de lo que Henry Vicente llama un “distrito petrolero”, que se desarrollaría entre La Floresta y Los Palos Grandes, y considerada como principal conexión del Parque del Este con el resto de la ciudad, la avenida Francisco de Miranda recibe, con su incorporación desde 1988 al trazado de la línea 1 del Metro de Caracas cuando se inaugura el tramo Chacaíto-Los Dos Caminos y posteriormente en 1989 Los Dos Caminos-Palo Verde, un importantísimo impulso que le permitió a mediados de la década de 1990 ser considerada el eje central de los que se dio en denominar como la “Milla de Oro”, distrito financiero que sustituiría la pujante actividad comercial y de oficinas que otrora asumieran el centro de la ciudad y más adelante el eje Plaza Venezuela-Sabana Grande-Chacaíto. Dicha “Milla” abarcaría el tramo que va entre Chacaíto y el Parque del Este, centrándose su impacto en el municipio Chacao y ampliando su influencia hacia el municipio Baruta, incluyendo El Rosal, Las Mercedes y Chuao para lo cual contribuiría enormemente la prolongación de la línea 4 del Metro. Su fortaleza, traducida en rentabilidad y respaldada por buenos índices de seguridad que se apreciaban en los dos municipios que abarca, hizo de la “Milla de Oro” la zona de Caracas que más recibió demandas para la construcción de nuevos edificios destinados a oficinas y centros empresariales hasta el punto de atraer la atención de algunas dependencias gubernamentales y empresas estadales que ubicaron allí sus sedes. También fue objeto de un cuidadoso trabajo de renovación que atendió de manera significativa sus aceras y mobiliario urbano e hizo soñar en la posibilidad de considerar al peatón como protagonista por sobre el caos vehicular que la había ido amenazando peligrosamente.

A modo de contracara, la avenida Francisco de Miranda presenta, una vez pasado el solitario trecho flanqueado por el Parque del Este y el Parque Miranda, al adentrarse en el municipio Sucre, un cambio drástico de su fisonomía mostrando una creciente degradación en la medida que se aproxima a Petare, que requeriría de una particular atención y la convierte potencialmente en un reto a nivel de planificación y diseño urbanos.

El auge y proyección de la avenida Francisco de Miranda como arteria vital para el surgimiento de un nuevo centro de ciudad, se ha visto afectado y paralizado por la enorme crisis económica que atraviesa el país, lo cual ha afectado enormemente la confianza de los inversores y la calidad de vida de los empleados que allí laboran y que constituyen su fuerza vital, quedando como tantas otras cosas a la espera de la llegada de tiempos mejores en los que su indudable potencialidad podría ser rescatada.

ACA

Procedencia de las imágenes

Todas. Colecciones Crono Arquitectura Venezuela y Fundación Arquitectura y Ciudad

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 236

Considerada como otra de las casas emblemáticas dentro de la arquitectura moderna venezolana, la vivienda que Jimmy Alcock (1932) proyectó como su morada en el Alto Hatillo, a las afueras de Caracas, señalada en su cronología como la Casa Alcock I, ha cobrado con el tiempo el gran valor que le otorgan los años de haber sido habitada con gusto y amor, y por lo que ha significado para sus usuarios.

Obra si se quiere temprana de su autor y pensada por tanto para una joven pareja, ubicada en un terreno con una pronunciada pendiente (entre el 35 y el 60%), poblado por una densa vegetación y con espectaculares visuales lejanas hacia la ciudad, es el reto que constituyó la simple toma de decisiones durante el proceso de diseño (el cual fue motivo de la elaboración de al menos tres alternativas), un argumento que habla por sí solo de las bondades alcanzadas por la propuesta definitiva. Se buscaba, ante todo, lograr una solución sobria, concentrada y económica que recurriría en buena medida a la industrialización de las piezas de la compondrían.

1. Casa Alcock I. Plano de ubicación
2. Casa Alcock I. Izquierda: Isometría general. Derecha: Vista del puente de acceso

El partido arquitectónico asumido, que llevó a los curadores de la muestra “La casa como tema. Primera aproximación antológica  de la casa en Venezuela” (Museo de Bellas Artes, 1989), a incorporarla dentro de la categoría de “Casa y Tecnología”, la cual Martín Padrón acompaña con el sugerente texto “La búsqueda de una poética de la construcción”, parte de respetar al máximo las condiciones del terreno mediante una solución que se posa sobre él, recurriéndose a la conformación de un sólido prisma de base cuadrada apoyado en un sistema estructural lógico y racional que conduce las cargas al suelo a través de cuatro grandes columnas.

Si bien la idea esencial remite a la imagen de un galpón a cuatro aguas cuyo techo está sostenido por cerchas metálicas, organizado en torno a un espacio central vinculador, y si bien la variable constructiva fue fundamental para resolver las dificultades de adaptación al lugar, sería equivocado atribuirle a ellas el rol protagónico en la caracterización de una casa donde la luz y la penumbra se equilibran a la hora de lograr una ambientación totalmente acogedora, dotándola de una atmósfera que la aproxima a la arquitectura colonial bajo coordenadas absolutamente modernas.

Otro asunto de interés viene a ser la manera como se accede una vez implantado el volumen en la pendiente. Tras la apariencia de tratarse desde el exterior de una edificación aislada de una planta, cuya cubierta ligeramente sobresale de entre la vegetación que la arropa, el aislamiento alcanzado se salva a través de la aparición de dos ligeros puentes angostos que, partiendo de la zona de contacto con la calle, señalan uno, el lugar de la puerta principal y el otro la entrada de servicio. Desde ellos se puede descubrir cómo la casa se desarrolla en tres niveles “hacia abajo” para luego fusionarse con corredores perimetrales que, a modo de espacios intermedios, resuelven la transición interior-exterior con solvencia y abren la posibilidad de disfrutar “desde afuera” de las vistas lejanas las cuales, a su vez, tienen una particular  consideración “desde dentro”.

3. Casa Alcock I. Arriba izquierda: el jardín vertical. Arriba derecha: el corredor perimetral. Abajo izquierda: el estar íntimo. Abajo derecha: Vista del espacio central.

Dos escaleras de caracol, una interior sumida en el patio de sólo 20 m2 que relaciona los dos niveles superiores y otra exterior que conecta a los balcones perimetrales conforman el sistema de circulación vertical, permitiendo ésta última acceder de forma independiente al nivel suelo y disfrutar del jardín selvático tan esmeradamente cuidado durante años por la Sra. Carolina Alcock.

Para su creador, tal y como se señala en el catálogo de la exposición organizada por la Galería de Arte Nacional (GAN) “Alcock. Obras y proyectos. 1959-1992” (1992), “esta casa con techo de tejas a cuatro aguas, no tiene ‘nada que ver con las tipologías coloniales’. Es, más bien, ‘una terraza’, que tiene que ser explicada como una sección dominada por la vista y por el jardín natural. Reforzando esta idea, el comedor original de la casa no se cerraba del todo. Paneles corredizos colgantes de vidrio y de romanilla de madera se corrían libremente para ver la vista”.

Alcock diseñó más adelante (1988), con más de 25 años de diferencia, otra casa propia, vacacional, en Mitivibó, estado Mérida (denominada como Casa Alcock II), bajo criterios totalmente diferentes, signados en este caso por la adaptación a una vivienda campesina existente encontrada en ruinas con paredes de tapia de 50 cms de espesor que se estaban cayendo, donde vuelven a ser fundamentales las consideraciones del lugar en que se encuentra y el respeto por la preexistencia. “No había ventanas. Nada era ortogonal. Sólo cuatro cuartos con puertas todos con diferentes proporciones. Los antiguos habitantes vivían en la oscuridad, en el páramo. Con ese frío, sin embargo, hicieron un patio”, dirá Alcock en el catálogo de la exposición de la GAN ya mencionado dando pie así a la explicación de la manera considerada y la vez creativa como actuó a la hora de diseñar la remodelación.

4. Casa Alcock I. Vista exterior
5. Casa Alcock I. Vistas del espacio central
6. Casa Alcock I. El estar íntimo

Rememorando a dos arquitectos desaparecidos recientemente, Domingo Álvarez y Juan Pedro Posani, transcribiremos aquí la impresión que en el primero causó la visita a la Casa Alcock I arrancándole expresiones como “¡Es una maravilla! ¡Es increíble! ¡Es la mejor casa del mundo!”, dándole pie al segundo para manifestar lo siguiente a través de su blog El viejito inquieto el 12 de noviembre de 2019:
“En esta casa, durante mas de cuarenta años, se ha escuchado a Beethoven y guarachas, se comió excelente pasta a la amatriciana con un buen vaso de tinto toscano, así como arepas de chicharrón con cerveza. Y en esta casa, así mismo, se leyó a García  Márquez.

Y es que la realidad de esta casa va mas allá y desborda la simple historia de la arquitectura. Es un punto desde el cual observar a la humanidad y la historia del mundo y del cosmos. Pertenece  más al proceso de la evolución de la humanización de América que a la historia de nuestra arquitectura. Esta se advierte en la tibia ternura de las tejas del techo (recuerdo de nuestra arquitectura colonial) o en el gran espacio central (recuerdo de los grandes espacios de las attas, churuatas y shabonos de nuestra arquitectura indígena). Pero en lo esencial lo que plantea esta casa es desplegarse como un molusco en su concha, como un dispositivo de creación de vida. Es esencial entender por qué las fotos de esta casa no equivalen nunca a las formas exageradas y definitivas de la arquitectura del gran éxito internacional. Esta es una de las grandes casas del mundo. Así como la de Niemeyer en Río, la de Murcutt en Australia, la de Aalto en Finlandia y la de Mies en los Estados Unidos, esta casa es una de las mejores del mundo. El Flaco tenia razón y podemos estar orgullosos, como arquitectos y venezolanos, de este enorme aporte de Jimmy a nuestra presencia en América.

7. Casa Alcock I. Dibujo de una de las alternativas iniciales que formó parte de la exposición Latin America in Construction: Architecture 1955–1980, MoMA, 2015

Bueno es decirlo, la Casa Alcock I fue otra de las obras que representó a Venezuela en la exposición Latin America in Construction: Architecture 1955–1980 organizada por el MoMA en 2015, quedando uno de los dibujos de las alternativas iniciales como parte de la colección del museo.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 1, 2, 3 y 5. Catálogo de la exposición Alcock. Obras y proyectos. 1959-1992. (1992)

4 y 6. http://guiaccs.com/obras/casa-alcock/

7. https://www.moma.org/collection/works/176739