1982• Se concluye la construcción y es puesto en servicio el edificio Torre Oriente, ubicado en la calle Carabobo, Puerto La Cruz, estado Anzoátegui, proyectado por el arquitecto Bernabé Ruiz Domenech, (FAU UCV promoción 16A/1967), para Oriente Entidad de Ahorro y Préstamo. La torre, considerada como un notable ejemplo de la arquitectura brutalista nacional, fue construida casi en su totalidad en concreto obra limpia (béton brut), tiene 20 pisos de altura (planta baja, mezzanina, dos niveles de estacionamiento, 14 pisos tipo y dos adicionales como remate volumétrico donde en uno existió un popular restaurante con excelente vista sobre la ciudad, la bahía de Pozuelos y las islas. El concreto en obra limpia empleado en las fachadas del edificio fue protegido contra lo inclemente del clima de la costa caribeña recubriéndolo con un polímero sintético, inerme, elástico y repelente al agua de alta resistencia térmica. El arquitecto Bernabé Ruiz integró al diseño de su edificio varias obras de reconocidos artistas venezolanos. De Jesús Rafael Soto colocó la pieza «Volumen suspendido¨, conocida localmente como Lluvia de Soto. Una escultura cinética, móvil, realizada con cientos de varillas metálicas delgadas suspendidas desde el techo del lobby. De Pedro Báez un vitral de hermosos y vibrantes colores ubicado cercano a las escaleras externas del edificio. De Pedro Barreto, quien vivió y trabajó durante muchos años en Lechería, se colocaron varias de sus esculturas talladas en maderas nobles venezolanas, enriqueciendo el edificio. Esta edificación con el tiempo pasó a ser la sede de DelSur Banco Universal y actualmente es la sede regional de la empresa petrolera nacional PDVSA.
1960•Se termina la construcción de la Quinta Loma Baja, ubicada en la Av. Kemal Ataturk de la Urbanización Valle Arriba, Caracas, diseñada por el arquitecto de origen alemán Klaus Heufer.
Este proyecto, una de sus primeras casas «patio», con techos recubiertos con teja española, le permitieron demostrar su dominio en la resolución de la planta utilizando corredores y aleros, enfatizando la integración visual con los jardines exteriores y el hábil control climático.
Este hermoso proyecto de Heufer, un magnífico ejemplo de la comprensión y dominio de la tipología vernácula del patio, interpretada a la luz del racionalismo ha sido muy intervenida en su diseño. Hoy en día, con el nombre de Qta. Ommat es la sede de la Embajada de Iran es difícil reconocerla.
1996• Como parte del Plan “Un cariño para mi ciudad” puesto en práctica por el Presidente Rafael Caldera, se coloca en un área del Distribuidor Santa Cecilia de la Autopista Francisco Fajardo de la capital «La Esfera de Caracas», obra del artista plástico venezolano Jesús Rafael Soto (1923-2005). La instalación de la obra fue modificada en 2005 por el rediseño del citado distribuidor y restaurada en el 2014 por PDVSA Centro de Arte La Estancia.
Está compuesta por un conjunto de 1.800 varillas de aluminio hueco de ¾ de pulgada, sujetas por guayas de acero inoxidable de 2,5 milímetros de espesor que se encuentran suspendidas en una estructura metálica tipo pórtico de 12 metros de altura sobre una base de concreto armado.
2006•Se inaugura el nuevo Salón de Actos del edificio sede de PDVSA y el Ministerio del Poder Popular para la Energía y el Petróleo, ubicado en la avenida Libertador con avenida Empalme, urbanización La Campiña, Caracas. El edificio de 1.300 m2 diseñado por la firma Miccuci + Arquitectos Asociados (Franco Micucci arquitecto USB 1989), constituyó una primera fase de una ambiciosa ampliación de las instalaciones de la institución.
El arquitecto Micucci, ganador de un concurso privado organizado por la empresa petrolera nacional, desarrolló entre los años 2005 y 2015 una serie de espacios de carácter socio-cultural, asistencial y deportivo que incluían desde una biblioteca hasta un nuevo comedor y laboratorio de salud.
Todos las propuestas proyectadas y construidas que complementaron el conjunto fueron realizadas utilizando estructuras metálicas ligeras, membranas de aluminio y cristal. Las soluciones buscan dar respuesta a la exposición solar y al problema acústico producido por la cercanía de la transitada avenida caraqueña.
Una vista del edificio sede de PDVSA y el Ministerio del Poder Popular para la Energía y el Petróleo, desde la avenida Libertador, a la altura de la urbanización La Campiña.
Radic, la ciudad de la sospecha y la arquitectura frágil
Iván González Viso
El reciente Premio Pritzker de Arquitectura 2026, otorgado al chileno Smiljan Radic, ratificó mi interés por este arquitecto al que tuve la fortuna de conocer personalmente en 2017. Su reconocimiento con el Nobel de la Arquitectura me llevó a volver a escuchar su entrevista en Youtube* con el notable escritor y comunicador Christian Warnken, con motivo de la presentación del libro Obra Gruesa: arquitectura ilustrada por Smiljan Radic, editado por Ediciones Puro Chile y bellamente diseñado con maestría en Caracas por Álvaro Sotillo y Gabriela Fontanillas.
Radic, que desde 2017 dirige la Fundación Arquitectura Frágil junto a su esposa, la escultora Marcela Correa para impulsar la arquitectura experimental e improbable, habla de los retos de proyectar en contextos angustiantes, limitados y restringidos donde la incertidumbre y la sospecha llevan a blindar la obra en exceso para “prevenir”, cargándola y protegiéndola más de la cuenta. Contextos como el nuestro, donde el miedo instalado en la ciudad ha definido por décadas el carácter, la materialidad y la dureza de nuestra arquitectura.
Restaurante Mestizo, Santiago, 2007.
Radic cuenta que le tocó trabajar en un barrio chileno al que “solo se podía entrar siendo familiar o ladrón, nunca como ciudadano”. Esa frase me resonó con fuerza al pensar en Caracas y las grandes ciudades venezolanas, donde nuestra libertad para recorrer el espacio público —más allá de los barrios cerrados— se ha reducido drásticamente por esa urgencia de prevenir, ocultarse y protegerse, de “estar pendiente”, llegando al extremo en algunos casos de tener que argumentar la razón para poder tomar fotos libremente.
Pero nuestro miedo ha ido más allá: nos ha obligado a preverlo todo, sin dejar nada al azar, convirtiendo la vulnerabilidad en un factor excluyente de nuevas posibilidades. El temor ha sepultado la posibilidad de construir desde lo frágil, lo sencillo y, muchas veces lo sensato, sin renunciar a la permanencia de la obra. En un entorno sin códigos claros como el nuestro, nadie en su sano juicio optaría por alternativas constructivas distintas al bloque, el cemento y el acero tradicionales, obsesionados con qué reja poner o hasta dónde levantar los muros del perímetro de la propiedad. Si sumáramos los metros cuadrados de todos los muros de frente que limitan las propiedades de Caracas quizás podríamos construir una ciudad equivalente a la que tenemos o más. A su vez, un cálculo simple con lápiz y números bien podría revelar que nuestros edificios, en términos de peso, costo y eficiencia, están entre los peores del mundo. Este enfoque en el caso venezolano se suele justificar con la escasez y disponibilidad de materiales locales, la llegada irregular de los importados —siempre a merced de lo que “hay”— el costo por metro cuadrado, la inflación desbordada o el argumento sísmico.
Teatro Regional del Bio Bio Concepción, 2018.
Sin embargo, en la realidad chilena, bastante menos complicada y más avanzada, Radic narra que el argumento sísmico ya no es un problema. En Chile, los edificios contemporáneos resisten, como probó el terremoto de 8,8 grados que azotó Santiago en 2010, demostrando que el cálculo estructural y la construcción flexible y ligera ha avanzado lo suficiente para garantizar estabilidad ante las grandes catástrofes. Así la visión de Radic busca desafiar la gravedad con edificios detonantes de la realidad. Pienso en el Restaurant Mestizo de 2007, donde grandes rocas parecen sostener la estructura y desafiar el equilibrio, o en el Teatro Regional del Bío-Bío, inaugurado en 2018, que con una estructura ligera desmonta las convenciones de permanencia y resistencia, abriendo grados de experimentación que no suelen ser comunes en la arquitectura pública. En nuestro medio, esa “arquitectura frágil” —que busca ligereza estructural, la desmaterialización e integración con el entorno mediante estructuras mínimas y delgadas, como en la escuela japonesa— ha estado sepultada por años como una opción viable por el exceso. Pareciera que el oxímoron de Mies van der Rohe, “menos es más”, no cabe en nuestro medio ante la necesidad y el miedo. Nos tomará años recuperar la ciudadanía y atrevernos a experimentar con lo frágil. Pero antes hay que transparentar los límites entre lo público y lo privado, y abandonar poco a poco la ciudad de la sospecha.