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COTA MIL 3

Radic, la ciudad de la sospecha y la arquitectura frágil

Iván González Viso

El reciente Premio Pritzker de Arquitectura 2026, otorgado al chileno Smiljan Radic, ratificó mi interés por este arquitecto al que tuve la fortuna de conocer personalmente en 2017. Su reconocimiento con el Nobel de la Arquitectura me llevó a volver a escuchar su entrevista en Youtube* con el notable escritor y comunicador Christian Warnken, con motivo de la presentación del libro Obra Gruesa: arquitectura ilustrada por Smiljan Radic, editado por Ediciones Puro Chile y bellamente diseñado con maestría en Caracas por Álvaro Sotillo y Gabriela Fontanillas.

Radic, que desde 2017 dirige la Fundación Arquitectura Frágil junto a su esposa, la escultora Marcela Correa para impulsar la arquitectura experimental e improbable, habla de los retos de proyectar en contextos angustiantes, limitados y restringidos donde la incertidumbre y la sospecha llevan a blindar la obra en exceso para “prevenir”, cargándola y protegiéndola más de la cuenta. Contextos como el nuestro, donde el miedo instalado en la ciudad ha definido por décadas el carácter, la materialidad y la dureza de nuestra arquitectura.

Restaurante Mestizo, Santiago, 2007.

Radic cuenta que le tocó trabajar en un barrio chileno al que “solo se podía entrar siendo familiar o ladrón, nunca como ciudadano”. Esa frase me resonó con fuerza al pensar en Caracas y las grandes ciudades venezolanas, donde nuestra libertad para recorrer el espacio público —más allá de los barrios cerrados— se ha reducido drásticamente por esa urgencia de prevenir, ocultarse y protegerse, de “estar pendiente”, llegando al extremo en algunos casos de tener que argumentar la razón para poder tomar fotos libremente.

Pero nuestro miedo ha ido más allá: nos ha obligado a preverlo todo, sin dejar nada al azar, convirtiendo la vulnerabilidad en un factor excluyente de nuevas posibilidades. El temor ha sepultado la posibilidad de construir desde lo frágil, lo sencillo y, muchas veces lo sensato, sin renunciar a la permanencia de la obra. En un entorno sin códigos claros como el nuestro, nadie en su sano juicio optaría por alternativas constructivas distintas al bloque, el cemento y el acero tradicionales, obsesionados con qué reja poner o hasta dónde levantar los muros del perímetro de la propiedad. Si sumáramos los metros cuadrados de todos los muros de frente que limitan las propiedades de Caracas quizás podríamos construir una ciudad equivalente a la que tenemos o más. A su vez, un cálculo simple con lápiz y números bien podría revelar que nuestros edificios, en términos de peso, costo y eficiencia, están entre los peores del mundo. Este enfoque en el caso venezolano se suele justificar con la escasez y disponibilidad de materiales locales, la llegada irregular de los importados —siempre a merced de lo que “hay”— el costo por metro cuadrado, la inflación desbordada o el argumento sísmico.

Teatro Regional del Bio Bio Concepción, 2018.

Sin embargo, en la realidad chilena, bastante menos complicada y más avanzada, Radic narra que el argumento sísmico ya no es un problema. En Chile, los edificios contemporáneos resisten, como probó el terremoto de 8,8 grados que azotó Santiago en 2010, demostrando que el cálculo estructural y la construcción flexible y ligera ha avanzado lo suficiente para garantizar estabilidad ante las grandes catástrofes. Así la visión de Radic busca desafiar la gravedad con edificios detonantes de la realidad. Pienso en el Restaurant Mestizo de 2007, donde grandes rocas parecen sostener la estructura y desafiar el equilibrio, o en el Teatro Regional del Bío-Bío, inaugurado en 2018, que con una estructura ligera desmonta las convenciones de permanencia y resistencia, abriendo grados de experimentación que no suelen ser comunes en la arquitectura pública. En nuestro medio, esa “arquitectura frágil” —que busca ligereza estructural, la desmaterialización e integración con el entorno mediante estructuras mínimas y delgadas, como en la escuela japonesa— ha estado sepultada por años como una opción viable por el exceso. Pareciera que el oxímoron de Mies van der Rohe, “menos es más”, no cabe en nuestro medio ante la necesidad y el miedo. Nos tomará años recuperar la ciudadanía y atrevernos a experimentar con lo frágil. Pero antes hay que transparentar los límites entre lo público y lo privado, y abandonar poco a poco la ciudad de la sospecha.

*La entrevista completa puede verse en: (https://www.youtube.com/watch?v=4pK4hMgrcDU&list=PLpZjXok-yMOX7IIDdEihG4CyfEVQm5s0x&index=9&t=2851s)

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Habitaré mi nombre

Smiljan Radic

Puente Editores

2022

Sinopsis

Después de la compilación Cada tanto aparece un perro que habla y otros ensayos (Puente editores, Barcelona, 2018), Smiljan Radić ha seguido escribiendo textos breves como una actividad paralela a su ejercicio profesional como arquitecto.

En esta breve recopilación, Habitaré mi nombre, Radić nos habla de la reparación como una de las posibilidades del habitar contemporáneo, y de las casas que le interesan y de las que odia.

Smiljan Radic (Santiago de Chile, 1965) es arquitecto por la Pontificia Universidad Católica de Chile y continuó sus estudios en el Istitutto Universitario di Architettura di Venezia (UIAV). Desde 1995 tiene su estudio propio en Santiago de Chile. Su obra se ha exhibido en numerosas exposiciones, como Global Ends (Galería Ma, Tokio, 2010), la XII Bienal de Arquitectura de Venecia (2010; con Marcela Correa), Un ruido naranjo (Hiroshima, 2012), The Wardrobe and the Mattress (Tokio, 2013; con Marcela Correa) e Ilustraciones (Santiago de Chile, 2013)

También ha sido objeto de diversas monografías.

ACA

HA SIDO NOTICIA

Chile descarta el diseño de Smiljan Radic, Cecilia Puga y Paula Velasco para su pabellón en la Expo Dubai 2020

Nicolás Valencia

23 de septiembre 2021

Tomado de Plataforma Arquitectura

A mediados de 2019, y en tiempo récord, Chile realizó un concurso de ideas para el pabellón nacional en la Expo Dubai 2020. Entre 24 proyectos, el diseño ganador fue el presentado por los arquitectos Smiljan Radic, Cecilia Puga y Paula Velasco.

La propuesta consistía en trasladar y adaptar en Dubái un galpón modular de lamelas de roble, original de mediados del siglo XX. En el momento de su presentación en 2019, los arquitectos lo definieron como «una marca primitiva sobre el suelo, tal y como lo han hecho por siglos las tribus nómades en este desierto hoy globalizado. Esta dimensión física y cultural es necesaria para habitar el Pabellón País de Chile como un espacio amable y austero».

Sin embargo, debido a la crisis social en Chile y la posterior pandemia global, las autoridades del país sudamericano decidieron restarse de la exposición el año pasado, ante lo cual, según informó Diario Financiero en junio, el país anfitrión ofreció un galpón para permitir su participación.

Con un presupuesto total de 2 millones de dólares para las 18 semanas de la muestra -un 8% de la inversión original de Chile en la Expo, según los organizadores- el diseño de Radic, Puga y Velasco fue descartado y en su reemplazo, un galpón de 600 m2 que asemeja ser una base antártica será la presentación del país en la Expo.

«Lamentablemente, las pandémicas circunstancias desviaron los fondos hacia otras prioridades y la arquitectura quedó en segundo plano, dando paso a un edificio sin identidad propia ni representatividad local facilitado por Dubái a nuestro país», escribió Yves Besançon, director del concurso del pabellón en 2019, en una carta publicada en Diario Financiero.

La Expo Dubai 2020 abre sus puertas el 01 de octubre de 2021 y se mantendrá abierta hasta el 31 de marzo de 2022.

ACA

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

OBRA GRUESA

Arquitectura Ilustrada por Smiljan Radic

Smiljan Radic (ed.)

Ediciones Puro Chile/Hatje Cantz

2020

292 páginas

28 x 29 cms.

Bilingüe español/inglés

Diseño de la encuadernación, concepción gráfica y diseño: Álvaro Sotillo

Diseño Gráfico: Gabriela Fontanillas.

Tipógrafo: Luis Giraldo.

Nota de los editores
En los últimos años, Smiljan Radic se ha convertido en uno de los arquitectos más reconocidos en el mundo por la extravagancia de su obra, su “contribución significativa a la arquitectura como arte” como lo reconoció el premio Arnold W. Brunner de la Academia de Artes y Letras de EEUU, el año 2018. 
OBRA GRUESA, escrito en su mayoría por el mismo Radic, es una compilación de una parte esencial de su trabajo. Smiljan comparte sus pensamientos, inspiraciones, héroes, y una selección de 24 obras claves que permiten entender la obra completa del arquitecto.

“En ella encuentras un título robado y cuentos de otros, escritos, proyectos frustrados, dibujos o garabatos, ejercicios académicos, alegres edificios en uso, otros ya desaparecidos y muchos planos de ingeniería. Todo forma parte de lo que he podido construir hasta el año 2015 —un pasado que toma hoy una posición natural y expectante en mi trabajo presente, como si fuera EL RECUERDO DE UN OLVIDO—”.

Smiljan Radic

Nota adicional
El lanzamiento de OBRA GRUESA se produjo el pasado jueves 9 de enero en el Centro Cultural El Tranque, Lo Barrenechea, Región Metropolitana, Chile.

Por otra parte hemos obtenido otra nota complementaria relacionada al libro en la que se señala lo siguiente: “El título es una cita a la obra que reunió los primeros siete libros del poeta Nicanor Parra. En el ‘Poema de Chile’, uno de los últimos de ese libro, Parra dice: ‘creemos ser país y la verdad es que somos apenas paisaje’. Pero obra gruesa es también el término de la fase principal de una construcción, cuando su estructura ya se sostiene en pie y, a veces, señala el autor en la página inicial de este libro, se malentiende obra gruesa como algo que puede realizarse con defectos corregibles más adelante, en la etapa de terminaciones. Pero esta obra, gruesa en páginas, no es ni lo uno ni lo otro, sino un libro extraordinario, que suscitará premios y elogios durante muchos años, pues marca un hito en el desarrollo editorial de Chile. Los detalles de su encuadernación hacen la primera diferencia, con su tapa dura entelada y a la vez plisable y sus páginas dobles en papel Stora Enso de 80 g. que no acusan costura alguna. La impresión revela la sutileza y calidad de la hexacromía, permitiendo lucir cada línea y cada detalle de las fotografías, dibujos, bocetos y hasta garabatos, con impecables tratamientos del color y elegante audacia gráfica (salida de la mano del reconocido diseñador venezolano Alvaro Sotillo) para presentar los numerosos proyectos de esta arquitectura que nace en un pensamiento superior”.

ACA

HA SIDO NOTICIA

Smiljan Radic,

Premio Arnold W. Brunner

Pedro Bahamondes Ch.

Tomado de http://www.latercera.com/cultura/noticia

8 de mayo de 2018

Smiljan Radic, arquitecto chileno: “No se puede hablar del buen momento de la arquitectura chilena si no existen buenas herencias”

El 23 de mayo recibirá en Nueva York el premio Arnold W. Brunner que acaba de otorgarle la Academia de Artes y Letras de EEUU, por su «contribución significativa a la arquitectura como arte».

Lo extravagante suele desplazar lo primitivo, pero no para Smiljan Radic. Más bien es al revés: tanto en las obras que expuso en la Bienal de Venecia de 2010 o la Serpentine Gallery de Londres en 2014 y, más próximos aún, en sus diseños del restaurante Mestizo, la remodelación del Museo Chileno de Arte Precolombino, el centro cultural Nave o el luminoso y recién inaugurado Teatro del Biobío, en Concepción, la fusión de materiales rústicos como la piedra, madera y cobre, con la fragilidad de una geometría atípica y que rompe con el espacio, lo han convertido, a sus 52 años, en uno de los arquitectos chilenos de mayor renombre en el mundo.

Por eso, cuando el miércoles pasado la Academia de Artes y Letras de EEUU anunció a los ganadores de los premios que entrega anualmente desde 1955 -y que recaen en escritores, compositores, artistas y arquitectos- el nombre de ascendencia croata de Radic, formado en la UC y el Instituto de Arquitectura de Venecia, apareció con energía propia. “El crea fuertes espacios atmosféricos que resuenan profundamente y trascienden lo visual”, escribió en el acta oficial la arquitecta alemana y presidenta del jurado Annabelle Selldorf, quien junto a otros 32 miembros de la institución decidieron otorgarle el Premio Arnold W. Brunner 2018 por su “contribución significativa a la arquitectura como arte”.

Pero desde el piso 20 de la Torre Santa María, donde el arquitecto levantó su oficina en los 90 y donde hoy trabaja junto a un selecto equipo de cinco personas, incluido él, Radic se oye cauto: “Me enteré hace unos dos meses del premio. Siempre es así: primero te llaman para saber si lo aceptas y una vez que lo haces se anuncia”, cuenta. “Son 200 y tantos miembros los de la Academia, y ellos presentan y postulan a los candidatos, no son concursos abiertos. En mi caso no sé quién lo habrá hecho, pero le mando a decir que me siento muy honrado de que se reconozca mi trabajo”, agrega.

Dotado de 20 mil dólares ($ 12 millones), el premio lleva el nombre del estadounidense que diseñó la imponente Congregación Shearith Israel frente al Central Park, y recayó antes en su coterráneo Richard Meier (1972) y el japonés Toyoo Itō, entre otros. Radic, en tanto, único extranjero galardonado en esta pasada, se convirtió en el primer chileno en obtenerlo además, y el próximo miércoles 23 de mayo, dice, viajará a Nueva York para la premiación.

Ud. suele decir que lo suyo es la arquitectura y no el arte, pero el premio resalta su contribución como arquitecto a esta última…

Es por llamarlo de alguna manera, pero yo diría que no es esa la traducción literal o, al menos, la que más me gusta. Yo soy arquitecto, no artista, pero hoy los límites entre una y otra parecen cada vez más difusos. Me parece que el premio distingue más bien la arquitectura vista desde el punto de vista de la creación y no en su lado más duro. Siguiendo esa línea, que lo reconozcan a uno quiere decir que mi trabajo no está enclaustrado en sí mismo y que juega a desplazar aún más esos límites.

¿En qué proyectos trabaja hoy?

En Chile, en ni uno por ahora. Estamos renovando un edificio en Londres, inauguraremos una capilla en Venecia y estamos también con un pequeño hotel en España y una casa en Lima. Pero son cosas para ocupar a las cinco personas que somos en la oficina, nada más que eso.

Su obra más reciente en Chile es el Teatro del Biobío, ¿es la más pública que ha hecho en nuestro país?

Más pública en términos de uso e imaginario, sí. Ahora, si uno ve la extensión del Museo Precolombino, también es una obra pública importante, aunque de menor tamaño. Nave también, pero siempre son obras públicas asociadas a privados. Este teatro, sin embargo (una estructura de seis pisos y 9.786 metros cuadrados, con capacidad para 1.200 espectadores) , posee el gran valor y desafío de ser una obra pública con gestión y administración que van a ser públicas también. Y el proyecto, que tardó cinco años, tenía otro componente aún más especial, porque a ese lugar se le había tratado de conquistar en varias oportunidades, a través de esculturas y memoriales. Y que aparezca este teatro en el borde del río, que debe ser de los más grandes y fastuosos que hay en Chile, es un intento por recuperar esa zona de la ciudad. Así y todo, es difícil que un solo edificio pueda lograrlo; puede llamar la atención y poner el acento sobre todo por las actividades que pueden desarrollarse ahí, pero es muy difícil que por sí mismo logre detonar algo más importante.

Cuando Alejandro Aravena (ex compañero suyo en la UC) ganó el Pritzker en 2016, se habló del “buen momento” de la arquitectura chilena. ¿Cómo lo ve Ud.?

Yo creo que no se puede hablar del buen momento de la arquitectura chilena si no existen las buenas herencias ni un futuro. Y eso es lo que las instituciones deberían atender hoy; de que si hay 10, 20 o 30 personas haciendo cosas buenas, se debe repensar cómo ese legado puede profundizarse. Los premios siempre serán excepciones, pero las excepciones por lo general no ayudan mucho. Y yo soy más de la idea de que es mejor tener un buen promedio que solo buenas excepciones.

ACA