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El Concurso Nacional de Arquitectura del Teatro Metropolitano de Barcelona, estado Anzoátegui, es el único de verdadera importancia que se registra durante el año 2003 en Venezuela. Promovido desde la Gobernación del estado que en aquel momento encabezaba David De Lima, con el llamado se buscaba resolver una necesidad acuciante para Barcelona, su capital, para lo cual se seleccionó un amplio terreno cercano a su casco central frente a la Plaza de la Gobernación en el cruce de la avenida Caracas con la calle Monagas.
A la convocatoria pública hecha a comienzos de año, respondieron un total de 19 arquitectos o equipos profesionales, cuyas propuestas fueron evaluadas los días 11 y 12 de abril por el jurado conformado por: Tomás Lugo, Azier Calvo, Edwin Erminy, Eduardo Guzmán, Alejandro Castillo y Kiddio España.
Una vez chequeado el cumplimiento de los requisitos de entrega y las pautas establecidas en la convocatoria, cada miembro del jurado examinó los trabajos de forma individual “tomando como base la valoración de los respectivos aportes que se evidenciaban tanto en lo urbano como en lo arquitectónico, pasando por el interés mostrado por cada concursante en enmarcar sus alcances dentro de los criterios de racionalidad, factibilidad y economía sugeridos por los organizadores del concurso”, tal y como reza en el veredicto emitido por el jurado.
Para finalizar la primera sesión del día 11, y luego de la correspondiente discusión e intercambio de ideas, el jurado preseleccionó cuatro trabajos identificados con números que luego serían sometidos a la evaluación de credenciales pautada para el día siguiente. Llevada a cabo la revisión de credenciales, se procedió a cerrar la evaluación de los trabajos preseleccionados, resultando “seleccionado ganador por unanimidad el identificado con el número 21, representado por el equipo Nómadas Taller de Arquitectura y Diseño C.A. dirigido por los arquitectos José Farid Chacón, Francisco Mustieles, Lourdes Peñaranda y Claudia Urdaneta”.
Además, el jurado decidió, también por unanimidad, “otorgar Mención Honorífica en estricto orden a los siguientes trabajos:

Gracias a la memoria descriptiva que nos facilitara Francisco Mustieles, miembro del equipo ganador, encontramos que la propuesta del teatro fue visualizada como “una plaza entre bastidores”. De tal forma, buscado minimizar al máximo la frecuente imagen de hermetismo que la tipología teatral presenta, poco amigable y muchas veces alejada de todo compromiso urbano, “la propuesta trata de desvelar lo sagrado de las representaciones teatrales, ofreciendo la opción de abrir el auditorio mediante planos transparentes, y seccionando ‘la fábrica’ (el lugar de producción del espectáculo) para mostrársela a la ciudad”.
Ese afán por mostrar las actividades de preparación y producción de un evento, permitirá hacerlo partícipe de la cotidianidad del espacio urbano, “y permitir el ingreso de éste en el edificio: la ciudad, el público y el teatro se abrazan para crear juntos la mejor función y el mejor afiche”, afirmarán los proyectistas.

Buscando aprovechar al máximo la escénica ubicación que posee el terreno, la propuesta se basa en desarrollar vistas abiertas mediante un envoltorio transparente que permite al visitante “disfrutar del parque y sus alrededores, al mismo tiempo que él se convierte en centro de atención para el público en la calle”. La condición de transparencia impregnará también el muro posterior del auditorio lo cual permitirá integrarlo visualmente al vestíbulo.
“Sin embargo, para ciertos tipos de representación (ópera, cine, teatro), estas vistas abiertas pueden ser limitadas o hasta cerradas”, contemplándose que el teatro en su conjunto (auditorio, fábrica y vestíbulo) permanezca visualmente desvelado a la ciudad para ciertas representaciones.
En cuanto a su ubicación sobre el parque que limita al sur la Plaza de la Gobernación, se buscó que la separación planteada de los componentes de «la fábrica» produjera el menor impacto sobre la vegetación existente.
Por otro lado, “el ordenamiento del conjunto en escuadra reafirma los ejes de composición fundacional de la ciudad, establecidos en las Leyes de Indias. A su vez, los dos brazos en ángulo recto de esta escuadra, intersectados y desarrollados a partir de la esquina en la que se cruzan la avenida Caracas y la calle Monagas, no pretenden constituirse en barreras, ya que éstas no existían en el sitio; cada brazo busca entablar un nuevo diálogo:
Con estos recursos el nuevo edificio no anula las percepciones previas existentes en la Plaza de la Gobernación, proponiendo a su vez una nueva conciliación de los bordes sur y oeste de la misma”.

La amplia información gráfica ofrecida también por Mustieles, permite apreciar con claridad la manera como se resolvieron todos los aspectos recogidos en la memoria descriptiva. De ella hemos seleccionado por razones de espacio lo que hemos considerado puede reflejar de mejor manera la relación entre el concepto y la propuesta. El Teatro Metropolitano de Barcelona proyectado por Nómadas Taller de Arquitectura y Diseño C.A. (NMD), equipo que ha cosechado desde 1999 una exitosa trayectoria con sede principal en Maracaibo (ver https://www.nmdnomadas.com/), lamentablemente, pasó a engrosar la larga lista de propuestas ganadoras de concurso que en nuestro país no han culminado con su realización, perdiéndose una vez más la oportunidad de que una importante ciudad cuente con un edificio de excepción.
ACA
Procedencia de las imágenes
Todas. Cortesía de Francisco Mustieles y https://www.nmdnomadas.com/work

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Cuando el artista plástico, diseñador y profesor universitario Cornelis Zitman (Leiden,1926- Caracas, 2016), toma la decisión a comienzos de los años 60 del siglo XX de buscar un lugar alejado del mundanal ruido caraqueño en el que construir tanto su vivienda como su taller de trabajo, encuentra en las ruinas del antiguo molino de caña de azúcar de la Hacienda La Trinidad, ubicada entre los pueblos de Baruta y El Hatillo, el lugar ideal.
Zitman llega en 1947 a Venezuela procedente de los Países Bajos a bordo de un petrolero sueco con 21 años, luego de haber finalizado sus estudios en la Academia de Bellas Artes de La Haya y de rehusarse a hacer el servicio militar por estar en desacuerdo con las acciones políticas holandesas en Indonesia. A su llegada, se instala en la ciudad de Coro, donde encuentra empleo como dibujante técnico en una empresa constructora. En su tiempo libre pinta y hace sus primeras incursiones en el campo de la escultura. Dos años después se traslada a Caracas, donde fue empleado por Promociones y Decoraciones Dibo (DecoDibo), que hacía muebles por encargo y en la que alcanzó el puesto de director técnico de la fábrica ubicada en Quinta Crespo. Allí comenzaría a diseñar muebles y años más tarde, fundaría los talleres Zitman C.A. En 1951 recibe el Premio Nacional de Escultura y comienza a dar clases de diseño en la Universidad Central de Venezuela. En 1954 los talleres Zitman C.A. fueron absorbidos por la empresa Tecoteca (Tepuy Compañía Técnica C.A.), que también importaba equipos para arquitectos y llegó a tener tiendas en Caracas, Maracaibo, Valencia y Maracay.


En 1958, Zitman expone un conjunto de pinturas y dibujos en la Galería de Arte Contemporáneo de Caracas. Decide abandonar la vida de empresario y se muda a la isla de Grenada, donde se dedica por completo a la pintura y comienza a afirmar su carácter de escultor. En 1961 viaja a Boston, Estados Unidos, para participar en una exposición de pintura y diseño. Ese mismo año regresa a Holanda con el deseo de estudiar las técnicas de fundición. En 1964 trabaja como aprendiz en la fundición del escultor Pieter Starreveld y regresa definitivamente a Venezuela contratado, de nuevo, por la Universidad Central como profesor de diseño.
Por tanto, es 1964 el momento en que Zitman emprende la búsqueda que lo lleva a instalarse en 1965 en la vieja ruina, cuyos orígenes se remontan al siglo XVIII (1759), cuando el Padre Ignacio Rengifo Pimentel era el dueño de la hacienda que para la época se hacía llamar Hacienda San Pedro y San Pablo, en momentos en que se iniciaban los cultivos de la caña de azúcar en el valle de Baruta y cuyo último lote, ya bajo la denominación de Hacienda La Trinidad, fue producido para los años de 1945, justo cuando se le da el golpe de estado a Isaías Medina Angarita.

Si bien podría considerarse que lo construido originalmente en el lugar se trata de un conjunto, conformado por la antigua casa de hacienda, el trapiche y los siete cubos que constituían los secaderos para el tabaco, Zitman para resolver su casa-taller se acopla a las ruinas del antiguo molino del que quedaba como elemento original el torreón, cuatro paredes internas y una rueda hidráulica los cuales aprovecha para ir labrando, cuan escultor que era, su refugio íntimo mediante toda una aventura constructiva de carácter progresivo.

En esta «casa imposible» como la calificaría Zitman en 1973 cuando fuera publicada en la Revista CAV nº 34, hecha poco a poco en la medida de sus posibilidades y de su tiempo, y que ya hoy puede considerarse como un verdadero museo, se ponen de relieve por un lado el contacto que este escultor siempre tuvo con la arquitectura y sus aspectos constructivos, y por el otro la libre interpretación que hace de la tradición y la historia que transpira el sitio que ocupa. Rodeada por una espesa vegetación, la casa-taller de Zitman se trata de uno de esos edificios difíciles de fotografiar externamente, pero en el que su sensible tratamiento espacial, cromático y lumínico lo convierten en toda una experiencia fenomenológica llena de sorpresas. En ella es posible identificar el aprovechamiento e integración que se hizo de las viejas ruinas en pro las de mejoras «modernas» posteriores, mediante un minucioso análisis de la tradición constructiva venezolana: techos de caña amarga, ladrillos criollos, muros de mampostería, aleros con trabas entre pares y canecillos, pies derechos, rejas y matas. Podríamos afirmar que en esta intervención se produce, de la mano de un hacedor de origen extranjero que no era arquitecto, una cierta “nacionalización” si se quiere menos académica, más localista pero igualmente significativa de los alcances que una reinterpretación cultural plena puede tener y en la que la condición del intérprete, su sensibilidad y su procedencia juegan positivamente un papel de primer orden.



La casa está llena de detalles que denotan la estrecha relación que Zitman siempre tuvo con la arquitectura. Como bien expresará Iván González Viso en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015): “La casa de ladrillos, muros de adobe color ocre, techos de caña amarga y madera se organiza alrededor del patio del trapiche, con galerías, donde destaca la chimenea como elemento vertical. Su interior está habitado por sus características esculturas: figuras femeninas plasmadas en diversas situaciones cotidianas”.
En la parte norte del torreón hay una terraza donde se puede ver los secaderos de Hacienda La Trinidad, el edificio de la P&G y en días despejados el Ávila. En la parte trasera de la estructura se encuentra el taller, una amplia área de trabajo a doble altura con grandes tragaluces que dan una confortable sensación de amplitud y donde Zitman daba libertad a su capacidad creativa, sin dejar de lado la experimentación, con piezas poco convencionales como armazones de carros, transformándolas y cambiándoles su uso. Allí reposan prototipos y moldes de yeso de diferentes esculturas.
Graziano Gasparini en Casa venezolana (1992), al referirse al refugio de Zitman expresó: “El resultado es toda una sucesión de sorpresas visuales en las que se identifican viejos pilares, muros, rafas y la chimenea del viejo trapiche. Todo lo aprovechable fue aprovechado y lo nuevo se integró al antiguo con respeto y armonía. Parece que la casa fue así desde siempre”.


Zitman, quien junto a su esposa Vera Roos vivió en «El Trapiche» hasta su fallecimiento el año 2016, vio desde su recinto el afortunado surgimiento a partir de 2011 de lo que hoy se como la Hacienda La Trinidad Parque Cultural en los terrenos de la antigua Hacienda La Trinidad.
Como se recoge en https://haciendalatrinidad.org/quienes-somos/, dentro del parque cultural, “en la antigua Casa de Semillas funciona un centro de salud alternativa; en la Casa de Hacienda se desarrollan exposiciones y eventos culturales; el Trapiche corresponde al taller y residencia del artista Cornelis Zitman; en los siete secaderos hacen vida una tienda especializada en artesanía tradicional y diseño contemporáneo, una galería de arte contemporáneo, un café-restaurante, un espacio de alquiler para eventos corporativos, un laboratorio dedicado a la investigación sobre el cacao, una librería y un recinto para el incentivo y la práctica de la fotografía”.
También, en la misma página se puntualiza: “Hacia 1950 cesó la actividad agrícola a gran escala. En pocas décadas, las antiguas haciendas se fueron convirtiendo en modernas urbanizaciones, con la consecuente desaparición de un viejo modo de vida y de una arquitectura a él asociado. La Hacienda La Trinidad no fue una excepción, pero sí fue objeto de una decisión afortunada y única tomada en 1970: la preservación de los 15.000 m2 que albergaban sus principales construcciones y su marco natural como un refugio para la memoria histórica. En 2005, esta disposición sería corroborada cuando el Instituto del Patrimonio Cultural declarase esta propiedad como Bien de Interés Cultural del Municipio de Baruta. Para el año 2011 abre al público Hacienda La Trinidad Parque Cultural, un centro cultural y patrimonial concebido para fomentar el arte, la historia y la cultural venezolana y lo consoliden como parte importante de un circuito de turismo cultural que contribuya positivamente al cambio social, educativo y cultural de la comunidad”.

Hoy en día la casa-estudio de Zitman se ha convertido en un lugar casi mítico donde sus esculturas cobran vida en cada espacio, pareciendo que fueron creadas o que nacieron en cada punto donde están ubicadas. El sol y el paso del tiempo corren por ellos sin dejar mayor huella.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal. http://guiaccs.com/obras/el-trapiche-2/
2. https://m.facebook.com/media/set/?set=a.1341211965951931.1073741844.147186205354519&type=3
3. Revista CAV, nº34, 1973 y https://haciendalatrinidad.org/
4. Revista CAV, nº 34, 1973.
5. Graziano Gasparini, Casa Venezolana, 1992.
6. https://haciendalatrinidad.org/
7. https://entrerayas.com/2016/01/una-butaca-de-cornelis-zitman-por-gregory-vertullo/

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