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¿SABÍA USTED …

… que el año 1967, en el marco de la III Bienal Nacional de Arquitectura, Tomás José Sanabria (1922-2008) obtiene el Premio Nacional por el Edificio Sede del Banco Central de Venezuela?

1. Vista del edificio sede del Banco Central de Venezuela. Tomás José Sanabria. 1960-1967

El premio otorgado a este emblemático edificio hace ya 50 años, obliga a matizar varios aspectos vinculados por un lado a la historia de la institución que alberga y, por el otro, a su consideración de punto más alto dentro de la producción arquitectónica de su autor.
Así, bueno es recodar que el Banco Central de Venezuela (BCV) se creó mediante una ley promulgada el 8 de septiembre de 1939, durante la presidencia de Eleazar López Contreras. Su primera sede, ubicada entre las esquinas de Veroes y Jesuitas abrió sus puertas al público el 15 de Octubre de 1940 y allí se inició el proceso de unificación que conllevó el canje de billetes emitidos con anterioridad por los bancos comerciales autorizados, por los nuevos billetes emitidos desde la nueva entidad. La inauguración del BCV la lleva a cabo López Contreras el 1° de enero de 1941 siendo aún Presidente de la República.

2. Vista de la segunda sede (primera sede propia) del Banco Central de Venezuela (demolida). Gustavo Wallis L. 1946

El 19 de octubre de 1943, bajo la presidencia de Isaías Medina Angarita, se colocó la primera piedra para la construcción de un edificio propio, de sólida presencia urbana, sobria volumetría y claros rasgos academicistas, proyectado el año anterior por el arquitecto Gustavo Wallis L., ubicado en la avenida Urdaneta, esquina de Carmelitas entre las calles Norte 2 y Oeste 1, el cual se concluye en 1946.
La expansión de las actividades provenientes del rápido crecimiento económico del país, demandaron una mayor capacidad de las bóvedas del edificio proyectado por Wallis y óptimas condiciones de seguridad de las que carecía, lo cual obliga hacia la mitad de la década de los cincuenta a planificar una nueva sede, cuyo proyecto se le asigna, una vez caída la dictadura de Pérez Jiménez, a Tomás José Sanabria.
El propio arquitecto (a través de lo recogido en tomasjosesanabria.com, página que construye con esmero su hija Lolita Sanabria) así nos revela el inicio del proceso de concepción del edificio: “En 1958 fui llamado por el Presidente del Banco Central de Venezuela (BCV) para considerar el proyecto de su nueva Sede. Esta organización veía con preocupación su rol funcional frente a una economía creciente y en extremo exigente. El reto era inmenso y afortunadamente por la gran presión que se cernía sobre ese organismo, pasó un buen tiempo en el cual no hubo más contacto, lapso que aproveché para dedicarme a especular frente a dos realidades ¿Qué hacer con un centro de ciudad tan abandonado? ¿Cómo responder a una demanda tan significativa, carente de programa? Pasado un año me volvieron a contactar y en ese momento ya tenía presente alternativas y proposiciones que presentar. Se elaboró un Programa que nos orientó, tanto para la época como para las futuras expansiones, para la toma de conciencia en un eventual rescate ambiental del Centro Tradicional capitalino”.

3. Boceto de la relación entre la iglesia de Altagracia y el edificio sede del Banco Central de Venezuela. Tomás José Sanabria. 1960-1967

Así, Sanabria, inicia en 1961 el estudio que conllevó la elaboración el plan de diseño urbano para la zona y un “programa base” por etapas, concibiendo la primera (la que se conoce como “sede” del BCV, ubicada sobre el terreno ocupado por el anterior edificio -el cual sería demolido en 1960-), como un cuerpo bajo que fungiría para contener los más altos niveles de decisión del Banco y también parte de las bóvedas de seguridad y otros servicios específicos de la Institución. El edificio, cuya ejecución se inició en el mes de septiembre de 1963, es inaugurado en 1965 por el entonces Presidente de la República Raúl Leoni y finalizado en marzo de 1966. Tiene aproximadamente 27.000 metros cuadrados de construcción que comprenden cinco sótanos en la zona de estacionamiento, tres en la zona seguridad y de oficinas, la planta baja, la mezzanina, tres pisos generales para oficinas y un cuarto piso para comedores y sala de asambleas. Para la realización del proyecto de arquitectura Sanabria contó con la colaboración de su hermano Eduardo (con quien estuvo asociado entre 1963 y 1989) y de José María Freire.
El joven y a la vez experimentado Sanabria tuvo la oportunidad de mostrar en esta pieza cómo había evolucionado su comprensión de las edificaciones entendidas como elementos necesariamente vinculados al desarrollo urbano de la ciudad (“la arquitectura sin diseño urbano… no existe” será una frase que repetía con frecuencia), adaptadas al ambiente que las rodea y construidas con altos índices de calidad.

4. Banco Central de Venezuela. Tomás José Sanabria. 1960-1967. Vista de los jardines perimetrales
5. Banco Central de Venezuela. Tomás José Sanabria. 1960-1967. Vista del acceso

En efecto, cuando el jurado de la III Bienal Nacional de Arquitectura decidió otorgarle el Premio Nacional al edificio sede el BCV, lo hizo reconociendo los valores que esta obra llevaba asociadas al manejo de la escala urbana, del concreto armado como material clave en una tectónica que alcanza niveles de filigrana poniéndolo a trabajar a favor de una impecable racionalidad estructural y de su cuidadosa adecuación a las variables del medio. Podría decirse que junto a Villanueva, Sanabria marca, y la sede del BCV lo confirma, el desarrollo de una arquitectura “bien climatizada” que tiene en el concepto de environment (como diría Juan Pedro Posani) su más cabal síntesis. Es curioso detectar, además, como ambos maestros de nuestra arquitectura alcanzan puntos culminantes de su trayectoria recién cumplidos los 40 años, el primero al concebir el Centro Directivo y Cultural de la Ciudad Universitaria de Caracas y el segundo el edificio que aquí nos ocupa.

6. Segunda etapa de la sede del Banco Central de Venezuela (inaugurada en 1973). Tomás José Sanabria

Sobre la segunda etapa del conjunto BCV, la cual abarca lo que se denomina como la “torre financiera” de 26 pisos, inaugurada en 1973 por Rafael Caldera, valga decir que, sin alcanzar los niveles de calidad espacial y de escala que tiene la obra premiada (manteniendo, eso sí, altos estándares constructivos y ambientales), originalmente estuvo destinada a ser compartida con otros organismos afines al banco, tales como la Bolsa de Valores de Caracas, la Comisión Nacional de Valores y el Fondo de Inversiones de Venezuela y que está interconectada con el edificio sede con el cual forma una sola unidad arquitectónica y funcional, conformando entre ambos un efecto de demostración de la preocupación de Sanabria por dar luces en el desarrollo urbano del centro de Caracas.

ACA

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1, 4 y 5. https://tomasjosesanabria.com/2016/07/26/banco-central-de-venezuela-sede/

2. Galería de Arte Nacional. Wallis/Domínguez/Guinand. Arquitectos pioneros de una época, 1998

3 y 6. Galería de Arte Nacional. Tomás José Sanabria Arquitecto. Aproximación a su obra, 1995

¿SABÍA USTED…

… que el año 1955, entre el 19 y el 28 de septiembre, se realizó en Caracas el IX Congreso Panamericano de Arquitectos, promovido por la Federación Panamericana de Asociaciones de Arquitectos (FPAA)?

1. Sesión inaugural del IX Congreso Panamericano de Arquitectos realizada en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela. 1955

A escasos dos años de haber sido inaugurado el Centro Directivo y Cultural de la Ciudad Universitaria de Caracas, se llevó a cabo en sus espacios uno de los más importantes eventos internacionales realizados en el país.
Para comenzar, tal vez conviene recordar que el año 1920, en Montevideo, se organizó el primer Congreso Panamericano de Arquitectos proyectado inicialmente en 1916 y postergado hasta 1919, momento en el que el gobierno uruguayo asume el auspicio y expide las correspondientes invitaciones a los demás estados americanos, atendiendo a la misma: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Estados Unidos y Paraguay. En aquel primer encuentro se constituyó el Comité Permanente de los Congresos Panamericanos y, en 1950, durante el VII Congreso realizado en La Habana, se aprobó la creación de la Federación Panamericana de Asociaciones de Arquitectos (FPAA), con el cometido de “reunir formalmente a los arquitectos de todos los países americanos sin distinciones raciales, religiosas o políticas”.
Al de 1920 siguieron los Congresos de 1923 (Santiago de Chile, donde participa por primera vez Venezuela), 1927 (Buenos Aires), 1930 (Río de Janeiro), 1940 (Montevideo), 1947 (Lima), 1950 (La Habana), 1952 (Ciudad de México), hasta que Caracas se propone como sede del noveno en 1955. Al día de hoy van 25 ediciones siendo la última la de 2016 en Asunción, Paraguay.
Si tomamos en cuenta que los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (CIAM) se convocaron por primera vez en 1928 (La Sarraz, Suiza), podremos cotejar la condición pionera de la modesta y periférica iniciativa americana que en 1920 ya trataba temas como: el embellecimiento de la ciudad típica americana; el alojamiento rural; la enseñanza de arquitectura en escuelas dedicadas a su estudio; la creación de centros de arte panamericanos para la instrucción de arquitectos en todas las fases de su profesión; materiales de fabricación apropiados para los respectivos países americanos; la regulación de la profesión; el modo de fomentar la cultura artística y la comprensión de la arquitectura; y la responsabilidad profesional.
Influenciado por los aires provenientes de la postguerra europea, recogidos en los CIAM VIII (Hoddesdon, Inglaterra), centrado en el tema de “El corazón de la ciudad”, y IX (Aix-en-Provence, Francia), dedicado al hábitat, más el incipiente desarrollo en nuestro país de una cultura de la planificación, puesta a prueba por la “transformación del medio físico” que impulsaba el Nuevo Ideal Nacional perezjimenista, el IX Congreso Panamericano de Arquitectos adoptó como Tema General “La función social del arquitecto: el arquitecto y la planificación” y como Tema Principal “La planificación integral de los espacios de habitación”, con dos subtemas: Vivienda y Educación, Asistencia y Recreación. Se incorporaron a ellos una serie de “Temas libres” que tenían por finalidad ampliar la discusión sobre el eje central del evento.

2. Portada de «La arquitectura en Venezuela» (Mendoza & Mendoza editores), 1955

Al importante número de ponencias presentadas en locales cerrados se agregó el montaje en la Plaza Cubierta de una exposición dedicada a ilustrar a través de proyectos y obras el asunto central del Congreso y a mostrar a modo de posters las propias ponencias. La exhibición a escala industrial de los más novedosos materiales, equipos, maquinarias y procesos de construcción se ubicó en el Paseo de las Banderas. De esta exposición quedó una importante documentación impresa donde destaca la publicación promovida por el Comité Ejecutivo del Congreso La arquitectura en Venezuela (Mendoza & Mendoza editores), clara muestra de la pujanza constructiva (pública y privada) de aquellos años, ubicada muy por encima de la del resto de los participantes.
Si en Ciudad de México (1952) el invitado especial del VIII Congreso fue Frank Lloyd Wright en el de Caracas, para no quedarse atrás, lo fueron Richard Neutra, Marcel Breuer y Pierre Vago, fundador y secretario general de la UIA.
El Comité Organizador, nombrado por la Sociedad Venezolana de Arquitectos (SVA), estuvo presidido por Gustavo Wallis L. (quien también presidiría el evento), acompañado por Carlos Raúl Villanueva en la Vicepresidencia (Miembro de la Comisión de Educación y Vivienda), Jorge Romero Gutiérrez (Encargado de las Ponencias), Ernesto Fuenmayor (Encargado de la Exposición Venezolana) y Gustavo Matamoros (Miembro de la Comisión de Asistencia y Recreación).

3. Afiche promocional del evento

El evento se inauguró en sesión solemne presidida por Marcos Pérez Jiménez el día 16 de septiembre en el Aula Magna, realizó sesiones plenarias los días 24 y 27 y se clausuró formalmente el día 28 en la Sala “D” de la Biblioteca Central.
El impacto que sin duda generó la exitosa realización del Congreso en las modernas instalaciones de la Ciudad Universitaria, cuyos principales beneficiarios fueron los estudiantes de la época, puede verse reflejado en dos encuestas realizadas a arquitectos venezolanos recogidas en los números 23 y 24 de Cruz del Sur y el despliegue dado en el número 2 de Integral y el 27-28 de la misma Cruz del Sur a todo su desarrollo.
Al tema central de la planificación vista como actividad integral (donde destacó la ponencia presentada por Leopoldo Martínez Olavarría a nombre de la Comisión Nacional de Urbanismo) y el de la vivienda (de gran actualidad en Venezuela por los desarrollos que impulsaban el Banco Obrero y la industria privada), se añaden otros como el preguntarse si existe una “arquitectura americana” o en su defecto una “arquitectura venezolana” con sentido “racional-orgánico” acorde a nuestro medio, el rol del arquitecto en la sociedad y el reforzamiento de la red intergremial americana, dignos todos de ser revisitados con atención desde nuestro convulsionado y amnésico presente.

ACA

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1, 2 y 3. Colección Crono Arquitectura Venezuela

¿SABÍA USTED…

… que el año 1962, promovido por el Ministerio de Obras Públicas y el Ministerio de Fomento, con los auspicios de la Sociedad Venezolana de Arquitectos, se convoca el primer y único concurso nacional de carácter abierto organizado hasta ahora para seleccionar un pabellón venezolano destinado a una exposición internacional?

1. Propuesta ganadora del Concurso para el Pabellón de Venezuela en la Feria Mundial de Nueva York, 1962. Edmundo Díquez y Oscar González Bustillo. Perspectiva

El evento en esta ocasión sería la Feria Mundial de Nueva York a celebrarse entre 1964 y 1965, cuyos temas eran «La paz como resultado de la comprensión» y «Los logros del hombre en un universo creciente», y que se desarrollaría sobre el mismo trazado que sirvió de soporte a la de 1939 en la zona de Flushing Meadows (Queens) (Ver Contacto FAC, nº 21, 02-04-2017).
Como clara señal de los cambios de aires que en lo político se vivían una vez caída la dictadura perezjimenista, la amplitud de esta convocatoria atrajo la atención de un selecto grupo de arquitectos de las generaciones intermedia y joven del momento. En la contienda se dieron cita, entre otros: Edmundo Díquez y Oscar González Bustillo; Jorge Castillo y Gerónimo Puig; Guido Bermúdez y Pedro Lluberes; Ralph Erminy; Mario Bemergui; Ernesto Fuenmayor y Manuel Sayago; Eduardo y Tomás Sanabria; Gustavo Legórburu; José Miguel Galia; Luis Ramírez, Guido Guazzo y Carlos Brando; José Ramos Felippa; Doménico Filippone; y Santiago Goiri.
Las bases del concurso aportaban una completa información técnica que incluía la localización del terreno en el complejo ferial, un levantamiento topográfico del mismo indicando su superficie y orientación, la normativa en cuanto a ubicación, datos climatológicos (el Pabellón estaría funcionando durante un año), condiciones del subsuelo y una programación muy general de áreas en la que no se aportaba dato alguno sobre el contenido de la muestra que Venezuela llevaría a Nueva York.

2. Concurso para el Pabellón de Venezuela en la Feria Mundial de Nueva York, 1962. Segundo premio. Jorge Cartillo y Gerónimo Puig. Corte

3. Concurso para el Pabellón de Venezuela en la Feria Mundial de Nueva York, 1962. Segundo premio. Guido Bermúdez y Pedro Lluberes. Maqueta
4. Concurso para el Pabellón de Venezuela en la Feria Mundial de Nueva York, 1962. Segundo premio. Ralph Erminy. Maqueta

En la reñida competencia resultó ganadora la propuesta hecha por los jóvenes Edmundo Díquez y Oscar González Bustillo, graduados en 1958. Tres segundos premios se otorgaron a los planteamientos de Jorge Castillo y Gerónimo Puig; Guido Bermúdez y Pedro Lluberes; y Ralph Erminy.
La  Revista SVA, nº 7, permite revisar los anteproyectos presentados al Concurso, claro termómetro de la situación de nuestra arquitectura en aquel momento e inmejorable ejemplo de la actitud asumida por los autores con relación al problema de la representatividad del país. Así, la adecuada resolución del problema como respuesta a las variables planteadas en las bases del concurso, priva por sobre una reinterpretación actual e imaginativa de lo nacional que pueda ser considerada como embajadora expresiva de lo nacional, más allá de las variaciones con que ciertas propuestas se enfrentan al problema de su formalización yendo desde lo escultórico a lo escueto, de la máxima expresividad estructural a la pureza volumétrica o del protagonismo del contenedor a su supeditación a lo contenido.

5. Pabellón de Venezuela en la Feria Mundial de Nueva York, 1964-65. Edmundo Díquez y Oscar González Bustillo. Vista exterior

6. Pabellón de Venezuela en la Feria Mundial de Nueva York, 1964-65. Edmundo Díquez y Oscar González Bustillo. Perspectiva interior
7. Pabellón de Venezuela en la Feria Mundial de Nueva York, 1964-65. Edmundo Díquez y Oscar González Bustillo. PLanta

Sin embargo, lo interesante de esta experiencia viene a ser su desenlace. Por problemas que se achacaron a los elevados costos que la especulación originada a raíz de la Feria produjo, los arquitectos Edmundo Díquez y Oscar González Bustillo debieron proyectar otro edificio de proporciones más modestas distinto al que los hizo ganadores del concurso. La nueva propuesta, realizada prácticamente in situ, bajo condiciones adversas de tiempo y presupuesto, sin conocer lo que se iba a exponer y en estrecha colaboración con los arquitectos y técnicos de la Feria, se diseñó con base en una cubierta conformada por cuatro paraboloides hiperbólicos regulares. Al espacio interior único, resultante de la organicidad propia de las superficies de doble curvatura que conforman el techo, se le dinamiza aún más y dota de escala con la incorporación de un entrepiso concentrado en el centro vinculado con el volumen mayor que sirve para jerarquizar el acceso. La posible simetría que pudiese evidenciarse en las fachadas se rompe con la adición de pequeñas piezas exagonales (muy bien estudiadas en cuanto a su dimensión y localización) junto a las cuales aparecen las ventanas.

8. Feria Mundial de Nueva York, 1964-65. Vista de conjunto

La Feria en su conjunto, considerada por Michel Ragon como “un desastre arquitectónico”, “gran Coney Island”, “circo gigante” (ver PUNTO, nº 20), confirma la crisis y decadencia que desde hace tiempo se avizoraba dentro del ya desgastado Estilo Internacional. Su reducción al absurdo, su caricaturización, se hacen aquí particularmente agudas hasta el punto de poderse hablar en muchos casos de verdaderas muestras de arquitectura postmoderna: la propaganda superpuesta, el peso de lo mediático y la fuerte presencia del pop-art respaldan esa sensación. El fin de la “inocencia” ligada a este tipo de eventos y de la confianza depositada en ellos estaba muy cerca.
Nuestros arquitectos, premiados por la AIA, a caballo entre lo sobrio, lo polivalente y lo intemporal, dejan para la posteridad esta opinión con la que se podría abrir perfectamente una mesa redonda sobre el tema: “Queremos señalar nuestra duda en cuanto a cierta crítica de que el Pabellón no tiene el carácter de la arquitectura representativa de Venezuela. Entendemos que debiera hacerse un estudio en este respecto, para determinar hasta que punto tiene Venezuela un estilo de arquitectura que la defina por sí misma. Por otra parte, habría que considerar si es positivo mostrar una arquitectura internacional digna, o por el contrario representar a nuestro país con un edificio de vestigios coloniales que no expresa nuestra actualidad.”

ACA

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1, 2, 3 y 4. Revista SVA, nº 7

5, 6 y 7. Revista SVA, nº 17

8. Revista Punto, nº 20

¿SABÍA USTED…

… que el año 1967, organizado por el Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas (CIHE), bajo los auspicios del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico (CDCH) y el apoyo de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, se lleva a cabo en la Sala “C” del Edificio de la Biblioteca Central de la UCV el Seminario Internacional “Situación sobre la historiografía de la arquitectura latinoamericana”?

Con el entusiasta interés desplegado por Graziano Gasparini, director y fundador del CIHE, quien a su vez fungió de promotor del evento, del 9 al 14 de octubre de aquel año se reunió en Caracas un connotado grupo de historiadores y críticos de arquitectura procedentes tanto de Europa como de toda América para debatir sobre un tema de crucial interés y que ya se había venido registrando a través de los primeros 8 números del joven BOLETÍN, publicación que poco a poco se posicionaba como la primera revista venezolana de arquitectura de relevancia internacional.
La talla de quienes atendieron la invitación formulada por Gasparini, con el respaldo del grupo que lo acompañaba en lo que se ha considerado el primer Centro de Investigación surgido en el seno de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, permite a la distancia de 50 años reafirmar que seguramente no ha habido otro encuentro de la importancia del organizado en aquel entonces. Nombres como: Erwin Walter Palm de Alemania (quien no pudo asistir pero envió su ponencia), George Kubler y Sybil Moholy Nagy de Estados Unidos, Paolo Portoghesi y Leonardo Benevolo de Italia, Fernando Chueca Goitia de España, Ricardo de Robina, Pedro Rojas Rodríguez y Salvador Pinoncelly de México, José García Bryce y Frederick Cooper Llosa de Perú y Germán Téllez de Colombia, se suman a los de Carlos Raúl Villanueva, Juan Pedro Posani, Leszek Zawisza y Alfonso Venegas Rizo por Venezuela para respaldar la afirmación que hemos adelantado.

La arquitectura latinoamericana y con ella su historiografía se encontraban impactadas en aquellos años por la revisión que la postguerra había inoculado a una manera de aproximarse a los hechos acaecidos, signada aún por el influjo del positivismo y el etnocentrismo, que reclamaban una aproximación al pasado con una mirada menos conservadora y, en particular, preguntarse “desde dentro” en qué etapa de su desarrollo se encontraba la interpretación de episodios pretéritos y recientes en nuestro subcontinente.
Dinamizar la actividad historiográfica, indagar sobre nuevas maneras de explicar lo acontecido y lo que acontece, empezar a reconocer tantas historias como capítulos nacionales y hasta temáticos existen, dejar de lado la actitud puramente contemplativa, desarrollar junto al rigor metodológico una visión crítica y promover la formación de cuadros profesionales en el área,  se sumaban a inquietudes tendientes a “impulsar decididamente la búsqueda y catalogación de fuentes documentales de la manera más ordenada, amplia y rigurosa que sea posible”.
Es el nº 9 del BOLETÍN de CIHE, aparecido en abril de 1968, el que recoge, junto a un amplio recuento fotográfico, todas las ponencias presentadas en el Seminario y permite hacerse una cabal idea de la diversidad de temas y profundidad con que fueron tratados los mismos, prueba fehaciente de su condición de eslabón fundamental en el desarrollo posterior de la investigación, estudio y enseñanza de la historia de la arquitectura en Latinoamérica. La revista PUNTO 33 (septiembre-octubre 1967), por su parte, cubre el evento con una breve nota y ofrece excusas por no ampliar en detalle lo ocurrido. Sin embargo, incorpora (no sabemos si en sintonía con su línea editorial) la ponencia presentada por Fernando Chueca Goitia “El método de los invariantes”, claro alegato a favor de valorar lo esencial, lo permanente, que se encierra en la producción arquitectónica de cualquier época contra la tradicional clasificación cronológica mediante estilos.
Para aquel entonces Gasparini (quien curiosamente no presenta ponencia alguna en el Seminario) ya coleccionaba un buen número de libros publicados. Posani, por su parte, planteará en el texto titulado “Por una historia latinoamericana de la arquitectura moderna latinoamericana”: “Si la historia es crítica y la crítica es compromiso, no cabe duda de que es posible también invertir semejante secuencia conceptual y partir del compromiso para llegar a la crítica y de allí a la historia”, proposición que, poniendo en cuarentena la “objetividad” y la “distancia histórica” propias de las buenas normas en el hacer disciplinar, soporta su accionar al escribir la segunda parte de Caracas a través de su arquitectura  y se convierte en revulsivo que, desde el propio salón de clases, tendrá importantes consecuencias en el proceso de Renovación académica de comienzos de los años 70.

ACA

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BOLETÍN de CIHE, nº9, 1968

¿SABÍA USTED…

… que en 1893, en el marco de la Exposición Universal “Colombina” de Chicago, Venezuela hace acto de presencia con un pabellón propio por segunda vez en eventos de esta naturaleza?

1. Exposición Universal «Colombina» de Chicago, 1893. Plano general

La celebración del 400 aniversario de la llegada de Cristóbal Colón a tierras americanas fue el motivo que llevó a la ciudad de Chicago, un año después de la fecha conmemorativa, a asumir la organización de una exposición de gran envergadura que buscaba mostrar la capacidad que tuvo de resurgir luego del pavoroso incendio que la devastó en 1871, de convertirse en paradigma de la arquitectura y el urbanismo norteamericanos a partir de su reconstrucción, y de servir como medio propagandístico a la pujanza económica e industrial que los Estados Unidos ya empezaban a evidenciar a finales del siglo XIX.
En contraste con la vanguardista imagen arquitectónica que certificaban las nuevas edificaciones que empezaron a poblar la ciudad, el afán norteamericano por dejar de lado el provincianismo que lo caracterizaba para codearse culturalmente con la vetusta Europa, convirtió la Exposición Colombina de Chicago en un monumental despliegue escenográfico que, intentando recrear el clasicismo forjado al otro lado del Atlántico, recubrió de estuco la racionalidad constructiva de las estructuras metálicas que le daban soporte a la mayoría de sus pabellones principales. Quizás sólo el Transportation Building de Louis Sullivan y el pabellón del Japón (The Ho-o-den, réplica de la tradicional casa de té propia de ese país) se erigieron en elementos que dieron un toque de sobriedad y sensatez dentro de tanta desmesura.

2. Pabellón de Venezuela en la Exposición Universal «Colombina» de Chicago, 1893. Arquitecto Jean B. Mora. Vista de la fachada principal
3. Pabellón de Venezuela en la Exposición Universal «Colombina» de Chicago, 1893. Arquitecto Jean B. Mora. Arriba: Dibujo de la fachada principal. Abajo: Localización dentro del sector norte del recinto ferial


El pabellón venezolano, al igual que en París 1889, fue encargado a un arquitecto francés, en este caso a Jean B. Mora (quien también diseña los de Colombia y Guatemala). Se trataba el de Venezuela de 1 de sólo 19 de los erigidos por diferentes representaciones nacionales que allí hicieron acto de presencia, la mayoría ubicados en Jackson Park, justo en la periferia de un centro gobernado por una simbólica y a la vez falsa confraternidad e impregnado de alusiones más bien imperiales.
Si en París el país fue representado por un edificio que buscaba aludir a su pasado colonial a través de un sui generis estilo churrigueresco, en Chicago se asume el dominante estilo neoclásico dotado de un cierto eclecticismo donde la referencia a “lo nacional” se asume en la superposición decorativa en las fachadas de símbolos tales como el escudo patrio y algunas otras alegoría florales exóticas. La sencilla planta constaba de una sala central cubierta por una cúpula en la que dos de sus lados dan a las fachadas principal y posterior, adosándosele cuatro salas que terminan de conformar un esquema cruciforme.
El Cojo Ilustrado (cuyos trabajos tipográficos forman parte de lo expuesto al interior del pabellón), en su edición nº 31 del 1 de abril de 1893, recoge en la reseña dedicada al evento lo siguiente: “El edificio venezolano en la exposición de Chicago, de cuya fachada publicamos hoy un dibujo, será de estilo greco-romano construido de hierro y mármol; en la cúpula central irá el pabellón venezolano, y en cada uno de los laterales una estatua obra del célebre escultor Turini, representando a Cristóbal Colón y Simón Bolívar, descubridor el uno y libertador el otro de Sur América”. Comentarios aparte, lo cierto es que no sólo Bolívar y Colón comparten protagonismo a través de las piezas escultóricas mencionadas, sino que también lo hacen en igualdad de condiciones las banderas venezolana y estadounidense en la base de la cúpula, gestos, elocuente el uno y premonitorio el otro, de la condición de dependencia que ha ido sufriendo históricamente nuestro país.
Quien quiera deleitarse con la descripción pormenorizada de todos los avatares que signaron el proceso constructivo y el de selección y montaje de los numerosos y diversos objetos que fueron presentados con acuciosidad en este pabellón, así como del particular esmero puesto en las colecciones de etnografía, piezas históricas y obras de arte (distintiva esta última de la representación venezolana, como recogía la guía de visitantes), todo ello coordinado por una Junta recolectora presidida por el Dr. Arístides Rojas, recomendamos la lectura de La nación representada. La arquitectura de los pabellones de Venezuela en las exposiciones internacionales durante el siglo XIX de Orlando Marín, trabajo final de su grado de Magíster en Historia de la Arquitectura, a la venta a través de http://www.edicionesfau.com.

ACA

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1, 2 y 3. Calvo A. Venezuela y el problema de su identidad arquitectónica, 2007

¿SABÍA USTED…

… que el año 2001, a 38 años de la realización de la primera y bajo el lema “Arquitectura en contexto: globalidad, identidad y ruptura”, se llevó a cabo la X Bienal de Arquitectura organizada por el Colegio de Arquitectos de Venezuela?

1. Logo de la X Bienal de Arquitectura de Caracas

En medio de un clima de contracción en la industria de la construcción y de cuestionamiento a este tipo de evento, cuyo agotamiento en cuanto a su capacidad de promover el interés nacional y el debate con contenido crítico eran evidentes, e intentando darle un giro al hecho de haber perdido desde 1987 su condición de marco en el cual se seleccionaba al Premio Nacional de Arquitectura (en manos desde entonces del Consejo Nacional de la Cultura), la organización de la X Bienal se propone, a tono con los vientos que soplaban ya en el país, renombrar la convocatoria, direccionar el enfoque general de la muestra y apostar por la reflexión y el intercambio.
Oscilando entre «I Bienal de Arquitectura de Caracas» y «X Bienal Nacional de Arquitectura», finalmente se registra la del 2001 como X Bienal de Arquitectura de Caracas, lo cual introdujo de entrada un claro elemento de confusión en cuanto a su propia identidad y alcance. Por otro lado, a la tradicional presentación de trabajos arquitectónicos y urbanísticos de diversa índole, publicaciones y tesis de grado, se le abre la puerta a modo de invitados especiales a proyectos y obras ganadores de premios nacionales e internacionales en el lapso 1998-2001 y a temas que evidenciaran el “interés del sector público, privado y profesional de formular propuestas para atender a las grandes mayorías de menores ingresos” en particular los trabajos ganadores de los Concursos de Habilitación Física de Barrios convocados por el CONAVI en 1999 y 2000, el Proyecto para la Declaratoria de la Ciudad Universitaria de Caracas como Patrimonio Cultural de la Humanidad, los Proyectos para la recuperación del estado Vargas y los Proyectos para Nuevas Ciudades. Adicionalmente, se logró organizar un ciclo de once foros aglutinados bajo el título “Ciudades para vivir” llevados a cabo en tres momentos y tres sedes diferentes, que, sin dejar de ser importantes válvulas de escape ante problemas acuciantes, permitieron evidenciar las tensiones presentes dentro de la organización misma del evento.
Un calificado y exigente jurado preseleccionó, del total de inscritos, 37 trabajos «en los que fuera manifiesta la intención de combinar de manera armónica la pericia profesional y la búsqueda de soluciones renovadoras” que, junto a los temas invitados, serían posteriormente considerados por un segundo jurado cuya misión consistió en llevar adelante la selección final y otorgar los premios. Todo ello dio pie al montaje de una exposición en los espacios del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (que desde el mes de enero ya no contaba con Sofía Imber como su directora) entre el 30 de septiembre y el 4 de noviembre.

2. Zonas afectadas por el deslave del estado Vargas en 1999. Maiquetía-  La Guaira- Punta de Mulatos- Macuto-  El Cojo- Camurí Chico- Los Corales  Caraballeda – Tanaguarena – Carmen de Uria
3. Propuesta de diseño urbano para el sector Los Corales. Oscar Grauer, David Gouverneur y Nuri Bofill


En un inusual y ambiguo fallo, que descolocó a propios y extraños, el jurado decidió “otorgar el Premio Nacional a la totalidad de los Proyectos para la recuperación y desarrollo de Vargas”, grupo conformado por 10 propuestas elaboradas por diferentes sectores, grupos e instituciones, públicos y privados, profesionales y académicos, nacionales y extranjeros, individuales y colectivos, como clara señal del sesgo que desde un inicio se le buscó dar al evento y demostración del interés que propició atender la tragedia que afectó en 1999 el Litoral Central y de entenderlo como una oportunidad para resolver sus problemas de fondo.

3. X Bienal de Arquitectura de Caracas. Premio Mejor Obra Arquitectónica. Edificio de telecomunicaciones IMPSAT, La Urbina, Caracas. Arquitectos Alessandro Famiglietti y Álvaro Rodríguez

El Premio Mejor Obra Arquitectónica, que en otras circunstancias habría sido el de mayor jerarquía, recayó sobre el Edificio de telecomunicaciones IMPSAT de los arquitectos Alessandro Famiglietti y Álvaro Rodríguez, ubicado en la urbanización La Urbina, Municipio Sucre, Caracas. El jurado “llegó a esta obra a través de la presentación de una condición global y objetiva de su propio partido. Era una obra muy bien planificada que posteriormente a su visita se demostró como una bellísima interpretación de un edificio neutro y de programa predeterminante (…). Complementariamente, una vez más aquí apareció un cierto atributo de ‘perfección en su factura’, que Le Corbusier resaltó en Vers une Architecture como esencial en arquitectura. Por otra parte, valorizando una posición y cualidades más particulares que las otras, ésta resumía su condición de contemporaneidad y globalidad”. El transcurrir de casi 20 años le han dado en cierta forma la razón a los argumentos señalados de manera que se puede hoy seguir sosteniendo que el IMPSAT se trata de un edificio referencial dentro de la arquitectura venezolana del aún joven siglo XXI.
El balance que a la distancia se puede hacer de esta X Bienal viene acompañado por la frustración que ha originado la desatención que se le dio al conjunto de proyectos ganadores a la luz de la situación que hoy se vive en el estado Vargas. Las observaciones y recomendaciones hechas por el jurado que apuntaban “al insoslayable papel que el poder público tiene como convocador y conductor de un proceso  de urbanización y participación, donde múltiples actores sociales deben elaborar propuestas negociadas”, sumadas a la necesidad de “complementar las propuestas con estudios de factibilidad económica e impacto ambiental, capaces de garantizar la viabilidad de las propuestas elaboradas en un territorio que históricamente ha demostrado su vulnerabilidad”, son argumentos suficientes para colocar esta declaración como acompañante de un numeroso grupo de oportunidades perdidas.

Procedencia de las imágenes

1, 2, 3 y 4. Colegio de Arquitectos de Venezuela. Catálogo de la X Bienal de Arquitectura de Caracas, 2001.