El desaparecido edificio Galipán, cuya impactante estampa engalana nuestra postal del día de hoy, fue la primera intervención de envergadura que se realizara en la avenida Francisco de Miranda, vía que el Ministerio de Obras Públicas (MOP) terminó de construir en 1954 sobre el trazado del antiguo Camino Real de Petare en el trecho de 8,2 kilómetros que transcurre desde Chacaíto hasta esa población.
Tardó el Galipán 20 meses en construirse (agosto 1950 a marzo 1952) bajo la responsabilidad de la Compañía Anónima Edificaciones Galipán, presidida por Carlos Rodríguez Landaeta, en una manzana de 8.600 m2 de extensión que limita con la avenida Francisco de Miranda por el Norte, la calle El Parque por el Este, la avenida Tamanaco por el Sur y al Oeste con la calle Mohedano, de la urbanización El Rosal. Su diseño fue realizado por el ingeniero-arquitecto Gustavo Guinand Van der Walle (FI UCV, 1942; FAU UCV, 1967).
1. Edificio Galipán, Gustavo Guinand Van der Walle. 1952. Arriba: planta tipo (apartamentos). Abajo: planta baja (comercios)
Estaba integrado por tres torres enlazadas, y fue considerado en su momento “la unidad de vivienda mas avanzada de Latinoamérica”. Tuvo 14 pisos que totalizaban 36 metros de altura (la más alta de la capital, pudiéndose divisar el valle de Caracas en toda su extensión), 28.000 m2 de construcción, en los cuales Guinand desarrolló 135 apartamentos, 29 locales comerciales, 24 oficinas, un bar-restaurante en el último nivel, un garage con estación de servicios para 80 vehículos y estacionamientos al aire libre.
Fue construido a un costo de 14 millones de bolívares por varias empresas, entre las que se destacaron Técnica Constructora C.A., quien realizó la estructura de concreto armado antisísmica; Martínez y Salegui responsable de la albañilería; Briceño y Rodríguez de las instalaciones sanitarias y José García de las instalaciones eléctricas.
Los pisos del edificio fueron de granito y las paredes de los accesos y espacios de circulación estaban recubiertos con mármol de Carrara. La circulación vertical se realizaba a través de 12 escaleras y 6 ascensores (dos de ellos de carga). El tanque subterráneo de agua tenia una capacidad de 500.000 litros y estaba equipado con 4 bombas de 25 hp cada una.
2. Dos vistas exteriores del edificio Galipán3. Edificio Galipán, Gustavo Guinand Van der Walle. 1952. Fachada norte
Citando a Hannia Gómez en el artículo “Flores al Galipán”, aparecido inicialmente en la sección Arquitectura del diario El Nacional en 1999 (que hoy se puede releer en http://fundamemoria.tripod.com/id37.html), “La avenida como dijéramos una vez en un libro del Instituto de Arquitectura Urbana, luciría ‘nueva y flamante’, prácticamente construida para el uso exclusivo de la ‘gigantesca megaestructura en medio de grandes lotes baldíos de terreno’. El edificio se asienta majestuosamente a su orilla como un ‘mundo urbano en sí mismo, como un pedazo aislado de ciudad’. En aquel entonces lo habíamos escogido entre los 10 mejores edificios de vivienda multifamiliar de los años cincuenta y le redibujamos cariñosamente sus plantas, sus secciones y sus alzados, cuidando mucho en delinear bien cada antepecho, cada baranda, cada alero (que tanta familiaridad tienen con los de su notable pariente, el Hotel Tamanaco, otra espléndida obra del arquitecto Gustavo Guinand), a fin de salvarlos para la posteridad, erigiéndolo con nuestro devoto esfuerzo en un sitial de honor: una de las operaciones de mayor confianza urbana de la época. Arriba en el último piso, un amplio restaurante coronaría la corpulenta fábrica a lo largo de una terraza sobre la curvatura central del volumen, rutilante de luces festivas y repleta de gente, y desde cada uno de los dos penthouses en las cinco puntas del edificio, los inquilinos, todos gente muy chic que se daban codazos para conseguir aquí apartamentos para rentar, abrían sus elegantemente decorados balcones a la vista de la nueva Caracas”.
Referencia durante años por su calidad arquitectónica, respuesta urbana y el alto estándar de las firmas que ocupaban sus espacios comerciales, los propietarios del Galipán afectados por el hecho de haber sido construido antes de que se sancionara la Ley de Propiedad Horizontal y por la posterior aplicación de la Ley de Inquilinato, habían ido descuidando paulatinamente su mantenimiento y cambiando forzadamente su uso, presentando innumerables problemas con quienes como inquilinos ocupaban sus espacios. Adicionalmente, se empezaba a ver afectado por la presión de una ordenanza que permitía en el área que ocupaba un mayor porcentaje de construcción del que poseía.
En medio de este panorama, en julio de 1999 el Concejo Municipal de Chacao aprobó un acuerdo mediante el cual se lo declaraba patrimonio histórico del municipio. Sin embargo, meses después, los mismos concejales inexplicablemente, con sólo un voto salvado, derogaron el decreto facilitando la posibilidad de su demolición.
4. Nº 324 del 3 de diciembre de 1999 de Arquitectura HOY, dedicado a encontrar salidas a al inminente demolición del edificio Galipán
El escándalo que acompañó todo el proceso que terminó con el derrumbe forzado del edificio, constituyó a finales de los años 90 del siglo XX todo un testimonio del despertar de un sentir que se venía desarrollando por la preservación del patrimonio construido de la ciudad, altamente afectado en lo correspondiente a su pasado colonial y republicano al cual ya se habían empezado a sumar importantes piezas de arquitectura moderna. También de la frustración que acompañó el no poder evitar su anunciado destino a pesar de los pesares y de los altibajos esperanzadores que fueron surgiendo una vez que la sentencia fue decretada.
Las voces levantadas desde diferentes frentes (académicos o de divulgación), si bien avivaron la polémica y abrieron los ojos al ciudadano común de que se trataba de una pelea desigual entre Mercado Inmobiliario y Conservación del Patrimonio, dejaron en claro que ante el primero mientras no exista una opinión pública solida y que se manifieste al unísono será difícil evitar que la segunda vaya observando la desapareción paulatina de su acervo. La actitud ambigua que en su momento manifestaron el Colegio de Arquitectos de Venezuela que declaró que “el edificio es insalvable”, el silencio del Instituto de Patrimonio Cultural, e incluso las declaraciones proclives al desahucio del arquitecto del edificio, alentaron a los nuevos propietarios a llevar adelante su objetivo de obtener la mayor rentabilidad posible en un terreno que lo permitía sin reparar en lo que sobre él estaba construido.
5. Imagen de la demolición del edificio Galipán el año 2000
El 10 de febrero del año 2000 comenzó la demolición del edificio de parte de la constructora propiedad del Sr. Salomón Cohen, levantándose allí un conjunto o “centro empresarial” que irónicamente lleva el nombre de la obra destruida. A casi 20 años del suceso, de lo que hubo ya nos hemos paulatinamente olvidado.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal, 2 y 5. Colección Crono Arquitectura Venezuela
1, 3 y 4. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad
Hijo de padres australianos, Glenn Murcutt, quien es reconocido como el arquitecto más importante de ese país, nació por una de esas casualidades de la vida en Londres en un momento en que sus progenitores se encontraban en la capital del Reino Unido poco antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, siendo Murcutt muy pequeño, la familia retorna a su tierra de origen, pasando los primeros cinco años de su vida en la provincia de Morobe, Papua, Nueva Guinea, para luego mudarse con sus padres a Sydney en 1941. Allé se educa en la Manly Boys’ High School para posteriormente estudiar arquitectura en Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW) de donde se graduó en 1961.
Sus biógrafos reconocen que quien primero influyó en su vocación fue su propio padre (constructor) y que durante su formación trabajó con varios arquitectos. Una vez graduado viajó durante dos años trabajando en Londres para la oficina de Frazer & Associates y aprovechó para conocer en Finlandia la obra de Alvar Aalto la cual le dejo una honda huella. De regreso en 1964 a Sydney se incorpora a trabajar por cinco años en la oficina de Ancher, Mortlock, Murray y Woolley vinculados a la arquitectura orgánica y a la valoración de su relación con la naturaleza de clara influencia wrightiana. En 1969, Murcutt estableció su propio taller en el suburbio de Mosman (Sydney) y desde entonces se ha caracterizado por llevar adelante una práctica profesional en solitario concentrada en el territorio australiano a través de proyectos de pequeña escala lo que le ha permitido actuar con total independencia escogiendo los encargos que considera más acordes con su línea de actuación y pensamiento.
1. Glenn Murcutt. Fredericks / White House, Jamberoo, Nueva Gales del Sur, Australia, 1981-82 / 2001-042. Glenn Murcutt. Izquierda: Magney House, New South Wales, Australia, 1984. Derecha: Simpson–Lee House, Mount Wilson, Blue Mountains, New South Wales, Australia, 1988-933. Glenn Murcutt. Palm Beach House, Sydney, New South Wales, Australia, 2006 – 2016
Admite Murcutt que su trabajo en cuanto a basamento conceptual tiene su fuente en la filosofía de Henry David Thoreau y en cuanto a la caracterización de sus edificios ha estado influido por Mies van der Rohe y Pierre Charreau, pero el eje fundamental que ha determinado la impronta por la cual se le ha reconocido internacionalmente proviene del valor que otorga a la relación con el medio ambiente propio de la región donde vive, a la observación cuidadosa de las construcciones aborígenes y rurales australianas y, en consecuencia, a las influencias climáticas dando como resultado una arquitectura que muestra una combinación equilibrada de sensibilidad, artesanía local, mano de obra del sitio y respeto por la naturaleza. En otras palabras, Murcutt ha logrado crear un lenguaje identificable con la región a la que pertenece a partir de una arquitectura que dialoga con el entorno, que “toca la tierra ligeramente” según reza un proverbio de los aborígenes australianos.
La obra de Murcutt, silenciosa, perseverante y consistente, toda ella realizada en Nueva Gales del Sur (NSW), comienza a ser objeto de atención a nivel internacional a mediados de la década de los años 80 del siglo XX para cuando ya tiene acumulada una importante e interesante producción edilicia, conformada en su gran mayoría por viviendas unifamiliares. De allí que en 1992 sea reconocido con la Medalla Alvar Aalto que otorga el Museo finlandés de Arquitectura y la Asociación Finlandesa de Arquitectos (SAFA).
4. Dos artículos de Juan Pedro Posani dedicados Australia en general y a la obra de Murcutt en particular
Pues bien, la senda trazada por Murcutt empieza a ser detectada y observada con atención en nuestro país por Juan Pedro Posani quien encuentra en su obra una estupenda ejemplificación y plena sintonía con su pensamiento, heredero de la línea con la que Carlos Raúl Villanueva concebía su arquitectura. De esta manera podemos detectar cómo desde el momento en que empieza a escribir su página semanal en la edición sabatina del diario Economía HOY, en fecha tan temprana como el 19 de mayo de 1990, Posani titula su tercera entrega como “Aprender de Australia”, artículo que marca una afinidad casi absoluta con lo que está aconteciendo en términos de producción arquitectónica en aquella región y del que podemos extraer lo siguiente: “Desde el punto de vista eurocéntrico Australia siempre ha sido considerada usando el metro más convencional de la cultura occidental. Por lo tanto ha aparecido sobre todo como el lugar de un pueblo sin raíces, perdido en la inmensidad de sus sabanas, cuya única memoria -y con mucho- es el té de las cinco y el cricket inglés. (…) En este engañoso vacío cultural, Australia ha producido, sin embargo, una suerte de escuela arquitectónica de portentosa validez. En ella no sólo se revela la inteligencia y la sensibilidad de sus protagonistas, sino también, y sobre todo, su talento para percibir -y casi crear- raíces y tradiciones donde en cambio la cultura etnocéntrica convencional no halla ni rastros ni memorias ni señales ni símbolos que puedan constituir sustancias para conformar imágenes memorables. (…) Algunos de los más conocidos arquitectos australianos, Geoffrey Pic, Robert Robertson, Gabriel Poole, John Andrews, Alex Tzannes y en especial el padre de todos ellos, el más definitivo y esencial, Glenn Murcutt, han estado produciendo una arquitectura de gran calidad a partir de unos ingredientes cuyos atributos pueden tener, por lo que puede inferirse desde acá, algunas analogías con nuestra realidad. El resultado es un diseño asentado en la reinterpretación de la tipología tradicional del campo. Una arquitectura de materiales exteriores extremadamente pobres, y eficientes, de tradición rural en lo que concierne a los acabados (metal corrugado, zinc, madera) y en lo que se refiere a los dispositivos de control climático (persianas, aleros, verandas y corredores, mosquiteros y ventiladores de techo). Materiales livianos, casi provisionales; tipologías de colonos, de criadores de ovejas, de pioneros solitarios.”
5. Número 115 de Arquitectura HOY (15-07-1995) ocupado en su totalidad por el artículo “Las enseñanzas que vienen de las antípodas de Juan Pedro Posani
Así, Australia en general y Murcutt en particular se harán presentes de forma referencial en otros artículos de Posani titulados “Vuelta al trópico” (11-08-1990), “¿Hacia dónde vamos?” (8-09-1990), “Aldea global, pero regionalista” (17-11-1990), “La incultura del clima o el problema de afinar la arquitectura” (08-08-1992) y “El problema de parecerse a” (20-02-1993); y de forma más directa, ya dentro de lo que fue la importante experiencia del semanario Arquitectura HOY en “Australia, por ejemplo” (nº 91 del 21-01-95), “Las enseñanzas que vienen de las antípodas», (nº 115 del 15-07-95) y “Murcutt, una vez más” (nº 345 del 14-07-2000), piezas todas que reafirmarán los principales postulados sobre los que Posani fue construyendo una teoría aplicable a nuestra más rabiosa actualidad.
6. Juan Pedro Posani. Primeras ideas para los módulos que formaron parte del Proyecto-programa de los espacios culturales Comunitarios (2000-2002)7. Juan Pedro Poani. Módulo de San Sebastián de Los Reyes, estado Aragua (2000-2002)
Con todos estos antecedentes, convertidos en clara admiración, una vez que Posani asume el año 2001 la Dirección General de Edificaciones Culturales adscrita al Viceministerio de Cultura (encabezado en aquel momento por Manuel Espinoza), coordinando y ejecutando el ambicioso Proyecto-programa de los Espacios Culturales Comunitarios (ECC), encuentra la oportunidad de promover dentro del organismo la venida de Glenn Murcutt como invitado, dando la oportunidad de que se conociera de primera mano su obra y de rendirle si se quiere un tributo a quien había ejercido claras influencias y repercusiones en la experiencia del proyecto-programa en cuanto al carácter y espíritu que predominaba en las propuestas arquitectónicas de allí emanadas de la mano del propio Posani, con el apoyo en cuanto a la concepción estructural y constructiva del ingeniero José Adolfo Peña y de la arquitecta Carmen Yáñez. De dicho programa, sólo añadir que “La idea consiste en diseñar un sistema extremadamente sencillo, flexible y económico que pueda multiplicarse rápidamente por todo el país y que sea capaz de responder adecuadamente a las condiciones contextuales del trópico. (…) La respuesta a las condiciones de partida se basó en dos principios: la elección de un sistema de prefabricación ligera y la consideración en primer plano de las condiciones climáticas extremas propias del trópico. (…) El proyecto, en términos de arquitectura y de política humanista, es un compromiso arquitectónico con el medio ambiente, la tecnología constructiva y las condiciones y exigencias de un medio social claramente desfavorecido” (José Adolfo Peña en “Espacios culturales comunitarios en Venezuela”, Informes de la Construcción, Vol. 56, nº 491, mayo-junio 2004).
Será finalmente en junio de 2001 que Glenn Murcutt visite Venezuela y dicte una memorable conferencia en los espacios del Museo de Bellas Artes de Caracas (MBA). Casi seguros estamos de que en su estadía, en virtud de quiénes habían sido los artífices de su visita, conoció el planteamiento y trabajo que se venía adelantando en la Dirección General de Edificaciones Culturales del Viceministerio de Cultura, las primeras ideas y las primeras aproximaciones proyectuales de los ECC e incluso haya sido trasladado a alguno de los que ya se encontraban en proceso de ejecución como el de San Sebastián de los Reyes, estado Aragua.
Luego de visitar Caracas, Murcutt obtiene en 2002 el Premio Pritzker, la más alta distinción en el mundo de la arquitectura, subrayando el jurado que evaluó sus méritos lo siguiente: ”En una época obsesionada con las celebridades, el brillo de nuestros ‘arquitectos estrella’, apoyado por grandes oficinas y profusas relaciones públicas, domina los titulares. En total contraste, Murcutt trabaja en una oficina de una sola persona al otro lado del mundo… aún así, tiene una lista de espera de clientes, a los cuales pretende brindar el mejor proyecto que él pueda producir. Él es un profesional innovador de la arquitectura, quien es capaz de dirigir su sensibilidad hacia el ambiente y lo regional, y producir obras de arte totalmente honestas y humildes.”
Más adelante, en 2009, a Murcutt se le otorga Medalla de Oro de la American Institute of Architects (AIA), otro importante galardón. También en 2002 “El proyecto-programa de los Espacios Culturales Comunitarios”, bajo el eslogan “Otro mundo es posible”, representó a Venezuela en la VIII Muestra Internacional de arquitectura de la Bienal de Venecia (para lo cual se editó un hermoso catálogo), mostrando de manera tangible como las enseñanzas del maestro australiano había tenido un hondo calado en la realidad venezolana de la mano de un estudioso de su obra y su equipo de trabajo. Hoy Murcutt a los 83 años se ha convertido en referencia planetaria desde su reducto regional, antítesis del “star system” y ejemplo vivo para quienes se forman como arquitectos en la Universidad de Nueva Gales del Sur donde durante muchos años ejerció la docencia y aún presta su valiosa colaboración.
6. Publicación Otro Mundo es posible. Proyecto-programa de los Espacios Culturales Comunitarios. Venezuela 2000-2002. VIII Muestra internacional de arquitectura Bienal de Venecia.
7. Colección Crono Arquitectura Venezuela
Nota aclaratoria
Luego de publicada esta nota un buen amigo y asiduo seguidor de la página nos comentó que Murcutt llega a Venezuela (tras dos intentos anteriores fallidos) gracias a las gestiones realizadas por el Centro de Estudios sobre la ciudad, el diseño y la arquitectura Carlos Raúl Villanueva (CEVILLA), entidad que por aquel entonces (año 2001) se estaba formando y convirtió el paso por Caracas del australiano en su primera actividad importante además de oportunidad para darle un sustantivo impulso a su lanzamiento el cual, por diversas razones, no cuajó. También nos refiere que los promotores del CEVILLA fueron los encargados de asumir la logística vinculada a la visita: traslados, estadía, paseos por la ciudad y a diversas instituciones, gestiones alrededor de la organización de la conferencia, etc., por lo que fue el ente oficialmente a cargo de ella y el que mayor aporte económico sufragó para hacerla posible.
Todo lo anterior sirve para aclarar que la participación directa del Viceministerio de Cultura en lo concerniente a la traída de Murcutt fue prácticamente nula y su injerencia en cuanto a las actividades por él realizadas en Caracas muy escasa. De allí quizás el bajo perfil que caracterizó su paso a diferencia, por ejemplo, del que tuvieron las venidas de Richard Rogers o Frank Gehry en enero y diciembre de 2014, respectivamente, que sí contaron con todo el apoyo “oficial”. Lo anteriormente aclarado no disminuye un ápice el importante peso que tuvo la divulgación en Venezuela de la obra de Murcutt a cargo de Juan Pedro Posani, lo cual permitió a quienes tuvimos la oportunidad de asistir a su presentación en el Museo de Bellas Artes, hacerlo con conocimiento y admiración por una obra para entonces poco difundida. Tampoco evita remarcar el peso de las influencias ejercidas por la aproximación de Murcutt a la arquitectura sobre el propio Posani y sobre el Proyecto-programa de los Espacios Culturales Comunitarios gestado desde la Dirección General de Edificaciones Culturales del Viceministerio de Cultura.
El CEVILLA según nos comenta nuestro informante murió antes de nacer. Tenía entre sus planes gestionar la venida a Venezuela de otros dos arquitectos de renombre y emprender otras interesantes iniciativas, pero eso quedó dentro del territorio de los deseos no cumplidos.
Antes de convertirse en el más notorio propagandista de la arquitectura postmoderna, Charles Jencks fue un agudo y herético historiador de la modernidad. Desaparecido el pasado 13 de octubre, el arquitecto y crítico deja tras de sí más de 30 libros, algunos jardines y la promoción de los modélicos Maggie’s Centres, pequeños pabellones para pacientes de cáncer diseñados por los más grandes arquitectos contemporáneos. Inevitablemente vinculado con el clasicismo postmoderno, al que dedicó buena parte de sus publicaciones e inspiró las formas juguetonas de su casa-manifiesto en Londres, Jencks usó sin embargo una alucinada abstracción geométrica en los paisajes y jardines que llamó ‘cósmicos’, y fue muy ecléctico en los encargos de los pabellones que llevan el nombre de su segunda esposa, la artista y experta en jardines chinos Maggie Keswick, fallecida de cáncer, y recordada hoy con obras de Zaha Hadid, Norman Foster, Frank Gehry, Rem Koolhaas, Richard Rogers o Benedetta Tagliabue.
Nacido en Baltimore y educado en Harvard, acabaría asentándose en el Reino Unido tras redactar su tesis doctoral en Londres bajo la dirección de Reyner Banham, un trabajo que daría lugar en 1973 a Modern Movements in Architecture, una visión del siglo XX cuyo título plural sugiere la apertura de su enfoque, y que es sin duda su mejor libro. Influido por Karl Popper y Hannah Arendt, a los que cita reiteradamente, censura el dogmatismo restrictivo del funcionalismo tectónico o el platonismo geométrico de arquitectos como Mies van der Rohe, que muestra su inconsistencia en las no resueltas esquinas interiores del Seagram. Lo publiqué en español diez años después, y Jencks quiso reemplazar el epílogo ‘Arquitectura y revolución’ por el más inclusivo ‘Arquitectura tardomoderna y postmoderna’, que habla elocuentemente del giro de sus intereses de la historia a la crítica, tras el formidable éxito de The Language of Post-Modern Architecture, aparecido en 1977 y ampliado innumerables veces con nuevas figuras y movimientos, en un carnaval inclusivo que le llevó a desarrollar complejas taxonomías de los sucesivos ismos a través de diagramas que reflejaban ‘árboles evolutivos’. Su interés en la ciencia y en los ‘multiversos’ le llevó a interpretar la obra de arquitectos como Daniel Libeskind o Peter Eisenman con metáforas científicas algo disparatadas, presentando incluso la Núvol i cadira que corona la barcelonesa Fundación Tàpies ¡como una imagen de las supercuerdas! Prueba de la versatilidad de su agenda y su cordialidad expansiva es que lo recuerdo presentándome en Los Ángeles a Thom Mayne y otros representantes de la que en 1989 era la joven arquitectura californiana, y casi tres décadas después, en 2017, asistiendo a la inauguración de la Elbphilharmonie de Herzog & de Meuron, o escribiendo sobre Norman Foster para la monografía de AV que publicamos ese año: arquitectos todos alejados de ese clasicismo postmoderno —hoy afortunadamente agostado— que promovió con sus libros y con sus textos en el AD de Andreas Papadakis. La curiosidad exenta de prejuicios y el espíritu liberal de Jencks, que se expresó tempranamente en su revisión de la modernidad, llegó hasta sus últimos compases con la variedad de sus afinidades electivas y la nómina de excelencia de los Maggie’s Centres, y esta amplitud de miras es seguramente aquello por lo que este historiador será recordado.
La expansión del MoMA diseñada por Diller Scofidio + Renfro abre sus puertas al público en Nueva York
Por Eric Baldwin
17/10/2019
Tomado de Plataforma arquitectura
El proyecto de expansión del Museo de Arte Moderno de Nueva York ha sido completado. Diseñada por las oficinas de Diller Scofidio + Renfro y Gensler, la extensión se inició en 2014 para agregar 4.000 metros cuadrados de espacio de exhibición. La primera fase de las renovaciones se completó en 2017 y la segunda fase ya está completa y lista para ser abierto al público.
Según Diller Scofidio + Renfro, el corazón del museo contará con programación en vivo y actuaciones que reaccionan, cuestionan y desafían las historias de arte moderno y el momento cultural actual. Un laboratorio de creatividad en el segundo piso invitará a los visitantes a conectarse con el arte que explora nuevas ideas sobre el presente, el pasado y el futuro. Las galerías gratuitas a pie de calle y abiertas a la planta baja extendida conectarán el museo con las calles de Manhattan. Según los arquitectos:
«El diseño optimizó los espacios actuales, haciéndolos más flexibles y tecnológicamente sofisticados, expandió y abrió el vestíbulo principal, convirtiéndolo en un espacio iluminado de doble altura, y creó una multitud de rutas de tráfico, con más lugares para que los visitantes se detengan y reflexionen”.
El proyecto enfrentó críticas por la decisión de demoler el American Folk Art Museum para dar paso a la nueva expansión. En una entrevista con Los Angeles Times en enero de 2014, la directora de Diller Scofidio + Renfro, Liz Diller, aceptó las críticas y dijo que «estaríamos del mismo lado si no supiéramos todos los detalles que conocemos». El equipo explicó el enfoque de diseño, diciendo que:
«La expresión arquitectónica es una conversación restringida entre la paleta existente y los nuevos materiales del Museo de Arte Moderno. El proyecto explora el ADN histórico del edificio, vinculando elementos dispares a través de una serie de intervenciones estratégicas que reflejan aspectos del modernismo del siglo XX: pureza de la expresión material, abstracción del espacio y simplicidad. La síntesis se logra con un uso minimalista de materiales que se correlaciona con el tejido de la construcción existente». La expansión del MoMA se abrió al público el pasado lunes 21 de octubre.
El proyecto para un Motel en la Ciudad Balneario Higuerote, cuya vista de conjunto desde la playa ilustra nuestra postal del día de hoy, realizado por el arquitecto José Antonio Ron Pedrique (1927-2001), apareció publicado en la revista Integral nº 10-11 (abril 1958) como epílogo del artículo que presentaba justamente la “comunidad tipo recreacional” en la que se encuentra incorporado, la cual fue objeto de nuestra atención a través de la postal 79 comentada en el Contacto FAC nº44 (10-09-2017).
1. Ciudad Balneario Higuerote. Plano indicando la vialidad interna y los accesos2. Ciudad Balneario Higuerote. Plano de zonificación y parcelamiento
Ubicado en la parte sur del complejo, más próximo si se quiere del pueblo de Higuerote, “frente a la amplísima playa de 70 metros de ancho de la Ciudad Balneario Higuerote”, el Motel se presentaba como una opción alternativa para aquellas personas que no contaban con los recursos suficientes para comprar una parcela urbanizada pero que buscaban disfrutar un corto período de contacto con el mar pudiendo disponer con instalaciones y servicios adecuados. De allí que Ron Pedrique se refiera a él como un lugar “estudiado para servir de Centro Recreacional Vacacional y de fin de semana” que “dispondrá de embarcadero propio y de un vasto jardín con piscina reglamentaria, pérgola, terraza, cine al aire libre, etc.”, tratando de desmarcarse en cierta medida de la connotación no siempre positiva que se le suele dar al motel tradicional, entendido como lugar de paso y con una alta rotación en cuanto al uso de sus instalaciones.
Página de la revista Integral nº 10-11 dedicada al Motel en la Ciudad Balneario HigueroteMotel en la Ciudad Balneario Higuerote. José Antonio Ron Pedrique. Planta (1956)
Tendría el Motel 32 “apartamentos” organizados linealmente en un volumen de dos plantas que dispondrían de las comodidades y equipamiento para poder cocinar y albergar familias de hasta cinco miembros, con particular consideración de la privacidad de los huéspedes dentro de cada unidad pero a la vez buscándose propiciar el contacto entre ellos a través de los servicios comunes que se ofrecían: restaurant, bar, piscina, cine y jardines. Otro aspecto en el cual se tuvo “especial cuidado” fue el correspondiente a garantizar “un control riguroso desde la Administración y Gerencia sobre el acceso, el estacionamiento, todas y cada una de las puertas de entrada de los apartamentos, los corredores de circulación y la entrada de servicio”, componentes todos de un cabal funcionamiento al que prestaban mucha atención los proyectistas de la época.
A diferencia de lo que caracteriza a un hotel, este edificio fue pensado para operar con un mínimo de servicios esenciales que, traducidos en sencillez funcional y economía operativa reducen al máximo los costos, tal y como lo evidencia la disposición de las diferentes partes que lo constituyen. Dentro de la misma línea discursiva, la totalidad de los ambientes tanto privados como públicos han sido diseñados tomando en cuenta la ventilación natural cruzada y protegidos de la incidencia directa de la luz solar, lo cual no excluye el que cada habitación posea un aparato independiente de aire acondicionado. Además “el edificio goza de la mejor orientación, siendo óptimo en la playa abrir los servicios comunes hacia el Norte y los dormitorios hacia el Este, defendiéndose bien del Oeste, en este caso el corredor de circulación y grandes voladizos protegen totalmente de la insolación del Poniente y también hacia el Sur el edificio es completamente cerrado”. Como se verá, el arquitecto Ron Pedrique no deja de lado aspectos que, insistimos, eran parte esencial tanto de la formación como del ejercicio profesional durante los años 1950 a la hora de enfrentar cualquier ejercicio de diseño. Cierra la descripción aparecida en Integral señalando: “Esa misma orientación establecida por la insolación nos hace aprovechar la magnífica vista panorámica sobre la playa teniendo como fondo la imponente mole del Cabo Codera”, la cual es aprovechada por la terraza individual que posee cada apartamento.
Si bien el Motel no logró realizarse, pese a ser pensado desde una rigurosa racionalidad constructiva, y de que tampoco constituye una pieza que pudiésemos incluir como obra memorable dentro de nuestra arquitectura moderna, si nos ha parecido interesante encontrar tanto en su presentación como en su descripción y representación modos y atributos propios de un momento en el que los proyectos apelaban a similares medios expresivos para transmitir toda la información requerida para su comprensión. Así mismo, no deja de ser curioso el que este modesto edificio busque cobrar protagonismo en la presentación de la Ciudad Balneario donde se inserta como única muestra de la arquitectura que el planificador podía controlar dentro de la propuesta de conjunto, mostrándonos así su doble faz de urbanizador y diseñador arquitectónico.
Portada diseñada por Omar Carreño y sumario de la revista Integral nº 10-11, abril 1958
Tampoco es menos relevante recordar que el número 10-11 de la revista Integral en la que aparece el Motel, sale a la luz en abril de 1958, pocos meses después del derrocamiento de Pérez Jiménez, convirtiéndose este ejemplar en pieza altamente significativa desde su editorial, en el que se hace un recordatorio a las nuevas autoridades nacionales sobre la importancia de retomar la planificación como norte en la realización de las obras públicas en el país (ante la amenaza que constituía y constituyó el “plan de emergencia” puesto en marcha por Wolfgang Larrazábal al frente de la Junta de Gobierno y la discrecionalidad con que se actuó durante la dictadura), hasta las señales de un optimismo precario que enviaban los promotores de El Helicoide (quienes a su vez dirigían la revista y promovían la Ciudad Balneario Higuerote con Jorge Romero Gutiérrez a la cabeza) para salvarlo de la inminente quiebra a la que se llegó, pasando por el hecho de que aparezcan edificios notables como el hotel Humboldt (1956, Tomás J. Sanabria), la estación del Teleférico en Maripérez 1956, Alejandro Pietri y Alfredo Jahn -asociado-) y el Club Táchira (1955, Fruto Vivas) -cuyas presentaciones parecieran haber estado represadas-, así como el proyecto urbanístico de la Urbanización Los Canales (1957, Julián Ferris y Carlos Dupuy) acompañando al de la Ciudad Balneario Higuerote ya varias veces mencionado. Por tanto, en este contexto el Motel, sin duda, ocupa el lugar más bajo en escala de importancia.
Integral aparecería en otras cinco oportunidades por lo que el nº 10-11 (cuya portada es diseño de Omar Carreño) marca el punto culminante de su etapa madura y el comienzo a la vez de su declive. Además de lo apuntado aparecen en este número de colección interesantes artículos sobre el siempre importante y relegado tema turístico (“Turismo y turismo en América” del arquitecto Jacques Pereira), “El ocio obrero en Venezuela” y su tratamiento a través de una colonia vacacional en Margarita del arquitecto Simón Quinto, la sección “Flora, Arquitectura Paisajista y Conservación” dirigida por Carlos Guinand Sandoz donde en esta ocasión participa Leandro Aristeguieta con “Generalidades sobre los frailejones”, “El diseño industrial en sus relaciones con las artes visuales” del internacionalmente conocido profesor de estética italiano Gillo Dorfles y “Tiempo y forma fílmica” del asiduo colaborador Alfredo Roffé. Se suman las secciones fijas “Revista de revistas”, “Notas bibliográficas” y “Miscelánea” (dedicada a resaltar como nota luctuosa el fallecimiento de Carmen Méndez Arocha, primera arquitecta graduada en la FAU UCV el 29 de septiembre de 1951), en las que seguramente tienen participación relevante Violeta Roffé como coordinadora y algún que otro miembro del Comité de Redacción integrado por Carlos Guinand S., Leopoldo Martínez Olavarría, Tomás J. Sanabria, Juan Andrés Vegas, Julián Ferris, Fruto Vivas, Juan Otaola, José Sanabria y el aún bachiller Henrique Hernández. El haberle dedicado la postal a una obra menor, como hemos visto, ha permitido repasar además, y sin proponérnoslo inicialmente, un importante episodio de la historia de nuestras publicaciones periódicas.
… el 20 de octubre de 1953 se crea la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela.
Placa ubicada en la entrada del auditorio de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo que da cuenta del Primer Consejo Consultivo y los Profesores Fundadores de la institución.
Con una semana de diferencia con respecto a la Escuela de Arquitectura (creada un 13 de octubre) y con una separación de 12 años (la Escuela nace en 1941), siempre será bueno recordar y llevar a cabo un somero repaso relacionado con una conmemoración que marca los 66 años de la Facultad de Arquitectura más antigua e importante del país.
Así, tomando como referencia un texto que elaborásemos para la “Cronología 1953-2003” ubicado al final del libro conmemorativo Facultad de Arquitectura y Urbanismo UCV 1953-2003. Aportes para una memoria y cuenta (Ediciones FAU UCV, 2005), tenemos que 1953 se inicia en medio de un clima incierto en lo político y con la Universidad Central de Venezuela intervenida desde el año anterior. En enero, una vez instalada la Asamblea Nacional Constituyente de la época, ésta ratifica al coronel Marcos Pérez Jiménez como presidente provisional, luego del fraudulento resultado derivado del proceso electoral realizado el 30 de noviembre de 1952. A raíz del desconocimiento de estos resultados renuncia por presiones la Junta de Gobierno, marcándose el inicio “formal” de la dictadura o, según otros analistas, el paso de la “dictablanda” a la “dictadura”, designándose posteriormente a Pérez Jiménez como “Presidente constitucional” el 17 de abril.
En medio de estas circunstancias, el 2 de agosto de 1953 se sanciona una nueva Ley de Universidades, y el 20 de octubre de ese mismo año la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas se divide en dos Facultades: Ingeniería y Arquitectura y Urbanismo (FAU). El ingeniero Willy Ossott, hasta ese momento Director de la Escuela es nombrado Decano y como Director es designado el arquitecto Tomás José Sanabria (graduado de arquitecto -master incluido- en 1947 en Harvard University). Para esta fecha el Pensum, recién estrenado (modificación del anterior de 1946), está conformado por 37 asignaturas a ser cursadas bajo un régimen semestral a lo largo de 5 años. La Escuela tiene 174 alumnos y 25 profesores, y ocupa el primero y segundo pisos del Taller de Electricidad de la Facultad de Ciencias Matemáticas y Naturales, nombre que adoptó la escindida Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas.
La importancia que en el país ya había cobrado la necesidad de planificar y ordenar el crecimiento urbano de las ciudades se ve reflejado en el doble apelativo que se le da a la Facultad, que seguirá, no obstante, teniendo una sola Escuela: la de Arquitectura, ya que el Urbanismo siempre fue visto como formación de postgrado y es sólo a partir de 1968 que se empieza a organizar con la creación del correspondiente Instituto.
En 1953, aparte del Decano y el Director conforman el cuerpo consultivo de la Facultad: Carlos Raúl Villanueva, Carlos Guinand Sandoz, Diego Carbonell (graduado en el MIT en 1944), Luis Eduardo Chataing (ingeniero, primer director de la Escuela y Doctor en Ciencias Físicas y Matemáticas) y Ernesto Fuenmayor (graduado en 1948 dentro de la primera promoción de la Escuela). Se reconocen como fundadores de la FAU a los profesores: Jean Boistel, Oscar Carpio (profesor de composición, quien antes de graduarse en Caracas en 1948 realizaría estudios de arquitectura en Cornell), Diego Carbonell, Henry Castillo Pinto, Edoardo Crema, Luis Eduardo Chataing, Carlos Delgado Sarmiento, Ernesto Fuenmayor, José Miguel Galia (quien se inicia como profesor de paisajismo, graduado en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, Montevideo, en 1944), Santiago Goiri (al igual que Carpio profesor de composición y egresado de la primera promoción del 48), Carlos Guinand Sandoz, Mauricio Iranzo, Roberto Henríquez, Tony Manrique de Lara (al igual que Carpio y Goiri profesor de composición y egresado de la primera promoción), Juan Marichal Linares, Carlos Möller, Willy Ossott, Álvaro Pérez Luciani, Julio Ripamonti, Alfonso Rísquez, Jorge Romero Gutiérrez, Tomás José Sanabria, Horacio Soriano, Arturo Valery Pinaud, Abel Vallmitjana, Charles Ventrillón y Carlos Raúl Villanueva. Se incorporan también como miembros del personal docente los arquitectos: Julián Ferris (encargado del área de construcción, graduado en Syracuse en 1947), Juan Andrés Vegas (encargado del área de urbanismo, graduado en el MIT en 1947) y Martín Vegas (profesor de composición, graduado en el Illinois Institute of Technology -Chicago- en 1949).
Una vez creada la FAU el artista plástico Abel Vallmitjana inicia allí las actividades de extensión, que marcan su inicio formal con la organización de un primer evento conmemorativo, realizado en mayo de 1954 (cercano al primer aniversario), consistente en una exposición dedicada a la obra de Leonardo Da Vinci.
Este sucinto repaso que apunta fundamentalmente a los orígenes no puede dejar de mencionar como hechos relevantes de esa primera etapa: el nombramiento como Director de la Escuela de Santiago Goiri en 1956 primer egresado que ocupa dicho cargo; el estreno en 1957 del edificio sede (sin duda el mejor de los proyectados por Villanueva para la impartición de docencia dentro de la Ciudad Universitaria), la aprobación ese mismo año de un nuevo Plan de Estudios para la Escuela (cuando contaba ya con 313 alumnos) aumentando a 39 las asignaturas y manteniendo el mismo régimen y duración, la obtención también en 1957 por parte de los alumnos de 5º año del Primer Premio de la IV Bienal de Sao Paulo y el nombramiento de Antonio Granados Valdés como encargado de llevar adelante las actividades de Extensión Cultural que inicia con la publicación del primer número de la colección Espacio y Forma (que vio aparecer 23 números hasta desaparecer en 1981); para llegar a 1958 cuando en febrero (una vez que cae la dictadura) son designados como Decano el arquitecto Julián Ferris y como Director de la Escuela Oscar Carpio, pasando a ser Ferris (quien sustituyó al ingeniero Willy Ossott) el primer profesional de la arquitectura que ejerce el cargo y quien al realizarse el año siguiente (1959) las primera elección de autoridades universitarias se convierte en el primer decano electo, designando posteriormente a Ralph Erminy como Director de la Escuela.
Los años 60 transcurren con la Facultad consolidándose en cuanto a su condición de primer centro de estudios a nivel nacional, lo cual la lleva a contar en 1960 con 793 estudiantes y 110 profesores, momento en que el Plan de Estudios se renueva y eleva el número de asignaturas a 42 bajo el mismo régimen semestral y a lo largo de 5 años de duración de la carrera. En 1961 aparece bajo la dirección de Antonio Granados Valdés el primer número de la revista PUNTO (desaparecida en 2001 luego de acumular 69 números) y se le otorga a Carlos Raúl Villanueva el Doctorado Honoris Causa. En 1963 por iniciativa de Graziano Gasparini se crea el Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas (CIHE), primer centro de investigación de la aún joven institución, y al año siguiente (1964) aparece el nº1 del Boletín de dicho Centro (descontinuado en 1994 tras 31 ediciones). La creación en 1967 (año de conmemoración del cuatricentenario de la ciudad de Caracas) del Instituto de Urbanismo marca otro momento importante que permite ir consolidando la actividad de investigación dentro de la FAU. Así, lo que empezaba a ser el transitar pausado de la institución, se ve impactado por los influjos del mayo francés que en toda la UCV dan inicio al proceso de Renovación Universitaria, de particular resonancia en la Escuela de Arquitectura a partir de 1969, y que duraría más de dos años en medio de los cuales se vive el 26 de octubre del 70 el allanamiento de la Universidad la cual permanecerá cerrada hasta el 25 de julio de 1972.
La década de los 70 se inicia con la aprobación de un nuevo Plan de Estudios para la Escuela de Arquitectura producto del impacto de la Renovación que conlleva a una reestructuración académica: se habla ahora de Unidades Crédito que en número de 170 (distribuidas entre obligatorios -115- y optativos) se deben aprobar para obtener el título y los cuales son impartidos entre Unidades Docentes y Sectores de Conocimiento. En 1975 nace el Instituto de Desarrollo Experimental de la Construcción (IDEC) y en 1976 el Consejo Universitario aprueba el Reglamento de Funcionamiento Interno de la Escuela de Arquitectura y se crean la Comisión de Estudios para graduados y el Centro de Información y Documentación de la FAU. En 1978 la Escuela alcanza su tope histórico de población estudiantil: 3500, incremento que ya había llevado a las autoridades a realizar importantes modificaciones en la planta física del edificio sede que derivaron en su desnaturalización.
Podría decirse que una vez finalizada la década de los años 70 ya la FAU presenta con claridad una estructura organizativa que con pocas modificaciones ha perdurado hasta nuestros días, apareciendo únicamente como novedad en 2005 el surgimiento de un nuevo esquema de gestión que contempló la creación de entes coordinadores de las actividades de docencia, investigación y extensión. Por otro lado, en 1980 el Instituto de Urbanismo lanza la revista Urbana (cuya continuidad se vio interrumpida en 2007 tras alcanzar el número 40), en 1985 el IDEC publicará el nº 1 de Tecnología y Construcción (que sobrevive en formato digital hasta nuestros días) y en 2006 se crea el sello Ediciones FAU UCV buscando, tras una política editorial coherente ya aprobada en 2003, unificar esfuerzos diversos e importantes que a través del tiempo la institución siempre llevó adelante en ese campo.
Desde su fundación, la FAU ha podido constatar como la mayoría de los Premios Nacionales de Arquitectura han sido otorgados a egresados de las aulas de su Escuela, y cómo ha sido objeto de múltiples reconocimientos. Ha impulsado la creación de otras instituciones, ha visto pasar por sus aulas miles de estudiantes, por sus espacios a importantes figuras del acontecer arquitectónico internacional y ha sido sede de memorables eventos.
También, es bueno decirlo, ha sido dirigida por un total de 13 Decanos que han colaborado cada uno de diferente forma en su crecimiento y a darle la robustez de la que ha podido vanagloriarse, encontrándose hoy al frente como encargado el arquitecto Gustavo Izaguirre, a quien le ha tocado lidiar con los difíciles momentos que transcurren, ensombrecidos por una terrible crisis presupuestaria que ha afectado de manera ostensible su operatividad y mantenimiento, una disminución dramática de la planta profesoral y estudiantil alcanzando cifras similares a las registradas a comienzos de los años 60, y la amenaza de un régimen que apunta a desconocer definitivamente por la vía judicial la autonomía consagrada en la Constitución, buscándose tergiversar mediante un sistema de elección de sus autoridades impuesto, su esencia como entidad eminentemente académica.
Si algo requiere la Facultad de Arquitectura de la UCV en los actuales momentos, más allá de las felicitaciones que le corresponden por su onomástico, es la solidaridad y unidad de todos quienes han tenido que ver con ella a lo largo de 63 años. Sólo de esa manera será posible enfrentar con entereza y firmeza, junto los que aún allí permanecen y el resto de la comunidad universitaria, los aciagos momentos que atraviesa y los aún peores que se avecinan que amenazan con remontarnos, como hemos visto, a episodios signados por las intervenciones ya vividas en 1952 y 1970.
ACA
Procedencia de la imagen
Colección Crono Arquitectura Venezuela
Nos interesan temas relacionados con el desarrollo urbano y arquitectónico en Venezuela así como todo lo que acontece en su mundo editorial.