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La casa Kavac constituye dentro de la trayectoria de Walter James (Jimmy) Alcock (1932) tal vez el punto más alto dentro de su fructífera carrera profesional en lo que al diseño de viviendas unifamiliares se refiere.

Proyectada para Peter Bottome Deery (reconocido hombre de negocios) y su esposa Ana Cristina Reverón Branger, en la calle El Bosque, Country Club, Caracas, la obra forma parte de una trilogía de proyectos que comienza con el que Alcock hiciera para su vivienda personal en el Alto Hatillo (1962) y tiene un segundo momento (precedido por la casa López en Sebucán, 1974) cuando se concluye “La Ribereña” (en el Country Club, 1976, diseñada inicialmente para la familia Bernárdez-Lecuna y posteriormente adquirida por la familia Cisneros), en los que va explorando la relación interior-exterior y sus transiciones dentro de las condiciones climáticas propias del trópico caraqueño. En esa evolución, la implantación de la vivienda en el terreno tomando en consideración todos los factores naturales del sitio y el interés por dotar de una rica calidad espacial tanto a la totalidad como a cada uno de los ambientes que conforman la casa, serán los rasgos característicos de una exploración que tiene, también, en la escogencia de materiales nobles otro de sus puntos resaltantes.






Particularmente, la Kavac obedece a un rico proceso de diseño en el que la respuesta dada a un terreno levemente inclinado, localizado en el escenario paisajístico del Country Club, a las faldas de la montaña que limita por el norte la ciudad, deriva hacia un manejo novedoso del espacio habitable que toma como referencia directa la tipología colonial de cuatro corredores alrededor de un patio.

Iván González Viso en la nota dedicada a la casa aparecida en Caracas del Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015) la describe de la siguiente manera: “El acceso por una escalera de magníficas proporciones cubierta por una pérgola horizontal, contenida entre un muro de ladrillo y una columnata, nos introduce en una atmósfera escenográfica. Al traspasar el umbral, se devela el patio rectangular con vegetación, rodeado por corredores y definido por un alero apergolado soportado por columnas cilíndricas revestidas en ladrillo. Los techos exponen una sugerente estructura de concreto, un expresivo y complejo esqueleto a manera de una doble cubierta, que se eleva abriéndose al Ávila soportando el techo, y que a su vez desciende inclinado para convertirse en pérgola, arrojando sombra y definiendo una escala menor. La luz y la apertura al paisaje se generan a través de un notable espacio intermedio. La maestría en los detalles de muros y superficies se complementa con la impecable estructura vaciada en concreto a la vista. Según William Niño, esta es una obra ‘casi monacal, con referencias a la arquitectura medieval y a la luz plenamente tropicalizada’”.
Funcionalmente impecable, volumétricamente compleja y a la vez contundente, la Kavac ha sido pensada fundamentalmente para ser vivida desde adentro más que para ser apreciada desde afuera, sin que por ello deje de ofrecer ángulos y visuales que resaltan el impecable manejo del ladrillo rubio de Carora como material que la conforma, sabiamente combinado con el concreto obra limpia. Omnipresente también en el interior, el noble ladrillo encontrará en la madera su mejor aliado para dotar a sus ambientes de una calidez y riqueza donde el confort se combina con la teatralidad y el color de los materiales con la exuberancia de la vegetación.

Siempre parco y sin florituras a la hora de hablar de su arquitectura, de Alcock se han tomado dos citas que resumen la esencia de la casa Kavac señaladas en la nota preparada para presentarla en la exposición Alcock. Obras y proyectos. 1959-1992, montada en la Galería de Arte Nacional en 1992. Por un lado, manifiesta que “El patio es la manera más conveniente de solucionar la circulación de una casa, además de ofrecer una gran libertad” y, por el otro, que “Las casas coloniales después de las cinco de la tarde son muy oscuras. Por ello en Kavac propuse los aleros/pérgola, pues cortan la lluvia y permiten a la vez el paso de la luz”. También en la misma nota se expone que la doble cubierta presente en las áreas sociales y que se convierte en un rasgo emblemático de la obra, “tiene su origen en un recuerdo de Alcock de su época de estudiante, a partir de los techos de una casa caraqueña de los años cincuenta, la Villa Diamantina (1955), diseñada por Gio Ponti. En ella, Ponti levantó la cubierta para ver el Ávila. En Kavac, Alcock reelaboró esa idea sobre la terraza, pero añadiendo la pérgola para bajar la escala”.

Citado por Graziano Gasparini en Casa venezolana (1992), Juan Pedro Posani al referirse a la casa dentro de la trayectoria de Alcock señalará: “…Diría que, junto a la obra de Barragán en México y la de Salmona en Colombia, el aporte que está dando Alcock acentúa la posibilidad de concebir una arquitectura fuertemente ‘regional’ pero sin ser ‘regionalista’. Una arquitectura cargada de manera evidente, pero un tanto difícil de asir racionalmente por sus profundas raíces afectivas, de innumerables experiencias vitales ligadas irremediablemente al lugar, al sitio, al aire y a la luz de un ‘locus’ determinado e irrenunciable”.

La Kavac, de acuerdo a lo que hemos podido indagar, aparece reseñada por primera vez como “casa Bottome” en el catálogo de la exposición La casa como tema. Primera aproximación antológica de la casa en Venezuela abierta en el Museo de Bellas Artes en 1989. Luego será mostrada de manera espléndida por Graziano Gasparini (con fotos tomadas por él) en su ya mencionado libro Casa venezolana (1992) y, el mismo año, en el catálogo de la ya citada exposición Alcock. Obras y proyectos. 1959-1992, donde el trabajo fotográfico pertenece en su gran mayoría a Gorka Dorronsoro. Más adelante será incorporada en el nº 48 (1994) de AV Monografías dedicado a América Latina, siendo Juan Pedro Posani quien elaborará el correspondiente artículo titulado “Lujuria tropical: casa Kavac, Country Club, Caracas”. Finalmente formará parte del catálogo preparado con motivo de la realización en 1998 en los espacios del Museo de Bellas Artes de la IX Bienal Nacional de Arquitectura.



También, la casa Kavac se convirtió en objeto de estudio para el arquitecto Juan Manuel Mendoza dentro de la elaboración de su tesis presentada a la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile para optar al grado de Magíster en Arquitectura (2018), titulada “Memoria de un proyecto: Restitución del proceso proyectual de la casa Kavac a partir de los dibujos del arquitecto Walter J. Alcock, Caracas 1986-1988”, riguroso y muy bien documentado trabajo que puede ser consultado en file:///C:/Users/USER/Downloads/Memoria%20de%20un%20proyecto_Juan%20Manuel%20Mendoza.pdf.

La Kavac junto a la casa Fischer (en el Alto Hatillo) y la Mazzarella (en La Florida), proyectadas todas en 1987, conforman un racimo de piezas que señalan un prolífico momento en la trayectoria de Alcock siendo todas realizaciones de un muy alto nivel.
De entre ellas sólo la Kavac será presentada por Alcock, incorporando la colaboración de los arquitectos Frank Alcock y Franco Lira, en la IX Bienal Nacional de Arquitectura de 1998, donde también sumó a la casas Carrillo (1993-1995, en el Country Club, con Frank Alcock, Isabel Caleya y Carlos Gago), San Judas (1993-1996, en el Country Club, con Frank Alcock, Isabel Caleya y Carlos Gago) y La Terraza (1995-1997, en Los Chorros, con Frank Alcock), acumulando diez exitosos años en los que el arquitecto fue reiteradamente solicitado para diseñar viviendas unifamiliares.
Curiosamente, en la IX Bienal, la Kavac no obtuvo ningún reconocimiento por parte del jurado, cosa que La Ribereña si había logrado en la anterior de 1987 cuando fue distinguida con el primer premio como mejor vivienda unifamiliar.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal. Galería de Arte Nacional. Catálogo de la exposición Alcock. Obras y proyectos. 1959-1992 (1992)
1. Galería de Arte Nacional. Catálogo de la exposición Alcock. Obras y proyectos. 1959-1992 (1992); y Graziano Gasparini. Casa venezolana, Armitano (1992).
2, 3, 4, 5, 6, 7, 12, 13 y 14. Juan Manuel Mendoza. Memoria de un proyecto: Restitución del proceso proyectual de la casa Kavac a partir de los dibujos del arquitecto Walter J. Alcock, Caracas 1986-1988. Tesis presentada a la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile para optar al grado de Magíster en Arquitectura (2018) (file:///C:/Users/USER/Downloads/Memoria%20de%20un%20proyecto_Juan%20Manuel%20Mendoza.pdf.)
8. Rafael Febres Cordero. «El infatigable Jimmy Alcock». Revista ESTILO/ONLINE, septiembre 2022 (https://revistaestilo.org/2022/09/13/el-infatigable-jimmy-alcock/).
9. Galería de Arte Nacional. Catálogo de la exposición Alcock. Obras y proyectos. 1959-1992 (1992); y Graziano Gasparini. Casa venezolana, Armitano (1992); y Colección Crono Arquitectura Venezuela.
10. Graziano Gasparini. Casa venezolana, Armitano (1992).
11. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.

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UN SPLENDIDE ISOLEMENT
Une histoire de la villa Baizeau de Le Corbusier à Carthage
Sabine Massenet (montages photographiques)
Textes de Sabine Massenet, Guy Pimienta et Sami Aloulou
Editions Peuplier
2023
Idioma: francés
Nota de los editores
UN SPLENDIDE ISOLEMENT (Un espléndido aislamiento) recorre la historia de una villa olvidada de Le Corbusier construida en la costa tunecina, en Cartago, en 1929 la cual fue habitada de 1947 a 1961 por los primos hermanos de la madre del autor. Los testimonios de quienes vivieron allí y las fotografías inéditas encontradas en sus archivos marcan la obra. El mundo romano y púnico moldeó el terreno sobre el que se construye la villa. Aquí se convocan todas las capas de la memoria. Los collages digitales de Sabine Massenet combinan imágenes de archivos familiares y sus propias fotografías tomadas en Cartago entre 2016 y 2020.
En sus cuadernos, Guy Pimienta se interesa por la historia del terreno sobre el que se construyó la casa y traza la turbulenta genealogía del proyecto. Un espléndido aislamiento ilumina los vericuetos de un conflicto en el que se enfrentaron dos fuertes personalidades: Lucien Baizeau, el patrocinador, y Le Corbusier.
Un texto de Sami Aloulou evoca el destino de la villa desde la Independencia de Túnez.
En la obra completa, la villa Baizeau aparece como “en proceso”. Sin embargo, este proyecto siguió siendo una obra clave para Le Corbusier ya que se refiere constantemente a él a lo largo de sus libros. El deslumbramiento de la familia Baizeau en esta villa permanece intacto.
ACA

Pocos proyectos a lo largo de la historia reciente de nuestra arquitectura han contado con una difusión y fortuna crítica similar a la obtenida por “La Casa de mi Madre”, diseñada por el talentoso arquitecto Joel Sanz (1947-2013) en 1986 para doña Hilda Pino en Higuerote, estado Miranda. Esta afirmación se sustenta no sólo en los diversos lugares donde el trabajo fue publicado a finales del siglo XX (el catálogo de la VIII Bienal Nacional de Arquitectura, “La arquitectura del lugar” de 1987; el de la exposición “La casa como tema” de 1989 ; y la revista Arquitectura venezolana en la Bienal de Quito ’90), sino por su capacidad de convertirse, pese a su escala y los limitados recursos con que se construyó, en referencia del valor que puede tener la claridad y contundencia de una propuesta.

Pensada para resolver las restringidas condiciones que imponía una parcela de 4,50 metros de ancho por 31 metros de largo dentro de un tejido urbano de viviendas adosadas de características similares, urbanizado por el Concejo Municipal de Higuerote en los años ’50, Sanz opta por convertir, como normalmente lo hacía, su aproximación al problema como oportunidad para explorar un esquema alejado de lo que podía ser una respuesta convencional.

Así, en lugar de proponer una casa como tantas estructurada con base en una sucesión de patios que suelen resolver de manera solvente los problemas de iluminación y ventilación, Sanz plantea un limpio prisma horizontal que se sumerge en la parcela, cuya leve separación promedio de 30 cms de los irregulares linderos abre la oportunidad de encontrar una novedosa respuesta: dos ranuras a todo lo largo de la casa que producen la mayor cantidad de superficies perforables para ventilación e iluminación indirecta.

Juan Carlos Parilli, su más dilecto discípulo y socio por muchos años, tras calificar la edificación como ejemplo de “Un nuevo lenguaje tropical” en el artículo de ese mismo nombre, publicado en la revista entre rayas nº132 de noviembre 2019 dedicado a “La casa. Práctica, docencia e investigación” (de consulta obligada para obtener una visión completa y actualizada sobre el tema), precisa en su aproximación crítica al proyecto cómo Sanz utiliza una vez más una estrategia común en él caracterizada por “no complacer expectativas … para generar propuestas osadas y provocadoras, casi manifiestos, en proyectos como éste que nos ocupa…”. Y añade cómo por tratarse de un proyecto que estaba amparado por la confianza y afecto del propietario “se podía permitir explorar con libertad ideas que otros clientes no le hubieran aceptado, sin tener que preocuparse por lidiar con problemas que pudieran restar impacto a la propuesta, ya fueran mosquitos, ladrones, salitre o caprichos del dueño”.
En todo caso, Sanz hace un análisis detallado de las modalidades programáticas, funcionales y constructivas de las viviendas de la zona, interpretando y adoptando para su diseño el esquema típico que ubica en la fachada hacia la calle: el acceso, un recibo y la habitación principal, y en el extremo opuesto: la cocina, el comedor y el lavadero, unidos por un corredor en el cual se suceden las habitaciones y el sanitario. “El pasillo se recorre entre dos puntos notables, formados por el abultamiento necesario que destaca la jerarquía del dormitorio principal, y el nicho donde se ubica la nevera que invade los límites virtuales de la circulación, y altera las direcciones ortogonales que han organizado el resto de la obra”, expondrá Sanz en la memoria elaborada para presentar el proyecto en la VIII Bienal Nacional de Arquitectura de 1987, montada en el Museo de Bellas Artes de Caracas, donde optaba al premio en la categoría de vivienda unifamiliar.


El sistema constructivo, sencillo y elemental, a base de paredes de carga hechas con bloques de concreto en obra limpia, machones y vigas de corona, aunque le sirve de soporte, es prácticamente independiente del utilizado para el techo a dos aguas y alta cumbrera, resuelto con una estructura de madera cubierta de láminas metálicas galvanizadas, diseñado para mitigar las inclemencias del clima. En otras palabras, y reforzando la originalidad planteada con relación a la solución para la iluminación y ventilación, “se optó por utilizar el mismo esquema de ubicación de ambientes, pero eliminando el patio interno, por dificultades dimensionales y porque, además, este esquema obliga a mantener las habitaciones adosadas a uno de los linderos laterales”, señalará Sanz en la memoria ya citada.


Si bien es el texto explicativo, reproducido por igual en las tres publicaciones ya citadas donde la casa aparece reseñada entre 1987 y 1990, el que nos permite conocer sus aspectos más tangibles, la mirada que Parilli nos ofrece en 2019 incorporará una aproximación más fresca rescatando de “La Casa de mi Madre” aspectos del máximo interés. Por ejemplo, Parilli puntualizará: “Aunque Joel era alérgico a las tendencias ‘virales’ del momento, no pudo evitar ser influenciado por algunos temas que circulaban en el ambiente arquitectónico de esos años (de la mano del posmodernismo). Recuerdo que le interesaron algunas propuestas de Oswald Mathias Ungers (la casa dentro de la casa) y otras de Mario Botta (el uso de materiales ordinarios), ideas que utilizó en este proyecto…”.
Y, reforzando el título que le diera al artículo que publicara en entre rayas, Parilli considera que el aporte más destacable de la obra de Sanz en general “fue el de renovar el vocabulario de la Arquitectura Tropical, reinterpretando algunos de sus temas tradicionales como el alero, el patio y el corredor, y promoviendo la incorporación de otros elementos más contemporáneos y poco utilizados como la Plaza Cubierta”. Esta línea de trabajo se ve claramente expresada en «Cinco lecciones de Carlos Raúl Villanueva», Conferencia dictada por Sanz en el Colegio de Arquitectos de Milano, Italia, el 9 de noviembre de 2006 (https://es.scribd.com/document/406283150/joel-sanz2-pdf).

En particular, para Parilli será digno de resaltar en “La Casa de mi Madre”, como contribución a la conformación de esta “nueva arquitectura tropical”, lo que denomina como “el Techo Ventilante”, el cual más allá de cumplir cabalmente con su compromiso con el acondicionamiento térmico de la casa, “le otorga un papel protagónico en la expresión arquitectónica al proponerlo como un prisma de sección triangular con una dimensión deliberadamente exagerada que supera en altura a los espacios habitables a los cuales sirve y que constituye el rasgo más distintivo en la percepción de la casa”.
Esta manera de entender la cubierta como un tema y que tendrá en “La Casa de mi Madre” la primera oportunidad de convertirse en ensayo del “techo de sol-techo de lluvia” (término que Sanz le dio “a la doble cubierta que protegía del agua dejando pasar la luz solar cuidadosamente tamizada”), lo acompañará a lo largo de toda su trayectoria.

La casa, como se sabe, nunca fue habitada por su destinataria, “no quiso vivir en ella”, manifestaría en propio Sanz, dejándole un sabor algo amargo oculto tras el esfuerzo y dedicación que puso en su diseño y al indudable aporte que le dio al tratamiento del tema.
“La Casa de mi Madre”, también, ha sido reproducida a través de medios digitales en el blog CA Catálogo de arquitectura • Venezuela | Latinoamérica. Obras y proyectos de arquitectura con tradición moderna • materia | estructura | paisaje a cargo de Ramón Fermín, ofreciéndose desde allí, con la colaboración de Juan Carlos Lázaro, una valiosa información complementaria muy útil para comprender la propuesta.
Con este proyecto el arquitecto Sanz se hizo acreedor de una Mención Especial en la Categoría Diseño Arquitectónico en la VII edición de la Bienal de Arquitectura de Quito de 1990, siendo la participación venezolana (hasta 26 trabajos pertenecientes a diferentes categorías), recogida en una publicación (que ya hemos citado) elaborada conjuntamente por el Colegio de Arquitectos de Ecuador y la Fundación Museo de Arquitectura con el patrocinio de Belfort Glass.
Recordemos, para finalizar, que Joel Sanz fue co-fundador en 1972 de la Unidad Docente 9 de la FAU UCV y su coordinador desde 1985 hasta 2005. En el año 2000 fue distinguido, por el Consejo Nacional de la Cultura CONAC, con el Premio Nacional de Arquitectura y que por resolución del Instituto del Patrimonio Cultural del 20 de febrero del año 2005, fue declarado «Bien de Interés Cultural» del Municipio Brión del Estado Miranda, en el capítulo de la creación individual.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal. Museo de Bellas Artes. Catálogo de la VIII Bienal Nacional de Arquitectura “La arquitectura del lugar”, Caracas, 1987
1, 3, 4 y 7. CA Catálogo de arquitectura • Venezuela | Latinoamérica. Obras y proyectos de arquitectura con tradición moderna • materia | estructura | paisaje (https://catalogosdearquitectura.wordpress.com/2018/03/12/sanz-joel-1986-casa-de-mi-madre/)
2. Colegio de Arquitectos de Ecuador y la Fundación Museo de Arquitectura. Arquitectura Venezolana en la Bienal de Quito ’90, Tipografía Guanarteme, C.A., 1990.
5 y 8. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

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