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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 388

Pocos proyectos a lo largo de la historia reciente de nuestra arquitectura han contado con una difusión y fortuna crítica similar a la obtenida por “La Casa de mi Madre”, diseñada por el talentoso arquitecto Joel Sanz (1947-2013) en 1986 para doña Hilda Pino en Higuerote, estado Miranda. Esta afirmación se sustenta no sólo en los diversos lugares donde el trabajo fue publicado a finales del siglo XX (el catálogo de la VIII Bienal Nacional de Arquitectura, “La arquitectura del lugar” de 1987; el de la exposición “La casa como tema” de 1989 ; y la revista Arquitectura venezolana en la Bienal de Quito ’90), sino por su capacidad de convertirse, pese a su escala y los limitados recursos con que se construyó, en referencia del valor que puede tener la claridad y contundencia de una propuesta.

1. La Casa de mi Madre. Planta de techos dentro del tejido urbano donde se encuentra.

Pensada para resolver las restringidas condiciones que imponía una parcela de 4,50 metros de ancho por 31 metros de largo dentro de un tejido urbano de viviendas adosadas de características similares, urbanizado por el Concejo Municipal de Higuerote en los años ’50, Sanz opta por convertir, como normalmente lo hacía, su aproximación al problema como oportunidad para explorar un esquema alejado de lo que podía ser una respuesta convencional.

2. La Casa de mi Madre. Planta, corte transversal y fachada.

Así, en lugar de proponer una casa como tantas estructurada con base en una sucesión de patios que suelen resolver de manera solvente los problemas de iluminación y ventilación, Sanz plantea un limpio prisma horizontal que se sumerge en la parcela, cuya leve separación promedio de 30 cms de los irregulares linderos abre la oportunidad de encontrar una novedosa respuesta: dos ranuras a todo lo largo de la casa que producen la mayor cantidad de superficies perforables para ventilación e iluminación indirecta.

3. La Casa de mi Madre. Maqueta digital/axonometría.

Juan Carlos Parilli, su más dilecto discípulo y socio por muchos años, tras calificar la edificación como ejemplo de “Un nuevo lenguaje tropical” en el artículo de ese mismo nombre, publicado en la revista entre rayas nº132 de noviembre 2019 dedicado a “La casa. Práctica, docencia e investigación” (de consulta obligada para obtener una visión completa y actualizada sobre el tema), precisa en su aproximación crítica al proyecto cómo Sanz utiliza una vez más una estrategia común en él caracterizada por “no complacer expectativas … para generar propuestas osadas y provocadoras, casi manifiestos, en proyectos como éste que nos ocupa…”. Y añade cómo por tratarse de un proyecto que estaba amparado por la confianza y afecto del propietario “se podía permitir explorar con libertad ideas que otros clientes no le hubieran aceptado, sin tener que preocuparse por lidiar con problemas que pudieran restar impacto a la propuesta, ya fueran mosquitos, ladrones, salitre o caprichos del dueño”.

En todo caso, Sanz hace un análisis detallado de las modalidades programáticas, funcionales y constructivas de las viviendas de la zona, interpretando y adoptando para su diseño el esquema típico que ubica en la fachada hacia la calle: el acceso, un recibo y la habitación principal, y en el extremo opuesto: la cocina, el comedor y el lavadero, unidos por un corredor en el cual se suceden las habitaciones y el sanitario. “El pasillo se recorre entre dos puntos notables, formados por el abultamiento necesario que destaca la jerarquía del dormitorio principal, y el nicho donde se ubica la nevera que invade los límites virtuales de la circulación, y altera las direcciones ortogonales que han organizado el resto de la obra”, expondrá Sanz en la memoria elaborada para presentar el proyecto en la VIII Bienal Nacional de Arquitectura de 1987, montada en el Museo de Bellas Artes de Caracas, donde optaba al premio en la categoría de vivienda unifamiliar.

4. La Casa de mi Madre. Cortes fugados.

El sistema constructivo, sencillo y elemental, a base de paredes de carga hechas con bloques de concreto en obra limpia, machones y vigas de corona, aunque le sirve de soporte, es prácticamente independiente del utilizado para el techo a dos aguas y alta cumbrera, resuelto con una estructura de madera cubierta de láminas metálicas galvanizadas, diseñado para mitigar las inclemencias del clima. En otras palabras, y reforzando la originalidad planteada con relación a la solución para la iluminación y ventilación, “se optó por utilizar el mismo esquema de ubicación de ambientes, pero eliminando el patio interno, por dificultades dimensionales y porque, además, este esquema obliga a mantener las habitaciones adosadas a uno de los linderos laterales”, señalará Sanz en la memoria ya citada.

5. Oswald Mathias Ungers. Izquierda: “Project for a Group of Houses”, Marburg, Germany, 1976. Derecha: Portada del libro Casa en la casa. Sobre la historia de una idea de diseño, dedicado a la manera como el tema se hace presente en el Museo de Arquitectura Alemana en Frankfurt Am Main.
6. Cuatro casas icónicas de Mario Botta en el Ticino. De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Riva San Vitale (1971-1973), Ligornetto (1975-1976), La Rotonda de Stabio (1980-1982) y Morbio Superiore (1982-1983).

Si bien es el texto explicativo, reproducido por igual en las tres publicaciones ya citadas donde la casa aparece reseñada entre 1987 y 1990, el que nos permite conocer sus aspectos más tangibles, la mirada que Parilli nos ofrece en 2019 incorporará una aproximación más fresca rescatando de “La Casa de mi Madre” aspectos del máximo interés. Por ejemplo, Parilli puntualizará: “Aunque Joel era alérgico a las tendencias ‘virales’ del momento, no pudo evitar ser influenciado por algunos temas que circulaban en el ambiente arquitectónico de esos años (de la mano del posmodernismo). Recuerdo que le interesaron algunas propuestas de Oswald Mathias Ungers (la casa dentro de la casa) y otras de Mario Botta (el uso de materiales ordinarios), ideas que utilizó en este proyecto…”.

Y, reforzando el título que le diera al artículo que publicara en entre rayas, Parilli considera que el aporte más destacable de la obra de Sanz en general “fue el de renovar el vocabulario de la Arquitectura Tropical, reinterpretando algunos de sus temas tradicionales como el alero, el patio y el corredor, y promoviendo la incorporación de otros elementos más contemporáneos y poco utilizados como la Plaza Cubierta”. Esta línea de trabajo se ve claramente expresada en «Cinco lecciones de Carlos Raúl Villanueva», Conferencia dictada por Sanz en el Colegio de Arquitectos de Milano, Italia, el 9 de noviembre de 2006 (https://es.scribd.com/document/406283150/joel-sanz2-pdf).

7. La Casa de mi Madre. Despiece.

En particular, para Parilli será digno de resaltar en “La Casa de mi Madre”, como contribución a la conformación de esta “nueva arquitectura tropical”, lo que denomina como “el Techo Ventilante”, el cual más allá de cumplir cabalmente con su compromiso con el acondicionamiento térmico de la casa, “le otorga un papel protagónico en la expresión arquitectónica al proponerlo como un prisma de sección triangular con una dimensión deliberadamente exagerada que supera en altura a los espacios habitables a los cuales sirve y que constituye el rasgo más distintivo en la percepción de la casa”.

Esta manera de entender la cubierta como un tema y que tendrá en “La Casa de mi Madre” la primera oportunidad de convertirse en ensayo del “techo de sol-techo de lluvia” (término que Sanz le dio “a la doble cubierta que protegía del agua dejando pasar la luz solar cuidadosamente tamizada”), lo acompañará a lo largo de toda su trayectoria.

8. Cuatro publicaciones en las que «La Casa de mi Madre» se hizo presente.

La casa, como se sabe, nunca fue habitada por su destinataria, “no quiso vivir en ella”, manifestaría en propio Sanz, dejándole un sabor algo amargo oculto tras el esfuerzo y dedicación que puso en su diseño y al indudable aporte que le dio al tratamiento del tema.

“La Casa de mi Madre”, también, ha sido reproducida a través de medios digitales en el blog CA Catálogo de arquitectura • Venezuela | Latinoamérica. Obras y proyectos de arquitectura con tradición moderna • materia | estructura | paisaje a cargo de Ramón Fermín, ofreciéndose desde allí, con la colaboración de Juan Carlos Lázaro, una valiosa información complementaria muy útil para comprender la propuesta.

Con este proyecto el arquitecto Sanz se hizo acreedor de una Mención Especial en la Categoría Diseño Arquitectónico en la VII edición de la Bienal de Arquitectura de Quito de 1990, siendo la participación venezolana (hasta 26 trabajos pertenecientes a diferentes categorías), recogida en una publicación (que ya hemos citado) elaborada conjuntamente por el Colegio de Arquitectos de Ecuador y la Fundación Museo de Arquitectura con el patrocinio de Belfort Glass.

Recordemos, para finalizar, que Joel Sanz fue co-fundador en 1972 de la Unidad Docente 9 de la FAU UCV y su coordinador desde 1985 hasta 2005. En el año 2000 fue distinguido, por el Consejo Nacional de la Cultura CONAC, con el Premio Nacional de Arquitectura y que por resolución del Instituto del Patrimonio Cultural del 20 de febrero del año 2005, fue declarado «Bien de Interés Cultural» del Municipio Brión del Estado Miranda, en el capítulo de la creación individual.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Museo de Bellas Artes. Catálogo de la VIII Bienal Nacional de Arquitectura “La arquitectura del lugar”, Caracas, 1987

1, 3, 4 y 7. CA Catálogo de arquitectura • Venezuela | Latinoamérica. Obras y proyectos de arquitectura con tradición moderna • materia | estructura | paisaje (https://catalogosdearquitectura.wordpress.com/2018/03/12/sanz-joel-1986-casa-de-mi-madre/)

2. Colegio de Arquitectos de Ecuador y la Fundación Museo de Arquitectura. Arquitectura Venezolana en la Bienal de Quito ’90, Tipografía Guanarteme, C.A., 1990.

5 y 8. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

6. https://tecnne.com/biblioteca/mario-botta-y-la-tradicion-modernista/, https://ar.pinterest.com/pin/292100725808465033/, https://lauranoedesign.com/?p=25447 y https://www.facebook.com/photo/?fbid=2765490743483979&set=a.2735977999768587

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 380

Toda obra de arquitectura, independientemente de su magnitud, de su localización dentro de la ciudad, del uso al que esté destinada o del nivel de difusión del que haya sido objeto, tiene una historia y cobra un significado tanto para los que la habitan como para aquellos que se aproximan a ella, más aún cuando se tienen claros sus antecedentes. Con ello no estamos diciendo nada nuevo, pero creemos que puede servir de necesaria introducción a la nota que hoy dedicaremos a la casa Vega, proyectada en 1973 por los arquitectos Alberto Tucker Mellior (1937-2021) y Mario Ramañach (1917-1984).

1. Ubicación de la casa Vega dentro de la urbanización Prados del Este.

Ubicada al fondo de una calle ciega que marca el final (o el inicio, depende de cómo se mire) de la avenida Los Jardines en la urbanización Prados del Este, al sureste de Caracas, la casa significó para sus proyectistas la oportunidad no sólo de satisfacer con creces las aspiraciones de sus clientes a través de una obra de indudable calidad sino que sirvió, además, para sellar una amistad forjada durante años entre un maestro y su discípulo, quienes asumieron el reto de tomar la batuta en la aventura que se encuentra detrás de la creación y puesta en marcha de la Carrera de Arquitectura de la Universidad Simón Bolívar.

Alberto Tucker, mientras cursó estudios de arquitectura en la Universidad de Cornell a comienzos de los años 60 (regresó a Venezuela en 1964), tuvo la oportunidad de conocer a Mario Romañach, destacado arquitecto cubano con una amplia y fructífera producción de obras en su país entre 1945 y 1959 (la cual puede consultarse en https://www.urbipedia.org/hoja/Mario_Roma%C3%B1ach), lo cual permiten catalogarlo como uno de los más importantes arquitectos modernos de la isla caribeña. Cabe añadir que Romañach, quien tuvo que emprender el camino del exilio a los Estados Unidos a finales de 1959, durante su estadía en Norteamérica fue profesor de las universidades de Harvard (había conocido a Walter Gropius en La Habana), Cornell y Pennsylvania, siendo en la Escuela de Diseño de esta última (que como se sabe tenía gran peso la figura de Louis Kahn, a quien admiraba) donde desarrolló con mayor intensidad su carrera académica y en ese estado donde logró acumular cierta obra construida.

2. Algunas de las obras realizadas por Mario Romañach en Cuba entre 1945 y 1959. Arriba izquierda: Casa Noval Cueto, Cubanacán (1948-1949). Arriba derecha: Apartamentos para Evangelina Aristigueta de Vidana (1956). Abajo izquierda: Casa Evangelina Aristigueta, Cubanacán (1953). Abajo centro izquierda: Casa Ernesto Suárez, Querejeta (1959). Abajo centro derecha: Casa Rufino Álvarez, La Habana (1956-1957). Abajo derecha: Casa Manuel Saavedra, Querejeta (1951).

Pues bien, en el marco de la creación de la Universidad de Caracas, luego Simón Bolívar, alternativa a la penetración política de que había sido objeto la Universidad Central de Venezuela desde mediados de los años 60 del siglo XX, quienes la concibieron en 1967 vieron en el modelo organizativo aplicado por algunas casas de estudio de Estados Unidos y Canadá una oportunidad de romper con el rígido esquema que regía a las universidades nacionales. Dándole un carácter “experimental”, una estructura departamental que derivaba en la oferta de ”carreras” y contando con un apacible lugar para desarrollarse lejano al bullicio capitalino, Ernesto Mayz Vallenilla, rector desde 1969, encontró la oportunidad propicia para dar cuerpo a su tesis de un “humanismo planetario” el cual “encontrará su satisfacción en la huida y el retorno a un mundo virtuoso, idealizado, en un campo que se yergue sobre una colina en la que se cultivarán los hombres que subyugarán el caos urbano por el conocimiento; constructores de la nueva ciudad reformada mediante el dominio consciente de la técnica”, afirmará Carlos Olaizola en “Mario Ramañach. El arquitecto cubano que sirvió de puente entre Pensilvania y Caracas”, ponencia presentada en la Trienal de Investigación FAU 2017.

Pues bien, quiso el destino que Justo Pastor Farías (encargado entre otros de organizar los estudios de ingeniería en la USB), quien a su vez había encomendado a Gustavo Legórburu la tarea de organizar los correspondientes a arquitectura como alternativa a una “politizada” UCV que atravesaba, además, el proceso de Renovación Universitaria, se aproximarán, una vez creada la carrera en enero de 1971, a un desconocido Alberto Tucker Mellior para proponerle que fuese el primer Coordinador y terminase de armar el Plan de Estudios.

3. Mario Romañach (izquierda) y Alberto Tucker (derecha).
4. Mario Romañach al centro, en los espacios exteriores de la casa-club donde funcionó la primera sede de la carrera de Arquitectura de la USB; a la izquierda, Julio Maragall, de espalda Alberto Tucker y a la derecha Jorge Núñez.

Tucker, sin experiencia alguna en la docencia y egresado de una universidad norteamericana como Cornell, según testimonio ofrecido a Olaizola, por aquellos años se había asociado a su maestro Mario Romañach quien venía con frecuencia al país y lo animaría a que aceptara el importante desafío ofreciéndole todo su apoyo y experiencia.

Será Romañach, por tanto, quien, luego de revisar el voluminoso trabajo adelantado por Legórburu, le proponga a Tucker a través de un diagrama, de una manera sencilla, clara y directa todo lo que debería ser y contener la carrera:“… el número de años de diseño con el número de diseños que debía contemplar el plan, la cadena de estructura, en fin, todo el esquema organizativo estaba allí, en una simple hoja blanca, y me dijo, esto es todo lo que debe tener la carrera”, le confesará Tucker a Olaizola. Luego Tucker le presentará esa propuesta a Legórburu obteniendo su aprobación.

Olaizola añadirá: “Gracias a este hecho afortunado, termina Mario Romañach involucrado en la concepción del Plan de Estudios, aplicando algunas de las destrezas que lo llevaron a ser considerado el mejor arquitecto de Cuba y un ‘notable profesor en Estados Unidos’ (Dagit, 2013, p. 45); el dibujo del cual se servía para expresar sus ideas, y la capacidad de síntesis y claridad conceptual, fueron aptitudes que se harían patentes en los años sucesivos, cuando su labor tras bastidores terminará resultando clave para la consolidación de la carrera de Arquitectura de la Universidad Simón Bolívar y para la renovación de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela”.

De tal manera, el diseño de la casa Vega proyectada justo en aquellos años y el plan de estudios de la carrera de arquitectura de la USB tienen como denominador común esa feliz coincidencia.

5. Vista aérea de la casa Vega (a la derecha de la imagen).

La casa, visita de culto para estudiantes y egresados de la USB y lección de arquitectura, responde al lugar donde se encuentra (el final de una calle y una amplia parcela) y resuelve el programa convencional asignado mediante la creación de dos volúmenes: uno conformado por dos paralelepípedos desplazados los cuales, orientados en sentido noreste-suroeste, favorecen su cabal apreciación y resuelven el acceso de personas y vehículos; y otro, ubicado en el borde sureste del terreno completando un interesante juego compositivo, conformado por un cubo aislado concebido originalmente como oficina o consultorio y que funciona actualmente como casa de huéspedes.

6. Izquierda arriba: La fachada hacia la calle. Izquierda abajo: La fachada hacia el jardín. Derecha: Zaguán de entrada en el primer piso
7. Diversas vistas del interior de la casa Vega.

Hacia el frente, dejando una amplia área de estacionamiento en la planta baja, se desarrolla una imponente escalera que, finalizando en un pequeño zaguán, señala al primer piso y al lugar donde los dos volúmenes se solapan como el sitio donde se entrará formalmente a la vivienda. Ello ofrece la oportunidad de tener una muy lograda distribución funcional hacia las diversas zonas que la componen: el cuerpo más angosto contendrá las habitaciones en dos niveles; el más ancho, las áreas sociales (sala-comedor) en planta alta y la cocina junto a los servicios en la planta baja (con acceso directo también desde el exterior), que contarán con un amplio desahogo abierto hacia el generoso jardín posterior, techado por el vacío dejado bajo el propio volumen que hacia la calle, bajo una operación similar, había permitido techar parte del estacionamiento.

Construida de manera impecable en concreto obra limpia (presente tanto en el interior como en el exterior) y cerramientos en ladrillo a la vista tratado con escrupuloso cuidado que le ofrecen una atractiva textura, la casa se muestra enigmática hacia la calle y expresiva hacia el fondo desde donde se puede apreciar el Ávila a la distancia. Las habitaciones se iluminarán desde el retiro lateral noroeste dándole a ese frente un ritmo que logra diferenciar la condición presente en los dos niveles. También está llena de detalles en madera que confirman el cuidado que tuvieron sus diseñadores de no dejar nada sin contemplar.

Pasada por alto como muchas otras por la importante recopilación y curaduría que dio origen a la exposición “La casa como tema” realizada en el Museo de Bellas Artes en 1989, la casa Vega merece un lugar en un nuevo esfuerzo que se emprenda en ese sentido en algún momento, que esperamos no sea muy lejano.

Muy bien mantenida por sus propietarios sometida a pocas modificaciones de acuerdo a su programación original, la casa Vega, reiteramos, ofrece a quien la visita la oportunidad de apreciar arquitectura al más alto nivel y a los vinculados a la carrera de arquitectura de la USB un lugar que permite beber de las fuentes, mantener vivo el recuerdo de quienes fueron sus proyectistas y descubrir, aunque sea de forma lejana, el rol jugado por ellos en su formación profesional.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. https://www.instagram.com/francomicucci/

  1. Captura de Google Earth.

2. https://www.urbipedia.org/hoja/Mario_Roma%C3%B1ach

3. https://www.urbipedia.org/hoja/Mario_Roma%C3%B1ach y https://twitter.com/ealv21/status/1381771202386141187

4. Carlos Olaizola, “Mario Ramañach. El arquitecto cubano que sirvió de puente entre Pensilvania y Caracas”, Trienal de Investigación FAU 2017 (Cortesía Enrique Larrañaga)

5. Captura de Google Earth

6. https://twitter.com/ealv21/status/1381774175476518914 y https://www.instagram.com/francomicucci/

7. https://twitter.com/ealv21/status/1381774175476518914 y Cortesía Luis Emilio Pacheco

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 372

A poco que uno examina las casas que han sido galardonadas con el Premio Nacional de Arquitectura en el renglón “vivienda unifamiliar” otorgado en las diferentes Bienales organizadas, las dos primeras (años 1963 y 1965) por la Sociedad Venezolana de Arquitectos (SVA), y desde la tercera celebrada en 1967 hasta la más reciente (la XIII) de 2018 por el Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV), se va encontrando con la oportunidad de elaborar una especie de guion que, con el objetivo de presentarlas, documentarlas y analizarlas, colabore en el reforzamiento de nuestra memoria construida.

Es en tal sentido que habíamos previsto reseñar para el día de hoy la casa proyectada en 1974 por los arquitectos Ralph Erminy y Jorge Castillo, graduados en la UCV en las promociones 8 y 9 de 1958 y 1959, respectivamente, para el destacado hombre de ciencia, educador, escritor y poeta Alonso Gamero Reyes (1923-1980) y su familia, ubicada en la calle Laguna de Tacarigua de la urbanización Cumbres de Curumo, Caracas, por la cual fueron distinguidos, justamente, con el Premio Vivienda Unifamiliar en la VI Bienal celebrada en 1976.

Animados en hacer la tarea, nos hemos encontrado con que los registros que se encuentran acerca del diseño de la quinta se han centrado en presentarla como un excelente ejemplo de “síntesis de las artes”, dado que el sistema de cerramientos del inmueble hacia la calle (portón y reja), estuvo conformado nada más y nada menos que por una fisicromía (o cromatismo físico) del maestro Carlos Cruz-Diez, realizada en momentos en que ya venía desarrollando con paso firme esa variante expresiva dentro de su rica y dilatada carrera como artista plástico.

1. Carlos Cruz-Diez. Izquierda: Fisicromía 1, 1959. Caracas. 50 x 50 cm. Derecha: Fisicromía en el hall de entrada del Banco Central de Venezuela, 1973. Caracas. 3 mts x 6 mts.
2. Cromoestructura colocada en 1992 como portón de acceso a la Torre Seguros La Previsora, Caracas (2.80m x 10.50m).
3. Tres fisicromías de Cruz-Diez concebidas como arte urbano en tres ciudades diferentes. Arriba izquierda: Fisicromía Cóncavo-Convexa. Homenaje a Don Andrés Bello, Plaza Venezuela, Caracas. 1982. Arriba derecha: Fisicromía para Madrid, Parque Juan Carlos I, Madrid. 1991. Abajo: Fisicromía Color Naranja, Redoma de Guaparo, Valencia, Venezuela. 2001

Recordemos que para Cruz-Diez las fisicromías, cuyo primer ejemplo data de 1959, son “trampas de luz”, y están constituidas por una serie de elementos que forman el “fondo” de la obra y, otras verticales, de color translúcido, que al recibir la luz bañan ese fondo y transforman sus colores de forma que podemos ver incluso colores que no están en la pintura física. Sin embargo, lo interesante del caso correspondiente a la casa Gamero es la exploración tridimensional que ese particular trabajo lleva implícito, asociado a una variable estrictamente funcional como lo es el estar compuesta por un elemento fijo (reja) y otro móvil (portón) en metal, concebidos como una “pérgola vertical”, por lo que se puede decir que ello le sirvió al maestro para abrir un camino que posteriormente desarrolló con gran éxito dentro del arte urbano.

Con base en lo anterior, quienes han comentado el edificio (como es el caso de la página https://www.morasso-arquitectos.com/la-villa-moderna-en-caracas/), valoran el hecho de que la pieza de Cruz-Diez no se limitó a decorar el frente de la casa, sino que funcionaba como un filtro climático y lumínico que separaba la fachada de los espacios sociales que se abrían hacia un patio-jardín delantero, a los que las separaciones entre las láminas de la obra de arte les ofrecían una piel que mitigaba la sensación de confinamiento, conformándose un agradable espacio intermedio.

4. Frente de la casa Gamero con la fisicromía como protagonista. A la izquierda funcionando como reja (sostenida del borde del techo de la casa) y a la derecha como portón.

También nos hemos topado con descripciones como la publicada en el catálogo de la exposición “La casa como tema. Primera aproximación antológica de la casa en Venezuela”, montada en los espacios del Museo de Bellas Artes en 1989 donde, dentro de la línea que ya hemos asomado y acompañada de una foto en blanco y negro de la fachada, similar a la que, a color, engalana nuestra postal del día de hoy, se expresa lo siguiente: “La Casa Gamero puntualiza un hito de la Arquitectura Venezolana en el que el tema de la espacialidad habitable en lo íntimo se adapta plenamente a una intervención de Arte. En efecto, la horizontal fisiocromía (sic.) de Cruz-Diez demarca el territorio a partir del cual se desarrolla el espacio íntimo del hogar; la pintura, el cerramiento, lo escultórico, permiten también reflexionar el tema de la membrana. La pérgola vertical que protege el jardín interior es un aporte tipológico que da salida al tema de la casa, esta vez no definida a partir de la fachada sino de la atmósfera que recrea la barrera de luz, sombra y vegetación a partir de la cual se define la intimidad de lo externo”.

Con tales premisas por delante, quisimos conocer un poco más sobre el programa de la casa, su exacta ubicación, las variables de su entorno y su organización funcional, su espacialidad y su sistema constructivo, esperando encontrarnos con abundante información que facilitara nuestro afán de reseñarla de la manera más completa posible.

El hecho es que por más que hemos buscado, tocado puertas y enviado mensajes a personas que pudieron habernos orientado al respecto no ha sido posible, quedándonos con la extraña sensación de tener entre las manos una obra de la que, por el simple hecho de contar con el ya mencionado Cruz-Diez como acompañante, se debe asumir que todo estaba dicho.

5. El Conoto.

Si acaso, hemos podido dar con el nombre que se le colocó a la residencia: “El Conoto”, ave típicamente suramericana de unos 46 cm y 300 grs de peso cuyos “… machos adultos son principalmente negros con el obispillo castaño y la cola de un color amarillo brillante con dos plumas centrales oscuras. Tiene una cresta estrecha que es un tanto difícil de apreciar. El iris de los ojos es azul; el pico es largo y blanquecino”, denominación que remite a los amplios conocimientos de zoología que poseía el propietario, conocedor sin duda de la belleza del pájaro que tal vez quiso equiparar al diseño de la casa.

Sin bajar la guardia, también hemos intentado reconstruir un posible programa de espacios que para 1973-74, imaginamos, debió contemplarse para la numerosa familia que el profesor Gamero tenía en aquel entonces: casado en segundas nupcias en 1958 con Blanca Heredia Osío (Miss Venezuela 1956, semifinalista en el Miss Universo, graduada posteriormente de bioanalista en 1966), de quien ya tenía cuatro hijos (Gabriel, Alejandro, Aura y Valentina), a los cuales, quizás, habría que sumar como habitantes y parte del hogar los dos mayores (Alonso, arquitecto, nacido en 1951 e Hilario de 1952), provenientes de su primer matrimonio con Ana Teresa Salazar llevado a cabo a finales de los años 40 o comienzos de los 50.

6. El profesor Alonso Gamero Reyes (1923-1980) y su segunda esposa Blanca Heredia Osío (1934-2022).
7. Vista de la quinta El Conoto donde se puede apreciar al fondo (izquierda) la silueta del Ávila. La foto pertenece a los archivos del Atelier Cruz-Diez.

En todo caso, parece que estaríamos hablando de una casa que rondaba los 300 metros de área de construcción de al menos 4 habitaciones con sus correspondientes áreas sociales y de servicios, ubicada en un terreno cercano a los 900 m2, uno de los de menor tamaño dentro de la cuadra. Las imágenes traducen que la quinta era de una planta (no sabemos si tuvo desniveles internos) y que fue construida con estructura de concreto armado con la incorporación de algunos elementos en concreto obra limpia.

Sobre la inclusión de Cruz-Diez como partícipe de la experiencia constructiva tampoco hemos podido encontrar gran cosa. Especulamos que quizás conocía a Gamero, o en su defecto a Erminy y Castillo, los arquitectos.

Acerca de la parcela que ocupó dentro de la calle Laguna de Tacarigua en Cumbres de Curumo, gracias a una de las fotos exteriores que asoma al fondo la silueta del Ávila, hemos llegado a la conclusión de que ocupaba la acera noreste, por lo que la conocida fachada tenía una crítica orientación suroeste que justificaba su carácter protector. De resto no hemos sabido nada más.

8. Foto que encabeza el artículo «Quinta El Conoto. Vivir en el arte», publicado por Denise Armitano Cárdenas en contexturas.org.
9. Otra de las imágenes que acompaña el artículo de Denise Armitano.

Ha sido el testimonio publicado por Denise Armitano Cárdenas en contexturas.org, a raíz del fallecimiento del maestro Cruz-Diez el 27 de julio de 2019, titulado «Quinta El Conoto. Vivir en el arte», donde expresa su experiencia como visitante de la casa de los Gamero durante su infancia, otro frente colateral que nos ha permitido elaborar esta nota.

Luego de hacer un repaso sobre su obra y los homenajes de los que Cruz-Diez fue objeto, Armitano relata cómo: “En una muy breve crónica, narré que entre 1975 y 1979 solía visitar a mis primos Hernández d’Escrivan quienes vivían en la calle Laguna de Tacarigua ubicada en la caraqueña urbanización Cumbres de Curumo. En los jardines de aquella serena cuadra residencial, jugábamos con otros niños. Un día Valentina, la menor de los Gamero, nos invitó a pasar dentro de su moderna casa: la Quinta El Conoto”. Y continúa: “Aún recuerdo el agrado que significó entrar, literalmente, en una obra de arte, y el contraste entre el calor externo acompañado de la luz estridente de un día sin nubes y la frescura apacible del interior tras pasar el portón hecho de una Fisicromía (1974) de Carlos Cruz-Diez cuyo trabajo, ya a los ocho años me atrevía a reconocer y apreciar. Ese día sentí que había traspasado el umbral hacia la sofisticación de vivir, no solo rodeado de arte, sino ‘dentro’ del arte”.

El profesor Gamero, aquejado de dolencias cardíacas, sólo pudo disfrutar por seis años de la casa (falleció en Mérida en 1980), permaneciendo allí su familia durante largos años.

10. Vista aérea de la calle Laguna de Tacarigua (Cumbres de Curumo) en la actualidad donde es muy difícil distinguir del lado izquierdo de la vía cuál sería la quinta El Conoto.
11. Imágenes tomadas de https://uploads.knightlab.com/storymapjs/14cd5c1474cb692e50bf66ef549e8119/aqui/index.html

Entrado el siglo XXI los Gamero vendieron la casa sin que sepamos si fueron ellos o los compradores quienes antes de 2010 contrataron a un taller de herrería para desmontar el Cruz-Diez para vendérselo a un coleccionista privado.

Ello acontecía pese a que en la página fundamemoria.blogspot.com leemos que : “la Quinta El Conoto fue registrada por la Fundación de la Memoria Urbana para el Instituto del Patrimonio Cultural y el CONAC en el Preinventario Arquitectónico, Urbano y Ambiental Moderno de Caracas 2005/2006 de acuerdo al Convenio de Financiamiento Cultural 2003, No. 293 de fecha 30 de septiembre de 2003, suscrito entre la Fundación de la Memoria Urbana y el CONAC, Contrato No. CONV.CJ-003/2005, como Bien Preinventariado, y consignada ante la Alcaldía de Baruta el día 22 de noviembre de 2007. Merece ser protegida y conservada”.

A raíz del desmantelamiento de su fachada el testimonio de Denise Armitano también aporta lo siguiente: “No hay imágenes de cómo quedó la Quinta El Conoto sin su Cruz-Diez, ni creo que las habrá. Tras ser vendida hacia el año 2015, la casa parece haber sido severamente reformada. La calle fue cerrada con un portón elevado y vigilancia. Dicen que un clan familiar adquirió toda la cuadra, aconsejado por expertos acerca de su situación estratégica en caso de necesaria estampida”.

Sobre lo ocurrido con la calle Laguna de Tacarigua nada mejor que consultar “La calle de los Flores”, trabajo de investigación realizado por armando.info publicado en https://uploads.knightlab.com/storymapjs/14cd5c1474cb692e50bf66ef549e8119/aqui/index.html sobre el cual, una vez leído, sobran las palabras.

Ahora el lector entenderá por qué hemos tomado la decisión de hablar en pasado sobre la quinta El Conoto, premio en el renglón de vivienda unifamiliar en la Bienal Nacional de Arquitectura de 1976, de la que aún tenemos la esperanza de poder consultar algún día su planimetría y alguna que otra imagen de su interior para, al menos, rendirle un homenaje póstumo registrándola como es debido.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Colección Crono Arquitectura Venezuela

  1. https://www.wikiart.org/en/carlos-cruz-diez/fisicrom-a-1-1959 y https://www.facebook.com/ccsen365/photos/a.1784606341799574/2400348730225329/?type=3

2. https://www.facebook.com/Arquitecturavzl/photos/cromoestructuraen-el-a%C3%B1o-1992-la-torre-seguros-la-previsora-de-caracas-coloca-en/2361167580765240/

3. https://beatrice-91993.medium.com/la-fisicrom%C3%ADa-de-carlos-cruz-diez-a-doble-faz-en-homenaje-a-don-andr%C3%A9s-bello-soporte-para-un-ef86cb72a202, http://sobrepaisajes.blogspot.com/2018/01/carlos-cruz-diez-cambiando-paradigmas.html y https://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Cruz-Diez

4. https://twitter.com/areasvellas/status/1004634486108278784

5. https://es.wikipedia.org/wiki/Psarocolius_decumanus y detalle de foto tomada de https://contexturas.org/quinta-el-conoto-vivir-en-el-arte/

6. https://www.facebook.com/groups/lavenezueladeayer/posts/1361261843953855/ y https://www.facebook.com/reymidasdelabellezavenezuela/photos/a.116818253140/10153264504003141/?type=3&locale=es_LA

7. https://www.morasso-arquitectos.com/la-villa-moderna-en-caracas/

8 y 9. https://contexturas.org/quinta-el-conoto-vivir-en-el-arte/

10. Captura de Google Earth

11. https://uploads.knightlab.com/storymapjs/14cd5c1474cb692e50bf66ef549e8119/aqui/index.html