1943•Luego de dos años de diseño y construcción el arquitecto Carlos Guinand Sandoz (1889-1993) (Ingeniero, mención Arquitectura, Technische Hochschule de Munich, Alemania 1913; Reválida UCV, 1936), concluye su segunda vivienda personal, la Qta. Atapaima, ubicada en la Urbanización Los Chorros, Caracas.
El arquitecto Guinand Sandoz resuelve la Qta Atapaima con un claro esquema de organización utilizando tres cuerpos, que en su planta baja, la social (orientada hacia el este) tiene: el acceso, un vestíbulo, el salón, el comedor, un estar y un amplio corredor abierto hacia el jardín; hacia el norte: un cuerpo integrado por la cocina, la despensa, la habitación de servicio, lavandero, patio de secado y una habitación adicional para el personal de apoyo; y en el tercer brazo con orientación sur-este: tres habitaciones compartiendo un baño.
1960•Se termina la construcción de la Quinta Loma Baja, ubicada en la Av. Kemal Ataturk de la Urbanización Valle Arriba, Caracas, diseñada por el arquitecto de origen alemán Klaus Heufer.
Este proyecto, una de sus primeras casas «patio», con techos recubiertos con teja española, le permitieron demostrar su dominio en la resolución de la planta utilizando corredores y aleros, enfatizando la integración visual con los jardines exteriores y el hábil control climático.
Este hermoso proyecto de Heufer, un magnífico ejemplo de la comprensión y dominio de la tipología vernácula del patio, interpretada a la luz del racionalismo ha sido muy intervenida en su diseño. Hoy en día, con el nombre de Qta. Ommat es la sede de la Embajada de Iran es difícil reconocerla.
1906• El Presidente Joaquín Crespo (1841-1898) inicia en el año 1890 la remodelación y ampliación de la Villa Santa Inés, su residencia personal, ubicada en Caño Amarillo, Caracas. Como parte de los trabajos propuestos se contempló la construcción de un bulevar y un arco de triunfo en conmemoración de la Batalla de Santa Inés con la cual finalizó la Guerra de la Federación. El maestro de obras catalán Juan Bautista Sales y Ferrer fue el encargado en 1896 de proyectar y construir el Arco de Santa Inés. Su construcción nunca se concluyó por la muerte de Joaquín Crespo en la Batalla de la Mata Carmelera, estado Cojedes. Por falta de recursos económicos y diferentes prioridades gubernamentales nunca se terminó su construcción, solo se levantaron los dos pilares del arco que están revestidos con una hermosa decoración, que recuerda la arquitectura de Barcelona, España, donde trabajó el maestro Sales y Ferrer.
La Sala Mendoza presenta, el próximo 23 de abril, a las 4:30 p.m., “Territorios de sombra. 6 casas en el trópico”, una muestra del trabajo realizado por el estudio Sánchez Taffur Arquitectos (STA).
Esta exposición reúne seis obras de vivienda unifamiliar que pueden leerse como episodios de una investigación arquitectónica sostenida en el tiempo a lo largo de dos décadas.
La muestra propone a través de croquis, planos, maquetas e imágenes, una mirada profunda a una arquitectura determinada de manera decisiva por la temperatura y la intensidad de la luz propias del trópico. Las obras revelan la capacidad de equilibrar el orden y rigor geométrico con el apropiado y necesario manejo lumínico que la arquitectura en estas latitudes demanda.
Fecha y hora: 23 de abril de 2026, 4:30 p.m.
Dirección: Sala Mendoza: Nivel Mezzanina, Edif. Eugenio Mendoza Goiticoa, Universidad Metropolitana, Urb. Terrazas del Ávila, Caracas.
Acerca de la exposición (nota enviada por STA Arquitectos)
Esta muestra reúne seis ejercicios de vivienda unifamiliar que, a lo largo de dos décadas, han servido como laboratorios para explorar sobre las posibilidades del proyecto. Para STA, proyectar es un acto de reflexión, resistencia y adaptación, en donde la sombra no es la ausencia de luz, sino la materia prima con la que se manifiestan las atmósferas en nuestros espacios. La arquitectura en el trópico no es solo una respuesta al clima, sino una negociación constante sobre el cómo habitar bajo esta cultura en el caribe.
Existen elementos comunes que se repiten en cada una de las obras presentadas: el umbral y un zaguán revisitado, como espacios de transición necesarios entre lo público y lo íntimo, entre el afuera y el adentro. El patio aparece de manera recurrente, como el pulmón que organiza la vida de cada vivienda y permite que el viento y la luz cenital bañen el interior sin vulnerarlo. El alero, el balcón y el quiebra-sol, dejan de ser ornamentos para convertirse en medios de control de temperatura y protección; en unas fachadas que buscan una tridimensionalidad habitable. También se ponen de manifiesto el uso de la doble piel o el filtro térmico y lumínico, donde celosías, romanillas y muros calados con distintas materialidades, actúan como un tamiz que protege del sol tropical mientras genera penumbra, intensidades, y zonas de calma. Finalmente, las cubiertas ligeras, perforadas y apergoladas, ayudan a definir zonas de permanencia, sin necesidad de delimitar físicamente los espacios.
Esta filosofía de trabajo apuesta por un pensamiento desde lo constructivo: el material y su textura: el concreto puro y pesado, la calidez de la madera, la inercia de la piedra y la precisión del hierro o el aluminio. Busca un equilibrio entre la gravedad y la transparencia, donde lo sólido del basamento se encuentra con la transparencia, fluidez y perspectivas largas de plantas que desdibujan los límites del objeto para proyectar el habitar hacia el paisaje. Territorios de sombra es, en esencia, un homenaje a nuestra luz y a esos espacios intermedios que definen aquella arquitectura venezolana que tanto admiramos.
Cuando el reconocido arquitecto venezolano Jorge Castillo Blanco (Maracaibo,1933-Caracas, 2022) presentó la casa que diseñara para el cantante, músico, compositor, poeta, publicista, productor de televisión y asesor político José Enrique (Chelique) Sarabia Rodríguez (La Asunción,1940-Lechería, 2022), en la VIII Bienal Nacional de Arquitectura (La arquitectura del lugar) en 1987, acompañó la información gráfica y planimétrica consignada con una memoria descriptiva que comenzaba así: “Hace 12 años cuando Chelique me llamó para que le proyectara su casa o su ilusión de casa, el planteamiento se refirió a producir un objeto-casa en donde además de que todo ‘funcione’ desde el punto de vista pragmático, la arquitectura tuviera un ‘significado’”.
1. Poster (izquierda) y portada del catálogo (derecha) de la VIII Bienal Nacional de Arquitectura. La arquitectura del lugar (1987).
Del párrafo que hemos transcrito se derivan varios datos que vale la pena considerar en la aproximación que pretendemos hacer a esta singular vivienda, ubicada en la urbanización La Lagunita, El Hatillo, Caracas. El primero es el que nos orienta acerca de la fecha aproximada en que se realizó el proyecto: 1975 (doce años antes de la realización de la Bienal de 1987), habiendo finalizado su construcción en 1981 dentro del lapso de recepción de propuestas para el evento. El segundo tiene que ver con la relación arquitecto-cliente que se traduce en la “ilusión” que el segundo pudo haberle manifestado al primero con relación a lo que podría ser su vivienda, lo cual derivaría en la posibilidad de realizar con entera libertad una obra no convencional o, en otras palabras, un “objeto-casa” que funcionase y que además debería tener un “significado”.
Continúa Castillo insistiendo en asuntos que, en lo que concierne al acto de proyectar una vivienda, llaman la atención y que permiten utilizar esta casa como claro ejemplo de una actitud que su arquitecto profesaba con absoluta convicción: “Aquí ya no es un problema de ‘Forma y función’, sino la arquitectura como un fenómeno creativo”, expondrá en el texto que venimos repasando.
2. Dibujo de Jorge Castillo que refirma la idea de que la casa está concebida como un objeto que trasciende el «mito» de que la forma sigue a la función. También recoge la fecha de terminación de la obra.
De allí que nos encontremos con que la llamativa y poderosa volumetría que finalmente adoptaría la obra (recogida en la foto que ilustra nuestra postal del día de hoy), caracterizada por presentarse como un prisma truncado a 45º que ofrece en sus dos caras triangulares los elementos que mejor la identifican, provenga de un momento en el que Castillo se interesó por estudiar dicha forma “viendo su fuerza desde el punto de vista ‘visual-espiritual’”.
La declaración que a continuación lanza el arquitecto de que “LA ARQUITECTURA NACE DEL SIGNO”, remite directamente a sus preocupaciones por la Semiótica de las formas recogidas en un manuscrito titulado “A propósito del hacer arquitectura”, elaborado en 1986 luego de su participación en la exposición “Los signos habitables” (montada en la Galería de Arte Nacional en 1984), que nos facilitara su hijo el también arquitecto Juan Carlos Castillo Lagrange. Entre otras cosas allí Castillo menciona:
“LA ARQUITECTURA se ha inventado para reunir y mantener reunidos a las criaturas humanas. Solamente una lectura del signo puede evocar el laberinto de una edificación. El signo es una Arquitectura de la memoria y un muro semitransparente por donde se vislumbra la historia de la Estructura Arcaica de la Casa”
(…)
3. Página 10 de la sección «Semiótica de las formas» extraída de la mimeografía «Conversación: A PROPÓSITO DEL HACER ARQUITECTURA» de Jorge Castillo fechada en Madrid, junio de 1986. La publicación es producto de las reflexiones derivadas de su participación como parte de la muestra «Los signos habitables. Tendencias de la arquitectura venezolana contemporánea», Galería de Arte Nacional, 1984 y de la entrevista publicada en su catálogo que le hiciera William Niño Araque.
“La Arquitectura nace del signo. (…) El signo pertenece a un linaje primordial: La Luz. (…) El cuadro es un código de lectura. (…) Todo espacio es generado por la TRAYECTORIA TOPOLÓGICA de un SIGNO. (…) EL ÁNGULO DIEDRO es la Matriz de la arquitectura visible. Allí se encuentra el punto donde descansa el triángulo y comienza la cruz donde es gestada la estrella.
La Arquitectura es la morada del signo. (…) Toda construcción mantiene leyes uniformes de unión y separación de espacios, estas leyes nacen en el signo, y el signo es luz en movimiento. Para comprender la arquitectura es necesario el encuentro con los ARQUETIPOS.
Antiguamente, el juego de los signos evocado en las construcciones de la metrópolis era llamada ARQUEOMETRÍA.
Actualmente, los signos están ocultos bajo los mantos opacos del cemento esperando revelaciones y encuentros con la forma.
Los tres mundos de una edificación humana evocan lo celeste, lo terrestre y lo inframundano.
Así la Arquitectura es el encuentro del macrocosmo con el microcosmos en el Mesocosmos: el mundo intermedio de la Construcción”.
De tal manera, evocadas en la memoria descriptiva entregada en VIII la Bienal Nacional de Arquitectura, las esotéricas reflexiones de Castillo no hacen sino corroborar el peso que lo conceptual (“la idea”), tiene dentro de una trayectoria donde el orden cronológico en el que se presentan sus obras no es determinante, donde el todo siempre es más que la suma de las partes y donde la pretensión de trascender permite deducir que la casa que nos ocupa muestra claramente una vocación universal y atemporal.
Gonzalo Lacurcia en el texto titulado “La creación dentro del círculo” publicado en Inmuebles nº50, abril-mayo 2000, a raíz del otorgamiento del Premio Nacional de Arquitectura a Jorge Castillo en 1999 precisará: “La Casa de Chelique Sarabia en La Lagunita, forma una cuña que apunta al cielo. Una forma difícilmente asociable a la función de vivienda, pero que desde tiempos inmemoriales ha sido empleada y reconocida por el hombre. Castillo se compromete con una arquitectura que reconozca el pasado, pero siempre proyectado a futuro, y encuentra una relación más directa entre estos dos tiempos, más que con el tiempo presente”.
4. Tres obras de Jorge Castillo anteriores a la Casa Chelique Sarabia en las que prevaleció la utilización del concreto armado de forma innovadora. Izquierda arriba: Iglesia Nuestra Señora de Coromoto (Maracaibo, 1959). Izquierda abajo: El Porvenir Entidad de Ahorro y Préstamo (Coro, 1971). Derecha: Diorama (Campo de Carabobo, 1971).
Asumida también como otra oportunidad para poner de manifiesto “su inquieta inclinación por lo experimental que transforma cada edificación en un riesgo elaborado”, Castillo, a quien el trabajo con estructuras en acero ya le había permitido alcanzar importantes logros, vuelve, sin embargo, a utilizar en la Casa Chelique como recurso tectónico el concreto armado, material usado anteriormente en la Iglesia Nuestra Señora de Coromoto (Maracaibo, 1959), el Diorama (Campo de Carabobo, 1971) y el edificio sede de El Porvenir Entidad de Ahorro y Préstamo (Coro, 1971),·en las que siempre presentó soluciones tecnológicas innovadoras.
5. Casa Chelique Sarabia. Planta baja mostrando todos los niveles y la ubicación dentro de la parcela.
En la misma línea de buscar romper esquemas preestablecidos, donde el empleo de elementos arquitectónicos que “impresionan” los sentidos actúan como “motores” que inciden sobre el intelecto del observador en su totalidad, Castillo describirá la Casa Chelique señalando que: “La planta de esta arquitectura está trabajada toda a 45º con relación a la calle, luego la forma total también lleva un ritmo de 45º, no sólo con relación al plano horizontal sino vertical y espacialmente”, lo cual implicó que para su comprensión y visualización por parte del usuario, el calculista y el constructor hubo necesidad de realizar una maqueta.
Esta manera de experimentar apuntó a indagar un territorio donde la mente debe hacer un importante esfuerzo a la hora de digerir planteamientos espaciales no convencionales, y el desarrollo de un sistema de comunicación dirigido a “otros colegas” con la finalidad de “demostrar que los planos para realizar una obra arquitectónica pueden parecer de gran complejidad” sin necesariamente serlo.
6. Casa Chelique Sarabia. Corte esquemático elaborado por Juan Carlos Castillo Lagrange.
La casa de tres plantas, orientada norte-sur y situada en un terreno que hace esquina, propone colocar en el nivel inferior, hacia el frente, las áreas sociales (estar, comedor y bar a las que se suma un baño auxiliar) y, hacia el fondo, las de servicios (cocina, pantry, dormitorio de servicio con su baño más zona de lavado y secado), rodeadas todas de terrazas y áreas verdes que aprovechan los retiros. El sector de servicios se encuentra separado por un patio del estacionamiento techado al cual se accede desde el este. Hacia el este también se ubica la entrada principal, definida mediante como una perforación en el imponente plano triangular que define el perfil de la casa y separada por un muro del estacionamiento. Trabajado con absoluta discreción desde el exterior, el acto de atravesar el umbral que crea la perforación donde se encuentra la puerta, se transforma hacia el interior en una sorprendente sensación de dinamismo espacial y de manejo rico y a la vez controlado de la luz natural que dota al edificio del misticismo buscado por su proyectista.
7. Casa Chelique Sarabia. El hermoso espacio ocupado por las áreas sociales se encuentra cerrado hacia el norte por una fachada de vidrio a la cual le corre agua para refrescar.
Obedeciendo al espíritu de una casa-estudio o del taller habitable, la disposición y formalidad de los espacios buscan, sin embargo, derribar “mitos” existentes en el “hacer arquitectura”, de entre los cuales tal vez la relación forma-función sea el más importante. Así, los dos pisos superiores, integrados como una secuencia de actividades a partir de la omnipresente diagonal, están destinados a albergar las áreas íntimas convirtiéndose la integración espacial y su fluidez en oportunidad para mirar interior y exteriormente. Dicha secuencialidad termina convirtiendo la casa en un recinto en el que el propietario (compositor, creativo), pudo ir disponiendo sin problemas una creciente colección de instrumentos musicales.
8. Casa Chelique Sarabia. Izquierda: Vista desde el noreste que muestra el tratamiento de la fachada norte. Derecha: Fachada este desde donde se produce el acceso peatonal separado por un muro-jardinera del vehicular.
Jorge Castillo, quien obtuvo (como ya se dijo) el Premio Nacional de Arquitectura otorgado por el CONAC en 1999, después de la realización de la Casa Chelique continuaría reafirmando su muy particular manera de entender la arquitectura donde (siguiendo el texto de Lacurcia): “la idea” se ubica “como origen del hecho compositivo, pero, sobre todo, como elemento delimitador que marca los alcances de la obra, es decir, como finalidad palpable”; “la intuición” forma parte fundamental tanto del proceso creativo como del resultado final de cualquier edificio; “la experimentación” es el motor que le imprime tanto identidad como diversidad a su aproximación al diseño; “la atemporalidad-universalidad” lo llevan (como ya se ha dicho) a reconocer el pasado pero siempre mirando al futuro, dejando el presente como una variable más ligada a lo específico de cada encargo; “el pragmatismo” se encuentra en la voluntad de intentar que todo proyecto realizado pueda ser construido, donde el factor climático juega y papel determinante; “la síntesis de las artes”, siempre presente, entendida como un camino a la totalidad, denota el peso que siempre tuvo su formación como artista plástico antes de ser arquitecto y su estrecha relación con Carlos Raúl Villanueva; y “el colectivo”, ubicado como como usuario final de la Arquitectura se convierte en eje central en la creación de espacios, urbanos o no, “en los que el hombre pueda reconocerse dentro del cosmos que compone su mundo, sin que necesariamente éstos cumplan alguna otra función”.
9. Izquierda: Portada del catálogo de la exposición «Los Signos Habitables. Tendencias de la arquitectura venezolana contemporánea», muestra que recogió los proyectos recientes de seis notables arquitecto venezolanos: Tomás José Sanabria, José Miguel Galia, Fruto Vivas, Jorge Castillo, Jesús Tenreiro y Gorka Dorronsoro. Derecha: Foto de Castillo que apareció en la publicación.
Reacio a hablar en términos absolutos acerca de lo que es o no arquitectura (“la arquitectura se da en todas las definiciones que se pueden hacer; sin embargo está solamente en lo que percibes y sientes espacialmente”), sincero cuando reconoce que “los planteamientos van cambiando con el tiempo, lo que no cambia es la actitud creativa en cada obra arquitectónica que uno hace”, contundente cuando manifiesta su predilección por lo construido y no por la construcción, Castillo mostró siempre estar consciente de su formación moderna (egresó de la FAU UCV en 1959 en la promoción nº9), la cual manejó de una manera no ortodoxa ni doctrinaria y, si se quiere, no académica a través de su arquitectura. Contradictorio, audaz y creativo han sido tres de los calificativos usados para identificarlo dentro del grupo de arquitectos venezolanos destacados de la segunda mitad del siglo XX.
La Casa de Chelique, objeto arquitectónico único donde los haya, obra si se quiere menor, alejada de otras preocupaciones que Castillo manifestó más ligadas a la industrialización, la búsqueda de nuevos sistemas constructivos, la exploración de nuevos materiales y su racionalización, quizás sea una pieza digna de ser considerada como muestra de sapiencia en el manejo de la forma, convivencia y contraste entre lo sencillo y lo complejo y manifestación de rebeldía contra los convencionalismos a la hora de proyectar. O, según sus palabras: “Arquitectura nacida del signo”.
Nota.
Para la realización de esta reseña contamos con el importante y desinteresado apoyo del arquitecto Juan Carlos Castillo Lagrange para quien va nuestro sincero agradecimiento.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal y 9. Galería de Arte Nacional. Catálogo de la exposición «Los Signos Habitables. Tendencias de la arquitectura venezolana contemporánea», 1984
1. Cortesía de Juan Carlos Castillo Lagrange; y Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.
2 y 3. Jorge Castillo. Conversación: A PROPÓSITO DEL HACER ARQUITECTURA. Mimeo. Madrid, 1986. (Cortesía de Juan Carlos Castillo Lagrange)