1938• Se concluye la construcción de la Sala de Lectura – Ateneo del Táchira, ubicada en la esquina de la Calle 9 con Carrera 6, San Cristóbal, estado Táchira, proyectada en estilo neo colonial por el arquitecto Luis Eduardo Chataing (1906-1971) e inaugurada el 1º de abril del mismo año. El Ministerio de Obras Públicas MOP había iniciado la construcción de la edificación en septiembre de 1935, bajo la supervisión del ingeniero Carlos Ferrero. El financiamiento de la obra y su posterior dotación fue realizada por el gobierno del presidente Eleazar López Contreras. El edificio del Ateneo del Táchira tiene dos niveles, los cuales totalizan 1890 m2 de construcción. El arquitecto Chataing organizo sus plantas entorno a un patio central, sobre el cual dispuso un salón para actos con un aforo de 500 personas, una biblioteca, un archivo, una sala de exposiciones y un vestíbulo. El Salón de Lectura – Ateneo del Táchira fue fundado en 1907, razón por la cuál se le conoce como el más antiguo de Venezuela, mereciendo la calificación de Patrimonio Cultural de La Nación. En el año 2016 la Gobernación del Estado Táchira realizó una remodelación del edificio aportando Bs 140 millones de Bolívares para revitalizar este vital espacio cultural regional.
Fuentes consultadas @ateneotachira Táchira News Gobierno del Táchira
Los concursos de arquitectura en Venezuela, como hemos comentado en otras ocasiones, han tenido la mala fortuna de no haber concluido en su mayoría con la construcción de la edificación objeto de los mismos. Con mucho dolor pero con la objetividad que proveen las cifras, no es difícil concluir que concursar se ha convertido enun mecanismo que, al menos en este país, no ha funcionado más allá de su condición de detonante eminentemente proyectual, de manifestación de las modas y tendencias imperantes en cada momento y de generador de tendencias en cuanto a la consolidación de ciertos y determinados estilos expresivos que poco a poco fueron evolucionando a la vez que demostrando su eficaz poder de convencimiento.
En pocas palabras, si consideramos que la finalidad de todo concurso de arquitectura consiste -más allá del consumo disciplinar interno- en propiciar sustanciales mejoras en el entorno construido y con ello inducir pedagógicamente al ciudadano a apreciar sus bondades como valor cultural, no cabe duda que en Venezuela, dado el bajo porcentaje de realizaciones por esa vía, el fracaso ha sido total, a pesar que aún sostengamos que se trata de una de las expresiones más acabadas del modo de vida democrático, el mecanismo más idóneo para garantizar calidad y variedad a bajo costo y la oportunidad siempre propicia tanto para mantenerse en forma como para manifestar y confrontar ideas, amén de ruta para abrirle camino a las nuevas generaciones.
Lo curioso es que cada vez que se llama a una contienda de este tipo se deja de lado la frustración que históricamente las ha acompañado y, automáticamente, un importante grupo de profesionales, atraídos por el tema, por las bases que se elaboran o por la idoneidad del jurado (asuntos formales importantes siempre muy bien cuidados), se enfrascan en competir por el simple placer de hacerlo a sabiendas de que, más allá de obtener el premio en metálico ofrecido y la posibilidad de desarrollar el proyecto vinculado al llamado hecho, no existen mayores garantías de ver el esfuerzo convertido en obra construida.
Sin duda, existe un particular espíritu en el “arquitecto concursante” quien,además de tener la peculiar condición que todo contendiente debe poseer, traducida en entusiasmo, empuje, desinhibición, ganas de confrontarse y hasta fe tanto en el mecanismo como en el triunfo como medio de promoción de ideas y obtención de trabajo, va acompañado de otros rasgos más próximos al apostolado, al misticismo y, sobre todo, al estoicismo con algunas dosis de masoquismo. Todo el que ha tenido la oportunidad de participar en un concurso de arquitectura sabe que el camino que va desde la decisión de inscribirse a la de entregar se encuentra gobernado por una serie de situaciones oscilantes entre el placer y la angustia, el cálculo y el descontrol, la satisfacción y el sufrimiento, la formulación de una estrategia y el manejo del factor sorpresa. Sabe que concursar significa, aunque sea por un período de tiempo, estar poseído por una obsesión. Pero, también debe saber que, en Venezuela, una vez consumado el triunfo y pasada la borrachera del éxito puede que empiecen los verdaderos dolores de cabeza dentro de la más absoluta soledad.
Es así que, ajustándose al perfil descrito, en nuestro país, durante los últimos veinticinco años del siglo XX, los vencedores en los numerosos certámenes abiertos, convocados normalmente con el aval del Colegio de Arquitectos y alguna institución pública o privada reconocida, fueron a parar a un puñado de habilidosos y talentosos profesionales que desarrollaron estrategias que incluían atractivas técnicas de representación que convencían a los calificados evaluadores nombrados para la ocasión.
Entrado el presente siglo, teniendo como referencia todo la información proveniente de la web y con la definitiva incorporación de los medios de expresión gráficos computarizados, manejados con gran destreza por los más jóvenes, se abrió la puerta no sólo para que éstos demostraran su habilidad en el uso de las más avanzadas herramientas de dibujo sino además la solidez de la formación recibida en sus respectivas casas de estudio.
El Concurso para el Complejo Internacional de Acción Social por la Música Simón Bolívar (CIASMSB) ganado por el equipo conformado por los nóveles arquitectos Khristian Ceballos, Alejandro Méndez, Mawari Núñez, Daniel Otero, Jean-Marc Río y colaboradores, cuya atractiva imagen nocturna ilustra nuestra postal del día de hoy, es sin duda una clara demostración de muchos de los asuntos que hemos esbozado en las líneas anteriores.
1. El jurado en pleno proceso de evaluación y perspectiva de la propuesta ganadora en su entorno urbano.
Convocado desde el8 de enero de 2010, el CIASMSB fue organizado por la Corporación Andina de Fomento (CAF) y la Fundación del Estado para el Sistema Nacional de las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (Fesnojiv) con el auspicio del Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV). Estaría ubicado en el Bulevar Amador Bendayán de la capital venezolana y buscaba obtener la mejor opción arquitectónica para un futuro eje musical complementario con el Centro Nacional de Acción Social por la Música, sede de las orquestas juveniles.
Cerrado el proceso de inscripción el 26 de enero, el cual fue atendido por 234 participantes, y tras 30 días en los que la Secretaría Técnica del concurso atendió las consultas de los inscritos, finalmente el 2 de julio, el jurado internacional integrado por José Antonio Abreu, director del Fesnojiv; Yasuhisa Toyota, ingeniero acústico de Japón; Iñaki Ábalos, arquitecto español; Anita de la Rosa, arquitecto paisajista; Lorenzo González Casas, arquitecto y urbanista; Eduardo Guzmán, representante de la Alcaldía Libertador; Omar Seijas, vicepresidente del Colegio de Arquitectos de Venezuela; y los jurados suplentes Pedro Franco, arquitecto y Paola Posani, representante de la Alcaldía Libertador, luego de evaluar las 55 propuestas entregadas, emitió su fallo mediante el cual otorgaban tres premios y cuatro menciones.
Los evaluadores opinaron que la propuesta ganadora presentada por Ceballos, Méndez, Núñez, Otero, Río y colaboradores se distinguía por “la acertada respuesta a las variables del contexto, estableciendo un importante vínculo entre el Bulevar Amador Bendayán y el Parque Los Caobos mediante la utilización del recurso de la transparencia, y de un programa espacial que valora el uso del espacio público».
El segundo premio correspondió a Urban-Think Tank / Arquitectos, Urbanistas, C.A. y SLiK Steinemann Lemmerzahl Kueng Architekten GMBH; y el tercero a la arquitecto Sullka Lima. Las menciones fueron otorgadas a: Juan Castellanos, Laura Plazas, Jairo Fleitas, Carlos Jiménez, Alejandra Vergara y colaboradores; Carlos Olaizola, Alfredo Sanabria, Andrés Orellana y colaboradores; Odart Graterol, Ricardo Rebolledo y Wilhelm Scheuren; y Micucci Arquitectos Asociados, conformado por Franco Micucci, Aliz Mena, Claudia Vergara, Andrés Guzmán, Sarah Lipps, Gabriela Semeco y colaboradores.
2. Plantas de la propuesta ganadora3. Corte norte-sur por una de las salas
Los concursantes tuvieron que enfrentar un complejo y exigente programa compuesto de dos unidades: un conservatorio de música y las salas de concierto. El conservatorio incluía aulas de clases, grandes salas de ensayo y puestos individuales. Las salas de conciertos modulares se componían de una sala de 1700 plazas y otra de 1300 plazas. Una tercera sala con 500 plazas comparte sus funciones entre conciertos y ensayos. Los requerimientos restantes contemplaban: la administración, residencias de músicos, restaurante y cafetería, un centro multimedia, y áreas de estacionamiento.
Para los ganadores, “La proximidad entre el público y los músicos es parte intrínseca de la idea del proyecto… . Las salas de concierto son compactas para permitir una buena acústica y visibilidad, y también son altas para obtener el volumen necesario. (…) Esas salas son diferentes, para obtener acústicas diferentes, y así responder mejor a las especificidades de las diferentes orquestas. La sala grande de 1700 puestos del programa Infantil tiene vocación internacional, con una escena adaptable y una acústica variable que permite la puesta en escena de 400 músicos y un gran número de espectadores en el público. También puede recibir un programa de eventos. La otra sala de 1300 puestos privilegia los coristas y tiene su escena posicionada más en el centro del espacio. Si el concierto no tiene coristas, sus puestos pueden ser atribuidos a espectadores. La sala de 500 puestos es un auditórium adaptable pero que no contiene modularidades escenografías costosas”.
4. Renders de las áreas comunes pertenecientes a la propuesta ganadora
Por otra parte, dentro de las dificultades que ofrecía un terreno que por sus dimensiones complicaba la resolución del programa, “la idea del proyecto es crear un espacio urbano como un vínculo social en un programa cultural denso. Este fragmento vacío divide el edificio en dos unidades por medio de una grieta horizontal que abre el panorama hacia el parque Los Caobos, e integra la noción de paisaje al proyecto. Es un lugar de encuentro entre los visitantes y los usuarios. Este espacio une el conservatorio de música, un bloque compacto anclado al suelo, y las salas de concierto, un bloque ligero suspendido”.
También, “el proyecto pone en valor la comodidad de los músicos, la facilidad de transporte de los instrumentos, y la reagrupación del público. (…) Un proyecto compacto, organizado alrededor de un nodo central … que permite distribuir de manera eficaz los principales flujos (músicos y público). (…) La yuxtaposición de las distintas familias del programa permiten que cada una funcione de manera independiente pudiendo, en caso de ser necesario, cerrar cualquiera de ellas sin afectar el funcionamiento general del edificio. (…) El acceso general esta concentrado en un solo punto a nivel del boulevard…”.
5. Render del hall de entrada.
A diferencia delCentro Nacional de Acción Social por la Música diseñado por Tomás Lugo, concebido como un “conservatorio del siglo XXI” con énfasis en lo educativo, compuesto por 2 salas de conciertos, una de para 1.100 personas y otra para 400 personas, que por aquel entonces se construía en un terreno adyacente al asignado para el concurso que nos ocupa, se trataba ahora de dar una proyección decididamente internacional a “el sistema” pudiéndose considerar como su edificio “cúspide” lo cual se ve reflejado en su denominación. Tan es así que en la convocatoria se expresaba lo siguiente: “ ‘La arquitectura es una música congelada’. Es indudable que a Caracas con este concurso, le llega la hora de ponerse al nivel de otras ciudades con relación a la música: Londres con su ‘Royal Albert Hall’, New York con su ‘Canergie Hall’ y Viena con su ‘Musikverein’, junto con el ‘Symphony Hall’ de Boston, y el ‘Concertgebouw’ de Ámsterdam, llevan la ‘batuta’, en relación a este tipo de edificaciones y programas musicales”.
6. Dos renders de la sala principal.
Agrupados a través de la firma adjkm, prácticamente recién egresados (entre 2004 y 2006) de sus estudios realizados en la Escuela de Arquitectura Carlos Raúl Villanueva FAU UCV (Ceballos de Barquisimeto y el resto de Caracas), y tras haber coincidido cuatro de ellos en actividades de postgrado en París, es a su regreso cuando, asociados con Río deciden participar en el concurso que les dará notoriedad dentro del mundo de la arquitectura.
Cuando en 2014, en pleno proceso de desarrollo del proyecto para el CIASMSB fueron entrevistados por Natacha Tiniacos y Florencia Alvarado para el portal Backroom (http://backroomcaracas.com/entrevista/adjkm-laboratorio-de-pensamiento/) bajo el título “ADJKM: laboratorio de pensamiento”, Ceballos, Méndez, Otero y Núñez (con Ríos ya fuera del equipo), con la frescura y espontaneidad que da la juventud, expresaban prácticamente a coro: “Es un punto en común. Nosotros no nos fuimos escapando de algo sino a formarnos y por una afinidad muy fuerte con Francia. Siempre teníamos el deseo de hacer cosas en Venezuela. Apenas salió el concurso de la Sinfónica (que es muy raro que surjan concursos en Venezuela) vimos que esa era la oportunidad. Ni siquiera con vías a ganar sino simplemente participar y… divertirnos un rato. (…) Ahora, una vez que ganamos sí tuvimos que desprendernos de todos nuestros nexos en Francia y venirnos para asumir la responsabilidad”. Y ante la pregunta “¿Cuánto tiempo les llevó hacer el proyecto para mandarlo al concurso?”, respondieron: “Tres meses. Es muy divertido el proceso porque no son tres meses dibujando ni produciendo cosas, son tres meses pensando, discutiendo… Algún día les mostraremos el mail madre de discusiones que tiene como 160 correos que nos hemos escrito. (…) Teníamos reuniones en bares… Era una actividad ‘after work’ donde nos sentábamos a hablar del proyecto. (…) El proyecto final llegó después de unas cuantas cervezas, de estar en la casa solo, pensando… Es un proceso que no se transforma en un dibujo o una carga de trabajo como se piensa, sino de discusión en discusión”.
Intuimos que tras la muerte del maestro José Antonio Abreu en 2018, creador en 1975del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela y motor incansable en los logros alcanzados por el mismo durante 40 años, sumado a la crisis estructural que vive el país, el inicio de la construcción del CIASMSB ha entrado en un letargo que como tantos otros no sabemos hasta cuándo durará.
Sin embargo, con algunos de los integrantes de adjkm de nuevo en Francia, llama la atención que en la página web de “el sistema” (https://elsistema.org.ve/ ) no se haga mención del Concurso, de su desenlace, del desarrollo del proyecto y de su estado actual que asumimos completamente concluido.
El Concurso Nacional de Ideas «La Cultura Libera al San Carlos. La transformación del cuartel San Carlos en Centro Nacional de Culturas”, promovido por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, el Consejo Nacional de la Cultura (CONAC) y el Instituto de Patrimonio Cultural (IPC), presidido por el arquitecto Leopoldo Provenzali y asistido por el también arquitecto Javier Cerisola, se inscribe en un año en el que la realización de eventos de ese tipo se vio particularmente revitalizada. Así, en el 2000 se llevaron a cabo, además del ya señalado: el Concurso de Ideas por invitación para el Edificio Sede de la Cinemateca Nacional, Los Caobos, Caracas; el Concurso privado convocado por la Fundación UCV para la Propuesta de Recuperación de la Plaza Simón Bolívar, ubicada entre los estadios de la UCV, Caracas; el Concurso Conservación y Rehabilitación del Área Central de Valencia, estado Carabobo (5 elementos de mobiliario urbano); y, Coordinados por INSURBECA con el patrocinio de CONAVI, FONDUR y FUNDACOMUN-CAMEBA, se organizaron como parte del Programa de Habilitación Física de las Zonas de Barrios de la Ley de Política Habitacional, dos Concursos de Ideas correspondientes a diferentes estados del país.
1. El Cuartel San Carlos con el Panteón Nacional al fondo. 19202. El Cuartel San Carlos. Planta y vista exterior de comienzos del siglo XX3. Cuartel San Carlos. Patio principal
El Cuartel San Carlos, puesto militar que permitía albergar hasta 2000 soldados, construido sobre la planicie de La Trinidad, al Norte de Caracas, por orden del entonces gobernador de la Provincia de Venezuela, don Luis de Unzagay Amenzaga, en 1787, constituiría, como bien señala Iván González Viso en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015) “el punto final del sistema de fortificaciones que punteaba la ruta entre el puerto de La Guaira y Caracas, que formaban parte de la estrategia defensiva del territorio diseñada por el ingeniero militar y brigadier de las Fuerzas Reales, el belga Agustín Cramer. Su primera etapa fue concluida en 1790 y su construcción finalizó en 1792, con espacios destinados al entrenamiento militar, resguardo de armas, dormitorios, calabozos y áreas comunes. El edificio, cuya dimensión original era un cuadrado de 75 por 75 metros, era una pieza única en el área para ese entonces, ya que, por Real Cédula, se prohibían construcciones en su entorno.”
Su nombre rinde honor al rey Carlos III siendo conocido también a través del tiempo como Cuartel de Veteranos, Cuartel de La Trinidad y Cuartel de Santa Ana. “Está construido con muros de tapia y posee un patio de armas rodeado de corredores o galerías con arcadas. El diseño era de dos plantas, con garitas de vigilancia en cada esquina. La estructura fue también utilizada como prisión militar y política” entre 1945 y 1994 pero diferentes fugas de presos llevadas a cabo en la década de 1970 “pusieron en entredicho su seguridad a la hora de albergar prisioneros”.
Durante el terremoto de 1812 el cuartel se vio seriamente afectado quedando sepultada en sus escombros “una tropa de línea compuesta por soldados de Artillería y Zapadores”, según relata la antropóloga Mariana Flores en “Cuartel San Carlos. Yacimiento veterano”, artículo aparecido en Memorias, Revista Digital de Historia y Arqueología desde el Caribe, nº 7, 2007. “No es sino hasta finales del s. XIX, en el año de 1884, cuando se restaura completamente su estructura, aunque sus reparaciones se iniciaron en 1839 en el Gobierno del General Carlos Soublette. El poco presupuesto nacional y el mantenimiento del control interno durante el inicio de la República, no permitieron su culminación sino hasta la época de Antonio Guzmán Blanco. El alojamiento de las tropas durante este siglo, funcionó en el Cuartel de Milicias, Cárcel Pública, y en los Conventos de San Jacinto y San Francisco. (…) En el año de 1900 otro terremoto destruye nuevamente parte del edificio, incluyéndose esta vez durante la reconstrucción, la prolongación de las Naves Este y Oeste y la construcción del edificio de enfermería y de las cuatro garitas de las esquinas, mientras que en 1946 se inserta el edificio de la Comandancia, localizado en el Patio Central”, apuntará Flores.
4. Vista aérea del Cuartel San Carlos
La edificación, que había sido declarada monumento histórico nacional en 1986 por la Junta Nacional Protectora y Conservadora del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación, es objeto en 1988 del Decreto N° 2.487, emanado de la Presidencia de la República, que destinaba sus instalaciones para sede del Museo Nacional de la Historia, bajo custodia y conservación de la Academia Nacional de la Historia.
En 1995, se ratificó lo pautado en el Decreto 2.487 y, por ende, su condición de “sede del mencionado Museo y demás fines que sean compatibles, de acuerdo a lo que decida el Consejo Nacional de la Cultura”; en el mismo documento se encarga de su restauración al Instituto del Patrimonio Cultural «para devolverlo, en lo posible, a su estado prístino». Cabe destacar que para el momento del llamado a concurso los trabajos de rescate del edificio patrimonial estaban ya en marcha. Se habían iniciado durante la gestión de Juan Pedro Posani como presidente del IPC y continuados sin detenerse por Leopoldo Provenzali, quien lo sucedió en el cargo.
Con el Concurso de Ideas se buscaba mediante un proyecto integral proponer la creación de áreas de exposiciones, auditorios, salas de usos múltiples, aulas y talleres, áreas para oficinas, servicios y depósitos, espacio para un centro de documentación audiovisual y de archivos, servicios gastronómicos y áreas de comercialización de bienes culturales. Se pretendía, así, convertir el antiguo recinto militar en el “Centro Nacional de Culturas”; espacio integrador de las expresiones plurales de todas las regiones de Venezuela.
La Comisión Organizadora del evento estuvo conformada por Guillermo García Ponce, Benito Irady y Carlos Pou habiéndose inscrito, en virtud de las amplias bases que se plantearon para el mismo, más de un centenar de personas.
5. Número 343 del semanario Arquitectura HOY del 30 de junio de 2000 donde se recogen los resultados del «Concurso Nacional de Ideas. La transformación del cuartel San Carlos en Centro Nacional de Culturas».
El numeroso jurado, integrado por Héctor Navarro, Manuel Espinoza, Gustavo Pereira, Gladys Meneses, Jorge Rigamonti, José Manuel Rodríguez, Pedro Romero, Ana María Marín, Marcos Sanoja y Hugo Segawa como invitado internacional, seleccionó como propuesta ganadora la presentada por el equipo integrado por los arquitectos Joel Sanz y Juan Carlos Parilli, con la colaboración de Claudia Hernández, Omar Ladera y Roberto Castillo, formando parte de la información gráfica presentada el material con el que ilustramos nuestra postal del día de hoy. El segundo premio fue ganado por el mismo grupo sumándose como colaboradores Sergio Colombo y Juan José Carrillo; y el tercero por los arquitectos Rafael Mattar Neri, Garam Mattar Neri y Darwing Suárez Bustamante. Así mismo, el jurado otorgó tres Menciones de Honor: la primera para el equipo conformado por Edwing Otero García, Alfredo Sanabria Corrales y Hugo José D´Enjoy Ochoa, con la colaboración de María José Sedales y Natascha Gergoff B.; la segunda para Arturo Lares, José Miguel Fernández Avilán y Yudmar R. Reyes Ramírez; y la tercera para Pablo Lasala Ferrer, Isabel Lasala Hernández y Ana Lasala Hernández con la colaboración de Claudia Ruiz Santana. Adicionalmente otros once trabajos fueron reconocidos con Mención Publicación.
Tal y como fue recogido en el número 343 del semanario Arquitectura HOY del 30 de junio de 2000, los ganadores presentaron unos lineamientos generales donde se subraya la necesidad de crear “un ambiente integrado a la ciudad, un conjunto urbano más que un edificio, que promueva y estimule junto con la necesaria planificación de actividades, la indispensable espontaneidad que hace de estos lugares espacios exitosos, en donde la cultura se acerca a la vida cotidiana de la ciudad a través de espacios interiores y exteriores que permitan su apropiación de manera informal para actividades y eventos difícilmente previsibles en una programación planificada”.
Tal declaración de intenciones se acompaña de una “propuesta urbana” y una “propuesta arquitectónica”. La primera se encuentra respaldada por una serie de acciones “dirigidas a revitalizar la zona, que en parte por su ubicación periférica, y en parte por decisiones erradas de diseño urbano, se ha convertido en un lugar deprimido cuyos problemas deben ser resueltos, trascendiendo los límites del edificio del Cuartel e incluso de la poligonal urbana objeto del concurso”. Para ello la operación principal consistirá en convertir la fachada norte, hoy en día abandonada, en su frente principal, acompañándola con la creación de un atractivo espacio público que le servirá de acceso al edificio.
La segunda propuesta, consecuencia y a la vez acompañante necesario de la primera, “consiste en la creación de un recinto urbano bien definido e identificable, conformado espacialmente por nuevas construcciones que rodean la edificación del Cuartel y a una serie de espacios exteriores (plazas anfiteatros y terrazas), destinados a actividades públicas, formales e informales relacionadas con el uso cultural”. Además se propone la eliminación de todos los anexos (interiores y exteriores) que con el tiempo se le han añadido al edificio, en busca de recuperar las características originales del mismo, evitándose adosar ningún otro cuerpo o edificación “a excepción de un área de acceso y distribución que se construirá en la antigua fachada posterior (ahora principal), entre los dos apéndices construidos en el siglo XIX”.
6. Imágenes del Estudio Arqueológico del Cuartel San Carlos (EACUSAC) del Instituto de Patrimonio Cultural llevado a cabo por EXARCON (Excavaciones Arqueológicas Consultores. C. A.)
Como suele suceder en Venezuela, la solución formulada por los vencedores del certamen quedó en el papel. Posteriormente (2006) sólo sabemos que se emprendió el Estudio Arqueológico del Cuartel San Carlos (EACUSAC) del Instituto de Patrimonio Cultural llevado a cabo por EXARCON (Excavaciones Arqueológicas Consultores. C. A.), que abarcó las áreas Traspatio, Patio Central y las Naves Este y Oeste de la edificación, «encontrándose en el sitio una amplia muestra de materiales que reseñan un estilo de vida cotidiana militar, así como las dinámicas sociales internas ocurridas en el San Carlos», del cual el ya mencionado artículo de Mariana Flores da cuenta con lujo de detalles.
7. Portada de la publicación publicación editada por los entes organizadores del concurso que lleva por título justamente «La Cultura Libera al San Carlos. Concurso Nacional de Ideas. La transformación del cuartel San Carlos en Centro Nacional de Culturas” (2000)
El concurso, su concepción, organización, desarrollo y desenlace fue recogido en una publicación editada por los entes organizadores que lleva por título justamente «La Cultura Libera al San Carlos. Concurso Nacional de Ideas. La transformación del cuartel San Carlos en Centro Nacional de Culturas”, siendo uno de los pocos documentos que se han hecho para registrar evento alguno de este tipo realizado en el país y por tanto referencia en dicha área temática. El libro está estructurado con base en una “Introducción” conformada por cuatro textos de Héctor Navarro, Manuel Espinoza, Leopoldo Provenzali y Benito Irady; tres capítulos (“El Cuartel San Carlos” -reseña histórica, cronología del edificio, levantamiento planimétrico y registro fotográfico-, “La cultura libera al San Carlos” -seis artículos de Guillermo García Ponce, Carlos Pou Ruan, Gustavo Pereira, Pedro Romero, Jorge Rigamonti, Hugo Segawa, Christian Valles y Francisco Sesto- y “Concurso Nacional de Ideas. Resultados”); y un “Apéndice” que contiene las bases, los documentos de referencia, el veredicto y la lista de participantes. Cabe destacar que buena parte de la información que manejamos para elaborar esta nota la hemos obtenido de esta cuidada y relevante edición.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal y 5. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad