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EL ACERVO EDITORIAL DE LA FAU UCV

PUNTO nº 25

División de Extensión Cultural

Facultad de Arquitectura y Urbanismo

Universidad Central de Venezuela

Noviembre-diciembre 1965

La inesperada muerte el 27 de agosto de 1965 de Charles-Edouard Jeanneret-Gris, conocido mundialmente como Le Corbusier, considerado por muchos como el más importante arquitecto del siglo XX, causó revuelo y consternación a todo lo largo del planeta y muy especialmente en los ambientes relacionados con la actividad disciplinar. Con 77 años, mientras nadaba en la playa cercana a su cabaña de verano (Le Cabanon) situada en la población francesa de Roquebrune-Cap-Martin en la Costa Azul, un paro cardíaco marcó el final de un referente cuyas enseñanzas siguen aún hoy dando de qué hablar y muchos de sus postulados mantienen plena vigencia.

1. Emplazamiento en la población francesa de Roquebrune-Cap-Martin en la Costa Azul y dos imágenes (una exterior y otra interior) del Cabanon de Le Corbusier.

En nuestro país, el impacto de la noticia dio pie para que las autoridades de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela acordaran la realización de diversos actos en memoria del maestro desaparecido, que contaron con el apoyo del cuerpo profesoral y los estudiantes. De tal manera, le correspondió a la División de Extensión Cultural a cargo de Antonio Granados Valdés, montar una pequeña exposición-homenaje con fotografías de la obra de Le Corbusier, proyectar una película sobre su vida y organizar el 1 de septiembre una mesa redonda en el auditorio con la participación de los profesores Carlos Raúl Villanueva, Juan Pedro Posani, Augusto Tobito y Oscar Tenreiro, en la que fueron abordados aspectos relevantes relacionados con la figura del gran arquitecto. Adicionalmente, en un acto especial, las autoridades de la FAU, encabezadas por el decano Victor Fossi y el director de la escuela Oscar Carpio, develaron en la planta baja del edificio una placa vaciada en concreto en su memoria, que aún permanece en el espacio del foyer del auditorio.

2. El colorido proveniente de una pintura de Le Corbusier usada en la portada del nº 25 de la revista Punto, contrasta con la sobriedad que hasta entonces caracterizaba las tapas de la publicación.

Como perdurable testimonio de aquel acontecimiento, Granados Valdés, en compañía de la Comisión de Extensión Cultural integrada por Carlos Raúl Villanueva, Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani, tomaron la decisión de dedicar un número de la revista Punto para dejar constancia de la relevancia que para una institución formadora de arquitectos tuvo el fallecimiento del maestro oriundo de La Chaux-de-Fonds, Cantón de Neuchâtel, Suiza, nacido el 6 de octubre de 1887.

La publicación dedicada de lleno a Le Corbusier, a la que le corresponderá el significativo 25 dentro de la numeración, adquiere particular relevancia por varias razones. En primer lugar, se trata del primer número monográfico de Punto a casi 5 años de su primera aparición en enero de 1961. En segundo término, es el ejemplar más voluminoso de los publicados hasta entonces ya que alcanzó las 71 páginas cuando en promedio no sobrepasaban las 55. En tercer lugar, marca una ruptura con la línea que hasta entonces había caracterizado las portadas de la revista, siempre presididas por una buena fotografía en blanco y negro que se combinaba con un espacio en blanco donde se colocaba la identificación, siendo ocupada en este caso por una colorida imagen de una pintura realizada por Le Corbusier en 1956, otra de las importantes facetas que abarcó a lo largo de su trayectoria. Valga añadir que desde ese momento, siguiendo la pauta establecida por el nº 25, toda la carátula pasó a estar ocupada por el motivo fotográfico colocándose sobre él la identificación respectiva.

3. Cuatro de las publicaciones desde las que Granados Valdés extrajo algunos de los textos utilizados en la revista Punto nº 25.

Granados, como era su costumbre, apeló para llenar de contenido la revista a “importar” una serie de textos que le dan relevancia y contexto al objetivo de mostrar la trascendencia del personaje que constituyó su centro de atención. Es así como son transcritos de la dilatada obra escrita del arquitecto suizo: en la página 6 “La morada: templo de los hombres” (del 30 de enero de 1930); en las páginas 26 y 27 “El poema electrónico” (extracto del libro publicado por S.l., Centrale Graphique, 1958, dedicado al Pabellón Philips de la Exposición Universal de Bruselas); en las páginas 46 a 54 “La arquitectura -mensaje a los estudiantes-” (extracto del Mensaje a los estudiantes de arquitectura, publicado originalmente por las Editions de Minuits, París, 1957, y luego en Architectural Design, volumen 29, febrero 1959, el cual fue editado por primera vez en castellano por Infinito en 1959); y en la páginas 58 a 60 “La nueva arquitectura” (de 1929 introducción al libro Le Corbusier 1910-1929 que a la postre terminará convirtiéndose en el Volumen 1 de sus obras completas).

4. Algunas páginas interiores de la revista Punto nº 25

A fin de contextualizar el tema central de la revista, además de colocar imágenes y fotografías alusivas, también aparecen seleccionados diversos artículos o ensayos de críticos y teóricos conocedores de la obra de Le Corbusier. Así nos encontramos en las páginas 28 y 29 “Le Corbusier, poeta del espacio” de Enrique Capellini; en la páginas 30 a 38 “Le Corbusier” de Françoise Choay (extracto del libro del mismo título publicado por George Braziller dentro de la serie Maestros de la arquitectura moderna en 1960, publicado en castellano por Editorial Bruguera en 1961); en la página 56 y en las 64 a 67 “Dimensión humana del último Le Corbusier” (tomado de L’Archittetura, Milán, julio 1965) y “El Descartes de los rascacielos” (tomado de L’Espresso, 9-9-65) ambos de Bruno Zevi con traducción de J. P. Posani; en las páginas 61 y 62 “Había sido secretamente un poeta” de André Malraux (discurso que como Ministro de Estado encargado de los Asuntos Culturales, pronunció Malraux ante el sarcófago de Le Corbusier en el patio cuadrado de El Louvre, París, tomado del diario Nice Matin), traducido por Max Pedemonte, cortesía de la revista estudiantil Tauro 13; y en la página 63 “La vida no tiene piedad” de André Wogenscky -entre 1936 y 1956 alumno, asistente, jefe de taller y arquitecto adjunto de Le Corbusier- (tomado de Les Lettres Francaises), traducción de C. Delgado Sarmiento.

Sin menospreciar la importancia de los textos traídos de otras fuentes por el editor de la revista, con el siempre incondicional apoyo de Tina Lagar, de los cuales valga señalar que los de Malraux, Wogenscky y el segundo de Zevi se produjeron después del deceso de Le Cobusier y por tanto cobraban plena actualidad, pasa a nuestro juicio a ocupar un lugar privilegiado el material original que allí aparece, elaborado expresamente para la ocasión. Es así como se incorporaron las preguntas que acerca de la figura e importancia de Le Corbusier los editores les hicieran y fueran respondidas por los profesores Gustavo Legórburu, Ralph Erminy y Américo Faillace (páginas 12 a 15); la serie de citas que bajo el título de “Escritos de Le Corbusier” fueron recopiladas y traducidas por Gorka Dorronsoro (pág. 57); los escritos elaborados por Carlos Raúl Villanueva “Luminosa trayectoria” (pág. 7), Augusto Tobito “Le Corbusier. Gigante del siglo XX” (págs. 8 a 11) y “Algo más sobre Le Corbusier” del Br. Bernabé Ruiz (págs. 24 y 25); Perán Erminy “El otro arte de Le Corbusier” (págs. 40 a 45); y, como testimonio de primer orden, bajo el título “Hablando de Le Corbusier” (págs. 16 a 22), donde se recoge lo más importante de la ya citada conversación realizada en el auditorio el 1 de septiembre entre Carlos Raúl Villanueva, Augusto Tobito, Oscar Tenreiro y Juan Pedro Posani.

5. Algunas páginas interiores de la revista Punto nº 25

Es de la transcripción de esta mesa redonda, la cual no tiene desperdicio, de donde se puede conocer directamente de boca de Villanueva sus primeros contactos con Le Corbusier mientras estudiaba arquitectura en la Escuela de Bellas Artes de París, la amistad que desde entonces cultivaron y las infructuosas gestiones que hiciera para que viniera el maestro suizo a Venezuela; de parte de Tobito las anécdotas ligadas a su incorporación al taller del maestro en marzo de 1953, la forma como allí se trabajaba, la paulatina comprensión de su valor humano y su honestidad a toda prueba; Tenreiro manifiesta a través de sus intervenciones la profunda admiración que desde entonces ya le profesaba; de Posani se percibe una reservada pero atenta proximidad hacia la obra corbusiana; y trasciende de forma notoria el reconocimiento manifestado por todos los foristas hacia un personaje que en palabras de Villanueva “tuvo una vida muy dura y difícil, pues pocos hombres se vieron tan combatidos, tan incomprendidos, tan obstaculizados en forma tan enconada, tal vez como reacción, para mejor decirlo, represalia a sus demoledores ataques al academicismo, la rutina y la repetición perpetua de soluciones pasadas, apego a determinados conceptos, desconfianza al presente y temor al futuro, hasta lograr hacer del Maestro Le Corbusier un hombre a veces intratable”.

6. Le Corbusier en la Universidad Nacional de Bogotá en 1947 durante su primera visita. A su lado, Augusto Tobito

Tobito quien ya conocía a Le Corbusier cuando éste fue llamado en 1947 a realizar el Plan Piloto para Bogotá y trabajará con el maestro en el memorable Atelier de la calle Sevres, entre 1953 y 1959, por otro lado, manifestará: “Se le tuvo por susceptible, malhumorado, antipático y engreído. En verdad era irónico hasta el sarcasmo, frente a la insuficiencia y la pretensión. Insoportable y con desplantes ante las lisonjas interesadas del Instituto, las Academias y los hombres. Poco simpático para quienes desaforados e impacientes esperaban recibir la ‘Fórmula’. Pero capaz de conmoverse al extremo, ante manifestaciones sencillas de verdadera amistad, admiraba y respetaba la labor de los otros. Celoso de su tiempo, convencido de su ‘búsqueda paciente’, fue el hombre que buscaba y que encontró algo”.

La revista a la estamos dedicando esta nota presenta, además, dos asuntos que quedan fuera del ámbito de su temática central. El primero (pág. 4) tiene que ver con que se informa del fallecimiento el 29 de septiembre de aquel año 65 del reconocido arquitecto brasileño Rino Levi invitado en dos ocasiones como conferencista en la FAU UCV y asesor en diversos proyectos realizados para nuestra capital. El segundo (páginas 68 a 70) está relacionado con la aparición de “Apuntes críticos. Exposiciones en Caracas” de Juan Calzadilla.

En resumen, el número 25 de Punto es, sin duda, un ejemplar de colección y un texto de consulta no sólo por su contenido sino por el significado que tuvo en un momento en que la enseñanza de la arquitectura aún tenía en la figura de los grandes maestros motivo permanente de veneración y un pilar fundamental en lo que a referencias se trataba.

ACA

Procedencia de las imágenes

Encabezado, 4 y 5. Revista Punto nº 25.

  1. https://www.iconicriviera.com/the-story-behind-cap-moderne-roquebrune-cap-martin/, http://decouvertes.fr/content/cabanon-le-corbusier y https://arquiscopio.com/archivo/2013/09/03/petit-cabanon/

2. http://www.edicionesfau.com/

3. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.

6. Colección Crono Arquitectura Venezuela.

EL ACERVO EDITORIAL DE LA FAU UCV

PUNTO nº 59

La Ciudad Universitaria de Caracas

División de Extensión Cultural

Facultad de Arquitectura y Urbanismo

Universidad Central de Venezuela

Octubre 1977

Cuando a finales de 1977 aparece el número 59 de la revista Punto dedicado plenamente a la Ciudad Universitaria de Caracas, podría decirse que el campus de la principal casa de estudios del país llevaba cerca veinte años de pleno funcionamiento si tomamos como punto de referencia la realización de la cuarta fase de su desarrollo, que Silvia Hernández de Lasala en En busca de lo sublime. Villanueva y la Ciudad Universitaria de Caracas (2006) denomina como “Cambio de rumbo radical”, marcada por la terminación de la Facultad de Humanidades (1953-1956); las torres de las Facultades de Arquitectura y Urbanismo (1954-1956), Odontología (1955-1957) y Farmacia (1956-1960); el Gimnasio Cubierto, el Complejo de Piscinas, la Sala de Gimnasia Olímpica y la Dirección de Deportes (1958-1959); y el proyecto de la Zona Rental (1957-1958). Se trataba, por tanto, de un organismo vivo cuyos habitantes usaban y del cual abusaban sin importarles ni el valor arquitectónico que se les había legado ni la calidad espacial de los lugares que pisaban.

En tal sentido, ya la universidad había pasado por los años duros de la insurgencia armada en el país (1960-1969) de la que la UCV fue lugar estratégico y punto de referencia, y como consecuencia había sufrido dos allanamientos: el primero por parte de Raúl Leoni (1966) y el segundo por Rafael Caldera (1969) este último que conllevó a la suspensión de clases por dos años en momentos en que la institución vivía un proceso de renovación académica.

Durante aquel período donde la actividad política se había convertido en la protagonista central de la vida universitaria y se había apoderado de espacios como las residencias estudiantiles, el Gimnasio Cubierto y el Jardín Botánico, sería la realización de campañas para la elección de representantes estudiantiles una de las más contundentes manifestaciones de irrespeto de las instalaciones que Villanueva había proyectado y del conjunto de obras de arte que las acompañaban. También se sumaban a ello claras muestras asociadas a la falta de mantenimiento, el acomodo anárquico a las nuevas necesidades funcionales y espaciales que fueron apareciendo, los cambios de uso en las edificaciones existentes, y el descuido de los espacios abiertos. A ello se añadirían como detonantes de un acelerado deterioro, por un lado, el aumento exponencial de la matrícula, prevista por Villanueva para 7.500 estudiantes, que pasaría de 14.277 en 1960-1961 (límite aceptable para su buen funcionamiento) a 50.259 entre 1973-1974 lo cual impactará de forma notable la infraestructura y, por el otro, la apertura franca de la Ciudad Universitaria al tránsito automotor y la demanda de estacionamientos por un total aproximado de 10.751 vehículos (que sólo podía ser cubierto a duras penas para 4.872 de ellos) lo cual traerá graves consecuencias ambientales y alterará el fin inicial de un campus pensado fundamentalmente para el peatón.

Todo lo anteriormente descrito se vio acompañado por una alarmante falta de planificación que se tradujo en la conversión de edificaciones provisionales en permanentes y la aparición de todo tipo de construcciones y ocupaciones de mala calidad que produjeron un impacto de importantes proporciones.

Es así que, ante tal panorama, el Consejo de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo en sesión del 14 de julio de 1975, al acusar el deterioro ambiental y funcional de la Ciudad Universitaria hace el siguiente pronunciamiento: “La Ciudad Universitaria, obra del Arquitecto Carlos Raúl Villanueva, ha pasado a ser un conjunto urbano importante del patrimonio nacional en el campo de la arquitectura y de las artes plásticas y por lo tanto debe ser salvaguardado. Consideramos que en la actualidad se han sobrepasado los límites adecuados para el uso de sus espacios comunes, así como también de sus servicios de infraestructuras con los efectos negativos que vive diariamente la Comunidad Universitaria”.

El decano Américo Faillace, en actitud proactiva, ofrece al Consejo Universitario la colaboración de la FAU para el establecimiento de planes de desarrollo físico racionales de la UCV a través de un análisis de la situación (así “como también para el estudio del edificio de Transbordo”) y elaboración de las recomendaciones necesarias, trabajo que se le encomienda al Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas (CIHE) cuyo resultado es recogido en un extenso, oportuno e invaluable ensayo elaborado por el arquitecto, profesor e investigador Leszek Zawisza titulado “La Ciudad Universitaria de Caracas” que la revista Punto nº 59, penúltima de las dirigidas por Antonio Granados Valdés, recoge.

1. Ciudad Universitaria de Caracas. Edificios proyectados en la última etapa.
2. Plan Piloto de la Ciudad Universitaria de Caracas (1963).
3. Ciudad Universitaria de Caracas. Construcciones provisorias y zonas rentales.

En su contenido, la revista muestra tres elementos importantes: un texto de presentación a cargo del decano Américo Faillace; el trabajo “La Ciudad Universitaria de Caracas” propiamente dicho a cargo de Zawisza y, como importante acompañante, Granados Valdés incorporó la “Guía de las obras de Arte de la Ciudad Universitaria de Caracas” de su autoría, que ya había sido publicada como libro en 1974.

“La Ciudad Universitaria de Caracas” contempla siete partes: 1) Antecedentes; 2) Primer Proyecto de C. R. Villanueva; 3) Segunda fase del proyecto; 4) Período 1957-1963; 5) Deterioro; 6) Conclusiones; y 7) Así nos dejó Villanueva la Ciudad Universitaria. Contó con el apoyo de un muy valioso material gráfico y fotográfico este último realizado en su gran mayoría por Paolo Gasparini todo lo cual ofrece una muy objetiva y estremecedora panorámica de lo que era la Ciudad Universitaria en aquel entonces.

Como versado historiador de la arquitectura Zawisza lleva a cabo en las tres primeras partes del trabajo una aproximación rápida y a la vez precisa de todo en proceso de gestación y desarrollo del proyecto de la Ciudad Universitaria de Caracas (CUC), donde ofrece datos relevantes sobre los antecedentes que se remontan a la elevación al rango de Universidad del Colegio Seminario de Santa Rosa de Lima en 1721, hasta la selección de los terrenos de la hacienda Ibarra para desarrollar una institución acorde a los tiempos. También desglosa y analiza las fases del proyecto que Villanueva llevó adelante desde 1943, cuando Isaías Medina crea el Instituto Autónomo de la Ciudad Universitaria y se inicia con la construcción del Hospital Clínico, el cual contó con el apoyo político necesario que facilitó su continuidad y construcción paulatina por más de diez años en los que pueden registrarse importantes cambios en la visión que sobre el problema experimentará el Maestro.

Si bien Villanueva aportó la mejor solución posible desde el punto de vista arquitectónico y organizativo, buscó minimizar al máximo el impacto del tránsito automotor en el campus, evitó hasta donde pudo la provisionalidad de ciertas construcciones e incluso fue capaz de adelantar propuestas para usos y dependencias que ya a finales de los años 50 se mostraban necesarias, no lo pudo prever todo, lo que obligaba a contar con un atinado manejo de las necesidades y una imprescindible planificación de parte de quienes fueron los encargados de velar por el funcionamiento adecuado de la universidad, tarea que no se cumplió y que afectó particularmente la suerte de las zonas rentales, bombona de oxígeno económico para la universidad prevista desde sus inicios como parte del plan general.

4. Evolución de la matrícula estudiantil 1946-1974.
5. Imágenes que acompañan el capítulo «Deterioro» de «La Ciudad Unversitaria de Caracas».
6. Imágenes que acompañan el capítulo «Deterioro» de «La Ciudad Unversitaria de Caracas».
7. Imágenes que acompañan el capítulo «Deterioro» de «La Ciudad Unversitaria de Caracas».

“Deterioro”, capítulo fundamental dentro del trabajo presentado por Zawisza, le permite mostrar de forma cruda y patente: cambios mayores y menores en los edificios proyectados por Villanueva, falta de mantenimiento, irrespeto a las obras de arte, galpones, construcciones e instalaciones provisionales, buhoneros, letreros de toda índole, propaganda electoral, irrespeto al paisaje, basura, dictadura del automóvil y deterioro total del ambiente.

Las “Conclusiones” se inician dedicadas a tratar la presencia del automóvil en la CUC (“dictadura del automóvil”) y la complejidad de su tratamiento pese a “las varias veces intentada por Villanueva marginalización del sistema vial universitario respecto al sistema urbano, las calles de penetración y accesos en lugar de las vías de tránsito”, proponiendo ante el desbordamiento ocasionado por una demanda que sobrepasa en más del doble la oferta de sitios para estacionar: “a) control y cobro en todos los estacionamientos existentes; b) establecimiento de un sistema colectivo urbano de servicio a la Ciudad Universitaria; c) terminación del sistema peatonal techado existente”, apuntando a largo plazo a la eliminación de los estacionamientos existentes al interior del campus y a la creación de garajes periféricos estratégicamente ubicados.

También se dedica una reflexión particular a las zonas rentales, su necesaria actualización conceptual y puesta al servicio de la universidad a través de planes de desarrollo por etapas.

En definitiva, son 12 las recomendaciones que se hacen una vez expuesto el trabajo que pueden resumirse en: crear conciencia a nivel universitario, metropolitano y nacional que ponga en claro que los intereses de la UCV son los de la Nación; preservación celosa por parte de las autoridades del valor patrimonial de la CUC a través de sus órganos técnicos de apoyo; restitución a su estado original de edificaciones que han sido modificadas y eliminación de todas las construcciones improvisadas; actualización del Plan Piloto; cumplimiento de las recomendaciones contenidas en el estudio de Vialidad y Estacionamientos realizado por la FAU y la Dirección de Planeamiento; liberación de las zonas rentales e incorporación a los planes de desarrollo tanto de la universidad como de la ciudad; realización de las edificaciones proyectadas por Villanueva y sus colaboradores que aún tengan validez con las modificaciones técnicas a que haya lugar; sustitución de las construcciones no conformes con el Plan Piloto General por canchas deportivas; reorganizar el servicio de Mantenimiento; colaboración de las organizaciones estudiantiles en cuanto a mantenimiento de áreas verdes y cuidado por preservar el buen estado de los edificios con prohibición de letreros en las paredes y creación de lugares y criterios que impliquen cero deterioro de la infraestructura; realizar el estudio paisajístico que permita orientar la restitución de áreas verdes y reforestar áreas libres; sustituir la anarquía presente tanto al interior de las facultades como en áreas exteriores por la aparición de intervenciones no conformes; y, para cerrar, se exige a las Autoridades «emitir criterios de política de crecimiento universitario, dada la superpoblación que afecta a la UCV” una de las pocas recomendaciones que la ayuda del tiempo y la severa crisis han permitido que se cumpla.

8. Último capítulo de «La Ciudad Unversitaria de Caracas».

Como atinado epílogo y objetivo hacia el cual apuntar tanto “Así nos dejó Villanueva la Ciudad Universitaria” como la “Guía de obras de arte de la Ciudad Universitaria de Caracas” permiten recuperar el sabor de lo que las edificaciones, espacios y piezas artísticas fueron en su momento y con ello la esperanza de recobrar en buena medida esa época estelar.

“La Ciudad Universitaria de Caracas” constituyó la primera voz de alerta sobre el deterioro y falta de conservación de la Ciudad Universitaria, iniciándose desde entonces una progresiva toma de conciencia que condujo a una lenta recuperación, a la elaboración en 1994 de un nuevo Plan Rector (actualización del Plan Piloto de Villanueva) y a la formulación del trabajo realizado entre 1997 y 1999 que llevó a su “Declaración como Bien Patrimonial de la Humanidad” por parte de la UNESCO en el año 2000 el cual, a su vez, dio pie a la creación del Consejo de Preservación y Desarrollo (COPRED).

Las aún vigentes recomendaciones de “La Ciudad Universitaria de Caracas” son toda una lección en cuanto a establecer prioridades en momentos como los actuales en los que se llevan a cabo en la UCV mejoras cosméticas de parte del gobierno tras haber dejado que el campus alcance un estado de severo deterioro por la no aprobación de los recursos presupuestarios que hubieran permitido en buena medida que eso no sucediera.

La Universidad Central de Venezuela cumple el próximo 22 de diciembre 300 años de creada y las medidas de fondo expuestas hace ya 44 años siguen a la espera de implementarse en su totalidad. Esperemos que si ello se da lo sea teniendo como base su inalienable condición autonómica.

ACA

Procedencia de las imágenes

Todas. Revista PUNTO nº 59, octubre 1977

¿SABÍA USTED…

… que este mes de enero de 2021 se cumplen 60 años de la aparición del nº 1 de la revista PUNTO?

La revista Punto, considerada durante muchos años la publicación periódica bandera de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, aparece en enero de 1961 durante el decanato de Julián Ferris, casi 8 años después de creada esa institución y 20 después de que la Escuela de Arquitectura iniciara sus actividades.
Su fundador y primer director, Antonio Granados Valdés (1917-2020), ingresa a la Universidad como docente en 1957 para coordinar un área que recién empezaba a desarrollarse denominada “Extensión Cultural”, sustituyendo a Abel Vallmitjana (1910-1974), pintor catalán y al igual que Granados exiliado republicano, quien lo introduce ante el entonces decano de la FAU y Vicerrector de la UCV Willy Ossott para proponerlo como su reemplazo.

Pintor, grabador, dibujante y crítico de arte, Granados concibe Punto como una ambiciosa revista de divulgación cultural y, tal como señala Juan Vicente Pantin en “Arquitectura versus arte. Antonio Granados Valdés y la revista Punto (1961-1978)”, trabajo de ascenso presentado para ascender a la categoría de asistente en el escalafón universitario en 2014, “difícil ha sido precisar desde los documentos revisados para esta investigación otras participaciones y protagonismos; solo han quedado, en 60 números producidos durante 17 años, el nombre de Antonio Granados Valdés (al que … se sumará el de su compañera Tina Lagar). Sin mención de asistentes, colaboradores, equipo de redacción o afines”. Y añade: “La revista Punto está indisolublemente ligada con Granados, quien asumió durante el tiempo a su cargo la totalidad de la labor editorial. Sin embargo, difícil resulta endosarle la misma cualidad de autoría que identifica a otras revistas con sus editores. Las razones son complejas, y ellas se suman a la problemática condición de la revista; entre ellas -y quizás la más importante- los diversos y hasta opuestos intereses que intentaron utilizarla según sus propósitos, entre ellos los de su propio editor. (…) Pese a -y paradójicamente, gracias a- Granados, fue Punto una publicación plural, en cuanto reflejo de las voces e ideas que circularon por la FAU durante aquellos años. Esta confusa afirmación se convierte en motivación fundamental a la hora de develar cuánto de individual o de colectivo hay en las intenciones comunicacionales de Punto como órgano editorial de la FAU.”

Entre la asunción de Granados como Coordinador del Departamento de Extensión Cultural (posteriormente denominada como División) y la aparición de Punto, transcurren 4 años en los que tuvo que definir y determinar el alcance de dicha actividad en el seno de la Facultad en medio de precariedades. Si bien inicialmente la misión del departamento era organizar actividades artísticas y culturales, ello se debió hacer sin presupuesto, programa ni reglamento que lo orientara, amén de la carencia de espacio que lo arropó hasta que fue inaugurada a finales de 1957 la flamante sede de la FAU, razones por las que, por un lado, se entiende la meritoria labor desarrollada y por el otro la discrecionalidad con la que Granados procedía a la hora de enrumbar la publicación formalmente adscrita a su Departamento.

El testimonio de Granados en 2005 (citado por Pantin) acerca de cómo concebía la extensión universitaria, resulta clave para ratificar lo afirmado y entender la atención colateral que Punto prestó a la arquitectura en sus primeros números: “Debido a las ya indicadas carencias de orientación para desarrollar las actividades de extensión cultural, no tuve más remedio que establecerla yo, a partir del significado de las palabras extensión cultural. (…) Consideré que mi misión era poner a disposición de los alumnos conocimientos que no les eran dados en sus estudios impartidos en talleres y departamentos, esencialmente, diversos aspectos de la cultura y de las artes, en particular las artes plásticas, e incidir, sobre todo, en el arte arquitectónico para dar a conocer a los estudiantes por medio de exposiciones y publicaciones, ejemplos de arquitectura de significativos arquitectos, y también con conferencias y mesas redondas o debates”, opinión que se ratifica al leerse el editorial del nº 1 que acompaña en la portada  la foto del Museo Guggenheim de Nueva York, obra de Frank Lloyd Wright.

Punto está ligada a lo largo de sus primeros 60 apariciones, con periodicidad casi bimestral, a una perseverante labor asociada a su director en la que se puso de manifiesto su habilidad para aprovechar relaciones personales, contactos interinstitucionales, influencias, astucias y solidaridades automáticas dando como resultado un órgano en el que muchas veces se extrañaba la presencia de ideas y se apelaba a las transcripciones de textos procedentes de otros medios. Sin embargo, a pesar de que no hubo una clara línea de comportamiento, tampoco se apuesta por un formato cerrado ni a una compartimentación definitiva de los temas abordados por lo que, bueno es decirlo, ni Granados estuvo tan solo, ni monopolizó el discurso editorial, los contenidos y el mensaje, ni tampoco fue una revista en la que predominaban textos dedicados a las artes plásticas. Contra tales percepciones hay que reconocer en Granados su capacidad para asesorarse, para lo cual siempre contó con el invaluable apoyo de Carlos Raúl Villanueva, quien quizá le aconsejó mantener la publicación bajo un amplio paraguas que permitiese la aparición de temas procedentes de una diversidad de frentes en los que se gestaba la cultura arquitectónica. También se le debe reconocer “el empeño puesto en afiliar sus conocimientos a la arquitectura y, (…) el haber identificado voces, temas y obras con las cuales dotar a la Revista de cierto espesor y consistencia, amén de los usuales reciclajes, que constituyen para muchos el primer contacto con la producción intelectual de la metrópoli disciplinar”, completará Pantin.

1. Algunos de los números monográficos de la revista PUNTO

A pesar de todo, Punto logra evolucionar en el tiempo, tanto dentro de la gestión de Granados como en las que le sucedieron (que alargaron su vida sólo nueve números más en 23 años), movidas por un marcado cambio de enfoque y otra comprensión del papel que la revista debía asumir. A modo de ejemplo se puede citar cómo ya esporádicamente Granados había incorporado algunos números monográficos dedicados a Le Corbusier (nº 25, noviembre 1965), a Villanueva (nº 46, junio 1972) al tema de los aeropuertos (nº 56-57, junio 1976), a la Ciudad Universitaria de Caracas (nº 59, octubre 1977), o al segundo Foro en Defensa de la Ciudad (nº 60, mayo 1978).

2. Momento en que la revista PUNTO sufre un cambio radical en su línea editorial influido por los aires de la Renovación

Sin embargo, dentro de este marco, es posible determinar un antes y un después dentro de la gestión de Granados marcado por la aparición de los aires de Renovación que cubrieron la enseñanza de la arquitectura a finales de los años 60 y comienzos de los 70, los cuales no compartía. Dicha línea divisoria la establece el lanzamiento del nº 40-41 (enero-marzo 1970) cuyo tema central giró justamente en torno a la pregunta “Renovación ¿por qué? ¿cómo?”, en el que incluso la portada pasa a ser ocupada desde entonces y hasta el nº 58 (salvo el 46) por diseños seleccionados por concurso realizados por estudiantes que sustituirán las buenas fotografías que la caracterizaron hasta aquel momento.

3. Portadas de dos números iniciales que marcan dos etapas posteriores a la era de Granados. El 61 será el que aparecerá tras la separación del fundador de su cargo marcando una clara ruptura.

Veinte números más logrará publicar Granados hasta que la “intromisión” del decano Américo Faillace lo lleva a tomar la decisión de jubilarse y retornar a España en 1978. En ese momento se crea el Centro de Información y Documentación (CID) y se nombra director al joven profesor Henrique Vera que cargará con la responsabilidad de cambiar hábitos y costumbres acumulados durante 20 años de gestión de Granados y darle un importante viraje tanto al manejo de la extensión cultural como al enfoque, diagramación y contenidos de la revista, contando con un Comité Editorial conformado por Mariano Goldberg, Ramón León, Manuel López y Juan Pedro Posani, que dará cabida a una visión de la arquitectura desde la crítica a través de artículos originales “elaborados expresamente para Punto por quienes en Venezuela sepan y quieran escribir sobre arquitectura”, provenientes en su mayoría del ámbito académico vinculados con trabajos de investigación. Marcando distancias con lo que hasta ahora había sido el comportamiento de la revista, en el editorial del nº 61 se señala: “Los temas (…) atañerán directa y conjuntamente a autores y lectores, por la circunstancia de ser temas propios del País y del Continente. (…) Se procurará, en el tratamiento de los temas de Arquitectura Internacional, desarrollar una actitud fundamentalmente pedagógica, procurando restituir, durante el análisis o el trabajo informativo, todos los caracteres de originalidad y diferencia que les otorgaron a esos acontecimientos una vitalidad peculiar referida a esferas culturales, históricas, geográficas y políticas diferentes de las nuestras”. Y más adelante: “Intentaremos mantener siempre intacto el deseo de utilidad, no ya en el marco de la abstracción puramente cultural ni tampoco dentro de la información neutra o meramente gremialista, sino en función de una aspiración -el tiempo dirá si excesivamente pretenciosa- de cumplir con tareas actuales, imprescindibles y palpitantes.”

A los tres números editados durante años consecutivos por Vera (el 61 en 1979, el 62 en 1980 y el 63 en 1981) que mantuvieron una extensión similar de 63 páginas, seguirán otros tres que correrán bajo la responsabilidad de Paulina Villanueva cuando en 1981 es designada como directora del CID quien se acompañará con un Comité de Redacción integrado por: Carlos Gómez de Llarena, Maciá Pintó, Joel Sanz, Pedro Sanz y Francisco Sesto. La revista, sometida de nuevo a “varias revisiones y orientaciones que conciernen a su carácter, a su contenido, a su organización y a su expresión gráfica” y comprometida por un lado en “permanecer” y por el otro en “remover, provocar y vigorizar el debate arquitectónico en nuestro país, para restablecer un nivel saludable en la cultura de la Arquitectura en Venezuela”, asumirá para cada número un carácter temático, el material será elaborado por integrantes del cuerpo académico de la institución y crecerá considerablemente el número de páginas. Así, el nº 64 (1982) de 113 páginas, se dedicará a “Arquitectura y docencia”, el 65 (1983) de 145 páginas a “Arquitectura y ciudad” y el nº 66-67 de 145 páginas, programado para salir en 1984 (momento para el que ya se encontraba diseñado y montado), dedicado a “Arquitectura y política”, debió esperar hasta 1997 para ver luz, afectado por la crisis que atravesó la universidad por aquellos años.

4. Portadas de los dos últimos números de PUNTO. Cada uno en sí mismo es el primero y el último de una etapa

El número 68 de Punto, “primero y último de una etapa” y ejemplar “acabado en sí mismo”, aparece el año 2000 luego de que la nueva directora del CID, Ana María Marín, dedicara importantes esfuerzos para darle salida al represado número 66-67. Tras precisar sus reparos en cuanto a la afectada periodicidad de la revista, Marín se propuso, junto al Comité Editorial integrado por Azier Calvo, Enrique Fernández-Shaw, María Fernanda Jaua, Joel Sanz y Alberto Sato, “saldar los ochenta” e incorporar una renovación significativa en la imagen (gracias a la participación en el diseño gráfico de Álvaro Sotillo y Gabriela Fontanillas), con la “ilusión” (frustrada por tratarse de un solo número) de ser una publicación “temática” que se dedicaría a “Palabra y obra” buscando, al dar cabida a material que enfatizaba en cada uno de dichos componentes, insuflar un “nuevo impulso” que le daba el hecho de convertirse por primera vez en revista arbitrada gracias al aval del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico (CDCH) de la UCV.

La última aparición de Punto se produce en 2001 un año después de la celebración del centenario del nacimiento de Carlos Raúl Villanueva y de la declaratoria de la Ciudad Universitaria de Caracas como Patrimonio Mundial. Dedicada fundamentalmente al Maestro, la revista nº 69 llega a titularse “Villanueva (in) pertinente”, buscando con esa especie de provocación, tanto su director Martín Padrón como el Comité Editorial que lo acompaña (Henry Vicente, Luis Polito, Hernán Zamora, Francisco Martín y María Teresa Novoa), plantear a través del editorial “Pertinencia y pertenencia de la obra de Villanueva” (escrito por Padrón), “algo más que referirse a dos palabras similares diferenciadas por una sola letra, pues representan significados que entrañan profundas diferencias. La pertinencia de una obra puede abrir camino para su pertinencia”. También, en este número arbitrado que tuvo carácter monográfico, se señala lo siguiente: “La responsabilidad de que la obra de Villanueva nos pertenezca ahora es mayor, pues desde que los espacios de esta ‘ciudad extraordinaria’ fueron declarados bien cultural de la humanidad el sentido de pertenencia se amplía a una comunidad universitaria, profesional, vecinal y visitante a estos recintos, a quienes nos corresponde asumir su defensa, comprensión y pertenencia.”

Posteriormente varios fueron los intentos, todos infructuosos, por relanzar Punto, crónica que daría pie a la elaboración de otra nota.

Por otra parte, Granados falleció en mayo de 2020 en Madrid, suceso que pasó prácticamente inadvertido en nuestro medio quizás por efectos de la pandemia o por nuestro ya proverbial descuido en reconocer a quienes han construido la historia institucional. Sin embargo, ya en agosto 2017, al cumplir 100 años, el museo Vázquez Díaz de Nerva (su ciudad natal) y las sociedades Centro Cultural y Círculo Comercial le rindieron un más que merecido homenaje con una triple exposición antológica que, bajo el título “Cien años de vida, arte y compromiso”, mostraba diferentes etapas su vida artística representadas en 160 obras. 

Valga pues esta nota como un pequeño homenaje a Granados por su labor de 20 años en el seno de la FAU UCV y a la de todos los que tuvieron que ver con el devenir de una revista, cuya consulta es obligatoria para quienes quieran conocer cómo se desarrolló la actividad cultural, académica e intelectual de la institución entre 1961 y 2001.

La totalidad de Punto se encuentra disponible con posibilidad de ser descargada libremente en www.edicionesfau.com producto de una iniciativa de la Fundación Arquitectura y Ciudad.

ACA

Procedencia de las imágenes

Todas. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad