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¿SABÍA USTED…

… que en 1953 se concluye la construcción de la avenida Baralt en Caracas?

1. La imagen (tomada hacia el norte) recoge un momento de la construcción de la avenida Baralt, a la altura del puente Llaguno, en fechas cercanas a 1952.

En el completo estudio realizado por Iván González Viso y Federico Vegas titulado “Historia de Caracas a través de sus planos” con el que se introduce la publicación Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015), a la que recurrimos con gran frecuencia como referencia desde este boletín, aparece a continuación del primer dibujo de Santiago de León de Caracas de Juan de Pimentel (1578) el “Exato mapa de la ciudad de Caracas” de Juan Vicente Bolívar y Ponte de 1772. Entre ambos, que presumimos como los más cercanos temporalmente que los investigadores pudieron localizar, han transcurrido casi 200 años en los cuales ya la ciudad muestra claros síntomas de crecimiento y ha rebasado la cuadrícula fundacional mostrada por el plano de Pimentel. En otras palabras, ha superado la provisionalidad que acompañó la Conquista y se encuentra bien adentrada en su período Colonial. De la simple observación comparativa, acompañada de la lógica que debió seguir la prolongación literal del damero inicial en las cuatro direcciones, no es difícil deducir que el borde inmediato que envuelve el trazado de Pimentel haya sido el objeto de la primera expansión.

2. “Exato mapa de la ciudad de Caracas” de Juan Vicente Bolívar y Ponte de 1772 donde se ha resaltado en azul el damero fundacional y en amarillo el eje de la que sería la avenida Norte-Sur 6, luego denominada avenida Baralt.

Pues bien, el plano de 1772, que hay que leer tomando en consideración que el norte se ubica a la derecha (en contra de la convención que suele colocarlo en la parte superior), ya denota una marcada expansión de la ciudad hacia el sur (buscando la ribera del Guaire, atractiva por sus tierras cultivables) y hacia el este (donde el valle ofrece terrenos más planos), a diferencia de las otras dos direcciones donde la presencia de dos importantes obstáculos naturales fungen de barrera: al oeste el cerro El Calvario y al norte el cerro El Ávila. Es hacia el poniente, y ya para entonces con un largo recorrido que conectaba las parroquias San Pablo y La Pastora, donde se puede detectar la calle que dará origen a la que luego será denominada como Norte-Sur 6 y que en nuestros días conocemos como avenida Baralt.

3. Plano Topográfico de la Ciudad de Caracas de 1875, donde se puede apreciar que aún no se había construido puente alguno para cruzar el río Guaire.
4. Plano esquemático de la Ciudad de Caracas de 1933, momento en el que los primeros puentes sobre el Guaire ya se habían realizado, faltando aún el correspondiente a la prolongación de la avenida Norte-Sur 6.

Sin embargo, a pesar de su antigüedad y condición si se quiere “periférica”, la vía que hoy nos ocupa no terminó aproximándose lo suficiente al Guaire (remataba en el “Cementerio Alemán”, esquina Limera de Escalona hoy Quinta Crespo) como sí lo hicieron otras, lo cual, junto a aspectos de índole estratégica, determinó la toma de decisiones con relación a construir los primeros puentes, todos metálicos, que permitieron a los carruajes atravesar el río desde el último cuarto del siglo XIX. En tal sentido, aparece en primer lugar el llamado “Puente de la Regeneración” como prolongación de la calle Sur 5 (parroquia Santa Rosalía), más conocido como Puente de Hierro (de 1875, ejecutado por el Ingeniero Luciano Urdaneta con una estructura de hierro importada de Europa y reconstruido al menos un par de veces hasta el que conocemos en la actualidad); luego el “Puente Constitución” (de 1882, prolongación de la calle Sur 7 (parroquia Santa Rosalía), denominado Puente Sucre tras ser reconstruido), que permitirá la continuidad del acceso de Caracas por el sur una vez atravesado El Portachuelo; más tarde se realizará el Puente El Paraíso, prolongación de la calle Sur 12 (parroquia San Juan), que daría acceso a la nueva urbanización, construido aproximadamente el año 1890; le seguirían el Puente Dolores que conectaría la prolongación de la calle Sur 4 (parroquia Santa Teresa) con la avenida El Paraíso en 1898 (demolido en 1935), y el Puente Restaurador que uniría la calle Sur 0 o simplemente Sur (parroquia Santa Teresa) también con la avenida El Paraíso en 1905, luego de que Cipriano Castro fijó su residencia en Villa Zoila en 1904; y, finalmente, se ejecutará el Puente Ayacucho, prolongación de la calle Sur 14 (parroquia San Juan) que a partir de 1924 ofrecería un nuevo acceso también a El Paraíso.

5. “Plano de la circulación futura por las nuevas avenidas y calles”. Plan Monumental de Caracas o Plan Rotival (1939).
6. Robert Moses. Plan arterial para Caracas (1948).
7. Plan Municipal de vialidad de Caracas (1951). Clasificación de vías según su jerarquía editado en 1953

En este contexto, el salto de la avenida Norte-Sur 6 por sobre el Guaire se da solo cuando, luego de ser considerada dentro del Plan Rotival (1939) como el eje de mayor importancia en la conectividad entre El Paraíso y la perimetral prevista a las faldas del Ávila (futura Cota Mil); de que en 1940 el Concejo Municipal del Distrito Federal aprobara el Plan Director de Calles y Avenidas; y de que Robert Moses reafirmara su rol jerárquico llamándola en su Arterial Plan for Caracas (1948) “Vía Expresa Capitolio” (previendo un distribuidor que la conectaría a la Autopista de Este y llegando solo hasta el cruce con la avenida Este-Oeste 1 -luego Urdaneta-), fuera incorporada como de alta prioridad dentro del Plan Municipal de Vialidad de 1951, lo cual determinará su realización, la construcción del puente que la conectará a El Paraíso y su total transformación.

8. Imagen (c.1952) de la construcción de la avenida Baralt tomada de norte a sur donde, además del implacable proceso de demolición, se puede ver al fondo el bloque de la Unidad Residencial El Paraíso (1952-1954), proyectado para el Banco Obrero por Carlos Raúl Villanueva con la colaboración de Carlos Celis Cepero.

Así, sobre el antiguo trazado se proyecta una amplia avenida cuyo ancho será de seis canales, visualizada según los dictámenes de Moses, que obligará a la ejecución de numerosas expropiaciones, más de un centenar de demoliciones, la pérdida de buena parte de su memoria construida y un cambio radical tanto en su perfil urbano como en los usos contemplados. La intervención iniciada en 1951 abarcaría un trecho de aproximadamente dos kilómetros entre las esquinas de Quinta Crespo al sur y Dos Pilitas al norte. Al concluirse en 1953 poco después de que ocurriera lo mismo con la avenida Urdaneta, entre ambas se encargarían no sólo de traumatizar el centro de la ciudad sino también de hacer desaparecer prácticamente la esquina de Llaguno que, convertida en un puente, dejaría pasar a la Baralt por debajo, siendo el único desnivel que presenta en todo su recorrido. Sin embargo, la importancia y calidad ambiental de cada avenida se mostrarán muy distantes desde su misma apertura: pujante y cosmopolita en el caso de la Urdaneta, populosa, poco atractiva y degradante en el caso de la Baralt.

9. Distribuidor Av. Baralt-Autopista Francisco Fajardo (1968).
10. Distribuidor Av. Baralt-Avenida Boyacá (1973).

Posteriormente, la avenida recibirá un nuevo impacto cuando se construya al sur, en 1968, el Distribuido Baralt (dando cumplimiento a otra anticipación hecha por Moses), y se prolongue en 1973 su trazado desde la esquina Dos Pilitas hasta la Cota Mil a la que se unirá a través de otro distribuidor (en este caso el Boyacá) marcándose así (provisionalmente) el punto final de esta última y su correspondiente incorporación al centro de la ciudad.

El cambio de denominación de la avenida no se dará sino hasta 1961 cuando el gobierno de Rómulo Betancourt decide nombrarla en honor a Rafael María Baralt (1810-1860) insigne escritor e historiador zuliano, autor del primer diccionario de galicismos del español, y primer hispanoamericano en ocupar un sillón de Número en la Real Academia Española, cuyos restos reposan en el Panteón Nacional.

11. Edificaciones de interés que existen a lo largo de la avenida Baralt. De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Mercado de Quinta Crespo, Edificio de La Nacional, Cuerpos bajos del Centro Simón Bolívar, Sede de la DIEX, Callejón Sanabría y edificio del Tribunal Supremo de Justicia.

En su trayecto, de sur a norte, la vía muestra como edificaciones, eventos y espacios de interés los siguientes: Mercado Municipal de Quinta Crespo (acera oeste esquina Quinta Crespo, inaugurado en 1951 según proyecto de la Oficina Técnica C. Blaschitz); Edificio IMEX (hoy Galería Quinta Crespo -Mercado de los Corotos-, esquina Quinta Crespo sureste proyectado para Gustavo Zinng por la Oficina Técnica C. Blaschitz en 1952); Instituto Nacional de Nutrición (institución creada en 1949, esquina El Carmen suroeste); Hotel Líder (de El Carmen a Bucare, acera este); Edificio 1501 (de Bucare a Maderero, acera oeste); Plaza Miranda y fachada este del Bloque 7 de El Silencio (proyecto de Carlos Raúl Villanueva construido entre 1941 y 1945, de Miranda a San Pablo, acera oeste); Edificio de la DIEX (proyecto de Oscar Carpio y Guillermo Suárez de 1952, esquina San Pablo, sureste); fachadas este de los bloque 2 y 3 de El Silencio (proyecto de Carlos Raúl Villanueva construidos entre 1941 y 1945, de San Pablo a Gorda, acera oeste); fachadas oeste de los dos cuerpos bajos del CSB y Plaza Caracas (proyecto de Cipriano Domínguez construidos en 1954, de San Pablo a Gorda, acera este); Edificio La Nacional (esquina de Pedrera, noroeste); Puente Llaguno (cruce con la avenida Urdaneta); Puente El Guanábano (envuelto siempre en medio de una aureola de tragedia); acceso al Callejón Sanabria (proyecto de Ramiro Nava construido en 1937, esquina 9 de febrero, acera oeste); Tribunal Supremo de Justicia (proyecto de Julián Ferris inaugurado en 1982, esquina Dos Pilitas, acera este); Abadía e iglesia San José del Ávila (esquina noreste del cruce con avenida San José del Ávila); y la Urbanización Hijos de Dios (construida sobre lo que fue el antiguo cementerio del mismo nombre, final de la avenida, sector San José del Ávila, acera oeste).

12. Sector norte de la avenida Baralt con la Abadia e Iglesia de San José del Ávila en primer plano y el Tribunal Supremo de Justicia en segundo plano.
13. Dos tomas amplias de la avenida Baralt (c.2005). De sur a norte (izquierda) y de norte a sur (derecha)

La avenida Baralt, una de las primeras que regresó de la nomenclatura signada por los puntos cardinales dominante en el centro de la ciudad, a la vieja costumbre de llevar un nombre propio, nunca superó las consecuencias de la violencia con que irrumpió en el corazón de la capital, violencia que reaparecería en muchas zonas de su recorrido transmutada en la sordidez con que la noche hace acto de presencia. Sin embargo, el norte, el centro y el sur de la arteria luchan junto a sus habitantes por escapar de una condición que, también, se ha apoderado de buena parte del país.

ACA

Procedencia de las imágenes

1 y 10. Colección Crono Arquitectura Venezuela.

2. http://guiaccs.com/planos/la-recaudacion-fiscal/

3 y 4. Irma de Sola Ricardo. Contribución al Estudio de los planos de Caracas, 1967

5. Revista Municipal del Distrito Federal. Noviembre de 1939. Año 1. Número 1. Caracas-Venezuela.

6. Our Architects en Caracas. Arquitectura Norteamericana en Caracas. 1925-1975, 2017.

7. Juan José Martín Frechilla, Diálogos reconstruidos para una historia de la Caracas moderna, 2004.

8. https://www.facebook.com/photo/?fbid=10150238539232211&set=a.433176767210

9. Informes de la Construcción, Vol. 25, nº 246, diciembre de 1972.

11. Colección Crono Arquitectura Venezuela y Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.

12 y 13. Caracas cenital, Fundación para la Cultura Urbana, 2005

TEXTOS FUNDAMENTALES

Las casas de los caraqueños

Edgar Pardo Stolk

Gráficas Herpa

1969

La publicación del libro Las casas de los caraqueños el año 1969, le brindó a su autor, Edgar Pardo Stolk (1905-1982), la oportunidad de expresar de una forma sencilla, no necesariamente exhaustiva y sin exageradas pretensiones literarias o académicas, su particular interpretación del proceso de crecimiento y transformación de Caracas a través de un tema que, como para cualquier ciudad, constituye el insumo fundamental de su tejido urbano: la vivienda.

Editado en 1969, cuando ya habían pasado las celebraciones del cuatricentenario de la capital venezolana y el sacudón del terremoto (ambos, como se sabe, acontecidos en 1967), y coincidiendo con la aparición de Caracas a través de su arquitectura de Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani (que quizás lo opacó en cuanto a interés dentro del medio arquitectónico), Las casas de los caraqueños, como el mismo Pardo Stolk manifiesta en el “Prólogo”, parte de una curiosa inquietud originada de una observación que como habitante y conocedor de su ciudad natal lo había acompañado durante mucho tiempo: “la coincidencia entre el estilo de las construcciones oficiales y el de las particulares de la misma época”.

1. Prólogo del libro Las casas de los caraqueños escrito por Edgar Pardo Stolk en
diciembre de 1967.

De dicha semejanza observada, influida sin duda por la presencia de gobiernos de tinte autoritario que caracterizaron el país prácticamente desde su emancipación pero muy particularmente durante los primeros 35 años del siglo XX, surgen como primeras hipótesis, por un lado, el afán de parte de cierto sector de la población de ponerse a tono con lo que el gobierno realizaba y, por el otro, “el hecho de que hasta hace solamente pocos años, la mayoría de las personas que disponían de los fondos para hacer construcciones de relativa importancia, eran parte del Gobierno y por lo tanto estaban afectadas por la misma inclinación”.

Sin embargo, una vez graduado en la Universidad Central de Venezuela primero de agrimensor (1921) y luego de Doctor en Ciencias Físicas y Matemáticas (1926), y trabajando en los servicios técnicos del Ministerio de Obras Públicas (MOP) entre 1922 y 1929, a Pardo Stolk se le amplía el rango posibilidades para obtener respuesta a sus inquietudes. Viendo lo que acontecía en otros países intuye que en el nuestro posiblemente impactaban otros dos factores o variantes que influyeron directamente en la ejecución de las construcciones: la moda o gusto del momento, “el cual no sé por qué sistema, dado lo escaso y difícil de las comunicaciones, se regaba por el mundo con una rapidez sorprendente”; y “la aparición de nuevos materiales y la llegada de artesanos con nuevas escuelas”.

Abrumado por lo amplio del tema, número de variantes y causas del fenómeno para cuyo complejo abordaje no se sentía suficientemente preparado, Pardo Stolk había decidido abandonar la idea de realizar publicación alguna. Será gracias a la posibilidad que le abrió el contar con una excelente máquina fotográfica y de “haber leído unos libros sobre la mejor manera de usarla” que retomará, armado con ella y desde otra mirada, sus recorridos por Caracas con base en itinerarios muy precisos. “Mientras hacía esto -dirá Pardo Stolk- iba reviviendo toda una serie de anécdotas e incidentes que sólo quedan en la tradición oral y al final pensé que quizá eso, en sí mismo, era de mayor interés”.

2. Edgar Pardo Stolk (1905-1982).
3. Las únicas páginas del libro que contienen dibujos.
4. Dos de las páginas interiores del libro.

Sobre dicha base absolutamente empírica, a la que se sumaron 40 años de experiencia profesional tanto en el sector público como en el privado (Stolk participó en 1930 como auxiliar del doctor Hernán Ayala en la ejecución de los trabajos de reformas del Panteón Nacional según proyecto de Manuel Mujica Millán, y más tarde interviene en los proyectos de ingeniería de la Escuela de Medicina y del Hospital Universitario de Caracas), el haber liderizado importantes estudios y proyectos (como el estanque de El Polvorín para el abastecimiento del agua de Caracas en 1934 o la planta de las Salinas de Araya inaugurada en 1942), elaborado normas y leyes (en 1936, redactó las primeras “Normas para la construcción de edificios”), participado en o dirigido reconocidas instituciones y ostentado altos cargos (entre otros, Jefe del Servicio de la Dirección de Vías de Comunicación del Ministerio de Obra Públicas entre 1929 y 1930; Director Técnico del Ministerio de Obras Públicas -1933-; Presidente del Colegio de Ingenieros de Venezuela en 1932 y entre 1942 y 1943; Miembro de la Comisión Nacional de Urbanismo -1946-; y entre 1947 y 1948 Ministro de Obras Públicas en el gobierno de Rómulo Gallegos); y elegido Miembro Correspondiente Nacional de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (1960) e Individuo de Número en 1964, Pardo Stolk decide escribir Las casas de los caraqueños.

De esa manera y con ese bagaje, da salida a una visión muy particular salpicada de historia e importantes datos sobre: la manera como se construía en el país, las técnicas utilizadas y los materiales empleados; la tipología de la vivienda entre medianeras del centro de la ciudad; los lugares donde las primeras casas fueron apareciendo fuera del casco central y los estilos que poco a poco se fueron asumiendo; las relaciones entre el desarrollo urbano y el poder; la incorporación paulatina de las normas sanitarias en la construcción; el cambio de paradigma de Europa a los Estados Unidos después de la Primera Guerra Mundial; la escasa participación de profesionales en la construcción de la ciudad durante el primer cuarto de siglo donde cualquiera lo hacía sin orden ni concierto; la tímida presencia inicial de Alejandro Chataing, Ricardo Razetti y Luis B. Castillo en la realización de obras públicas y la posterior llegada de los primeros arquitectos formados en el exterior (Alfredo Jahn, Carlos Guinand Sandoz, Manuel Mujica Millán, Carlos Raúl Villanueva y Luis Malaussena); la aparición de los grandes urbanizadores (Luis Roche y Juan Bernardo Arismendi como los más destacados); el arribo de los constructores catalanes (a finales de los años 20) y vascos (a finales de los años 30); la revalorización de las actividades de los ingenieros y arquitectos tras la muerte de Gómez y la creación de la Escuela de Arquitectura de la UCV; el tránsito de la vivienda unifamiliar a la multifamiliar y el surgimiento de las “casas de vecindad”; las dificultades para implantar la Ley de Propiedad Horizontal; para finalizar con un análisis de la formación y posterior consolidación de los primeros barrios de ranchos y las viviendas que los conforman.

5. Algunas de las páginas interiores del libro.

Con la sinceridad por delante, Pardo Stolk confiesa que, en definitiva, el libro resultante “no es ni de arquitectura ni de historia, sino una simple narración de tradiciones por los mayores en la familia, o de incidencias observadas o vividas por mí y que acompaño con la información gráfica obtenida”.

Pese a ello, por la manera como trata el tema y la abundante cantidad de imágenes que posee (no todas de buena calidad ni debidamente identificadas), Las casas de los caraqueños se trata de un libro de referencia y de consulta de donde se pueden extraer significativos datos sobre la situación política, social y económica del país. Sus 9 capítulos, 136 páginas sin numerar y cerca de 210 fotografías (todas realizadas por Pardo Stolk, a las que se suman dos dibujos) guardan, para quien sepa leer entre líneas, muchos secretos que permiten desentrañar un proceso que se inicia con el análisis de la casa típica de Caracas anterior a 1940 (que no es otra que la casa urbana entre medianeras del centro) y que, transitando por el proceso paulatino de poblamiento de la ciudad primero a través de casas (curiosamente Pardo Stolk no utiliza ni una sola vez el término “quinta” como sinónimo a lo largo de todo el libro) y luego de edificios, concluye con una propuesta de avanzada relacionada con la observación acerca de la manera como se va dando la transformación de ranchos en viviendas consolidadas gracias a la participación de los usuarios en la autoconstrucción de las mismas.

6. Dos de las páginas interiores del libro.

Así, sobre este asunto, Pardo Stolk nos dejará en el último párrafo del libro la siguiente reflexión: “Vale la pena pensar en la tremenda fuerza de realización que supone esa cantidad de personas, con interés directo en el resultado, y lo que realizaría, si fuera adecuadamente guiada, en la organización y coordinación de un servicio adecuado, que debería prestar gratuitamente, todo profesional de la ingeniería o de la arquitectura, en los barrios cercanos a su vivienda”.

ACA

Procedencia de las imágenes

Todas menos la 2. Edgar Pardo Stolk. Las casas de los caraqueños, 1969

2. Venezuela en Retrospectiva (https://venezuelaenretrospectiva.wordpress.com/2018/05/19/edgar-pardo-stolk/comment-page-1/)

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 347

La empresa Duplex Industrial C.A., líder en el país desde 1950 en el diseño, fabricación e instalación de butacas y asientos para auditorios, centros deportivos, áreas al aire libre y áreas de recepción y espera, que ofrecía, además, apoyo en la interpretación, adaptación y asesoría a los autores de los proyectos, con cuya propaganda aparecida en la revista Espacio nº3 de 1988, ilustramos nuestra postal del día de hoy, brindó sus servicios hasta los primeros años del presente siglo cuando se vio obligada a cesar sus actividades.

Sin embargo, teniendo como telón esta firma que equipó buena parte de las salas de cine del país que fueron abiertas dentro del boom que dichos espacios de entretenimiento tuvieron durante las décadas de 1950, 60 y 70, no estaría de más llevar a cabo un somero repaso de la evolución que dicho equipamiento ha sufrido a través del tiempo.

Sería el teatro, primero realizado al aire libre, luego ocupando espacios improvisados simplemente techados y luego funcionando en salas destinadas especialmente para tal fin, el primer lugar donde harían acto de presencia las primeras butacas que evolucionarían a los confortables asientos que hoy conocemos. Inicialmente el público se sentaba sobre el terreno tallado o sobre incómodas sillas a disfrutar de eventos que normalmente tenían una larga duración y donde la incomodidad siempre hacía acto de presencia.

1. Teatro de Dionisio en Atenas, Grecia, siglos V y VI a.C.
2. De izquierda a derecha: el Teatro Olímpico de Vicenza (1580), el Teatro all’antica de Sabbioneta (1590) y el Teatro Español, Madrid (1735).

Por otro lado, se conoce que el primer teatro construido fue el dedicado a Dionisio en Atenas, Grecia, entre los siglos V y VI a.c. Se dividía en tres partes la orquesta, el lugar para los espectadores y la escena. Los primeros teatros griegos constaban de dos formas: un espacio circular donde se alzaba la estatua de Dionisio y el hemiciclo para los espectadores. Sin embargo, no será sino hasta el Renacimiento cuando se construyan en Italia los primeros teatros cerrados modernos. “Su estructura era similar a la de los teatros antiguos, con una cavea y una escenografía arquitectónica que representaba una calle de la ciudad. Los ejemplos más antiguos que se conservan de este estilo son el Teatro Olímpico de Vicenza (1580) -de Andrea Palladio- y el Teatro all’antica de Sabbioneta (1590) -de Vincenzo Scamozzi- (…) El primer teatro de ópera abierto al público fue el Teatro San Cassiano (1637) de Venecia. Los teatros de ópera italianos fueron el modelo para los posteriores teatros de toda Europa”, encontramos en Wikipedia.

En España el Teatro Español (también llamado Corral del Príncipe o Teatro del Príncipe), ubicado en Madrid junto a la Plaza de Santa Ana, es considerado el más antiguo y uno de los más viejos de Europa. Remontándose sus orígenes al momento en que fue un corral de comedias medieval, pasando a ser conocido en el siglo XVI como Corral de la Pacheca, el solar donde se encontraba sirvió para llevar adelante la construcción de un teatro de forma estable en 1582 identificado popularmente como el Corral del Príncipe, debido a la calle de su ubicación, con ese mismo nombre. El 21 de septiembre de 1583 abrió sus puertas y fue el lugar donde los mejores autores del Siglo de Oro estrenaron sus obras. Posteriormente, en 1735, el arquitecto Pedro de Rivera construyó con base a un proyecto el edificio cuya planta y estructura coinciden exactamente con la actual.

3. Jean Nicolas Louis Durand. Recueil et parallèle des édifices de tout genre, anciens et modernes… (1800). Página de presentación (izquierda) e índice (derecha).
4. Plantas y alzados de teatros a la misma escala registrados en el libro de Durand.

Es en su monumental libro Recueil et parallèle des édifices de tout genre, anciens et modernes: remarquables par leur beuté, par leur grandeur, ou par leur singularité, et dessinés sur une même échelle (1800), donde Jean Nicolas Louis Durand, en su afán de ofrecer desde la recién fundada Escuela Politécnica de París (1794) una enseñanza basada en la economía, la funcionalidad y la racionalidad de la arquitectura (jugando la estandarización un papel fundamental), realizaría la primera recopilación tipológica importante de espacios para teatro desde la antigüedad hasta ese momento que, expresada a través de plantas a la misma escala, muestra la disposición del público en las salas sin dar mayores detalles sobre su equipamiento.

Quizás sea Charles Garnier quien dedique mayor atención al tema que nos ocupa en el libro Le Théatre (1871), publicado mientras se construía su proyecto para la Ópera de París (1861-1875), institución creada en 1669.

5. Portada e índice del libro Le Théatre (1871) de Charles Garnier.
6. Interior de la Ópera de París.

Tal y como apuntáramos en nuestro Contacto FAC nº 297 (6 de noviembre 2022): Cuando Garnier publica su libro, estructurado en una serie de reflexiones sobre teatros en general, admitiendo que esto fue un argumento para su propio diseño, enfocará su mirada ya no en términos de geometría abstracta (como lo haría Viollet-le-Duc), sino más bien desde el espectador que atiende a un espectáculo y hacia aspectos estrictamente funcionales los cuales permitieron a partir de entonces incorporar al teatro como un tipo de edificación que podía ser perfectamente “caracterizable” en función de la adecuación al uso al que estaba destinada. Las partes que lo conforman son: «Prefacio»; un bloque de 21 apartados titulados “Utilidad de los teatros”, “Accesos cubiertos”, “Vestíbulos”, “Escaleras”, “Foyers y galerías”, “Cámaras del Jefe de Estado”, “Salas y dependencias”, “Encendido de la sala”, “Acústica”, “Calefacción y ventilación”, “Telón del teatro”, “Escenario”, “Maquinaria teatral”, “Logias en el teatro”, “Encendido del escenario”, “Departamento de decoración y montaje”, “Administración y servicios diversos”, “Cuerpo de bomberos”, “Luces”, “Alrededores del teatro”, “Arquitectura de teatros”; y, al final, “Conclusión” y “Apéndices”.

Ya para aquel momento el equipamiento de la sala estaba constituido por elementos en los que la madera si bien seguía siendo el material fundamental de la estructura, del asiento y del respaldo, se contemplaba la utilización de productos que permitían minimizar los efectos del estar sentados de una manera prolongada.

El siglo XIX también marcará la presencia incipiente de otros dos usos en los cuales, al igual que en el caso de los teatros, ameritarán cuidado en cuanto al confort de quienes disfrutarán de sus instalaciones durante tiempos dilatados: el cine y los eventos deportivos, estos últimos con claros antecedentes en la antigüedad.

7. Diversos gráficos vinculados al diseño y producción de butacas, sus medidas, características y disposición.

Durante el siglo XX se producirá gracias a la incorporación como asunto fundamental a considerar la ergonomía en el diseño, los nuevos materiales y las normas que pautan las dimensiones tanto de las butacas como de su disposición en los lugares públicos donde se deben utilizar, la proliferación de firmas dedicadas a la fabricación venta e instalación de este elemento.

Hoy en día es numerosa y muy variada la oferta de butacas diseñadas para diversos usos, las cuales variarán de acuerdo a las características y exigencias de los mismos privando en ello las prestaciones y el tipo de material a emplearse en su elaboración, diferenciándose los modelos ofrecidos para cines o teatros (donde, además del confort, la acústica se convierte en variable de primer orden) de los que se destinan a espacios de masiva concurrencia.

En resumen, tal y como la conocemos hoy en día, una butaca es una clase de silla diseñada para permitirle al usuario apoyar sus brazos y cuyo respaldo presenta una cierta inclinación, encontrándonos con que esta condición incorporada al diseño permite variaciones que van de los 15º a los 25º. A diferencia de otros mobiliarios con brazos, la butaca no es demasiado ancha. Puede estar hecha con diversos materiales diferenciándose claramente aquellos que conforman su estructura (generalmente en madera, acero o pvc) de los que conforman el asiento, el respaldo y los apoyabrazos que toman la consistencia de un almohadón o cojín en los dos primeros, con densidades distintas en cuanto al uso del material que los integra, para que sean más confortables. También es posible encontrar butacas de aluminio, plástico y otros materiales. En el caso del asiento y el respaldo, también es frecuente que estén confeccionados o revestidos con cuero.

Sería bueno señalar que el término con el cual se identifica al mueble es mayormente usado cuando se trata de salas de cine o de teatro siendo en este caso sinónimo de «asiento disponible». Puede decirse, por lo tanto, que los espectadores se sientan en butacas.

El diseño de butacas, en la actualidad, presenta entre sus variantes aquellas que poseen reposabrazos fijos o móviles que a su vez pueden albergar un espacio para posar una bebida con la forma de la botella o vaso. Así mismo, la carcasa suele hacerse en pvc moldeado de una dureza a prueba de impactos, con resortes que funcionan como muelles y amortiguan el peso. Otros detalles importantes tomados en cuenta desde que se produjeron los primeros modelos de butacas han sido, además de las consideraciones atinentes a permitir la mejor visibilidad en función de su disposición en el espacio, la fijación al suelo y la condición plegable del asiento. Con respecto al segundo, se trata de un factor que permite optimizar la distribución de los locales y minimizar la circulación en las salas donde las butacas hacen acto de presencia. La rapidez en el replegado es considerada hoy en día un ítem de importancia y un avance ya no sólo en cuanto al ahorro de espacio sino como variable en la velocidad de desalojo de cualquier sala tanto en condiciones normales como ante cualquier eventualidad o emergencia. La utilización de materiales resistentes al fuego o que no produzcan gases tóxicos en caso de combustión ha pasado a ocupar, en la actualidad, un lugar preponderante en el diseño de butacas para espacios públicos. Huelga decir que con las normas de seguridad hoy imperantes la mayor parte de las salas de cine o de teatro de vieja data han debido actualizar su mobiliario ajustándose a las condiciones que la reglamentación exige.

8. Izquierda: Aula Magna de la Ciudad Universitaria de Caracas, Carlos Raúl Villanueva (1953). Derecha: butacas de la Sala Simón Bolívar, del Centro Nacional de Acción Social por la Música (Cnaspm), Tomás Lugo (2011) tapizadas según diseño de Carlos Cruz-Diez.
9. Cartel inaugural del Teatro Caribe, Centro Comercial Mata de Coco, Chacao, del 25 de mayo de 1960, donde aparece la lista de diversas empresas que estuvieron involucradas en su construcción, equipamiento e instalaciones. La dotación de las butacas estuvo a cargo de Duplex Industrial C.A.

Finalmente, sólo decir que tras la desaparición de Duplex Industrial C.A. son numerosas las firmas, particularmente extranjeras, que han cubierto el vacío por ella dejado, en un ramo de apoyo a la industria de la construcción donde competir y estar al día es fundamental y al que la situación país no ha favorecido en lo más mínimo.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Athen_Theatre_of_Dionysus_BW_2017-10-09_14-29-49.jpg

2. http://www.agoramagazine.it/index.php?option=com_k2&view=item&id=39608:el-teatro-olimpico-de-vicenza&Itemid=737, https://twitter.com/MiguelBorrallo/status/1372305270957871110 y https://madridfilmoffice.com/en/localizacion/teatro-espanol/

3 y 4. https://socks-studio.com/2016/07/03/j-n-l-durands-divers-edifices-publics-dapres-le-champ-de-mars-de-piranese-in-recueil-et-parallele-des-edifices-de-tout-genre-anciens-et-modernes-1800/

5 y 7. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

6. https://www.meer.com/en/71516-glory-years-of-the-paris-opera-house

8. Colección Crono Arquitectura Venezuela y https://www.pinterest.com/pin/851813717004623222/

9. https://www.pinterest.com/pin/179299628886625406/

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 337

Tal y como se ha repetido tantas veces “cuando se habla de revistas venezolanas de gran calidad y belleza la primera que suele venir a la mente es El Cojo Ilustrado”. Esta legendaria publicación periódica, cuya portada del primer número engalana nuestra postal del día de hoy, apareció por primera vez el 17 de enero de 1892 al mes siguiente de la desaparición de El Zulia Ilustrado, primera revista del país en reproducir imágenes fotográficas y fotograbado y su más claro antecedente que, tras 35 números con periodicidad mensual apareció por primera vez el 24 de octubre de 1888.

El alto listón dejado por su predecesora fue asumido por los editores de El Cojo Ilustrado, con Jesús María Herrera Irigoyen (1847-1929) a la cabeza, apostando ya no a una revista de carácter regional sino abriendo las puertas a la cultura y lo que en torno a ella acontecía tanto a nivel nacional como internacional. Se editó en Caracas en la Tipografía a vapor “El Cojo” en formato de ¼ recortado (32 x 23 cms.), a tres columnas y sobre papel glasé de tan buena calidad que todavía hoy en día se conservan los originales en muy buen estado y que además permitió, al igual que El Zulia Ilustrado, la reproducción de imágenes fotográficas, fotograbados y cromofotograbados a muy buena definición, industria ésta que ya mostraba un importante desarrollo en Europa y Norteamérica. Apareció con puntualidad cada quince días, era distribuida en todo el país, su abono mensual costaba 4 bolívares y el número suelto, 2 bolívares llegando a contar con más de 3000 suscriptores a nivel nacional e internacional. Cada ejemplar tenía entre dieciséis y cuarenta páginas.

1. Manuel Echezuría (izquierda) y Jesús María Herrera Irigoyen (derecha).

Sobre el nacimiento de la revista se conoce, de acuerdo a lo publicado en https://museodellibrovenezolano.libroria.com/el-cojo-ilustrado/, que tuvo lugar en “la fábrica de cigarros ‘El Cojo’, fundada en 1873 (cuyo) nombre se tomó de uno de los socios de la cigarrería: Manuel Echezuría que era conocido con ese apodo. El otro socio era Agustín Valarino. Los cigarros ‘El Cojo’ pronto se transformaron en una empresa pujante con sucursales en todo el país, (y) es allí donde aparece Jesús María Herrera Irigoyen, (quien) es nombrado gerente de la sucursal de Caracas. En 1881 Herrera Irigoyen comienza a publicar un pequeño folleto, como propaganda para la fábrica de cigarros, pero un año después la empresa compra una tipografía, con la intención de imprimir lo necesario para los cigarros, además de diversificar sus productos. Tres años más tarde con la muerte de Echezuría, Herrera Irigoyen compra la empresa y pasa a ser el único propietario de ‘Tipografía a vapor El Cojo’” uno de los primeros talleres de fotograbado mecánico del país y punto de partida para la fundación de la revista artístico-literaria que hoy nos ocupa.

Aunque detrás del proyecto de la revista siempre estuvo Herrera Irigoyen, el primer director de El Cojo Ilustrado fue Manuel Revenga. Será a partir del n°66 (1894) que el nombre de Revenga se acompañará con el de Herrera Irigoyen, hasta 1895 en que éste aparecerá como único director hasta el número 559 del 1 de abril de 1915 que marcará su fin.

Cuidando siempre que la portada de cada ejemplar estuviese hermosamente ilustrada, El Cojo Ilustrado, dentro de una línea claramente cultural, recogía “artículos diversos sobre arte, historia, literatura y crónicas. También se incluían relatos de vidas de personajes, poemas o cuentos, obras de artes, arquitectura, curiosidades y noticias mundiales y un calendario con las fechas destacadas. La intención de la revista era unificar al país con los ideales liberales, (mostrando) un discurso que apoya a la familia, el ideal de Nación, el progreso y la civilización, la democracia, la educación y la paz; destacó sobre todo por promover la idea de la mujer como cabeza de familia para lo que se incluían secciones como moda y belleza”.

Como señala Oscar Palacios Herrera en el artículo dedicado a Jesús María Irigoyen aparecido en el Diccionario de Historia de Venezuela (https://bibliofep.fundacionempresaspolar.org), “por las páginas de la revista desfilaron 3 generaciones de escritores venezolanos: desde Eduardo Blanco, Julio Calcaño y Felipe Tejera, hasta Rómulo Gallegos, José Tadeo Arreaza Calatrava y Francisco Pimentel. Quizás la que llenó el período más destacado de El Cojo Ilustrado fue la generación intermedia, en la que tanto influyó el modernismo literario y el pensamiento positivista, a la que pertenecieron -entre muchos otros nombres relevantes- prosistas como Manuel Díaz Rodríguez, Pedro Emilio Coll y Luis M. Urbaneja Achelpohl; ensayistas como César Zumeta, Pedro Manuel Arcaya y Laureano Vallenilla Lanz; poetas como Rufino Blanco Fombona, Andrés Mata y Alfredo Arvelo; historiadores como José Gil Fortoul, Eloy González y Francisco González Guinán”. Además, la publicación contó con la colaboración de fotógrafos de la talla de Henrique Avril y Luis Felipe Toro “que recorrían el país para mostrar su progreso, por lo que con frecuencia se orientaban a trabajadores, tecnología, productividad y numerosos paisajes”, convirtiéndose en cronistas gráficos de la Venezuela de finales del siglo XIX y comienzos del XX.

2. Páginas interiores del nº1 de El Cojo Ilustrado.
3. Algunos de los grabados aparecidos en el nº1 de El Cojo Ilustrado. Izquierda: «La France». Centro: Entrada al Pasaje Linares (vista sur). Derecha: «Torero» de Arturo Michelena.

El primer número, de dieciséis páginas, además de presentarse dirigido por Ravenga, mostrará en su portada a J.M. Irigoyen C.A., Empresa El Cojo, Caracas, Venezuela, como Editores Propietarios. También se dejará claro su condición bimensual y que estaría bajo la responsabilidad de Empresa El Cojo, Caracas, Venezuela. La hermosa y potente imagen que la protagoniza corresponde al grabado “El llanero domador” descrito junto al resto de ilustraciones que recoge la página 2 precisándose que el “original se debe al pincel del inspirado pintor Celestino Martínez (q.e.p.d.) y la copia a pluma, al hermano de éste, Gerónimo Martínez, representa una de las más típicas escenas de nuestros llanos”. Continuará la descripción señalando lo siguiente: “Los hijos de nuestras pampas figuran en nuestra historia de la Independencia como valerosos adalides que nunca cejaron ante empreño de arma alguna, por enorme que fuese, y que siempre fieles a la santa causa de nuestra libertad, ayudaron de continuo con su sangre a que germinara en la patria tierra la semilla fecunda de nuestra ciudadanía”. Finalizará el texto apologético preparado sobre el grabado de la portada de esta forma: “Al mismo tiempo de bello adorno y artístico regalo, quiera la suerte que sirva este dibujo de lema simbólico que nos enseñe a todos a domar los vicios de diverso linaje que sin descanso hacen venir a menos los hechos de nuestra vida nacional”, como se verá, toda una declaración de principios de los editores, quienes, evadiendo en lo posible oponerse durante 23 años a los gobernantes de turno (Raimundo Andueza Palacios, Guillermo Tell Villegas, Joaquín Crespo, Ignacio Andrade, Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez y Victorino Márquez) y, por tanto, cualquier vinculación política, se esforzaron siempre por liderar reformas que de algún modo implicaran beneficios positivos para el bienestar del país.

El Sumario del nº1 de El Cojo Ilustrado recoge como textos los siguientes: “Prospecto”, que puede considerarse como el editorial con que se presenta tanto el ejemplar como la publicación en general; “Nuestros grabados”, donde de las 14 imágenes que acompañan el número se describen 8 de ellas, de entre las cuales cabe destacar los grabados de los recién inaugurados Hospital de Niños (también conocido como Hospital Linares, devenido luego en Hospital Militar y finalmente hasta hoy en sede de la Cruz Roja Venezolana) y Pasaje Linares, ambos acompañados de una destacada reseña dedicada importante benefactor caraqueño; una fotografía del interior del Hospital Vargas (Departamento de Mujeres) terminado el año anterior; y un grabado titulado “Torero” basado en un estudio a pluma de Arturo Michelena; “Flores y jardines en Caracas” de Adolf Hernst; “Las Reputaciones” de F. de Sales Pérez; “Política europea” (extracto de las revistas y periódicos recibidos últimamente); “Poesías” de Luis López Méndez; “El Tocador” de la Baronesa Staffe (primera entrega de la transcripción traducida del libro del mismo nombre que significó un best seller para su autora); “Estrofas” de Alirio Díaz Guerra; “Sección científica” (El bacilo de la fiebre tifoidea); “Sección biográfica” (dedicada a Luis López Méndez, A. Ernst, Jesús María Suárez y Francisco de Sales Pérez); y el Capítulo I de “Su cara mitad” (novela escrita por F. Barret, traducida al castellano por Francisco Sellén).

4. Portada del último número (559) de El Cojo Ilustrado del 1 de abril de 1915. Imagen: Episodios de la guerra (la Gran Guerra había llegado)

Las claras intenciones de los editores de convertir la publicación en referencia venezolana de la industria del fotograbado, de competir abiertamente con periódicos similares del extranjero y de ser “adalides de toda reforma que de algún modo implicara positivos beneficios para el bienestar de la Patria y de sus hijos”, se ve subrayado por la visión nacionalista que se refleja en el “Prospecto” del primer número, del cual extraemos los siguiente: “Así como para la parte ilustrada, de más está decir que los editores desean con vehemencia que las hojas de esta publicación al texto dedicadas, sean palenque donde brille de preferencia el patrio talento; y para ello excita á los escritores, hombres de ciencia y arte, é industriales venezolanos, á que contribuyan con sus producciones á realzar esta obra de progreso. Todo documento que tenga relación con la Historia Patria, con la de nuestras ciencias, artes é industrias, las lucubraciones de todo linaje que de algún modo representen interés nacional ó revistan carácter genuinamente venezolano, serán acogidas con entusiasmo y deleite, pues la crónica de nuestros heroicos hechos, así como la que demuestre el orijen y desarrollo de nuestra vida intelectual, está aún por comenzarse”.

La ventana que se abre desde el mismo nº1 a la participación e interés por la mujer y sus temas en sus páginas, lo evidencia la traducción parcial del libro El Tocador de la Baronesa Staffe (seudónimo de Blanche Augustine Anyele Soyer) autora de un libro muy leído titulado La elegancia en la vida social, la cual vendrá encabezada por lo siguiente: “en obsequio a nuestras lectoras, traduciremos de él los más notables capítulos que servirán de guía y norma a nuestras bellezas caraqueñas. Publicamos a continuación el primero”. Sobre este asunto es altamente recomendable la lectura del texto de Cecilia Rodríguez Lehmann en el interesante artículo “Autorías transoceánicas. Una baronesa en un boudoir caraqueño del siglo XIX”, publicado en https://tropicoabsoluto.com, donde analiza cómo los editores de El Cojo Ilustrado, pese abrir esa interesante puerta, no están exentos de los prejuicios propios de la época en cuanto a cómo se visualiza la participación de la mujer venezolana en un medio de divulgación, cómo se introdujo la autoría femenina extranjera en el contexto del entresiglo venezolano y qué papel jugaron esa voces femeninas transoceánicas en el rediseño del campo intelectual venezolano.

5. Diversas publicaciones que tienen a El Cojo Ilustrado como tema.

Para cerrar, no queremos pasar la oportunidad de señalar que El Cojo Ilustrado y sus páginas han sido objeto tanto de recopilaciones como de varios estudios que han dado lugar a diferentes libros entre los cuales merecen ser destacados los siguientes:

El Cojo Ilustrado. 1era. Edición facsimilar. Fotociencia. Caracas. 1960. 12 paquetes de folletos.

El Cojo Ilustrado. Edición facsimilar. Ediciones Emar. Impreso en España. 1977 (edición completa en formato reducido). 44 tomos

Martín Perea Romero y José Agustín Catalá. Catálogo de El Cojo Ilustrado. Ediciones Centauro. Caracas. 1975

Mario Milanca Guzmán. La música en El Cojo Ilustrado, 1892-1915. Dirección de Cultura UCV. Caracas. 1993. 2 tomos.

Mirla Alcibíades R. Literatura y Nación en El Cojo Ilustrado: La “íntima satisfacción» de Jesús María Herrera Irigoyen. Fundación Bigott. Caracas. 2017

Gabriel González. La fotografía en El Cojo Ilustrado. Burbuja Editorial. Caracas. 2005.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 2 y 3. El Cojo ILustrado, nº1, 17 de enero de 1892.

  1. http://venezuelaehistoria.blogspot.com/2016/08/manuel-maria-echezuria_16.html y https://camaradecaracas.com/ocurrio-aqui/el-cojo-ilustrado/

4. https://twitter.com/cojoilustrado/status/1498427041166811139

5. https://museodellibrovenezolano.libroria.com/el-cojo-ilustrado/

¿SABÍA USTED…

… que en diciembre de 1965 se inaugura la avenida Libertador de Caracas?

1. Avenida Libertador (c.1965)

La avenida Libertador es sin lugar a dudas una de las arterias viales más importantes de la ciudad de Caracas. Su construcción fue iniciada en 1957 durante el régimen de Marcos Pérez Jiménez y, tras una interrupción de más de dos años, es retomada con decisión por el gobierno de Rómulo Betancourt entre 1959 y 1964 para finalmente ser inaugurada el martes 14 de diciembre de 1965 por el presidente Raúl Leoni, pese a que ya desde 1963 se había puesto parcialmente en funcionamiento. Se trata, por tanto, de una clara muestra de continuidad administrativa de las muchas de las que no se hace mención en el paso de la dictadura a la democracia venezolanas.

2. La avenida Libertador dentro de la trama urbana de Caracas. Abajo a la izquierda, su intersección con la Francisco de Miranda resuelta en trinchera.

La Libertador fue trazada por el arquitecto urbanista Antonio Cruz Fernández y el ingeniero Hernán Stelling sobre la base de la antigua calle La Línea. La arteria, que une el centro de Caracas con el este de la ciudad y aún conserva su aspecto “novedoso”, transcurre en dos niveles: uno superficial que tiene el carácter de una vía urbana de servicios para los edificios que la delimitan (poseedores de una amplia diversidad de usos), y otro en trinchera, sin semáforos ni interrupciones, con connotaciones de vía expresa que transcurre entre Los Caobos (municipio Libertador) y El Rosal (municipio Chacao). La combinación de ambos criterios permitió, pese al alejamiento que sufrieron sus dos frentes edificados en el trayecto atrincherado, mantener la continuidad de las conexiones norte-sur, contribuyendo notablemente a dinamizar el tejido urbano. La finalización de la vía expresa hacia el este da origen a un tramo diferente de la avenida prácticamente aislado del anterior y con un desarrollo edificatorio distinto (fundamentalmente oficinas y comercios) que transcurre a nivel entre El Rosal y Bello Campo paralelo a la avenida Francisco de Miranda, finalizando en el empalme con el distribuidor Altamira.

3. Izquierda: Plano Regulador de Caracas (1951). Derecha: Plan de vialidad de Caracas (1951) con la avenida Libertador resaltada.

Su gestación está absolutamente ligada a dos hechos importantes. Por un lado, formaba parte del sistema del este del Plano Regulador de Caracas de 1951 junto a las avenidas Andrés Bello, Lincoln (antigua Calle Real de Sabana Grande) y Francisco de Miranda, además de ser una de las 9 obras imprescindibles dentro de las 19 que incluía el Plan Municipal de Vialidad de 1951, lo que le otorgó desde entonces un nivel prioritario en cuanto a su realización.

Por el otro, su trazado se realizó aprovechando la ruta que, desde su inauguración por Guzmán Blanco el 4 de septiembre de 1886, siguió el Ferrocarril Central de Venezuela (también conocido como el “ferrocarril inglés” por la participación en su construcción y posterior administración de empresas británicas) entre la estación Santa Rosa o Caracas (ubicada en Quebrada Honda) y Petare (luego de pasar por Sabana Grande, Chacao y Dos Caminos), primer tramo del recorrido que se terminaría en 1928 en tiempos de Gómez, cuando llega finalmente a Ocumare del Tuy, población que había dejado de ser la capital del estado Miranda el año anterior.

4. Ruta completa que cubría el Ferrocarril Central de Venezuela entre la estación Santa Rosa (o Caracas) y Ocumare del Tuy, indicando todas las paradas intermedias.
5. Detalle del Plano de Caracas de Ricardo Razetti de 1906 donde se puede observar la carretera que unía el centro con la estación Santa Rosa en Quebrada Honda y el inicio de la ruta del tren hacia Petare.
6. Estación Santa Rosa (o Caracas) del Ferrocarril Central de Venezuela (demolida). Frente a ella pasaba la calle La Línea.

En su recorrido caraqueño, ya para 1940 el tren atravesaba El Bloqueo, pasaba sobre la Quebrada Canoas, cruzaba la urbanización Bigott pasando al norte de la Cigarrera Bigott, sobre la Quebrada Maripérez, para luego transitar por las incipientes urbanizaciones de Los Caobos, La Campiña, Las Delicias, Campo Alegre y El Rosal, y seguir su ruta a través de diferentes haciendas del Este de Caracas hasta llegar a Petare. Luego, en su camino hacia Ocumare del Tuy, el tren se detendría en El Encantado, Lira, Tusmare, La Envidia, Los Mangos, Arenaza, Pichao, Boca de Siquire, Santa Lucía, Soapire, Santa Teresa y San Francisco de Yare. En total el trayecto entre Santa Rosa y Ocumare del Tuy estaría conformado por 18 estaciones.

La ruta del tren prácticamente desde sus inicios, se vio acompañada en lo que se refiere a su tránsito por las parroquias El Recreo y la entonces foránea Chacao por la ya mencionada la calle La Línea la cual, con el añadido de los bordes dejados en reserva de circulación, le serviría a Cruz Fernández y Stelling para trazar la avenida Libertador. Por tanto, puede decirse que la vía se realizó, una vez diseñada y efectuado un intenso proceso de expropiación de terrenos y demolición de edificaciones, en dos etapas en función de sus dos niveles. Así, mientras se culminaba la correspondiente a la parte superior (primera etapa) se pudo abordar la construcción de la trinchera que la caracteriza (segunda etapa) prácticamente sin interrumpir el tránsito de lo ya ejecutado a nivel de superficie.

7. Momentos de la construcción de la avenida Libertador.

El Ferrocarril Central de Venezuela, venido a menos a raíz de la crisis de 1929 que afectó a sus administradores lo que obligó a su nacionalización en 1936 por el gobierno de Eleazar López (recordemos que desde 1885 estuvo a cargo de la compañía de capital inglés The Venezuelan Central Railway Company Limited), y herido de muerte (como el resto del sistema ferroviario a nivel nacional) a partir de que la Venezuela petrolera decidiera priorizar la construcción de carreteras para enlazar el país y darle así impulso al transporte automotor, dejó de circular (amenazado además por los planes viales que se tenían previstos para descongestionar Caracas) en 1953, cuatro años antes del comienzo de la construcción de la avenida. Será la demolición de la estación Santa Rosa en 1959 la que pondrá punto final al último vestigio de lo que quedaba de aquel sistema que llegó a enlazar eficientemente Caracas con los Valles del Tuy.

Desde el momento en que se decretó su construcción y se trazaron sus límites, cuando aún se conocía como calle La Línea, e incluso antes, en el trazado de la avenida se pueden encontrar interesantes edificaciones, proceso que se incrementará cuando es concluida en su totalidad y rebautizada. En sus comienzos al oeste se pueden encontrar por un lado los Museos de Bellas Artes (1938) y de Ciencias (1940) ambos de Carlos Raúl Villanueva (conexión con la avenida México) y, por el otro, el Colegio San Francisco de Sales de la Congregación de los Salesianos (primera etapa de 1897 y última de 1942) junto al Mercado Guaicaipuro (Oficina Técnica C. Blaschitz, 1953) (conexión con la avenida Andrés Bello).

8. Izquierda arriba: Sede de la Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (CANTV). Izquierda abajo: Iglesia de San Rosa de Lima. Derecha: Puente Bolívar (demolido) en el cruce de la avenida la Salle (o principal de Los Caobos) con calle La Línea. A la derecha en primer plano el edificio La Salle.

En el terreno que en parte ocupó la estación Santa Rosa se construyó al norte en 1973 el edificio Sede de la Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (CANTV) proyectado por Guido Bermúdez, Carlos Brando, Pedro Lluberes e Isaac Van Praag y, más recientemente, al este, el Proyecto Integral de Viviendas Santa Rosa de la Gran Misión Vivienda Venezuela -GMVV- (Fruto Vivas, 2013). Frente a la CANTV, al sur, se logró preservar la iglesia de Santa Rosa de Lima (1906, restaurada por el Metro en 1983), construyéndose a su lado en 1983 la estación Colegio de Ingenieros del Metro de Caracas y más adelante las Residencias Plaza Jardín.

Transitando hacia el este, en el cruce con la avenida La Salle de Los Caobos (lado sur) en 1942 sus urbanizadores habían construido el Puente Bolívar (de Enrique García Maldonado) sobre el cual pasaban el ferrocarril y la calle La Línea, que luego sería demolido al construirse la avenida Libertador. En dicho cruce se construiría más tarde en 1952 el edificio de uso mixto La Salle (de Carpio y Suárez).

9. Izquierda: Edificio 10-18. Centro arriba: Edificio sede de PDVSA. Centro abajo: PDVSA Torre Sur. Derecha: Torre KPMG.

Siguiendo el recorrido, entre la avenida Las Palmas y la avenida Las Acacias, al norte, se encuentra el edificio 10-18 (Ramón González Almeida, 1964) y en el cruce con avenida Las Acacias, al sur, el hotel Crillón. Al norte, entre las avenidas Los Samanes y Los Jabillos se ubica el Centro Comercial Los Cedros (Oscar Carmona y Gerónimo Puig, 1970), en el cruce con Los Manguitos, al sur, un muy correcto edificio de vivienda multifamiliar (Luis Jiménez Damas, c.1960) y en el cruce con la calle Negrín (al norte) el Centro Comercial Libertador (Bernardo Borges y Francisco Pimentel, 1973).

Entre la calle Negrín y la calle El Cristo (al sur) se encuentra la Policlínica Santiago de León (1958) y al norte el edificio Torre Maracaibo. Un poco más adelante en el cruce con la calle Empalme (al norte) se encuentra el edificio sede de PDVSA (1980) y al frente (sur) la Torre Las Delicias y PDVSA Torre Sur (Helene de Garay, 1995).

En la urbanización La Campiña entre las calles Caicara y Cantaura (al norte) se encuentran los edificios Libertador, Ramca y Caicara (Heriberto González Méndez, 1940) afectados en los años 60 por la construcción de la avenida y, en la misma acera, en el cruce con calle Caicara, el Instituto Politécnico Educacional (Wladimiro Acosta, 1948). Al otro lado de la avenida está el Centro Residencial Libertador.

10. Izquierda arriba: Edificio Viulma. Izquierda centro: Edificio Sausalito. Izquierda abajo: Edificio Santillana. Derecha: Edificio El Castillito

Acercándonos a Chacaíto encontramos al sur el Edificio Viulma (Guido Bermúdez, 1954) entre la calle La Arboleda y la Principal de El Bosque, y en el cruce con la principal de El Bosque tres valiosas piezas: el edificio Sausalito (Héctor Machado Rivero, 1953), el edificio Santillana (Manuel Mujica Millán y Gustavo Guinand Sandoz, 1946) y el edificio El Castillito (Raffaele Mazzeo, 1951).

Ya en pleno municipio Chacao, en el muy abstracto encuentro entre la avenida Libertador con la Francisco de Miranda está la torre KPMG (Helene de Garay, 1998) y comenzando el último trecho rumbo a Altamira, al salir de la trinchera tapizada por Juvenal Ravelo, se puede ver al sur la Torre Exa y más adelante entre la avenida Andrés Galarraga y la calle Élice el edificio sede de Seguros Mercantil (Manuel Fuentes y Tony Mas Lara, 1999).

11. A la izquierda el edificio sede de Cauchos General (demolido), a la derecha su némesis: el Centro Comercial Sambil.
12. Arriba derecha: Edificio Nuevo Centro. Arriba centro: Multicentro Empresarial del Este. Arriba derecha: Edificio sede de Seguros Mercantil. Abajo: Liceo Gustavo Herrera.

Pasando la calle Élice, al norte se encuentran el edificio Nuevo Centro (Julio Coll Rojas, 1966) y Multicentro Empresarial del Este (Luis Manuel Trompiz, 1978). Antes de construirse los dos edificios mencionados en el frente sur se encontraba la sede de Cauchos General cuyo estupendo edificio administrativo de 1955 había sido diseñado por Guinand, Benacerraf y Vestuti, siendo posteriormente demolido para dar paso al Centro Comercial Sambil (Celina Bentata, 1998). Finaliza nuestro recorrido por la avenida Libertador hacia el este con el Liceo Gustavo Herrera (Dirección Técnica del Ministerio de Educación, 1963), ubicado en la acera sur con frente hacia la autopista Francisco Fajardo en la zona de Bello Campo.

13. Varias tomas que sirven para apreciar las características de la avenida Libertador.

Con su aspecto metropolitano que apunta al futuro descuidando el presente, sus dilemas entre quienes la habitan de día y de noche, el debate acerca de si se debió respetar su composición social en lugar de dar cabida de forma arbitraria a edificios de la GMVV, su clara preferencia en imponer al vehículo como máximo protagonista, su desigual comportamiento a todo lo largo, y su ruptura en Chacaíto que ha buscado paliarse a través de la presencia de “arte urbano” en su sórdida trinchera, sus deudas con la generación de verdaderos espacios públicos (que comienzan por sus descuidadas aceras), junto a lo inhóspita que se presenta para el peatón, y su perfil alejado de las posibilidades que abre su peso como eje vital de la capital, la avenida Libertador ha sido objeto de diversas experiencias académicas que han buscado resolver sus múltiples contradicciones.

Su condición de herida suturada que aún no sana ofrece, sin embargo, la oportunidad de encontrarnos con una experiencia y un modelo que valdría la pena evaluar si se debe repetir o, por el contrario, se debe reformular completamente.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. https://www.pinterest.com/pin/384917099381295734/

2. https://primicias24.com/tal-dia-como-hoy/232519/hace-54-anos-se-inauguro-la-avenida-libertador-de-caracas/

3. Juan José Martín Frechilla, Diálogos reconstruidos para una historia de la Caracas moderna (2004)

4. https://tucuy.wordpress.com/2013/03/29/estacion-santa-lucia-del-ferrocarril-central-de-venezuela/

5. http://guiaccs.com/planos/la-busqueda-de-el-paraiso/

6. http://museodeltransportecaracas.blogspot.com/2012/02/ferrocarril-central-y-las-tarifas-para.html y Colección Crono Arquitectura Venezuela

7. https://twitter.com/tachirense89/status/768280821971030018, https://twitter.com/caracascuentame/status/1062385428093919232 y Colección Crono Arquitectura Venezuela

8. Colección Crono Arquitectura Venezuela y https://twitter.com/caracascuentame/status/1062385428093919232

9. Colección Crono Arquitectura Venezuela

10. https://construidoencaracas.wordpress.com/2013/06/09/edif-viulma/ y Colección Crono Arquitectura Venezuela

11. Colección Crono Arquitectura Venezuela y https://twitter.com/conacero/status/782740758302330880

12. Colección Crono Arquitectura Venezuela y https://www.facebook.com/Arquitecturavzl/photos/a.1688228341392504/2026778097537525/?type=3

13. https://www.pinterest.com/pin/83809243044074133/, https://kiosquitocreativo.wordpress.com/2016/05/18/ravelo-modulo-cromatico/, https://www.facebook.com/venezuelatextra/posts/avenida-libertador-de-caracasel-13-de-diciembre-de-1965-fue-inaugurada-la-avenid/3335506509795112/, https://www.pinterest.com/pin/426223552218303029/ y https://insiteart.org/es/insite-2005/farsites/documentary-projects/julieta-gonz%C3%A1lez-caracas-avenida-libertador