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TEXTOS FUNDAMENTALES

LA ARQUITECTURA COLONIAL EN VENEZUELA

Graziano Gasparini

Ernesto Armitano Editor

1965

La Arquitectura Colonial en Venezuela es quizás uno de los libros de mayor relevancia de cuantos se han publicado en el país y de mayor impacto de entre los sesenta que Graziano Gasparini (Gorizia -Italia- 1924) ha producido desde su opera prima Templos coloniales de Venezuela (1959) hasta el más reciente Arquitectura y NO (2016). Inaugura, además, una larga y fructífera alianza entre Gasparini y el editor Ernesto Armitano que se prolongará por más de cuatro décadas, constituyéndose así la primera empresa impresora de libros de arte editados sistemáticamente donde se publicarán también los registros fundamentales del patrimonio monumental de la nación.

Tras 17 años de haberse radicado en el país (Gasparini llega a Venezuela a finales de 1948 recién graduado de arquitecto, procedente de Venecia, para promover la participación de los países latinoamericanos en la Bienal de Arte que se realizaba en esa ciudad), y de haberlo recorrido de punta a punta “en una camioneta Plymouth y con un mapa de la Creole”, La Arquitectura Colonial en Venezuela se trata de una obra que amplifica y sedimenta la labor de registro y documentación que dio pie a Templos coloniales de Venezuela y que se enriqueció con La arquitectura colonial de Coro (1961) y La casa colonial venezolana (1962). A ello habría que sumar la actividad desarrollada desde la creación en 1963 del Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas (CIHE) de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV del que fue su primer director y el lanzamiento en 1964 del número 1 del Boletín de dicho Centro, tribuna y referencia a escala continental de temas relacionados al patrimonio, su estudio, preservación y restauración.

Amén de servir para corroborar su alta calidad como fotógrafo y de abrirle la oportunidad de mostrar parte del archivo que ya empezaba a acumular (la publicación contiene 166 fotos en blanco y negro y 24 a color de las cuales sólo 20 no son de su autoría), el libro incluye en 32 de sus páginas una serie de planos, plantas y dibujos que le permiten a Gasparini ofrecer una exposición interpretativa de la significación histórica de la arquitectura colonial venezolana y subrayar el planteamiento central que podemos recoger en la Introducción titulada “Tres siglos de arquitectura anónima”: “… en la arquitectura colonial venezolana no encontraremos la obra de arte que se destaque por su concepción inventiva y personalizada. La comparación con varias obras levantadas durante el mismo período en México y Perú determinaría -según el concepto del crítico tradicional- una escala de valores en la cual difícilmente encontraríamos cabida. Del mismo modo, la insuficiente preparación de algunos historiadores, que de la arquitectura sólo contemplan las fachadas, ha generalizado la definición de ‘pobreza’, puesto que por riqueza entienden la exuberancia decorativa y la preciosidad de los materiales (…) No proponemos una revalorización de la ‘pobre’ arquitectura colonial venezolana, sí una revisión de la actitud crítica, para demostrar que su participación en el panorama cultural de Hispanoamérica, reflejó la sinceridad expresiva que podía producir. Acaso su rasgo más peculiar fue el de la persistente continuidad y aceptación de un esquema distributivo, estructural y volumétrico que siempre se manifestó con sencillez y dignidad más que con pobreza”. Su alejamiento de la actitud con que Carlos Manuel Möller observaba la modesta arquitectura de una colonia que no ofreció a España grandes riquezas, es clara y su sintonía con lo que ya había recogido, expresado y valorado al respecto Carlos Raúl Villanueva en La Caracas de ayer y de hoy, su arquitectura colonial y la Reurbanización de El Silencio (1950) y en “El sentido de nuestra arquitectura colonial” (1952), es plena.

Así, las categorías de Arquitectura civil, Arquitectura religiosa y Arquitectura militar propias del período analizado (sumadas a la continuidad que se aprecia inmediatamente después de la independencia), no hacen sino sumar puntos a lo ya señalado y remarcar que el tema central “no fue tratado con el propósito de elaborar un elenco de los monumentos que aún nos quedan, sino de analizar la expresión arquitectónica como resultante de los factores artísticos, políticos y económicos que contribuyeron a su formación”.

Si en sus primeras aproximaciones a lo colonial a Gasparini le interesaba conocer y estudiar la tradición constructiva del país, ahora su énfasis se orienta a desarrollar un método de análisis e interpretación objetivo que posibilite “revelar la originalidad creadora de la obra de arte auténtica” y destacar “su superioridad en la composición, técnica y contenido” de manera de no contaminar el proceso crítico por juicios “a priori” hacia obras que no estén signadas por el protagonismo del artista y se encuentran más bien marcadas por el anonimato. En este caso el distanciamiento con lo que entonces planteaba Bruno Zevi para quien “no existe una historia de la arquitectura sino sólo una historia de los arquitectos” es evidente.

Graziano Gasparini, Premio Nacional de Arquitectura en 1995, quien a sus 93 años ha logrado acumular más de cien mil fotografías de todo el país, recuerda en una entrevista que le hiciera Guadalupe Burelli en 2009 para Prodavinci: “Prácticamente yo entré en la universidad a la caída de Pérez Jiménez, cuando me llamó el Rector de la Central, Francisco de Venanzi, en febrero de 1958 y comencé a dar clases de Historia de la Arquitectura colonial venezolana”. En otro momento del diálogo, ante la pregunta “¿Es posible modernizarse sin destruir?”, riposta: “Sí, cómo no, y para eso se necesitan esas facultades que no se estudian, que son sensibilidad y talento”, en clara referencia a los estragos cometidos por profesionales y políticos ignorantes e irresponsables que han metido su mano en desarrollo de nuestras ciudades. Ser sencillamente recordado como “Historiador de la arquitectura colonial venezolana”, tal y como le confesó a Burelli, sería para este Maestro su mejor recompensa. Sin duda ya lo es.

ACA

2016• Se publica «Arquitectura y NO»

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2016•  En el mes de agosto Editorial Arte termina de imprimir un nuevo libro del maestro Graziano Gasparini, titulado «Arquitectura y NO».
El profesor Gasparini, quien es Doctor Honoris Causa de la Universidad Central de Venezuela y de la Universidad Nacional Experimental del Táchira, Premio Nacional de Arquitectura y Miembro Honorario de la Academia Nacional de Ingeniería y el Hábitat, nos entrega en esta obra una aguda reflexión sobre la arquitectura producida y en producción recientemente. Afirma en el breve prólogo que «la función del arquitecto es la de hacer arquitectura, pero en la realidad no son muchos los que realmente lo logran. … Talento, sensibilidad, emotividad y sentimiento no son materias que se aprenden en las aulas, y por eso tienen más vínculos con la genialidad, Ser genial es un privilegio, pretender serlo es lastimoso y deplorable».
La publicación tiene 148 páginas que se leen seguidas, sin uno poder separarse del libro, que tiene su contenido distribuido en ocho capítulos: 1. Arte y ocurrencias; 2. Del deconstructivismo al consumo; 3. Convivencia y comunidad; 4. Autenticidad múltiple; 5. Réquiem para la arquitectura; 6. La primogénita del continente; 7. Machucando y machucando; y 8. Cusco, la plaza de la cizaña.
Este texto del maestro Gasparini, producido a sus 92 años de edad, lleno de sabiduría, críticas directas y excelentes ejemplos gráficos en respaldo de sus afirmaciones, debería gozar de la más amplia difusión posible entre gobernantes y políticos que tengan decisión sobre la ciudad y sus patrimonio, pero sobre todo entre arquitectos e ingenieros.

HVH

¿SABÍA USTED…

… que el año 1967, organizado por el Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas (CIHE), bajo los auspicios del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico (CDCH) y el apoyo de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, se lleva a cabo en la Sala “C” del Edificio de la Biblioteca Central de la UCV el Seminario Internacional “Situación sobre la historiografía de la arquitectura latinoamericana”?

Con el entusiasta interés desplegado por Graziano Gasparini, director y fundador del CIHE, quien a su vez fungió de promotor del evento, del 9 al 14 de octubre de aquel año se reunió en Caracas un connotado grupo de historiadores y críticos de arquitectura procedentes tanto de Europa como de toda América para debatir sobre un tema de crucial interés y que ya se había venido registrando a través de los primeros 8 números del joven BOLETÍN, publicación que poco a poco se posicionaba como la primera revista venezolana de arquitectura de relevancia internacional.
La talla de quienes atendieron la invitación formulada por Gasparini, con el respaldo del grupo que lo acompañaba en lo que se ha considerado el primer Centro de Investigación surgido en el seno de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, permite a la distancia de 50 años reafirmar que seguramente no ha habido otro encuentro de la importancia del organizado en aquel entonces. Nombres como: Erwin Walter Palm de Alemania (quien no pudo asistir pero envió su ponencia), George Kubler y Sybil Moholy Nagy de Estados Unidos, Paolo Portoghesi y Leonardo Benevolo de Italia, Fernando Chueca Goitia de España, Ricardo de Robina, Pedro Rojas Rodríguez y Salvador Pinoncelly de México, José García Bryce y Frederick Cooper Llosa de Perú y Germán Téllez de Colombia, se suman a los de Carlos Raúl Villanueva, Juan Pedro Posani, Leszek Zawisza y Alfonso Venegas Rizo por Venezuela para respaldar la afirmación que hemos adelantado.

La arquitectura latinoamericana y con ella su historiografía se encontraban impactadas en aquellos años por la revisión que la postguerra había inoculado a una manera de aproximarse a los hechos acaecidos, signada aún por el influjo del positivismo y el etnocentrismo, que reclamaban una aproximación al pasado con una mirada menos conservadora y, en particular, preguntarse “desde dentro” en qué etapa de su desarrollo se encontraba la interpretación de episodios pretéritos y recientes en nuestro subcontinente.
Dinamizar la actividad historiográfica, indagar sobre nuevas maneras de explicar lo acontecido y lo que acontece, empezar a reconocer tantas historias como capítulos nacionales y hasta temáticos existen, dejar de lado la actitud puramente contemplativa, desarrollar junto al rigor metodológico una visión crítica y promover la formación de cuadros profesionales en el área,  se sumaban a inquietudes tendientes a “impulsar decididamente la búsqueda y catalogación de fuentes documentales de la manera más ordenada, amplia y rigurosa que sea posible”.
Es el nº 9 del BOLETÍN de CIHE, aparecido en abril de 1968, el que recoge, junto a un amplio recuento fotográfico, todas las ponencias presentadas en el Seminario y permite hacerse una cabal idea de la diversidad de temas y profundidad con que fueron tratados los mismos, prueba fehaciente de su condición de eslabón fundamental en el desarrollo posterior de la investigación, estudio y enseñanza de la historia de la arquitectura en Latinoamérica. La revista PUNTO 33 (septiembre-octubre 1967), por su parte, cubre el evento con una breve nota y ofrece excusas por no ampliar en detalle lo ocurrido. Sin embargo, incorpora (no sabemos si en sintonía con su línea editorial) la ponencia presentada por Fernando Chueca Goitia “El método de los invariantes”, claro alegato a favor de valorar lo esencial, lo permanente, que se encierra en la producción arquitectónica de cualquier época contra la tradicional clasificación cronológica mediante estilos.
Para aquel entonces Gasparini (quien curiosamente no presenta ponencia alguna en el Seminario) ya coleccionaba un buen número de libros publicados. Posani, por su parte, planteará en el texto titulado “Por una historia latinoamericana de la arquitectura moderna latinoamericana”: “Si la historia es crítica y la crítica es compromiso, no cabe duda de que es posible también invertir semejante secuencia conceptual y partir del compromiso para llegar a la crítica y de allí a la historia”, proposición que, poniendo en cuarentena la “objetividad” y la “distancia histórica” propias de las buenas normas en el hacer disciplinar, soporta su accionar al escribir la segunda parte de Caracas a través de su arquitectura  y se convierte en revulsivo que, desde el propio salón de clases, tendrá importantes consecuencias en el proceso de Renovación académica de comienzos de los años 70.

ACA

Procedencia de las imágenes

BOLETÍN de CIHE, nº9, 1968

Textos fundamentales

Caracas a través de su arquitectura

Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani

Fundación Fina Gómez/Armitano Editores C.A.

1969

Si entre los escritos breves, artículos o ensayos que citaron quienes fueron consultados por la Fundación para precisar aquellos textos sobre arquitectura y ciudad que, dentro del proceso histórico venezolano, no deberían faltar a la hora de llevar a cabo una antología, resultó favorecido mayoritariamente “El sentido de nuestra arquitectura colonial” de Carlos Raúl Villanueva (ver Contacto FAC, nº 6, 4/12/2016), en el renglón de libros el señalado la mayor cantidad de veces fue Caracas a través de su arquitectura, de Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani.
Fechada en 1969, esta publicación de 573 páginas de Armitano Editores C.A., impresa en los Talleres de Gráficas Edición de Arte C.A., cuyo primer tiraje fue de 4.000 ejemplares, es producto de la iniciativa de la Fundación Fina Gómez quien buscó homenajear a Caracas sumándose a la celebración de sus 400 años, cumplidos en 1967. La propia Sra. Gómez, convencida de la importancia de trabajo realizado por los autores, señala premonitoriamente en la primera edición del libro: “1567… 1967… Cuatricentenario de Caracas…400 años que no podemos encontrar en la fisonomía actual de la ciudad, porque el progreso ha ido dejando muy pocos vestigios que permitan una visión retrospectiva. (…) Es por eso que la presente obra de Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani asume, unida a su elevada calidad artística, la categoría fundamental de documento histórico.”
Fieles a sus particulares intereses en cuanto a observar el desarrollo de la ciudad con actitud crítica, Gasparini y Posani, para la fecha profesores de historia en la Escuela de Arquitectura de la FAU UCV, se propusieron preparar, lográndolo a cabalidad, el primer estudio de la evolución arquitectónica de Caracas, ocupándose el primero de la etapa comprendida desde su fundación hasta finales del siglo XIX y el segundo abarcando el período 1900-1968. En la elaboración del libro fue crucial no sólo ordenar, actualizar y pasar en limpio las investigaciones que cada uno de los autores había venido desarrollando, sino también contar con la contribución recibida de instituciones y personalidades vinculadas a la temática objeto de estudio y con el apoyo de los estudiantes de los cursos que dictaban en el pregrado, complementados con el enorme valor del material fotográfico y documental aportado por el propio Graziano Gasparini para la primera parte y por su hermano Paolo para la segunda, donde el rol asumido por la imagen, además de impactante, es indudablemente protagónico.
Como muestra de la contraposición de enfoques que convierten al libro en una fascinante travesía por la historia de la ciudad, valga señalar que si Gasparini, apelando a la “objetividad” narrativa, inicia los dos primeros párrafos del primer capítulo (La ciudad colonial) señalando que: “La fundación de Caracas se realiza en la segunda fase de la conquista, es decir, la fase de penetración del territorio” para después acotar que “Las conjeturas planteadas por diversos historiadores respecto a la fecha de la fundación de Caracas, no es problema reciente”, Posani, por el contrario, poniendo el acento en el rol crítico y militante del historiador, lo concluye con la siguiente proclama que acompaña el último párrafo del capítulo final titulado «La arquitectura de la responsabilidad»: “Apegarse al pasado no tiene sentido en un país como el nuestro: no es nuestro deber reconstruirnos un pasado sino el de inventarnos un futuro.”
Considerada aún como la publicación más importante sobre arquitectura realizada en el país, esta obra a cuatro manos, donde se logran diferenciar claramente las fortalezas de cada autor y se develan facetas desconocidas del objeto estudiado, pareciera haber quedado a la espera por otro esfuerzo similar para completar los 32 años que faltaron para cubrir nuestro siglo XX. Sin embargo, el desarrollo de los estudios históricos, teóricos y críticos a partir de los años 80 en Venezuela, permiten contar hoy con un cúmulo muy importante de investigaciones que no sólo complementan el contenido del libro en cuanto a su ya copiosa información, sino que aportan miradas, categorías de análisis y temas no necesariamente coincidentes con los sesgos que sus autores evidenciaron para el momento en que la obra vio la luz.

ACA

1984• Izcaragua Country Club

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1984•  Se concluye la construcción y el paisajismo del Izcaragua Country Club, ubicado en el Km. 18 de la Autopista Petare – Guarenas, estado Miranda, cuya organización y edificación fue promovida desde el año 1979 por los señores Tulio Pérez Planchart, Martín Feo, Francisco Sucre y Miguel Vegas S., de acuerdo a un Plan Maestro de Desarrollo elaborado por la firma Zubizarreta-Montemayor Consultores Asociados, integrada por los arquitectos Ignacio Zubizarreta (FAU UCV, revalida promoción 9 / 1959) y Felipe Montemayor (1937-2015) (FAU UCV, promoción 11A / 1961).
Dicho Plan Maestro se realizó entre los años 1982 y 1983 para las 200 hectáreas de la Hacienda Izcaragua, incluyendo la Casa Club como parte de los 10.000 m2 de construcción contemplados y un campo de golf de 18 hoyos.
La Hacienda Izcaragua data de 1715. Fue establecida como plantación de la Compañía Guipuzcoana cerca del año 1828 sembrándose, en diferentes momentos, uvas, tabaco y caña, para luego ser dedicada a la producción de café, el cual se exportaba a España.
La Casa de Hacienda, que había sido remodelada la primera vez en 1831, se le dio para su recuperación y transformación en la Casa Club al arquitecto e historiador Graziano Gasparini (1925) (FAU UCV, promoción 13C / 1965), respetado y reconocido restaurador de la arquitectura colonial. El proyecto alcanzó un área de 3.470 m2, si tomamos en consideración las áreas techadas, patios y anexos.
Los terrenos del Club tienen como límite natural al norte la Cordillera de la Costa, razón por la cual estos se caracterizan por tener abundante y rica vegetación, muchos riachuelos y agua, así como venados, babas, garzas, culebras y perros de agua.
En este magnífico escenario el arquitecto Joseph (Joe) Lee (1921-2002), quien diseñó más de 50 campos, proyectó el de Izcaragua: 18 hoyos, 13 de los cuales tienen agua, lo cual lo hace difícil y exigente, habiendo sido escenario de competencias y campeonatos nacionales e internacionales. Los campos están rodeados, al igual que otras áreas verdes del paisajismo realizado por el arquitecto brasileño Roberto Burle-Marx (1909-1994).
El club cuenta con dos piscinas, restaurante, cafetines, terrazas, salas de juego, vestuarios y demás facilidades.

HVH