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HA SIDO NOTICIA

INVITACIÓN

La Comisión de Historia de la Ingeniería de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat (ANIH) y el Instituto de Investigaciones Históricas «Hermann González Oropeza, sj» de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), en el marco del convenio ANIH-UCAB, se complacen en invitar a la vídeo-conferencia “Graziano Gasparini: investigación e inventario del patrimonio cultural venezolano”, a cargo de Pedro Romero, Arquitecto (LUZ), Profesor Titular Emérito de la Universidad del Zulia, expresidente del Instituto del Patrimonio Cultural (IPC) y Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia del Estado Zulia.

La conferencia virtual, que será moderada por Orlando Marín Castañeda, profesor de la USB y Secretario de la Comisión, tendrá lugar vía Zoo el próximo jueves 14 de octubre de 2021 a las 11:00 am, previa inscripción a través del siguiente link:

https://ucab.zoom.us/webinar/register/WN_v97QwAslTZenyNc_oN1Wcg

ACA

TEXTOS FUNDAMENTALES

Arquitectura popular de Venezuela

Graziano Gasparini – Luise Margolies

Ernesto Armitano Editor

1986

Arquitectura popular de Venezuela escrito por Graziano Gasparini (arquitecto e historiador) y Luise Margolies (antropóloga social), es un libro de 317 páginas, formato de 24,5 x 28,5 cms., tapa dura, diseñado por el propio Gasparini, impreso por Gráficas Armitano, C.A. en papel Glacé de 150 gramos del que se hizo un tiraje de 8.000 ejemplares.

Dedicado por los autores con “admiración, respeto y afecto” a Miguel Acosta Saignes “padre de la antropología venezolana” quien aún vivía cuando se editó, se trata de un texto de referencia que busca, entre otras cosas, poner de relieve el valor de una categoría que siempre ha ido a remolque y por debajo de “lo erudito”, “lo culto”, “lo propio de las élites”, “lo que se escribe con mayúsculas”.

Adelantándonos a asuntos que son expuestos en el capítulo 9 (“Final”) que bien pudieron aparecer como preámbulo, para los autores, “lo popular” ocupa un espacio que le es propio y que está vinculado etimológicamente a populus (el pueblo) y a las manifestaciones que de él emanan: el saber, la cultura, la tradición, la experiencia, la expresión, el arte, la música, la danza, la medicina, la religión y la arquitectura. “El concepto de arquitectura popular nace para distinguir y definir una de las manifestaciones de la cultura popular” declararán en el mencionado capítulo Gasparini y Margolies. Allí mismo en otro momento expondrán: “Lo popular es sincero. Lo popular es obvio. Lo popular es humano, a veces sencillo y rústico, pero humano. Los sentimientos no necesitan erudición. Para expresarlos no hay que ser literato. Los sentimientos populares nacen de la serenidad, de la meditación, de la sinceridad. (…) No importa la exquisitez de las definiciones. (…) Lo popular es el espinazo de la Nación”.

Con lo anterior por delante y el libro en la mano, cuando Pedro Grases escribe la “Introducción” de Arquitectura popular de Venezuela logra rescatar del primer capítulo titulado “Lo popular y la vivienda” lo que considera resume su propósito fundamental. De allí Grases subraya: “…en los últimos cincuenta años la transformación de la vivienda tradicional en Venezuela ha sido mas violenta y drástica que en los ‘casi cinco siglos de historia desde la llegada de los europeos al Nuevo Mundo’. Los efectos de la era del petróleo, a partir, especialmente, del fin de la II Guerra Mundial han sido determinantes por el cambio económico y cultural, a través de un conjunto de hechos (modernización, industrialización, urbanización, comunicaciones, etc.) que han ido borrando en forma casi incontenible los rasgos característicos de la tradición venezolana en la vivienda de sus habitantes».

Por tanto, el libro, cosa que también devela Grases, debe ser entendido como un documento que deja registro de las manifestaciones construidas más resaltantes sobre las cuales se podría apoyar “… la búsqueda de la tradición como ‘gran unidad dentro de la diversidad y complejidad de las soluciones regionales’ antes de la era petrolera venezolana. Todo ello en trance de desaparición, como tributo inevitable al progreso contemporáneo, por lo que esta obra adquiere un carácter testimonial de valor inapreciable”.

Graziano Gasparini y Luise Margolies socios en esta loable y valiosa empresa que busca “preservar en lo posible la parte más legítima del pasado nacional” y evitar “la total destrucción de lo que simbolizó el alma colectiva”, se combinan desde sus respectivas áreas de conocimiento para ir presentando a través de un sustancioso texto acompañado de excelentes fotografías (aportadas en su gran mayoría por ambos), los temas que consideran claves para comprender cuáles son los elementos constitutivos de nuestra arquitectura popular, aquellos que por su permanencia la definen y contribuyen a precisar su idiosincrasia, así como las categorías que podrían explicarla: lo diverso de sus manifestaciones, la manera como se construye, los materiales y técnicas que se utilizan, la respuesta al clima, las fuentes de las que bebe, la asimilación de lo culto o la forma como se asocia a otras manifestaciones son, entre otros, motivo de atención.

Así, en el primer capítulo (“Lo popular y la vivienda”) ya anunciado, donde se establecen los fundamentos de la obra, los autores se detienen a “precisar el alcance y significado del término ‘arquitectura popular venezolana’, y sobre todo, determinar el período que se puede considerar como representativo de la manifestación cultural”. Será la arquitectura prepetrolera, aquella que va “desde el lejano ayer sin fecha, hasta la segunda guerra mundial”, la que aporte mayores insumos a la definición que se busca y la que ofrece dentro de su diversidad la oportunidad de encontrar gran unidad producto de un equilibrio que existía “entre una forma de vida y una economía basada en las actividades agrícolas”. En consecuencia, se ve a la modernización impulsada por la riqueza petrolera como una amenaza que ha puesto al descubierto la fragilidad de la tradición acumulada la cual hay que preservar a toda costa sin dejar de reconocer que forma parte intrínseca de ella su capacidad de transformarse, mezclarse y adecuarse a los tiempos que se viven.

También aclaran Gasparini y Margolies en el primer capítulo su particular interés por referirse al tema de la “vivienda rural relacionada con la población criolla” la cual consideran como fuente principal de referencias y requiere atención ya que ha despertado interés solamente a partir de los años cincuenta, cuando “apenas acusa débilmente las primeras influencias de los incipientes procesos de industrialización y rápida urbanización” y los trabajos de los folcloristas Felipe Ramón y Rivera y el antropólogo Miguel Acosta Saignes empiezan a ocuparse en vivo de la vivienda indígena.

Portada e imágenes tomadas del interior del libro

Sentadas las bases y expuestos los motivos, el libro a partir del segundo capítulo desarrolla temáticamente aquellos asuntos que refuerzan el interés de los autores. Así, “Arquitectura indígena” (título del capítulo) apunta al rescate de una cultura que prácticamente se ha mantenido inalterable desde la llegada de los primeros europeos y a valorar una serie de aspectos que históricamente siempre han colocado las construcciones de los aborígenes venezolanos en un nivel por debajo de la “gran arquitectura”. Clasificada a grandes rasgos entre vivienda colectiva y vivienda unifamiliar, Gasparini y Margolies despliegan una amplia información visual que acompaña la detallada explicación de cómo y por qué aparecen y se construyen el shabono Yanomamö, el bohío Barí, la churuata Panare, la churuata Piaroa, la churuata Ye’kwana, la churuata Pemón, la casa andina y la vivienda palafítica.

El tercer capítulo  dedicado a “La tierra cruda” se pasea por aspectos relacionados a la presencia en el país de la “arquitectura de tierra” y las técnicas utilizadas para elaborarla. El adobe y la tapia constituyen junto al bahareque los elementos más conocidos siendo el último el procedimiento constructivo más usado incluso desde antes de la llegada de  los europeos y africanos. A la vivienda de bahareque corresponden las explicaciones dedicadas a su proceso constructivo donde aparecen la horconadura, el encañado, el embutido y el empañetado como sus diferentes etapas.

El cuarto capítulo, dedicado a “Los aportes foráneos” repasa en buena medida el inevitable proceso de mestizaje que se revela dentro del andar y la evolución de la arquitectura popular venezolana. La influencia española, predominante durante casi 300 años, es fundamental para entender la variedad de materiales y elementos que con una diversidad asombrosa se encuentran en los más apartados rincones del país. A partir de la independencia, al abrir Venezuela sus puertas al comercio libre, comienzan a llegar influencias de otras latitudes que se irán sumando y generarán respuestas igualmente interesantes que consistirán en la sustitución y uso de nuevos materiales y con ello también una forma distinta de componer las fachadas.

En “Viviendas y ambiente”, quinto capítulo, se recorre y analiza la manera sabia con que la arquitectura popular da respuesta a las variables climáticas de acuerdo a la región del país donde se localice, fuente inagotable de aprendizaje. De tal forma se dirige la mirada a la casa de Paraguaná, las casas de los páramos andinos y la casa de Maracaibo sumándose a ellas el impacto causado por la aparición del techo de “zin” el cual paulatinamente fue sustituyendo al tradicional de tejas.

Fotografías tomadas del capítulo «Genius loci»

“Genius loci”, sexto capítulo, aborda “uno de los aspectos más atractivos, humanos y siempre diferentes, dentro de la tipología repetitiva de la arquitectura popular, … lo novedoso, único, excéntrico, imprevisible y extravagante del aporte personal en determinadas intervenciones”. Se trata éste de un capítulo donde las fotografías hablan por sí solas para relatar las combinaciones de formas, materiales, colores y elementos que ofrecen infinidad de ingeniosas y atractivas maneras de combinarse y componerse siempre tras la búsqueda de resolver problemas funcionales que sin duda derivan en soluciones con una importante carga estética.

Siendo fundamentalmente una arquitectura anónima y sin duda la más abundante, la popular juega un papel relevante en la conformación del espacio urbano de muchos pueblos y ciudades del país ofreciendo en muchos casos lecciones dignas de estudio. A este tema que podría estar relacionado con el “hacer ciudad”,  dedican Gasparini y Magolies el capítulo 7 desplegando una vez mas hermosas imágenes que dan cuenta de este importante hecho en diversas regiones y bajo diferentes circunstancias geográficas y topográficas.

Casi a modo de conclusión, bajo el título “Arquitectura popular hoy”, los autores reconocen cómo “la situación actual de la arquitectura popular venezolana es el resultado incontestable de los cambios sustanciales que han afectado el país; no se trata sólo del aspecto físico, es decir, de los cambios que pueden haber ocasionado los nuevos materiales industrializados o por que se vayan abandonando siempre más las técnicas constructivas tradicionales. Seguramente lo más importante, dentro de los factores de cambios, es la nueva actitud del hombre que ha vivido todas las transformaciones originadas por la modernización”. Es aquí donde se resalta la fragilidad que presenta el tema de la tradición y su sustitución por nuevos anhelos que han afectado sensiblemente la vida en el interior del país tras el hecho irrefutable de que ya para 1980 “Venezuela figuraba a la cabeza del mundo como el país con el más alto porcentaje de población urbana: 83,3%”. Sin embargo, pese a que han cambiado los materiales y desaparecido las técnicas tradicionales “la ‘arquitectura popular’ como fenómeno cultural sigue vigente”.

El formato de Arquitectura popular de Venezuela y la calidad de su contenido fotográfico puede hacer creer que se trata de un “coffee table book” diseñado únicamente para facilitar una placentera revisión de su contenido visual. Sin embargo, sin dejar de reconocer lo anterior, tanto o más importante que ello pasa a ser su bien estructurado discurso y orden de aparición de los temas que trata, donde a cada paso no deja de señalarse un aprendizaje y una advertencia sobre temas medulares que como la tradición, la memoria y la identidad claman por su preservación hoy más que nunca.

Sin embargo, una pregunta empieza a rondar insistentemente una vez terminada de revisar la obra: ¿por qué no se mencionó y menos aún se incluyó como parte importante del desarrollo de la arquitectura popular venezolana la experiencia correspondiente a los barrios autoconstruidos y las viviendas que los conforman, que para el momento de la publicación ya ocupaban una importante proporción de algunas ciudades venezolanas, particularmente Caracas? Responder esta interrogante daría pie, sin lugar a dudas, a otra nota diferente a la aquí presentada que podría tener un contenido crítico más agudo o dar pie a un debate acerca de los verdaderos intereses que movieron a los autores del libro.

ACA

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Graziano Gasparini y el arte contemporáneo.

Producción, promoción y exhibición entre Italia y Venezuela

Rodrigo Gutiérrez Viñuales

Granada, CEDODAL
2021

Nota de los editores

Este libro, ilustrado con materiales inéditos, mayoritariamente procedentes del archivo de Graziano Gasparini, recupera un amplio conjunto de acciones llevadas a cabo por él en ámbitos del arte contemporáneo, en vinculación a Italia y Venezuela: su producción como artista plástico, el fomento del arte a través del mecenazgo y el coleccionismo, y la organización y promoción de exposiciones nacionales e internacionales. La idea del proyecto surgió durante una serie de entrevistas realizadas por el autor a Graziano entre Caracas y Paraguaná en 2009, centradas en dichas experiencias, las que en buena medida habían quedado relegadas al olvido: su relevante y prolongada labor como historiador de la arquitectura, y su quehacer dentro de la conservación del patrimonio habían terminado por opacarlas. A partir de los mencionados testimonios orales de Graziano Gasparini, se llevó a cabo una tarea de investigación bibliográfica y documental que permitió concretar una narración en la que se amalgamaron recuerdos y fuentes escritas dentro de la compleja red que supuso la construcción de la modernidad venezolana en el ámbito de las artes y la cultura. Inserto en esta trama, fue recuperado asimismo el papel de Graziano como promotor artístico vinculado a Italia y particularmente a Venecia, lo que generó un puente entre esta ciudad y el arte venezolano.

Para quienes estén interesados, el libro puede adquirirse en Amazon, en este enlace:
https://www.amazon.com/dp/840929558X/ref=sr_1_1?dchild=1&keywords=graziano+gasparini&qid=1619534410&sr=8-1

ACA

¿SABÍA USTED…

… que en enero de 1964 aparece el nº 1 del BOLETIN del Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas (CIHE) de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la Universidad Central de Venezuela (UCV)?

1. Portada del nº 1 del Boletín del Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas (CIHE), enero 1964

Cuando la semana anterior sentábamos las bases para determinar la existencia de un importante acervo editorial en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, ya habíamos apuntado a que muy probablemente dentro de sus publicaciones periódicas se encontraba encerrado buena parte de él. Y, sin lugar a dudas, es el BOLETIN en su conjunto, algunos de sus números y los textos que contienen muchos de ellos uno de los ejemplos más notables de los fundamentos que establecíamos.

Esta revista que apareció entre 1964 y 1997 (la cuarta en orden cronológico publicada en la FAU UCV) acumulando un total de 31 números, nace con la finalidad de alcanzar proyección internacional por iniciativa del arquitecto, profesor e historiador Graziano Gasparini una vez es fundado el Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas (CIHE) en 1963, uno de los primeros espacios de ese tipo instituidos en la UCV y el primero dentro de la FAU. Contrariamente a su condición de órgano de difusión de un Centro de Investigación, el BOLETIN no se preocupó en sus inicios en convertirse en una publicación arbitrada apostando a que la calidad de los trabajos presentados y la jerarquía de los colaboradores que allí aparecían eran suficiente condición para demostrar su valía.

El objeto fundamental de la revista, al menos durante el largo período en el que Gasparini la dirigió (nº 1 -1964- al 24 -1979-), estuvo centrado en divulgar trabajos teóricos en el área de la historia, la crítica, la preservación y la restauración de monumentos en el ámbito latinoamericano y más específicamente dentro del período colonial.

El BOLETÍN, pese a su importancia y trascendencia, no había sido objeto de estudio sino hasta fechas muy recientes cuando profesor Hernán Lameda Luna lo convirtió en el eje de la elaboración de su Trabajo Final de Grado para la Maestría en Historia de la Arquitectura y el Urbanismo de la FAU UCV, presentado en junio de 2014 bajo el título de “El Boletín del Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas. Aportes venezolanos a la historiografía de la arquitectura en Latinoamérica”, investigación de la cual echaremos mano a lo largo de esta nota para hacer algunas precisiones.

Tal y como señala Lameda, el BOLETÍN “goza inicialmente de aportes monetarios suficientes y no requiere de financiamientos exteriores a la Universidad. Por esta razón, sus páginas no incluyen ningún tipo de propaganda. (…) La sobriedad de su diseño y la prevalencia del texto por encima de los gráficos son atributos distintivos del Boletín del CIHE, asemejándolo a compendios de ensayos y alejándolo de la fisonomía tradicional de una revista. Por otra parte, contiene un tema inédito en el contexto venezolano, pues está encauzado hacia la arquitectura colonial y se distribuye gratuitamente. (…) Cuatro editoriales elaboran los 31 tirajes de esta Revista. Las mismas son: ‘Editorial Arte’, ‘Armitano Editores’, la ‘Imprenta de la Universidad Central de Venezuela’ y ‘Exlibris’. (…) El ejemplar inaugural del Boletín es manufacturado por ‘Edición Arte’. Posteriormente, Armitano Editores se encarga de producir un total de veintitrés tirajes (desde el Nº 2 hasta el Nº 24)”.

Una vez analizada la revista y por ende comprendido el contexto en el que surge, identificados los temas principales allí expuestos y reconocidos sus enfoques historiográficos predominantes, Lameda concluye que: “a) En los años 60, el primer Director del CIHE promueve el Boletín para capitalizar una publicación de proyección internacional; b) Predominó la intención de editar el Boletín por encima de una escasa voluntad de afianzar el CIHE como entidad académica; c) En sus inicios, la temática de esta Revista más que centrarse en ‘arquitectura y urbanismo colonial’, se centró en el ‘barroco americano’; d) … predominó la visión de un pasado descentrado del escenario venezolano; f) El eje temático del Boletín cambió en 1987 con la edición de su ejemplar Nº 27; g) En los 90 … careció de una línea editorial definida”.

El nº 1, que tuvo un tiraje de 1000 ejemplares y fue impreso, como ya se adelantó, en los Talleres de Gráficas Edición de Arte (Editorial Arte), cobra importancia no sólo por ser el primero de la serie sino porque coloca muy en alto el listón que permitirá medir lo que será el comportamiento sucesivo de la publicación, la cual rápidamente se convirtió en referencia a nivel continental. Fue financiada por el Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico (CDCH) entidad de apoyo a la actividad académica dentro de la Universidad Central de Venezuela que empezó a operar en 1958 bajo la gestión de Francisco De Venanzi como rector, a quien correspondió también darle la aprobación final a la constitución del CIHE. Para cuando aparece por primera vez la revista ya el rector era Jesús María Bianco y el decano de la FAU Víctor Fossi Belloso. Bajo la dirección de Gasparini, la que se denominó “Comisión de Trabajo” estaba integrada por el propio Gasparini, Oscar Carpio, Carlos Raúl Villanueva, Julio Ripamonti y Alberto Weibezahn. Formaban el cuerpo docente de la cátedra de Historia de la Arquitectura: Daniel Fernández-Shaw, Alfonzo Vanegas Rizo, Gustavo Díaz Spinetti y Juan Pedro Posani.

2. Páginas interiores del nº 1 del Boletín del Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas (CIHE), enero 1964

Así, el nº 1 del BOLETÍN, inmerso dentro de la línea editorial marcada por su director, permite a Lameda corroborar “el sesgo internacional que el arquitecto Gasparini impone a la Revista; mismo que se patenta en la enorme cantidad de autores de nacionalidad no venezolana que aportan artículos para el Boletín. (Exponer) las percepciones plasmadas en el Boletín en torno al debate sobre el Barroco en América; así como las críticas lanzadas a la historiografía de la arquitectura colonial en América Latina … (además de) los temas de restauración y urbanismo, pues ambos campos de estudio están enlazados en las páginas del Boletín mediante la discusión referente a la intervención de los centros históricos de las ciudades latinoamericanas”.

Para constatar parte de lo señalado, el contenido que se recoge en aquel primer número estuvo conformado por: la “Encuesta sobre la significación de la arquitectura barroca hispanoamericana”, elaborada por la “Comisión de Trabajo” dirigida a 11 especialistas en la materia a nivel internacional; los ensayos “Intelecto arquitectónico” de Sibyl Moholy-Nagy, “Arequipa” de Emil Harth-terré, “Edificar-Morar-Pensar” de Martín Heidegger, “Ciudades y cultura en el período colonial de América Latina” de George Kubler, “La ciudad y su historia” de Carlos Raúl Villanueva, “Los techos con armadura de pares y nudillos de las construcciones coloniales venezolanas” de Graziano Gasparini; y las “Notas sobre arquitectura manierista en Quito” de Santiago Sebastián. Las excelentes fotos que acompañan algunos de los artículos fueron aportadas en su casi totalidad por Graziano Gasparini.

3. Páginas interiores del nº 1 del Boletín del Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas (CIHE), enero 1964

De este completo grupo de textos cabe señalar que existe un abanico que abarca la crítica, la historia, la cultura, la ciudad, la restauración y muy particularmente el pensamiento, donde destaca el de Heidegger, traducido por el profesor de “Materias Humanísticas” de la Escuela de Arquitectura, Alberto Weibezahn Massiani, una de las primeras y más ajustadas traslaciones al español sobre la famosa conferencia dictada por el filósofo alemán en la Universidad de Friburgo con motivo del Coloquio “Hombre y espacio” (1951), en el que también participó José Ortega y Gasset que ha sido objeto de consideración y motivo de discusión entre arquitectos de varias generaciones. En adelante, el BOLETÍN, ira creciendo en prestigio y densidad, ampliará el número de sus colaboradores y se convertirá como asevera Lameda “en referencia ineludible de los estudios e investigación sobre historia de la arquitectura y el urbanismo tanto en nuestra nación como en América Latina”.

ACA

Procedencia de las imágenes

Todas. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 194

La muestra “Arquitectura del Brasil” montada del 13 al 31 de mayo de 1966 en los espacios expositivos ubicados en la planta baja de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la UCV, formó parte de una serie de eventos con los que Antonio Granados Valdés, mientras estuvo al frente de la Extensión Cultural de la institución, logró evidenciar una muy buena política de relaciones alcanzadas con las agregadurías culturales de las embajadas de diferentes países radicadas en el país y su capacidad de motorizar un área complementaria y necesaria dentro de la dinámica académica.

En tal sentido, los años sesenta del siglo XX permitieron que en la FAU se presentaran al menos dos exposiciones anuales provenientes de los contactos cultivados por Granados que se complementarían, en su mayoría, cada una con charlas, mesas redondas o foros que giraban en torno a cada temática, sirviendo la revista PUNTO (cuyo primer número data de 1961) como lugar para que aparecieran textos, artículos o ensayos vinculados al evento del momento lo que propiciaba un marco bastante completo para apreciar el alcance del mismo.

Adicionalmente, los espacios expositivos de la FAU se aprovechaban para dar cabida a salones de dibujo y grabado (nacionales y latinoamericanos), concursos de fotografía, exposiciones de reconocidos artistas (venezolanos y extranjeros), muestras de trabajos estudiantiles (de arte, arquitectura o fotografía) y hasta exhibiciones de artesanía popular dentro de una programación que buscaba, en lo posible, su constante animación. Además, bueno es decirlo, Granados mantenía a través de la revista PUNTO, gracias a su buena periodicidad (entre bi y trimestral), secciones dedicadas a mostrar la programación de las exposiciones diversas que se realizaban en el medio cultural capitalino a cuya dinámica se buscaba que la FAU se integrara.

Para tener una idea de la actividad que se le imprimió desde el ámbito expositivo a los espacios de la FAU gracias a las alianzas logradas por Granados puede señalarse, en lo que a arquitectura se refiere, la presentación de las siguientes muestras durante los años 1960s: Mies van der Rohe: 7-30 de junio, 1961; Arquitectura Británica: 17-31 de mayo, 1963; Frank Lloyd Wright: 12 febrero-30 marzo, 1963; 4000 años de Arquitectura Mexicana: junio, 1964; La obra de Pier Luigi Nervi: 20 de febrero al 12 de marzo, 1964; Miguel Ángel: 9 al 23 de febrero, 1965; Diseños de Frank Lloyd Wright: 30 de julio-18 de agosto, 1965; Arquitectura Finlandesa: 27 febrero-27 marzo, 1966; Arquitectura Visionaria: 28 octubre-16 noviembre, 1966; Arquitectura del Brasil: 13-31 mayo, 1966; Arquitectura del siglo XX: mayo, 1967; La construcción en Alemania: 9 de junio-9 de julio, 1967; y Ejemplos de la Arquitectura Francesa: 19 de julio-6 de agosto, 1968.

Sin ser quizás la más voluminosa, “Arquitectura del Brasil”, montada con el auspicio del Servicio Consular de ese país y muy especialmente gracias a las gestiones del señor Alberto Da Costa E. Silva, engrosó un año 1966 particularmente movido en cuanto a exposiciones exhibidas en los espacios de la FAU. La muestra fue promocionada con la suficiente antelación como para crear una expectativa que abría paso a pensar que aparecería buena parte de la que para entonces ya era la principal atracción de esa nación: la inauguración en 1960 de Brasilia, su flamante capital.

Invitación aparecida en la revista Punto nº 27, 27 de mayo 1966

Sin embargo, como se señala en la nota aparecida en PUNTO nº 27 de mayo de 1966, del total de 57 fotografías que la integraban sólo “cinco de ellas estaban dedicadas a la arquitectura de Brasilia de Oscar Niemeyer, y el resto a la arquitectura barroca y rococó de Río de Janeiro, de Salvador; de Joao Pessoa; de Recife; de Caete, Sao Joao del Rey, Mariana, Ouro Preto, Congonhas do Campo, en Minas Gerais; y de Pedro do Rio en el Estado de Río de Janeiro. Las fotografías del 1 al 5, del 10 al 15 y las Nos. 30, 34, 41, 44, 45 y 57 son del Archivo Fotográfico del Ministerio de Relaciones Exteriores del Brasil; el resto de las mismas han sido tomadas por el profesor Graziano Gasparini”. En tal sentido, es una vista lateral del templo de Nuestra Señora del Rosario en Ouro Preto, una de las 40 fotografías de Gasparini seleccionada para ilustrar la promoción hecha a la exposición a través de PUNTO lo que conforma nuestra postal del día de hoy.

Fotografías de Graziano Gasparini que acompañaron el artículo “Introducción al estudio del barroco de la región aurífera brasileña” de la profesora e investigadora Sylvia de Vasconcelos de la Universidad de Minas Gerais, publicado en el Boletín del CIHE, nº 5, mayo 1966

Brasilia, en efecto, no fue protagonista de “Arquitectura del Brasil” privilegio que si recayó sobre la producción realizada en Minas Gerais, principal centro de explotación aurífera, por el arquitecto, imaginero y escultor Antonio Francisco Lisboa conocido como “El Aleijadinho”, considerado por muchos como “el mayor nombre del Barroco latinoamericano”. De ella destacan la fachada de la iglesia de San Francisco en Ouro Preto, su ciudad natal, y las esculturas, el púlpito y los altares del mismo templo, así como el conjunto escultórico que representa a doce profetas realizado para el santuario del Buen Jesús de Motozinhos.

Si bien es cierto que alrededor de la muestra no se realizaron eventos complementarios (conferencias o mesas redondas) como en otras ocasiones, y de que PUNTO en su número 23 de junio de 1965 sólo publica el texto “Arquitectura brasilera” de Lucio Costa, que apunta fundamentalmente a señalar los antecedentes de su arquitectura moderna, sí se puede corroborar que con relación al énfasis que mostraba la exposición será el Boletín del CIHE en sus números 3, 4 y 5, de junio de 1965, enero de 1966 y mayo de 1966, respectivamente, el que recoja y ofrezca un interesante material de apoyo para entender el fenómeno del barroco en Hispanoamérica y del brasileño en particular. Allí están los artículos “Significación de la arquitectura barroca en Hispanoamérica” de Graziano Gasparini (nº 3), “’El Barroco’: estilo, época, actitud” de Jan Bialostocki (nº 4) y, muy particularmente, “Introducción al estudio del barroco de la región aurífera brasileña” de la profesora e investigadora Sylvia de Vasconcelos de la Universidad de Minas Gerais (nº 5), ilustrado con fotos de Gasparini, lo que nos hace pensar que hubo una clara sincronía entre los temas tratados en la publicación con la llegada a nuestro país de la exposición.

ACA

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Portada del libro La real fuerza de Santiago de Araya de Graziano Gasparini

La real fuerza de Santiago de Araya

Graziano Gasparini

Editorial Arte

2019

Texto de la solapa del libro escrito por el autor

Investigar los motivos persuasivos que demanda la construcción de un monumento singular que dejó huellas en la historia y en la arquitectura de un país, resulta satisfactorio conocer las razones de su presencia y de sus características. Más aún cuando ese monumento fue casi ignorado por los historiadores que se dedicaron a investigar la historia de la arquitectura militar del Caribe y, posteriormente, a las fortificaciones concebidas por los Antonelli. El castillo de Araya (1604-1762), a pesar de ser una obra de Bautista Antonelli, pasó casi desapercibida por los historiadores.

Conocí las ruinas de Araya en 1952 y desde entonces advertí que se trataba de una “traza italiana”. Para esa fecha ya se sabía de varias obras de los Antonelli pero nadie conocía sus orígenes natalicios. Pasaron varios años de investigaciones hasta tener la seguridad que los Antonelli eran originarios de Gatteo en Italia. Así me lo confirmó el alcalde Mario Ornelli en una carta del 22 de septiembre de 1999. En efecto, encontraron en el archivo comunal un acta testamentaria del siglo XVII en la cual Juan Bautista dejaba una suma considerable para los pobres de Gatteo. Sin embargo, no sabían de sus actividades de ingeniero militar ni de sus obras realizadas en el Caribe. Suministré datos y fotos y eso contribuyó a divulgar “la saga de los Antonelli”.

El castillo de Araya tiene conceptos y características de la arquitectura militar abaluartada de Tardo Renacimiento. Personalmente considero que es el monumento más valioso del patrimonio histórico-arquitectónico del período colonial de Venezuela.

Nota

Desde su primer libro Templos coloniales de Venezuela (1959) hasta la presente obra, Graziano Gasparini (Gorizia, 1924), ha publicado sesenta libros sobre temas de arquitectura precolombina, formación urbana, restauración, arquitectura colonial venezolana y arquitectura civil, religiosa y militar de Iberoamérica.

ACA