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EL ACERVO EDITORIAL DE LA FAU UCV

La casa colonial venezolana

Graziano Gasparini

Centro de Estudiantes de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela (con la contribución de la Fundación John Boulton)

Talleres Gráficos Cromotip

1962

La casa colonial venezolana, libro “originado en una generosa petición del Centro de Estudiantes de Arquitectura”, no sólo se trata de la cuarta publicación del para entonces profesor de Historia de Arquitectura Precolombina y Colonial así como de Composición Básica de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV y Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia, Graziano Gasparini (Gorizia -Italia- 1924), sino de una obra que le permitió abrir la puerta a “una visión sucinta de las razones que intervinieron en la formación y expresión de nuestra arquitectura civil colonial” a través de la que quizás se pudiera considerar una manifestación menor dentro de un legado signado mayoritariamente por el anonimato: la casa.

Tampoco deja de ser este texto, reseñado en la revista PUNTO nº 9 (septiembre 1962), una nueva oportunidad de sacar a la luz lo que para Gasparini significó recorrer el país de punta a punta desde su llegada desde Italia en 1948 luego de estudiar en el Instituto Universitario de Arquitectura de Venecia, tanto para ir consolidando una aproximación teórica a lo que se le fue presentando ante sus ojos, como en lo relativo al registro que, gracias a sus dotes de excelente fotógrafo, fue acumulando. Junto a Templos Coloniales de Venezuela (1959) -su opera prima-, La casa colonial venezolana -el primer libro surgido en el seno de la FAU UCV- le sirvió a Gasparini para sentar las bases conceptuales y metodológicas de lo que sería un eslabón fundamental dentro de su destacada labor como historiador: La Arquitectura Colonial en Venezuela (1965), comentada en el Contacto FAC nº 56 del 3-12-2017, donde el contenido del texto que hoy nos ocupa conforma la totalidad del primer apartado dedicado a “La arquitectura civil”.

Son varios los aspectos que conviene resaltar de esta pieza realizada sin grandes pretensiones editoriales pero lograda con base en una cuidadosa selección del valioso material gráfico que la acompaña (del cual el 80% de las fotografía son del propio autor) y una impecable impresión de parte de los Talleres Gráficos Cromotip. El primero de ellos tiene que ver con la dignificación de la arquitectura desarrollada en nuestro país durante el período colonial postura desde la cual Gasparini rechaza la actitud crítica asumida por algunos historiadores que acostumbraban a señalarla como “pobre”. Así, respaldado por su formación veneciana donde aprendió a valorar la “arquitectura menor” y apoyado en una clara actitud beauxartiana y “puro visualista”, Alfonso Arellano en “Historiografía de la arquitectura venezolana. Arquitectura como arte” (portafolio, nº 18, 2008), señala (adentrándose en la Introducción de La Arquitectura Colonial de Venezuela titulada “Tres siglos de arquitectura anónima”), cómo para Gasparini dicho rechazo se suma a una revisión “fundamentada en la valoración de la sensibilidad de quienes la erigieron, producto de un indudable, determinado y ‘anónimo’ talento artístico en medio de limitadas condiciones socioeconómicas, no tanto en su ‘creatividad intencional’. Para Gasparini, el valor fundamental de esta arquitectura consiste en la conformación de una notable continuidad histórica a través de ‘sus sencillas pero vigorosas soluciones volumétricas’. Efectúa así una compleja operación crítica mediante la cual neutraliza el papel del arquitecto como figura que aporta los valores al objeto arquitectónico, una vez que estos pueden determinarse a partir de una ‘actitud crítica objetiva’ (Ob. Cit., p. 13). Por lo demás, se trata de una objetivista valoración estética que puede ser reconocida como propia de considerar a la arquitectura como una de las bellas artes”. En otras palabras, por un lado para Gasparini “la historia de la arquitectura en Venezuela nace como una historia sin arquitectos, aunque en el fondo se clame por su presencia” y, por el otro, valora las “obras menores” objeto de selección y estudio cuan si fueran “monumentos” en una actitud aparentemente contradictoria anclada más en su actividad como restaurador que idealiza el pasado que en la de estudioso de la historia, como también acotará Arellano en “La primera época de la historia de la arquitectura en Venezuela, 1959-1980: cuestiones historiográficas”, ponencia presentada en la Trienal de Investigación FAU 2014 publicada en las Memorias del evento.

Otro aspecto a destacar lo constituye la estructura en sí misma del libro conformada por un “Prefacio” donde Gasparini destaca, como para reforzar lo dicho en el párrafo anterior, que “el tema no fue tratado con la intención de lograr un elenco completo de los monumentos que aún nos quedan, puesto que en nosotros prevaleció el propósito de apuntar los conceptos y destacar las características generales de las construcciones que por su significación arquitectónica contribuyeron a representar el período histórico en que fueron concebidas”.

Al “Prefacio” se suman cinco capítulos: “Orígenes”, dedicado a mostrar la arquitectura aborigen encontrada en nuestro territorio al momento de la conquista española vista como punto de partida de un proceso de transculturación que “con el aporte recíproco de ambas culturas fue plasmando poco a poco la actual estructura etnológica”; “La Formación”, donde se hace un repaso al período en el que se va fraguando la arquitectura objeto de estudio dentro del libro, a la transformación que se da entre una conquista inicialmente militar a otra de carácter cultural (en la que se resaltan los productos emanados del arte popular), y a la influencia que trajo tanto desde el punto de vista urbano como arquitectónico la aplicación de las Leyes de Indias; “Los Exteriores” está consagrado a mostrar la respuesta dada por la arquitectura analizada hacia el afuera, marcándose las diferencias existentes entre pertenecer a un contexto urbano, donde la fachada que da a la calle y sus aperturas pasan a ser fundamentales en su caracterización, o pertenecer a un medio suburbano o rural donde no existió el problema de la fachada y “la vida diaria en lugar de concentrarse alrededor de los patios interiores se desenvolvió en los corredores exteriores…”, las maneras como influyen los aspectos climáticos dependiendo de la zona del país en la que se realizan y cómo en las ciudades se ponen en evidencia diferentes niveles socio-económicos mediante el tratamiento muy particular de las portadas; “La Intimidad”, por su parte, permite valorar el zaguán, el patio y los corredores que lo acompañan como espacios intermedios, y su rol protagónico en la preservación de la vida interior sin perderse la oportunidad de detallar los elementos constructivos que los acompañan; y, finalmente, en “Continuidad”, Gasparini realiza un esfuerzo por cubrir el espacio que va desde la Independencia hasta nuestros días para subrayar las continuidades que se dieron al proceso iniciado en la colonia y sobre todo las rupturas que la modernización trajo sin que la preservación y el cuidado por un legado transformado en memoria hayan sido las guías en el desarrollo de las ciudades.

La aparición de La casa colonial venezolana se inscribe dentro de un período en el que se acentúa la preocupación en nuestros medios intelectuales por sentar las bases de una identidad nacional caracterizada por la heterogeneidad socio urbana en el que se construye, según palabras de Arellano, “un frente ideológico unitario en torno a las raíces coloniales del arte y la arquitectura venezolana, al enmarcarse lo nacional-hispano como la fuente de identidad”. Sin embargo, Gasparini rápidamente marcará distancia de visiones nostálgicas o nacionalistas defendiendo la tesis de las múltiples influencias europeas en la arquitectura colonial latinoamericana, apuntando a una visión abiertamente cosmopolita. Su postura, en definitiva, puede resumirse en la cita premonitoria con que cierra el libro:

“Los pueblos que viven y se desarrollan en la comprensión histórica de sus tradiciones, valores y contenidos, tienen asegurada una trayectoria positiva, una cultura sólida, una visión abierta y una sociedad organizada.

Los pueblos que ignoran su historia por primitivos o por encontrarse en una incipiente fase de evolución, aún tienen la esperanza que les reserva el porvenir.Pero los pueblos que con actitud indiferente no cultivan ni respetan su historia, tienen -con seguridad- una vida sumida en el caos”.

ACA

1962• Se celebra la primera misa en la Iglesia San Luis Gonzaga, Chuao

Iglesia San Luis Gonzaga.jpg

1962•  Cinco años después de terminado y habitado el excelente edificio La Guairita, diseñado por el arquitecto Pedro Lluberes, un 24 de diciembre de 1962, con el templo aún en construcción, se celebra la primera misa en la Iglesia San Luis Gonzaga, ubicada frente del citado edificio, en la avenida Principal de El Cafetal y la calle La Guairita, urbanización Chuao, proyectada por el arquitecto Graziano Gasparini.
En 1959 el Arzobispo de Caracas, Cardenal José Humberto Quintero, tras nombrar párroco de Chuao al sacerdote salvatoriano Policarpo Kräutle,
le encarga a dicha congregación el proyecto de creación de una Iglesia parroquial dedicada a San Luis Gonzaga.
Y fue a través de las gestiones de estos sacerdotes, numerosos fieles y vecinos, quienes lograron que la compañía urbanizadora de Chuao donara el terreno y que el arquitecto Gasparini, residente de la urbanización en ese momento, hiciera otro tanto con el proyecto. Con la organización de colectas, rifas, verbenas, donaciones y un aporte del Ministerio de Justicia, completaron los recursos necesarios y terminaron la construcción.

HVH

TEXTOS FUNDAMENTALES

LA ARQUITECTURA COLONIAL EN VENEZUELA

Graziano Gasparini

Ernesto Armitano Editor

1965

La Arquitectura Colonial en Venezuela es quizás uno de los libros de mayor relevancia de cuantos se han publicado en el país y de mayor impacto de entre los sesenta que Graziano Gasparini (Gorizia -Italia- 1924) ha producido desde su opera prima Templos coloniales de Venezuela (1959) hasta el más reciente Arquitectura y NO (2016). Inaugura, además, una larga y fructífera alianza entre Gasparini y el editor Ernesto Armitano que se prolongará por más de cuatro décadas, constituyéndose así la primera empresa impresora de libros de arte editados sistemáticamente donde se publicarán también los registros fundamentales del patrimonio monumental de la nación.

Tras 17 años de haberse radicado en el país (Gasparini llega a Venezuela a finales de 1948 recién graduado de arquitecto, procedente de Venecia, para promover la participación de los países latinoamericanos en la Bienal de Arte que se realizaba en esa ciudad), y de haberlo recorrido de punta a punta “en una camioneta Plymouth y con un mapa de la Creole”, La Arquitectura Colonial en Venezuela se trata de una obra que amplifica y sedimenta la labor de registro y documentación que dio pie a Templos coloniales de Venezuela y que se enriqueció con La arquitectura colonial de Coro (1961) y La casa colonial venezolana (1962). A ello habría que sumar la actividad desarrollada desde la creación en 1963 del Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas (CIHE) de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV del que fue su primer director y el lanzamiento en 1964 del número 1 del Boletín de dicho Centro, tribuna y referencia a escala continental de temas relacionados al patrimonio, su estudio, preservación y restauración.

Amén de servir para corroborar su alta calidad como fotógrafo y de abrirle la oportunidad de mostrar parte del archivo que ya empezaba a acumular (la publicación contiene 166 fotos en blanco y negro y 24 a color de las cuales sólo 20 no son de su autoría), el libro incluye en 32 de sus páginas una serie de planos, plantas y dibujos que le permiten a Gasparini ofrecer una exposición interpretativa de la significación histórica de la arquitectura colonial venezolana y subrayar el planteamiento central que podemos recoger en la Introducción titulada “Tres siglos de arquitectura anónima”: “… en la arquitectura colonial venezolana no encontraremos la obra de arte que se destaque por su concepción inventiva y personalizada. La comparación con varias obras levantadas durante el mismo período en México y Perú determinaría -según el concepto del crítico tradicional- una escala de valores en la cual difícilmente encontraríamos cabida. Del mismo modo, la insuficiente preparación de algunos historiadores, que de la arquitectura sólo contemplan las fachadas, ha generalizado la definición de ‘pobreza’, puesto que por riqueza entienden la exuberancia decorativa y la preciosidad de los materiales (…) No proponemos una revalorización de la ‘pobre’ arquitectura colonial venezolana, sí una revisión de la actitud crítica, para demostrar que su participación en el panorama cultural de Hispanoamérica, reflejó la sinceridad expresiva que podía producir. Acaso su rasgo más peculiar fue el de la persistente continuidad y aceptación de un esquema distributivo, estructural y volumétrico que siempre se manifestó con sencillez y dignidad más que con pobreza”. Su alejamiento de la actitud con que Carlos Manuel Möller observaba la modesta arquitectura de una colonia que no ofreció a España grandes riquezas, es clara y su sintonía con lo que ya había recogido, expresado y valorado al respecto Carlos Raúl Villanueva en La Caracas de ayer y de hoy, su arquitectura colonial y la Reurbanización de El Silencio (1950) y en “El sentido de nuestra arquitectura colonial” (1952), es plena.

Así, las categorías de Arquitectura civil, Arquitectura religiosa y Arquitectura militar propias del período analizado (sumadas a la continuidad que se aprecia inmediatamente después de la independencia), no hacen sino sumar puntos a lo ya señalado y remarcar que el tema central “no fue tratado con el propósito de elaborar un elenco de los monumentos que aún nos quedan, sino de analizar la expresión arquitectónica como resultante de los factores artísticos, políticos y económicos que contribuyeron a su formación”.

Si en sus primeras aproximaciones a lo colonial a Gasparini le interesaba conocer y estudiar la tradición constructiva del país, ahora su énfasis se orienta a desarrollar un método de análisis e interpretación objetivo que posibilite “revelar la originalidad creadora de la obra de arte auténtica” y destacar “su superioridad en la composición, técnica y contenido” de manera de no contaminar el proceso crítico por juicios “a priori” hacia obras que no estén signadas por el protagonismo del artista y se encuentran más bien marcadas por el anonimato. En este caso el distanciamiento con lo que entonces planteaba Bruno Zevi para quien “no existe una historia de la arquitectura sino sólo una historia de los arquitectos” es evidente.

Graziano Gasparini, Premio Nacional de Arquitectura en 1995, quien a sus 93 años ha logrado acumular más de cien mil fotografías de todo el país, recuerda en una entrevista que le hiciera Guadalupe Burelli en 2009 para Prodavinci: “Prácticamente yo entré en la universidad a la caída de Pérez Jiménez, cuando me llamó el Rector de la Central, Francisco de Venanzi, en febrero de 1958 y comencé a dar clases de Historia de la Arquitectura colonial venezolana”. En otro momento del diálogo, ante la pregunta “¿Es posible modernizarse sin destruir?”, riposta: “Sí, cómo no, y para eso se necesitan esas facultades que no se estudian, que son sensibilidad y talento”, en clara referencia a los estragos cometidos por profesionales y políticos ignorantes e irresponsables que han metido su mano en desarrollo de nuestras ciudades. Ser sencillamente recordado como “Historiador de la arquitectura colonial venezolana”, tal y como le confesó a Burelli, sería para este Maestro su mejor recompensa. Sin duda ya lo es.

ACA

2016• Se publica «Arquitectura y NO»

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2016•  En el mes de agosto Editorial Arte termina de imprimir un nuevo libro del maestro Graziano Gasparini, titulado «Arquitectura y NO».
El profesor Gasparini, quien es Doctor Honoris Causa de la Universidad Central de Venezuela y de la Universidad Nacional Experimental del Táchira, Premio Nacional de Arquitectura y Miembro Honorario de la Academia Nacional de Ingeniería y el Hábitat, nos entrega en esta obra una aguda reflexión sobre la arquitectura producida y en producción recientemente. Afirma en el breve prólogo que «la función del arquitecto es la de hacer arquitectura, pero en la realidad no son muchos los que realmente lo logran. … Talento, sensibilidad, emotividad y sentimiento no son materias que se aprenden en las aulas, y por eso tienen más vínculos con la genialidad, Ser genial es un privilegio, pretender serlo es lastimoso y deplorable».
La publicación tiene 148 páginas que se leen seguidas, sin uno poder separarse del libro, que tiene su contenido distribuido en ocho capítulos: 1. Arte y ocurrencias; 2. Del deconstructivismo al consumo; 3. Convivencia y comunidad; 4. Autenticidad múltiple; 5. Réquiem para la arquitectura; 6. La primogénita del continente; 7. Machucando y machucando; y 8. Cusco, la plaza de la cizaña.
Este texto del maestro Gasparini, producido a sus 92 años de edad, lleno de sabiduría, críticas directas y excelentes ejemplos gráficos en respaldo de sus afirmaciones, debería gozar de la más amplia difusión posible entre gobernantes y políticos que tengan decisión sobre la ciudad y sus patrimonio, pero sobre todo entre arquitectos e ingenieros.

HVH

¿SABÍA USTED…

… que el año 1967, organizado por el Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas (CIHE), bajo los auspicios del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico (CDCH) y el apoyo de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, se lleva a cabo en la Sala “C” del Edificio de la Biblioteca Central de la UCV el Seminario Internacional “Situación sobre la historiografía de la arquitectura latinoamericana”?

Con el entusiasta interés desplegado por Graziano Gasparini, director y fundador del CIHE, quien a su vez fungió de promotor del evento, del 9 al 14 de octubre de aquel año se reunió en Caracas un connotado grupo de historiadores y críticos de arquitectura procedentes tanto de Europa como de toda América para debatir sobre un tema de crucial interés y que ya se había venido registrando a través de los primeros 8 números del joven BOLETÍN, publicación que poco a poco se posicionaba como la primera revista venezolana de arquitectura de relevancia internacional.
La talla de quienes atendieron la invitación formulada por Gasparini, con el respaldo del grupo que lo acompañaba en lo que se ha considerado el primer Centro de Investigación surgido en el seno de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, permite a la distancia de 50 años reafirmar que seguramente no ha habido otro encuentro de la importancia del organizado en aquel entonces. Nombres como: Erwin Walter Palm de Alemania (quien no pudo asistir pero envió su ponencia), George Kubler y Sybil Moholy Nagy de Estados Unidos, Paolo Portoghesi y Leonardo Benevolo de Italia, Fernando Chueca Goitia de España, Ricardo de Robina, Pedro Rojas Rodríguez y Salvador Pinoncelly de México, José García Bryce y Frederick Cooper Llosa de Perú y Germán Téllez de Colombia, se suman a los de Carlos Raúl Villanueva, Juan Pedro Posani, Leszek Zawisza y Alfonso Venegas Rizo por Venezuela para respaldar la afirmación que hemos adelantado.

La arquitectura latinoamericana y con ella su historiografía se encontraban impactadas en aquellos años por la revisión que la postguerra había inoculado a una manera de aproximarse a los hechos acaecidos, signada aún por el influjo del positivismo y el etnocentrismo, que reclamaban una aproximación al pasado con una mirada menos conservadora y, en particular, preguntarse “desde dentro” en qué etapa de su desarrollo se encontraba la interpretación de episodios pretéritos y recientes en nuestro subcontinente.
Dinamizar la actividad historiográfica, indagar sobre nuevas maneras de explicar lo acontecido y lo que acontece, empezar a reconocer tantas historias como capítulos nacionales y hasta temáticos existen, dejar de lado la actitud puramente contemplativa, desarrollar junto al rigor metodológico una visión crítica y promover la formación de cuadros profesionales en el área,  se sumaban a inquietudes tendientes a “impulsar decididamente la búsqueda y catalogación de fuentes documentales de la manera más ordenada, amplia y rigurosa que sea posible”.
Es el nº 9 del BOLETÍN de CIHE, aparecido en abril de 1968, el que recoge, junto a un amplio recuento fotográfico, todas las ponencias presentadas en el Seminario y permite hacerse una cabal idea de la diversidad de temas y profundidad con que fueron tratados los mismos, prueba fehaciente de su condición de eslabón fundamental en el desarrollo posterior de la investigación, estudio y enseñanza de la historia de la arquitectura en Latinoamérica. La revista PUNTO 33 (septiembre-octubre 1967), por su parte, cubre el evento con una breve nota y ofrece excusas por no ampliar en detalle lo ocurrido. Sin embargo, incorpora (no sabemos si en sintonía con su línea editorial) la ponencia presentada por Fernando Chueca Goitia “El método de los invariantes”, claro alegato a favor de valorar lo esencial, lo permanente, que se encierra en la producción arquitectónica de cualquier época contra la tradicional clasificación cronológica mediante estilos.
Para aquel entonces Gasparini (quien curiosamente no presenta ponencia alguna en el Seminario) ya coleccionaba un buen número de libros publicados. Posani, por su parte, planteará en el texto titulado “Por una historia latinoamericana de la arquitectura moderna latinoamericana”: “Si la historia es crítica y la crítica es compromiso, no cabe duda de que es posible también invertir semejante secuencia conceptual y partir del compromiso para llegar a la crítica y de allí a la historia”, proposición que, poniendo en cuarentena la “objetividad” y la “distancia histórica” propias de las buenas normas en el hacer disciplinar, soporta su accionar al escribir la segunda parte de Caracas a través de su arquitectura  y se convierte en revulsivo que, desde el propio salón de clases, tendrá importantes consecuencias en el proceso de Renovación académica de comienzos de los años 70.

ACA

Procedencia de las imágenes

BOLETÍN de CIHE, nº9, 1968

Textos fundamentales

Caracas a través de su arquitectura

Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani

Fundación Fina Gómez/Armitano Editores C.A.

1969

Si entre los escritos breves, artículos o ensayos que citaron quienes fueron consultados por la Fundación para precisar aquellos textos sobre arquitectura y ciudad que, dentro del proceso histórico venezolano, no deberían faltar a la hora de llevar a cabo una antología, resultó favorecido mayoritariamente “El sentido de nuestra arquitectura colonial” de Carlos Raúl Villanueva (ver Contacto FAC, nº 6, 4/12/2016), en el renglón de libros el señalado la mayor cantidad de veces fue Caracas a través de su arquitectura, de Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani.
Fechada en 1969, esta publicación de 573 páginas de Armitano Editores C.A., impresa en los Talleres de Gráficas Edición de Arte C.A., cuyo primer tiraje fue de 4.000 ejemplares, es producto de la iniciativa de la Fundación Fina Gómez quien buscó homenajear a Caracas sumándose a la celebración de sus 400 años, cumplidos en 1967. La propia Sra. Gómez, convencida de la importancia de trabajo realizado por los autores, señala premonitoriamente en la primera edición del libro: “1567… 1967… Cuatricentenario de Caracas…400 años que no podemos encontrar en la fisonomía actual de la ciudad, porque el progreso ha ido dejando muy pocos vestigios que permitan una visión retrospectiva. (…) Es por eso que la presente obra de Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani asume, unida a su elevada calidad artística, la categoría fundamental de documento histórico.”
Fieles a sus particulares intereses en cuanto a observar el desarrollo de la ciudad con actitud crítica, Gasparini y Posani, para la fecha profesores de historia en la Escuela de Arquitectura de la FAU UCV, se propusieron preparar, lográndolo a cabalidad, el primer estudio de la evolución arquitectónica de Caracas, ocupándose el primero de la etapa comprendida desde su fundación hasta finales del siglo XIX y el segundo abarcando el período 1900-1968. En la elaboración del libro fue crucial no sólo ordenar, actualizar y pasar en limpio las investigaciones que cada uno de los autores había venido desarrollando, sino también contar con la contribución recibida de instituciones y personalidades vinculadas a la temática objeto de estudio y con el apoyo de los estudiantes de los cursos que dictaban en el pregrado, complementados con el enorme valor del material fotográfico y documental aportado por el propio Graziano Gasparini para la primera parte y por su hermano Paolo para la segunda, donde el rol asumido por la imagen, además de impactante, es indudablemente protagónico.
Como muestra de la contraposición de enfoques que convierten al libro en una fascinante travesía por la historia de la ciudad, valga señalar que si Gasparini, apelando a la “objetividad” narrativa, inicia los dos primeros párrafos del primer capítulo (La ciudad colonial) señalando que: “La fundación de Caracas se realiza en la segunda fase de la conquista, es decir, la fase de penetración del territorio” para después acotar que “Las conjeturas planteadas por diversos historiadores respecto a la fecha de la fundación de Caracas, no es problema reciente”, Posani, por el contrario, poniendo el acento en el rol crítico y militante del historiador, lo concluye con la siguiente proclama que acompaña el último párrafo del capítulo final titulado «La arquitectura de la responsabilidad»: “Apegarse al pasado no tiene sentido en un país como el nuestro: no es nuestro deber reconstruirnos un pasado sino el de inventarnos un futuro.”
Considerada aún como la publicación más importante sobre arquitectura realizada en el país, esta obra a cuatro manos, donde se logran diferenciar claramente las fortalezas de cada autor y se develan facetas desconocidas del objeto estudiado, pareciera haber quedado a la espera por otro esfuerzo similar para completar los 32 años que faltaron para cubrir nuestro siglo XX. Sin embargo, el desarrollo de los estudios históricos, teóricos y críticos a partir de los años 80 en Venezuela, permiten contar hoy con un cúmulo muy importante de investigaciones que no sólo complementan el contenido del libro en cuanto a su ya copiosa información, sino que aportan miradas, categorías de análisis y temas no necesariamente coincidentes con los sesgos que sus autores evidenciaron para el momento en que la obra vio la luz.

ACA