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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 252

Sotavento, término marino que significa “la parte opuesta a aquella de donde viene el viento con respecto a un punto o lugar determinado”, es la atinada denominación que escogió Carlos Raúl Villanueva para una pequeña casa, proyectada y construida para él y su familia entre 1957 y 1958 como vivienda vacacional o de descanso en el Litoral Central próximo a Caracas, que ocupa una parcela rectangular como tantas otras que conforman la Urbanización Palmar Este en Caraballeda y que, con 17 metros de frente orientado hacia el norte, no sobrepasa los 520 metros cuadrados.

Obra si se quiere menor dentro de su enorme trayectoria, pero que sin lugar a dudas es una síntesis de las exploraciones llevadas a cabo en la última etapa de la Ciudad Universitaria de Caracas, Sotavento se ubica en la mitad del camino que, enrumbándose hacia el minimalismo, Villanueva plasmará 10 años después en el Pabellón de Venezuela para la Exposición Universal de Montreal (1967).

Vista del acceso

El partido asumido por el Maestro, basado fundamentalmente en lograr las mejores condiciones de confort climático posibles teniendo al área social como corazón espacial de la edificación, le llevaron a diseñar una edificación que tiene en el control solar y adecuada ventilación natural las claves de su rica ambientación. Dicho énfasis la despoja de preocupaciones de índole formal y da como resultado el hecho de que no tenga una fachada en el estricto sentido de la palabra, colocando su caracterización no tanto en el exterior sino en el interior de la obra, condición que incluso hace que pase desapercibida en medio del lugar donde se encuentra y desubique a quienes quieren detectar desde lejos el perfil típico de una vivienda o encontrarse con una impactante volumetría.

Su modernidad fuera de toda discusión convierte el recorrido desde la calle y las áreas que rodean el cuerpo principal de Sotavento en oportunidades para crear espacios intermedios que, magistralmente integrados en una totalidad plenamente articulada, dificultan el diferenciar un “adentro” de un “afuera”, tal como se evidencia en la fotografía de Paolo Gasparini que acompaña nuestra postal del día de hoy.

Es así como uno de los retiros laterales (el correspondiente al lindero oeste) está trabajado como una especie de zaguán acompañado de una pared de bloque calado que tras recorrerse permite descubrir al final la puerta de entrada de manera discreta. Por otro lado, la pérgola, otro elemento que ya venía siendo utilizado por Villanueva con asiduidad, es usada para sombrear los jardines que a modo de patios rodean un volumen que parece flotar dentro del terreno y que en su interior permite, fuera de las habitaciones (todas del mismo tamaño) y áreas de servicio, la máxima flexibilidad. Las romanillas de madera, siempre pintadas de blanco y utilizadas en puertas y ventanas, pasan a ser otro recurso que otorga a la ambientación de la casa un inconfundible sabor tropical. El alero, otro elemento fundamental de gran presencia, convierte a la cubierta (donde las vigas se exponen por encima) en una envolvente amable que acoge y protege al vacío que cobija.

Foto del estar y fachadas
Croquis del espacio interior y plantas

Ese citar y reinterpretar elementos característicos y “siempre eternos” de nuestra arquitectura del pasado es tal vez lo que impulsa a Sibyl Moholy-Nagy a no resistir la tentación de comparar Sotavento con Caoma (la vivienda urbana de la familia) y es por ello que en el capítulo del libro Carlos Raúl Villanueva y la arquitectura de Venezuela (1964) dedicado a las dos casas, no duda en transcribir buena parte de “El sentido de nuestra arquitectura colonial”, texto escrito por Villanueva en 1953, viendo en él condensada la fuente que da origen a la caracterización de la obra del Maestro producida desde entonces.

Paulina Villanueva y Maciá Pintó en Carlos Raúl Villanueva (2000), quienes la conocen como nadie, harán de Sotavento la siguiente descripción: “Ligera y transparente, Sotavento es una casa ventana, toda ella puede ser abierta o cerrada al exterior o sobre sí misma, a un espacio único y cambiante. (…) De dos plantas y dos cuerpos, el social junto a las habitaciones y el de servicios con la cocina detrás, la casa está en el jardín y ocupa, desmaterializándose, todo el espacio del lote. La casa se deshace, se abre con las habitaciones al Este, al sol de la mañana; se continúa funcional y perceptivamente al Norte y al Sur, delante y detrás en galerías apergoladas que amplían el espacio hasta los linderos; cerrándose al Oeste, para dejar sólo una rendija entre el muro y la losa del techo, una línea de luz que barre todo el espacio cada día a la puesta del sol.”

Esquema estructural

La racional estructura aporticada, realizada en concreto armado, se remarca sin inconvenientes, amoldándose, sin que necesariamente prive una modulación uniforme, a los requerimientos arquitectónicos. El sistema portante, además, se integra a las estructuras livianas, las pérgolas y las celosías para contribuir a que la iluminación se distribuya eficazmente a lo largo de la casa.

Curioso por demás es el manejo del “mobiliario” del salón principal que se muestra en las fotos que acompañan las publicaciones sobre la casa, donde cobran protagonismo una serie de hamacas dispuestas en aparente desorden, las cuales, a pesar de que no son las piezas únicas utilizadas, imponen su presencia por sobre diversas butacas de mimbre ubicadas perimetralmente o las clásicas sillas Thonet que acompañan a la mesa de madera del comedor. En otras palabras, la hamaca será el principal sustituto del sofá convencional tal y como lo demanda el ambiente caribeño que rodea una vivienda que estrictamente no se encuentra cerca del mar.

Como dirán Paulina y Maciá, Sotavento es “pequeña por fuera y grande por dentro”, su pequeñez está “hecha por la proporción y la medida”. Luego añadirán “…se ilumina y anima por la densidad que adquiere el espacio, al atomizarse y fragmentarse la luz y el color de luz moviéndose en el vacío, a través de calados y celosías, en el lento transcurrir del día.”

Diseñada con múltiples limitaciones, la casa es la demostración fehaciente de cómo lograr sacarle provecho a las mismas a favor de una idea: «Considero que el medio expresivo específico de la arquitectura es el espacio interno, el espacio fluido, usado, gozado por los hombres. A partir de la invención esencial del espacio como lugar privilegiado de la composición, como clave secreta de todo el proyecto, se articula la caja volumétrica”, ya había dicho en una oportunidad Villanueva.

Con el tiempo a la casa ha debido protegerse por lo se le han añadido algunos elementos metálicos pintados de azul, la vegetación ha crecido integrándola aún más a la naturaleza, y se incluyó en el patio posterior una pequeña piscina.

Espacio interior viendo hacia el patio jardín delantero

Sin lugar a dudas es Villanueva en tres casas (2000) escrito por Paulina el lugar donde mejor se puede disfrutar y comprender los secretos que encierra la tercera de ellas (Sotavento) y por tanto se trata de una lectura obligatoria.

Calificada como “La casa de la transparencia” dividida a su vez en tres partes: «casa y cuerpo», «casa sin rostro» y «casa transparente», de la invalorable y entrañable aproximación que hace la hija del Maestro a Sotavento, cargada de afecto e intensa vivencia extraemos lo siguiente, escrito para cerrar la introducción, luego de habernos paseado por ella, lo que nos permitirá concluir la nota el día de hoy: “Parece casi imposible que todo esto pueda estar en un área tan reducida; la casa propiamente dicha, o sea el espacio a doble altura y las habitaciones, ocupa una superficie de diez metros por once. Pero esta casa no podía ser más hermosa, y es más que una casa moderna, es una nueva casa, para una nueva forma de vida que se corresponde de una manera más directa y verdadera al gran salto que la arquitectura moderna estaba tratando de dar. Ella es respuesta cierta a la manera de alcanzar ‘un mundo definitivamente más humano y mejor’, y en ese camino de búsqueda Villanueva siguió en esta casa, casi al pie de la letra, la recomendación que hiciera en su conferencia sobre La Vivienda: ‘arrancarse del ojo y del lápiz la forma-dormitorio, la forma-cocina, la forma-escalera, la forma-estar-comedor, la forma-ventana; que como rutinarios frutos de memoria y experiencia nos guían y, por lo tanto, nos limitan y condicionan a esos viejos moldes convencionales’.”

ACA

Procedencia de las imágenes

Sibyl Moholy-Nagy, Carlos Raúl Villanueva y la arquitectura de Venezuela (1964)

Paulina Villanueva y Maciá Pintó, Carlos Raúl Villanueva (2000)

Paulina Villanueva, Villanueva en tres casas (2000)

Fundación Galería de Arte Nacional, Carlos Raúl Villanueva un moderno en sudamérica (2000)

Sotavento

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 243

Nuestra postal del día de hoy recoge el anuncio de una constructora de la que con el tiempo sólo se ha podido rastrear la importante obra a la que en él se hace mención: la “Unidad de Habitación El Paraíso”, conocida más comúnmente como “Unidad Residencial El Paraíso”, proyectada por Carlos Raúl Villanueva, Carlos Celis Cepero y José Manuel Mijares como una de las primeras realizaciones del Plan Nacional de la Vivienda 1951-55 formulado por el Taller de Arquitectura del Banco Obrero (TABO), enmarcado a su vez en la gestión estatal vinculada al Nuevo Ideal Nacional perezjimenista.

El curioso diseño de la propaganda elaborado por Juan Pedro Posani para el nº 2 de la revista A, hombre y expresión, muestra detalles fotográficos de la obra, ejecutada por la Constructora Sánchez, enmarcados dentro de lo que podríamos entender como una alusión a las nubes de Calder que presiden el interior del Aula Magna de la Ciudad Universitaria de Caracas, inaugurada apenas dos años antes. Por otro lado, la composición general de las tres “nubes”, junto a la tipografía, tienden a conformar de manera esquemática la planta de tan emblemático edificio. Recordemos que Posani por aquellos años es el más directo colaborador de Carlos Raúl Villanueva dentro del Instituto Autónomo de la Ciudad Universitaria y, junto a él y Ramón Losada los tres son fundadores de la revista donde la constructora se promociona.

Por otro la lado, la sutil pero importante diferencia en la denominación del edificio construido entre “unidad de habitación” y “unidad residencial” no es menor. La primera remite a un nivel social muy diferente a la segunda, lo que en efecto ocurrió cuando del proyecto original realizado en 1952 sobre un solar adquirido en 1951 por el Banco Obrero de accidentada topografía, buenas visuales sobre la ciudad y densa vegetación, ubicado al sureste de la avenida Páez, conformado por 3 superbloques – dos de 14 pisos y uno de 19 – más tres bloques de 4 pisos, estacionamientos y 2 calles internas, inspirados en la Unidad de Habitación de Marsella de Le Corbusier, sólo se construyó un superbloque de 18 pisos y dos bloques de 4 pisos. Este hecho reorientó la asignación de los apartamentos originalmente destinados a la clase obrera hacia la clase media: la densidad había bajado de manera importante y la proximidad al centro de la ciudad colaboraron para ello fuera así.

1. Unidad Residencial El Paraíso. Carlos Raúl Villanueva, Carlos Celis Cepero y José Manuel Mijares. Izquierda: Dos perspectivas y la planta tipo. Derecha: Planta de conjunto
2. Unidad Residencial El Paraíso. Carlos Raúl Villanueva, Carlos Celis Cepero y José Manuel Mijares. Plantas de apartamento duplex

Definitivamente, tal y como señala Beatriz Meza Suinaga en la ficha elaborada para Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015), “en 1953 se erigen 2 bloques bajos con 40 apartamentos duplex de 3-5 dormitorios, y entre 1954-1955, el superbloque formado por un paralelepípedo y 2 alas transversales de 18 pisos, con 2 pisos para estacionamientos, 2 de servicios y 14 plantas que contienen 182 apartamentos dúplex (26 cada 2 pisos, y 5 modelos de 3 dormitorios). A nivel de calle, al estacionamiento sobresaliente de 2 pisos se adosan rampas peatonales para acceder al tercer nivel con una terraza semitechada y servicios comunales; detrás de los bloques bajos se proyectaron un kinder, comercios y club no construidos. El superbloque presenta variedad con su estructura a la vista, alternancia de llenos y vacíos -paños ciegos, ventanas, balcones, retranqueos- romanillas, quiebrasoles, aleros, contraste de alturas y movimientos plásticos realzados por la policromía de Alejandro Otero (1921-1990)…”. Además, habría que decirlo, se aprovechan al máximo la visuales y se logra iluminar y ventilar la totalidad de los espacios de forma natural y correcta.

Sibyl Moholy-Nagy en Carlos Raúl Villanueva y la arquitectura de Venezuela (1964) aportará lo siguiente: “Cuando Villanueva y Carlos Celis Cepero comenzaron El Paraíso, acordaron basarse en tres directivas principales respetadas a pesar de los obstáculos derivados de la ubicación, los aspectos económicos y la opinión pública.

1. Elegir panoramas tan variados como fuera posible porque el paisaje y la ciudad circundante debían ser incorporados.

2. Eludir la monotonía variando el conjunto de los edificios (la silueta) y mediante la diferenciación de las alturas y del alineamiento de los edificios entre sí.

3. El diseño exterior debía ser original, pero no a costa de lo razonable. La orientación hacia el oeste debía protegerse especialmente del sol por medio de mamparas y brise-soleils.”

3. Tres vistas exteriores de la Unidad Residencial El Paraíso

El conjunto ha sido reseñado a lo largo de todas las publicaciones editadas sobre la obra de Villanueva no sólo como parte del Plan Nacional de la Vivienda sino como uno de los dos primeros prototipos, junto a la Unidad de Habitación Cerro Grande, proyecto de Guido Bermúdez construida en El Valle casi en simultáneo, de edificaciones de gran altura con los que se dan los primeros pasos para lo que luego serán intervenciones de mayor densidad para las que se proyecta un nuevo tipo de superbloque, más simplificado, más económico y de más rápida ejecución, “donde Villanueva asumió todos los riesgos de la nueva escala tanto en la arquitectura como en el urbanismo”, tal y como señalará Paulina Villanueva en “Unidad Residencial ‘El Paraíso’ ” texto aparecido en el nº 29 (2013) de la revista DPA (Barcelona) dedicada a C.R. Villanueva.

En el libro Carlos Raúl Villanueva (2000) realizado por la propia Paulina junto a Maciá Pintó leemos en la reseña dedicada a la “Unidad Residencial El Paraíso” lo siguiente: “Sin embargo, en El Paraíso, al ser un bloque que también contiene servicios, está presente la particular fusión de Villanueva entre urbanizar y proyectar, al reunir en la solución arquitectónica una propuesta de vida comunitaria completa.”

En lo que a la Constructora Sánchez se refiere, a ella se deben dirigir los comentarios que señalan a la Unidad Residencial El Paraíso como realizada dentro de patrones de muy alta calidad, donde la estructura a la vista destaca por su limpieza y buena ejecución y todas las obras, tanto estructurales como de arquitectura, se llevaron a cabo de acuerdo a lo previsto en el proyecto y en los tiempos establecidos. También la nobleza constructiva (junto al cuidado en el mantenimiento puesto por sus moradores) permite observar el conjunto hoy en día como uno de los mejor conservados de la época. En cuanto al Plan Nacional de Vivienda hay que señalar que “a pesar de la actuación técnica del BO y del interés gubernamental en resolver las carencias, los resultados revelaron la imposibilidad de generar una oferta acorde con la demanda y, a fines de 1953, los programas oficiales cambian y en adelante se enfoquen en eliminar los ranchos en Caracas obviando prácticamente al resto del país”, como señalará Beatriz Meza Suinaga en “Gestión estatal de la vivienda en Venezuela: el Plan Nacional (1951-1955)”, texto publicado en Cuadernos del Cendes (2014). Allí se iniciaba la “guerra contra el rancho” la cual también se perdió. La acentuación del proceso migratorio y el aumento exponencial del crecimiento de áreas de vivienda no controladas no logró frenarse.

ACA

Procedencia de las imágenes

1 y 2. Sibyl Moholy-Nagy, Carlos Raúl Villanueva y la arquitectura de Venezuela (1964)

3. https://www.pinterest.com/pin/92816442307596293/, https://www.pinterest.com/pin/423619908695175049/ y http://guiaccs.com/obras/unidad-residencial-el-paraiso/

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 219

Durante el proceso que condujo a la construcción de la Ciudad Universitaria de Caracas (CUC), son muchas las empresas nacionales y extranjeras que participaron alcanzando todas ellas el máximo nivel de calidad en cuanto a la ejecución de las diferentes obras, conscientes de la envergadura y trascendencia del trabajo que tenían entre manos y de las exigencias que para entonces se planteaba un gobierno que hizo de lo edificado su principal vitrina.

Algunas de ellas, como en otra ocasión hemos señalado, nacen animadas por el importante empuje que le dio a la industria de la construcción nacional la realización de la Reurbanización de El Silencio entre 1942 y 1945 durante el gobierno de Isaías Medina Angarita, con Diego Nucete Sardi (1941-44) y Carlos Ferrero Tamayo (1944-45) como Directores-Gerentes del Banco Obrero y Carlos Blaschitz en la dirección técnica y administración del proyecto y, definitivamente, en el marco de lo que significó la gestión y política fomentada por Gerardo Sansón al frente del Ministerio de Obras Públicas desde noviembre de 1948 (justo después de la caída de Rómulo Gallegos) hasta octubre de 1952, continuada por Luis Eduardo Chataing (1952-53), Julio Bacalao Lara (1953-56) y Oscar Rodríguez Gragirena (1956-58).

Sin que intentemos abarcarlas todas, ya anteriormente nos hemos referido a su presencia en la realización de la CUC de firmas nacionales como Precomprimido, C.A., a quien le correspondió ejecutar la Torre del Reloj (1953), las Conchas para Transformadores (1954) y los Pasillos Cubiertos (1950-59), obras todas calculadas por los propietarios de la empresa, los ingenieros Juancho Otaola y Oscar Benedetti; Técnica Constructora C.A., responsable del Estadio Olímpico (1950) y del Gimnasio Cubierto (1958); a IVECA quien le tocó la Escuela de Enfermeras, Edificio Administrativo y Servicios (1952); y a C.A. Constructora Stelling y Tani que le correspondió el Estadio de Béisbol (1950). También cabe mencionar al consorcio danés Christiani y Nielsen que tuvo bajo su responsabilidad la construcción del Aula Magna (1952-53).

Muchas de estas compañías, como también ya hemos comentado anteriormente, empezaron a anunciarse y ofrecer sus servicios en las revistas de arquitectura que para la época surgían en el ámbito editorial de las cuales destacan A, hombre y expresión e Integral. Hoy nos corresponde señalar el caso de la Constructora Sur-Americana, C.A. (CONSACA), responsable, nada más y nada menos, de ejecutar el edificio de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU), cuyo aviso aparecido en el nº 2 de primera de las dos publicaciones señaladas ilustra nuestra postal del día de hoy.

No era poco el compromiso adquirido por CONSACA en virtud de que se trataba el de la FAU del edificio que albergaría la institución que Villanueva había ayudado a crear y  forjar, y donde deseaba mostrar su madurez como arquitecto, superar, si ello fuera posible, la maestría alcanzada en la realización del Conjunto Central de la CUC, afianzar sus creencias y, sobre todo, lograr una obra trascendente trastocada en permanente lección de arquitectura desde el aquí y el ahora dirigida a quienes la habitarían con mayor frecuencia: los estudiantes que habían decidido estudiar esta hermosa disciplina dentro de sus instalaciones y los profesores que podrían utilizarla como inmejorable ejemplo en las diversas aristas que la conforman desde la climática a la tecnológica pasando por la compositiva.

Y, sin duda, Villanueva lo logró. Tal y como apuntan Paulina Villanueva y Maciá Pintó en Carlos Raúl Villanueva (Alfadil Ediciones, 2000), “En la Facultad de Arquitectura, Villanueva supera la condición de dominio del oficio para adentrarse a explorar nuevos y renovados retos, trascendiendo los límites de lo seguro y probado. Es quizás también la obra  en la que convergen y catalizan, multiplicándose, todas las ideas de su personalidad creadora”. En ella, Villanueva ofrece otra faceta dentro de lo que Sibyl Moholy-Nagy definió como las “afirmaciones experimentales” que el Maestro presenta en cada obra como búsquedas de sí mismo. “Son obras que nos muestran, más allá de la arquitectura, una constante vigilia, un compromiso creador inalienable, una presencia y personalidad manifiestas, ejemplo de una vida dedicada a dominar una lengua nueva -y siempre la misma- aprendida en el hacer de todos los días. (…)… la Facultad de Arquitectura se presenta a Villanueva como el medio más adecuado para demostrar sus convicciones, su capacidad de experimentar y renovar con maestría lo ya realizado: su voluntad de aprender que es, en definitiva, la de enseñar.”

1. Fotografía tomada el 2 de diciembre de 1956 día de la inauguración del edificio de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Dentro de este marco, donde Villanueva no dejó de hacer pruebas con el uso del hormigón de diferentes maneras como protagonista de las cubiertas (planas, apergoladas, plegadas y curvas) que presentan los diferentes volúmenes y espacios que ocupan la planta baja, como material para construir un sistema de protección solar de filigrana y como facilitador de las variantes estructurales que muestran los diferentes volúmenes que conforman la edificación, el reto correspondiente a concebir la manera de construirla fue tal vez uno de los mayores. Y para ello debía contar con un equipo de calculistas que pudiera seguirle los pasos a través de un diseño que no ofreciera dudas ni temores y con una compañía constructora que lograse traducir correctamente y con capacidad técnica tales designios. Lo primero fue posible gracias al trabajo de los ingenieros Antonio J. Fuenmayor y C. Rodríguez Uzcanga y lo segundo el haber sido CONSACA la contratista encargada de ejecutar con excelencia una obra compleja que, como toda la CUC, se hizo contra reloj presionada por el afán de inaugurar que caracterizaba al dictador de turno.

2. Edificio de la FAU UCV. Izquierda: foto de finales de 1955 cuando la estrctura se encuentra prácticamente terminada. Derecha: foto de aproximadamente 1957 con la obra ya terminada
3. Cuerpo bajo del edificio de la FAU UCV en plena construcción a mediados de 1955
4. Vista reciente tomada desde el sureste del edificio de la FAU UCV

De hecho, no existe lugar dentro de la FAU donde el hormigón no se haga presente y donde se aprenda las diferentes formas en que ha sido utilizado en pro de una totalidad constructiva. La fotografía de finales de 1955 que muestra la finalización de la casi totalidad de los elementos vaciados en concreto, nos habla de un edificio prácticamente concluido pese a que se llevó un año más realizar toda la albañilería, rematar las instalaciones, cerrarlo y culminar sus revestimientos, acabados y detalles realizados todos con el mayor cuidado. Otra foto, en este caso correspondiente al momento en que se está levantando el cuerpo bajo que contendrá la sala de exposiciones y áreas dedicadas a la Extensión Cultural, muestra la manera como se ejecutaban los encofrados, contando seguramente con la destreza que para ello ya habían aportado los carpinteros que en esos años habían emigrado al país procedentes de Europa.

5. Tomas del edificio de la FAU en fechas cercanas a su inauguración. Arriba izquierda: Detalle de la escalera de emergencia. Arriba derecha: Fachada este con la escalera de emergencia. Abajo: Fachada norte con tomas de luz de las cubiertas de los talleres.
6. Tomas exteriores realizadas el año 2012 del edificio de la FAU UCV resaltando diversos aspectos de su riqueza constructiva y formal. Arriba: vista cenital de las dos modalidades de cubiertas para los talleres. Abajo izquierda. pérgola de la planta baja y segmento de la fachada sur. Abajo derecha: Quiebrasoles de la fachada norte.

En definitiva, el edificio de 18.240 m2 de área de construcción se hizo sobre un terreno de 5.600 m2. Cuenta con una planta baja extendida, una torre de nueve pisos y un sótano. El diseño se realizó durante el primer semestre de 1954 y las obras se iniciaron en junio de ese mismo año. Fue concluido el 17 de julio e inaugurada el 2 de diciembre de 1956 a un costo de Bs. 2.910.963, siendo importante destacar que el saco de cemento de 42,5 kg. tenia un valor de Bs. 4,00 y el kg. de cabillas Bs. 0,35. Se comenzó a utilizar efectivamente para actividades docentes y administrativas a comienzos de 1957. CONSACA, empresa que ya desapareció y de la que no hemos podido ubicar otra obra que haya realizado, sin duda aprobó con honores la difícil prueba a la que se vio sometida, dejando para la posteridad una edificación que ha logrado soportar, contando con un mantenimiento no siempre cuidadoso, los duros avatares a los que la ha sometido un uso en momentos muy intenso y en otros abusivo y desconsiderado con lo que fue su condición programática inicial.

ACA

Procedencia de las imágenes

1, 2 y 3. Colección Crono Arquitectura Venezuela

4. https://www.fau.ucv.ve/

5. Paulina Villanueva y Maciá Pinto. Carlos Raúl Villanueva, 2000.

6. Agenda FAU 2013. Fundamentos de una mirada. El edificio de la FAU como proyecto. Ediciones FAU UCV