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¿SABÍA USTED…

…que Henrique Hernández en 1970 proyecta y en 1972 termina de construir su propia casa en la urbanización Prados del Este, una pequeña pero significativa bisagra dentro de su trayectoria como arquitecto?

Cuando Henrique Hernández Osuna (1930-2009) introduce ante el Banco Nacional de Ahorro y Préstamo (BANAP) el proyecto de investigación titulado “Construcción experimental de viviendas en terreno de relleno con asentamiento”, venía de encabezar hasta 1969 la experiencia de Diseño en Avance dentro del Banco Obrero y se encontraba comprometido de lleno con el proceso de Renovación Académica de la FAU UCV visualizando la formación del arquitecto como prolongación de su experiencia profesional en el sector público.

Hernández presenta su solicitud ante el BANAP de la siguiente manera: “El trabajo de investigación consiste en el diseño y construcción de un prototipo de vivienda para ensayar los siguientes aspectos: a) Posibilidad de construir viviendas en terrenos con relleno, sujetas a movimientos con asentamiento; b) Posibilidad de aceptar un cambio de concepto en el diseño de la vivienda, fundamentado en lo funcional y no en el aspecto de permanencia y solidez”. El breve enunciado encierra no sólo una provocación para quienes entienden la vivienda bajo esquemas convencionales o a la arquitectura totalmente alejada de una importante dosis de cientificidad, sino un reto para poner a prueba el ingenio junto a la capacidad de la industria de la construcción venezolana para apoyarlo, amén de eslabón demostrativo de una cada vez más consolidada línea de pensamiento.

Pero lo que se puede considerar verdaderamente insólito y a la vez muestra absoluta de coherencia y convicción con lo que se propone y con la capacidad de resolver el problema planteado, es que Hernández y su familia serán los conejillos de indias que vivirán tanto el proceso constructivo como la evolución de esta casa convertida en todo un laboratorio habitable.

“Demostrar haciendo” como señalaba continuamente Hernández e incluso “aprender haciendo”, reminiscencias ambas del empirismo inglés que con frecuencia afloraba en su comportamiento, matizado por un indudable espíritu racional, se dan cita en esta pequeña obra la cual encierra, independientemente de su escala, lo que su autor profesaba. Así, podemos ver en ella: una edificación integrada dentro de una visión sistémica cuyo comportamiento total es producto de la interacción entre las partes mediante una cuidada coordinación modular; la evidencia de cómo puede plasmarse un sistema constructivo abierto al empleo de los componentes que el mercado ofrece traducida en la rapidez con que fue levantada; y, por si fuera poco, la demostración tangible de los beneficios que trae diseñar con la flexibilidad como acompañante del uso habitacional y, por ende, de cualquier tipo de edificio, patente a través de la idea de encerrar y cubrir un espacio único divisible de múltiples maneras. Todo un manifiesto made in Venezuela.

En la entrevista que se le hace para la Revista CAV nº 40 (1974) titulada “Diseño experimental. Entrevista a una casa de cartón”, Hernández transmite con una objetividad que raya en lo obsesivo su manera de concebir, construir y habitar una vivienda. En tal sentido, la casa, nos dirá Hernández, “apenas pesa 102 toneladas. 72 de piso, 23 de estructura y techo y 7 de paredes, ello repartido en 160 metros cuadrados que es su área. Es decir, ‘carga’ al suelo con apenas 63,7 gramos por centímetro cuadrado…! La tubería de aguas blancas y negras va toda exteriormente, muy superficial, de manera de poder tratarla fácilmente en cualquier accidente. La unidades/baño son prefabricadas, adosadas y puestas simplemente sobre la losa.”

En la explicación, Hernández refuerza el carácter efímero de la edificación asumiendo con humor (y cierta satisfacción por haber logrado su controversial cometido) el calificativo de “casa de cartón” que le dieron los vecinos al observar que no estaba hecha con materiales convencionales, ya que sus techos y paredes eran de aglomerado de caña (Tablopán según su nombre comercial). También se recrea al explicar detalladamente las complicadas condiciones del terreno de relleno (17 metros) en el que le correspondió construir, la manera como técnicamente fue enfrentada esta crucial etapa de la investigación (la selección de una placa flotante sobre la que descansaría la armazón metálica con juntas flexibles que constituiría la estructura del contenedor habitable), los referentes ingleses en los que se soporta (la casa hereda tanto en su comportamiento ante las dificultades del terreno como en su concepción constructiva la experiencia acumulada por el Consurtium of Local Authorities Special Programme -CLASP-), y el perfecto comportamiento de la edificación luego de tres años de construida. Para que no queden dudas de que se trata de un experimento nos aclara: “Ese comportamiento lo medimos mediante tres sistemas: Uno de simple nivel de agua, en distintos puntos de la superficie, complementándolo con mediciones mediante teodolito, referidas a un punto fijo exterior sobre tierra firme; mediciones que permiten seguir el asentamiento de la placa así como su posible inclinación; y tercero se hacen mediciones del posible desplazamiento utilizando un inclinómetro en una perforación de 20 metros. No se ha inclinado ni movido apreciablemente hasta ahora. En cambio elementos ajenos a ella, como el muro lateral, la puerta del garage y otras, si han sufrido desplazamientos sensibles. (…) Las mediciones prosiguen, y creemos que en breve tiempo podrán ser analizadas debidamente con sus lógicas consecuencias de reglamentación que permitan normalizar este tipo de construcción.”

Con respecto al otro objetivo de la investigación: “aceptar un cambio de concepto en el diseño de la vivienda, fundamentado en lo funcional y no en el aspecto de permanencia y solidez”, Hernández remite a la utilización de materiales livianos e industrializados, su practicidad en cuanto al costo de mantenimiento y durabilidad y, sobre todo, a la resistencia (ya asomada en líneas anteriores) de parte de los vecinos a entender que una casa de tales características se pudiese ubicar en una urbanización de clase media en el sureste de Caracas, pese a que se acude al uso de aire acondicionado central, otro experimento para medir el rendimiento y costos, pensando en su utilización a posteriori en otro tipo de edificaciones como en efecto sucedió de manera equívoca al incorporar la climatización artificial como sistema de ventilación en el “edificio de Trasbordo” en la UCV años después.

La flexibilidad de la planta, distribuida con apoyo en el mobiliario, se esgrime como una de las soluciones a considerar en el futuro de la vivienda en el país: “Que la prefabricación entregue las paredes fundamentales con sus servicios, y que la industria del mueble, más desarrollada, ofrezca las subdivisiones internas, dando una mayor posibilidad de organización específica para cada uno. En este caso, por ejemplo, la casa es una sola nave, subdividida con muebles, que son susceptibles de ser cambiados, como en efecto he tenido que hacerlo varias veces sin mayores complicaciones. Los muebles paredes no los llevé al techo, para vivir yo mismo un poco la tan trillada teoría de los ‘espacios continuos’.” Mies van der Rohe resuena tanto en la concepción del espacio como en la manera de hacer uso de lo que el mercado ofrece para construir: “… el papel del arquitecto no es inventar materiales sino usar los materiales inventados. (…) Hay que dejar a la industria que invente y pruebe los materiales y después de probados el arquitecto debe usarlos. El arquitecto debe mirar a la industria como un productor de partes y no de unidades terminadas”, ya había dicho en su momento el gran maestro alemán.

Los problemas acústicos, de transmisión de calor y de seguridad que la casa ofrece, asociados también a las características de los materiales utilizados, son evaluados con miras a su ajuste en posteriores experiencias. Sin embargo, Hernández se encarga de subrayar las ventajas de su condición experimental: “primero la posibilidad de producir viviendas a gran velocidad; el uso que se pueda dar a estos materiales livianos en otras edificaciones o en propiedad horizontal de estructura convencional; la facilidad de modificar los ambientes internos creados; la solución económica a construir en terrenos con relleno…”.

A pesar del énfasis puesto por Henrique Hernández por demostrar de qué manera fue dando pragmática respuesta a los temas que constituyeron el centro de la investigación, es inevitable asociar el modo como se dispone, construye, formaliza y proporcionan los espacios de la casa, el cuidado puesto en los detalles y el diseño de los componentes que conforman su estructura metálica y su relación con los cerramientos, a la presencia de un sensible diseñador. Las fotografías que acompañan la entrevista dan clara cuenta de ello y de la imposibilidad de distanciarse (una vez más) de Mies, así como tampoco de la experiencia de las Case study houses promovida entre 1945 y 1966 desde la revista norteamericana Arts & Architecture. En particular la Case study house nº 8 (quizá la más conocida de todas), proyectada en 1949 por Charles y Ray Eames para ser su propia vivienda, podría servir de referencia para establecer un claro paralelismo con la más modesta “casa de cartón” de Henrique Hernández por las variables conceptuales, espaciales, programáticas y constructivas manejadas. Hoy en día, a 46 años de su construcción, esta casa mantiene la categoría de ejemplo sobre cómo concebir el diseño de una vivienda unifamiliar basado en un cambio de paradigma. Su longevidad permite sopesar la relatividad de su condición efímera trastocada, paradójicamente, en durabilidad gracias a una adecuada selección de materiales y una disciplinada rutina de mantenimiento. A su falta de solidez, palpable en la frágil ligereza que sigue transmitiendo, habría de añadirse la verdadera solidez escondida en la vigencia de los postulados esgrimidos por su autor, los cuales siguen esperando la superación de una muy dilatada ceguera política, social y cultural.

ACA

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Revista CAV, nº 40, 1974

¿SABÍA USTED…

… que el pasado domingo 29 de julio se cumplieron 23 años de la publicación en el nº 117 de Arquitectura HOY de la Casa Lucca-Dragone?

1. Publicación de la casa Lucca-Dragone en el semanario Arquitectura HOY, nº 117, sábado 29 de julio de 1995

Esta obra, terminada de construir en 1994 (un año antes de su despliegue a página entera en el semanario), cobra interés porque se trata de la última pieza que edificara su talentoso arquitecto, Jesús Tenreiro Degwitz (1936-2007), y la única luego de haber recibido el Premio Nacional de Arquitectura en 1991.

En este sentido cabe recordar que Jesús Tenreiro llegó a concretar a lo largo de cincuenta años de ejercicio profesional sólo seis edificios: tres viviendas unifamiliares en Caracas y tres sedes institucionales ubicadas en el interior del país. A la buena estrella que lo acompañó durante los diez años posteriores a su egreso como arquitecto de la UCV en 1958, donde logró construir dos casas (la Casa Wanadi -también identificada como Uanadi o como casa Palacios-Cabré-, 1964, Cumbres de Curumo; y la Casa Díaz-Portocarrero, 1965, Colinas de Los Ruices) y dos edificios (el de la Corporación Venezolana de Guayana, 1968, Ciudad Guayana, Edo. Bolívar; y la Sede del Concejo Municipal de Barquisimeto, 1968, Barquisimeto, Edo. Lara), siguió un período de sequía de aproximadamente veinte años hasta que se materializaron los encargos correspondientes a sus dos últimos proyectos: la Abadía Benedictina, ubicada en Güigüe, estado Carabobo (1990) -Gran Premio IX Bienal CAV 1998-, y la casa para la familia Lucca-Dragone, objeto de nuestro interés el día de hoy, localizada en la urbanización Cerro Verde, al este de Caracas.

2. Casa Lucca-Dragone, Jesús Tenreiro, 1994. Vistas exteriores

La casa diseñada por Tenreiro (con la asesoría estructural de su sobrino el ingeniero Esteban Tenreiro) en un terreno de 2.100 m2, que tiene 800 m2 de construcción, realizada en concreto a la vista, y con pizarra de Brasil, madera, travertino y granito como sus materiales principales, se implanta, tal y como se recoge en la ficha preparada por Rafael Urbina, su más dilecto discípulo, para Caracas del Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015), “en una parcela con forma de triángulo alargado, cuyo vértice agudo está definido por la bifurcación de las calles Cerro Verde y El Lindero. La fuerte pendiente de la parcela obligó a levantar un muro de contención en el lindero norte, con lo cual se lograron las condiciones necesarias para su desarrollo”. Según el propio Tenreiro, muy a tono con la racionalidad con que proyectaba y la aproximación realista que siempre mostraba cuando analizaba su propia obra, la Lucca-Dragone “es una casa situada en un terreno difícil por su forma e inconsistencia geológica. Hubo que ‘construirla’ mediante muros de contención, siguiendo el perímetro y permitiendo grandes rellenos hacia la zona norte.”
Siguiendo con la descripción que nos ofrece Urbina, “la vivienda se organiza sobre un eje longitudinal, paralelo a la calle Cerro Verde, donde cada espacio-función se expresa como un ‘cuarto’ independiente y autónomo separado por juntas o ranuras de aire y luz, donde se introduce el jardín. Desde el punto medio de la calle se desciende por medio de una escalera exterior hasta el nivel principal, donde se alojan las áreas sociales, cocina y demás áreas de servicios. Este nivel se relaciona por medio de una galería acompañada por un jardín con luz natural. Las áreas sociales se abren al norte sobre un jardín con hermosas vistas sobre Caracas y el Ávila. En planta alta, cuatro dormitorios se ubican hacia el oeste, el dormitorio principal y sus servicios se ubican hacia el este. En medio de ellos un salón íntimo balconea sobre el salón ubicado en planta baja y se extiende sobre una terraza exterior hacia la vista. La galería, a doble altura, posee un sistema de ventanas que le brindan luz natural cenital en todo su recorrido”.

La preeminencia del concreto como material utilizado para resolver su estructura y lograr contener el terreno, produce, aunada a lo amplio del programa, la sensación de encontrarnos ante una edificación en cierta medida distante de la tipología  propia de viviendas unifamiliares y más cercana a la de edificios institucionales apareciendo temas como el sabio manejo de la luz y la proporcionada dimensión y escala de los espacios como garantes de una controlada y la vez expresiva volumetría. Sin embargo son las propias palabras de Tenreiro, cargadas de agudeza, recogidas en https://sancheztaffurarquitecto.wordpress.com/2010/09/24/jesus-tenreiro-1936-2007-premio-nacional-de-arquitectura-1991-arquitecto-venezolano/ las que permiten contextualizar mejor en el terreno conceptual la senda seguida: “Es una casa ‘grande’. Siempre me he preguntado para qué necesita una familia normal y corriente una casa ‘tan’ grande. No tengo respuesta para esta pregunta. (…) …estamos lejos del período auténtico de la arquitectura en el cual ésta determinaba ciertas calidades de vida. Siento un escalofrío frente a la artificialidad y el estar al día que caracteriza lo generalmente publicado sin ningún asomo de crítica: simplemente estoy ‘in’. (…) Esta casa, a pesar de lo extensa, pretende ser una antítesis y ya desde la elección del concreto como material fundamental hasta la forma de mostrarse construida, es un desafío al ‘gusto’ imperante entre la clase media alta, que posee biblioteca sin libros, equipos de sonido sin música, estares sin estar en ellos, comedores para cenas de agasajo y cultura como ‘divertimento’”.

En cuanto a su fortuna crítica no deja de ser interesante constatar cómo es la casa Lucca-Dragone (y no la Abadía Benedictina, por ejemplo) una de las piezas seleccionadas por Christian Fernández Cox y Antonio Toca Fernández (junto al Edificio de la Fosforera Nacional -Helene de Garay, 1990-; el edificio Atrium -Díquez, González y Rivas, 1989-; la Escuela de Ingeniería Metalúrgica -Gorka Dorronsoro, 1988-; y el Centro Deportivo Los Naranjos -José Luis Sánchez y Ana María Marín, 1993), a la hora de representar a Venezuela en el libro Nueva arquitectura en América Latina: Presente y futuro (Gustavo Gili, 1998). Todas ellas formarían parte de un “posracionalismo” que, alejándose ligeramente de las nociones de “otredad” o de “modernidad otra, divergente, apropiada o diversa”, acuñadas desde los Seminarios de Arquitectura Latinoamericana (SAL), “supera la razón al hurgar en mecanismos poéticos en el espacio y la geografía. Ya no se trata de nacionalismos, ya no se habla de equilibrios con la historia o la tradición, en la década de los noventa la arquitectura latinoamericana comienza a aportar originalidades a la arquitectura internacional y comienza a ser parte de una arquitectura global y local a la vez, a inscribirse entre lo mejor de la arquitectura contemporánea, en paralelo -ya no en rezago- con las aportaciones de otras regiones del planeta”, según ha publicado Humberto A. Viccina en http://vanguardiasarquitectura.blogspot.com/.

Si bien la Lucca-Dragone no está signada por la carga afectiva que impregnó el diseño de las casas proyectadas para su hermana Carlota (la Wanadi o Uanadi) o para la familia Díaz-Portocarrero, quizás la presencia entre los colaboradores del proyecto de Lola Dragone de Lucca y Michele Lucca junto a su esposa Ana y su hija Valeria, corroboran lo que ha expresado Luis Polito (acompañante en sus últimas incursiones didácticas dentro de la Escuela de Arquitectura de la UCV) en “Recordando a Jesús Tenreiro” (http://luispolitoarquitecto.blogspot.com/2017/04/recordando-jesus-tenreiro.html): “Para JT, el arquitecto se mide y confronta no sólo con el acto inmediato del diseño, sino también con el destino, con la historia particular de cada obra; verificando y analizando como las propuestas formales ideales se traducen en el tiempo en situaciones vivenciales, humanas”. Sobre el amor y pasión que profesaba hacia la arquitectura y los valores que en su caso le dan sustento, dan fe las palabras de Tenreiro aparecidas en el párrafo final de la entrevista fechada en 2001 tomada del grupo de facebook Homenaje a Jesús Tenreiro D. (administrado por Antonio Ochoa, otro de sus discípulos), cuando al referirse a la Lucca-Dragone manifiesta: “… la casa debía ser una afirmación de valores como la sencillez, la rudeza, lo estoico y el valor supremo en arquitectura: el lujo del espacio en contraste con el lujo aparencial de los materiales y del impacto del efecto. Todo un programa de la arquitectura moderna en sus mejores momentos alejado de lo esperpéntico, banal y trivializado de la arquitectura de las últimas décadas.
Que ¿por qué hice la casa?, por amor y no por dinero, ya que mi participación fue gratuita, y sólo expresaba mi deseo de mostrar un testimonio construido de mi trabajo”.

ACA

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  1. Arquitectura HOY, nº 117, sábado 29 de julio de 1995

2. González Viso I.; Peña M.I.; Vegas F. Caracas del Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015

¿SABÍA USTED…

… que en 1948, hace ya 70 años, se terminó de construir en la avenida Orinoco de la urbanización Las Mercedes el edificio Gastizar?

1. Edificio Gastízar. Circa 1950.

En 1943, la familia Eraso, propietaria de la hacienda Las Mercedes, junto a la compañía constructora Venezolana de Inversiones C.A. (VICA), y su presidente Gustavo San Román, se asociaron con el fin de urbanizar inicialmente lo que en la actualidad identificamos como El Rosal y Las Mercedes, produciéndose así la primera incursión hacia «el sureste» de la ciudad de Caracas. De este modo se ofrecía a la clase media emergente la oportunidad de adquirir “quintas” o alquilar apartamentos, en edificios de baja altura dentro de un suburbio residencial bien planificado con base en una retícula homogénea. Los proyectistas, arquitectos y delineantes que materializan su desarrollo, muchos de ellos de origen vasco, dotan de un sello característico a las viviendas unifamiliares y a muchas de las multifamiliares que allí tempranamente se implantan siendo la tipología del “caserío”, típica construcción rural de Euskadi, la que termina predominando como lenguaje formal tanto en casas como en edificios. Apellidos como Basagoiti, Salvador, Iñiguez, Abásolo y Aguirrezabala, por citar algunos, se encuentran entre quienes firmaron los planos o diseñaron para la urbanizadora los modelos que, identificándose posteriormente con denominaciones extraídas del norte de la península ibérica, se repitieron a todo lo largo y ancho de un sector que, valga la pena acotar, fue aprovechado por las transnacionales del petróleo para residenciar a buena parte de sus altos gerentes, funcionarios y empleados.

2. Edificio Gastízar. Izquierda: Planta tipo. Derecha: Corte

Así, el edificio Gastizar, cuyo nombre en euskera remite a la vieja torre de una casa solariega del pueblo de Ustáriz, cuya veleta da pie a las reflexiones que acompañan el breve relato El dragón de Gastizar escrito por Pio Baroja en enero de 1918, cobró en el paisaje urbano de Las Mercedes un papel importante dentro de la evolución del “estilo arquitectónico vasco” que su diseñador, Miguel Salvador Cordón, auspició, tras la firma en este caso de su compañero de exilio el ingeniero Lorenzo de Basagoiti. Su fecha de construcción ubicada después del Toki Eder (1943, situado en Chacaíto) y antes del Donosti (1949, localizado muy cerca en la misma avenida Orinoco), permiten considerar el Gastizar como otro eslabón en la manera como el “caserío”, por lo general de uso unifamiliar en tierras vascas, es reinterpretado para dar cabida a un edificio multifamiliar en tierras venezolanas. También el Gastizar se suma a la búsqueda igualmente ecléctica que Miguel Salvador Cordón materializa en 1950 en el proyecto para la casa-club del Centro Vasco de Caracas, situado en la urbanización El Paraíso.

Tras su aspecto doméstico que asemeja una caserón de tres pisos con techo a dos aguas, el Gastizar alberga seis funcionales apartamentos (dos por nivel, incluido el nivel suelo) dentro de una planta simétrica, casi cuadrada, horadada por un pequeño patio posterior. Su elocuente expresividad, manifiesta en el cuidadoso tratamiento de su fachada principal, hace que rejas, contraventanas, uso de superficies empedradas, entramados, garajes y decoraciones alusivas a su origen jueguen un papel determinante.

3. Edificio Gastízar. Circa 2010

Así, en el Gastizar, a diferencia de su “hermano” el Donosti donde se percibe una mayor fidelidad con respecto al modelo originario, se apela a dotar de un mayor dinamismo formal a la fachada principal, variando la proporción de los llenos, modificando algunos de los materiales usados como ornamento, resaltando verticalmente su cuerpo central y jugando con la disposición de los techos, todo ello sin alterar significativamente el tamaño y colocación de las perforaciones dentro del planteamiento absolutamente simétrico que en ambos casos rige toda su composición. Otra ligera alteración se percibe al comparar la dimensión de las plantas (algo más rectangular en el Gastizar) y la disposición de los servicios dentro de la distribución de los apartamentos, más concentrados en la obra que estamos considerando en torno al pequeño patio incorporado en la parte posterior el cual permite la ventilación natural de los ambientes. La suma de todo lo antes señalado convierte al Gastizar en claro vestigio de la memoria de una urbanización que intentó propiciar una escala íntima y tranquila que no rompiera con el espíritu residencial y que, con el pasar de los años, ha ido transformando dramáticamente su fisonomía dada su incorporación a la vorágine urbana, acompañada de un virulento cambio de usos.

4. Edificio Gastízar. Dos momentos de su demolición el sábado 3 de octubre de 2016.

La descripción que hemos hecho del edificio, aunque apela mayoritariamente al presente como tiempo verbal, debimos haberla redactado completamente en pasado. El sábado de 3 de diciembre de 2016, por sorpresa y a plena luz del día, el Gastizar fue demolido con la venia de las autoridades municipales y del Instituto de Patrimonio Cultural sin que mediara contemplación alguna por parte de sus propietarios, a pesar de la voz de alerta que alzaran en su momento DoCoMoMo Venezuela y la Fundación de la Memoria Urbana, y luego de haber sufrido paulatinas modificaciones en su robusta imagen que, sin saberlo, enviaban una clara señal de advertencia.

ACA

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1 y 4. Colección Crono Arquitectura Venezuela

2. González Viso I.; Peña M.I.; Vegas F. Caracas del Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015

3. https://iamvenezuela.com/2016/12/demolido-edificio-emblematico-de-las-mercedes/

¿SABÍA USTED…

… que en 1968, hace ya 50 años, se termina la construcción de los 3.048 apartamentos de la U.D. 7-8 de Caricuao?

1. Unidad Vecinal 7-8. Urbanización Caricuao. Sección Diseño en Avance, Banco Obrero. 1968

El valle conocido desde la llegada de Francisco Fajardo como de “Juan Jorge Quiñones”, el cual por extensión formaba parte del de San Francisco (donde se funda la ciudad de Caracas), remonta sus antecedentes a la ocupación previa de parte de los toromaimas, tribu de origen caribe encontrada por Fajardo cuando arriba acompañado de guaiqueríes venidos de Margarita. Como indica Federico Villalba en El libro de Caricuao (Centro Nacional de Historia, Caracas, 2009), “… a la hora de escribir la historia  de los pueblos del cacique Caricuao, caemos en cuenta de que esa historia no comienza con la primera huella dejada por el mestizo Francisco Fajardo, antes de que Losada atravesara ese valle llamado de Juan Jorge, o de San Jorge. La historia de Caricuao comienza con los pueblos o naciones del cacique Caricuao…”. También conocido el lugar como “Quebrada del Caribe” o “Valle del Caribe”, la voz toromaima Caricuao posee, según Villalba, una rica polisemia y una “gran riqueza de sentidos”: “caricua (cerro), carucay (una planta para pintar), Guaricuao (cacique del río Turmero, caricuar (quebrada)…”.

2. Hacienda Caricuao 1898.

Durante la colonia, el espacio del pequeño valle de Caricuao, pasa a ser tierra de repartimientos y encomiendas, que servirán de base a finales del siglo XIX y comienzos del XX para su ocupación (al igual que Antímano y Macarao) por haciendas que a su vez dieron pie a los urbanismos de donde se originaron las tres parroquias.
Adscrita durante el período colonial a Antímano (erigida como parroquia en 1621), Caricuao desde el punto de vista territorial se sumaba más bien a la parroquia La Vega y estuvo ocupada por las haciendas Santa Cruz, Tejerías y La Elvira (conocida también como hacienda Caricuao), adquiridas por el Banco Obrero (BO) entre 1946 y 1959 para emprender a partir de entonces desarrollos de vivienda obrera que culminarán en 1974. En lo referente a la ocupación del espacio, es interesante el repaso que realiza Villalba utilizando a Caricuao como excusa para ilustrar la transición de la Venezuela rural a la Venezuela petrolera, donde detecta los siguientes tópicos: “cambio de uso del espacio: de las haciendas a las industrias; la industria; la vialidad: del riel al asfalto; el paisaje urbano a partir de 1958: viviendas uni y multifamiliares; Caricuao como ciudad dormitorio; y el crecimiento de la construcción: Caracas se urbaniza a costa del petróleo”.

Es justamente la conversión de Caricuao en “ciudad dormitorio” sobre una superficie de 24.8 Km2 (según informe de la Oficina Municipal de Planeamiento Urbano -OMPU- de 1973), lo que caracteriza su desarrollo a lo largo de la segunda mitad del siglo XX y el contexto en el que hay que inscribir el impulso dado primero por el BO y luego por el Instituto Nacional de la Vivienda (INAVI) para que ello aconteciera. A la elaboración del proyecto urbanístico denominado “Gran Urbanización de Venezuela” (1945-1958, no realizado), en el que se proponía un uso mixto (urbano-industrial) “con áreas de reserva, tanto ambientales como militares, pues se pensaba utilizar esta zona para tropas y entrenamiento”, seguiría el impulso dado por la Junta de Gobierno presidida por Wolfgang Larrazábal en medio del llamado Plan de Emergencia a la construcción de cerca de 494 viviendas “provisionales” en terraza (en convenio con la Cuba revolucionaria) que servirían de refugio a familias afectadas por las inundaciones, conocidas como “las casitas de caña”. Siguiendo de nuevo a Villalba encontramos que, durante el gobierno de Rómulo Betancourt (1959-1964), se inicia a partir de 1962 una nueva fase con la construcción del primer edificio, identificado después como “bloque experimental” (80 apartamentos para 500 habitantes con los que se puso a prueba la resistencia del terreno para edificios verticales), ubicado en la UD2, y la primera urbanización en desarrollo vertical: Ruiz Pineda o Unidad Vecinal nº 9 (UV9) compuesta por 22 edificios y un total de 1046 viviendas.

3. Caricuao. Vista aérea y zonificación.

“Más tarde se construyó la Unidad de Desarrollo Nº 2, conocida como urbanización Caricuao; se compone de 28 edificios, reducidos posteriormente a 26 debido a la construcción de la línea 2 del Metro de Caracas. Fueron desalojados, y demolidos, los bloques 18 y 19, quedando un total de 26 edificios y 1776 viviendas. Con el gobierno de Raúl Leoni (1964-1969), se culmina la construcción de la urbanización Ruiz Pineda y se agregan las  Unidades  de Desarrollo 7 y 8 (UD7-UD8). Son 16 superbloques que hacen un total de 3048 apartamentos. (…) Bajo el gobierno de Rafael Caldera (1969-1974), se construye la urbanización José Antonio Páez, o, UD4. Es una Unidad de Desarrollo dividida en terrazas que llevan el nombre de las batallas en las que participó el prócer. Son 63 edificios que dan un gran total de 5508 apartamentos. En marzo de 1969 se termina la UD5, con 39 edificios y 2910 apartamentos. Más tarde se termina la UD3, con 20 edificios y 2729 apartamentos. (…) El 27 de mayo de 1970 se puso en funcionamiento la Unidad de Desarrollo Nº 6, o UD6, dividida en 4 sectores: A, con 152 apartamentos; B, con 152 apartamentos; C, con 375; y el sector D, conformado por 114 apartamentos, para un total de 793 apartamentos. (…) Además de las Unidades de Desarrollo, (UD), durante el gobierno de Rafael Caldera (1969-1974) se construyeron Unidades en Pendiente (UP), Centros Comunales (CC), Covimetro y la urbanización Andrés Eloy Blanco, la UP3, llamada García Carballo, que cuenta con 754 apartamentos. Allí está ubicado el liceo Roberto Martínez Centeno y se desarrolló un barrio que lleva el mismo nombre de la unidad. (…) El CC2, puesto en funcionamiento el 28 de septiembre de 1972, consta de 6 superbloques y 526 apartamentos en total. (…) El sector ‘Covimetro’ consta de 4 torres y 72 apartamentos prefabricados, ubicados en la avenida principal de Caricuao, frente a la UD2. El Inavi lo construyó, como ya hemos visto, en sustitución de los bloques demolidos para dar paso a la línea 2 del Metro de Caricuao”.

4. Unidad Vecinal 7-8. Urbanización Caricuao. Sección Diseño en Avance, Banco Obrero. Vista aérea.
5. Unidad Vecinal 7-8. Urbanización Caricuao. Sección Diseño en Avance, Banco Obrero. 1968.

Las  Unidades de Desarrollo 7 y 8 de Caricuao, tema que hoy nos ocupa, fueron proyectadas en terrenos de lo que fuera la hacienda La Elvira desde la Unidad de Diseño en Avance del Banco Obrero, creada en 1961, denominada desde 1965 Sección de Diseño en Avance e Investigación (SDAI). Aunque el diseño de la UD 7 y 8 estuvo a cargo de los arquitectos Henrique Hernández, Mariano Goldberg, Mauricio Poler, Julio Riquezes y Carlos Becerra y el ingeniero José Adolfo Peña, a Diseño en Avance se deben sumar, como señala Alfredo Cilento en “Escrito (casi) de memoria: 50 años de Arquitectura” (Tecnología y Construcción, 2003): Mariluz Bascones, Jorge Castillo, Alejandro Galbe, Carlos Jara, Máximo Rojas y el ingeniero Rigoberto Vera, “contando con la extraordinaria asesoría del Dr. Waclaw Zalewski”. Este trascendental ensayo, calificado por Cilento como “la experiencia de innovación tecnológica más importante desarrollada en Venezuela en el campo de la vivienda”, duraría hasta 1969 cuando a raíz del cambio de gobierno “fueron desvirtuadas sus funciones y murió al transformarse en Gerencia de Investigación e Información”.

6. Unidad Vecinal 7-8. Urbanización Caricuao. Sección Diseño en Avance, Banco Obrero. 1968.

La comprobación constructiva llevada a cabo en Caricuao tenía como antecedente el Programa Experimental de Vivienda, realización donde Diseño en Avance, a través de Sistemas Constructivos Flexibles, logró levantar entre 3.600 y 4.000 viviendas en la urbanización de San Blas, Valencia, estado Carabobo entre 1962 y 1967. De allí que de los 3048 apartamentos que constituyen las UD 7 y 8, 1.030 fueran hechos mediante encofrados normalizados para muros portantes y entrepisos y escaleras prefabricadas en el sitio. Mariano Goldberg en la ficha correspondiente a esta obra de su Guía  de edificaciones contemporáneas en Venezuela. CARACAS. Parte 1 (1980) apuntará: “Las viviendas agrupadas linealmente son dúplex; el nivel bajo es un espacio de uso múltiple, el nivel alto contiene áreas para dormir y baño. Las divisiones internas son construidas por los usuarios. Las alturas y longitudes de los espacios fueron determinados por las densidades programadas, capacidad de grúas y elevado rendimiento por ascensor. La utilización de la coordinación dimensional, estandarización de componentes, racionalización del proceso de construcción e incorporación de empresas con capacidad para alto volumen de construcción, fueron ensayados exitosamente”.

Por otra parte, Alfonso Arellano en “Los aportes técnicos de Diseño en Avance” (Semana Internacional de Investigación, FAU, UCV, 2008), destaca que el Sistema A10 utilizado en Caricuao proviene del desarrollo del Sistema A, que a su vez está basado en el aprovechamiento de los muros como elementos portantes que, al localizarse periféricamente, posibilitan cierta flexibilidad interior en los apartamentos, “mientras que los escasos componentes constructivos de concreto, muros y losas modulares prefabricadas o construidas en sitio, tabiques, cubiertas y elementos complementarios completamente movilizados y montados con el apoyo de grúas, facilitan el uso del sistema para edificaciones de una, dos (Sistema A-3, de la empresa Vacoven) y cuatro plantas (Sistema A-4, de la empresa Vivienda Venezolana)”. Así, el A10 de la mano de Mariano Goldberg y Máximo Rojas llegará a ser desarrollado por Diseño en Avance para edificaciones de entre 9 y 15 pisos y puesto a prueba con el apoyo de la empresa Técnica Constructiva en Caricuao. Arellano también rescata dentro de la publicaciones oficiales del Banco Obrero, como parte de la Serie Diseño el segundo número titulado Sistema A10 Caricuao UV7-UV8 como “un trabajo de carácter descriptivo que expone los avances en ensayos constructivos de aplicación del sistema. Informa objetivos y planteamientos básicos del sistema constructivo así como del urbanismo de Caricuao UV7-UV8”, el cual habría que consultar. El acuerdo de creación de la parroquia Caricuao fue publicado en Gaceta Municipal Nº 14602, el 8 de abril de 1975, cuando los desarrollos emprendidos primero por el BO y luego por el INAVI ya habían concluido y su conexión con el resto de la ciudad se refuerza. Habiendo alcanzando en total una cifra de más de 21.000 viviendas se convirtió en el desarrollo público habitacional de mayor envergadura realizado en Venezuela. En paralelo, se detecta ya en 1947 la aparición de los primeros asentamientos informales acentuándose su proliferación a finales de la dictadura de Pérez Jiménez y sobre todo cuando comienzan las “construcciones de desarrollo vertical” entre 1961 y 1974 obedeciendo ello a múltiples razones. Sin embargo, es luego de su constitución como parroquia cuando se detecta en Caricuao el mayor crecimiento poblacional alcanzando la cifra para el año 2001 de 143.048 habitantes disminuyendo a 138.659 para 2011. Hoy el valle de los toromaimas donde se asienta, cuyo valor ambiental la ha convertido en la primera y hasta el momento única parroquia ecológica de Venezuela, se halla sometido a un proceso de ocupación que ha ido en detrimento de sus valiosas áreas verdes, tema que podría ser objeto de otra historia.

ACA

Procedencia de las imágenes

1 y 5. Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani, Caracas a través de su arquitectura, 1969.

2 y 4. https://caricuaofotohistoria.blogspot.com/p/historia.html

3. https://issuu.com/centronacionaldehistoria/docs/libro_caricuao_villalba

6. Mariano Goldberg, Guía de edificaciones contemporáneas en Venezuela. CARACAS. Parte 1, 1980

¿SABÍA USTED…

… que en 1968, hace ya 50 años, se termina la construcción de la Torre Phelps y la Torre Capriles, ambas ubicadas en la Plaza Venezuela?

1. Plaza Venezuela. 1968

Cuando a partir de 1953 la Plaza Venezuela se convierte en el nuevo centro de la ciudad de Caracas en virtud de su ubicación geográfica dentro del inminente crecimiento hacia el este, la confluencia sobre ella de diversas arterias viales la ven transformarse, además, en congestionado nodo gobernado por condiciones de tránsito conflictivas y de difícil solución. Asimismo, la vía de acceso principal a la urbanización Los Caobos, al cambiar paulatinamente de carácter, abandona su talante residencial inicial dejando expuestos sus dos puntos de contacto con el importante espacio público que comenzó siendo su entrada cediendo a las presiones dirigidas a poner en evidencia su vocación de centro empresarial y de negocios.

A la construcción como primer ejemplo de esta condición metropolitana del edificio Polar (Vegas & Galia, 1954), seguirán 14 años más tarde, casi en simultáneo, las de las torres Phelps y Capriles que ocuparán ambos flancos de la avenida La Salle, hecho que introdujo un nuevo patrón de escala, procedente de la aplicación de una reglamentación especial prevista por las autoridades municipales, e incrementó notablemente la congestión vehicular en la zona obligando a asumir diversos y erráticos intentos por resolverla y a la vez dotarla de la mayor dignidad posible. (ver Contacto FAC 77, 20 de mayo).

1. Plaza Venezuela y Ciudad Universitaria de Caracas. Circa 1955
3. Don Hatch. Concesionario Chrysler, Plaza Venezuela, Caracas (en la parcela donde actualmente está la Torre Phelps).1954
4. José María Puig. Torre Phelps. 1968
5. José María Puig. Torre Phelps. 1968. Izquierda arriba: Planta tipo. Izquierda abajo: Detalle de la fachada y de la intervención de Harry Abend. Derecha: Foto de los años 90.

La torre Phelps, localizada entre las avenidas Lima y La Salle en el terreno anteriormente ocupado desde 1954 por un sobrio concesionario de automóviles Chrysler-Plymouth diseñado por Don Hatch, fue proyectada por el arquitecto José María Puig en 1965. Su altura de 100 mts. para el cuerpo alto y de 13.5 mts. para el bajo se atienen en cuanto a sus áreas de ubicación y construcción a la normativa existente, arrojando un total de 30.000 m2 de superficie edificada. La planta cuadrada asumida por la torre, con el núcleo de circulación y servicios en el centro, sumada a la simetría de su estructura dan como resultado una solución que cumple a la perfección con las normas antisísmicas. La selección del concreto como material que buscaba resolver la mayor cantidad de aspectos relacionados no sólo con la estructura sino con el carácter del edificio, puso en evidencia el uso de una tecnología constructiva que se apoyó en el diseño por parte del arquitecto Puig de encofrados metálicos normalizados para las columnas que se adaptaban a la reducción de su dimensión (de acuerdo al cálculo estructural) a medida que se subía de altura y además ahorraba el uso de andamios en la fabricación de las fachadas, las cuales incorporan un racional sistema de protección solar que denota las variaciones en la orientación con la incorporación de romanillas fijas metálicas hacia el este y el oeste. Los bloque de concreto empleados en su construcción fabricados por la empresa catalana PACA, hoy desaparecida. En el diseño de las áreas públicas del escalonado  y dinámico cuerpo bajo se incorporaron vitrales del artista andaluz Francisco Carretero y para la puerta del acceso principal se recurrió a una Transcromía de Carlos Cruz-Diez, de 4,50 mts. por 3 mts. de altura (hoy desaparecida). También se incorporó una pieza escultórica de Harry Abend. Durante años el remate de la torre Phelps sirvió de valla publicitaria para la empresa Philips para luego ofrecer a partir de 2004 su techo como soporte de una desproporcionada taza de Nescafé (marca comercial asociada a la multinacional Nestlé) la cual posteriormente fue removida el año 2010.

6. Arriba a la izquierda: Mario Pani, Luis Ramos Cunningham y Mathias Goeritz. Propuesta para un edificio de oficinas y comercio a ser ubicado en la Plaza Venezuela para la empresa «Inversiones Capriles». Arriba a la derecha: John Machado y Gustavo Machado. Torre Capriles. 1968. Abajo izquierda: John Machado y Gustavo Machado. Torre Capriles. 1968. Planta baja. Abajo derecha: John Machado y Gustavo Machado. Torre Capriles. 1968. Corte esquemático

La torre Capriles, por su parte, tiene como claro precedente la propuesta para un edificio de oficinas y comercio a ser localizado en el mismo solar presentada por los arquitectos mexicanos Mario Pani Darqui (1911-1993) -de importante trayectoria en su país-, Luis Ramos Cunningham y Mathias Goeritz (1915-1990), para la empresa «Inversiones Capriles» en 1959. Goeritz, arquitecto y escultor, fue el diseñador de la superestructura plástica que da remate al edificio proyectado para la Plaza Venezuela cuya foto de la maqueta nos ha parecido relevante reproducir en esta nota al lado de la solución definitiva realizada por John Machado y Gustavo Machado, diseñada al igual que la torre Phelps en 1965, que finalmente se construyó.

Ubicada en un terreno de mayores dimensiones (6.200 m2) que su acompañante, lo cual permitió desarrollar 60.000 m2 de construcción, localizado también al norte de la Plaza Venezuela (en este caso entre las avenidas La Salle, Quito y Bogotá), la torre Capriles es el único edificio en el sector que ofrece atractivos al visitante a nivel de sus plantas bajas, logrados a través de una correcta integración peatonal a las variantes que ofrece el entorno urbano, dejando, además, la oportunidad de apreciar y disfrutar una serie de espacios públicos a diferente escala. Además cuenta con tres niveles de mezzanina, una planta libre que separa el cuerpo bajo o basamento de la torre la cual alcanza los 28 pisos sumándosele un PH que marca el nivel 29. La sala de maquinas de los ascensores tiene tres niveles que se cerraron dando continuidad a las fachadas para la colocación de publicidad de uno de los medios de comunicación asociados a los propietarios del edificio (en este caso el diario vespertino El Mundo). Debajo de la planta de acceso se construyeron tres sótanos para estacionamiento y en la parte posterior de la parcela, un estacionamiento mecánico de once niveles. La fachada del basamento sobre la Plaza Venezuela tiene una obra de gran formato del artista venezolano Jesús Rafael Soto (1923-2005) titulada «Progresión a centro móvil», la cual fue instalada durante la fase final de la construcción del edificio terminándose en 1969, generando en su momento una importante controversia relacionada a su escala. Otras obras del mismo artista se ubicaron entre las fuentes que adornan el espacio público de acceso.

7. John Machado y Gustavo Machado. Torre Capriles. 1968. Izquierda: Vista del edificio en la actualidad. Derecha: Obra de Jesús Rafael Soto titulada «Progresión a centro móvil», la cual fue instalada durante la fase final de la construcción del edificio en 1968.

Prácticamente desde su inauguración en la torre Capriles funcionó la Oficina Metropolitana de Planeamiento Urbano (OMPU), creada  a finales de 1959 y eliminada en 1990, la cual ocupaba varios pisos del edificio. En años mas recientes su frente sur hacia la Plaza Venezuela estuvo ocupado durante un buen tiempo por la gigantografía publicitaria de una industria dedicada al ramo de la cerveza generando una interesante polémica alrededor del significado e impacto derivados de utilizar la arquitectura como valla para anunciar productos. Luego, las fachadas originales de la edificación correspondientes a las orientaciones norte y sur, conformadas de elementos metálicos y acrílicos de alta resistencia, fueron objeto de una renovación y el letrero de remate se dedicó al ente gubernamental que es ahora su principal ocupante.

Los dos edificios a los que hemos dedicado esta nota marcaron, al igual que la torre Polar, un antes y un después en el desarrollo urbano del espacio en el que se ubicaron dejando como resultado dos interesantes muestras que reflejan de diferente manera la cautelosa política del sector privado en sus primeros ensayos de inversiones en edificios de oficinas dentro de la ciudad.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. https://twitter.com/gfdevenezuela/status/814107490422026241

2. https://www.pinterest.com/pin/334603447293892387/

3. L’Architecture d’Aujourd’hui, nº 67-68, 1956

4. Revista Punto, nº 47, 1972

5. Izquierda (arriba y abajo): Revista Punto, nº 47, 1972. Derecha: https://mapio.net/pic/p-6057267/

6. Arriba izquierda y derecha: Colección Crono Arquitectura Venezuela. Abajo: Mariano Goldberg, Guía de edificaciones contemporáneas en Venezuela. Caracas. Parte 1, 1980

7. https://www.flickr.com/photos/juliocesarmesa/15075547250

¿SABÍA USTED…

… que en 1968, hace ya 50 años, se terminó la construcción de la iglesia del Colegio La Salle de La Colina?

1. Iglesia del Colegio La Salle de La Colina. Plaza de entrada

Proyectada en 1965, lo que en principio debía ser una capilla y terminó tomando proporciones mayores previendo una extensión mayor del campus del instituto educativo al que pertenece, la iglesia del Colegio La Salle de La Colina, Caracas, forma parte de una de las primeras aproximaciones que desde la modernidad se emprenden dentro de la temática religiosa en el país, precedida por la capilla de La Asunción (1957) diseñada por Carlos Raúl Villanueva para el 23 de enero, las capillas del Colegio San José de Tarbes del Paraíso y La Florida (1957-1958/61) de Carlos Guinand Sandoz y la iglesia Divino Redentor (1957) proyectada por Fruto Vivas en San Cristóbal y casi simultánea a la iglesia de Nuestra Señora de Pompei de Doménico Filippone en la urbanización Alta Florida.

2. Iglesia del Colegio La Salle de La Colina. Contexto inmediato

Carlos Guinand Baldó (1925-1983) -hijo de Carlos Guinand Sandoz y Doña Delfina Baldó Soulés-, quien figura como su arquitecto, acompañado de Moisés Benacerraf y Alberto Iriarte (arquitecto colombiano quien, formando parte de la Dirección de Edificios Nacionales del Ministerio de Obras Públicas, participa en 1947 en el equipo que proyecta el desarrollo de 21 manzanas al Sur de la plaza Bolívar de Bogotá -del cual se interesa Le Corbusier en su visita ese año a esa ciudad- y de quien se afirma realizó en su momento una pasantía por la oficina del maestro suizo), ya tenía para la fecha una amplia obra urbanística y arquitectónica proyectada y construida (dentro y fuera del país) en sociedad con Benacerraf y con la participación eventual de Roger Halle, Emile Vestuti, José Luis Sert, Paul Lester Winer, Richard I. Rosenman y el propio Iriarte. Su currículum hasta 1967 se puede apreciar en toda su magnitud en la revista PUNTO nº 30 de ese año, donde se le entrevista y dedica buena parte del número a publicar dos artículos de su autoría que muestran su manera de ver la profesión y los problemas más acuciantes para la arquitectura y el urbanismo del momento. Allí, la capilla del Colegio La Salle de La Colina es la obra que cuenta con una mayor documentación gráfica y de la presentación del arquitecto se puede extraer que para el momento se encontraban en ejecución los edificios de “Aulas, Laboratorios, Capilla, Auditorium, etc” de ese centro educativo, lo cual hace suponer que su oficina estaba encargada de desarrollar el plan maestro original.

3. Vista aérea del Colegio La Salle de La Colina

Quizás valga la pena recordar que a comienzos de la década de los 40, el Colegio La Salle de Caracas (actualmente conocido como Tienda Honda), resultaba insuficiente para la cantidad de solicitudes de inscripción que recibía. Es entonces cuando se piensa en la posibilidad de abrir una sucursal para aliviar su congestionamiento. Se buscó un terreno hacia el Este de la ciudad y se adquirió uno el 7 de septiembre de 1942 en la nueva urbanización Los Caobos, desarrollada por Luis Roche, y trazada por Enrique García Maldonado y José Antonio Madriz, en el sector denominado La Colina, donde ha funcionado hasta el día de hoy. En diciembre de 1943  se comienzan los primeros movimientos de tierra y el primer edificio estuvo listo el 25 de septiembre de 1944 para recibir a los 89 alumnos fundadores. Hasta el año 1947 el Colegio La Salle La Colina funcionó como extensión de Tienda Honda, estableciéndose ese año como una institución autónoma bajo la dirección el Hermano Gastón Elie, coordinador también de las obras civiles que se fueron ejecutando a partir del primer master plan propuesto en 1942.

4. Iglesia del Colegio La Salle de La Colina. Fachada sur

Por otra parte, la iglesia del colegio ha pasado sin duda a ocupar dentro de la arquitectura venezolana un lugar destacado y polémico que comparte con la quinta “Piedra Azul” (1941) de Gustavo Wallis, edificaciones ambas de cuidado diseño que utilizan con fidelidad códigos provenientes de la obra realizada por reconocidos maestros de la modernidad: Le Corbusier y Frank Lloyd Wright reinterpretados a partir de la Capilla de Notre Dame du Haut en Ronchamp y la residencia Kaufmann (Fallingwater o Casa de la Cascada), respectivamente. En ambas el eclecticismo como sistema y el mimetismo crónico de que adolece nuestra arquitectura, expuestos con claridad en su momento por Juan Pedro Posani, hacen acto de presencia.

5. Iglesia del Colegio La Salle de La Colina. Arriba a la izquierda: Espacio interior. Abajo izquierda y Derecha: Vistas exteriores

Ronchamp (terminada en 1954), pieza singular dentro de la trayectoria de Le Corbusier, impacta y aporta sin duda una manera de enfrentar el tema religioso en su consideración de las variables del lugar, el uso de la forma y el tratamiento del espacio interior donde la luz es protagonista, temas que el diseño de la iglesia del Colegio La Salle de La Colina intenta retomar aprovechando el pequeño promontorio donde se ubica con el Ávila como telón de fondo, apelando al uso sincero de los materiales, la utilización del color y alterando de manera sustancial la escala del modelo al cual se sigue.

Tal y como señala Iván González Viso en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015) en la ficha dedicada al edificio que nos ocupa: “Su volumetría se compone de una planta rectangular que se abre levemente en abanico, cuya nave central está confinada entre muros tratados con distinta forma y carácter, un cono truncado que define el altar, una cubierta compuesta de bóvedas de concreto dispuestas en sentido norte-sur, un cuerpo independiente que representa el campanario y un volumen lateral que configura un patio. Las variaciones formales en los muros, la luz cenital en el altar y la iluminación a través de muros perforados, enriquecen el interior y crean un ambiente adecuado para la liturgia”. El resultado final de la iglesia del Colegio La Salle de La Colina recuerda en demasía a Ronchamp pero también cuenta con atributos propios que suelen pasarse por alto a la hora de apreciarla y analizarla desde el ámbito académico y profesional. La copia casi literal de algunos elementos formales y la desproporción con que es tratada su masa construida y espacio interior en relación a la magistral obra del maestro suizo, empañan cualquier aproximación objetiva y desprejuiciada que quizás sean sólo los usuarios y creyentes quienes sepan valoran en su justa dimensión.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. Colección Crono Arquitectura Venezuela

2. https://www.facebook.com/AAALaSalleLaColina/about/

3. https://runrun.es/runrunes-de-bocaranda/48873/runrunes-el-universal-12-07-2012/

4. González Viso I.; Peña M.I.; Vegas F. Caracas del Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015

5. Revista PUNTO, nº 30, marzo-abril 1967