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¿SABÍA USTED…

… que este mes de enero de 2021 se cumplen 60 años de la aparición del nº 1 de la revista PUNTO?

La revista Punto, considerada durante muchos años la publicación periódica bandera de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, aparece en enero de 1961 durante el decanato de Julián Ferris, casi 8 años después de creada esa institución y 20 después de que la Escuela de Arquitectura iniciara sus actividades.
Su fundador y primer director, Antonio Granados Valdés (1917-2020), ingresa a la Universidad como docente en 1957 para coordinar un área que recién empezaba a desarrollarse denominada “Extensión Cultural”, sustituyendo a Abel Vallmitjana (1910-1974), pintor catalán y al igual que Granados exiliado republicano, quien lo introduce ante el entonces decano de la FAU y Vicerrector de la UCV Willy Ossott para proponerlo como su reemplazo.

Pintor, grabador, dibujante y crítico de arte, Granados concibe Punto como una ambiciosa revista de divulgación cultural y, tal como señala Juan Vicente Pantin en “Arquitectura versus arte. Antonio Granados Valdés y la revista Punto (1961-1978)”, trabajo de ascenso presentado para ascender a la categoría de asistente en el escalafón universitario en 2014, “difícil ha sido precisar desde los documentos revisados para esta investigación otras participaciones y protagonismos; solo han quedado, en 60 números producidos durante 17 años, el nombre de Antonio Granados Valdés (al que … se sumará el de su compañera Tina Lagar). Sin mención de asistentes, colaboradores, equipo de redacción o afines”. Y añade: “La revista Punto está indisolublemente ligada con Granados, quien asumió durante el tiempo a su cargo la totalidad de la labor editorial. Sin embargo, difícil resulta endosarle la misma cualidad de autoría que identifica a otras revistas con sus editores. Las razones son complejas, y ellas se suman a la problemática condición de la revista; entre ellas -y quizás la más importante- los diversos y hasta opuestos intereses que intentaron utilizarla según sus propósitos, entre ellos los de su propio editor. (…) Pese a -y paradójicamente, gracias a- Granados, fue Punto una publicación plural, en cuanto reflejo de las voces e ideas que circularon por la FAU durante aquellos años. Esta confusa afirmación se convierte en motivación fundamental a la hora de develar cuánto de individual o de colectivo hay en las intenciones comunicacionales de Punto como órgano editorial de la FAU.”

Entre la asunción de Granados como Coordinador del Departamento de Extensión Cultural (posteriormente denominada como División) y la aparición de Punto, transcurren 4 años en los que tuvo que definir y determinar el alcance de dicha actividad en el seno de la Facultad en medio de precariedades. Si bien inicialmente la misión del departamento era organizar actividades artísticas y culturales, ello se debió hacer sin presupuesto, programa ni reglamento que lo orientara, amén de la carencia de espacio que lo arropó hasta que fue inaugurada a finales de 1957 la flamante sede de la FAU, razones por las que, por un lado, se entiende la meritoria labor desarrollada y por el otro la discrecionalidad con la que Granados procedía a la hora de enrumbar la publicación formalmente adscrita a su Departamento.

El testimonio de Granados en 2005 (citado por Pantin) acerca de cómo concebía la extensión universitaria, resulta clave para ratificar lo afirmado y entender la atención colateral que Punto prestó a la arquitectura en sus primeros números: “Debido a las ya indicadas carencias de orientación para desarrollar las actividades de extensión cultural, no tuve más remedio que establecerla yo, a partir del significado de las palabras extensión cultural. (…) Consideré que mi misión era poner a disposición de los alumnos conocimientos que no les eran dados en sus estudios impartidos en talleres y departamentos, esencialmente, diversos aspectos de la cultura y de las artes, en particular las artes plásticas, e incidir, sobre todo, en el arte arquitectónico para dar a conocer a los estudiantes por medio de exposiciones y publicaciones, ejemplos de arquitectura de significativos arquitectos, y también con conferencias y mesas redondas o debates”, opinión que se ratifica al leerse el editorial del nº 1 que acompaña en la portada  la foto del Museo Guggenheim de Nueva York, obra de Frank Lloyd Wright.

Punto está ligada a lo largo de sus primeros 60 apariciones, con periodicidad casi bimestral, a una perseverante labor asociada a su director en la que se puso de manifiesto su habilidad para aprovechar relaciones personales, contactos interinstitucionales, influencias, astucias y solidaridades automáticas dando como resultado un órgano en el que muchas veces se extrañaba la presencia de ideas y se apelaba a las transcripciones de textos procedentes de otros medios. Sin embargo, a pesar de que no hubo una clara línea de comportamiento, tampoco se apuesta por un formato cerrado ni a una compartimentación definitiva de los temas abordados por lo que, bueno es decirlo, ni Granados estuvo tan solo, ni monopolizó el discurso editorial, los contenidos y el mensaje, ni tampoco fue una revista en la que predominaban textos dedicados a las artes plásticas. Contra tales percepciones hay que reconocer en Granados su capacidad para asesorarse, para lo cual siempre contó con el invaluable apoyo de Carlos Raúl Villanueva, quien quizá le aconsejó mantener la publicación bajo un amplio paraguas que permitiese la aparición de temas procedentes de una diversidad de frentes en los que se gestaba la cultura arquitectónica. También se le debe reconocer “el empeño puesto en afiliar sus conocimientos a la arquitectura y, (…) el haber identificado voces, temas y obras con las cuales dotar a la Revista de cierto espesor y consistencia, amén de los usuales reciclajes, que constituyen para muchos el primer contacto con la producción intelectual de la metrópoli disciplinar”, completará Pantin.

1. Algunos de los números monográficos de la revista PUNTO

A pesar de todo, Punto logra evolucionar en el tiempo, tanto dentro de la gestión de Granados como en las que le sucedieron (que alargaron su vida sólo nueve números más en 23 años), movidas por un marcado cambio de enfoque y otra comprensión del papel que la revista debía asumir. A modo de ejemplo se puede citar cómo ya esporádicamente Granados había incorporado algunos números monográficos dedicados a Le Corbusier (nº 25, noviembre 1965), a Villanueva (nº 46, junio 1972) al tema de los aeropuertos (nº 56-57, junio 1976), a la Ciudad Universitaria de Caracas (nº 59, octubre 1977), o al segundo Foro en Defensa de la Ciudad (nº 60, mayo 1978).

2. Momento en que la revista PUNTO sufre un cambio radical en su línea editorial influido por los aires de la Renovación

Sin embargo, dentro de este marco, es posible determinar un antes y un después dentro de la gestión de Granados marcado por la aparición de los aires de Renovación que cubrieron la enseñanza de la arquitectura a finales de los años 60 y comienzos de los 70, los cuales no compartía. Dicha línea divisoria la establece el lanzamiento del nº 40-41 (enero-marzo 1970) cuyo tema central giró justamente en torno a la pregunta “Renovación ¿por qué? ¿cómo?”, en el que incluso la portada pasa a ser ocupada desde entonces y hasta el nº 58 (salvo el 46) por diseños seleccionados por concurso realizados por estudiantes que sustituirán las buenas fotografías que la caracterizaron hasta aquel momento.

3. Portadas de dos números iniciales que marcan dos etapas posteriores a la era de Granados. El 61 será el que aparecerá tras la separación del fundador de su cargo marcando una clara ruptura.

Veinte números más logrará publicar Granados hasta que la “intromisión” del decano Américo Faillace lo lleva a tomar la decisión de jubilarse y retornar a España en 1978. En ese momento se crea el Centro de Información y Documentación (CID) y se nombra director al joven profesor Henrique Vera que cargará con la responsabilidad de cambiar hábitos y costumbres acumulados durante 20 años de gestión de Granados y darle un importante viraje tanto al manejo de la extensión cultural como al enfoque, diagramación y contenidos de la revista, contando con un Comité Editorial conformado por Mariano Goldberg, Ramón León, Manuel López y Juan Pedro Posani, que dará cabida a una visión de la arquitectura desde la crítica a través de artículos originales “elaborados expresamente para Punto por quienes en Venezuela sepan y quieran escribir sobre arquitectura”, provenientes en su mayoría del ámbito académico vinculados con trabajos de investigación. Marcando distancias con lo que hasta ahora había sido el comportamiento de la revista, en el editorial del nº 61 se señala: “Los temas (…) atañerán directa y conjuntamente a autores y lectores, por la circunstancia de ser temas propios del País y del Continente. (…) Se procurará, en el tratamiento de los temas de Arquitectura Internacional, desarrollar una actitud fundamentalmente pedagógica, procurando restituir, durante el análisis o el trabajo informativo, todos los caracteres de originalidad y diferencia que les otorgaron a esos acontecimientos una vitalidad peculiar referida a esferas culturales, históricas, geográficas y políticas diferentes de las nuestras”. Y más adelante: “Intentaremos mantener siempre intacto el deseo de utilidad, no ya en el marco de la abstracción puramente cultural ni tampoco dentro de la información neutra o meramente gremialista, sino en función de una aspiración -el tiempo dirá si excesivamente pretenciosa- de cumplir con tareas actuales, imprescindibles y palpitantes.”

A los tres números editados durante años consecutivos por Vera (el 61 en 1979, el 62 en 1980 y el 63 en 1981) que mantuvieron una extensión similar de 63 páginas, seguirán otros tres que correrán bajo la responsabilidad de Paulina Villanueva cuando en 1981 es designada como directora del CID quien se acompañará con un Comité de Redacción integrado por: Carlos Gómez de Llarena, Maciá Pintó, Joel Sanz, Pedro Sanz y Francisco Sesto. La revista, sometida de nuevo a “varias revisiones y orientaciones que conciernen a su carácter, a su contenido, a su organización y a su expresión gráfica” y comprometida por un lado en “permanecer” y por el otro en “remover, provocar y vigorizar el debate arquitectónico en nuestro país, para restablecer un nivel saludable en la cultura de la Arquitectura en Venezuela”, asumirá para cada número un carácter temático, el material será elaborado por integrantes del cuerpo académico de la institución y crecerá considerablemente el número de páginas. Así, el nº 64 (1982) de 113 páginas, se dedicará a “Arquitectura y docencia”, el 65 (1983) de 145 páginas a “Arquitectura y ciudad” y el nº 66-67 de 145 páginas, programado para salir en 1984 (momento para el que ya se encontraba diseñado y montado), dedicado a “Arquitectura y política”, debió esperar hasta 1997 para ver luz, afectado por la crisis que atravesó la universidad por aquellos años.

4. Portadas de los dos últimos números de PUNTO. Cada uno en sí mismo es el primero y el último de una etapa

El número 68 de Punto, “primero y último de una etapa” y ejemplar “acabado en sí mismo”, aparece el año 2000 luego de que la nueva directora del CID, Ana María Marín, dedicara importantes esfuerzos para darle salida al represado número 66-67. Tras precisar sus reparos en cuanto a la afectada periodicidad de la revista, Marín se propuso, junto al Comité Editorial integrado por Azier Calvo, Enrique Fernández-Shaw, María Fernanda Jaua, Joel Sanz y Alberto Sato, “saldar los ochenta” e incorporar una renovación significativa en la imagen (gracias a la participación en el diseño gráfico de Álvaro Sotillo y Gabriela Fontanillas), con la “ilusión” (frustrada por tratarse de un solo número) de ser una publicación “temática” que se dedicaría a “Palabra y obra” buscando, al dar cabida a material que enfatizaba en cada uno de dichos componentes, insuflar un “nuevo impulso” que le daba el hecho de convertirse por primera vez en revista arbitrada gracias al aval del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico (CDCH) de la UCV.

La última aparición de Punto se produce en 2001 un año después de la celebración del centenario del nacimiento de Carlos Raúl Villanueva y de la declaratoria de la Ciudad Universitaria de Caracas como Patrimonio Mundial. Dedicada fundamentalmente al Maestro, la revista nº 69 llega a titularse “Villanueva (in) pertinente”, buscando con esa especie de provocación, tanto su director Martín Padrón como el Comité Editorial que lo acompaña (Henry Vicente, Luis Polito, Hernán Zamora, Francisco Martín y María Teresa Novoa), plantear a través del editorial “Pertinencia y pertenencia de la obra de Villanueva” (escrito por Padrón), “algo más que referirse a dos palabras similares diferenciadas por una sola letra, pues representan significados que entrañan profundas diferencias. La pertinencia de una obra puede abrir camino para su pertinencia”. También, en este número arbitrado que tuvo carácter monográfico, se señala lo siguiente: “La responsabilidad de que la obra de Villanueva nos pertenezca ahora es mayor, pues desde que los espacios de esta ‘ciudad extraordinaria’ fueron declarados bien cultural de la humanidad el sentido de pertenencia se amplía a una comunidad universitaria, profesional, vecinal y visitante a estos recintos, a quienes nos corresponde asumir su defensa, comprensión y pertenencia.”

Posteriormente varios fueron los intentos, todos infructuosos, por relanzar Punto, crónica que daría pie a la elaboración de otra nota.

Por otra parte, Granados falleció en mayo de 2020 en Madrid, suceso que pasó prácticamente inadvertido en nuestro medio quizás por efectos de la pandemia o por nuestro ya proverbial descuido en reconocer a quienes han construido la historia institucional. Sin embargo, ya en agosto 2017, al cumplir 100 años, el museo Vázquez Díaz de Nerva (su ciudad natal) y las sociedades Centro Cultural y Círculo Comercial le rindieron un más que merecido homenaje con una triple exposición antológica que, bajo el título “Cien años de vida, arte y compromiso”, mostraba diferentes etapas su vida artística representadas en 160 obras. 

Valga pues esta nota como un pequeño homenaje a Granados por su labor de 20 años en el seno de la FAU UCV y a la de todos los que tuvieron que ver con el devenir de una revista, cuya consulta es obligatoria para quienes quieran conocer cómo se desarrolló la actividad cultural, académica e intelectual de la institución entre 1961 y 2001.

La totalidad de Punto se encuentra disponible con posibilidad de ser descargada libremente en www.edicionesfau.com producto de una iniciativa de la Fundación Arquitectura y Ciudad.

ACA

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Todas. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

¿SABÍA USTED…

… que en 2015 el Instituto Nacional de Parques (INPARQUES) convoca un concurso abierto de arquitectura para diseñar un Módulo de Control Mixto que se adapte a diferentes regiones biogeográficas del país?

El llamado hecho por INPARQUES el 4 de marzo de 2015 ya adelantaba que se trataba de un “anteproyecto de arquitectura” y que el proceso de inscripción se daría entre el 9 de ese mes y el 14 de abril. No aclaraba aún qué debía entenderse por “módulo de control mixto”, objetivo central del concurso, pero para eso se invitaba a los interesados a dirigirse a un blog donde se podían consultar las bases y toda la información complementaria, necesaria para tener una buena orientación.

Ya en las bases, a modo de introducción, se exponía en tono declarativo cómo “desde la década del ’60 INPARQUES mantiene una misma tipología arquitectónica basada en adaptaciones locales de modelos aplicados en el exterior, con características ecológicas, climáticas y edafológicas disimiles a las nuestras” y que, por tanto, mediante el concurso se aspiraba contar con “propuestas innovadoras que permitan mejorar la calidad del ambiente laboral y la prestación de servicios de los espacios bajo parámetros de arquitectura e ingeniería bioclimática; aportando así elementos que se integren al paisaje y no generando construcciones ajenas que se conviertan en un alto impacto ecológico y visual, y además sean estructuralmente disfuncionales para su entorno”. Se buscaba, en otras palabras, obtener una gran variedad de propuestas con miras a hacer una selección ajustada a los planteamientos programáticos esenciales ofreciéndole a los ganadores como premio “la contratación de los PLANES MAESTROS y PROYECTOS INTEGRALES (arquitectura, estructura, servicios, ingeniería de detalles, entre otros) para su ejecución”. El concurso de arquitectura con carácter nacional contemplaría en una primera fase el desarrollo de Puestos de Guardaparques.

1.INPARQUES. Cuatro ejemplos de módulos de trabajo para guardaparques ubicados en cuatro geografías distintas

También las bases aclaraban que el objetivo específico consistía en diseñar un Módulo de Control Mixto “que se adapte a diferentes regiones biogeográficas del país, en los Parques Nacionales (costa, montaña, llano y selva)”, el cual debe ser concebido “bajo criterios de diseño de sostenibilidad, gestión de residuos, alta eficiencia energética, impacto ambiental reducido, uso de energías renovables alternativas, adaptados a las zonas de vida y con el uso de tipologías y materiales locales, cónsonos con la preservación de las áreas protegidas y con la menor intervención posible de las mismas”.

En cuanto al ya reiterado término se leía: “El uso del Módulo Mixto de Control se basa en ser el espacio de trabajo para Guardaparques, Bomberos Forestales y Guardia Nacional Bolivariana, cada uno con su prestación de servicio particular”.
Se trataría, en términos generales, de ofrecer “un habitáculo de uso mixto -que responda a las necesidades del guardaparque y del guardia Nacional- para cumplir funciones de resguardo y seguridad en las zonas protegidas, entendiendo que debe existir interrelación entre ambos usos sin interferir en sus funciones”, estimándose el área total a trabajar para cada uno en 150 m2.
Además, se precisaba que “para la optimización del espacio y debido a que las necesidades de los actores son similares compartirán espacios como: cocina, comedor, lavadero, baño, depósito y estacionamiento. (…) Así mismo, la Guardia Nacional Bolivariana y los funcionarios de INPARQUES deberán tener habitaciones separadas, cada una con capacidad para dos literas, y un área para los artículos personales. El espacio de pernocta de la Guardia Nacional Bolivariana deberá contemplar un cuarto de armas. En cuanto al área de trabajo se debe contemplar dos oficinas independientes, área para archivos, impresora, cafetera y filtro de agua, baño (sanitario y lavamanos) y área de espera”, debiendo la del guardaparques contar con espacio para una camilla que permita una atención primaria.

Resultó llamativa la incorporación en las bases de un glosario de términos que buscaba vincular a los concursantes de manera didáctica en un territorio quizás poco conocido. Allí aparecen las definiciones de: bioarquitectura, permacultura, ecosocialismo, impacto ambiental, bioingeniería, huella ecológica, sostenibilidad y sustentabilidad. También se hizo un esfuerzo por aclarar en que consisten las “bioregiones de Venezuela” aportándose datos con relación a las cuatro que deberían ser atendidas por los concursantes: Bioregión Los Llanos, Bioregión Costera y Bioregión Montañosa en la que se incluía la Región Guayana y con ello la Bioregión Selvática.

Para cada una de las cuatro regiones biogeográficas se tenía previsto entregar un primer premio consistente en Bs. 75.000,00 y un segundo premio o menciones de Bs. 25.000,00, estimándose otorgar un reconocimiento por participación a los trabajos “finalistas”. Los ganadores, como ya se dijo, realizarían los planes maestros y proyectos integrales que correspondieran a los lugares donde paulatinamente los módulos se fueran implantando.

La participación estaba abierta a “colectivos, estudiantes, oficinas o estudios de arquitectura, grupos de profesionales y equipos multidisciplinarios incluyendo arquitectos, urbanistas, ingenieros, sociólogos, ambientalistas, ecologistas y/o economistas entre otros. En caso de resultar ganador, se le exigirá al participante contar con el equipo multidisciplinario necesario para la culminación total del proyecto”. Por otro lado cada equipo de diseño, independientemente  de la cantidad de integrantes, debería estar representado por lo que se denominó “un autor principal”.

La entrega de proyectos, tanto en formato digital como impreso, se estipuló para el lapso entre el 15 y el 30 de mayo, la evaluación del jurado se haría del 8 al 16 de junio y los resultados (anuncio del jurado) se darían en el acto de premiación previsto el 22 de junio, cronograma que se cumplió a cabalidad.

El jurado, integrado por Pietro Vallone, arquitecto paisajista; Glenda Yépez, arquitecto paisajista; Víctor Yllarramendy, arquitecto paisajista; Jairo Vargas, guardaparques de INPARQUES; Daniel Rodríguez, miembro del Movimiento Ecologista de Venezuela; y Sandra Ruiz, arquitecto paisajista por INPARQUES, una vez evaluados los trabajos entregados en cuanto al cumplimiento de criterios de funcionalidad, mínimo impacto ambiental, adaptabilidad, bajo costo y factibilidad de construcción y óptimo manejo de servicios, declaró como ganador del evento a la arquitecto Elisa Silva y al grupo Enlace Arquitectura (Sergio Dos Santos, Ray Coello, Valentina Caradonna, Lisimar Campero, Roselys Acosta, Odette Galavis y Francisco Aguilar), coordinado por ella. El equipo integrado por la arquitecto Silva y Enlace Arquitectura presentó proyectos para 3 de los 4 ámbitos abiertos a concurso, recibiendo el primer premio en todos ellos: selva, llano y costa. El ámbito de montaña quedó desierto.

2. Elisa Silva y al grupo Enlace Arquitectura. Propuesta ganadora de la Bioregión Costera del Concurso «INPARQUES. Módulo de Control Mixto»
3. Elisa Silva y al grupo Enlace Arquitectura. Propuesta ganadora de la Bioregión Los Llanos del Concurso «INPARQUES. Módulo de Control Mixto»
4. Elisa Silva y al grupo Enlace Arquitectura. Propuesta ganadora de la Bioregión Selvática del Concurso «INPARQUES. Módulo de Control Mixto»

Tanto en la página de Plataforma arquitectura como en su portal http://enlacearquitectura.net, los ganadores señalan cómo “cada uno de los módulos responde a las condiciones ambientales específicas de la zona. Por ejemplo en la zona costera el confort térmico se maximiza a través de la orientación de la estructura con respecto al sol y los vientos alisios y la implementación de paredes con aperturas que permiten crear una ventilación cruzada natural. En el caso de la selva el techo es alto y tiene una inclinación muy pronunciada para mitigar las fuertes lluvias típicas. El módulo de los llanos recoge los espacios en una planta tipo patio. Los techos altos permiten que el aire caliente suba y salga jalando el aire más fresco desde las zonas bajas que genera una conducción de aire al interior del proyecto”, todo ello respaldado por abundante e impecable información gráfica.

En cuanto al consumo mínimo de energía: “Los ambientes tienen amplio acceso a la luz indirecta durante todo el día lo cual disminuye o elimina la dependencia de la luz eléctrica. Aquellos usos que requieren de energía como computadoras, impresoras, nevera o algún otro aparato eléctrico podrían funcionar con electricidad proveniente de la energía solar”. Y con relación al tema del agua se acota: “El módulo utilizará agua pluvial filtrada, recolectada de los techos y almacenada en dos distintos tanques hechos con bolsas portátiles herméticas. Una de menor tamaño está ubicada sobre las duchas del baño, al exterior del techo. Su color oscuro permite absorber la radiación solar y calentar el agua. La mayoría del agua va dirigida a un tanque tipo bolsa plástica colocado en una zanja debajo de la estructura del guarda parque, donde se almacena el agua utilizada en la cocina y en los lavamanos”.

Como complemento que permite visualizar la manera como fueron enfrentados otros trabajos entregados en el concurso recomendamos consultar el artículo escrito por Óscar Aceves publicado en Plataforma arquitectura titulado «Venezuela módulos de trabajo para guardaparques en cuatro geografías distintas», así como la propuesta de Leonardo Pérez Guédez publicada en la revista entre rayas o la de Ricardo González montada en su blog https//ricardark.blogspot.com.

El de INPARQUES resultó ser quizás, pese a su pequeña escala y al tono a ratos propagandístico a ratos ideológico con el que se hizo el llamado y se redactaron algunas partes de las bases (resumidos en la palabra “ecosocialismo” y en la frase “Contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana”), el primer concurso en el que con total claridad se exigía cumplir con aspectos que hoy en día forman parte integral del quehacer arquitectónico vinculados a la sostenibilidad y al trabajo interdisciplinario, sin dejar de lado la importancia de tomar en cuenta el entorno particular en el que se debe diseñar, lo cual habla de su corrección en términos conceptuales amén de la buena organización con que contó. Tenemos entendido que, como en otras ocasiones, los resultados quedaron archivados a la espera del llamado del ente promotor a los proyectistas para dar inicio a lo que supone un importante paso en la ejecución de obras que muestren una estrecha relación entre la arquitectura y el medio.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. https://www.plataformaarquitectura.cl/cl/770820/venezuela-modulos-de-trabajo-para-guardaparques-en-cuatro-geografias-distintas/55d63935e58ece608500000c-venezuela-modulos-de-trabajo-para-guardaparques-en-cuatro-geografias-distintas-imagen

2, 3 y 4. http://enlacearquitectura.net/obra/2015/04/concurso-inparques/

¿SABÍA USTED…

… que en 1951 Gustavo Wallis proyecta el cine Castellana y remodela el cine Rialto?

1. Cine Castellana. Avenida Francisco de Miranda
2. Cine Rialto. Plaza Bolívar

Gustavo Wallis Legórburu (1897-1979), quien concluye sus estudios de ingeniería en la Universidad Central de Venezuela en 1921 y se incorpora de inmediato al Ministerio de Obras Públicas (MOP) participando activamente en el programa de canalizaciones de quebradas y cloacas de Caracas, se traslada en 1923 a Estados Unidos donde realiza cursos de especialización con el arquitecto Albert Kahn y obtiene la representación para Venezuela de las empresas Truscon-Steel y John-Manville, no sólo se convierte en el primero en realizar estructuras metálicas a escala nacional sino en uno de los profesionales que forman parte de la primera generación de arquitectos que le abren paso a la modernidad en el país.

Tras asumir la arquitectura como la disciplina que profesará durante toda su vida, su influencia se hará notar fundamentalmente en el polígono que constituye el casco de la ciudad, donde realiza hasta ocho edificaciones que entre las décadas de 1930 y 1940 “hicieron del sector un campo de prueba de esa primera modernidad”, tal y como se recoge en texto central del catálogo de la exposición “Wallis-Domínguez-Guinand. Arquitectos pioneros de una época” elaborado por Carmen Araujo Suárez y William Niño Araque en 1998.

3. Gustavo Wallis. Teatro Principal (1928)
4. Cuatro obras proyectadas por Gustavo Wallis. Arriba izquierda: el Edificio Veroes (1940). Abajo izquierda: la sede del Banco Central de Venezuela (1942). Arriba derecha: el Edificio General Páez (1949). Abajo derecha: la Casa Piedra Azul (1942)

Destaca de entre dichos edificios el Teatro Principal (1928), ubicado en el ángulo noroeste de la esquina del mismo nombre, “primer edificio en esquina con estructura metálica, viga balcón y acondicionamiento acústico; en él manifiesta el énfasis en el estudio detenido de distintas variables estructurales que combinan el acero y el concreto en soluciones mixtas”, apuntarán Araujo y Niño. El diseño interior art déco fue realizado por Lahalle & Levard, Páris, y Carmen Helena de las Casas, decoradora venezolana. Se suman al Teatro Principal: la Casa Belga (1928, esquina de Sociedad), la remodelación de la Catedral de Caracas (1932) y el Palacio de la Gobernación de Caracas (1935, ángulo noreste de esquina de Principal) “… laboratorio formal del vocabulario arquitectónico de Gustavo Wallis, que luego aplicará en proyectos tan notables como la Casa Degwitz (1938), la sede del Banco Central de Venezuela (1942), el Edificio Veroes (1940), la Casa Piedra Azul (1942) y finalmente el Edificio General Páez (1949)” afirmarán Araujo y Niño.

En esa serie de edificios Wallis se pasea por una diversidad de lenguajes que van desde el neoclásico que paulatinamente se aproxima al art déco  siempre en tono racionalista, y participa en el cambio de densidad que se produce en el centro de la ciudad asumiendo compromisos más bien asociados con la continuidad del tejido urbano que con la edificación aislada.

Las experiencia de Wallis a través de la remodelación del cine Rialto y el proyecto para el Cine Castellana, realizados a comienzos de la década de 1950, le ofrecen la oportunidad de reencontrarse con una tipología que había sido el objeto de su primera experiencia en 1928, ya no resolviendo un edificio en esquina sino interviniendo uno entre medianeras como el Rialto (calle Sur 2, Entre las Esquinas Principal y Monjas) y proyectando otro aislado como el Castellana (sobre la avenida Francisco de Miranda). Por aquel entonces también trabaja en el proyecto para el teatro Arauca ubicado en la Avenida Nueva Granada con Avenida Roosevelt a la altura de Los Rosales.

5. Tres momentos en la vida del edificio: desde su inauguración en 1917 como Teatro Princesa según proyecto de Alejandro Chataing hasta su conversión en 1919 en cine Rialto, pasando por la ampliación realizada por Rafael Bergamín en 1943 y la remodelación de Wallis en 1951 (siempre para que funcionara como cine), hasta su conversión en Teatro Bolívar (2013)

El proyecto de remodelación del Rialto amerita remontarse a 1917 cuando en el terreno en el cual estuvo el local comercial “Lo Mejor”, se inauguró el día 3 de octubre el Teatro Princesa diseñado por Alejandro Chataing con un aforo de 1000 personas, primera sala para proyección cinematográfica de la capital, al cual se suma más tarde el teatro Principal constituyéndose en dos elementos dinamizadores del corazón de la ciudad coincidiendo en un momento en que el cine se expande como espectáculo de masas. El Princesa, que funcionó poco tiempo como teatro formal y de variedades con piezas musicales, fue una de las primeras edificaciones donde se contemplaban los principios modernos tanto en la decoración como en la iluminación requerida para ese momento.

A raíz de las ordenanzas de 1919, donde se obliga a construir cabinas de proyección con materiales no inflamables, se moderniza el teatro Princesa y se reinaugura el 8 de junio con el nombre de Rialto, presentando por primera vez la modalidad de funciones continuadas.

Tal y como apunta la arquitecto María Ortiz T. en el texto dedicado al Cine Rialto publicado en su blog Patrimonio Cultural el 16 de mayo de 2008 (https://mariaortizt.blogspot.com/2008/05/cine-rialto.html), entre 1930 y 1934 se da una transformación importante en los cines de la ciudad: la conversión de las salas del sistema mudo al sonoro. Por otro lado “La transformación de la capital iniciada en 1936 incluye la edificación y modernización de los recintos cinematográficos ubicados en el casco y en los contornos de la ciudad. (…) Para 1943 el Teatro Rialto cambia su nombre a Cine Rialto, es ampliado por el arq. Rafael Bergamín, y junto con los teatros Principal, Continental, Caracas y Coliseo, consolidarán el principal circuito comercial del momento”. La ampliación propuesta por Bergamín se dividía en dos partes: la primera, desarrollada hacia el fondo de la parcela, estaba compuesta por la sala de cine en planta baja con balcón, con accesos de entrada y salida separados. La segunda construcción ubicada al frente de la parcela, mira hacia la plaza Bolívar, conformada por un cuerpo rectangular de tres pisos destinado a locales comerciales y oficinas, organizado por un núcleo de escaleras y un ascensor de madera.

La remodelación de Gustavo Wallis de 1951 sobre el trabajo previo realizado por Bergamín, a caballo con el desarrollo del cine a color, consistirá en remodelar la sala de cine y cambiar el techo tradicional a dos aguas por una cubierta plana, operación que, salvando las distancias, ya había aplicado al momento de remodelar la Catedral casi veinte años antes. Wallis respetará la simetría en su composición caracterizada por la sencillez en los elementos que se integran, y el frente definido por dos niveles de balcones cuyos antepechos sobresalen un poco con respecto al plano de la fachada, donde cada balcón contiene dos vanos dintelados, que permiten definir el acceso al edificio.

Reinaugurado como Teatro Bolívar el 18 de diciembre de 2013, el Rialto es hoy el primero del Circuito de Teatros Municipales de Caracas que cuenta con dos salas de espectáculo (la principal con 520 butacas y la secundaria con 190 asientos para un total de 720), luego de un proceso de restauración que alteró significativamente su aspecto exterior.

6. El cine Castellana en momentos en que se construía casi al unísono la avenida Francisco de Miranda
7. Diversos momentos en la vida del cine Castellana desde su flamante inauguración junto a la avenida Francisco de Miranda, pasando por su época de apogeo hasta la llegada de su deterioro y posterior cierre.

El cine Castellana, por su parte, recoge todo el aprendizaje desarrollado por Wallis en sus obras anteriores. En este caso, donde el compromiso con una modernidad signada por el racionalismo está claro, ofrece hacia la avenida Francisco de Miranda una muy bien proporcionada fachada curva con tres grandes ventanas ubicadas en el centro sobre la entrada. Además el edificio se constituyó en una importante pieza dentro del desarrollo del sector donde se ubicaba mostrando una interesante vocación urbana.

El Castellana fue el más grande de los cines construidos en la década de los 50, siendo el primero del este de Caracas en tener balcón; su aforo fue de 838 espectadores en patio y 402 en balcón. El edificio combinaba su uso principal con el comercial a través de una serie de locales ubicados en planta baja con frente a la avenida. Se inaugura el 21 de mayo de 1952 con la proyección de la película “A Place in the Sun” con Montgomery Clift. Fue  cerrado en 1980, luego abandonado y permaneció vacío y sin uso hasta que fue demolido en julio de 1993 para dar paso al proyecto del denominado Paseo La Castellana, conjunto de dos torres de oficinas, una de diez pisos y otra de catorce, proyecto de Jimmy Alcock cuya construcción estuvo paralizada durante algún tiempo y se ha reactivado recientemente.

8. Imagen del proyecto del arquitecto Jimmy Alcock denominado Paseo La Castellana y del estado actual de la obra ubicada en el terreno anteriormente ocupado por el cine Castellana.

A modo de conclusión vale repetir lo que Araujo y Niño señalan en el ensayo ya citado: “La trayectoria de Wallis se desarrolla en un arco que evoluciona desde una etapa con tempranas influencias de Perret. Su producción se caracteriza por la presencia de formas expresadas en tres fases: la neoclasicista, el art-déco y la racionalista, en ocasiones con notable influencia wrightiana y mendelsonianas. Su aporte a la arquitectura venezolana está en la concepción de una obra íntegra en la que se conjuga la visión del arquitecto y la del ingeniero, y donde confiere a cada una de sus obras culminantes un vigor particular. La insistencia en el manejo del concreto y de otros materiales permitió enriquecer esta área en la arquitectura venezolana.”

ACA

Procedencia de las imágenes

1, 3, 4, 6 y 7 excepto abajo izquierda. Colección Crono Arquitectura Venezuela

2. https://haimaneltroudi.com/el-hoy-teatro-bolivar-fue-la-primera-sala-de-cine-de-caracas/

5 y 8. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

7 abajo izquierda. https://www.pinterest.com/pin/179299628886675628/ Archivo El Nacional (Fuente: Libro «Los cines de Caracas en el tiempo de los cines» de Nicolás Sidorkovs)

¿SABÍA USTED…

… que el 11 de agosto de 1942 abrió sus puertas el hotel Ávila?

1. Hotel Ávila. Wallace K. Harrison (con Max Abramovitz & Jaques André Fouilhoux), 1942 . Fachada principal hacia la calle

Caracas estuvo esperando muchos años para contar con una instalación hotelera acorde a su jerarquía como capital de la República. Más aún cuando a partir de la conversión de Venezuela en país exportador de petróleo comenzó a recibir cuantiosos ingresos y a ser objeto de importantes inversiones que derivaron hacia la mejora paulatina de su infraestructura.

2. Vista satelital de la urbanización San Bernardino con el señalamiento algunas de las principales edificaciones allí ubicadas. El hotel Ávila está distinguido con el número 4.
3. Cruce de las Avenidas Vollmer (derecha) y La Estrella (izquierda), San Bernardino, Caracas. Años 1950

De allí que cuando la ciudad comienza a crecer decididamente, y a finales de los años 1930 se rompe por primera vez de manera clara con el tradicional patrón de retícula característico de su casco histórico, y se desarrolla la urbanización San Bernardino, los capitales norteamericanos ligados a los hidrocarburos ven en dicho sector una buena oportunidad para invertir. Ello daría pie a la construcción de los mejores hoteles de la época: el Waldorf (1944), Potomac (1949) y Astor (1950), encabezados por el Ávila (1942), el de mayor estatus y más amplias comodidades y servicios de todos ellos. Luego se terminará de construir en San Bernardino el Centro Médico (1947), obra de Stelling, Tani & Cía., con asesoría de Edgar D. Martin, de Chicago; y la Shell contratará a Badgeley & Bradbury, una compañía de arquitectura de Nueva York, para la elaboración del proyecto de su edificio sede que termina de construirse en 1950.

Estas iniciativas, junto a la ejecución en 1944 de la primera edificación sede en Venezuela de la Creole Petroleum Corporation en la Plaza Mohedano; la instalación de la Embajada de los Estados Unidos en el edificio Valderrey (1948) en San Bernardino, obra del ingeniero Emilio Solórzano Yánez; la ocupación por parte de la Mene Grande Oil Company (tercera en producción tras la Creole y la Shell) del edificio Vulcania, también en San Bernardino; y de cinco pisos del recién construido Edificio Phelps (1946), obra del arquitecto estadounidense Clifford C. Wendehack, ubicado entre las esquinas de Veroes a Ibarras, por la Sinclair Venezuelan Oil Company, han llevado a Henry Vicente en el texto “Distritos Petroleros en CCS”, aparecido en el portal Prodavinci el 8 de agosto de 2017, a considerar a la zona de San Bernardino-La Candelaria justamente como el primer “Distrito Petrolero” que se detecta en Caracas, cuya suerte “se sellaba simbólicamente en 1956 con el traspaso del Hotel Ávila a empresarios venezolanos”, luego de que el resto de las actividades mencionadas y sus respectivas sedes migrara al este de la ciudad.

San Bernardino, como ya se adelantó, es, corroborado por Henry Vicente, “la primera urbanización yuxtapuesta al centro de la ciudad con un esquema de ocupación territorial diametralmente opuesto a éste, de ejes y nodos estrellados, pero contando también con modelos de habitación aislada, suburbanos”. Su trazado libre y sinuoso con paseos arbolados centrales, aunque se atribuye a Maurice Rotival, tiene en el proyecto de Gustavo Vollmer (1897) un claro precedente y en la mano del ingeniero Gustavo A. Marturet su ejecutor material. Allí, a las faldas del Ávila, en un terreno de un poco más de 15 hectáreas perteneciente a la antigua Hacienda Gamboa, bordeado por el río Anauco que baja del cerro creando un remanso donde se forma la Laguna de Gamboa, Rotival, en 1939, a instancias de del Presidente Eleazar López Contreras, selecciona el lugar que se ofrece a Nelson Rockefeller para desarrollar un hotel que por su ubicación sobre una colina tendrá la oportunidad de aprovechar unas excelentes vistas sobre la ciudad.

4. Plan general e implantación del hotel Ávila
5. Hotel Ávila. Izquierda: Planta baja. Derecha: Primer piso
6. Hotel Ávila. Fachada Principal

El proyecto se le encarga al arquitecto norteamericano Wallace K. Harrison (1885-1981) a través de su firma Harrison, Fouilhoux & Abramovitz, de fuertes vínculos con el Grupo Rockefeller (para quien ya había proyectado en Nueva York el Rockefeller Center -1930-), quien hace una especie de alto en su militante adscripción a los movimientos de vanguardia europeos, «escucha al entorno» y se “tropicaliza” asimilando errores cometidos en encargos anteriores hechos en el Caribe, siendo el Ávila el único hotel que se detecta en la cronología de su obra y la única edificación realizada en Venezuela de su mano.

Hannia Gómez en el catálogo de la exposición “Our Architects en Caracas. Arquitectura norteamericana en Caracas. 1925-1975” (2017), señala cómo Harrison, quien cuando se termina de construir el hotel tenía 67 años, propone una arquitectura entre venezolana y americana, tradicional y moderna, internacional y caribeña, entre el Yatch Style y el Spanish Colonial (que) se convirtió en una referencia para toda la región desde el día mismo de su inauguración” y en “uno de los más importantes monumentos modernos de la capital”.

7. Vista aérea del hotel desde el noroeste

El edificio de 120 habitaciones se implanta como remate de la arbolada avenida Jorge Washington, se oculta entre la vegetación que lo antecede, y se direcciona compositivamente permitiendo el disfrute del Ávila y del valle de Caracas, a través de una planta compuesta por dos alas rectangulares que se articulan formando un ángulo, producto de una correcta lectura de las condiciones del sitio. Es en el vértice formado por los dos cuerpos “donde el arquitecto, siguiendo un impulso… absolutamente personal, inserta las formas libres de la marquesina de la entrada, del lobby y del salón de fiestas…”, comentará Gómez. Por otro lado, se señala cómo el pasillo-estar cubierto ubicado en la entrada del hotel que “garantiza la vista de la transitada terraza de la entrada”, proviene de emular al Caracas Country Club instalación que fuese visitada en varias ocasiones por Harrison y Nelson Rockefeller en busca de referencias “locales”.

8. Diversas tomas tanto del exterior como del interior el hotel

Harrison, egresado de la École des Beaux-Arts de París, adecúa su claro esquema funcional y la pura volumetría que rinden honores a la arquitectura moderna, a las condiciones climáticas húmedas propias del lugar donde se ubica, orientándolo correctamente, logrando una fluida relación entre el interior y el exterior, utilizando materiales locales y dotándolo, además, de elementos que lo aproximarán expresivamente a la arquitectura tradicional autóctona: romanillas en los corredores exteriores, balaustradas de madera torneadas en los balcones privados de las habitaciones y un amplio corredor previo al lobby central del hotel, todos cubiertos de teja criolla. La diferencia que se establece entre la lectura del edificio desde su acceso, donde se muestra complaciente con la cultura lugareña, y la que ofrece hacia el interior más decididamente internacional, revela aspectos interesantes de la formación del arquitecto y una proximidad asombrosa con la actitud asumida posteriormente por Villanueva (graduado también en la École des Beaux-Arts) en «El Silencio».

9. Vista actual de la fachada principal del hotel Ávila

“El Hotel Ávila, representó, como señala González Casas, un momento crucial del cambio cosmopolita vivido en la Caracas de los cuarenta”, apuntará Henry Vicente. En 1944 Clifford Wendehack realiza su ampliación (avalada por Harrison), reformulada y construida por la firma Hegeman-Harris. Al año siguiente (1945) el salón principal fue redecorado, y proyectadas la remodelación y ampliación del cuarto piso así como la “Casa del Presidente” por Badgeley, Wood & Bradbury.

El “experimento caraqueño” de Harrison es desplazado en 1953 como primer hotel de la ciudad al terminarse la construcción al sureste del hotel Tamanaco, el cual acompaña la aparición de un segundo “Distrito Petrolero”, pero eso es tema para otra ocasión. Desde hace años pasó al olvido aquel dicho que rezaba “en el Ávila es la cosa”, sinónimo de fiesta, celebración y encuentro en fechas importantes para la sociedad capitalina.

ACA

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  1. https://www.pinterest.com/pin/382946774550958068/

2. Captura de Google Earth. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

3. https://twitter.com/tachirense89/status/1074131812870430720?lang=ar

4, 5 y 7. Hannia Gómez. Catálogo de la exposición «Our architects en Caracas. Arquitectura norteamericana en Caracas. 1925-1975» (2017)

6. https://www.ccscity450.com/obra/hotel-avila/

8. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

9. http://guiaccs.com/obras/hotel-avila/

¿SABÍA USTED…

… que en 1954 el Ministerio de Obras Públicas (MOP) concluye la construcción de la avenida Francisco de Miranda?

1. Vista de la avenida Francisco de Miranda desde Chacaíto hacia el Este. Finales de los años 1950. A la izquierda: edificio Royal Palace (1953), de frente: edificio Easo (Gustavo Guinand Van der Walle, 1951)

La moderna avenida de aproximadamente siete kilómetros que transcurre entre el límite del municipio Chacao y el municipio Libertador en Chacaíto hasta la avenida principal de Las Vegas de Petare (municipio Sucre, anteriormente distrito Sucre), tiene su origen en el trazado del antiguo Camino Real de Petare que unía las haciendas dispuestas a lo largo del trecho mencionado y permitía a su vez el acceso a la zona colonial del pueblo de Petare, donde, transformado en la calle La Libertad, marcaba la entrada a la Hacienda La Urbina, última en urbanizarse de entre las que la vía unía.

Aquel primer camino, una vez desatado el proceso de urbanización del este de Caracas a raíz de la venta con fines especulativos de las tierras de las haciendas que lo ocupaban, dio pie a que el 12 de marzo de 1947, en el período que se conoce como el “Trienio adeco”, el entonces Gobernador de Caracas, Gonzalo Barrios, inaugurara oficialmente la que se conoció como “Carretera del Este”, que conectaba la Calle Real de Sabana Grande con las urbanizaciones Chacaíto, Country Club, Altamira y Los Palos Grandes. Es la ampliación de la Carretera junto a la construcción del tramo entre Los Palos Grandes y Petare lo que se termina en 1954 durante la dictadura perezjimenista, dividiendo al poblado petareño en dos partes: una al norte y otra al sur. Ello dará pie también al cambio de denominación de la vía por el del precursor de la independencia venezolana que ya había sido usada para identificar el estado en el que se ubica, uno de los más importantes del país.

2. Vista de la avenida Francisco de Miranda hacia el Este con el edificio Galipán (Gustavo Guinand Van der Walle,1952) en primer plano. Finales de los años 1950

Considerada la avenida más larga del Área Metropolitana de Caracas (entidad jurídico-administrativa de la capital de la República creada por decreto en 1950), la Francisco de Miranda se constituyó desde su puesta en servicio, con sus calzadas de más de 30 metros de anchura (en total seis vías, tres en un sentido y otras tres en el otro de oeste a este que se ensanchan en el sector de Chacao con canales de servicio y zonas de estacionamiento), islas verdes en ciertos tramos y aceras de cuatro metros cada una, en la arteria vial o “parkway” de mejor presencia dentro de la Caracas moderna. Su costo fue de 26.148.148,45 Bs. y la obra realizada por la Constructora Fibrocemento que luego también participaría en la ejecución del enlace con la Autopista del Este a la altura de Altamira en 1956.

3. Dos tomas de la avenida Francisco de Miranda. Izquierda: vista hacia el este a su paso por Chacao. Derecha: vista hacia el oste a su paso por la Plaza Altamira.
4. Izquierda: Vista aérea de la Plaza Altamira con el paso de la avenida Francisco de Miranda al sur. Derecha: Vista hacia el este del inicio de la avenida Francisco de Miranda en Chacaíto.

No incluida como «imprescindible» en el Plan Municipal de Vialidad de 1951 elaborado por la Gobernación del Distrito Federal más si como parte del sistema del este del Plano Regulador de aquel mismo año junto a las avenidas Andrés Bello, Libertador y Lincoln, la Francisco de Miranda se termina casi a la par de la sí incluida Autopista del Este (ampliada y prolongada hasta Petare en 1955), tomando en cuenta el auge comercial e industrial que se proyectaba a lo largo de su desarrollo, contribuyendo a la valorización de las tierras e inmuebles y al aumento de los tributos municipales. No sería exagerado decir que esta avenida aceleró e impactó el urbanismo en su entorno y modificó profundamente la antigua fisionomía de la capital y muy particularmente la zona de Petare.

En tanto la Autopista del Este actuaría como vía expresa para soportar la gran movilización de vehículos livianos y de carga, siendo luego complementada con la construcción del tramo suroeste hacia el Valle y el enlace Catia-San Martín, la Francisco de Miranda estaba destinada a asumir el peso del transporte público. Con estas y otras obras, la Caracas de los años 50 quedó convertida en una ciudad al servicio de la modernización motorizada, donde el espacio urbano dedicado a la circulación fue diseñado casi exclusivamente a garantizar la plena movilidad del automóvil.

5. Avenida Francisco de Miranda en Chacaíto. Edificio Sokoa (Isidro Monzón, 1947): A su izquierda, vista parcial del edificio Toki Eder (Miguel Salvador Cordón, 1940)
6. Izquierda: Edificio Royal Palace (1953), Chacaíto. Derecha: Estación de Servicio La Castellana (1959)
7. Avenida Francisco de Miranda a la altura de La Castellana. En primer plano el Cine Castellana (Gustavo Wallis,1952)
8. Nueva sede de la Cigarrera Bigott (1957)

Desde antes de ser inaugurada como “Carretera del Este” hasta que es finalizada como avenida Francisco de Miranda en 1954 y durante toda la década de los 50, el eje vial empezó a generar una importante atracción para la inversión inmoiliaria traducida en la construcción de edificaciones de valor que posteriormente pasarían a ser emblemáticas, algunas de ellas, lamentablemente, ya demolidas. Así, desplazándonos de Chacaíto hacia el este se pueden mencionar, entre otros, los edificios: Royal Palace (1953); Sokoa (Isidro Monzón, 1947); Toki Eder (Miguel Salvador Cordón, 1940); Easo (Gustavo Guinand Van der Walle, 1951); Canaima (Narciso Bárcenas,1955); Galipán (Gustavo Guinand Van der Walle,1952); Seguros Venezuela (1957); Roraima (Natalio Yunis, 1957); Cine Lido (Gustavo Guinand Van der Walle,1946); Los Llanos (Jan Gorecki, 1956); Cine Castellana (Gustavo Wallis,1952); Estación de Servicio La Castellana (1959); Plaza Altamira (Martín Hermanos,1945); Humboldt (Francesco Saverio Puglia del Vecchio y Felix Brando,1955); Embajada de los EEUU (Don Hatch,1958); Socony-Mobil (Don Hatch, 1959) y Guarimba (1959), debiéndose reconocer que más allá de la intersección con la avenida principal de La Carlota  hasta Petare es poco lo que se puede mencionar para la fecha, quizás debido al uso industrial que prevalecía en la zona, a excepción de la nueva sede de la Cigarrera Bigott (1957) y el Hospital Pérez de León (1938),  

9. Izquierda: Torre La Primera Celina Bentata, 1973). Derecha: Torre Europa (Carlos Gómez de Llarena, Manuel Fuentes y Moises Benacerraf, 1975)
10. Unicentro El Marqués (Antonio Pinzani, 1973)

Luego, paulatinamente, la avenida se irá completando de manera desigual sin contar con una clara idea del perfil urbano que debería tener una arteria de tal importancia, mostrando siempre un comportamiento muy distinto entre el tramo Chacaíto-Parque del Este y La Carlota-Petare, acentuado cuando el Distrito Sucre se divide en 1989, correspondiéndole el primero al municipio Chacao y el segundo al municipio Sucre. Durante el intervalo se abre el Parque del Este (Roberto Burle-Marx, Fernando Tábora y John Stoddart junto a Carlos Guinand Sandoz, 1961) y se construirán, entre otros: el Centro Comercial Chacaíto (Antonio Pinzani, 1968); la Torre Europa (Carlos Gómez de Llarena, Manuel Fuentes y Moises Benacerraf, 1975); la Torre La Primera Celina Bentata, 1973); el Centro Lido (Celina Bentata, 1988); el edificio Mene Grande (Rafael José Larraín Basalo, 1966); el edificio Banco del Orinoco (Gustavo Legórburu, 1984); el Centro Comercial Canaima (Coto y Loperena Arquitectos, 1964); el Parque de Cristal (Jimmy Alcock, 1977); la Torre Empresarial Parque del Este (Bernardo Borges, Francisco Pimentel y Jacobo Koifman, 1978); el Centro Comercial Los Ruices (1963); el Unicentro El Marqués (Antonio Pinzani, 1973); y el Conjunto Residencial La California (Carlos Guinand Baldó y Moisés Benacerraf, 1965).

11. Parte del “distrito petrolero”, que se desarrollaría entre La Floresta y Los Palos Grandes con los edificios «Sucre» y la antigua sede de la embajada de los EE.UU a la derecha, ambos del arquitecto Don Hatch
12. Vista aérea hacia el sur de las zonas de La Castellana y Altamira que forman parte de lo que se conoce como «la milla de oro», de la cual la avenida Francisco de Miranda es su eje principal

Tomada en cuenta también en los años 50 como epicentro en la conformación de lo que Henry Vicente llama un “distrito petrolero”, que se desarrollaría entre La Floresta y Los Palos Grandes, y considerada como principal conexión del Parque del Este con el resto de la ciudad, la avenida Francisco de Miranda recibe, con su incorporación desde 1988 al trazado de la línea 1 del Metro de Caracas cuando se inaugura el tramo Chacaíto-Los Dos Caminos y posteriormente en 1989 Los Dos Caminos-Palo Verde, un importantísimo impulso que le permitió a mediados de la década de 1990 ser considerada el eje central de los que se dio en denominar como la “Milla de Oro”, distrito financiero que sustituiría la pujante actividad comercial y de oficinas que otrora asumieran el centro de la ciudad y más adelante el eje Plaza Venezuela-Sabana Grande-Chacaíto. Dicha “Milla” abarcaría el tramo que va entre Chacaíto y el Parque del Este, centrándose su impacto en el municipio Chacao y ampliando su influencia hacia el municipio Baruta, incluyendo El Rosal, Las Mercedes y Chuao para lo cual contribuiría enormemente la prolongación de la línea 4 del Metro. Su fortaleza, traducida en rentabilidad y respaldada por buenos índices de seguridad que se apreciaban en los dos municipios que abarca, hizo de la “Milla de Oro” la zona de Caracas que más recibió demandas para la construcción de nuevos edificios destinados a oficinas y centros empresariales hasta el punto de atraer la atención de algunas dependencias gubernamentales y empresas estadales que ubicaron allí sus sedes. También fue objeto de un cuidadoso trabajo de renovación que atendió de manera significativa sus aceras y mobiliario urbano e hizo soñar en la posibilidad de considerar al peatón como protagonista por sobre el caos vehicular que la había ido amenazando peligrosamente.

A modo de contracara, la avenida Francisco de Miranda presenta, una vez pasado el solitario trecho flanqueado por el Parque del Este y el Parque Miranda, al adentrarse en el municipio Sucre, un cambio drástico de su fisonomía mostrando una creciente degradación en la medida que se aproxima a Petare, que requeriría de una particular atención y la convierte potencialmente en un reto a nivel de planificación y diseño urbanos.

El auge y proyección de la avenida Francisco de Miranda como arteria vital para el surgimiento de un nuevo centro de ciudad, se ha visto afectado y paralizado por la enorme crisis económica que atraviesa el país, lo cual ha afectado enormemente la confianza de los inversores y la calidad de vida de los empleados que allí laboran y que constituyen su fuerza vital, quedando como tantas otras cosas a la espera de la llegada de tiempos mejores en los que su indudable potencialidad podría ser rescatada.

ACA

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Todas. Colecciones Crono Arquitectura Venezuela y Fundación Arquitectura y Ciudad

¿SABÍA USTED…

… que en febrero de 2015 se declara el ganador del Concurso Público para el Proyecto Subsede de Guayana del Banco Central de Venezuela (BCV), Puerto Ordaz?

1. Perspectiva de la propuesta ganadora del Concurso para la Subsede Guayana del Banco Central de Venezuela (BCV) en Puerto Ordaz. Consorcio VAV-PMA representado por el Arq. Domingo Acosta e integrado, además por los arquitectos Miguel Acosta y Efraín Vivas y los ingenieros Alfredo Calzadilla y Ottavio Ulisse.

El certamen, programado y coordinado por la arquitecto Aurora Zapata e impulsado con entusiasmo por el economista José Khan (miembro de la directorio del BCV), cuyo jurado fue presidido por el arquitecto Américo Faillace, representante a su vez del Colegio de Ingenieros de Venezuela (CIV), se realizó en dos etapas. La primera que consistió, una vez publicado el 25 de mayo de 2014 el aviso de prensa que convocaba al “Concurso público para la selección de empresas, firmas consultoras o personas naturales para la elaboración del proyecto de la Subsede Guayana del Banco Central de Venezuela”, en la recepción hasta el 27 de junio a las 3:30 p.m. de los recaudos exigidos para la preselección, fase para la que se presentaron hasta cuarenta y cuatro (44) aspirantes; y la segunda que, una vez preseleccionados diecisiete (17) de ellos, se tradujo en la revisión final de los “Aspectos Profesionales y Propuesta Preliminar de Conjunto”, según los requisitos establecidos en las bases del Concurso entregados por sólo ocho (8) de los preclasificados, que dio como resultado la selección de un grupo ganador y otros tres a los que se les otorgó mención honorífica.

Fue distinguido como vencedor, haciéndose merecedor de la contratación para el desarrollo del proyecto completo, el Consorcio VAV-PMA representado por el Arq. Domingo Acosta e integrado, además por los arquitectos Miguel Acosta y Efraín Vivas y los ingenieros Alfredo Calzadilla y Ottavio Ulisse.

2. Perspectiva de la propuesta que obtuvo la primera Mención Honorífica del Concurso para la Subsede Guayana del Banco Central de Venezuela (BCV) en Puerto Ordaz. ADJKM Arquitectos C.A./ Montemayor Arquitectos C.A./VEPICA.
3. Perspectiva de la propuesta que obtuvo la segunda Mención Honorífica del Concurso para la Subsede Guayana del Banco Central de Venezuela (BCV) en Puerto Ordaz. MA+ Micucci arquitectos asociados, BOCA y AM Estudio de Arquitectura.
4. Láminas de entrega de la propuesta que obtuvo la tercera Mención Honorífica del Concurso público para la selección de empresas, firmas consultoras o personas naturales para la elaboración del proyecto de la Subsede Guayana del Banco Central de Venezuela. Ing. Esteban Tenreiro.

La primera Mención Honorífica, correspondió al equipo de profesionales ADJKM Arquitectos C.A./ Montemayor Arquitectos C.A./VEPICA. La segunda le fue conferida a MA+ Micucci arquitectos asociados, BOCA y AM Estudio de Arquitectura; y la tercera al grupo representado por el Ing. Esteban Tenreiro.

Del detallado informe elaborado por Faillace, se hizo del conocimiento general lo siguiente, indicado destacadamente en el Veredicto:

“Como es sabido, los concursos públicos o privados para la ejecución de proyectos de complejidad, por sus resultados comprometidos con el urbanismo, la arquitectura, la ingeniería y todas aquellas disciplinas que inciden, en especial, las que promueven el uso de nuevas fuentes de energía, deben generar instalaciones diversas que contribuyan al autosostenimiento y economía en todos los frentes. (…) Cada una de las respuestas formuladas responden a alta calificación para el desarrollo de planes de cualquier naturaleza, en producción de ideas avanzadas en el campo del proyecto y construcción, por tanto, se ha obtenido una muestra significativa de la tradicional altísima formación, capacidad y experiencia profesional para la atención de programas, proyectos, construcción y mantenimiento de obras a nivel nacional. (…) Por tanto, se hace necesario aprovechar esta nueva oportunidad, promovida por el BCV, para continuar, con énfasis, promocionando y resaltando esta valiosa capacidad instalada profesional, en Venezuela”.

5. Dibujos provenientes de la entrega de la propuesta ganadora del Concurso para la Subsede Guayana del Banco Central de Venezuela (BCV) en Puerto Ordaz.

Ampliamente presentado por la revista Entre Rayas en su portal web el 9 de marzo de 2015 como “un tepuy en lo alto de Ciudad Guayana”, frase con la que se identificó en la segunda etapa del concurso, el proyecto ganador se muestra como “símbolo de carácter público en el perfil urbano. Visible desde la distancia, la imagen se convertirá en referencia del imaginario colectivo de la ciudad. Su falda vegetal desciende hacia el Norte para formar el ‘Bosque de los Vientos’. Al Oeste, una curiara complementa la referencia de todo el conjunto a la dimensión geográfica, cultural e histórica de la región guayanesa. El tepuy, el ‘Bosque de los Vientos’, la curiara y el basamento del tepuy conforman así los cuatro elementos fundamentales de esta propuesta.”

A la imagen simbólica se suman criterios relacionados a la integración al contexto urbano y al paisaje circundante mediante un generoso espacio público abierto que propicia, junto a una plaza cubierta y otras actividades, la conectividad urbana y potencia su ya asomada integración al paisaje.

6. Propuesta ganadora del Concurso para la Subsede Guayana del Banco Central de Venezuela (BCV) en Puerto Ordaz. Criterios de diseño bioclimático y ahorro energético

Pero si algo cobra real importancia en el planteamiento presentado por el grupo ganador son los criterios de diseño bioclimático y ahorro energético, los cuales estuvieron acompañados de la serie de gráficos e ilustraciones que por su atractivo y claridad enriquecieron la presentación entregada. A ello se adiciona el uso de una tecnología de la construcción que, basada en el acero, se presenta flexible y de rápido montaje dada su condición de construcción seca conformada por componentes modulares, en la que se tomó muy en cuenta la sismorresistencia como factor que disminuye la vulnerabilidad. A todo lo anterior habría que agregar como variable tecnológica el diseño de un “campo eólico de 42 aerogeneradores de eje vertical.”

7. Propuesta ganadora del Concurso para la Subsede Guayana del Banco Central de Venezuela (BCV) en Puerto Ordaz. Diagrama explicativo de los elementos que forman el conjunto

En resumen, los elementos del conjunto que con precisión describen el proyecto son:

  1. Tepuy: Torre de Oficinas BCV.
  2. Curiara: Espacios Públicos Internos de contacto con la comunidad.
  3. Basamento – Volumen Bajo: Actividades académicas, de investigación y certificación.
  4. “Bosque de los Vientos”: Espacios Públicos Abiertos.

Una vez concluido el proyecto, para noviembre del año 2015 se llama a un concurso abierto para la realización de las “Obras provisionales, movimiento de tierras y muros anclados del Proyecto Subsede Guayana del Banco Central de Venezuela, en lote del terreno identificado como UD-250, ubicado en la ciudad de Puerto Ordaz, estado Bolívar”, consistente en un “Acto único de recepción y apertura de sobres contentivos de manifestaciones de voluntad de participar, documentos de calificación y ofertas”, llamado que se repite entre enero y febrero de 2016 cuyo desenlace, en principio, permitió el inicio de las obras.

8. Estado de la construcción de la propuesta ganadora del Concurso para la Subsede Guayana del Banco Central de Venezuela (BCV) en Puerto Ordaz, febrero 2020

El 19 de febrero de este año 2020, TalCual publicaSede del BCV en Puerto Ordaz: otra muestra de la desenfrenada corrupción”, nota periodística que se encuentra acompañada de imágenes que dan cuenta del avance de una construcción que no ha alcanzado ni siquiera aquello que se licitó hace ya cuatro años y menos del 10% del total de una obra que se ofreció culminar en 2018: “… la construcción corrió con la misma suerte del III Puente sobre el río Orinoco y de la represa Tocoma: abandono total”, señalará el periódico.

Deseamos que en algún momento este sombrío panorama que acompaña tanto al país en general como a la Subsede de Guayana del Banco Central de Venezuela en Puerto Ordaz y otros tantos emprendimientos de envergadura que nos ha tocado reseñar desde aquí, se revierta “para continuar -tal y como señaló Faillace-, con énfasis, promocionando y resaltando esta valiosa capacidad instalada profesional, en Venezuela”.

Nota

El Proyecto ganador del Concurso para la Subsede Guayana del Banco Central de Venezuela (BCV) en Puerto Ordaz (“Un tepuy en lo alto de Ciudad Guayana”), del Consorcio VAV-PMA representado por el arquitecto Domingo Acosta, obtuvo en la XIII Bienal Nacional de Arquitectura de 2019 el Premio en la Categoría Proyectos en Ejecución y, además, recibió Mención Honorífica en el Gran Premio XIII Bienal.

ACA

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1, 5, 6 y 7. https://entrerayas.com/2015/03/un-tepuy-en-lo-alto-de-ciudad-guayana-2/

2. https://www.plataformaarquitectura.cl/cl/763118/adjkm-plus-montemayor-arquitectos-plus-vepica-segundo-lugar-por-nueva-subsede-del-banco-central-de-venezuela

3. https://www.plataformaarquitectura.cl/cl/763645/ciudadela-el-dorado-propuesta-ganadora-del-tercer-lugar-por-nueva-subsede-del-banco-central-de-venezuela

4. https://www.skyscrapercity.com/threads/puerto-ordaz-estado-bol%C3%ADvar-subsede-banco-central-de-venezuela-pro.1800551/

8. https://talcualdigital.com/la-inconclusa-sede-del-bcv-en-puerto-ordaz-otra-muestra-de-la-desenfrenada-corrupcion/