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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 179

Técnica Constructora C.A. es quizás una de las empresas que dentro de esta rama industrial ha dejado una huella indeleble en la historia del país y su incansable camino hacia el desarrollo.

Producto de la iniciativa de una serie de hombres de empresa venezolanos, interesados en diversificar sus inversiones en lo que ya se vislumbraba como un atractivo negocio, que suman esfuerzos para su creación a inicios del año 1947, serán los ingenieros Alfredo Rodríguez Delfino y Enrique Pardo Morales los primeros encargados en dirigirla. A ellos se sumarán más adelante, cuando a partir de 1949 el crecimiento de la compañía empieza a ser sostenido, primero el ingeniero Luis Pietri Lavié y meses más tarde los ingenieros Raúl Hernández Silva y Oswaldo J. Blanch.

Como toda empresa de este ramo, Técnica Constructora C.A. da sus primeros pasos con la ejecución de viviendas particulares que comenzaban a poblar el este de la ciudad, acometiendo a partir de 1949 la realización de edificaciones de varias plantas entre las que destacan los edificios Araure, Camurí, El Municipal (1951, Vegas & Galia) y Galipán (1952, Gustavo Guinand Van der Walle) o hitos excepcionales como el Obelisco de Barquisimeto (1952, Gutiérrez & Otero).

Tal vez animados por el importante empuje que le dio a la industria de la construcción nacional la realización de la Reurbanización de El Silencio entre 1942 y 1945 con participación de varias empresas privadas, cuestión que abriría el camino hacia el establecimiento de un sistema de licitaciones en las obras públicas y daría pie a la fundación en 1943 de la Cámara Venezolana de la Construcción (CVC), y, definitivamente, en el marco de lo que significó la gestión de Gerardo Sansón al frente del Ministerio de Obras Públicas desde noviembre de 1948 (justo después de la caída de Rómulo Gallegos) hasta octubre de 1952, Técnica Constructora C.A. entra claramente, dado su perfil para aquel momento, dentro de las empresas que se favorecieron por la política que Sansón desde ese despacho fomentó.

Ello se recoge con toda claridad en la entrevista que Juan José Martín Frechilla  le realizara en 1990 incorporada en Diálogos reconstruidos para una historia de la Caracas moderna (2004) donde Sansón, ante la pregunta acerca del problema que surge entre ser Ministro y participar en el otorgamiento de contratos y lo engorroso en que se había convertido la realización de licitaciones durante el trienio adeco revela: “… yo vi el problema del Ministerio de Obras Públicas así: faltaban constructores, no había manera de construir el país sin que hubiese compañías serias, compañías solventes económicamente que respondieran al trabajo. Entonces se me ocurrió llamar a todas las compañías que había, que existían, pues, unas veinte. Las llamé y las senté en una mesa a todas ellas, muchas compañías pequeñas, otras grandes, pero ninguna con gran profesionalidad, tal vez la más profesional era la VICA… Entonces les dije: Aquí señores hay lo siguiente, esto es lo que se va a hacer, esto es … lo que puede hacer el Ministerio como plan de obras públicas; vamos a ver como lo hacemos con ustedes, que son los que lo pueden hacer. Entonces distribuimos: usted qué quiere; yo quiero tal cosa; usted no lo puede hacer porque no tiene los equipos necesarios y así llegamos a una concertación de contratos, con todos sin excepción.”

Aunque no nos consta que Técnica Constructora haya participado en la reunión convocada por Sansón no nos extrañaría para nada que allí hubiese estado dadas las características del momento y de empresa naciente que para entonces tenía, más allá de estar dedicada a la construcción privada. También dada la política de continuidad entre la gestión de la obra pública que privó durante aquellos años (cargada de discrecionalidad, hay que decirlo) no hay otra forma de entender el vertiginoso crecimiento de una empresa que a todas luces cumplía y lo hacía con una altísima calidad, abriéndose paso junto a otras tan importantes como la ya mencionada VICA (Venezolana de Inversiones C.A.), Precomprimido (Otaola & Benedetti), Brillembourg Villegas Asociados C.A., Oficina Técnica Gutiérrez & Co o Ardila-Hulett C.A.

Como dato de interés, tal vez valga la pena señalar que en 1952 Técnica Constructora C.A. tenía sus oficinas en la Calle Real de Sabana Grande con la 2da Avenida de Las Delicias, edificio Camurí, mudándose luego al edificio Araure, también en la Calle Real de Sabana Grande en este caso con calle Villaflor hasta que en 1954 se terminan ubicando en la Torre Polar, Plaza Venezuela, proyecto de Vegas & Galia, construida junto al Teatro del Este por la empresa.

Diversas obras realizadas por Técnica Constructora C.A. Arriba izquierda: Edificio El Municipal. Arriba derecha: Torre Polar. Centro izquierda: Represa del Guárico. Centro derecha: Estación Agua Salud del Metro de Caracas. Abajo izquierda: Estación Caño Amarillo del Metro de Caracas. Abajo derecha: Gimnasio Cubierto de la Ciudad Universitaria de Caracas.

A partir de 1953, cuando  empezó a hacerse más frecuente la convocatoria a licitaciones públicas (que sin embargo siempre pasaban para su decisión final por el Presidente de la República y posteriormente derivó en un escandaloso negociado), se había disparado el crecimiento vertiginoso de la capital de la república enfatizándose en su modernización y se acentúa el auge de la construcción en el área metropolitana, se detecta la mayor actividad de Técnica Constructora registrándose entre sus realizaciones más destacadas los edificios norte del Centro Simón Bolívar, Banco Mercantil y Agrícola, Gran Avenida, Sudameris, First National City Bank, Laguna Beach Club, Club Camurí Grande, Concha Acústica de Bello Monte (realizada junto a TEC, S.A. y Gil Rangel Baquero, S.A.), Estaciones Maripérez y El Cojo del Teleférico, Estadio Olímpico y Gimnasio Cubierto de la Ciudad Universitaria de Caracas, edificios D, L, M y túneles bajo las pistas del Hipódromo de La Rinconada, 6 Bloques del 23 de enero, Lomas de Urdaneta, y, como ya adelantamos, el Teatro del Este y la Torre Polar cuya foto utiliza para promocionarse en la revista CIV del Colegio de Ingenieros nº 217 de 1954, la cual engalana nuestra postal del día de hoy.

Para nada es menos importante la participación de Técnica Constructora en obras de infraestructura de gran envergadura en el interior del país que acometió muchas veces asociada con otras grandes empresas. Tal es el caso del Hospital General de El Tigre y del Domingo Luciani de El Llanito, la represa del Guárico, de las plantas de tratamiento de agua de Ciudad Bolívar, Valencia, Barquisimeto, Coro y Maracaibo, el Acueducto Submarino para las Islas de Margarita y Coche, el Acueducto de Porlamar, el túnel Los Ocumitos nº 1 y el pilotaje del viaducto La Cabrera de la Autopista Regional del Centro. También participó como única empresa venezolana junto al resto de las extranjeras (norteamericanas para más señas) en la construcción de la primera etapa de la represa del Guri (1963), en la licitación del Puente sobre el Lago de Maracaibo y construyó las estaciones de Gato Negro, Agua Salud y Caño Amarillo de la Línea 1 del Metro de Caracas.

La Empresa en 40 años de vida (1948-1988) realizó más de 1.100 obras y por tal motivo editó una publicación que además resalta su papel dentro de la profesionalización de la ingeniería del país colaborando con la formación de nuevos cuadros dado que numerosos estudiantes dieron en ella sus primeros pasos y, a medida que se fueron graduando, muchos de ellos fueron asimilados aumentando así su capacidad técnica y profesional. La búsqueda que hemos emprendido para conocer si Técnica Constructora C.A. aún se mantiene activa ha sido infructuosa, por lo que presumimos que debe haber cerrado a no ser que lleve otro nombre desconocido para nosotros acuñado por sus posibles herederos. Ahí quedan sin embargo como mínimo ese millar de obras ejecutadas en un lapso de 40 años para testimoniar que se trató de “un coloso de la construcción en Venezuela”.

ACA

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Todas. Colección Crono Arquitectura Venezuela

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 178

En el año 1920, del 1 al 7 de marzo, se realizó en Montevideo, Uruguay, el primer Congreso Panamericano de Arquitectos (CPA) dando pie a que se pueda hablar de uno de los eventos de este tipo más longevos que existen, habida cuenta que, por ejemplo, los célebres Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (CIAM) se fundaron en 1928 perdurando hasta 1959.

Proyectado inicialmente para realizarse en 1916 y postergado hasta 1919, momento en el que el gobierno uruguayo asume el auspicio y expide las correspondientes invitaciones a los demás estados americanos, al encuentro inaugural (celebrado finalmente un año después) asistieron, además del país anfitrión, representantes de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Estados Unidos y Paraguay.

Así, en Montevideo se le dio por primera vez forma a la estructura general de estos eventos teniéndose como ambicioso temario: el embellecimiento de la ciudad típica americana; el alojamiento rural; la enseñanza de arquitectura en escuelas dedicadas a su estudio; la creación de centros de arte panamericanos para la instrucción de arquitectos en todas las fases de su profesión; materiales de fabricación apropiados para los respectivos países americanos; la regulación de la profesión; el modo de fomentar la cultura artística y la comprensión de la arquitectura; y la responsabilidad profesional.

También durante la pionera cita uruguaya se constituyó el Comité Permanente de los Congresos Panamericanos, siendo en 1950, durante el número VII celebrado en La Habana, donde se aprobó la creación de la Federación Panamericana de Asociaciones de Arquitectos (FPAA), con el cometido de “reunir formalmente a los arquitectos de todos los países americanos sin distinciones raciales, religiosas o políticas”. Desde entonces corresponde a la FPAA, quien cuenta con sede propia justamente en Montevideo (donde funciona la Secretaría General), logo que la identifica y una clara estructura organizativa, convocar y montar, en concordancia con el país que los acoja, los eventos que con periodicidad fluctuante se han podido realizar hasta la fecha.

1. Recopilación de posters de los diferentes Congresos Panamericanos de Arquitectos realizados desde 1920 (Montevideo)
2. Posters de los Congresos Panamericanos de Arquitectos números XXIV y XXVI realizados en Brasil (2012) y Perú (2020) respectivamente

En tal sentido, quizás valga la pena refrescar que al de 1920 siguieron los Congresos de 1923 (Santiago de Chile, donde participa por primera vez Venezuela), 1927 (Buenos Aires), 1930 (Río de Janeiro), 1940 (Montevideo), 1947 (Lima, primero realizado fuera del Cono Sur), 1950 (La Habana), 1952 (Ciudad de México), 1955 (Caracas, en el que las ciudades universitarias como recintos de la modernidad asumen claro protagonismo -ver Contacto FAC nº 27 del 14-05-2017-), 1960 (Buenos Aires), 1965 (Washington, primera cita en territorio norteamericano), 1968 (Bogotá), 1970 (Puerto Rico, donde se reestructura la FPAA), 1972 (Sao Paulo/Asunción), 1975 (México), proponiéndose en 1980 Caracas como sede por segunda vez en esta ocasión para celebrar el encuentro número XVI. A continuación de Caracas le correspondió a Panamá (1984), La Habana (1988), Montevideo (1992), Brasilia (1996), México (2000), Isla de Guadalupe (2004), Copán, Honduras (2008), Brasil (2012) y Paraguay (2016). Al día de hoy, como se habrá visto, van 25 ediciones previéndose para el próximo año 2020 la celebración en Lima del Congreso XXVI con el cual se conmemorará el año centenario bajo el lema “Arquitectura y ciudad para el siglo XXI. De la historia hacia el futuro”.

Caracterizados por centrar el debate y la discusión sobre temas previamente seleccionados, que han buscado no descuidar aspectos tales como la formación del arquitecto y el rol que deben desempeñar las asociaciones gremiales y las universidades, los Congresos Panamericanos de Arquitectos han buscado poner sobre el tapete tópicos que en cierta forma sintonizasen con preocupaciones compartidas y a la vez acordes con la actualidad del momento en que les tocó realizarse. Si lo cultural y lo social vistos de forma amplia caracterizaron las primeras jornadas, impregnados luego por el debate ideológico de entreguerras, con el tiempo aparecieron asuntos asociados al cambio de escala, la renovación urbana y la planificación propios de los años 50 y 60, el compromiso social del arquitecto, el subdesarrollo, la dependencia y el medio ambiente tratados durante los años 70 y 80, la oportunidad de centrarse en temas específicos como la salud (La Habana, 1988), regresándose a aspectos esenciales como el redescubrimiento de la identidad cultural americana, mayormente discutida durante los años 90, el mestizaje, la cultura y la creación o la vinculación de la arquitectura con los derechos humanos y la sostenibilidad propios de lo que va de siglo.

3. Poster del XVI Congreso Panamericano de Arquitectos realizado en Caracas en abril de 1980

El XVI Congreso realizado en Caracas del 19 al 25 de abril de 1980, cuyo logo ilustra nuestra postal del día de hoy, se realizó en los espacios de Parque Central (donde previamente estuvo instalado el Comité Organizador presidido por el arquitecto Ernesto Fuenmayor) promovido por la FPAA, el Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV) con el acompañamiento de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA) y patrocinado por Sanitarios Maracay. El evento fue cubierto ampliamente por la revista CAV en sus números 45 (marzo 1980) y 46 (mayo-agosto 1980), los cuales son referencia obligada para conocer con lujo de detalles lo allí sucedido.

De acuerdo a lo que se recoge en el nº 148, año 1980, de ARQUITECTURA (revista de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay -SAU- https://www.sau.org.uy/arquitectura-248-1980/, la cual también cubrió el acontecimiento, “El Congreso fue abierto por el Presidente de la República de Venezuela Luis Herrera Campins, quien expuso conceptuosas ideas sobre el problema del Hábitat y la Ciudad Capital y cerrado por el Ministro de Desarrollo Urbano Ingeniero Orlando Orozco”.

Asistieron al evento, junto a la venezolana, delegaciones de Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Uruguay, Cuba, Jamaica, Puerto Rico, EE.UU., Canadá, Trinidad y Tobago, Honduras, Guatemala, El Salvador, Panamá, Paraguay, Rep. Dominicana y Costa Rica (22 países del total de 27 miembros de la FPAA), resultando ausentes México, Bahamas, Barbados, Nicaragua y Guyana. Estuvieron presentes como observadores un grupo de arquitectos españoles, registrándose un total de 1257 delegados del continente.

4. Conjunto de Parque Central, Caracas, sede del XVI Congreso Panamericano de Arquitectos. Derecha: Arquitectos Julián Ferris de Venezuela, Presidente saliente de la FPPA, y Casal Rocco, nuevo Presidente, durante la plenaria del del XVI Congreso Panamericano de Arquitectos.

Cabe señalar que para la fecha era el destacado arquitecto venezolano Julián Ferris quien desde 1975 presidía la FPAA y que justamente por decisión de la plenaria de este Congreso le daría paso a la designación del uruguayo Juan José Casal Rocco como nuevo presidente para el período 1979-1983, eligiéndose por unanimidad para la Secretaría General al también uruguayo Julio C. Zuppardi, lo cual dejaba en dicho país una importante responsabilidad internacional si se tiene en cuenta que para la fecha las secciones regionales ya aglutinaban a cerca de 80.000 profesionales de la arquitectura.

El evento y sus debates giraron en torno al tema “El hábitat y sus condicionantes”, el cual se sustentó en las ponencias centrales presentadas por tres de los cuatro órganos regionales (RAGA -Regional de Arquitectos del Grupo Andino-, CECA -Región Centro América y Caribe- y CONO SUR -Argentina, Brasil, Chile, Uruguay y Paraguay-), que dieron origen a la “DECLARACIÓN DE CARACAS. El hábitat y sus condiciones”. Venezuela aportó a las discusiones previas que originaron el documento presentado por la RAGA el trabajo «Caracas, su problemática urbana», preparado conjuntamente entre la Oficina Metropolitana de Planeamiento Urbano (OMPU) y el Instituto de Urbanismo (IU) de la FAU UCV. También es relevante señalar que la no participación de la Región Norte (Canadá, EE.UU. y México) presentando su correspondiente ponencia central, se vió influenciada por la decisión de la Federación de Colegios de Arquitectos de la República  Mexicana de retirarse de la FPAA el mes anterior a la realización del Congreso argumentando «la necesidad de una fuerte coordinación o fusión entre la III Región de la Unión Internacional de Arquitectos y la FPAA, a fin de lograr los objetivos comunes de los arquitectos de este continente».

5. Declaración de Caracas, documento final del del XVI Congreso Panamericano de Arquitectos

De dicha Declaración, digna de un estudio particular que podría abarcar diferentes planos, que puede consultarse en la revista CAV nº 46, podría decirse que estuvo conformada por una introducción en la que se exponía la idea central que le daba sentido al Congreso consistente en resaltar el impacto producido por el hombre en su hábitat y, en particular, en la ciudad, dando como resultado importantes alteraciones comprensibles tras una serie de rasgos que asemejan a la mayoría de los países latinoamericanos: dependencia, subdesarrollo, desigualdad, pobreza y centralismo. 

Bajo este marco se pasan a detallar las características de la estructura regional y urbana propias de nuestro países, para darle cabida de seguidas a una serie de consecuencias de tipo económico, social y físico, que a su vez permitirán formular un grupo de interrogantes que se pueden resumir en si existe la superficie necesaria en torno a las ciudades para soportar las demandas próximas, a qué costo, y si las estructuras urbanas actuales tienen capacidad de absorber el excedente de población a que están sometidas. En otras palabras, se preguntará (con plena vigencia al día de hoy) “¿Hasta cuándo el ser humano  la naturaleza misma soportarán el creciente y constante deterioro ambiental?” o “¿Qué tiempo soportarán las Ciudades en condiciones de deterioro y descomposición hasta su destrucción?”.

Teniendo a la participación de la comunidad y a LA TIERRA como puntales, los arquitectos centran su participación desde los gremios y las universidades con especial énfasis en la formación de arquitectos como frentes fundamentales a la hora de tomar conciencia y enfrentar la gravedad de los problemas señalados. 
Finalmente quedarán formuladas una serie de recomendaciones de “Política y planificación” y “Técnicas” que permitirán a los Arquitectos del continente demandar “que el sistema económico internacional cambie sustancialmente, y que los países desarrollados colaboren activamente con los países subdesarrollados, haciéndose eco de los llamamientos que en este sentido se han hecho en la Naciones Unidas”.

A modo de conclusión reproducimos lo señalado por los editores de ARQUITECTURA: “Podemos decir que los Poderes públicos, el Sector Privado y la comunidad venezolana en general, participaron con mucho interés en el esclarecimientos de los problemas que plantean las urbes metropolitanas. Esta ubicación dentro del problema, es tal vez, el aporte más valioso que nos ha dejado el Congreso junto con el compromiso de estudiar los graves problemas que afectan la calidad de vida del hombre americano, al punto de comprometer su propia supervivencia”.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. https://issuu.com/wilgomez1/docs/congresos-pan-arquitectos

2 izquierda. https://www.grupoconstruya.com/notas/Informes_Detalles?CCTN=3404&CINF=314

2 derecha. https://www.facebook.com/CAPcn/posts/-resultado-del-concurso-de-afiches-y-logotipo-del-xxvi-congreso-panamericano-de-/2659321250767608/

3. Colección Crono Arquitectura Venezuela

4. ARQUITECTURA (revista de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay -SAU- nº 148, año 1980, https://www.sau.org.uy/arquitectura-248-1980/

5. Revista CAV, nº 46 (mayo-agosto 1980

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 177

La aparición a comienzos de 1984 de la revista ARKETIPOS permitió abrir desde el sector privado venezolano una nueva ventana para asomarse al mundo de la arquitectura, la ingeniería, el urbanismo, la construcción, la industria y el arte. Como toda nueva empresa de esta naturaleza el nacimiento de la publicación estuvo impregnado de entusiasmo, ambición, compromiso, planes, importantes alianzas y la aspiración de consolidarse a lo largo del tiempo. También ofreció otra manera de auscultar el cómo puede y debe manejarse un proyecto editorial en este caso propulsado por la pareja de arquitectos Carlos Celis Cepero y Ana Teresa Caraballo-Gramcko de Celis.

ARKETIPOS que apela para su denominación a la palabra “arquetipo” (según el DRAE “Del lat. archety̆pum, y este del gr. ἀρχέτυπον archétypon… modelo original y primario en un arte u otra cosa” o “Representación que se considera modelo de cualquier manifestación de la realidad” y que de la mano de Carl Jung es entendido como “patrón e imagen arcaica universal que deriva de lo inconsciente colectivo y es la contraparte psíquica del instinto”), a la cual se le da el curioso giro de “Principios y tipos. Modelos originales, nociones abstractas de sistemas de partes similares considerados como tipos inmutables, a los cuales pueden referirse las formas de cada sistema, en todas las especies y en todas las edades de cada sistema”, tenía, como ya asomamos, alcances tan elevados como el significado mismo de su nombre muestra. Su índice (o ARKESUMARIO) revela la intención clara de cubrir tópicos que denotaban otras tantas áreas de interés a través de secciones fijas nombradas bajo una serie de neologismos como: ARKEDITORIAL, ARKEO: noticias, ARKEINDUSTRIAS, ARKEGUÍA, ARKEINSUMOS, ARQUITECTURA, ARKEOLOGÍA, ARTE Y ARKEHACER.

Con un precio de venta al público de Bs. 60, equivalentes entonces a 8$ (que ascendían a 10 si el envío era por correo), ARKETIPOS se identifica como “una revista bimestral, publicada bajo los auspicios de la Sociedad Bolivariana de Arquitectos, el Centro Venezolano para la Investigación y Construcción del Hábitat-Bouwcentrum de Venezuela, el Celbank que es un Banco de Documentación, Información y Exhibición de la Industria de la Construcción, la Fundación Celis Cepero para la integración cultural de los países bolivarianos y el Grupo C.A. TEKTO de Arquitectos, Ingenieros y Urbanistas”, lo cual da cuenta no sólo de su periodicidad sino sobre todo de la alta impronta que tuvo el grupo familiar de los fundadores y las empresas e instituciones a ellos asociados, bajo su tutela o su dirección.

Páginas 18 y 19 del nº 1 de la revista ARKETIPOS

Sin desmerecer la importancia de la iniciativa y para ampliar un poco lo señalado en cuanto a la manera cómo se pone en marcha el proyecto, quizás valga la pena resaltar que para la fecha en que aparece ARKETIPOS, Carlos Celis Cepero era Presidente de la Sociedad Bolivariana de Arquitectos (de cuya creación en 1963 fue fundamental promotor), el Bouwcentrum de Venezuela funcionaba en el Centro Profesional del Este, ofic. 104, sede a su vez del Grupo C.A. TEKTO de Arquitectos, Ingenieros y Urbanistas (oficina desde la que desde 1953 Celis y Ana Teresa Caraballo-Gramcko ejercen la profesión), Celbank C.A. tenía como asiento la Quinta Las Hormigas, Av. Mérida, Urb. Las Palmas (vivienda de habitación de los Celis) desde donde además se le daba impulso a la Fundación que lleva sus apellidos y se llevaban a cabo la mayor parte de los eventos sociales e institucionales que desde ella se generaban. Así, tampoco extraña el nombre de ARKEDITORES C.A. (también con sede en el Centro Profesional del Este, ofs. 104-105) para el ente que edita la revista y el que aparezcan como Directores el ing. Carlos Celis Caraballo-Gramcko y la arq. Laura María Celis Caraballo-Gramcko y en la Gerencia el ing. Pedro B. Celis Caraballo-Gramcko (todos hijos de los fundadores). El Director de Redacción era el periodista Oscar Armao Mendoza, la diagramación corrió a cargo de HERCEL C.A. y el tiraje del primer número fue de 3.000 ejemplares.

Nace ARKETIPOS a un año de haberse producido en Venezuela la mayor devaluación de la moneda en lo que iba de democracia conocida como “el viernes negro” (18 de febrero de 1983).

También se encontraban muy recientes las elecciones que en diciembre de aquel año dieron como ganador a Jaime Lusinchi, quien asume la Presidencia de la República en febrero de 1984, lo cual produjo, al menos entre los impulsores de la publicación (plenamente identificados con el nuevo gobierno), una importante toma de conciencia sobre el difícil momento que el país atravesaba, esperanzados en que el “pacto social” ofrecido por Lusinchi sirviera para hacer los correctivos necesarios.

“Confianza + Desarrollo = Futuro. Cuando se reconstruye la confianza y se estructura el desarrollo”, titulo del editorial del nº 1, se convierte en toda una declaración de principios donde se fija posición ante la coyuntura nacional y el rol que en ella puede ejercer tanto el grupo editor como la propia revista. En el elocuente texto se expresa (entre muchos otros puntos) “que están dadas las condiciones para el Desarrollo integral de nuestro País y que sus habitantes están ansiosos de que se fijen metas y propósitos para contribuir a ello”; se considera “que la Confianza es una actitud colectiva producto de la SEGURIDAD ECONÓMICA Y SOCIAL, JURÍDICA Y POLÍTICA de la colectividad y que ella demás, está en función directa de la ACCIÓN DE GOBIERNO”; se confía “en que el Estado Venezolano orientará sus acciones por la senda del progreso, dándole el impulso necesario especialmente a las industrias de la Construcción y el Turismo”, y que “las iniciativas privadas y del gobierno que contribuyan a la reactivación económica del país, tendrán en ARKETIPOS un vehículo de difusión dispuesto a apoyarlas para el logro de un clima real de confianza”; y se espera “convocar próximamente a un grupo de Arquitectos, Constructores, Pensadores y Filósofos a nuestra sección ARKEFUTURO, A FIN DE TRATAR TEMAS SOBRE EL SIGLO XXI y su relación con las innovaciones necesarias en las áreas del Espacio-Tiempo-Hábitat y su mundo tecnológico, científico y artístico.”

Dado el carácter de la publicación, quien quiera enterarse de las iniciativas emprendidas por su grupo promotor, de las relaciones institucionales que se van cultivando y sobre la actividad proyectual de Carlos Celis Cepero a través del Grupo C.A. TEKTO, tiene en ARKETIPOS y los cuatro números que alcanzaron a imprimirse una muy buena fuente documental.

Así, el nº 1 (objeto hoy de nuestra atención y cuya portada ilustra la postal), da cuenta en la sección ARKEINDUSTRIAS del papel jugado por Vencerámica dentro de la industria de la construcción nacional. En ARKEINSUMOS se dedica un artículo a “La madera” y se informa del desarrollo del 7º Salón Internacional de Materiales de Construcción, Sistemas de Construcción y Restauración de Edificios llevado a cabo en Munich del 18 al 24 de enero de 1984, acompañado como ARKEGUÍA de una interesante reseña sobre la ciudad alemana.

Visita de Kenzo Tange a Caracas realizada en 1980 recogida por los editores de la revista ARKETIPOS
Avisos publicitarios en los que los editores de la revista se promocionan

Si hay algo que la revista pone de manifiesto son las relaciones que desde la primera vez que visitara Venezuela en 1978, invitado por el Colegio de Arquitectos y la Sociedad Bolivariana de Arquitectos, se empiezan a dar entre Kenzo Tange y Celis Cepero, las cuales se refuerzan y dan pie a la segunda estadía del arquitecto japonés en nuestro país en 1980 “invitado por el Grupo C.A. TEKTO a unas sesiones extraordinarias de trabajo (que) comprendieron, entre otras actividades, la visita a las obras de Parque Central realizadas por el Centro Simón Bolívar y la exposición sobre el estudio Caracas 2.000 realizado por la (OMPU) Oficina Municipal de Planeamiento Urbano, en compañía de los directivos de estos institutos y del grupo TEKTO”. De allí que se despliegue ampliamente, a modo de reconocimiento y efecto demostrativo, el proyecto del Centro de Comunicaciones de Yamanashi, obra construida por Tange en la ciudad de Kofu entre 1961 y 1968. También como dato curioso aparece un aviso publicitario en las páginas finales de “Kenzo Tange & URTEC. Urbanists & Architects/ CELIS CELIS & CELIS. Arquitectos-Ingenieros Asociados C.A.” con direcciones en Tokio, París, Bogotá y Caracas, el cual viene ilustrado con una perspectiva exterior del Edificio Institucional INOS del Arq. Carlos Celis Cepero con la colaboración de Ana Teresa Caraballo-Gramcko de Celis.

Otra relación, surgida en este caso a la sombra de la Sociedad Bolivariana de Arquitectos, permite la aparición de un artículo en el segmento ARQUITECTURA dedicado a Rafael Leoz (1921-1976) y reseñar en ARKEHACER la creación en 1983 del Instituto Iberoamericano de Investigación Arquitectónica y Urbanística en la Universidad Nacional Experimental del Táchira (UNET), cátedra auspiciada por la Fundación Rafael Leoz, la Asociación de Investigación y Especialización sobre Temas Iberoamericanos y la Fundación Celis Cepero. También en ARKEHACER  se da cuenta de las últimas elecciones llevadas a cabo en la Sociedad Bolivariana de Arquitectos donde resultaría electo presidente Celis Cepero.

Izquierda: Carlos Celis Cepero. Iglesia Parroquial de Puerto Píritu. Fachada. Derecha: Propuesta elaborada por C.A. TEKTO para el «Nuevo Helicoide Caracas».

Pero el principal volumen en cuanto a extensión (16 páginas de la sección ARQUITECTURA) y por ende demostración definitiva del rasgo personalista que marca a la revista se le da a la Iglesia Parroquial de Puerto Píritu, proyectada y construida entre 1964 y 1977, obviamente, por Carlos Celis Cepero con la asesoría de Ana Teresa Caraballo-Gramcko de Celis fungiendo de arquitectos colaboradores Laura María y Claudia Elena Celis Caraballo-Gramcko. De hecho la fotografía de la portada de la revista proviene de esta obra de 738 m2, ubicada en la plaza principal de la población, en un terreno de 12.000 m2, construida en concreto armado vaciado en sitio y cuyas directrices generales (según sus autores) “obedecen a la disciplina de un trazado simétrico, donde los ejes de la función y de la forma organizan el espacio arquitectónico, armonizándolo de tal forma, que su liberación se produce a cada instante, dando origen al dinamismo del conjunto y a la vivencia aún mayor, de los elementos arquitectónicos, con la expresión sincera de su propia función y la plasticidad de su material específico”.

Otra proyecto reseñado en ARQUITECTURA, que puede llamar la atención a quienes le quieran seguir la pista a los múltiples planteamientos de que ha sido objeto, es la propuesta elaborada por C.A. TEKTO para el «Nuevo Helicoide Caracas». A él se suma la nota elaborada para la “Casa Los Chorros“ del arquitecto Alberto Chaves Santos. Ocupan la sección ARKEOLOGÍA la Capilla de San Clemente en Coro y la de ARTE se le dedica al pintor venezolano Omar Carreño.

Finalmente, el recorrido complementario que se puede realizar tanto de las noticias que se recogen en ARKEO como a través de las páginas publicitarias, permiten afirmar que ARKETIPOS ofrece sin dudas una visión del acontecer del momento y, ante todo, del sesgo que sus editores le imprimen a partir de las diversas actividades (políticas, empresariales, sociales, institucionales y profesionales) que los ocupan, donde el material fotográfico con sus leyendas y los textos elaborados para muchas de sus secciones ponen en evidencia el afán de figuración de Carlos Celis Cepero.

Testimonio de un momento, de un sector de la vida del país y de un grupo muy activo que no desaprovecha la más mínima ocasión para mostrarse y promocionarse, ARKETIPOS bien merece ser analizada y reconocida como un loable intento por difundir una particular visión de lo que deben ser las relaciones entre cultura y arquitectura dentro de un país en el que ya empezaba a hacerse crónico el concepto de “crisis”. Lamentablemente, al igual que otras iniciativas de este tipo en Venezuela, tuvo de una corta vida.

Nota

La información que aquí incluimos acerca de la relación entre Kenzo Tange y Carlos Celis Cepero amplía y complementa la aparecida en el texto “Visitas memorables” del Contacto FAC nº 136 (28-07-2019) dedicado a reseñar el paso por Venezuela del célebre arquitecto japonés.

ACA

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Todo el material gráfico que acompaña esta nota proviene de la revista reseñada.

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 176

La avenida General Rafael Urdaneta es una de las primeras operaciones de renovación urbana en Caracas, producto de los planes de modernización de la ciudad impulsados por el régimen del entonces coronel Marcos Pérez Jiménez bajo la doctrina del “Nuevo Ideal Nacional”.

Su trazado se ejecuta sobre el eje de la que anteriormente era conocida como la avenida Este-Oeste 1, la cual se ensancha con la intención de incorporar de forma determinante el automóvil al centro de la ciudad lo que supuso la sustitución de las viejas estructuras tradicionales por edificios que apuntaban a la verticalidad y, por añadidura, la alteración morfológica que la continuidad de las fachadas de aquellas expresaban como configuradoras del espacio urbano por el de la sucesión de objetos aislados que caracterizará a éstos últimos.

Nace la idea de este ensanche de la conjunción de diversos mecanismos normativos que desde las primeras décadas del siglo XX empezaron a mostrar interés por regular las intervenciones en el centro de Caracas, tanto en lo edificado como en lo vial, de las cuales vale la pena resaltar: la Ordenanza de Policía Urbana y rural de 1929, sustituida en 1942 por la Ordenanza General de Arquitectura, Urbanismo y Construcción (donde participó el urbanista francés Maurice Rotival trayendo algunas ideas procedentes del Plan Monumental elaborado en 1939); y el Plan Municipal de Vialidad de 1951, junto a su posterior desarrollo a través del Plano Regulador de Caracas. Ordenanzas y Plano de Zonificación de 1953 y su siguiente versión de 1958, sumándose un nuevo plan para la densificación del centro de la ciudad (1969), contando los tres últimos con la participación del urbanista californiano Francis Violich.

1. Vialidad proyectada y construida. Gobernación del Distrito Federal-Dirección de Obras Municipales. Plan Municipal de Vialidad. 1951
2. Tipos de vías. Plan de vialidad de Caracas. 1953

Así, no deja de ser interesante encontrar cómo durante el proceso de gestación de lo que sería la avenida Urdaneta, ya en la Ordenanza de 1942 se permitiera para el eje de la Este-Oeste 1 la construcción de edificios de hasta ocho pisos que debían contemplar la realización futura del ensanche, garantizando para él una sección acorde a los 26 metros que tendría. Tampoco es secundaria la consideración de dicho eje como uno de los de mayor importancia (uno de los 9 «imprescindibles») dentro del Plan de Vialidad de 1951 donde funge de conector con la ruta al Litoral Central, tal y como se revela en la entrevista hecha por Juan José Martín Frechilla a Pedro Pablo Azpúrua (Director de Obras Municipales e Ingeniero Municipal para la época) en Diálogos reconstruidos para una historia de la Caracas moderna (2004). En definitiva, junto a las avenidas Bolívar, Baralt, Fuerzas Armadas, Lecuna y México, la Urdaneta formó parte del sistema central propuesto por el Plano Regulador de Caracas de 1951.

3. Izquierda: Trabajos de demolición previos a la inauguración de la avenida Urdaneta. Derecha: Fotografía tomada el 29 de noviembre de 1953 durante el acto de inauguración de la avenida Urdaneta
4. Primera páginas del diario La Esfera recogiendo la noticia de la inauguración de la avenida Urdaneta
5. Diversas vistas de la avenida Urdaneta en fechas cercanas a su inauguración (1953)

Para conocer la manera cómo desde el régimen se entendió la apertura de la avenida Urdaneta, inaugurada el 29 de noviembre de 1953, y a la vez obtener una clara descripción de los trabajos realizados, nada mejor que transcribir lo que aparece en la publicación Venezuela bajo el Nuevo Ideal Nacional 1952-1954. Realizaciones durante el gobierno del Coronel Marcos Pérez Jiménez, editada por el Servicio Informativo Venezolano (1954): «La Avenida Urdaneta es una de las más importantes obras que el Gobierno Nacional ha llevado a cabo a través de la Gobernación del Distrito Federal. Une la Avenida Sucre, situada a la entrada del Litoral, con la Avenida Andrés Bello, en la cual se inician las urbanizaciones residenciales del Este atravesando el corazón de la ciudad.

La construcción de esta Avenida puso de manifiesto la perfecta coordinación de las entidades nacionales y municipales que intervinieron en el desarrollo de los trabajos, hasta el punto de que fue posible realizarla en solo 120 días, no obstante tener dos kilómetros de longitud y 26 metros de anchura y estar dotada de todas las instalaciones que exige la moderna técnica urbana. Para transformar las angostas callejuelas que antes existían en esta gran arteria fue necesario llevar a acabo más de 250 demoliciones, realizar difíciles trabajos de nivelación, instalar tuberías paralelas para cloacas, acueducto, luz, teléfonos, semáforos, etc. La Avenida tiene 70 bocas de visita, 14 sótanos de transformación y 290 banquillos. 
La Avenida Urdaneta es sin duda alguna la obra más rápidamente construida en los últimos años y también una de las que más ha contribuido a transformar la fisonomía de la capital Venezolana”.

6. Arriba: Edificio del Ministerio de Fomento (Carlos Guinand Sandoz, 1934-35). Abajo izquierda: En primer plano, la segunda sede del Banco Central de Venezuela -demolida- (Gustavo Wallis, 1943). Derecha: Tramo de la acera norte de la avenida Urdaneta. A mitad de cuadra el Edificio Phelps (Clifford Wendehack, 1946)
7. Edificio de la Academia de Bellas Artes (Alejandro Chataing, 1903)

Una vez concluida la avenida Urdaneta, los habitantes de la capital descubrieron nuevas perspectivas urbanas, algunas de ellas que revitalizaron edificios existentes, tales como el Correo de Carmelitas, edificación colonial cuya construcción se remontaba a 1781 y que había sido remodelada a fondo en 1932. Otro fue el hermoso edificio del Ministerio de Fomento (1934-1935), obra de Carlos Guinand Sandoz, el cual enaltece con sus fachadas la avenida y la esquina de Carmelitas. También cobraron un nuevo brillo los edificios Phelps (1946, Clifford Wendehack), Karam (1949, Arthur Guy Mayger), Pan American (1952, Emery Roth & Sons), la segunda sede del Banco Central de Venezuela (1943, Gustavo Wallis), la Santa Capilla (1883, Juan Hurtado Manrique), la Academia de Bellas Artes (1903, Alejandro Chataing) y, siendo el asiento del Poder Ejecutivo, el Palacio de Miraflores (1884, Giussepe Orsi).

Lamentablemente, entre las casas que fueron demolidas con el trazado de esta avenida estaban dos de inmenso valor patrimonial para nuestra historia: la Casa de Don Juan de Vegas y Bertodano, Contador de la Real Hacienda, la cual había sido construida en 1783 donde funcionó el célebre Colegio Chaves desde 1842; y la Casa de Don Felipe de Llaguno, comerciante en cacao y añil, construida en 1785, la cual fue sede del Museo de Arte Colonial desde 1942 hasta su demolición.

8. Izquierda: patio interior de la casa de Don Juan de Vegas (1783) donde funcionaba el Colegio Chaves desde 1842. Derecha: Fachada de las casas de Don Juan de Vegas (1783) y de Don Felipe de Llaguno (1785)
9. Propuesta del arquitecto Leopoldo Martínez Olavarría presentada por el Ministerio de Obras Públicas para salvar las casas de Don Juan de Vegas (Colegio Chaves) y de Don Felipe de Llaguno (Museo de Arte Colonial)
10. Situación en la que quedaron las casas ocupadas por el Colegio Chaves y el Museo de Arte Colonial luego de la ampliación de la avenida Urdaneta

Sin lugar a dudas, es el episodio correspondiente a la demolición de las dos casas mencionadas el que causó mayor revuelo y del que más se ha escrito vinculado a la construcción de la avenida Urdaneta. Consideradas, como señala Carlos F. Duarte en “El triste epílogo”, texto con que finaliza Las casas de Don Juan de Vegas y de Don Felipe de Llaguno. Dos edificaciones emblemáticas de la Caracas del siglo XVIII (2012), basado en la opinión de “destacados arquitectos e historiadores venezolanos y extranjeros”, como las dos piezas “de mayor calidad artística del período hispánico venezolano”, a sabiendas de que ya el Plan Municipal de 1946 anunciaba que las obras para ampliar la avenida Este-Oeste 1 afectarían los dos inmuebles, el proyecto vial se continuó desarrollando y con ello su inexorable sacrificio.

En la medida que se acercaba el momento de ejecutar la obra surgieron innumerables alegatos y solicitudes de voces calificadas, plasmadas en la prensa del momento, alertando sobre el despropósito que se cometería, lo cual provocó que el Ministerio de Obras Públicas presentara “una propuesta del arquitecto Leopoldo Martínez Olavarría, en septiembre de 1951, en la que se mostraba una alternativa para desviar la avenida y salvar así las dos casas”, la cual fue desestimada por el propio presidente de la Junta de Gobierno, Marcos Pérez Jiménez.

Sobre la reacción del dictador existen dos versiones: la proveniente del testimonio de Pedro Pablo Azpúrua, quien luego de explicar cómo tras elaborar un informe (avalado con la propuesta de Martínez Olavarría donde señala que también participaron él mismo, Cipriano Domínguez y Willy Ossott) en el que como Director de Obras Municipales se opone a la demolición de las dos casas en cuestión, toma la decisión (quizás errónea) de enviárselo a Pérez Jiménez obteniendo como respuesta la siguiente “ ‘Qué se ha creído Pedro Pablo, ¿qué él me va a dar órdenes a mí…, esta noche lo tumbo’, y lo tumbaron en la noche con el Servicio de Ingeniería Militar. Esa es la verdad, lo demás es cuento.”.

La otra versión, que para Azpúrua seguramente “es cuento”, la recoge Oscar Tenreiro en la “Conversación con el general (R) Marcos Pérez Jiménez, en su residencia de Madrid, el día 5 de febrero de 1995”, aparecida en la revista Ciudad de ese mismo año: “…déjeme decirle lo que ocurrió cuando nosotros decidimos demoler muchas casas en el centro para la construcción de la Ave. Urdaneta. A mí me lo criticaron muchas veces, pero yo, en estos casos, después de haber estudiado juiciosamente, con detenimiento, el problema, si no me daban unos argumentos superiores a los míos yo mantenía mi punto de vista. Resulta que en Caracas había una casa donde había funcionado el Colegio Chaves. Recuerdo que Gerardo Sansón, eso era en la época de la Junta Militar (1948) llevó el proyecto de la Avenida y dejaba al centro, como en una isla, al Colegio Chaves pasando una vía por un lado y la otra por el otro. Yo. después de estudiar la cuestión, le dije a mis compañeros de Junta, esto no es posible, porque hay dos razones para dejar una edificación: que tenga valor arquitectónico, número uno; o que tenga valor histórico, número dos. Si no hay esas dos cosas, no hay por qué interrumpir la rectitud de una Avenida por dejar algo atravesado que ni vale arquitectónicamente (sic) ni tiene credenciales históricas para su permanencia allí. Entonces le dije a Sansón, usted elimina esto…le di mis razones…porque ellos habían venido a la reunión con el propósito de salvar al Colegio Chaves. Y resulta que el Colegio Chaves había tenido reformas, de manera que no era ni siquiera la construcción original.”. Salvo algunas imprecisiones producto de que lo hace desde sus recuerdos, la respuesta de Pérez Jiménez habla por sí sola y no merece mayores comentarios sobre las atribuciones que se daba y la manera como razonaba.

Finalmente la demolición se llevó a cabo en mayo de 1953 sin honrarse siquiera los montos de las correspondientes expropiaciones y pese a una última señal de esperanza que surgió cuando a Willy Ossott se le encargó, a finales de 1952, el levantamiento detallado de las casas ofreciéndose reconstruirlas en otro lugar de la ciudad.

11. Izquierda: Avenida Urdaneta, Caracas. Tratamiento de piso de la acera frente al Banco Central de Venezuela. Derecha: Playa de Copacabana, Río de Janeiro. Tratamiento de piso.
12. Avenida Urdaneta. Izquierda: Edificio sede del diario El Universal (Bernardo Borges, Francisco Pimentel y George Wilkie, 1969). Derecha: Edificio sede del Banco Central de Venezuela (Tomás José Sanabria, 1960-67)

El hecho es que la avenida Urdaneta, cuyos elementos complementarios incluían entre otros un sistema de iluminación constituido por una doble fila de farolas de hierro colado de dos y cinco lámparas que colaboraban a dar, junto al comercio, la imagen nocturna y cosmopolita que recoge nuestra postal del día de hoy, amén de un tratamiento para las aceras con mosaicos vitrificados formado por motivos en blanco y negro que recordaban de forma lejana el de las amplias calzadas peatonales de la playa de Copacabana en Río de Janeiro, pasó a ser un vía de intenso tráfico y alta vitalidad urbana. Así mismo, la crónica oficial no tardó en hacer notar que en los lotes que quedaron libres con las demoliciones se fueron levantado nuevos edificios casi simultáneamente, afirmando que luego de seis meses de la fecha de la inauguración de la avenida, el 30% de los solares vacíos ya contaban con “edificaciones que hacen honor a la arquitectura venezolana¨.

13. Demolición de aceras en la avenida Urdaneta, 2018

Hoy nos encontramos con que la Urdaneta es una avenida degradada, con trabajos de sustitución del pavimento de sus aceras hechos sin mayor cuidado y supervisión y sin lograrse desalojar los innumerables kioskos que las ocupan, convirtiéndose en caminar por allí en toda una peripecia. Las nuevas ordenanzas posteriores a 1958 permitieron acrecentar su densidad y porcentajes de construcción instalándose nuevos y muy valiosos edificios privados e institucionales (dos de ellos premios nacionales de arquitectura: el Banco Central de Venezuela, Tomás José Sanabria, 1960-67; y la sede del diario El Universal, Bernardo Borges, Francisco Pimentel y George Wilkie, 1969, que ya forman parte del acervo patrimonial de la ciudad moderna.

ACA

Procedencia de las imágenes

1 y 2. Juan José Martín Frechilla. Diálogos reconstruidos para una historia de la Caracas moderna, 2004

3, 4, 5, 6 y 7. Colección Crono Arquitectura Venezuela

8, 9 y 10. Carlos Duarte. Las casas de don Juan de Vegas y de don Felipe Llaguno, 2012

11 y 13. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

12. Iván González Viso, María Isabel Peña y Federico Vegas. Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 175

La Unidad Vecinal “Pomona” (1951-1954), ubicada al suroeste de Maracaibo, estado Zulia, fue uno de los desarrollos incluidos en el Plan Nacional de la Vivienda 1951-1955, puesto en marcha por el Banco Obrero (BO) durante el mandato de Marcos Pérez Jiménez. Ocupa los terrenos adyacentes a la urbanización “General Rafael Urdaneta” (1943-1947), primer conjunto de envergadura realizado por el BO fuera de Caracas y el más grande ejecutado hasta entonces, conformado por 1.000 viviendas unifamiliares dispuestas en 60 hectáreas para una población estimada de 7.300 personas (7% del total urbano de la ciudad de Maracaibo de entonces), que formó parte del Primer Plan de Vivienda de 1946, con la cual «Pomona» comparte una serie de servicios comunales creados para ambos conglomerados.

1. Comisión Nacional de Urbanismo. Plano Regulador de Maracaibo. Vialidad, 1951

Quizás valga la pena apuntar que el Primer Plan de Vivienda de 1946, a cargo de la Sala Técnica del Banco Obrero, tal y como nos señala Beatriz Meza Suinaga en “Gestión estatal de la vivienda en Venezuela: el Plan Nacional (1951-1955)”, artículo aparecido en Cuadernos del Cendes, nº 87, septiembre-diciembre 2014,  contemplaba “… la construcción de 40.000 unidades en 10 años, 4.000 en 14 ciudades durante el primer año, 11 de ellas capitales de estado y la capital nacional, ampliándose geográficamente la acción del BO respecto a su orientación anterior”. Dicho Plan estaba regido por “…una noción de planificación global e integración de proyectos (…) contando para ello con diferentes modelos de vivienda, destinados a clase media y obrera, diseñados por (Carlos Raúl) Villanueva y el ingeniero Leopoldo Martínez Olavarría…”.

Pues bien, sin variar en gran medida el enfoque y con miras a enfrentar el nuevo reto que significaba la ejecución del Plan Nacional de la Vivienda 1951-1955, la Sala Técnica se redimensiona para convertirse en el Taller de Arquitectura del Banco Obrero (TABO) que bajo la jefatura de Villanueva, contando con el arquitecto colombiano Carlos Celis Cepero como adjunto, aborda la casi totalidad de los proyectos distribuidos a lo largo de 15 localizaciones distintas a lo largo y ancho del país, contemplándose la construcción de 12.185 unidades de vivienda de las cuales 7.000 se realizarían en Caracas y 1.500 en Maracaibo, ciudades que entre los censos de 1941 y 1950 habían duplicado su población. Así, “Pomona” absorbería la mayor parte de la inversión que se haría en la capital zuliana.

Al poco tiempo de haberse establecido, el Taller cumplió con uno de sus propósitos al exponerse en rueda de prensa el 13 de julio de 1951, de boca del Director del BO Julio Bacalao Lara en compañía de Villanueva, el Plan Nacional de la Vivienda 1951-1955. Allí Bacalao informó «que el problema de la vivienda era una de las más importantes preocupaciones públicas visto el pleno desarrollo económico del país y el rápido crecimiento de la población urbana, por lo cual de acuerdo con ‘la planificación administrativa que en escala nacional realiza la Junta de Gobierno –añadió– el Banco Obrero elaboró un Plan … que ha tenido amplio apoyo en el ejecutivo y será objeto de un financiamiento extraordinario’ ”.

Como otra etapa importante, el 8 de noviembre de 1951 en el Colegio de Ingenieros de Venezuela se abre al público la Exposición sobre el Plan Nacional de la Vivienda 1951-1955 exhibiéndose plantas y perspectivas de urbanizaciones para Maracay, Coro, San Felipe, Maracaibo, Valera, Caracas, así como maquetas para El Tocuyo, Sarría, Maracay, Coro y Ciudad Tablitas, junto a diferentes modelos de viviendas unifamiliares y multifamiliares. Como resultado de este evento se publica el folleto “BO Venezuela exposición 1951-1955-Plan Nacional de la Vivienda”, y se apunta a su presentación en el VIII Congreso Panamericano de Arquitectos a realizarse en los espacios de la Universidad Autónoma de México en 1952, editándose finalmente con mayor despliegue (140 páginas) la publicación 1928-1952. La vivienda popular en Venezuela, preparada y dirigida por Carlos Raúl Villanueva y Carlos Celis Cepero, con la colaboración de Carlos González Bogen, Mateo Manaure, del ingeniero Federico Cortés y Miguel Sosa Bar, con motivo de la celebración en 1955 del IX Congreso Panamericano de Arquitectos en el Aula Magna de la Ciudad Universitaria de Caracas.

2. 1928-1952. La vivienda popular en Venezuela, publicación preparada y dirigida por Carlos Raúl Villanueva y Carlos Celis Cepero, 1952

De dicha publicación puede rescatarse, en cuanto a la aproximación proyectual efectuada en el TABO, el énfasis en la investigación económica de la vivienda mediante la “construcción masiva, la simplificación de distribución, la eliminación de lo accesorio en el hogar, a favor de lo esencial en su construcción”. Además devela, como señala Meza Suinaga “conexiones entre el TABO y el ideario de la moderna disciplina arquitectónica europea que desde inicios del siglo XX intenta una ruptura histórica radical, abogando por la funcionalidad, la racionalidad, el uso de tecnologías de avanzada y la atención a la vivienda”. Todo lo cual se traduce en una sintonía que los profesionales del TABO asumen mediante el diseño de “Unidades vecinales, grupos cooperativos, urbanizaciones, reurbanizaciones, apartamientos, casas con los cuales se solucionarían técnicamente los problemas para proveer de nuevas viviendas a las familias venezolanas”.

Meza Suinaga agregará: “A la variedad de urbanizaciones del TABO se suman ‘proyectos tipos para casas’ en zonas costeras, montañosas y planas calientes, pretendiéndose individualizar según rasgos climáticos y ambientales de cada localización urbana. Aquí se nota la vinculación con el Plan de 1946 y su diversidad de modelos adaptados a las 14 ciudades seleccionadas. La heterogeneidad, como condición asumida desde sus comienzos, caracteriza el trabajo del Taller donde se generan numerosas propuestas para viviendas unifamiliares y multifamiliares, incluyendo los primeros superbloques, unidades residenciales de alta densidad y gran altura, inspiradas en la obra de Le Corbusier”.

3. Presentación de «Pomona» en 1928-1952. La vivienda popular en Venezuela.

“Pomona” es, dentro del Plan, uno de dos desarrollos que no son proyectados por el TABO que, sin embargo, si supervisa su realización. Ofrece la oportunidad de ver la conjunción de los lineamientos arriba expresados con el aporte adicional de quienes tuvieron a su cargo la propuesta: la firma “Planificación y Vivienda”, integrada por los arquitectos Moisés Benacerraf y Carlos Guinand Baldó más el ingeniero Francisco Carrillo Batalla, contando como asesores con José Luis Sert y Paul Lester Wiener fundadores de la reconocida oficina Town Planning Associates (TPA).

4. Vistas de las viviendas unifamiliares (izquierda) y multifamiliares (derecha) construidas en «Pomona»

Con una inversión de Bs. 15.136.500 , “Pomona” tiene 384 viviendas, 264 casas y 120 apartamentos. Los apartamentos están ubicados en edificios de tres niveles de altura con dos unidades en cada nivel. Los apartamentos que están dispuestos en fila, tienen dos fachadas exteriores opuestas, lo que les permite tener ventilación cruzada. Los de los extremos se benefician aún mas por tener tres fachadas y un área mayor.

El Conjunto cuenta entre sus servicios con un centro comercial, un grupo escolar, campos deportivos y una unidad sanitaria.
El planteamiento urbano concebido para el conjunto desagregó la circulación peatonal dirigida hacia los centros de servicio, de forma tal que no se cruza con las vías vehiculares de penetración, las cuales parten de la trama de la ciudad. El plano de conjunto del proyecto original ilustra nuestra postal del día de hoy.
La llamativa participación de Sert y Wiener como asesores obedeció a dos motivos fundamentales. El primero es que habían coincidido con Moisés Benacerraf en los Estados Unidos habida cuenta que éste se gradúa en 1945 en Yale, universidad en la que aquellos desarrollarán parte de su carrera docente y donde se establecerán vínculos personales.

El segundo tiene que ver con el nivel de desarrollo que para entonces ya había alcanzado el concepto de “unidad vecinal”, tema ampliamente debatido en los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (CIAM) que para Sert (presidente del CIAM entre 1947 y 1956) se convirtió en objeto de investigación. Fruto de ello será la contratación de sus servicios por parte de la Organización de las Naciones Unidas entre 1951 y 1952 con el fin de estudiar y definir condiciones para mejorar su diseño. También lo será la solicitud de llevar adelante desde la TPA (con Wiener como socio) el Plan de Cidade dos Motores en Brasil (1943-1945) donde, tal y como se recoge del Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia en el artículo dedicado a Sert (http://dbe.rah.es/biografias/8201/jose-luis-sert-lopez), se “proponía una ciudad abierta y ordenada que materializaba de forma rigurosa las doctrinas urbanísticas defendidas por el Movimiento Moderno, con una trama cuadriculada en la que los grandes bloques sobre pilotes concentraban la edificabilidad para preservar la vegetación del territorio, y en la que una amplia red viaria separaba el tráfico rodado y peatonal. A este proyecto le siguieron, entre otros muchos, la Nueva Ciudad de Chimbote, en Perú (1948), los planes directores para Medellín (1949) y Bogotá (1951-1953) y un plan Piloto para La Habana (1955-1958), en los que Sert y sus socios abandonaron progresivamente la ortodoxia de la Cidade dos Motores adaptando el planeamiento a la situación climática, social y económica de cada lugar; para ello emplearon sistemas más adecuados a las condiciones locales, derivados del conocimiento previo de la arquitectura popular que ya había despertado el interés de Sert desde sus primeras obras, abriendo así una nueva vía dentro del urbanismo de la época”.

5. Plano de conjunto de «pomona» con la descripción del programa

De todo ello se beneficia “Pomona” y de “Pomona”, indirectamente, el TABO que pudo incorporar de esta experiencia buena parte tanto de sus planteamiento conceptuales en cuanto a lo urbano como de sus modelos de viviendas. También, casi de forma simultánea, por un lado la Comisión Nacional de Urbanismo solicitará la consultoría de TPA en la elaboración del Plano Regulador de Caracas de 1951 y, por el otro, la firma “Planificación y Vivienda” recurrirá a Sert y Wiener como asesores a la hora de serle solicitada en 1951 por la Orinoco Mining Company la planificación de los centros urbanos de Puerto Ordaz y Ciudad Piar y el diseño de viviendas para los trabajadores. Sert y Wiener realizarán en 1953 los centros cívicos de la “New Towns” de Puerto Ordaz y Ciudad Piar y el proyecto de una iglesia para la primera. Luego, siendo Sert decano de la Escuela de Diseño de la Universidad de Harvard, se concreta la participación de esa universidad y el MIT (integrantes del Joint Center for Urban Studies), mediante un contrato firmado con la Corporación Venezolana de Guayana, para asesorar en 1962 la realización del plan Maestro de Desarrollo Urbano para Santo Tomé de Guayana (Ciudad Guayana).

Finalmente, será el ingeniero Francisco Carrillo Batalla, integrante de la Oficina “Planificación y Vivienda”, quien en 1952 le de a Sert la oportunidad de proyectar su única obra -no construida- en Caracas: el proyecto de su vivienda familiar  ubicada en la avenida principal del Caracas Country Club, develada en la exposición “Our architects en Caracas. Arquitectura norteamericana en Caracas. 1925-1975” (2017) y reseñada en el catálogo de la misma por Hannia Gómez.

6. Vista satelital actual de «Pomona» dentro del crecimiento de Maracaibo

Hoy “Pomona” dada su proximidad a la zona industrial y al puerto de Maracaibo ha sido absorbida por el crecimiento de la ciudad, pese a haber sido concebida como un desarrollo autónomo a las afueras. Si en algún momento resultaba fácil reconocerla dentro de la trama urbana hoy los efectos del tiempo y las intervenciones realizadas por sus pobladores la han mimetizado hasta el punto de verse prácticamente asimilada al desordenado crecimiento de sus alrededores.

Su esquema inicial sufrió una importante modificación al momento de llevarse a cabo el proyecto definitivo y su ejecución, cosa que hemos podido detectar a través de la imagen satelital: las viviendas multifamiliares ubicadas inicialmente al sureste sobre una franja en la que predominan las áreas verdes, pasaron al noroeste, dando la sensación de que los proyectistas, por motivos que desconocemos, llevaron a cabo un rebatimiento completo dejando inalterada la distribución del resto de los componentes del conjunto sobre el terreno.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 1, 3 y 5. 1928-1952. La vivienda popular en Venezuela, 1952

2 y 4. Colección Crono Arquitectura Venezuela.

6. Imagen tomada de Googlo Earth.

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 174

El “Plano que manifiesta el Proyecto del Camino de La Guayra” con el que ilustramos nuestra postal del día de hoy, realizado por el ingeniero Francisco Jacott, fechado en 1795, ofrece la oportunidad de repasar una importante parte de la historia de las comunicaciones entre la ciudad capital y su principal puerto.

Separadas por la enorme muralla conformada por la Cordillera de la Costa, Caracas y La Guaira comenzaron a conectarse a través de picas muy estrechas que tan solo permitían el tráfico pedestre debido a la inexistencia de bestias de carga y tracción, conocidas sólo a la llegada de los conquistadores al continente americano.

Con el invalorable apoyo del texto “Relación del Camino de Caracas a La Guaira propuesto por el Ingeniero Francisco Jacott” elaborado por la profesora Hebe Oquendo Chacón, aparecido en el Volumen VIII, nº 14, enero-junio 2000 de la Revista Mañongo del Área de Estudios de Postgrado de la Universidad de Carabobo, hemos podido conocer que “tal situación determinaba la sencillez de los trazados de dichas vías terrestres, que no eran más que el recorrer de los aborígenes tras el rastro de animales”.

Así, “la antigua red fue desarrollándose, uniendo sus diferentes puntos para enlazar al puerto con la ciudad, en el mundo de comunicaciones de la provincia, donde … las veredas eran clasificadas según su utilidad y tiempo de duración. En primer lugar tenemos las veredas que eran temporales. Estas características de transitoriedad se la imprimiría el temperamento errante del aborigen (…) En segundo lugar tenemos la presencia de los caminos de larga duración. Dentro de esta clasificación entraría el camino de Caracas a La Guaira, a través del cual se desarrollaba el comercio de la Provincia de Venezuela, y que era una vía estratégicamente bien fortificada, a fin de preservarse, en caso de ataque, de algún enemigo. Esto último obligaba a centralizar el principal camino que unía la capital de la Provincia con su más importante puerto, pues la presencia de picas alternas traía como consecuencia el descontrol total del tránsito; esto implicaba un par de cosas: en primer lugar, hacía imposible recaudar el impuesto de alcabala correctamente; y en segundo lugar, es posible pensar que algunas de las epidemias sufridas en Caracas en los siglos XVII y XVIII hayan sido introducidas por esas vías. (…) Un nuevo elemento que había que agregarle a la presencia de vías alternas, era el peligro de ataques enemigos desde el mar: los corsarios, y junto a éstos las destrucciones que hacían los terremotos a gran parte de las fortificaciones de La Guaira. A partir de estos elementos es posible darse cuenta que era necesario consolidar las defensas del Litoral Central, las cuales pueden considerarse como concluidas a finales del siglo XVIII. Es así como se desarrolla, para aquellos momentos, el pensamiento militar español. De manera tal que la percepción local de defensa se transforma en una visión general y defensa coordinada del Litoral Central. Tal situación se debió a otro elemento importante: el contrabando”.

Por tanto, será el comercio ilegal uno de los más sólidos argumentos que llevará a Pedro José de Olavarriaga en la Instrucción General de Particular del estado presente de la Provincia de Venezuela en los años 1720 y 1721, a impulsar “la fortificación del camino, tomando en cuenta el papel que él jugó en la fundación de la Compañía Guipuzcoana en 1728, y luego como su primer Director. Lo cual implicó un impacto para la vida económica de la Provincia de Venezuela, pues la presencia de la compañía con su monopolio influyó irremediablemente en la transformación defensiva del Litoral Central de Venezuela y en el intento de encontrar una solución a las necesidades del camino. Monopolio que le fue revocado en 1781”.

Todavía apoyados en el trabajo de Oquendo Chacón encontramos cómo a finales del siglo XVIII, tras la actuación de la Compañía Guipuzcoana, la Corona en su interés por mantener la migración económica hacia su Colonia dentro de la nueva estructura en que se estaba transformando el Imperio Español, crea en 1793 el Real Consulado, el cual “ante el deprimente estado en el cual se encontraba el camino de La Guaira que conducía a Caracas, a través de su junta de Gobierno, legisló a fin de fomentar el desarrollo de esta vía de comunicación terrestre. (…) Para el viejo camino, significará el punto de partida hacia una situación nueva: la idea de construir un camino carretero que uniera a Caracas con La Guaira, en sustitución del que siempre había existido, lo cual toma fuerza entre los criollos, en cuyas manos estaba la dirección del Consulado…”

El mismo año de su creación, según documentación que reposa en el Archivo General de la Nación, “el Real Consulado encarga a Juan Andrés Pérez y a Diego Díaz, encaminar la construcción y trazado de una carretera entre Caracas y La Guaira. Éstos proponen el camino de Catia. Un año después esa misma tarea se le encarga a Martín Iriarte, pero en este caso se le pide que tomara la posibilidad de la entrada de Macuto. En el año 1797, el Rey aprueba la apertura y composición de caminos aceptando que este trabajo sea realizado por Francisco Jacott…”, quien según Eduardo Arcila Farías es el primer ingeniero que lleva a cabo un verdadero estudio de la importante vía de comunicación civil entre Caracas y La Guaira. Jacott ya para entonces había concluido el anteproyecto del camino, una vez que el Gobernador Pedro Carbonell hubiese girado instrucciones el 8 de febrero de 1794 al jefe del Cuerpo de Ingenieros de la Provincia de Venezuela, Miguel Marmión, para que lo realizase. Marmión, con ligeras observaciones, aprueba y alaba mediante un informe dirigido a Carbonell el 16 de febrero de 1795 la propuesta de Jacott, la cual “se había de sujetar al reconocimiento del terreno a través de un trabajo previo de aperturas de picas y los desmontes necesarios a fin de poder establecer el trazado de planos definitivos”.

Del informe original de Marmión, citado por Oquendo Chacón, vale la pena resaltar las valoraciones que hace del anteproyecto de Jacott, presentado ante el Consulado el 30 de abril de aquel mismo año: “Brevedad, comodidad y seguridad, sin dudas, las tres circunstancias esenciales a la perfección de todo camino público, y bien que devieran ser comunes a todo camino en general, se hace más indispensable su cumplida misión en el que se trata de abrir desde esta plaza a la Guayra… (…) El travajo que ha hecho Jacott, lo considero de todo aprecio, es de un verdadero mérito, y el que deverá servir de base fundamental de qualesquiera diligencias ulteriores que hayan de practicarse; pero la naturaleza de una primera operación, hecha en unos parages cerrados de monte, quasi impenetrables, no le ha permitido a este oficial entrar en el detalle o pormenor de una infinidad de circunstancias que se requiere tener presentes …”.

Sin buscar entrar en los valiosos detalles que rescata Oquendo Chacón en su investigación, si creemos importante subrayar cómo Jacott “en la primera parte del informe explica la forma, dirección y distancia del proyecto por el camino de Las Dos Aguadas, partiendo de la plaza de La Guayra. Afirma que debe tener de 10 a 12 varas de ancho, según lo permita el terreno”. También, del minucioso desglose que hace de materiales y mano de obra “para poner en forma el camino sin quitarle las cuestas y pendientes que abundan…”, (según documentos que reposan en el Archivo general de la Nación), se desprende un costo de de 321.356 Pesos Rs donde no se incluye el importe de los terrenos por donde pasaría la vía los cuales considera de poca monta.

El plano de Jacott recoge con bastante detalle un cúmulo de información de gran valor para entender el proyecto que presentó a las autoridades y denota el conocimiento que tenía de la geografía que rodeaba la capital la cual había recorrido y levantado para concretar la propuesta. Posee, además de la imagen cartográfica que la protagoniza (donde el norte apunta a la derecha), sendos recuadros que a modo de leyendas dan cuenta de la información contenida y que él denomina como “Explicación”.

En la parte superior izquierda, siguiendo el orden que da el uso del abecedario, identifica de entrada la localización de los dos puntos que se busca conectar: la “Ciudad de Caracas” (AA) -ubicada abajo y a la izquierda del plano- y el “Puerto de la Guaira” (BB) -abajo a la derecha-. Cobrando un subsiguiente nivel de jerarquía, todos relacionados con vías de comunicación, aparecen  el “Proyecto del Camino de las Aguadas” (CCC) -parte fundamental de la propuesta de Jacott-, el “Camino actual de las Aguadas” (DDD) , el “Camino actual del Tráfico” (EEE)  y la “Zoca o pica de Caria” (FFF), pasando luego a un tercer nivel en el que se ubican el “Camino de Guaracarumbo” (GG), el “Camino de Catia o Cavo Blanco” (HH), el “Camino del Topo” (II) y las “Cumbres que van al Monte de Avila” (JJ). A partir de la letra “K” y hasta la “T” se van señalando diferentes puntos de referencia todos relacionados con el tradicional camino que unía La Guaira y Caracas a partir de Maiquetía.

La leyenda inferior sirve de guía para poder seguir el trazado de la propuesta de Jacott (“Proyecto del Camino de las Aguadas”) que, sumada al “Camino actual de las Aguadas”, conformaría el que se denominará “Camino Real” también conocido como “Camino de los españoles”. Partiendo de La Guaira, la ruta se inicia con la letra “V” (“Nuestra Señora de las Mercedes”) dando cuenta hasta la letra “Z” de edificaciones y fuertes, pasando sin solución de continuidad a la numeración (quizás más vinculada al proyecto en sí), correspondiéndole el “1” al “Fuerte del Palomo” y el “19” (y último), llegando a Caracas, a la “Carnicería de Carguata”, mencionándose en el trayecto una combinación de sectores, arroyos, barrancos, cortadas, estancias y establecimientos de diferente tipo.
Al final de la leyenda inferior se lee: “Nota.. el amarillo es el proyecto: el azul la idea. Catia: los rojos los caminos antiguos, y no se representa muchas veredas q. ay”. También aparece la fecha: abril 30 de 1795, el autor: Francisco Jacott, y la escala gráfica referida a “5000 varas castellanas”.

El informe de Jacott incluye un análisis comparativo entre su propuesta y la del Camino de Catia, resultando desde todo punto de vista la primera mucho más ventajosa y beneficiosa que el segundo. También reconoce en algún momento su complementariedad con el Plan de Defensa elaborado por el brigadier Agustín Crame en 1778, el cual da pie a los proyectos y construcción de pequeñas fortificaciones que a modo de “obras probicionales” se destinaron para reforzar el “Camino de los españoles”, que se encuentran muy bien descritos, documentados e ilustrados por Miguel von Fedák y Gerardo Rojas en Fuerza de Santiago de León de Caracas (Oscar Trodtmann Editores, 2006). De hecho Jacott, según estos autores, será “uno de los artífices de la últimas mejoras que se llevaron adelante en el sistema fortificado de La Cumbre, en los años 1797 y 1798…”, posteriormente a la elaboración de su estudio de 1795.

Finalmente Jacott, aunque su propuesta “satisfizo tanto al Real Consulado como el Capitán General, razón por la que se informó al Consejo de Indias”, no logró concretar el proyecto que había prefigurado dirigiéndose los recursos, hasta tanto se recibiese la aprobación del Consejo que nunca llegó, a reparar la vieja ruta de la montaña. No obstante, le pidieron repetir una labor similar (con igual grado de frustración) en 1804, cuando ya sus responsabilidades como funcionario de la Capitanía General habían aumentado.

El ingeniero Jacott, según nos señalan von Fedák y Rojas “al tomar partido por la Junta Patriótica desde un primer momento y luego de dedicar sus esfuerzos a trazar planes de defensa y a fabricar pólvora para la causa emancipadora, … termina sus días  el 18 de abril de 1816 cuando es fusilado en la Plaza Capuchinos”. Por otro lado, Oquendo Chacón concluirá: “La agonía del camino se hacía presente, aunque continuara prestando servicios, habiendo sido necesario aguardar hasta mediados del siglo XIX para que Caracas y La Guaira quedasen finalmente unidas; así el Camino Real pasó de forma definitiva al olvido”.

IGV