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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 173

El Concurso Nacional de Arquitectura destinado a elaborar el anteproyecto de la sede del Banco Nacional de Ahorro y Préstamo (BANAP), fue organizado por dicha entidad, con el auspicio del Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV), para ser realizado en dos etapas: la primera, promovida como un “Concurso de Ideas”, se abrió el año 1975 con una amplia participación; y la segunda, luego de seleccionarse los cinco mejores planteamientos de acuerdo a la evaluación del jurado, consistió en la entrega el mes de marzo de 1976 de los anteproyectos elaborados por los equipos clasificados.

Quizás valga la pena recordar que el Sistema Nacional de Ahorro y Préstamo (SNAP) surge en Venezuela luego de que en 1959 se iniciaran los primeros estudios de manos de un equipo de trabajo estructurado para determinar la posibilidad de implantarlo, por considerarlo como “uno de los medios efectivos para que la comunidad oriente sus ahorros hacia la solución del problema de la falta de viviendas», y porque además constituye «uno de los instrumentos con los que cuenta el Banco Obrero para cumplir con su labor». De allí que dicho equipo propusiera que el sistema inicialmente funcionara dentro de la estructura orgánica del Banco Obrero.

Sólo será en 1961, luego de la visita de la comisión técnica enviada por el Fondo de Préstamo para el Desarrollo (DLF, según sus siglas en inglés), que se cambie por completo la orientación inicial y se apunte hacia la creación de un instituto autónomo de ahorro y préstamo encargado exclusivamente de la dirección y supervisión del sistema. Mientras se daban los pasos concernientes ante el DLF para solicitar un préstamo destinado a la creación de dicho ente autónomo, se establece el Sistema de Ahorro y Préstamo en Venezuela, mediante el decreto Nº 520 del 5 de junio de 1961 y posteriormente el día 24 de noviembre del mismo año se dicta el decreto Nº 655 en el cual, el Ejecutivo Nacional modificó y amplió en forma sustancial las disposiciones contenidas en el decreto del mes de junio.

En el año 1964 se designa una Comisión de Ahorro y Préstamo nueva y para el mes de septiembre de 1966 se promulga la Ley del Sistema Nacional de Ahorro y Préstamo que crea el Banco Nacional de Ahorro y Préstamo organismo sucesor de la Comisión y de la Oficina Central. Esta ley fue modificada en el año 1975, con ocasión de la aprobación de la Ley Orgánica de Medidas Extraordinarias en Materia Económica y Financiera.

De acuerdo al ordenamiento legal señalado, el SNAP “tendrá por objeto crear, fomentar y mantener condiciones favorables a la formación de ahorros que se inviertan en préstamos destinados fundamentalmente a resolver el problema de la vivienda, con la finalidad de hacer propietarios a los beneficiarios de los mismos. Dicho Sistema estará integrado por el Banco Nacional de Ahorro y Préstamo, las Entidades previstas en el Título IV de esta ley y la Superintendencia de Entidades de Ahorro y Préstamo”.

Por su parte el BANAP, uno de los organismos integrantes del SNAP, inició sus actividades el 22 de diciembre de 1966 y se estableció con personalidad jurídica y patrimonio propio e independiente del Fisco Nacional. Se creó como un instituto autónomo dependiente del Ministerio de Hacienda, con un capital inicial de doscientos millones de bolívares. En pocas palabras, se trataba del organismo central del subsistema financiero de ahorro y préstamo; es decir, funcionaba como un Banco Central del Sistema y debía velar por el máximo desarrollo de éste en su conjunto. Con la aprobación del Ejecutivo Nacional, el BANAP dicta sus normas de operación y es garante tanto de los ahorros depositados en las Entidades de Ahorro y Préstamo por los socios, así como de los préstamos hipotecarios.

Todo esta explicación sirve de marco para entender la importancia que el Concurso revestía, ya que se trataba de proyectar la sede en un organismo de gran importancia que para la época se había convertido en eje de la reactivación económica que luego de varios años de estancamiento se estaba produciendo. El Sistema al que se integraba el BANAP había dirigido su atención primordialmente a las familias de ingresos medios y adoptado políticas orientadas a estimular la construcción de viviendas de interés social, mediante un programa llevado a cabo conjuntamente con el Instituto Nacional de Vivienda (ente que sustituyó al Banco Obrero).

1. Perspectiva de la propuesta preliminar (1975) del equipo conformado por Judith Laclé, Edwing Otero García y Andrés Mistaje

De lo recogido en la nota elaborada para la revista Punto nº 56-57, junio 1976, las cinco propuestas presentadas como “ideas” entregadas en la primera fase (1975) que seleccionó el jurado conformado por los arquitectos Víctor Fossi (fungiendo de suplente de Tomás J. Sanabria), Carlos Guinand Baldó, Julio Coll Rojas, Luciano Giordano y el ingeniero Adolfo De Majo, para ser desarrolladas a nivel de anteproyecto, fueron presentadas por sendos equipos interdisciplinarios encabezados por los arquitectos: Oswaldo Molina, Cutberto Reyes y Jacobo Koifmann (Nº 1.002); Judith Laclé, Edwing Otero García y Andrés Mistaje (Nº 1.003); Baudilio González y Philippe Souchar (Nº 1.005); Jorge Soto Nones y Jeanette de Soto (Nº 1.012); y, Alberto Espinal y Román Dávila (Nº 1.019).

2. Propuesta ganadora (1976). Oswaldo Molina, Cutberto Reyes y Jacobo Koifman. Perspectiva y foto de la maqueta

Luego de haber sido recibidos los trabajos llevados a un nivel superior de desarrollo por los cinco grupos escogidos, el mismo jurado (en este caso con Tomás J. Sanabria reintegrado al mismo por Víctor Fossi), se pronunció a favor de otorgar el primer premio al anteproyecto presentado por el equipo de 19 integrantes liderado por Oswaldo Molina, Cutberto Reyes y Jacobo Koifman con la asesoría estructural del ingeniero Agustín Mazzeo y colaboración en la elaboración de la maqueta de Jesús Vásquez, cuya foto ilustra nuestra postal del día de hoy

3. Mención Especial (1976). Baudilio González, Philippe Souchard y Domingo Escobar. Foto de la maqueta

Así mismo, el jurado decidió otorgar Mención Especial al anteproyecto presentado por el equipo que tuvo a Baudilio González, Philippe Souchard y Domingo Escobar al frente de otras 13 personas entre ingenieros y colaboradores.
“El anteproyecto ganador una vez desarrollado en proyecto se construirá sobre una superficie  de 8.500 m2 a un costo estimado en 40 millones de bolívares, implantándose frente al Edificio de la CANTV entre la Avenida Libertador y el Boulevard Santa Rosa”.

4. Propuesta ganadora (1976). Oswaldo Molina, Cutberto Reyes y Jacobo Koifman. Criterios de diseño

De la memoria entregada por los ganadores del concurso, aparecida en el nº 58 de la revista Punto, se puede extraer que el edificio se debía organizar, de acuerdo a las necesidades del BANAP, con base en tres tipos de espacios: “1) Espacios flexibles para oficinas; 2) Espacios generales para actividades específicas  como Auditorium, Sala de Exposiciones, Biblioteca, etc.; 3) Servicios generales, estacionamientos y áreas de mantenimiento”, programa que a su vez debía cumplir con los siguientes requisitos: 350% de área de construcción y 20% de ubicación.

5. Propuesta ganadora (1976). Oswaldo Molina, Cutberto Reyes y Jacobo Koifman. Plantas (baja y tipo), fachadas y cortes

La completa descripción hecha por los proyectistas y sus colaboradores, todo un testimonio de la manera como de enfrentaban los retos proyectuales en la época, permite detectar cómo los “factores determinantes” fueron manejados a tres escalas: “1) El contexto; 2) El lote y 3) La edificación”, cuyo ponderación adecuada da pie a “la solución”. “Las determinantes programáticas, los porcentajes de construcción y ubicación, definen las áreas de oficinas como predominantes en el volumen de la edificación; no obstante la solución intenta jerarquizar los niveles de uso público, proponiéndolos como un sistema de plazas integradas al edificio; cuyo carácter y expresión estarán en relación a la intensidad de los flujos que en ella se producirán”, los cuales se encuentran resumidos en el diagrama correspondiente incorporado en los documentos entregados.

Las dificultades de contar con un lote que se encontraba comprometido en un tercio de su área por el derecho de paso de las vías del Metro y por los retiros mínimos que se debía respetar, llevó a que la respuesta ofrecida, además, se propusiera como “enlace de los flujos peatonales con destino al área cultural de la ciudad procedentes de la estación del Metro y del sector oeste adyacente a él (sector Morelos)”.

6. Propuesta ganadora (1976). Oswaldo Molina, Cutberto Reyes y Jacobo Koifman. Foto de la maqueta

El carácter brutalista del edificio, donde la volumetría cobra un claro protagonismo, hasta el punto de esconder tras una gruesa piel el sistema estructural (con base a módulos cuadrados de 9 x 9 metros), se busca aligerar con la división en tres bandas de los 24 niveles que constituyen la torre, a los que se incorporan limpias transiciones, terrazas que miran al entorno, transparencias y un tratamiento que da cuenta del cuidado que se ha tenido con la orientación que se asume. La llegada al suelo y el remate (donde al igual que en el semisótano se proponen usos comunes) cumplen a cabalidad con los cánones clásicos permitiendo hablar sin mayores dificultades de una base permeable que se suma a los primeros tres niveles y da paso a tratamiento público ajustado a la topografía del terreno; un fuste tripartito trabajado con apego al respiro entre sus componentes; y un capitel sólido que se conecta al suelo a través de los elementos de circulación de los extremos.

El BANAP es sustituido, como tantas cosas a los largo de estos últimos 20 años, por el Banco Nacional de Vivienda y Hábitat (BANAVIH) que asume sus funciones luego de la promulgación el 9 de mayo de 2005 de la “Ley del Régimen Prestacional de Vivienda y Hábitat”, la cual tiene por objeto “regular la obligación del Estado venezolano de garantizar el derecho a la vivienda y hábitat dignos, y asegurar su protección como contingencia de la seguridad social y servicio público de carácter no lucrativo, para el disfrute individual y colectivo de una vida y un ambiente seguro, sano y ecológicamente equilibrado, que humanice las relaciones familiares, vecinales y comunitarias”. Entre líneas se puede detectar que si bien se trata de un “Instituto Autónomo, adscrito al Ministerio de Vivienda y Hábitat, como el Banco de Desarrollo del sector Vivienda, con personalidad jurídica, patrimonio propio distinto al del Fisco Nacional, con autonomía administrativa y funcional”, el claro componente ideológico en el que se basa y el tiempo han demostrado que ni funciona con autonomía ni los destinatarios de sus políticas pueden disponer con libertad de sus beneficios. A todas estas, el edificio proyectado como sede del BANAP en 1976, lamentablemente, no llegó nunca a construirse.

ACA

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  1. Colección Crono Arquitectura Venezuela

2, 3, 4, 5 y 6. Revista Punto, nº 58, junio 1977

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 172

Venezuela estuvo a punto de engrosar la lista de países que montarían exposiciones internacionales de envergadura cuando en 1956 el régimen de Marcos Pérez Jiménez decidió que era hora de mostrar al mundo los importantes logros alcanzados en pro del progreso del país, bajo la doctrina del “Nuevo Ideal Nacional”. Este paso se acomete aunado a la posibilidad de darle ubicación física al “Parque Nacional del Este”, creado por decreto de la junta militar presidida por Carlos Delgado Chalbaud en 1950, con base en las recomendaciones de la Comisión Nacional de Urbanismo, posteriormente recogidas en el Plan Regulador de Caracas de 1951.

De esta manera, las setenta y cinco hectáreas destinadas al parque, sembradas de cafetales y cañaverales provenientes de parte de la expropiación de los terrenos agrícolas de la hacienda “San José” pertenecientes a la sucesión Díaz-Rodríguez, colindantes al norte con la línea del tren que comunicaba la capital con los Valles del Tuy, al sur con los terrenos del fundo “La Carlota”, al este con el fundo “La Casona” y al oeste con la Hacienda “Sosa”, provistas de un nutrido grupo de árboles tropicales centenarios, serían en principio el área que originaría el desarrollo del proyecto para la Exposición Internacional de Caracas a celebrarse en 1960, pensando en el aprovechamiento posterior de las instalaciones que se construyeran para el uso definitivo que desde un principio se había previsto. Más adelante se anexarían como terrenos a integrarse a la feria los correspondiente al fundo “La Carlota” cuyo destino, originalmente previsto desde 1950 como aeropuerto, albergaría “edificaciones para los Ministerios de la Producción y el Palacio de Exposiciones; al oeste de las construcciones la Zona Olímpica y en la parte este los servicios generales tipo Helipuerto, etc.”, tal y como se desprende de la decisión presidencial recogida por Juan José Martín Frechilla en Planes, planos y proyectos para Venezuela:1908-1958 (Apuntes para una historia de la construcción del país) -1994-. No hay que olvidar aquí que, en medio de esta visión grandilocuente, Pérez Jiménez también pretendió traer a Venezuela los Juegos Olímpicos de 1964, que luego se celebrarían en Tokio. De allí la mención a la “zona olímpica” que contemplaba contener la Villa, un gran Stadium (con capacidad para 80 a 100.000 espectadores) además de un Palacio de Deportes, una Piscina Olímpica y un Estadio de Base-ball, datos que se desprenden del Informe del anteproyecto para la Exposición Internacional de Caracas de 1960, elaborado por la Comisión Ejecutiva del Ministerio de Fomento nombrada en 1957 para garantizar su realización.

1. Plan Maestro de la Exposición Internacional de Caracas de 1960 elaborado por el arquitecto Alejandro Pietri. Arriba: Distribución orgánica de los pabellones e infraestructuras, y jardines de la fase Exposición. Abajo: Desarrollo de la fase Post-Exposición y la ubicación de las diferentes instalaciones gubernamentales, deportivas y culturales en el área de La Carlota.

El Plan Maestro y parte de la arquitectura, tanto del recinto ferial como de la zona institucional aledaña que sumaban un total de 170 hectáreas (recogido en términos conceptuales en el afiche que ilustra nuestra postal del día de hoy), estaría a cargo del arquitecto venezolano Alejandro Pietri, correspondiéndole al también arquitecto Carlos Guinand Sandoz “la coordinación de los bosques y jardines de la Expo como base para el futuro Parque del Este”, ambos integrantes de la Comisión Ejecutiva ya citada la cual quedaría presidida por el ingeniero Ibrahim Velutini, de acuerdo a lo que Carola Barrios nos relata en Caracas: Ciudad Moderna y Museo. Intersecciones inacabadas en el paisaje de los años cincuenta (Tesis Doctoral presentada en la Universidad Politécnica de Cataluña, Barcelona, 2005), cuyo capítulo dedicado a la Expo de Caracas luego resumiría en un ensayo que bajo el mismo nombre presentó en el seminario organizado por Docomomo-Brasil el año 2006.

Barrios señalará: “Siguiendo las normas que fijan en dos años la separación entre dos Exposiciones de Primera Magnitud realizadas en distintas zonas geográficas, se escogería la fecha del 19 de abril de 1960 para inaugurar la Exposición de Caracas, luego de la de Bruselas en 1958. De esta forma, el proyecto de la exposición monumental caraqueña seguiría a la exposición belga marcadamente futurista simbolizada con el Atomium, la primera en realizarse luego de terminada la II Guerra Mundial. En este caso, la visión apuntaría ya no a la perspectiva optimista de la reconstrucción urbana apoyada en los avances de la ciencia, sino a la producción de artefactos reciclables para el consumo masivo de la naturaleza tropical bajo una lógica de clasificación en la construcción de la ciudad-museo”. Para darnos una idea de que el asunto iba en serio, “según Oficio nº 3281 emitido por el Ministerio de Relaciones Exteriores, el 14 de Junio de 1957 se extendieron las invitaciones oficiales a 64 naciones de todos los continentes acreditadas desde las misiones diplomáticas en el país. A mediados de 1957 ya habrían confirmado formalmente su participación …: España, Colombia, Paraguay, Francia, Corea del Sur, Santa Sede, Rep. Federal Alemana, Guatemala, Ecuador, Portugal, O.E.A., República China, Estados Unidos, Perú y Haití”.

2. Izquierda: Corte, fachada y planta del Ministerio de Producción, diseñado por el arquitecto Alejandro Pietri para ser ubicado en La Carlota. Derecha arriba: Alejandro Pietri. Bocetos del Serpentarium (arriba) y Aviarium (abajo). Derecha abajo: Alejandro Pietri. Plano de ubicación del Aviarium y el Acuarium.
3. Maqueta y corte del Acuarium mayor proyectado por Alejandro Pietri

También la misma autora nos aportará lo siguiente con respecto a las directrices del Plan Maestro elaborado por Pietri: “Para la distribución orgánica de los distintos pabellones e infraestructuras se conformarían dos zonificaciones diferenciadas, una Dinámica y otra Estática, unificadas a través de un sistema de circulación peatonal y vial diferenciados y que quedaría conectado a las principales arterias viales de la ciudad. La zona sur de la Carlota sería el área Dinámica, por el carácter permanente en la concentración de los servicios … Mientras que la zona norte sería el área Estática, por sus características propias de Parque, situándose en ella los servicios complementarios del primero”.

Esta suerte de “ciudad análoga” (como la califica Barrios), junto al desarrollo de un corazón de negocios vinculado a la industria petrolera se desarrollaría en los sectores de La Floresta y Los Palos Grandes, buscaba potenciar el crecimiento urbano de Caracas embelleciendo y transformando su paisaje haciéndola más atractiva para sus habitantes y visitantes. Así, visualizada como mezcla integradora de pabellones expositivos y edificaciones institucionales la Expo cobraría, de la mano de Pietri, un carácter expresivo y orgánico (heredado tanto de su formación en Oklahoma como discípulo de Bruce Goff e influenciado por la libertad estructural que imaginativamente interpretó de otros grandes maestros) que se vio representado tanto en el rascacielos de más de noventa pisos diseñado para el Ministerio de Producción (resuelto con base en un apoyo central y plantas tipo en voladizo, hito urbano y a la vez remate de la ciudad al este) como en las piezas que constituían las oficinas generales, el Acuario, el Aviario y el Serpentario. Sin duda los objetos diseñados por Pietri buscarían cobrar el mayor protagonismo de la feria y estarían complementados por los pabellones que posteriormente se proyectarían para o por cada país participante.

4. Perspectiva de los jardines de la Exposición Internacional de Caracas de 1960. Dibujo de Fernando Tábora, 1957.
5. Dibujo de Fernando Tábora de uno de los patios proyectados para el Parque del Este (no construido)

A las áreas abiertas de la Expo se les otorgaría un particular énfasis como vitrina de los valores naturales del país. De allí que en este caso Guinand Sandoz programara con mucho cuidado el tomar en consideración los requerimientos biológicos en el ciclo natural de las plantas y su acompañamiento de viveros para la aclimatación y la reproducción de especies. En otras palabras “la idea de sus promotores será, más que erigir un parque recreativo, exponer una colección representativa de las diferentes taxonomías botánicas y zoológicas en la observación de la naturaleza autóctona”.

De allí que se recurriera a la contratación a finales de 1956 (a raíz de su primera visita a Caracas, junto a Fernando Tábora, en septiembre a instancias de Daniel Camejo Octavio para diseñar el paisajismo del Club Puerto Azul) de Roberto Burle Marx para realizar el proyecto de los jardines que luego quedarían como parte del Parque Nacional de Este. Este importante encargo llevó a Burle Marx a convertir su Atelier de Brasil en la oficina en sociedad que se instalaría simultáneamente en Caracas y Río de Janeiro, mientras se realizaba el proyecto de la Expo y posteriormente del Parque del Este en la capital venezolana y del Aterro do Flamengo en Río, en la que participarían John Stoddart, Fernando Tábora, Julio César Pessolani y Mauricio Monte.

Carola Barrios precisará: “Cuando Burle-Marx y su equipo de asociados sean contratados en 1956 por el gobierno de Pérez Jiménez para la realización de los jardines zoo-botánicos de la Exposición Internacional de Caracas, el primer problema que enfrentarán será la de encontrar un tema de diseño relacionado con los valores híbridos de la cultura venezolana. En medio del barrido urbanístico y modernizador de Caracas, el objetivo que se planteará el paisajista será asociar las particularidades del paisaje urbano y natural venezolano.(…) Los patios, y las distintas posibilidades espaciales que ofrezcan en la distribución y organización de las diferentes especies, serán el hilo conductor de una secuencia museal dedicada a la exposición didáctica de la flora venezolana. Jardines de orquídeas, plantas xerófilas, plantas umbrófilas, plantas hidrófilas, perfumadas o de follaje colorido; patios de agua, muros de azulejos, fuentes y cascadas ornamentales se ensamblarán armónicamente en el diseño de estas estructuras espaciales enmuradas. De esta forma, y creando una escala intimista para la contemplación arquitecturizada de la naturaleza, la zona temática de los patios será, dentro de este parque-como-jardín, un fragmento domesticado en la recomposición de un micro-cosmos del paisaje natural. En paralelo al desarrollo de los patios y caminerías, se trabajará también en el diseño de espacios para albergar una colección de la fauna local desde un enfoque conservacionista propio del regionalismo ecológico. Dentro de ellas serpientes, boas, anacondas, tortugas y cocodrilos serán exhibidas bajo las sombras intermitentes del bosque húmedo tropical del parque.”

Como se sabe, la cristalización definitiva de la Exposición coincidió con los estertores de la dictadura no llegándose a realizar. Con la llegada de la democracia, tras largos meses de indefinición y gracias a la intervención del ingeniero Luis Rivas Larrazábal, es retomada la idea de desarrollar el Parque del Este correspondiendo proyectarlo a Burle Marx y sus asociados rescatando buena parte de lo ya adelantado, pero esa es otra historia.

ACA

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Todas. Carola Barrios, Caracas: Ciudad Moderna y Museo. Intersecciones inacabadas en el paisaje de los años cincuenta (Tesis Doctoral presentada en la Universidad Politécnica de Cataluña, Barcelona, 2005)

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 171

DECODIBO S.A., empresa fundada por el señor Anthony Dibo el 2 de junio de 1955 dedicada al ramo de la comercialización y fabricación de muebles de madera y decoración, conformó junto a TECOTECA de Cornelis Zitman, Galerías Hatch de Don Hatch y CAPUY de la sociedad entre Ernesto Blohm y Franz Resnik, un póker de firmas que acompañaron a lo largo de la década de los años 1950 venezolanos a toda una serie de manifestaciones que tuvieron al diseño industrial, la decoración (diseño de interiores) y la arquitectura como sus principales protagonistas, estableciendo altos estándares que marcaban el camino hacia una creciente calidad de vida, en medio de un país que pasaba a pasos agigantados de lo rural a lo urbano.

Del libro Historia del diseño en América Latina y el Caribe. Industrialización y comunicación visual para la autonomía coordinado por Silvia Fernández y Gui Bonsiepe como editores (2008), y, en particular, del capítulo dedicado a Venezuela elaborado por Elina Pérez Urbaneja, hemos conocido cómo dentro del proceso de modernización que se da desde finales de los 40, favorecido a su vez por la inmigración selectiva de europeos, llegaron figuras como Cornelis Zitman quien, procedente de Holanda, se instaló primero en la ciudad de Coro en 1946 y luego, una vez trasladado a Caracas en 1949, “desarrolla stands, dispositivos de exhibición y muebles para oficina para Decodibo. El crecimiento fue tal que Anthony Dibo se asoció con dos arquitectos venezolanos, Carlos Guinand y Moisés Benacerraf, para fundar la primera tienda Decodibo (1955) en Caracas. Zitman era el director técnico de la fábrica y diseñó una línea de muebles. Al poco tiempo se separó de Dibo y creó los Talleres Zitman, asociado con los (…) venezolanos Antonio Carbonell, Diego Carbonell y Oscar Carpio” (el primero ingenieros y los otros dos arquitectos) y, luego, TECOTECA.

Elina Pérez Urbaneja señala más adelante en su texto cómo durante ese período “también se radicaron en Venezuela el austríaco Rudolf Steiskal y el arquitecto estadounidense Emile Vestuti, este último contratado con la finalidad de apoyar el diseño y producción de la fábrica Decodibo” (hay que recordar que Vestuti llega a Venezuela contratado por Guinand y Benacerraf con quienes también trabaja como arquitecto en su oficina), síntoma de que la empresa que hoy nos ocupa competía al más alto nivel con las de su ramo. A ese momento pertenece también la página de propaganda preparada en 1957 para la revista A, hombre y expresión por Clara Urdaneta que, utilizando la letra “D” como motivo identificativo de la firma, engalana nuestra postal del día de hoy.

“Decodibo (nos dirá Pérez Urbaneja), al igual que Tecoteca y Capuy, son tiendas que fueron inauguradas en los años cincuenta en Caracas, y tuvieron sucursales en Maracaibo y Valencia. Las tres todavía existen. Decodibo fue fuerte en la importación de líneas de mobiliario y accesorios para la oficina y el hogar. En tiempos recientes, volvió a incorporar piezas nacionales, diseñadas por arquitectos como Edmundo Díquez”.

Otro anuncio de DIBO S.A. publicado en la revista Integral nº 9, 1958

Para darnos una idea de la apuesta de Anthony Dibo y sus socios por incorporar la más alta calidad en el diseño y productos que en sus tiendas se comercializaban, la propaganda que recoge la postal ya señala cómo  DIBO S.A. tenía una “exhibición permanente de muebles finos de su propia fabricación y original diseño, muebles de oficina de Herman Miller cómodos y prácticos. TELAS de tapicería y cortinas de calidades y dibujos seleccionados de las mejores firmas de Europa y América diseñados exclusivamente para DECODIBO S.A. ALFOMBRAS de lana y sisal en variados colores modernos. TAPICES exclusivos de Sofía Wieden, Lurcat y D’aubousson. LÁMPARAS de techo, pie, mesa y apliques de las afamadas casas Orrefors, Böhlmarks, Orskov, Tinel, Venini, Lightolier. CERÁMICAS Y CRISTALES decorativos procedentes de Suecia, Dinamarca, Finlandia, Norteamérica”, para cerrar informando que ya poseía locales en la Gran Avenida de Sabana Grande y la Av. Francisco de Miranda, Edif. Royal Palace, Chacaíto, con “estacionamiento propio y aire acondicionado”.

Evolución del logo que identifica a la empresa

En 1986 DECODIBO S.A., tal y como reza en su portal www.decodibo.com, “se convierte en la primera empresa venezolana autorizada para comercializar la línea de muebles modulares para oficina, marca Herman Miller” (que ya vendía prácticamente desde su fundación), y “desde el año 2013 (…) tiene una nueva Directiva, quienes están enfocados en renovar la organización y posicionar a Decodibo en el mercado venezolano como el principal proveedor de sistemas integrales de mobiliario de alto diseño para oficinas.” A ello se suma la creación de un logo que modifica sutilmente el que durante años la identificó combinado con la tipografía que siempre ha usado.

Basa su filosofía corporativa (para no dejar dudas de sus vínculos -en este caso vitruvianos- con la arquitectura), “en los tres principios básicos que debe tener todo diseño o elemento relacionado con el hombre y su entorno: Venustas: La Belleza + la Armonía = Diseño; todo lo que ofrezcamos debe tener un diseño que lo avale. (…) Firmitas: Durabilidad + Largo plazo = Ahorro. Los muebles y sistemas que ofrecemos tienen una durabilidad comprobada: permanencia. (…) Utilitas: Necesidad real + Resolver problemas = Relaciones a largo plazo. Lo que ofrecemos está sustentado en las necesidades reales de los clientes; dar soluciones a sus problemas.” DECODIBO S.A. despacha desde la urbanización Santa Paula, Baruta, Caracas y tiene un Almacén en Colinas de Bello Monte, Baruta, Edo Miranda.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 170

Con la exposición “Arquitectura Italiana Contemporánea” se cierra un ciclo de 21 años de gestión de Antonio Granados Valdés al frente de la División de Extensión Cultural (1957 y 1978) de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV. Aunque para ese momento ya había sido creado (1976) el Centro de Información y Documentación (CID) por el decano Américo Faillace, éste convino con Granados, hasta tanto no cumpliese los años que le permitiesen jubilarse, relegarlo de las tareas que implicaban reestructurar y crear un verdadero sistema de información y documentación dentro de la institución y mantenerlo al frente de la revista Punto y la Colección Espacio y Forma, así como del montaje de aquellas exposiciones programadas con anterioridad, entre las cuales se encontraba la que hoy nos ocupa.

También permite esta muestra fotográfica revelarnos una vez más las estrechas relaciones que Granados logró entretejer con las agregadurías culturales de diversas embajadas presentes en nuestro país y en particular con el Instituto Italiano de Cultura que le proveyó, según hemos indagado, además de la que reseñamos hoy, de las siguientes exposiciones itinerantes: la dedicada a Pier Luigi Nervi (1964), la que mostró la obra de Miguel Ángel Buonarotti (1965), la titulada “Bramante. Entre humanismo y manierismo” (1974) e hizo la intermediación para que en la corta visita que hiciera en 1968 el arquitecto Dante Bini a Caracas (quien desarrolló un modelo de vivienda de concreto vaciada sobre una encofrado inflable, que una vez endurecida la mezcla se desinflaba), pudiera presentarse en el auditorio de la FAU UCV.

Pier Luigi Nervi, por quien Granados sentía una particular predilección, es la figura que protagoniza la muestra “Arquitectura Italiana Contemporánea”, por lo que ya ello orienta hacia dónde estaba dirigida la selección de obras que formaban parte de la exhibición. No es casual que sea una fotografía del detalle de uno de los pilares de filigrana en concreto armado del Palazzo del Lavoro en Turín, obra construida entre 1959 y 1961 (que se realiza luego de ser organizado el concurso del que resulta ganador Nervi para realizar el proyecto dentro del marco de las celebraciones de la Expo Italia’61, concebida para celebrar los mitos del progreso económico e industrial de la Italia de posguerra), la escogida para ilustrar el catálogo elaborado para la ocasión y que engalana nuestra postal.

A pesar de que llegaba a Caracas en 1978, la exposición tenía poco de “contemporánea” en el estricto sentido del término. Recogía un segmento de lo que entonces resaltaba dentro del panorama arquitectónico italiano más bien perteneciente a la cercana posguerra y en particular al período comprendido entre finales de la década de 1950 y la de 1960, momento en que Nervi aún opacaba a una generación de jóvenes arquitectos que posteriormente brillarán con luz propia. Sin embargo, la muestra ya asomaba la tensión que se empezaba a hacer presente dirigida a renovar el lenguaje y sus contenidos propios de aquellos años, tensión que apuntaba hacia la renovación en la que las nuevas vanguardias, la segunda del siglo XX, empezaban a desempeñar un papel propulsor.

En “Arquitectura Italiana Contemporánea”, se pudo percibir, por tanto, aquel racionalismo que se impuso reconociéndose a sí mismo en la línea de la revista Casabella-continuitá, bajo la dirección de Ernesto Nathan Rogers, que se expresaba de manos de arquitectos de notable habilidad como Albini, Luigi Walter Moretti, Gio Ponti, Galmanini, Portaluppi, Carlo Scarpa, Figini, Pollini, BBPR, Michelucci o Giuseppe Samonà, que denotan la existencia de personalidades fluctuantes que no había elaborado necesariamente un discurso unificado. En este panorama el lenguaje de Nervi signado por un trabajo meticuloso de los sistemas portantes sigue un camino que parece único y personal, los esfuerzos de Bruno Zevi por abrirle espacio a la arquitectura orgánica aún no han dado frutos, el neorrealismo procedente del mundo cinematográfico presente en las obras de Mario Ridolfi, Carlo Aymonino, Ludovico Quaroni o Giovanni Michelucci está aún gestándose y el paralelismo que se da entre el metabolismo japonés y la arquitectura radical de Archizoom, UFO y Superstudio no se asoma.

Por tanto, lo presentado en “Arquitectura Italiana Contemporánea”, con sus excepciones, ilustraba temas que se debatían ente manifestar su apego al discurso propio del Movimiento Moderno y la tradición heredada de las vanguardias en contraposición a la presencia inobjetable de la ciudad y su historia. La siempre problemática ruptura con el pasado que gobernaba la arquitectura italiana de aquel período se pone en evidencia, por ejemplo, ante la imposibilidad de que dos grandes Maestros del Movimiento Moderno, Le Corbusier y Frank Lloyd Wright realicen dos de sus proyectos en Venecia: el Hospital y el Palacio en el Gran Canal, respectivamente. Nervi fallece el 9 de enero de 1979, justo el año después de haberse montado la exposición en Caracas, por lo que bien podría considerarse que se trató, sin habérselo propuesto, de un homenaje que Granados quiso ofrecerle aún en vida a ese importante proyectista italiano que hizo de la ingeniería estructural el mejor medio para abrirle los ojos a la arquitectura.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 169

Medio Informativo (o ½ como al ser creado gustó identificarse), publicación periódica editada por el Centro de Información y Documentación (CID) de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la UCV, hizo su aparición por primera vez el mes de noviembre de 1996 con el objeto de llenar un vacío al que el panorama existente de órganos impresos que ofrecía la institución se le hacía muy difícil llenar. Aunque en sus inicios, por la periodicidad con que logró aparecer, la revista Punto pudo convertirse en noticiero de las más diversas y relevantes actividades que en la FAU UCV se llevaban a cabo, con el tiempo la dinámica que un cuerpo vivo, variado y algo más complejo empezó a evidenciar, requeriría de un instrumento más ágil dirigido a cubrir las labores que sus diversas instancias llevaban a cabo y los productos que de ellas emanaban cosa que Punto, dado el espaciamiento entre números y cambio de rumbo que se le fue imprimiendo poco a poco hacia una revista más de contenidos, no lograba solventar.

Por tanto cobró forma la idea de contar con un boletín que tuviese la apariencia de un periódico tabloide, impreso en papel bond, de fácil distribución y que nutriese y estimulase, tal y como señala el entonces decano Abner Colmenares en la “Presentación” del nº 1 que hoy ilustra nuestra postal, “un clima permanente de discusión e intercambio de ideas tendencias y posiciones de todos los miembros de la comunidad…”, buscándose como propósito el convertirse en espacio para promover el intercambio y llevar adelante “un registro continuo de las actividades, trabajos y logros de nuestra Facultad”. De esta manera, Medio se convertía además en un importante efecto de demostración de los bríos con que la recién empezada gestión decanal de Colmenares comenzaba a manifestarse.

Correspondió a la profesora Ana María Marín M., como Directora del CID, impulsar y llevar adelante este proyecto editorial que en principio contó con el apoyo financiero del Vice-Rectorado Académico de la UCV y la Comisión de Post-Grado de la FAU, para lo cual conformó un equipo en el que Enrique Fernández-Shaw asumió la Coordinación Editorial, acompañado de un grupo de jóvenes, encargado de la redacción y producción, integrado por María Elena Ghersi, Luciano Landaeta, Claudia Peñaranda y María Antonia Rodríguez, quienes ya se habían fogueado en la experiencia que constituyó años antes la salida del semanario Arquitectura HOY. El sobrio y muy cuidado diseño y diagramación de la publicación corrió a cargo de Martha Sanabria y Catherine Goalard.

Como recalca Ana María Marín en el “Editorial» del nº 1, “½ nace como respuesta a una de las más urgentes necesidades dentro del recinto de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV: la de poder mantener informada a la Comunidad acerca de las diversas actividades que allí se desarrollan. Quienes somos miembros de la Escuela, de la FAU, o mantenemos nexos con ella, constantemente obviamos gran cantidad de acontecimientos que se llevan a cabo en nuestro contexto inmediato. Esta situación se ha dado por la inexistencia -hasta ahora- del medio adecuado para difundir esta información. (…) Este Primer Número de ½, tiene gran significado para el Centro de Información y Documentación. Ya que, él concreta nuestra apuesta por el optimismo. Un optimismo cuyo sustento es el esfuerzo y la pasión de todos y cada uno de los que hemos decidido poner en marcha el Programa de Publicaciones del CID.”

Este primer número de Medio que se vendía a un costo de Bs. 1500, conformado por 8 páginas, contó con secciones que, anunciadas en su portada (pág. 1), buscaban dar forma a los contenidos que se querían divulgar. Así el “Editorial” estuvo acompañado en la pág. 2 con dos segmentos: uno que daba cuenta de lo más relevante realizado por el “Instituto de Urbanismo” y otro  («Nuevos títulos») de las publicaciones más recientes aparecidas dentro de la propia institución. La página 3 la ocupaban las actividades y resultados procedentes de la “Comisión de Estudios de Postgrado”; las 4 y 5 (páginas centrales) reseñan la “Presencia de la FAU en la UIA”, cuyo congreso se realizó aquel año en Barcelona, España; la 6 diversas “Noticias del cuerpo docente”; la 7 se dedica a un abanico de “Proyectos estudiantiles”; cerrando con la 8 donde se registra en “Extramuros” noticias del acontecer arquitectónico y urbano nacional más allá de los límites estrictamente universitarios y un “Calendario” de lo más relevante que se tenía programado en un lapso de 3 meses dentro de la FAU como parte de sus actividades de extensión, lo cual da una señal de la periodicidad que se aspiraba tuviera la publicación.

Como suele ocurrir con mucha frecuencia, el ímpetu y entusiasmo inicial que movieron la aparición de Medio Informativo, se toparon con una realidad que le fue adversa y que obligó a modificar sus planes iniciales de salir trimestralmente, no siendo sino hasta febrero de 1998 cuando se produjo la aparición de un número doble (que engloba el 2 y el 3) de 12 páginas, con el que se intentaba subsanar en cierta forma los inconvenientes atravesados durante más de un año. Así lo registra la Directora del CID en el Editorial correspondiente ubicado en la página 1: “Me ha tocado interrumpir y reescribir esta nota editorial tantas veces, que su tema ha ido variando conforme a la variabilidad de las múltiples circunstancias que atentaban contra la aparición de este número doble de ½. El cual, hacemos llegar a la comunidad de la FAU, con esa sensación de incertidumbre que se ha vuelto nuestra única certeza tras un año de coordinar el Centro de Información y Documentación. Período, durante el cual, cuatro meses y medio de paro nacional de Universidades son parte del balance y en el que un nuevo conflicto en puertas es de nuevo una amenazante realidad…”.

Sin embargo, el número 2-3 de Medio mantuvo el porte, las mismas fuentes de financiamiento, equipo e imprenta (Guanarteme) y logró, con base a la misma estructura del nº 1, dar cabida de nuevo a los logros de la “Comisión de Estudios de Postgrado” (pág. 2), del “Instituto de Urbanismo” (pág. 3, donde aparece una reseña de Jesús Tenreiro de su proyecto para la “Nueva Sede para el Centro de Estudios de Postgrado de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la UCV a ser ubicado en la Zona Rental de Las Tres Gracias), y del “Instituto de Desarrollo Experimental de la Construcción” que comparte la pág. 4 con “Nuevos títulos”; abrir un mayor espacio a las actividades de extensión organizadas por el CID (págs. 6, 7 y 8) donde destaca en las centrales (6 y 7) los resultados de la Primera Edición de los Premios  AXIS; mantener las secciones “Actividades docentes” (pág. 9) y “Proyectos estudiantiles” (págs. 10 y 11); y cerrar (pág. 12) con un llamado a “Concurso” dirigido a estudiantes de “Paneles para la Sala de Exposiciones y Carteleras de la planta baja de la FAU”.
Cierra el primero de los ciclos de Medio, a cargo de Ana María Marín, con el nº 4 (octubre 1998, 12 páginas) sin alterar su estructura, con nueva Coordinadora Editorial (María Antonia Rodríguez), diversificando los colaboradores, estrenando sistema de distribución interna, incorporando de nuevo la Sección “Extramuros” en la última página y dedicando el espacio central (págs. 6 y 7) a la celebración de los 40 años del edificio de la FAU que se habían cumplido en 1997.

Cumplida la etapa de casi dos años con Marín al frente, dentro de la misma gestión decanal, el CID pasa a ser dirigido por Martín Padrón quien se propone (lográndolo) dar otra dimensión, presencia y formato a Medio. Teniendo en la mira la celebración del Centenario del nacimiento de Carlos Raúl Villanueva, terminado el trabajo de elaboración del dossier que permitiría obtener la declaratoria de la Ciudad Universitaria de Caracas (CUC) como Patrimonio Mundial (nueva tarea que había pasado a coordinar Marín) y tras más de un año sin aparecer, en enero de 2000 se logra relanzar, a partir del nº 5, un Medio con nuevo “look”: amplía a 16 el número de páginas, presenta una nueva estructura, nueva línea editorial y ofrece un atractivo y elaborado diseño gráfico que correrá a cargo de Álvaro Martín y Carlos Paz bajo la coordinación de Marianella Mora. Se incorporan, además, artículos elaborados por críticos reconocidos (Carles Muro, Henry Vicente y William Niño, por ejemplo), se ofrece un resumen de las actividades realizadas por el CID en 1999, la relatoría del lo acontecido en la XII Asamblea de ICOMOS realizada en México (a cargo María Teresa Novoa y Lesmes Castañeda), y se dedican las páginas centrales justamente a mostrar parte del documento que se había presentado en 1999 a la UNESCO por el equipo de investigación “Ciudad Universitaria de Caracas-Patrimonio” para su postulación como patrimonio de la humanidad. También ocupa un espacio relevante el trabajo que venía adelantándose para elaborar el Plan Estratégico de la FAU UCV. Esta nueva etapa, sin abandonar el formato tabloide pasa del doble carta anterior (28 x 40 cms) a un vistoso 32 x 45 cms impreso en papel bond de alto gramaje.

La etapa encabezada por Padrón abarcará los números 5 (1500 ejemplares), 6 (2000 ejemplares, 16 páginas, junio de 2000) -ambos editados por Impresos Rubel- , 7 (2500 ejemplares, 20 páginas, febrero 2001) y 8 (2000 ejemplares, 20 páginas, mayo de 2001) -tiraje  de ambos a cargo de Impresos Fanarte-, obteniéndose la Mención Publicación de Arquitectura (Reconocimiento Especial) en la Bienal de Quito 2000 y el Premio a la Mejor Publicación de Arquitectura y Urbanismo (Mención Revista Especializada) en la X Bienal de Arquitectura de Caracas 2001, en lo que marcaría su etapa de mayor esplendor (utilizándose desde el nº 6 papel glasé), siempre a la sombra del Centenario de Villanueva y la declaratoria de la CUC como patrimonio mundial, a lo que se sumarán los aportes de la FAU UCV a la reconstrucción del estado Vargas a raíz e la tragedia de diciembre de 1999 (nº 6) y el sensible fallecimiento e importante reconocimiento que se le hará al profesor y ex-decano Pablo Lasala, acaecido a finales del año 2000, en los números 7 y 8 y luego también en el 9 (2000 ejemplares,16 páginas, marzo 2002), ya con Ronald Pérez dirigiendo el CID, Alberto Navarro fungiendo de Coordinador de Publicaciones, diseño gráfico ya no en manos de Álvaro Martín sino de Preview Comunicación Visual C.A. e impresión a cargo de Impresos Publigráfica.

La tercera y ultima etapa en la que Medio Informativo aparece en papel corresponde a los números 10 (enero 2008), 11 (julio 2008) y 12 (mayo 2009), cumpliendo (al menos en inicio) con una periodicidad semestral, todos con tiraje de 5000 ejemplares, impresos en papel bond con una altísima calidad por Gráficas Acea C.A. El nº 10 sale bajo la gestión decanal de Azier Calvo y los 11 y 12 con Guillermo Barrios al frente de la FAU, siempre con Eugenia Villalobos como Coordinadora de Extensión, dependencia ésta creada en 2005 que sustituirá al CID en todo lo relacionado a lograr armonizar las actividades de ese tipo dentro de la FAU.

Se logró sin duda, no sin haber realizado previamente ingentes esfuerzos, recuperar el lustre que Medio había alcanzado (alto valor visual, relevantes contenidos y muy bien ilustrada información), ahora bajo un nuevo concepto gráfico a cargo de Latonería & Pintura, producción editorial en manos de Edmundo Ramos (con el concurso de Juan Vicente Pantin, la asesoría de Marianella Mora y el apoyo de un Comité Editorial formado por siete profesores ), con una ligera alteración del formato, pasando de 34 x 48 cms (nº 10) a 32 x 46 (nº 11 y 12).

Los contenidos de esta última fase, como muestra de su evolución en el tiempo, tratan (de acuerdo a lo recogido en https://www.fau.ucv.ve/medio_informativo.htm) “lo urbano; los ámbitos de la arquitectura y el urbanismo; la reflexión del espacio plástico y museístico; los procesos prácticos y académicos del ejercicio arquitectónico; la relación de la academia con la comunidad y la reflexión sobre los distintos procesos de los espacios públicos y privados. (…) Medio Informativo (MI) está pensada sobre una estructura que posee secciones fijas y otras de corte dinámico, que responden a la pauta de contenido establecida por el equipo editorial para cada número. La línea Editorial de MI le da prioridad a temas relacionados con las tesis y proyectos de La Facultad, tanto de pregrado como de postgrado, que expongan la visión de la pulsión actual de la arquitectura en La Academia. También trata de abrir un espacio para mostrar la arquitectura que se está haciendo y la que está por venir con los proyectos y las obras construidas. MI, sin dejar de lado el discurso gráfico de las publicaciones periódicas actuales, pretende atender el discurso que genera el ejercicio gráfico de la arquitectura. (…) MI está dirigida a aquellos grupos, dentro y fuera de la universidad, interesados en los temas relacionados con las distintas áreas de la arquitectura, el urbanismo y las artes plásticas”.

Después de la salida del nº 12, arropado por los problemas presupuestarios crecientes que han aquejado a UCV, Medio Informativo migró a formato digital siempre bajo el mismo espíritu y la responsabilidad de Edmundo Ramos desde la Coordinación de Extensión. El trabajo acumulado desde entre 2010 y 2018 se puede apreciar en la página http://mediodigitalfau.blogspot.com/, encontrándose en los actuales momentos latiendo tenuemente afectado por falta de apoyo institucional.

A modo de resumen habría que decir que Medio Informativo abrió la posibilidad de dar salida a una serie de contenidos que al mundo de la arquitectura, el urbanismo y su docencia siempre ha interesado conocer, creando un nicho propio alejado del rigor del arbitraje de las revistas científicas pero sin perder por ello rigor en su elaboración. Así, al revisar el cúmulo de información atesorada en sus 10 números impresos y la página en la que se aloja podemos obtener una panorámica bastante completa de lo acaecido a lo largo de más de 20 años y una fuente importante de información para curiosos e investigadores.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 168

Dentro del boom que significó desde finales de los años 40 y los 50 del siglo XX venezolano la definitiva inserción del automóvil como principal medio de locomoción, el cual llevó asociado toda una serie de edificaciones que iban desde aquellas donde se exhibían para la venta a otras que les servían de complemento, o facilitaban desde ellos la realización de diversas funciones como comer o ver el cine, sin contar las consideraciones urbanas que hicieron de las avenidas y autopistas el espacio idóneo donde impuso su reinado, el edificio proyectado por la firma Vegas & Galia para la empresa Anglo Ven se ubica en el punto más alto en cuanto al diseño de espacios destinados a convertirlos en objetos deseados y admirados cuan si joyas dentro de una vitrina o piezas de un museo se tratasen. No es otra la sensación cargada de glamour que transmite la extraordinaria foto de Paolo Gasparini que ocupa la totalidad de nuestra postal del día de hoy.

Citando a Rómulo Betancourt primero y a Guillermo José Schael después, Lorenzo González Casas en “Autopía: Modernismo motorizado en Caracas” (https://www.ccscity450.com/ensayo/autopia-modernismo-motorizado-en-caracas/), no duda en afirmar cómo “la poderosa influencia del automóvil, … representó un encuentro y encantamiento a gran escala con el mundo de la máquina y una forma relativamente sencilla de demostrar un entusiasmo sin límites por la tecnología; una fe imbricada en la idea de que ‘…los países de atraso técnico, cuando se incorporan al manejo de la máquina, disfrutan de una ventaja singular: la de colocarse de un salto al nivel de los más avanzados’. Más aún, la llegada de los automotores a los más apartados confines del país ‘era más que una aventura: era un mensaje de progreso’ ”.

Si bien, como señala el propio González Casas, los primeros automóviles llegan a nuestro país en 1904, “la circulación vehicular, habida cuenta de la escasez de calles pavimentadas, estaba limitada a algunos distritos como El Paraíso, primer suburbio caraqueño, el cual contaba con una vía acondicionada. Posteriormente, los carros se abrieron paso por el valle mayor, siendo una obra fundamental la carretera del Este, inaugurada en 1912, que llegó hasta Petare”, detectándose “que el parque automotor pudo saltar de unas pocas unidades a inicios del siglo a 46.000 unidades en 1946 y a 206.000 en 1955”. Por tanto, no fue casual que “dos experiencias de planificación fundamentales para la capital y el país pivotaran en torno al tema de la movilidad: el Plan Nacional de Vialidad y una serie de planes para Caracas”, el primero de 1947 y los segundos encabezados por el Plan Rotival (1939), seguido por el Plan Arterial de 1948, culminan con el Plano Regulador de 1951. Así, “el automóvil particular llegó a ser un importante símbolo de estatus, con el consiguiente desprecio hacia el peatón y la restricción de la movilidad para gruesas capas de la sociedad. En el nuevo paisaje, tan inspirado por el norteamericano, las autopistas (en horizontal) y los rascacielos (en vertical) trazan la evolución de la ciudad, en agudo contraste con los rasgos tradicionales del urbanismo caraqueño, como fueron la cuadrícula, la unidad focal y las edificaciones de baja altura”. ¿Qué otra cosa sino un gran monumento que tiene al automóvil como principal protagonista era originalmente El Helicoide?

Por tanto, la aparición de la tipología de edificios destinados a la exhibición y venta de automóviles (cuyo ejemplo pionero lo constituye la creación en enero de 1909 de la C.A. El Automóvil Universal por parte de William H. Phelps con apoyo de Enrique Arvelo y Edgar Anzola), no puede verse aislada de todo un fenómeno socio-económico-urbano que tiene al petróleo como su motor principal y a la ciudad como su escenario. Junto a ella habría que sumar el acompañamiento de “numerosas estaciones de servicio, talleres y ventas de repuestos que poblaron la geografía urbana”, sin dejar de lado la aparición de grandes estacionamientos (convencionales en horizontal y del tipo mecánico en vertical) e incluso autocines.

En este contexto, la C.A. Mercantil Anglo-Venezolana (Anglo Ven), fundada en 1945 por John Miller, Luis Johnson y Charles Frazer como empresa comercializadora de refrigeradoras, vehículos y variedades de mercancía provenientes de Inglaterra, ubicada inicialmente en el edificio Royal en Puente Hierro, consciente del negocio asociado con el desarrollo que cobró la movilidad vehicular en la ciudad, firma por un lado con GM Interamerican Corporation un contrato como distribuidor exclusivo de los vehículos de origen inglés Vauxhall y de su subsidiaria Bedford, y por el otro con los fabricantes británicos de las marcas de alta gama Lucas y Jaguar sumándose luego los alemanes de Opel. Dicha alianza arroja como resultado la necesidad de crear en la pujante urbanización Colinas de Bello Monte, localizada estratégicamente (avenida Leonardo da Vinci con calle Bonpland) equidistante entre la sede de la Creole Petroleum Corporation y la primera tienda por departamentos de la firma Sears Roebuck Co., una exclusiva vitrina para exponer y comercializar estos vehículos, responsabilidad que recayó en la importante firma de arquitectos conformada por Martín Vegas y José Miguel Galia.

1. El edificio y su contexto inmediato (circa 1956)

La parcela en esquina de 1.800 m2 propició que Vegas & Galia implantaran con maestría el edificio a modo de “rótula”, conformado por geometrías contrastantes: por un lado un cilindro de vidrio con una cúpula en concreto como cubierta y por el otro un prisma de ladrillos de arcilla con textura de calados, generando en su conjunto una pieza no convencional para exhibición de vehículos que constituyó una atracción y despertó interés en su época. El cilindro, destinado a la exhibición, posee una estructura de apoyo central y columnas perimetrales inclinadas para liberar el espacio. La cúpula que lo cubre, de treinta metros de diámetro y siete centímetros de espesor, fue reforzada en sus bordes con anillos de tracción pre-comprimidos. El prisma vertical de ladrillo contiene el montacargas y allí se identificaban las marcas que distribuía la empresa. El cilindro de exhibición está elevado del suelo y su cerramiento de cristal, fijado a las columnas perimetrales inclinadas, para evitar reflejos y mejorar la posibilidad de visualizar los automóviles en venta desde el exterior. Cuenta, además con una mezzanina incorporada espacialmente al área de exhibición y un depósito, con un sótano para un taller mecánico.

2. Dos tomas del edificio. Izquierda: recién terminado (1956). Derecha: mientras se construía (circa 1955)
3. El edificio en plena construcción (circa 1955)
4. Vista nocturna (circa 1956)
5. Aspecto actual del edificio (2013)

Se trata Anglo Ven, sin lugar a dudas, de una obra que permitió poner a prueba una vez más la conjugación del talento combinado entre los arquitectos proyectistas y los ingenieros que la calcularon: Juan Otaola Paván y Oscar Benedetti, quienes a su vez asumieron su impecable construcción a través de la firma Precomprimidos. También, muy a tono con los vientos que soplaban en la época, Vegas & Galia solicitaron la colaboración del artista plástico Carlos González Bogen (1920-1992) quien diseñó un mural que complementa el edificio.

Después de más de 10 años distribuyendo las marcas que le permitieron darse a conocer, el edificio Anglo Ven se convirtió en agencia distribuidora de la gama de vehículos Chevrolet por más de 50 años, manteniendo siempre en muy buen estado las instalaciones. Posteriormente la firma Dambromotors (también distribuidora Chevrolet), sin descuidar el buen cuidado del área de exhibición, incorporó como parte del acceso una desproporcionada valla publicitaria que afecta la elegante marquesina original,   desdibuja la impecable composición geométrica de edificio e impide la apreciación de la obra mural de González Bogen que una vez estuvo ubicada en la mezzanina del concesionario. Hoy en día se comercializan vehículos marca Nissan.

6. Planta baja y corte

Oscar Tenreiro en el artículo titulado “Obra de arte en Bello Monte”, publicado en El Diario de Caracas el 5 de abril de 1992, en fechas en que se encontraba abierta en el Museo de Bellas Artes la exposición “José Miguel Galia. Arquitecto”, no dudó en afirmar sobre el edificio que nos ocupa: “Su muy inteligente estructura, el dominio de las proporciones, el inventivo uso del ladrillo como creador de transparencias y texturas, la calidad de su construcción apoyada en la previsión exacta de detalles, encuentros de elementos y un conocimiento técnico sorprendentemente maduro para gentes tan jóvenes (menores de cuarenta años ambos arquitectos), convierten este edificio en un objeto que pudiéramos llamar acabado, en el cual nada pareciera haberse salido de control. (…) Es, en definitiva, una obra de arte, porque su conservación será enseñanza para generaciones posteriores, porque revela la capacidad de respuesta de un monumento histórico, porque resiste cualquier comparación con edificios contemporáneos a él en la arquitectura latinoamericana”, opinión que desde acá compartimos a plenitud, a pesar de que a Galia le incomodara comparar su cultivado oficio con el de un artista.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 3 y 6. Alberto Sato. José Miguel Galia. Arquitecto, 2002

  1. https://twitter.com/gfdevenezuela/status/1313849654115786754

2. Izquierda: Colección Crono Arquitectura Venezuela. Derecha: http://precomprimido.com/project/edificio-anglo-ven/

4. Archivo Histórico de Miraflores

5. https://construidoencaracas.wordpress.com/2013/10/13/concesionario-automotriz-angloven/