
1961• Se constituye el «Consorcio Puente Maracaibo» entre las empresas Precomprimido, C.A. y Julius Bereger, A.G., para la construcción del Puente sobre el Lago.
HVH

1961• Se constituye el «Consorcio Puente Maracaibo» entre las empresas Precomprimido, C.A. y Julius Bereger, A.G., para la construcción del Puente sobre el Lago.
HVH

A poco que uno se pregunta cuántos edificios proyectó Carlos Raúl Villanueva para ser realizados fuera de Venezuela y, acto seguido, acude a los textos publicados, investigaciones hechas y páginas dedicadas a recopilar su obra, encuentra que con el pabellón de Venezuela en la Exposición Internacional de París de 1937 (autoría compartida con Luis Malaussena), el pabellón venezolano para la Exposición Universal de Montreal de 1967 y la Casa del Estudiante de la Ciudad Universitaria de París (1969), encargada por la Fundación Fina Gómez (en la que contó con la colaboración de Juan Pedro Posani), la lista se agota.
Pero cuando se reconoce que de esa corta enumeración los dos pabellones fueron desmantelados y la Casa del Estudiante sólo alcanzó el nivel de anteproyecto, se llega rápidamente a la conclusión de que la obra construida de Villanueva no sobrepasó el ámbito local, más allá de la trascendencia universal que todos sabemos ha alcanzado.

Sin embargo, luce llamativo el poder constatar cómo en el portal del IDESC (siglas de Infraestructura de Datos Espaciales de Santiago de Cali), dependiente del Departamento Administrativo de Planeación Municipal de la capital del Valle del Cauca (tercera ciudad más poblada de Colombia), se encuentra rigurosamente catalogado como “Bien Inmueble de Interés Cultural” (Fichado como BIC N-13), propuesto a ser elevado a «Bien de Interés Nacional nivel 1 Conservación Integral», el “Edificio Venezolano”, “Autores: Carlos Raúl Villanueva y conjunto de arquitectos Banco Obrero de Venezuela ((José Manuel) Mijares, (José) Hoffman y (Carlos) Brando). Fecha 1956”, terminado de construir en 1957.
En medio de la magnitud de la tragedia conocida como “La Explosión de Cali”, la donación del gobierno venezolano (presidido por Marcos Pérez Jiménez) al colombiano (que tenía al frente al también dictador Gustavo Rojas Pinilla), del proyecto completo del superbloque que se repitió entre 1955 y 1957 hasta un total de 38 veces (7 de ellos dobles y 7 triples) en las tres etapas en que se dividió la construcción del conjunto 2 de diciembre (hoy 23 de enero) en Caracas, quizás haya pasado a un segundo plano sin que por ello dejara de ser reconocida y reseñada ampliamente por la prensa colombiana de la época, resaltando la importante muestra de solidaridad y generosidad así expresada.

Vale la pena recordar que «La Explosión de Cali», accidente que ocupa un lugar preeminente entre los acontecidos en Colombia a lo largo de su historia, ocurrió el 7 de agosto de 1956 y fue provocado por la detonación de siete camiones del ejército cargados con 1053 cajas de dinamita (que se emplearían en la construcción de carreteras en el departamento de Cundinamarca), aparcados en la antigua Estación del Ferrocarril del Pacífico (luego de haber sido movidos desde el Batallón Pichincha), destruyendo al explotar 41 manzanas y dejando un cráter de 50 metros de ancho por 25 metros de profundidad. La onda expansiva acabó con las edificaciones, casas y negocios existentes, y con las vidas de aproximadamente 4000 personas, dejando heridas a 12000 más. Seis barrios (que al día de hoy existen) fueron afectados: San Nicolás, El Porvenir, El Hoyo, El Piloto, Fátima y Jorge Isaacs.
Así, el bloque conocido como “República de Venezuela” (fichado, como ya se dijo, bajo el nombre de “Edificio Venezolano”), de 15 pisos de alto, con 11.911 m2 de construcción y 140 apartamentos; clasificado entre los denominados “tipo A” dentro de las dos variantes que existen en el conjunto caraqueño donde se origina, con 10 apartamentos por planta de variable número de habitaciones y con paradas de ascensor cada cuatro pisos que se combinan con un sistema interno de escaleras; ubicado en la avenida número 33, Calle 6 #3a6, en un terreno de 40.000 m2 donado por el médico venezolano residenciado Adolfo Bueno Madrid (extensión que formaba parte de su hacienda “La Flora”), contribuyó significativamente a la reubicación de cerca de 900 afectados por la tragedia. También se convirtió en “el primer ejemplo importante de arquitectura moderna en el campo de la vivienda colectiva en la ciudad” de Cali mostrándole a los que lo ocuparon una manera de vivir muy diferente a la que estaban acostumbrados.

El emplazamiento del edificio, aislado y posado sobre una generosa superficie predominantemente verde, permite apreciarlo flotando dejando la planta baja libre sin impedir que el espacio circundante fluya recordándonos su parentesco (aunque sea algo lejano) con las unidades de habitación de Le Corbusier. Está complementado funcionalmente por un pequeño centro comercial y una capilla que lleva por nombre “Nuestra Señora de Coromoto”. Su condición laminar, acompañada de una eficiente estructura en concreto armado, tabiquería de bloques de cemento y carpintería metálica modular, asoman algunos de los aspectos que permitieron su construcción (1957) en tiempo récord (menos 6 meses) para asombro de los habitantes de la aún provinciana ciudad capital del Departamento del Valle del Cauca.



Tal y como ocurrió con sus clones caraqueños, el edificio estuvo pintado con base en la misma composición de colores prefigurada por el artista plástico venezolano Mateo Manaure, la cual con el pasar del tiempo no fue repuesta mostrando en la actualidad una austera condición monocromática.
Si bien el indagar acerca del por qué esta obra no se ha catalogado aún dentro de la trayectoria de Villanueva puede dar pie a un sinfín de conjeturas y a manifestaciones del tipo “ya lo sabíamos, pero…”, lo cierto es que, sin pretender asumir un rol que no nos corresponde, creemos que es hora de que se le preste atención en vista de la copiosa documentación existente y a su condición de pieza única. Ello permitiría, incluso, dar veracidad a la información que se maneja de que el bloque construido en Cali corresponde al nº 8 del 23 de enero, ya que hay quienes afirman que la numeración de dichos edificios dentro de la populosa parroquia caraqueña pasa sin solución de continuidad del 7 al 9, pudiéndose así ir de la leyenda urbana a la información veraz y rigurosa.
Para empezar invitamos, como ya nosotros lo hemos hecho, a descargar el documento idesc.cali.gov.co/download/bic_2014/BICN-13.pdf. Luego, presumimos, se empezará a asomar entre los estudiosos el desarrollo de un trabajo que, con las acotaciones del caso, ojalá salde una deuda pendiente.
ACA
Procedencia de las imágenes
1. Colección Crono Arquitectura Venezuela
2. http://idesc.cali.gov.co/download/bic_2014/BICN-13.pdf
3. https://latam.historyplay.tv/hoy-en-la-historia/explosion-de-cali
4. https://www.aporrea.org/venezuelaexterior/n303499.html
5 y 7. Edificio Venezolano, Cali, 1957 (https://www.youtube.com/watch?v=BnLlElEY474)
6. Villanueva P. y Pintó M.; Carlos Raúl Villanueva, 2000
El MOMA se adentra en los archivos de Frank Lloyd Wright en el 150 aniversario de su nacimiento
Mª Ángeles Domínguez

Tomado de http://graffica.info/moma-frank-lloyd-wright-150-aniversario/
3 de junio 2017
Con motivo del 150 aniversario del nacimiento de Frank Lloyd Wright, el 8 de junio de 1867, el MOMA de Nueva York dedica al arquitecto estadounidense la mayor exposición realizada hasta el momento. Quienes se acerquen hasta el museo neoyorquino entre el 12 de junio y el 1 de octubre de 2017, podrán disfrutar de la muestra Frank Lloyd Wright at 150: Unpacking the Archive. Ésta ambiciosa exhibición incluye 400 obras entre las que se encuentran bocetos y dibujos arquitectónicos, maquetas, fragmentos de edificios, películas, emisiones de televisión, textiles, pinturas, fotografías y libros de recuerdos, junto con una serie de obras que rara vez o nunca han sido públicamente expuestas.
Frank Lloyd Wright (Wisconsin, 1867- Phoenix, Arizona, 1959) fue uno de los arquitectos más prolíficos y renombrados del siglo XX. Diseñador radical e intelectual, Wright abrazó las nuevas tecnologías y materiales, fue pionero en utilizar los sistemas de construcción del DIY (hágalo usted mismo), de la experimentación y la vanguardia. Desarrolló teorías originales avanzadas para su época con respecto a la naturaleza, el planeamiento urbano y la política social.
Con motivo del 150 aniversario del nacimiento del arquitecto estadounidense, el 8 de junio de 1867, el MOMA de Nueva York ha realizado un amplio trabajo de archivo e investigación para rendirle homenaje en la exposición Frank Lloyd Wright at 150: Unpacking the Archive. Se trata de una extensa muestra que abarca cerca de 400 obras realizadas entre los 1890 y los años cincuenta. En la misma se incluyen dibujos y bocetos arquitectónicos, maquetas, fragmentos de edificios, películas, emisiones de televisión, piezas textiles, pinturas, fotografías y libros de recuerdos, junto con una serie de obras que rara vez o nunca han sido públicamente expuestas.
A lo largo de su extensa carrera de siete décadas, Frank Lloyd Wright diseñó más de 1.000 edificios y realizó más de 500. Siempre preocupado por la posteridad, Wright conservó la mayor parte de sus dibujos –a pesar de que algunos se perdieron trágicamente en varios incendios– para formar un archivo con el que esperaba perpetuar su filosofía arquitectónica. Este archivo pretendía ser primero una herramienta en la producción de arquitectura en la Taliesin Fellowship, un programa de aprendizaje que Wright fundó en la década de 1930 en sus dos estudios-residencia en Wisconsin y Arizona. Así mismo, su intención era que sirviera a posteriori como un recurso académico para investigadores externos. Catalogado progresivamente y abierto a especialistas por la Fundación Frank Lloyd Wright, el archivo fue adquirido conjuntamente por el MOMA y Avery Architectural & Fine Arts Library en la Universidad de Columbia en 2012. Esta exposición celebra esta colaboración pionera y la nueva accesibilidad de la colección tanto para los estudiosos como para el público.
Frank Lloyd Wright at 150: Unpacking the Archive se refiere a la monumental tarea de mover 55.000 dibujos, 300.000 hojas de correspondencia, 125.000 fotografías y 2.700 manuscritos, así como maquetas, películas, fragmentos de construcción y otros materiales. También se refiere al trabajo de interpretación y al examen minucioso de proyectos que en algunos casos han recibido poca atención.
Para esta exposición, cuyo comisario es Barry Bergdoll, un grupo de académicos y un conservador de museos fueron invitados a ‘desembalar’ –contextualizar, hacer preguntas y explorar de otro modo– un objeto o grupo de objetos de su elección.
Sus procesos de descubrimiento han quedado registrados en una serie de cortometrajes que introducen las secciones temáticas de la exposición. Las preguntas planteadas iluminan los complejos períodos históricos a través de los cuales Wright vivió, a partir de finales del siglo XIX, marcado por el optimismo, a través de la Gran Depresión de los 30 hasta las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos experimentó un gran crecimiento demográfico y económico. Cada investigación académica ofrece ideas a la vez históricas y contemporáneas de amplia repercusión, que tocan cuestiones sobre el paisaje y las preocupaciones ambientales, la relación de la industria con la vida cotidiana, las cuestiones de raza, clase y socialdemocracia y el poder creciente de los medios de comunicación para forjar una reputación y generar una corriente de opinión.
Esta retrospectiva de los 150 años Frank Lloyd Wright está organizada en torno a un eje central destacando muchos de los grandes proyectos de Wright, que se ilustran con algunos de sus mejores dibujos e incluyen obras clave como Unity Temple (1905-08), Fallingwater (1934-37), el Johnson Wax Administration Building (1936-39), y el Marin County Civic Center (1957-70). Este eje central se despliega en 12 subsecciones que cubren temas tanto familiares como otros aspectos sobre el arquitecto estadounidense.
ACA

La noción de umbráculo, tal vez poco conocida y aún menos utilizada (o usada sin saberlo) entre nuestros arquitectos, ofrece la oportunidad de adentrarnos en una serie de aspectos en torno a los cuales gira nuestra la postal del día de hoy.
Para empezar, no está de más señalar que la palabra “umbráculo” proviene del latín umbraculum y que ya muestra en su raíz (umbra) su vinculación con ese elemento fundamental a ser considerado en el diseño de espacios en el trópico como lo es la sombra. Lugar de sombra, espacio sombreado o como sintetiza el Diccionario de la Real Academia Española: “Sitio cubierto de ramaje o de otra cosa que da paso al aire, para resguardar las plantas de la fuerza del sol”, son sus principales acepciones.
De su definición más amplia asomada por el DRAE son cuatro los puntos a destacar: uno, la presencia de una cubierta que lo protege; dos, la importancia de dar paso al aire y también al agua, es decir de considerar como prioritario la buena ventilación sin importar que lo techado se moje; tres, la condición material de lo que sombrea (ramajes, madera u otras cosas); y cuatro, su carácter de elemento pensado para proteger (en principio plantas) del sol inclemente. Enramada, sombrajo, cobertizo o pérgola son algunos de los sinónimos que no llegan ni por asomo a alcanzar el sugestivo acento de la palabra original.
Tampoco está de más el advertir algunas diferencias con otro término vinculado a la preservación de plantas: invernadero, el cual aunque también se caracteriza por su utilización en el control ambiental lo hace, por lo general, incorporando medios artificiales y una mayor dosis de tecnología. Si el umbráculo está más ligado al verano el invernadero (como su raíz delata) lo está al invierno. Si el segundo en buena parte nos es ajeno el primero nos es muy afín.
De aquí que, cuando Roberto Burle Marx (1909-1994) y sus colaboradores (Fernando Tábora, John Godfrey Stoddart, Julio César Pessolani y Mauricio Monte) enfrentan el diseño y construcción del Parque de Este en Caracas entre 1959 y 1961 (claramente explicado en el libro Dos parque. Un equipo -2007- de Fernando Tábora), no duden en incorporar la presencia de un espacio de gran escala, visitable, en el que resguardar de la incidencia directa del sol una importante cantidad de especies y lo identifiquen como “El Umbráculo”.
Este atractivo lugar, no construido y cuya localización dentro del Plan Maestro del Parque nos ha sido difícil precisar con exactitud pese a que según Tábora “existe hasta hoy el área reservada”, pertenece a lo que los proyectistas denominaron “el tercer espacio”: “aquel que circundaba el área de bosque y en el cual se desarrollarían las actividades recreacionales más complejas. En ellos se incluirían aspectos contemplativos, los juegos infantiles, los espacios para picnic y las mayores oportunidades para la observación del paisaje y el ejercicio, libre del aspecto formal de canchas deportivas y en contacto con la naturaleza. En este espacio se ubicarían también algunos elementos que cubrirían los objetivos didácticos que se proponían para el Parque, tales como el Planetarium (…), el jardín xerofítico y el umbráculo… Dentro e este espacio se ubicarían los dos lagos más importantes, al norte el de las colecciones de plantas acuáticas y al sur el recreativo destinado a los paseos en embarcaciones ligeras”.
Quizás convenga recordar que, excluyendo el área de acceso, el primer espacio “estaba destinado a establecer la relación del Parque con sus linderos” buscándose, conceptualmente, “integrar visualmente, por todos los medios posibles, el área al gran paisaje que constituyen el Ávila y las serranías del sur del valle de Caracas” albergando, escondidos con medios naturales, “los elementos que impactaban negativamente las visuales de los usuarios” que no son otra cosa que los servicios de apoyo. El segundo “correspondió al desarrollo de las actividades deportivas formales pero sin el establecimiento de canchas, para lo cual eran necesarias extensas áreas de grama, planas y rodeadas de vegetación”. Y al tercero ya descrito se suma el cuarto que corresponde «a la zona del bosque, principalmente de bucares (Erythrina poeppigiana) que en un tiempo pasado sombrearon la plantación de café de la Hacienda San José” conformada por áreas de interés didáctico tales como las “colecciones de plantas y las instalaciones para las exhibiciones de fauna”. Los cuatro espacios están bordeados y se interconectan mediante un estudiado sistema de circulación de peatones y vehículos que facilita la contemplación, el mantenimiento y la vigilancia del Parque.
Según la imagen que hemos extraído del libro ya mencionado (un dibujo en perspectiva realizado en tinta sobre papel blanco) y que preside nuestra postal de hoy, “El Umbráculo” se trata de un lugar diseñado siguiendo buena parte de los patrones que caracterizan el Sector «Los Patios» (ubicado al norte del Parque y al este de la entrada principal). El tratamiento dado a los pisos y la presencia de muros envolventes y de separación con diferentes texturas, elementos todos que acompañan a la vegetación objeto de protección, nos hacen pensar que podría tratarse, incluso, de un patio cubierto, concepto que aunque encierra cierta contradicción bien podría caber perfectamente dentro de la manera como fueron concebidos estos apacibles espacios en el Sector mencionado. Por otra parte, la fuerza y protagonismo que adquiere el ligero techo prefigurado evoca el ambiente sombreado producido por las copas de los árboles de una selva tropical.

Sin poder comprobarlo, no quisiéramos dejar de mencionar un claro referente que pudo haber influido en la visión que tuvo el equipo de arquitectos del Parque del Este a la hora de vislumbrar el espacio que nos ocupa: el umbráculo del Parque de la Ciudadela (Josep Fontseré, 1883), en Barcelona. Lugar mágico, diseñado, ciertamente, para un clima más bien templado que lo obliga a encerrarse, pero que genera toda una serie de sensaciones hermanadas, sin duda, con la comprensión del medio ambiente que algunos de nuestros arquitectos de la modernidad han sabido manejar de forma magistral y que ilustra la noción de espacio intermedio: aquel que trasciende su función de filtro climático para constituirse, como diría Glenda Kapstein, “en elemento significativo para una arquitectura determinada, para un determinado lugar.”
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal. Tábora F. Dos parques. Un equipo, 2007
1. http://fotosdebarcelona.com/historiagrafica/picture.php?/698

1959• Se concluye la construcción del Centro de Ingenieros, Mérida, estado Mérida,
proyectado en 1957 por la firma Tekto, C.A. (arquitectos Carlos Celis Cepero y Eduardo Dagnino C.), con el cálculo estructural de los ingenieros Federico Cortés y Luis Fargier.
Lo arquitectos implantaron el edificio en el terreno aprovechando la suave pendiente existente, lo cual les permitió desarrollar un volumen de dos pisos con poca altura sobre la calle. En el piso superior ubicaron el vestíbulo, la sala de conferencias, salón de estar, bar, cocina, dormitorio del conserje con su baño, sanitarios para damas y caballeros. En la segunda planta la biblioteca iluminada a través de claraboyas, dos oficinas, un sanitario y un depósito.
En la parte baja del terreno, una terraza como extensión de la piscina, el vestuario y sanitarios.
El Centro tiene un hermoso mural de artista venezolano, natural de la Isla de Margarita, Omar Carreño (1927-2013), Premio Nacional de Artes Plásticas 1972.
HVH

1957• En poco menos de seis meses se concluye la construcción del que sería el Bloque 8 del Conjunto Urbano 2 de Diciembre de Caracas (hoy 23 de enero), en la avenida número 33, Calle. 6, nº3a6, de la ciudad de Cali, Colombia, proyectado para el Banco Obrero (BO) en 1954 por los arquitectos Carlos Raúl Villanueva, José Manuel Mijares, José Hoffman y Carlos Brando.
El Bloque fue donado por el general Marcos Pérez Jiménez en nombre de la República de Venezuela para contribuir a la reubicación de los afectados de la llamada «Explosión de Cali», accidente provocado por la detonación de cajas de dinamita que eran transportadas a través de la ciudad, que dejo unos 4.000 fallecidos y 1.200 heridos, destruyendo 41 manzanas alrededor de la estación ferroviaria.
El «Edificio Venezolano», como es conocido en Cali, fue levantado en un terreno de 40.000 m2 donados por el venezolano Adolfo Bueno Madrid, extensión que formaba parte de su hacienda “La Flora”.
El Conjunto construido, que fue financiado por el Banco Central de Venezuela, consta del Bloque Residencial de 140 apartamentos, un pequeño centro comercial, una capilla que lleva por nombre «Nuestra Señora de Coromoto» y amplias zonas verdes que lo rodean.
Inicialmente el edificio tuvo una composición de colores en sus fachadas, al igual que los construidos en el 23 de enero, cuya autoría es del artista Mateo Manaure, la cual fue sustituida con el tiempo.
Las edificaciones que conforman este conjunto, probablemente el único existente fuera de nuestro país diseñado por el maestro Villanueva, se encuentran en muy buen estado de conservación y se encuentran en proceso de ser declarados Bienes Inmuebles de Interés Cultural de Santiago de Cali.
HVH