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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 184

El desaparecido edificio Galipán, cuya impactante estampa engalana nuestra postal del día de hoy, fue la primera intervención de envergadura que se realizara en la avenida Francisco de Miranda, vía que el Ministerio de Obras Públicas (MOP) terminó de construir en 1954 sobre el trazado del antiguo Camino Real de Petare en el trecho de 8,2 kilómetros que transcurre desde Chacaíto hasta esa población.

Tardó el Galipán 20 meses en construirse (agosto 1950 a marzo 1952) bajo la responsabilidad de la Compañía Anónima Edificaciones Galipán, presidida por Carlos Rodríguez Landaeta, en una manzana de 8.600 m2 de extensión que limita con la avenida Francisco de Miranda por el Norte, la calle El Parque por el Este, la avenida Tamanaco por el Sur y al Oeste con la calle Mohedano, de la urbanización El Rosal. Su diseño fue realizado por el ingeniero-arquitecto Gustavo Guinand Van der Walle (FI UCV, 1942; FAU UCV, 1967).

1. Edificio Galipán, Gustavo Guinand Van der Walle. 1952. Arriba: planta tipo (apartamentos). Abajo: planta baja (comercios)

Estaba integrado por tres torres enlazadas, y fue considerado en su momento “la unidad de vivienda mas avanzada de Latinoamérica”. Tuvo 14 pisos que totalizaban 36 metros de altura (la más alta de la capital, pudiéndose divisar el valle de Caracas en toda su extensión), 28.000 m2 de construcción, en los cuales Guinand desarrolló 135 apartamentos, 29 locales comerciales, 24 oficinas, un bar-restaurante en el último nivel, un garage con estación de servicios para 80 vehículos y estacionamientos al aire libre.

Fue construido a un costo de 14 millones de bolívares por varias empresas, entre las que se destacaron Técnica Constructora C.A., quien realizó la estructura de concreto armado antisísmica; Martínez y Salegui responsable de la albañilería; Briceño y Rodríguez de las instalaciones sanitarias y José García de las instalaciones eléctricas.

Los pisos del edificio fueron de granito y las paredes de los accesos y espacios de circulación estaban recubiertos con mármol de Carrara. La circulación vertical se realizaba a través de 12 escaleras y 6 ascensores (dos de ellos de carga). El tanque subterráneo de agua tenia una capacidad de 500.000 litros y estaba equipado con 4 bombas de 25 hp cada una.

2. Dos vistas exteriores del edificio Galipán
3. Edificio Galipán, Gustavo Guinand Van der Walle. 1952. Fachada norte

Citando a Hannia Gómez en el artículo “Flores al Galipán”, aparecido inicialmente en la sección Arquitectura del diario El Nacional en 1999 (que hoy se puede releer en http://fundamemoria.tripod.com/id37.html), “La avenida como dijéramos una vez en un libro del Instituto de Arquitectura Urbana, luciría ‘nueva y flamante’, prácticamente construida para el uso exclusivo de la ‘gigantesca megaestructura en medio de grandes lotes baldíos de terreno’. El edificio se asienta majestuosamente a su orilla como un ‘mundo urbano en sí mismo, como un pedazo aislado de ciudad’. En aquel entonces lo habíamos escogido entre los 10 mejores edificios de vivienda multifamiliar de los años cincuenta y le redibujamos cariñosamente sus plantas, sus secciones y sus alzados, cuidando mucho en delinear bien cada antepecho, cada baranda, cada alero (que tanta familiaridad tienen con los de su notable pariente, el Hotel Tamanaco, otra espléndida obra del arquitecto Gustavo Guinand), a fin de salvarlos para la posteridad, erigiéndolo con nuestro devoto esfuerzo en un sitial de honor: una de las operaciones de mayor confianza urbana de la época. Arriba en el último piso, un amplio restaurante coronaría la corpulenta fábrica a lo largo de una terraza sobre la curvatura central del volumen, rutilante de luces festivas y repleta de gente, y desde cada uno de los dos penthouses en las cinco puntas del edificio, los inquilinos, todos gente muy chic que se daban codazos para conseguir aquí apartamentos para rentar, abrían sus elegantemente decorados balcones a la vista de la nueva Caracas”.

Referencia durante años por su calidad arquitectónica, respuesta urbana y el alto estándar de las firmas que ocupaban sus espacios comerciales, los propietarios del Galipán afectados por el hecho de haber sido construido antes de que se sancionara la Ley de Propiedad Horizontal y por la posterior aplicación de la Ley de Inquilinato, habían ido descuidando paulatinamente su mantenimiento y cambiando forzadamente su uso, presentando innumerables problemas con quienes como inquilinos ocupaban sus espacios. Adicionalmente, se empezaba a ver afectado por la presión de una ordenanza que permitía en el área que ocupaba un mayor porcentaje de construcción del que poseía.

En medio de este panorama, en julio de 1999 el Concejo Municipal de Chacao aprobó un acuerdo mediante el cual se lo declaraba patrimonio histórico del municipio. Sin embargo, meses después, los mismos concejales inexplicablemente, con sólo un voto salvado, derogaron el decreto facilitando la posibilidad de su demolición.

4. Nº 324 del 3 de diciembre de 1999 de Arquitectura HOY, dedicado a encontrar salidas a al inminente demolición del edificio Galipán

El escándalo que acompañó todo el proceso que terminó con el derrumbe forzado del edificio, constituyó a finales de los años 90 del siglo XX todo un testimonio del despertar de un sentir que se venía desarrollando por la preservación del patrimonio construido de la ciudad, altamente afectado en lo correspondiente a su pasado colonial y republicano al cual ya se habían empezado a sumar importantes piezas de arquitectura moderna. También de la frustración que acompañó el no poder evitar su anunciado destino a pesar de los pesares y de los altibajos esperanzadores que fueron surgiendo una vez que la sentencia fue decretada.

Las voces levantadas desde diferentes frentes (académicos o de divulgación), si bien avivaron la polémica y abrieron los ojos al ciudadano común de que se trataba de una pelea desigual entre Mercado Inmobiliario y Conservación del Patrimonio, dejaron en claro que ante el primero mientras no exista una opinión pública solida y que se manifieste al unísono será difícil evitar que la segunda vaya observando la desapareción paulatina de su acervo. La actitud ambigua que en su momento manifestaron el Colegio de Arquitectos de Venezuela que declaró que “el edificio es insalvable”, el silencio del Instituto de Patrimonio Cultural, e incluso las declaraciones proclives al desahucio del arquitecto del edificio, alentaron a los nuevos propietarios a llevar adelante su objetivo de obtener la mayor rentabilidad posible en un terreno que lo permitía sin reparar en lo que sobre él estaba construido.

5. Imagen de la demolición del edificio Galipán el año 2000

El 10 de febrero del año 2000 comenzó la demolición del edificio de parte de la constructora propiedad del Sr. Salomón Cohen, levantándose allí un conjunto o “centro empresarial” que irónicamente lleva el nombre de la obra destruida. A casi 20 años del suceso, de lo que hubo ya nos hemos paulatinamente olvidado.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 2 y 5. Colección Crono Arquitectura Venezuela

1, 3 y 4. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

1988• Conjunto Residencial Flamingo, El Morro, Puerto La Cruz

Conjunto Residencial Flamingo.jpg

1988•  Luego de dos años de construcción, gerenciados por Sol Oriente Caribe, C.A., la firma Valle Ingenieros concluye para la Inversora 1572, C.A.- Conphidra, S.A el Conjunto Residencial Flamingo, ubicado en el Sector Agua Marina, El Morro, Pto. La Cruz, estado Anzoátegui, proyectado por el arquitecto Leopoldo Pellicer (FAU UCV, promoción 25A/ 1977).
El conjunto construido sobre una parcela de 20.147 m2 está integrado por 12 edificios de 4 pisos cada uno con ascensor. Cada uno de ellos tiene en tres de sus pisos 3 apartamentos de 75 m2 (2 habitaciones) y uno de 3. En el último piso se desarrolló un Pent House. El conjunto tiene en total 168 apartamentos, que se complementan con estacionamiento techado, un abasto, administración, canchas de tenis, vestuarios, terrazas, cafetería, sala de fiestas y un apartamento para la conserjería o vigilancia.
Cada cuatro edificios del conjunto comparten una piscina para adultos y una para niños, así como de 67 puestos de atraque para lanchas.

HVH

1990• Edificio Terrazas Marinas, El Morro, Puerto La Cruz

Edificio Terrazas Marinas.jpg

1990•  Luego de tres años de proyecto y construcción se concluye el edificio Terrazas Marinas, ubicado en la urbanización El Morro, Puerto La Cruz, estado Anzoátegui, proyectado por las arquitectos María Isabel Espinosa Marturet (USB, 1980), en asociación con Maritza Domínguez Nelson (USB, 1979) y con la colaboración del arquitecto francés Dominique Alet.
La supervisión del proyecto la realizó Jesús Tenreiro Degwitz (1936-2008 ) y una reformulación que hubo que hacer del proyecto la hizo Juan Astorga Junquera (ULA, 1977).
La edificación de 7.000 m2,, fue concebida en terrazas y está conformada por apartamento de uno y dos niveles, todos con vista al mar.
Las proyectistas sacaron el máximo provecho tanto a la ubicación como a la altura permitida y especial cuidado se tuvo en el diseño de las circulaciones que vinculan los estacionamientos, el ingreso al edificio, a los apartamentos y el mar.
El paisajismo fue realizado por los arquitectos Alonso Rincón y Sonia Lara.

HVH

ES NOTICIA

Se completa la construcción de los edificios modulares más altos del mundo
 

Por Niall Patrick Walsh
Traducido por Piedad Rojas

9 Agosto, 2019

Tomado de Plataforma arquitectura

Clement Canopy en Singapur es la torre más alta del mundo construida en base de elementos modulares. Recientemente, la empresa constructora, Bouygues Batiment International, en colaboración con el laboratorio de construcción modular Dragages Singapore, celebraron su finalización.

Con 40 pisos de altura, Clement Canopy es un proyecto de dos edificios de vivienda en el corazón de un distrito residencial y estudiantil en Singapur. Consiste en dos torres que miden 140 metros de altura cada una, compuestas por 1.899 módulos y alberga 505 departamentos residenciales de lujo. La mayor parte del proyecto fue prefabricado, un desafío que combinaba experiencia técnica, digital y estética.
La producción industrial del proyecto fue dividida en dos fases. En Senai, Malasia, las estructuras de los módulos fueron prefabricadas, mientras que en Tuas, en el oeste de Singapur, se llevaron a cabo trabajos internos y complementarios, como fontanería, sistema eléctrico, azulejos, pintura e impermeabilización. Los módulos fueron transportados al suelo y apilados en secuencia precisa para formar la estructura final.

El equipo se embarcó en el desafío de la construcción modular debido a las muchas ganancias potenciales. Al industrializar y construir el 50% del proyecto fuera del sitio, se mitiga la pérdida de tiempo debido a las malas condiciones climáticas en el sitio. Cada módulo también se puede fabricar bajo un estricto control de calidad, los tratamientos y los defectos se pueden gestionar antes de la entrega. El equipo estima que utilizando este método, los desechos en el sitio se pueden reducir en un 70%.
El equipo planea seguir este tipo de construcción en proyectos en Inglaterra, Australia, Estados Unidos y Hong Kong.

ACA

AMAYUR, EREAGA Y… MENDI EDER

1. Arriba izquierda: Edificio Amayur. Arriba derecha: Edificio Ereaga. Abajo: Edificio Mendi Eder

Los nombres en euskera que encabezan esta nota corresponden a tres edificios hermanados no sólo por el origen de las denominaciones que los identifican sino por otra serie de circunstancias. En primer lugar forman parte de una saga que permite detectar la evolución de una manera de enfrentar el tema de la vivienda en alquiler que cobró un importante auge durante los años 50 del siglo XX. En segundo lugar porque están caracterizados por la selección de materiales similares cuyo resultado son tres soluciones que utilizan códigos afines en cuanto a la resolución racional de sus plantas, la composición de sus fachadas y el uso del revestimiento en ladrillo obra limpia utilizado para sus cerramientos exteriores combinado con detalles complementarios de herrería. Y en tercer lugar porque de todo lo anterior se puede derivar la presencia de la mano de un mismo proyectista, oculto tras la firma de los ingenieros que firmaron los planos introducidos para obtener los respectivos permisos de construcción ante la Ingeniería Municipal. Hablamos del delineante o arquitecto técnico vasco José Abásolo, uno de muchos exiliados políticos de la Guerra Civil Española que echaron raíces en nuestro país y lograron incorporarse al febril apogeo de la construcción en la Caracas de la década de 1950.

2. Edificio Amayur. Vistas exteriores

El Amayur (1953), cronológicamente el primero de ellos, ubicado en la parcela nº 57 de la calle La Cinta de Las Mercedes, vía tristemente célebre por haberse cometido en 1950, en una de las casas que allí existían, el magnicidio del presidente de la Junta Militar de Gobierno, Carlos Delgado Chalbaud, único hecho de este tipo registrado en la historia de Venezuela, deriva su denominación de una palabra cuya traducción significa “el fin” y que a su vez tiene un importante significado en la historia del reino de Navarra. Se suma así a otros tantos edificios que llevan nombres de origen vasco, la mayoría identificados con un estilo que asemeja los caseríos que pueblan el campo de aquel país, imperante en ese sector de la ciudad, del cual el Amayur pasa a ser una excepción dados sus rasgos definitivamente modernos.

Se trata de un pequeño edificio de tres pisos (con dos apartamentos en cada uno), semi-sótano y seis cocheras, construido por la empresa Zalútregui y Cía. (Adrián Zalútregui, Pedro Zabala y José Ignacio Landa) para ser habitado fundamentalmente por sus propietarios o famiiares (otro hecho que lo hace excepcional), proyectado por Abásolo y “permisado” por el ingeniero Luis Balliache F. Una mirada más atenta permite detectar cómo la edificación se adapta a las condiciones topográficas y geométricas de un terreno que ofrece poco frente urbano, mediante el desarrollo de un esquema simétrico que lleva a utilizar uno de los retiros laterales como su fachada principal. De ello se deriva que no ofrezca hacia la calle La Cinta mayor atractivo que el de presentarnos el costado de un bloque de apartamentos antecedido por un jardín, lo que convierte el descubrimiento de su acceso en una grata sorpresa para quien transita por la zona. El recubrimiento de sus fachadas con baldosas de ladrillo, el reborde de concreto (pintado de blanco) en ventanas y balcones y el uso de pasamanos metálicos en estos últimos, el empleo del bloque de vidrio de 20 x 20 cms como recurso para iluminar de día y expresar hacia el exterior la circulación vertical, y la elegante marquesina en volado con la que se marca la entrada, son señales que denotan el manejo correcto de los códigos de un racionalismo no necesariamente canónico.

Es la presencia de las características señaladas, que se pueden detectar por igual en el Ereaga (1954) y el Mendi Eder (1955), lo que permite colocar al Amayur como puerta de entrada a la lectura que hoy estamos intentando presentar desde aquí.

3. Edificio Ereaga. Vistas exteriores

Con relación al edificio Ereaga (1954), segunda etapa de nuestro recorrido, constituye junto al Mendi Eder una de las dos piezas mejor logradas dentro del armonioso y diverso paisaje urbano que conforma la avenida Miguel Ángel, localizada en la “Tercera sección”, parte baja y más plana de Colinas de Bello Monte, conformada por edificaciones residenciales de entre 4 y 8 pisos con comercios en la planta baja. La composición étnica de sus habitantes y el carácter vecinal que con el tiempo fue alcanzando, hacen ver esta avenida como el trozo de un barrio mediterráneo insertado en Caracas.

El Ereaga (nombre que significa “sembrar” y a la vez recuerda una hermosa playa vizcaína ubicada en Getxo), propiedad de la firma “Abásolo, Lizarralde y Cia.”, diseñado por Abásolo con la colaboración del ingeniero Rafael A. Palma, por ser de las primeras obras que se levantaron en la avenida, habría servido como eslabón en el desarrollo de una tipología que tiene en el Mendi Eder, construido posteriormente, su manifestación más acabada. Referencias aparte, sí parece que la temprana aparición del primero influyó en que fuera de los pocos inmuebles de la Miguel Ángel con vocación eminentemente residencial, hecho que ha perdurado obligándolo a defenderse de la presión a que el uso comercial circundante hoy lo somete.

El edificio, un bloque alargado de cuatro pisos recubierto en ladrillo, orientado norte-sur, se divide en cinco módulos verticales con accesos independientes de un apartamento por planta. Tres de dichos accesos se ofrecen hacia la fachada principal y los otros dos se ubican en los extremos del volumen a modo de remate como respuesta a las esquinas con las calles laterales que lo limitan: la Caujaro al este y la Bucare al oeste. Todos los apartamentos, con doble fachada que favorece la ventilación cruzada, vuelcan sus ambientes principales hacia la Miguel Ángel viéndose expresados a través de un sistema homogéneo de balcones y ventanas, remarcadas por bandas en concreto pintado de blanco, lo cual acentúa la horizontalidad del bloque. El volumen se eleva medio nivel para evitar los registros visuales de los ambientes ubicados en planta baja, definiéndose así los accesos y generándose un semisótano de uso común.

4. Edificio Mendi Eder. Vistas exteriores y planta

El último capítulo de este repaso lo dedicaremos al edificio Mendi Eder (“monte hermoso” traducido del euskera), terminado de construir en 1955. Atribuido por muchos años a Félix Losada, ocupa como ya asomamos, el lugar más alto en el orden evolutivo de las tres edificaciones a las que nos hemos ocupado, siendo la solución más refinada y mejor lograda tanto como arquitectura como por su respuesta urbana. Ubicado en una parcela de forma irregular, en la esquina formada entre la Miguel Ángel y la calle Casiquiare, está organizado a partir de cuatro cuerpos dispuestos ortogonalmente que conforman una limpia planta en «U» y crean dos patios hacia el sur que permiten la ventilación e iluminación de los apartamentos, especialmente para sus áreas de servicio. Cada uno de los cuatro cuerpos, con dos apartamentos por piso, cuenta a su vez con dos accesos ubicados en sus extremos, que conducen a un núcleo de circulación vertical y a un hall independiente para cada unidad de vivienda.

Tiene el Mendi Eder siete pisos: la planta baja comercial, seis plantas de apartamentos y un nivel pent-house. Adicionalmente cuenta con un sótano para estacionamiento. Cada apartamento posee tres habitaciones, un baño, sala-comedor y cocina-lavandero. Tal y como se recoge del libro-catálogo de la exposición 1950. El Espíritu Moderno (1998), particularmente del capitulo titulado “El estilismo anónimo”, el Mendi Eder “se instaló cómodamente en la avenida Miguel Ángel de Bello Monte al activar la vida urbana de sus comercios en planta baja. La roja pantalla de su volumetría se vuelca hacia la avenida dando cuerpo al sector. Los apartamentos ventilan eficientemente, debido a su doble fachada y permiten la organización de los servicios al interior del espacio central, logrando así mantener el orden externo del edificio”. Su bien logrado efecto de bandas horizontales, que recurren a la utilización del mismo lenguaje observado en el Amayur y el Ereaga, se ve complementado por el espacio público creado en planta baja frente a los locales comerciales que respalda y refuerza el disfrute urbano del sector.

Para cerrar y a la vez aclarar el por qué en el título de la nota aparecen los puntos suspensivos que preceden al Mendi Eder, diremos que ello no tiene otro objeto que dejar abierta la puerta a la duda que aún guardamos con respecto a su autoría. Si el Amayur y el Ereaga cuentan con respaldo firme para asegurar que hayan sido proyectados por José Abásolo, el Mendi Eder aún encierra cierta dosis del misterio que otorga el no haber dado con la información certera (más allá de los evidentes lazos señalados que lo unen a los otros dos evidentes a través de las imágenes) que, sin embargo, no evitan el sospechar que Félix Losada fue simplemente el encargado de firmar los planos “permisados”.

Nota

Del blog de la Fundación de la Memoria Urbana hemos podido saber que el Amayur y el Ereaga fueron registrados por dicha entidad para el Instituto del Patrimonio Cultural y el CONAC en el Preinventario Arquitectónico, Urbano y Ambiental Moderno de Caracas 2005/2006 de acuerdo al Convenio de Financiamiento Cultural 2003, No. 293 de fecha 30 de septiembre de 2003, suscrito entre la Fundación de la Memoria Urbana y el CONAC, como Bien Preinventariado, y consignado ante la Alcaldía de Baruta el día 22 de noviembre de 2007. Por su parte el Mendi Eder fue declarado por el Instituto del Patrimonio Cultural como Bien de Interés Cultural de la Nación, publicado en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela N. 38.234 de fecha 22 de julio de 2005 como una de las manifestaciones tangibles registradas en el I Censo del Patrimonio Cultural Venezolano 2004-2005, y por la Alcaldía del Municipio Baruta como Edificación vertical de uso comercial y residencial multifamiliar Bien de Interés Municipal según Decreto N. 181, publicado en Gaceta Municipal extraordinaria N. 128-04/2005 de fecha 14 de abril de 2005.

ACA

Procedencia de las imágenes

Todas. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad