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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 168

Dentro del boom que significó desde finales de los años 40 y los 50 del siglo XX venezolano la definitiva inserción del automóvil como principal medio de locomoción, el cual llevó asociado toda una serie de edificaciones que iban desde aquellas donde se exhibían para la venta a otras que les servían de complemento, o facilitaban desde ellos la realización de diversas funciones como comer o ver el cine, sin contar las consideraciones urbanas que hicieron de las avenidas y autopistas el espacio idóneo donde impuso su reinado, el edificio proyectado por la firma Vegas & Galia para la empresa Anglo Ven se ubica en el punto más alto en cuanto al diseño de espacios destinados a convertirlos en objetos deseados y admirados cuan si joyas dentro de una vitrina o piezas de un museo se tratasen. No es otra la sensación cargada de glamour que transmite la extraordinaria foto de Paolo Gasparini que ocupa la totalidad de nuestra postal del día de hoy.

Citando a Rómulo Betancourt primero y a Guillermo José Schael después, Lorenzo González Casas en “Autopía: Modernismo motorizado en Caracas” (https://www.ccscity450.com/ensayo/autopia-modernismo-motorizado-en-caracas/), no duda en afirmar cómo “la poderosa influencia del automóvil, … representó un encuentro y encantamiento a gran escala con el mundo de la máquina y una forma relativamente sencilla de demostrar un entusiasmo sin límites por la tecnología; una fe imbricada en la idea de que ‘…los países de atraso técnico, cuando se incorporan al manejo de la máquina, disfrutan de una ventaja singular: la de colocarse de un salto al nivel de los más avanzados’. Más aún, la llegada de los automotores a los más apartados confines del país ‘era más que una aventura: era un mensaje de progreso’ ”.

Si bien, como señala el propio González Casas, los primeros automóviles llegan a nuestro país en 1904, “la circulación vehicular, habida cuenta de la escasez de calles pavimentadas, estaba limitada a algunos distritos como El Paraíso, primer suburbio caraqueño, el cual contaba con una vía acondicionada. Posteriormente, los carros se abrieron paso por el valle mayor, siendo una obra fundamental la carretera del Este, inaugurada en 1912, que llegó hasta Petare”, detectándose “que el parque automotor pudo saltar de unas pocas unidades a inicios del siglo a 46.000 unidades en 1946 y a 206.000 en 1955”. Por tanto, no fue casual que “dos experiencias de planificación fundamentales para la capital y el país pivotaran en torno al tema de la movilidad: el Plan Nacional de Vialidad y una serie de planes para Caracas”, el primero de 1947 y los segundos encabezados por el Plan Rotival (1939), seguido por el Plan Arterial de 1948, culminan con el Plano Regulador de 1951. Así, “el automóvil particular llegó a ser un importante símbolo de estatus, con el consiguiente desprecio hacia el peatón y la restricción de la movilidad para gruesas capas de la sociedad. En el nuevo paisaje, tan inspirado por el norteamericano, las autopistas (en horizontal) y los rascacielos (en vertical) trazan la evolución de la ciudad, en agudo contraste con los rasgos tradicionales del urbanismo caraqueño, como fueron la cuadrícula, la unidad focal y las edificaciones de baja altura”. ¿Qué otra cosa sino un gran monumento que tiene al automóvil como principal protagonista era originalmente El Helicoide?

Por tanto, la aparición de la tipología de edificios destinados a la exhibición y venta de automóviles (cuyo ejemplo pionero lo constituye la creación en enero de 1909 de la C.A. El Automóvil Universal por parte de William H. Phelps con apoyo de Enrique Arvelo y Edgar Anzola), no puede verse aislada de todo un fenómeno socio-económico-urbano que tiene al petróleo como su motor principal y a la ciudad como su escenario. Junto a ella habría que sumar el acompañamiento de “numerosas estaciones de servicio, talleres y ventas de repuestos que poblaron la geografía urbana”, sin dejar de lado la aparición de grandes estacionamientos (convencionales en horizontal y del tipo mecánico en vertical) e incluso autocines.

En este contexto, la C.A. Mercantil Anglo-Venezolana (Anglo Ven), fundada en 1945 por John Miller, Luis Johnson y Charles Frazer como empresa comercializadora de refrigeradoras, vehículos y variedades de mercancía provenientes de Inglaterra, ubicada inicialmente en el edificio Royal en Puente Hierro, consciente del negocio asociado con el desarrollo que cobró la movilidad vehicular en la ciudad, firma por un lado con GM Interamerican Corporation un contrato como distribuidor exclusivo de los vehículos de origen inglés Vauxhall y de su subsidiaria Bedford, y por el otro con los fabricantes británicos de las marcas de alta gama Lucas y Jaguar sumándose luego los alemanes de Opel. Dicha alianza arroja como resultado la necesidad de crear en la pujante urbanización Colinas de Bello Monte, localizada estratégicamente (avenida Leonardo da Vinci con calle Bonpland) equidistante entre la sede de la Creole Petroleum Corporation y la primera tienda por departamentos de la firma Sears Roebuck Co., una exclusiva vitrina para exponer y comercializar estos vehículos, responsabilidad que recayó en la importante firma de arquitectos conformada por Martín Vegas y José Miguel Galia.

1. El edificio y su contexto inmediato (circa 1956)

La parcela en esquina de 1.800 m2 propició que Vegas & Galia implantaran con maestría el edificio a modo de “rótula”, conformado por geometrías contrastantes: por un lado un cilindro de vidrio con una cúpula en concreto como cubierta y por el otro un prisma de ladrillos de arcilla con textura de calados, generando en su conjunto una pieza no convencional para exhibición de vehículos que constituyó una atracción y despertó interés en su época. El cilindro, destinado a la exhibición, posee una estructura de apoyo central y columnas perimetrales inclinadas para liberar el espacio. La cúpula que lo cubre, de treinta metros de diámetro y siete centímetros de espesor, fue reforzada en sus bordes con anillos de tracción pre-comprimidos. El prisma vertical de ladrillo contiene el montacargas y allí se identificaban las marcas que distribuía la empresa. El cilindro de exhibición está elevado del suelo y su cerramiento de cristal, fijado a las columnas perimetrales inclinadas, para evitar reflejos y mejorar la posibilidad de visualizar los automóviles en venta desde el exterior. Cuenta, además con una mezzanina incorporada espacialmente al área de exhibición y un depósito, con un sótano para un taller mecánico.

2. Dos tomas del edificio. Izquierda: recién terminado (1956). Derecha: mientras se construía (circa 1955)
3. El edificio en plena construcción (circa 1955)
4. Vista nocturna (circa 1956)
5. Aspecto actual del edificio (2013)

Se trata Anglo Ven, sin lugar a dudas, de una obra que permitió poner a prueba una vez más la conjugación del talento combinado entre los arquitectos proyectistas y los ingenieros que la calcularon: Juan Otaola Paván y Oscar Benedetti, quienes a su vez asumieron su impecable construcción a través de la firma Precomprimidos. También, muy a tono con los vientos que soplaban en la época, Vegas & Galia solicitaron la colaboración del artista plástico Carlos González Bogen (1920-1992) quien diseñó un mural que complementa el edificio.

Después de más de 10 años distribuyendo las marcas que le permitieron darse a conocer, el edificio Anglo Ven se convirtió en agencia distribuidora de la gama de vehículos Chevrolet por más de 50 años, manteniendo siempre en muy buen estado las instalaciones. Posteriormente la firma Dambromotors (también distribuidora Chevrolet), sin descuidar el buen cuidado del área de exhibición, incorporó como parte del acceso una desproporcionada valla publicitaria que afecta la elegante marquesina original,   desdibuja la impecable composición geométrica de edificio e impide la apreciación de la obra mural de González Bogen que una vez estuvo ubicada en la mezzanina del concesionario. Hoy en día se comercializan vehículos marca Nissan.

6. Planta baja y corte

Oscar Tenreiro en el artículo titulado “Obra de arte en Bello Monte”, publicado en El Diario de Caracas el 5 de abril de 1992, en fechas en que se encontraba abierta en el Museo de Bellas Artes la exposición “José Miguel Galia. Arquitecto”, no dudó en afirmar sobre el edificio que nos ocupa: “Su muy inteligente estructura, el dominio de las proporciones, el inventivo uso del ladrillo como creador de transparencias y texturas, la calidad de su construcción apoyada en la previsión exacta de detalles, encuentros de elementos y un conocimiento técnico sorprendentemente maduro para gentes tan jóvenes (menores de cuarenta años ambos arquitectos), convierten este edificio en un objeto que pudiéramos llamar acabado, en el cual nada pareciera haberse salido de control. (…) Es, en definitiva, una obra de arte, porque su conservación será enseñanza para generaciones posteriores, porque revela la capacidad de respuesta de un monumento histórico, porque resiste cualquier comparación con edificios contemporáneos a él en la arquitectura latinoamericana”, opinión que desde acá compartimos a plenitud, a pesar de que a Galia le incomodara comparar su cultivado oficio con el de un artista.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 3 y 6. Alberto Sato. José Miguel Galia. Arquitecto, 2002

  1. https://twitter.com/gfdevenezuela/status/1313849654115786754

2. Izquierda: Colección Crono Arquitectura Venezuela. Derecha: http://precomprimido.com/project/edificio-anglo-ven/

4. Archivo Histórico de Miraflores

5. https://construidoencaracas.wordpress.com/2013/10/13/concesionario-automotriz-angloven/

1954• Sobre la envolvente del edificio Polar

Envolvente edificio Polar.jpg

1954•  En varias ocasiones escuché a los arquitectos José Miguel Galia y Martín Vegas afirmar que teniendo listo, “permisado” y ya en construcción el proyecto del Edificio Polar y el Teatro del Este (diseñado teniendo como referencia el Edificio Municipal, primer proyecto de Vegas & Galia Arquitectos Asociados, completado en 1951), recibieron en su oficina a representantes y vendedores de los cristales Saint-Gobain (ofrecidos como aislantes y absorbentes de la radiación solar) y de ACO, S.A. distribuidores y también representantes de la compañía norteamericana ALCOA (Aluminum Company of America), quienes les ofrecieron utilizar sus productos para cubrir la fachada del Edificio Polar, complementándose entre ellos para ser empleados como «muro cortina” o “curtain wall».
Los jóvenes arquitectos encontraron atractiva la propuesta y modificaron las cuatro fachadas de la torre, para incorporar el nuevo sistema, produciendo el primer edificio en Venezuela revestido con vidrio y láminas ornamentales de aluminio.
Al respecto el arquitecto y crítico de la arquitectura, profesor Alberto Sato, escribió en su libro GALIA arquitecto (Ediciones Instituto de Urbanismo, FAU UCV, 2002) lo siguiente: «Introdujeron la modificación con las cuatro fachadas acristaladas y la imagen de la torre resultó más radical que las de Nueva York, porque ninguna de las dos famosas torres norteamericanas de esos años –el Seagram y la Lever House- se habían resuelto de esta manera».
Al Dr. Galia le agradaba completar esta historia con una anécdota. Contaba que teniendo la oficina de Vegas & Galia en el recién inaugurado Edificio Polar, un día en el cual hubo una torrencial lluvia tropical, recibió una llamada telefónica de Tomás Sanabria, vecino, quien también había traslado su oficina al edificio. Tomás le dice, «José Miguel, está lloviendo afuera y adentro, en nuestra oficina», a lo que le responde Galia, «Tranquilo. Aquí también».
La utilización del sistema «muro cortina” o “curtain wall» era para ese momento aún una tecnología novedosa y aquí en nuestro país no se controlaba su colocación técnica a la perfección. Sato afirma al respecto: «La estructura de concreto de la torre ya se había ejecutado de acuerdo con el proyecto original, pero la voluntad de cambio y el desafío tecnológico fue un verdadero estímulo para los arquitectos. En efecto, sobre esta estructura se habría de aplicar un muro cortina de cristal, aluminio y acero que obligó al diseño de muchos detalles para adecuar piezas con los materiales disponibles en el mercado, que exigía adaptar las tolerancias del concreto armado respecto de las piezas metálicas. La aplicación de láminas de acero sobre los bordes de las placas permitió absorber las diferencias y dar una retícula homogénea a las fachadas».

HVH

 

Envolvente edificio Polar 2.jpg1954•  Edificio Polar, Plaza Venezuela. Vegas y Galia Arquitectos Asociados. Técnica Constructora C.A. (A. Rodriguez L. Pietri y E. Pardo Morales).

HVH

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1954•  Publicidad Técnica Constructora C.A. Edificio Polar, en la Revista CIV 217. abril 1954.

HVH
Envolvente edificio Polar 4.jpg
1954•  Publicidad de ALCOA, Edif Polar. En la Revista CIV.
HVH

LA RED HOTELERA NACIONAL

1. Hotel Bella vista. Vegas & Galia. Vista del conjunto desde el mar donde se muestra la fachada sur

Hotel Bella Vista

Retomando el repaso al grupo de edificios gestionados directamente por la CONAHOTU que engrosaron la Red Hotelera Nacional durante la dictadura perezjimenista encontramos, dentro de los que toman como punto de referencia ya no tanto las raíces tradicionales que pudiesen dar cuenta de lo nacional sino el lenguaje procedente de corrientes internacionales, como caso digno de ser resaltado, el del hotel Bella Vista.

Inaugurado el 4 de diciembre de 1955 y puesto en funcionamiento pleno en 1956, el Bella Vista, ubicado al final de la Av. Santiago Mariño en Porlamar (Isla de Margarita), es la única contratación que la oficina de Vegas y Galia hizo con el Estado durante el tiempo que duró una sociedad (1951-58), cuyas conexiones eran más bien con la promoción privada. También se trata del único edificio construido por esa exitosa sociedad profesional fuera de Caracas lo cual lo convierte en singular. Sin embargo, tanto en su concepción como en su ejecución no se rompen varios de los criterios que permitieron dotar a esta importante firma de una cierta marca de fábrica: máxima racionalidad constructiva, clara expresividad de los componentes funcionales de la edificación, atinada escogencia de los materiales, cuidadosa ejecución de la obra, solución rigurosa de los detalles y consideración de las variables del contexto. Como muestras de ello ya para aquel entonces Vegas y Galia habían realizado el edificio El Municipal, el conjunto Polar y el edificio del Banco Mercantil y Agrícola. De estas tres experiencias el Bella Vista continúa la exploración relacionada al tema de la descomposición funcional y volumétrica de la edificación. También se apega a la idea de que el entorno sea el que provoque la reacción del arquitecto en cada caso particular, muy alejada de una actitud premeditada hacia la valoración a través del uso de los materiales y el carácter expresivo proveniente de las condiciones locales.

2. Hotel Bella Vista. Vegas & Galia. Fachada norte donde se ubica el acceso.
3. Hotel Bella Vista. Vegas & Galia. Planta tipo

El hotel se organiza con base en el aprovechamiento máximo de las visuales que hacia el sur el paisaje ofrece. De allí el claro esquema de un bloque alargado de habitaciones todas mirando a la playa conectadas por una crujía sencilla que permitía la ventilación cruzada sin requerirse de aire acondicionado, resuelto bajo el criterio de ubicar en los dos primeros niveles (base) las dependencias administrativas, el lobby y la recepción, en el cuerpo de siete pisos las habitaciones propiamente dichas (49 dobles más siete suites dando un total de 56) y en el remate algunas áreas recreacionales y sociales. La recesión de la base, la utilización de los balcones como elementos de protección de la incidencia directa del sol sobre los dormitorios, la cubierta con que se techa la azotea y el no abrirse ni al este ni al oeste, nos muestran el cuidado que se ha tenido por tomar en consideración las variables climáticas. La modulada proporción de la fachada gana al incorporársele como pausa el lleno texturado del núcleo de circulación y servicios. El resto de las dependencias sociales, rentales, recreacionales y de apoyo se resuelven en un cuerpo bajo extendiso hacia el oeste correctamente articulado al bloque principal.

4. Hotel Bella Vista. Vegas & Galia. Áreas sociales en planta baja
5. Hotel Bella Vista. Vegas & Galia. Vista interior de una suite
6. Hotel Bella Vista. Vegas & Galia. Habitación tipo

El acceso ubicado al norte y definido por una marquesina, se halla en contacto directo con el área de estacionamientos. La piscina, punto de encuentro obligado y de animación permanente se colocó entre el edificio y la playa, dotándola de un ambiente que perfectamente se puede catalogar de tropical: pérgolas, pasillos cubiertos y techos de formas libres hacen aquí acto de presencia protegiendo algunas actividades de apoyo: el bar, la fuente de soda, la pista de baile. La propuesta estructural en todos los casos es a base de concreto armado, material de comprobada resistencia a los rigores del mar.

7. Hotel Bella Vista. Vegas & Galia. Fachada sur
8. Hotel Bella Vista. Vegas & Galia. Fachada sur desde las áreas recreacionales

Las influencias exógenas que en el Bella Vista se notan con mayor claridad proceden de la arquitectura brasileña, en particular de la carioca (que como se sabe le rinde a su vez tributo en gran medida a Le Corbusier), ajustadas si se quiere al medio playero en que el edificio se desarrolla. Es así como la liberación de las columnas en los dos pisos inferiores de la torre, tornándose a la vez cilíndricas, recuerda la escala monumental incorporada por Lucio Costa y Oscar Niemeyer en el Ministerio de Educación de Río de Janeiro (1936-45) y desarrollada en proyectos posteriores (el Pabellón de Brasil de 1939 en Nueva York y el complejo de Pampulha de 1940 al 42). También las remembranzas de esa arquitectura se leen en el tratamiento de las áreas exteriores y las cubiertas del cuerpo bajo de apoyo, las utilizadas en las áreas recreativas y la que remata el propio bloque de habitaciones. Ya con anterioridad Cipriano Domínguez a la hora de proyectar el Centro Simón Bolívar y Carlos Raúl Villanueva al hacer otro tanto en la Ciudad Universitaria habían bebido de la misma fuente, lográndose resultados igualmente memorables.

9. Hotel Bella Vista. Fachada norte una vez realizada la remodelación y ampliación según proyecto de Julián Ferris y Jaime Hoyos
10. Hotel Bella Vista. Fachada sur una vez realizada la remodelación y ampliación según proyecto de Julián Ferris y Jaime Hoyos

Este hotel de proporciones generosas para la época, de vocación cosmopolita, equipado con mobiliario de firma de los más afamados diseñadores nacionales y extranjeros, y aspecto claramente tropicalizado, hecho con la ambición de atraer el turismo a la hermosa Isla de Margarita, cumplió su cometido de forma tal que debió ser objeto de una remodelación y ampliación que lo llevó en 1974 a alcanzar el nivel de 5 estrellas, elevando a 239 las habitaciones y a 12 las suites, proyectada por Julián Ferris y Jaime Hoyos. Entre las importantes transformaciones que sufrió la obra original de Vegas y Galia se encuentra la eliminación de la ventilación cruzada en el bloque original de habitaciones y por ende la incorporación plena del aire acondicionado debido a la conversión de la planta tipo de crujía sencilla a doble. También se añadió un nuevo cuerpo de dormitorios ubicado hacia el norte cuya volumetría y lenguaje alteraron de manera radical la percepción original que se tenía desde su acceso principal (presidida por una gran piel de bloques calados que a modo de celosía protegía los pasillos que conducían a las habitaciones) y el antiguo Salón Principal, en el cual Marcos Pérez Jiménez celebró en diciembre de 1955 la finalización de su construcción con una gran fiesta, se transformó en el Gran Salón Restaurante Guayamurí. El Bella Vista durante años cubrió todas las expectativas, convirtiéndose además en una de las pocas inversiones rentables de la CONAHOTU, en hito dentro de la región y en obligada referencia por su adecuada respuesta al medio dentro de los hoteles de playa del país. Hoy intenta competir con las grandes cadenas internacionales aprovechando su inmejorable localización, el contar con una excelente playa y vistas hacia una de la más hermosas bahías de la isla, amén de poseer la solera que el tiempo le ha otorgado.

ACA

Procedencia de las imágenes

1 a 8. Sato A. José Miguel Galia. Arquitecto, 2002

9 y 10. Colección Crono Arquitectura Venezuela

1956• Se inaugura la Casa Monagas

Se inaugura la Casa Monagas.jpg

1956•  Se inaugura la Casa Monagas, diseñada por los arquitectos Martín Vegas (1926-2012) y José Miguel Galia (1919-2009), ubicada en la parte alta de la urbanización Colinas de las Acacias, al final de la Av. Nicaragua en la parcela 677, la cual tiene 2.000 m2.
Este pequeño club social de 400 m2 de construcción tiene una interesante cubierta ondulada, calculada por el ingeniero Johannes Johanson, que es producto de un ensayo estructural que buscaba un máximo de área libre sin columnas para poder desarrollar bajo ella las diferentes actividades recreativas y sociales.
Al otorgársele el Permiso de Construcción en 1952, se estimó el costo de la obra en Bs 230.000.

HVH

1951• Se inaugura el edificio El Municipal

Edificio El Municipal.jpg

1951•  Se inaugura el edificio para oficinas El Municipal, ubicado en la esquina oeste del Teatro Municipal, frente al Centro Simón Bolívar, diseñado por la firma Vegas & Galia el año anterior y construido por Técnica Constructora, C.A. (A. Rodríguez Delfino, L. Pietri Lavie y E. Pardo Morales).
Este proyecto, primero de los realizados por la asociación de los arquitectos Martín Vegas (1926-2012), graduado en el Illinois Institute of Technology, EEUU, en 1949 y José Miguel Galia (1919–2009), graduado en Universidad de la República, Uruguay, constituye un importante aporte en la historia de la arquitectura venezolana. Primero por ser innovador en la tipología de las edificaciones destinadas a oficinas y luego por su implantación urbana, la cual convalidó la reglamentación creada en el año 1949 en la ordenanza de la Comisión Nacional de Urbanismo que proponía el uso de pórticos cubiertos a nivel de las plantas bajas, así como también la reducción de la ubicación en los pisos altos.
Los arquitectos Vegas & Galia plantearon para un terreno de apenas 600 m2, dos plantas comerciales ocupando la totalidad de la parcela, la primera retraída del borde de la acera y cubierta por pórticos. Sobre éstas, ocupando solo el 40 % del lote, una torre esbelta con una planta neutra de separación y diez plantas tipo, cada una de 240 m2, totalmente flexibles a cualquier distribución para oficinas, que totalizan para el conjunto 3.600 m2.
La estructura del edificio está resuelta con pórticos de concreto armado, con vigas perimetrales invertidas en los antepechos de las ventanas y volados horizontales para la protección solar. Los muros laterales fueron realizados en ladrillo obra limpia, con una textura que le añade grano al volumen final.
Hoy día, con algún esfuerzo se puede hacer abstracción del deterioro que ha sufrido el edifico y la zona urbana en el cual se encuentra, evidenciando los valores que llevaron al equipo proyectista a «considerarlo una de nuestras realizaciones más correctas».

HVH