Los memoriales se estudian comúnmente como parte de la infraestructura conmemorativa de la sociedad moderna. Con la misma frecuencia, se entienden como sitios de disputa política, donde las personas luchan por el significado de los eventos. Pero la mayoría de las veces, no lo son. En cambio, toman su descanso como objetos ordinarios, y como parte del mobiliario urbano de la vida urbana. La mayoría de los monumentos conmemorativos están “encendidos” solo en días especiales, como el Día de los Caídos, o en momentos acalorados, como en agosto de 2017, cuando el monumento a Robert E. Lee en Charlottesville fue superado por una vorágine política. El resto del tiempo están apagados. Este libro trata sobre la vida cotidiana de los memoriales. Explora su relación con los pulsos de la vida cotidiana, su significado dentro de este contexto cotidiano y su lugar dentro del desarrollo de las ciudades modernas. A través de las lecturas históricas detalladas de Andrew Shanken de los memoriales, tanto conocidos como oscuros, se unen dos líneas distintas de erudición: el estudio de lo cotidiano y los estudios de la memoria. Desde la introducción de los monumentos conmemorativos modernos a raíz de la Revolución Francesa hasta la reciente destrucción de los monumentos confederados, los monumentos conmemorativos han oscilado entre lo cotidiano y lo “no cotidiano”. De hecho, los memoriales han estado implicados en la estructura misma de estas categorías.
The Everyday Life of Memorials explora cómo los monumentos terminan donde están, se vuelven invisibles, luchan contra el tráfico, se mueven, se ensamblan en zonas conmemorativas y se ven atraídos nuevamente a conmemoraciones y torbellinos políticos que sus patrocinadores originales nunca podrían haber imaginado. Finalmente, explorar cómo se comporta la gente en los monumentos conmemorativos y qué piden los monumentos a las personas revela cuán extraña es la infraestructura conmemorativa de la modernidad.
En 1977 Frank O. Gehry y Berta Isabel Aguilera compraron en Santa Mónica una casa con la intención de convertirla en su hogar. Ella quería conservarla pero él se sentía incapaz de vivir en aquella construcción tan anodina. Casi sin recursos, Gehry ideó un proyecto con el que revertir el agotamiento emocional de la casa y desafiar la domesticidad del barrio. El resultado de la reforma indignó tanto al vecindario como fascinó a artistas y arquitectos. Gehry había envuelto la casa original con una estructura gamberra y desprejuiciada, de materiales baratos, que arrastraba el asfalto hasta la mismísima cocina y mostraba con descaro la solución que el arquitecto había imaginado: meter una casa dentro de otra y escuchar la conversación entre ambas. Estas páginas despliegan una breve historia de la casa, de lo que se ha dicho sobre ella y de lo que se ha callado. Y no solo narra la historia de una construcción singular, sino también del contexto en el que fue posible: la California de la época y la relación —natural, fértil, productiva— entre los artistas del momento y el arquitecto.
De Frank Gehry a Diébédo Francis Kéré, pasando por Álvaro Siza, Rafael Moneo, Renzo Piano, Norman Foster, Jacques Herzog o Kazuyo Sejima.
Este libro reúne conversaciones con ganadores del Premio Pritzker: de Frank Gehry a Francis Diébédo Kéré, pasando por Álvaro Siza, Rafael Moneo, Renzo Piano, Norman Foster, Jacques Herzog o Kazuyo Sejima, hasta completar una lista de veintitrés laureados.
Creado en 1979, el Pritzker se ha convertido en el canon oficioso de la arquitectura contemporánea. Su palmarés reúne a los autores de buena parte de los mejores edificios de los últimos decenios. Para cualquier arquitecto, recibir el Pritzker equivale a acceder al olimpo profesional. En sus inicios, el premio distinguió a los clásicos vivos, a caballo entre los siglos XX y XXI, fueron seleccionadas las estrellas más innovadoras y brillantes, mientras que actualmente está reconociendo a quienes anteponen la conciencia medioambiental o social.
Unos y otros desvelan en este libro sus primeras y decisivas experiencias, revisan su trayectoria, dan las claves de sus obras mayores y exponen la particular idea de la disciplina que les ha encumbrado. Al tiempo que cimentaba su prestigio, el Pritzker ha multiplicado su responsabilidad. Cada uno de sus galardonados contribuye hoy a conformar la opinión pública arquitectónica global. Con su obra, por supuesto.
Y, también, con su palabra.
Comentarios sobre el libro y su autor
«Los libros de Moix trazan un panorama cultural, se leen con gusto y (…) son un modelo» (Julià Guillamon, La Vanguardia).
«Un autor meticuloso, propenso a la ironía» (Antonio Muñoz Molina, El País).
«Fraseo de tractor diésel que no deja surco por arar… Moix está por las cosas bien hechas… Metódico y sin prisa, le da a cada detalle su lugar y su tiempo» (Ignacio Vidal-Folch, El Español).
Beatriz Colomina, Ignacio G. Galán, Evangelos Kotsioris, Anna-Maria Meister
The MIT Press
2022.
Idioma: inglés.
Nota de los editores
En las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, nuevas formas de aprendizaje transformaron la educación arquitectónica. Estos experimentos radicales buscaron cambiar los fundamentos disciplinarios y los supuestos convencionales sobre la naturaleza de la arquitectura tanto como desafiaron las normas modernistas y coloniales, descentraron la construcción, imaginaron nuevos roles para el arquitecto e imaginaron formas participativas de práctica. Aunque muchos de los programas experimentales fueron posteriormente abandonados, terminados o asimilados, sin embargo, ayudaron a dar forma y, en cierto sentido, a definir el discurso y la práctica arquitectónica. Este libro explora y documenta estas pedagogías radicales y los esfuerzos por desafiar el statu quo de la arquitectura.
Los experimentos incluyen la adaptación de la pedagogía Bauhaus como medio de “desaprender” bajo las condiciones de descolonización en África; un movimiento para diseñar para “todos los cuerpos”, incluidos los discapacitados, por parte de estudiantes y profesores de arquitectura de la Universidad de California, Berkeley; la fundación de una red de apoyo para mujeres interesadas en el entorno construido, independientemente de sus antecedentes académicos; y un estudio de diseño en la URSS que ofreció una alternativa al enfoque funcionalista generalizado en el diseño soviético. Vistos a través de su disolución y vida futura, así como a través de sus historias fundacionales, estos proyectos del siglo pasado plantean preguntas provocativas sobre el papel de la arquitectura en el nuevo siglo.
La publicación del libro Las casas de los caraqueños el año 1969, le brindó a su autor, Edgar Pardo Stolk (1905-1982), la oportunidad de expresar de una forma sencilla, no necesariamente exhaustiva y sin exageradas pretensiones literarias o académicas, su particular interpretación del proceso de crecimiento y transformación de Caracas a través de un tema que, como para cualquier ciudad, constituye el insumo fundamental de su tejido urbano: la vivienda.
Editado en 1969, cuando ya habían pasado las celebraciones del cuatricentenario de la capital venezolana y el sacudón del terremoto (ambos, como se sabe, acontecidos en 1967), y coincidiendo con la aparición de Caracas a través de su arquitectura de Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani (que quizás lo opacó en cuanto a interés dentro del medio arquitectónico), Las casas de los caraqueños, como el mismo Pardo Stolk manifiesta en el “Prólogo”, parte de una curiosa inquietud originada de una observación que como habitante y conocedor de su ciudad natal lo había acompañado durante mucho tiempo: “la coincidencia entre el estilo de las construcciones oficiales y el de las particulares de la misma época”.
1. Prólogo del libro Las casas de los caraqueños escrito por Edgar Pardo Stolk en diciembre de 1967.
De dicha semejanza observada, influida sin duda por la presencia de gobiernos de tinte autoritario que caracterizaron el país prácticamente desde su emancipación pero muy particularmente durante los primeros 35 años del siglo XX, surgen como primeras hipótesis, por un lado, el afán de parte de cierto sector de la población de ponerse a tono con lo que el gobierno realizaba y, por el otro, “el hecho de que hasta hace solamente pocos años, la mayoría de las personas que disponían de los fondos para hacer construcciones de relativa importancia, eran parte del Gobierno y por lo tanto estaban afectadas por la misma inclinación”.
Sin embargo, una vez graduado en la Universidad Central de Venezuela primero de agrimensor (1921) y luego de Doctor en Ciencias Físicas y Matemáticas (1926), y trabajando en los servicios técnicos del Ministerio de Obras Públicas (MOP) entre 1922 y 1929, a Pardo Stolk se le amplía el rango posibilidades para obtener respuesta a sus inquietudes. Viendo lo que acontecía en otros países intuye que en el nuestro posiblemente impactaban otros dos factores o variantes que influyeron directamente en la ejecución de las construcciones: la moda o gusto del momento, “el cual no sé por qué sistema, dado lo escaso y difícil de las comunicaciones, se regaba por el mundo con una rapidez sorprendente”; y “la aparición de nuevos materiales y la llegada de artesanos con nuevas escuelas”.
Abrumado por lo amplio del tema, número de variantes y causas del fenómeno para cuyo complejo abordaje no se sentía suficientemente preparado, Pardo Stolk había decidido abandonar la idea de realizar publicación alguna. Será gracias a la posibilidad que le abrió el contar con una excelente máquina fotográfica y de “haber leído unos libros sobre la mejor manera de usarla” que retomará, armado con ella y desde otra mirada, sus recorridos por Caracas con base en itinerarios muy precisos. “Mientras hacía esto -dirá Pardo Stolk- iba reviviendo toda una serie de anécdotas e incidentes que sólo quedan en la tradición oral y al final pensé que quizá eso, en sí mismo, era de mayor interés”.
2. Edgar Pardo Stolk (1905-1982).3. Las únicas páginas del libro que contienen dibujos.4. Dos de las páginas interiores del libro.
Sobre dicha base absolutamente empírica, a la que se sumaron 40 años de experiencia profesional tanto en el sector público como en el privado (Stolk participó en 1930 como auxiliar del doctor Hernán Ayala en la ejecución de los trabajos de reformas del Panteón Nacional según proyecto de Manuel Mujica Millán, y más tarde interviene en los proyectos de ingeniería de la Escuela de Medicina y del Hospital Universitario de Caracas), el haber liderizado importantes estudios y proyectos (como el estanque de El Polvorín para el abastecimiento del agua de Caracas en 1934 o la planta de las Salinas de Araya inaugurada en 1942), elaborado normas y leyes (en 1936, redactó las primeras “Normas para la construcción de edificios”), participado en o dirigido reconocidas instituciones y ostentado altos cargos (entre otros, Jefe del Servicio de la Dirección de Vías de Comunicación del Ministerio de Obra Públicas entre 1929 y 1930; Director Técnico del Ministerio de Obras Públicas -1933-; Presidente del Colegio de Ingenieros de Venezuela en 1932 y entre 1942 y 1943; Miembro de la Comisión Nacional de Urbanismo -1946-; y entre 1947 y 1948 Ministro de Obras Públicas en el gobierno de Rómulo Gallegos); y elegido Miembro Correspondiente Nacional de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (1960) e Individuo de Número en 1964, Pardo Stolk decide escribir Las casas de los caraqueños.
De esa manera y con ese bagaje, da salida a una visión muy particular salpicada de historia e importantes datos sobre: la manera como se construía en el país, las técnicas utilizadas y los materiales empleados; la tipología de la vivienda entre medianeras del centro de la ciudad; los lugares donde las primeras casas fueron apareciendo fuera del casco central y los estilos que poco a poco se fueron asumiendo; las relaciones entre el desarrollo urbano y el poder; la incorporación paulatina de las normas sanitarias en la construcción; el cambio de paradigma de Europa a los Estados Unidos después de la Primera Guerra Mundial; la escasa participación de profesionales en la construcción de la ciudad durante el primer cuarto de siglo donde cualquiera lo hacía sin orden ni concierto; la tímida presencia inicial de Alejandro Chataing, Ricardo Razetti y Luis B. Castillo en la realización de obras públicas y la posterior llegada de los primeros arquitectos formados en el exterior (Alfredo Jahn, Carlos Guinand Sandoz, Manuel Mujica Millán, Carlos Raúl Villanueva y Luis Malaussena); la aparición de los grandes urbanizadores (Luis Roche y Juan Bernardo Arismendi como los más destacados); el arribo de los constructores catalanes (a finales de los años 20) y vascos (a finales de los años 30); la revalorización de las actividades de los ingenieros y arquitectos tras la muerte de Gómez y la creación de la Escuela de Arquitectura de la UCV; el tránsito de la vivienda unifamiliar a la multifamiliar y el surgimiento de las “casas de vecindad”; las dificultades para implantar la Ley de Propiedad Horizontal; para finalizar con un análisis de la formación y posterior consolidación de los primeros barrios de ranchos y las viviendas que los conforman.
5. Algunas de las páginas interiores del libro.
Con la sinceridad por delante, Pardo Stolk confiesa que, en definitiva, el libro resultante “no es ni de arquitectura ni de historia, sino una simple narración de tradiciones por los mayores en la familia, o de incidencias observadas o vividas por mí y que acompaño con la información gráfica obtenida”.
Pese a ello, por la manera como trata el tema y la abundante cantidad de imágenes que posee (no todas de buena calidad ni debidamente identificadas), Las casas de los caraqueños se trata de un libro de referencia y de consulta de donde se pueden extraer significativos datos sobre la situación política, social y económica del país. Sus 9 capítulos, 136 páginas sin numerar y cerca de 210 fotografías (todas realizadas por Pardo Stolk, a las que se suman dos dibujos) guardan, para quien sepa leer entre líneas, muchos secretos que permiten desentrañar un proceso que se inicia con el análisis de la casa típica de Caracas anterior a 1940 (que no es otra que la casa urbana entre medianeras del centro) y que, transitando por el proceso paulatino de poblamiento de la ciudad primero a través de casas (curiosamente Pardo Stolk no utiliza ni una sola vez el término “quinta” como sinónimo a lo largo de todo el libro) y luego de edificios, concluye con una propuesta de avanzada relacionada con la observación acerca de la manera como se va dando la transformación de ranchos en viviendas consolidadas gracias a la participación de los usuarios en la autoconstrucción de las mismas.
6. Dos de las páginas interiores del libro.
Así, sobre este asunto, Pardo Stolk nos dejará en el último párrafo del libro la siguiente reflexión: “Vale la pena pensar en la tremenda fuerza de realización que supone esa cantidad de personas, con interés directo en el resultado, y lo que realizaría, si fuera adecuadamente guiada, en la organización y coordinación de un servicio adecuado, que debería prestar gratuitamente, todo profesional de la ingeniería o de la arquitectura, en los barrios cercanos a su vivienda”.
ACA
Procedencia de las imágenes
Todas menos la 2. Edgar Pardo Stolk. Las casas de los caraqueños, 1969
Este libro «deconstruye» una sola casa recientemente construida ubicada en Seattle, WA, en un intento por recuperar su historia de fondo. La información se presenta a lo largo de cuatro vectores: átomos, trabajos, fuentes e ingredientes.
Nos gustaría pensar que «sabemos» lo que implica hacer un edificio moderno. Pero la verdad es que nadie, ni siquiera los arquitectos, lo saben. La OUR [Office for Uncertainty Research] pasó tres años estudiando una sola casa moderna relativamente modesta ubicada en Seattle, WA. La investigación se centró en cuatro vectores: Conciencia atómica, que se remonta al Big Bang y las primeras Super Novas; Conciencia de producción, que involucra una amplia gama de ingredientes que se combinan para hacer productos arquitectónicos; Conciencia laboral, que abarca un amplio espectro de factores temporales y económicos condicionantes; y Conciencia de la Fuente, que tiene múltiples capas y alcance global. Aunque se aprendió mucho, quedó claro que una gran proporción de lo que «sabemos» sobre la casa era incognoscible, no porque nuestros instrumentos epistemológicos no sean lo suficientemente fuertes o calibrados con la precisión suficiente, sino porque las cosas en sí mismas son indeterminadas, inciertas. Esto plantea la pregunta sobre el ejercicio de la arquitectura. Si vamos a criticar nuestra profesión e incluso mejorar algunas de sus afirmaciones sobre la sostenibilidad, entonces debemos desarrollar una comprensión más sólida de la industria de la construcción y el abastecimiento y la fabricación de materiales. Incluso debemos desarrollar una mayor conciencia de la historia de los átomos y cómo la arquitectura trae esa historia a un enfoque notable.
ACA
Nos interesan temas relacionados con el desarrollo urbano y arquitectónico en Venezuela así como todo lo que acontece en su mundo editorial.