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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 353

Con la aparición de la revista veintiuno. Cultura y tendencias, cuya portada correspondiente al número 1, octubre-noviembre 2004, ilustra nuestra postal del día de hoy, la Fundación Bigott, sumó a su ya tradicional Revista Bigott otra publicación cultural en este caso con intenciones claramente innovadoras.

Dirigida por el narrador, ensayista y crítico Antonio López Ortega (director a su vez de la mencionada Revista Bigott), editada por Edmundo Bracho, con la coordinación editorial de Miriam Ardizzone, la dirección de arte y diseño gráfico de Manuel González Ruíz y Alejandro Calzadilla y la edición de fotografía a cargo de Nelson Garrido, veintiuno nace prácticamente con el siglo (de allí su nombre) con altas ambiciones pero consciente también de que “en materia de revistas culturales, cualquier momento del pasado venezolano fue mejor -más próspero, más acucioso- que el momento en que vivimos”, como bien señalará López Ortega en el primer editorial. Y es que superar el legado forjado por “íconos institucionales como la Revista Shell, El Farol, Revista M, Revista Bigott; … hitos de hondo alcance educativo como Tricolor; … tribunas propiamente literarias como Sardio, Techo de la Ballena, CAL, Zona Franca, Falso Cuaderno, y tantas otras que marcaron promociones y apuestas estéticas” no constituía tarea fácil. Más aún si se tomaba en cuenta de que “el país contó con revistas especializadas en teatro, danza contemporánea, cine, televisión, música”, casi todas desaparecidas ya en 2004, que dejaron el listón muy en alto y una tradición difícil de rescatar.

1. Página del Editorial del nº 1 de veintiuno.

Sin embargo, como siempre suele ocurrir en estos casos y más allá de los diagnósticos sombríos que en el campo editorial se pudieran establecer, los editores de veintiuno apostaban al futuro, a los nuevos desafíos y a explorar nuevos esquemas de interpretación dentro de una Venezuela que mostraba una realidad compleja y muy politizada. Para ello buscó ser “expresión de los nuevos tiempos: reflejar el país que vivimos, reflejar su diversidad cultural, reflejar el debate de ideas, reflejar lo que nos trasciende como colectivo más allá de las coyunturas”. Y añade López Ortega en el Editorial: “Nuestro discurso cultural debe acompañarse de la crítica si quiere valorarse a sí mismo, pues nada hacemos con aplaudir ciegamente todo lo que se presenta en escena”.

Para alcanzar tan altas aspiraciones se apuntaría a lograr el mejor periodismo venezolano, se contaría con destacados investigadores y se recurriría a “los mejores escritores, columnistas y críticos, consciente de que en ellos está el mejor pensamiento del país”.

Así, “Veintiuno no será ajena a ningún signo o género de la cultura venezolana, sino que más bien arrojará una necesaria mirada cultural sobre otros campos del conocimiento; Veintiuno querrá ser vitrina de la cultura venezolana hacia el mundo pero también vaso comunicante a través del cual el mundo pueda acercarse a nuestras particularidades y limitaciones”, señalará López Ortega para terminar diciendo: “El templo del espíritu se construye en la diversidad de las ideas y la modernidad en democracia es inconcebible sin ejercicio crítico. Veintiuno quiere abonar todo terreno que contribuya a ese propósito”.

2. Índice y página de créditos del nº 1 de veintiuno.

Sin lugar a dudas, el nº1 de veintiuno y la totalidad de las 17 entregas bimensuales que estuvieron en nuestras manos entre 2004 y 2007, cumplieron a cabalidad con los objetivos fijados por sus creadores. Baste decir que en aquel primer ejemplar participaron, entre otros: Juan Villoro, Ana Teresa Torres, Edgardo Rodríguez Juliá, José Carvajal, Armando Coll, Fernando Yurman, Tulio Hernández, Elías Pino Iturrieta, Gisela Kozak Rovero, Hugo Prieto, Luis Laya, Omar Hernández, Marcelino Bisbal y Sebastián de la Nuez.

Su gran formato de 32,4 por 24,9 centímetros, la calidad de su papel e impresión a cargo de La Galaxia, y el innovador diseño gráfico que la caracterizó (siempre acompañado de un impecable trabajo fotográfico y un bien dosificado despliegue de color), sirvieron, junto al alto nivel de sus contenidos para formar una colección de alto valor estético. El costo de veintiuno al momento de salir a la luz era de Bs. 6.000 y al aparecer por última vez en junio-julio de 2007 su precio ya se había colocado en Bs. 8.000, signo claro de la inflación que el país ya empezaba a padecer. El primer número tuvo 88 páginas (cifra que pronto se redujo a 80 y se mantuvo así a través del tiempo) y contó, a pesar de ser una revista institucional, con una alta carga de publicidad donde destacaba la presencia de anuncios, entre otros, de bancos, vehículos, licores, sitios nocturnos, líneas aéreas y telefonía celular.

Las secciones que estructuraron la revista en su número 1, que sufrieron pocas modificaciones en el tiempo, fueron: Editorial, Opinión, Zona Franca, Reportaje, Dossier, Entrevista, Portafolio, Arte(s), Urbanismo, Crónica(s), Relato, Poesía, Libros, Discos, y Perfil.

3. Páginas interiores del nº1 de veintiuno.

Siempre contó veintiuno con un tema central que se anunciaba en la portada y era desarrollado por diferentes autores en el Dossier. El correspondiente a la primera entrega llevó por título “DEMASIADA IDOLATRÍA. El culto a la personalidad” y fue trabajado a través de diferentes ensayos realizados por Fernando Yurman (“EL OJO DEL ESPEJISMO. Personalidad y personalismo en una patria de paternidad atrofiada.”), Tulio Hernández (“POSESIÓN E INSTRUMENTALIDAD DEL HÉROE CRIOLLO. El mito bolivariano de Guzmán Blanco a Chávez Frías”), Elías Pino Iturrieta (LA ETERNA FESTIVIDAD DE SAN SIMÓN. Puesta en escena de los ‘hombres salvadores’ de las repúblicas”), y Gisela Kozac Rovero (“DE LAS MISSES A LAS ANTIMISSES. Recorrido por un culto fuera de la mujer venezolana”).

4. 6 de las 17 portadas de veintiuno.

En las otras 16 entregas los temas centrales, siempre expresados en un tono provocador, serían: A PURA PIEL. Discursos del cuerpo (nº2); ESTO NO ES UN LADRILLO. Hábitat y vivienda (nº3); LENGUA. Sistema y comunicación (nº4); SEXO. Del dicho al hecho (nº5); ¿CUÁL IZQUIERDA? (nº6); Y TU, ¿QUÉ PECADO ERES? Edición Aniversaria (nº7); EL GUSTO VENEZOLANO EN TIEMPOS DE CRISIS. Lo bello, lo malo y lo feo (nº8); TAN GRANDE COMO UNA MINORÍA (nº9); ALGO HUELE MAL EN VENEZUELA. Miradas sobre la corrupción (nº10); EN LA RECTA DEL ÉXITO (nº11); SOBRE EL HUMOR Y OTRAS COSAS IGUAL DE SERIAS (nº12); VIDA FUTURA. Visiones y versiones de lo que viene (nº13); ESTO NO ES BRUJERÍA. Los nuevos credos (nº14); LIBERTAD VS IGUALDAD (nº15); EL GRITO AL CIELO. Formas y razones del miedo en Venezuela (nº16); y CARACAS. Ciudad que no se ve (nº17).

Como se podrá notar, muchos de los títulos como, por ejemplo, el del nº9 son premonitorios. También cabría destacar que desde el nº10 comienza a parecer parte del Índice en la portada y que ya desde el primer número se nota un particular interés por abordar temas urbanos: allí la sección titulada “Urbanismo” le permitió a Omar Hernández escribir el artículo “Dilemas de carrito” donde expone: “Sobre políticas deficientes resumidas en el maltrato al usuario, el transporte público de la metrópolis viene haciendo un recorrido harto excluyente. Frente al diario deterioro del servicio, ¿cómo queda parado el ciudadano de a pie?, ¿acaso se dilucidan soluciones desde el parabrisas?”.

5. Cuatro números de veintiuno en los que se hacen presentes temas de arquitectura y ciudad.

El interés por lo urbano y su construcción será la excusa para centrar la atención de los números 3 y 17. La sección de “Fotografía” del nº12 estará protagonizada por Ramón Paolini, Marco Negrón será uno de los nueve entrevistados del nº13 con relación al tema de la ciudad, y Hannia Gómez será la protagonista de la sección “Entrevista” del nº17, CARACAS. Ciudad que no se ve, acompañada de Luis Brito, Jean Herrera, Andrés Manner, Nicola Rocco, Antolín Sánchez quienes coparon la sección “Fotografía”.

Veintiuno. Cultura y tendencias de la Fundación Bigott fue galardonada en la III edición del Premio Nacional del libro de Venezuela 2005 como “Mejor revista cultural que reseñe obras de autores venezolanos”, reglón dedicado a toda “Revista editada por institución, colectivo cultural o particulares, enfocada en el ámbito cultural y que difunda y promueva la lectura de escritores nacionales”. Dicho premio lo compartió con la Revista Plátano Verde editada por A&B.

En resumen, se trató veintiuno de otra interesante experiencia que desarrolló una intensa actividad y puso en práctica la “vigilancia crítica por encima de la pereza y los fáciles preceptos (y la) valoración crítica por encima del gesto intrascendente”. Tuvo, si se quiere, corta vida, corroborando los sombríos presagios que fueron asomados por sus editores desde un comienzo en cuanto al acontecer nacional que la terminó arropando como a otros tantos emprendimientos similares. Sin embargo, marcó una tendencia y se convirtió en referencia de un nuevo periodismo mostrando otra manera de enfocar el tema cultural. A pesar de su breve existencia ofrece un valioso aporte al legado hemerográfico venezolano.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 1, 2 y 3. Revista veintiuno, Fundación Bigott, nº1, octubre-noviembre 2004

4 y 5. https://www.mago-atelier.com/Magazines-Revistas

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

AA n°453

Février 2023

CONSTRUIRE LOCAL

Sinopsis
¿Qué significa «construir localmente» en un momento de escasez generalizada de recursos y materiales de construcción? Es, sin duda, uno de los términos más utilizados en la actualidad: local y, más aún, la expresión “construir local” está en boca de todos y en todos los proyectos. Porque se entiende: para reducir la huella de carbono, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, en definitiva, luchar contra el calentamiento global, es necesario construir lo más cerca posible de los recursos seleccionados, en el marco de los circuitos próximos. Dicho esto, ¿la «construcción local» sigue siendo el mejor cálculo cuando se trata de equilibrio ecológico? ¿Cómo distinguir las empresas verdaderamente virtuosas de los sitios de apariencia? AA ofrece una encuesta de los cuatro rincones del mundo sobre la llamada arquitectura «local».

Sumario:

Hommage à l’architecte Balkrishna Vithaldas Doshi, Pritzker Prize 2018 ; les conseils lecture du Centre Canadien d’Architecture ; plongée dans les archives d’AA avec Jean-Philippe Hugron ; retour sur l’histoire du mythique Grand Rex avec Jean-Claude Raspiengeas ; le 13e opus des carnets du réemploi, par Vincent Laureau et Victor Meesters ; les récentes réalisations de HEMAA, Christophe Hutin et Civic Architects ; entretien avec l’écologue et botaniste Audrey Muratet sur la biodiversité des villes, par Christelle Granja ; direction les États-Unis, où des créateurs autochtones conjuguent mode et identité culturelle, sous la plûme d’Anastasia de Villepun ; pérégrinations photographiques en Haute-Saône avec Luc Boegly ; entretien avec l’auteure japonaise Ryoko Sekiguchi sur la transposition du mantra local en gastronomie, par Emmanuelle Borne ; portrait de l’architecte thaïlandais Boonserm Premthada par Marie-Hélène Contal, directrice de l’École spéciale d’architecture ; essai d’Éric de Thoisy, directeur de la recherche de l’agence SCAU, sur le localisme et les origines de la pensée écologiste ; à la découverte de l’architecture loin des grands centres urbains avec Valérie de Saint-Do ; un projet sur les origines des matériaux de construction par le collectif étudiant (in)visible ; entretien avec l’architecte Morgan Moinet, à propos du réemploi des matériaux de construction, par Amélie Pouzaint ; AA sur les ondes, une nouvelle rubrique en partenariat avec France Culture et l’Esprit des lieux ; les réalisations locales de Joly Loiret, Anatomies d’Architecture, Wallmakers, AAU Anastas et Atelier png ; l’expertise de l’architecte Sophie Brioul sur la transformation des matières naturelles en matériaux de construction présentée par Christine Desmoulins ; une matériauthèque sur le thème du recyclage et du réemploi présentée par Lisa Agostini.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 345

Con el ejecútese del decreto que dio inicio a la nacionalización petrolera el 1 de enero de 1976, había quedado atrás no sólo el período en el que los hidrocarburos en Venezuela fueron explotados por empresas extranjeras, sino también el aporte a la cultura que algunas de ellas llegaron a hacer a través de sendas publicaciones periódicas.

En el caso concreto de la Creole Petroleum Corporation es recordada la continuidad, riqueza de contenidos y calidad gráfica de la que fue su revista: El Farol, cuya aparición entre 1939 y finales de 1975 dejó el listón en un nivel que parecía difícil de superar. (ver Contacto FAC nº222 del 2 de mayo de 2021).

Transformada la Creole en Lagoven y, por ende, convertida en una de las dos filiales más importantes de Petróleos de Venezuela, quienes asumieron su dirección no quisieron dejar pasar mucho tiempo sin atender el vacío originado por la desaparición de la revista de su antecesora. Es así como se dieron a la tarea de explorar cuál debía ser la línea y tipo de publicación que debía crearse, en medio de un clima que siempre se asumió de competencia e igualdad en cuanto a calidad y eficiencia del manejo de las empresas nacionalizadas y todo lo que ellas representaban.

Es así como el Departamento de Relaciones Públicas de Lagoven puesto a trabajar en el asunto y luego de evaluar diversas proposiciones, decide elevar a la junta directiva un proyecto de publicación periódica que tendría por nombre “Cuadernos” al cual se agregaría la denominación de la empresa, lo que le permitiría contar con un claro sello de identidad.

Pareciera que con relación al perfil de la revista no había mayores dificultades con respecto a que debía dedicarse a tratar con profundidad temas culturales y petroleros que contribuirían con el esfuerzo educacional que se realizaba en el país, manteniendo en este sentido una gran proximidad con la línea marcada por El Farol.

1. Algunos de los números pertenecientes a diferentes series de Cuadernos Lagoven.

La más importante diferencia estribaría en que cada ejemplar de lo que dio en llamar Cuadernos Lagoven sería monográfico y que se agruparía a su vez en series temáticas coleccionables, lo cual otorgaba cierta flexibilidad en lo que se refiere a la periodicidad y número de páginas que cada número podría tener. Se mantendría la condición de gratuidad del producto, se conservaría el cuidado en el diseño gráfico y diagramación, se contaría con los mejores fotógrafos, se seleccionarían reconocidas imprentas y se buscaría a los más connotados escritores y estudiosos del país para que fuesen abordando la pauta que los editores fueron estableciendo. El formato seleccionado sería de 21×21 cms.

La propuesta presentada fue aprobada por unanimidad por la junta directiva de la empresa, decidiéndose dar inicio a la materialización del proyecto de inmediato de manera que el mismo año 1976 debía estar el la calle el primer número.

El responsable de llenar de contenido la revista inaugural fue el reconocido historiador, investigador y pedagogo español radicado en nuestro país Manuel Pérez Vila (Girona, 1922, Caracas, 1991). El tema seleccionado: “Ciudades cuatricentenarias”, daría salida a indagaciones llevadas a cabo por el autor por aquel entonces. Se iniciaba así, además, la serie “El hombre y su gente”. Su portada, que recoge una hermosa panorámica de Caracas tomada seguramente desde lo más alto de Colinas de Bello Monte, ilustra nuestra postal del día de hoy.

Ampliamente reconocido por ser el biógrafo más importante del Libertador Simón Bolívar, de quien organizó y clasificó el archivo existente en su Casa Natal entre 1950 y 1955 bajo la dirección de Vicente Lecuna, Pérez Villa sorprendió como lo había hecho en otras oportunidades tocando en el nº1 de Cuadernos Lagoven una temática si se quiere alejada de su línea de trabajo fundamental que, sin embargo, trata con todo el rigor y profundidad de los que era capaz contando para ello con un valioso apoyo documental.

El ensayo elaborado por Pérez Vila invita a analizar la idea que nos hemos forjado sobre la historia hispánica, siguiéndole los pasos a los fundadores de las primeras ciudades venezolanas. Refiriéndose a la generación de primer orden en el desarrollo de la historiografía nacional, Pérez Vila ofrece un interesante matiz sobre los ejes de penetración y los núcleos de poblamiento urbano.

En un comentario sobre el texto de Pérez Vila del 8 de septiembre de 2019, ubicable en http://www.diarioelinformante.com.ve, Henry Vargas Ávila expresará cómo en él se describe la España del siglo XVI que acomete la tarea de ocupar un inmenso continente, el Nuevo Mundo, como una nación en la que se superponen diversos planos temporales. “A medio camino entre el Medioevo y la modernidad es España una nación excéntrica y particular. En 1492 expulsa a los árabes, unifica bajo una corona su territorio y comienza su expansión ultramarina. Sin embargo, un rasgo premoderno acompaña este período de esplendor: el fervor proselitista de la Evangelización. Convertir a la fe verdadera a los infieles es una firme idea española que convive y se imbrica con otras de más reciente factura, el Renacimiento, la ampliación del conocimiento geográfico y de la ecúmene, la Contrarreforma católica. Se trata de una España que vacila por situarse entre lo medieval y lo decididamente moderno la que llega al Nuevo Mundo en el siglo XVI”.

Así, “la fundación de las ciudades hispanoamericanas y las formas diversas de penetración a través de la conquista y poblamientos, están en estrecha relación con la acción predicadora de los misioneros y el surgimiento de las llamadas doctrinas. Las comunidades religiosas y entre ellas principalmente los dominicos, los franciscanos, los agustinos y los jesuitas realizaron una importante labor misionera alrededor de las doctrinas”.

Con la intención de remarcar los ejes de penetración seguidos por los conquistadores: el de Oriente, originado en Cubagua-Margarita, que tiene por base a Cumaná en tierra firme y se extiende luego por el Orinoco hacia Guayana; en Occidente, desde la costa, que penetra por Coro hasta El Tocuyo, se abre en abanico hacia Trujillo, Maracaibo, Barquisimeto, Carora y se extiende hacia la región central, nombres y fechas de ciudades fundadas a inicios del proceso de colonización antes de 1577 y que aún hoy persisten son descritas por Pérez Vila: Cumaná, 1521-1522; Coro, 1527-1529; Puerto de Mar (Porlamar) o Villa del Espíritu Santo, iniciada hacia 1528, fundada oficialmente en 1536; Maracaibo, en sus tres fundaciones, empezando por la de Alfinger en 1529; El Tocuyo en 1545; Barquisimeto, en 1552; Valencia 1553; Trujillo, en 1557; Mérida, 1558; San Cristóbal, 1561; La Asunción, 1564-1567; Caracas, 1567; Caraballeda, 1567, Carora, 1569; La Grita, 1576; Barinas –o Altamira de Cáceres- 1577. También algunas otras que no han llegado hasta el presente: Nueva Cádiz de Cubagua, La Borburata, El Collado, San Miguel de Neverí o la Villa de San Francisco.

Emparentado con el texto que posteriormente elaborara para el libro La Guaira. Orígenes históricos. Morfología Urbana (1981) en el que también participaron Graziano Gasparini y Carlos Duarte, Pérez Vila nos dejó en “Ciudades cuatricentenarias” no sólo un valioso aporte a la historia del poblamiento del país sino, además, un texto de obligatoria consulta para los estudiosos de temas urbanos.

2. Ciudado diseño gráfico en dos de las portadas de Cuadernos Lagoven.

Roto el celofán del compromiso asumido con la salida del número 1, Cuadernos Lagoven aparecería ininterrumpidamente entre 1976 y 1997. Allí se publicaron más de 250 textos distribuidos en algo más de 100 entregas, algunas abordadas por un solo autor y otras compartidas que, a pesar de ser editadas en su mayoría a modo de revista y en español, se abrió a la presencia de algunos ejemplares con tapa dura y traducidos al inglés, lográndose una alta calidad impresa. Definidos como una aproximación a las múltiples y diversas expresiones del quehacer humano y concebidos con un claro sentido de utilidad, cada número buscó la armonía entre el valor mismo del tema, el interés del público, la seriedad y amenidad del tratamiento y la riqueza gráfica y de diseño, cumpliendo con creces los objetivos iniciales trazados por la empresa.

3. Dos de los ejemplares de la serie «Bicentenario» (1983).
4. Dos de los ejemplares de la serie «Cuatro Repúblicas» (1988).

Sin necesariamente mantener una periodicidad fija se podría decir que en promedio Cuadernos Lagoven apareció bimensualmente, dándose los casos especiales correspondientes a los años 1983 (dedicado a celebrar los 200 años del nacimiento del Libertador mediante la serie que llevó el nombre de “Bicentenario”) de seis números y de 1988 cuando se lanza la serie “Cuatro Repúblicas” de siete entregas, ambas, por cierto, de corte histórico. Otras series dignas de ser mencionadas son “Siglo XXI” concentrada en los años 1985 y 1986 y “Medio Milenio” aparecida el año 1992 cuando se cumplían 500 años de la llegada de Colón a América.

5. Número de Cuadernos Lagoven titulado “Arquitecturas de Villanueva” (abril 1978) con textos de Juan Pedro Posani, fotografías de Paolo Gasparini e ilustraciones de Kees Verkaik de la serie «El hombre y su ambiente».
6. Otros dos ejemplares de la serie «El hombre y su ambiente»

Al ensayo de Manuel Pérez Vila publicado en el número 1 se sumaron, dentro de la serie “El hombre y su ambiente” (la de mayor amplitud en cuanto a ejemplares dedicados a través del tiempo), otros autores y temas que podríamos considerar afines a los que desde estas páginas promovemos. Así, vale la pena recordar el muy cuidado ejemplar titulado “Arquitecturas de Villanueva” (abril 1978) con textos de Juan Pedro Posani, fotografías de Paolo Gasparini e ilustraciones de Kees Verkaik, obra que posteriormente se editaría en tapa dura y en inglés el año 1985. Del mismo año 1978 data “La Ciudad Transfigurada”, con textos de Augusto German Orihuela y fotografías de Luis H. Doguis. En 1996, como número 100, aparecerá “Arborización y su mantenimiento en áreas urbanas” del biólogo y especialista en botánica Jesús Hoyos Hernández, Premio Nacional de Divulgación Científica y, previamente, dentro de la serie Siglo XXI, con el número 54, “El Futuro de las Ciudades Venezolanas” del sociólogo Roberto Briceño-León.

7. Dos de los ejemplares de la serie «Siglo XXI» (1985-1986).
8. Tres de los ejemplares de la serie «Medio Milenio» (1992).

De tal manera, con la firma de connotados autores entre los que vale la pena citar a Arturo Uslar Pietri, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Pedro Grases, Pedro Cunill Grau, Armando Rojas Guardia, Efraín Subero, Tomás Polanco Alcántara, R. J. Lovera De-Sola, Aníbal Romero, Orlando Albornoz, Diego Bautista Urbaneja, María Elena Ramos, José Luis Salcedo Bastardo, Alfredo Armas Alfonzo, Germán Carrera Damas, Elías Pino Iturrieta, Ramón Escovar Salom y Luis Castro Leiva, la crítica, el ensayo histórico, la investigación antropológica, el pensamiento venezolano, la geografía del país, la ecología, la ciudad y su atmósfera, la tecnología, la literatura, la música,  la relación mantenimiento y ambiente, el lenguaje, la zoología, el arte y la arquitectura se dieron cita a través de las páginas de Cuadernos Lagoven dejando un importante legado de parte de la empresa a la cultura venezolana y una demostración de una de las tantas maneras en que el petróleo puede ser sembrado.

9. Portada del nº50 de Cuadernos Lagoven.

Tal y como se recoge del artículo de Wikipedia dedicado a la publicación que hoy nos ocupa, “el buen grado de aceptación y veracidad de sus temas se vieron recompensados en el año de 1986 cuando se le otorgó el Premio Nacional de Periodismo a los Cuadernos Lagoven. (…)  También en el año 1986 Cuadernos Lagoven llegó a su publicación número 50, (llevando) por título “La poesía de los pueblos con sed” escrito por la pluma del Maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa”. A ello cabe agregar que recibió por cinco años consecutivos el premio del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional como mejor publicación en su estilo.

Adicionalmente a las publicaciones periódicas e impulsada por el reconocimiento alcanzado, la empresa petrolera tomó la decisión de dar luz verde a la creación de la serie audiovisual de Cuadernos Lagoven, lográndose la producción de documentales diversos entre los que destacó la correspondiente a historia venezolana titulada «Cuatro Repúblicas», constituida por nueve videos. Como bien señala Manuel Bermúdez Romero en “El petróleo sembrado. Cuadernos Lagoven es un valioso legado cultural” (2021) publicado en http://petroleumag.com: “Del mismo modo fue satisfactoria en esta modalidad la divulgación televisiva de las biografías y contribuciones plásticas de los artistas Juan Lovera, Arturo Michelena, Francisco Narváez, Carlos Cruz-Diez, Emerio Darío Lunar y Jacobo Borges”.

Los Cuadernos Lagoven audiovisuales “eran transmitidos por la Televisora Nacional, canal 5, los sábados a las ocho de la noche. Venezolana de Televisión los proyectaba los martes a las once y treinta de la mañana”, acotará Bermúdez Romero.

A partir de 1998, la publicación fue rebautizada como Cuadernos PDVSA, a consecuencia del cese de actividades de la filial petrolera. El cambio radical en el enfoque que se le dio al nuevo producto editorial, lamentablemente, dejó atrás lo que fue una de las experiencias más notables dentro de las publicaciones periódicas culturales del país durante el siglo XX.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 2, 3, 4, 6, 7, 8 y 9. https://www.venciclopedia.org/index.php?title=Cuadernos_Lagoven

1. http://petroleumag.com/el-petroleo-sembrado-cuadernos-lagoven-es-un-valioso-legado-cultural/

5. Colección Crono Arquitectura Venezuela

VALE LA PENA VOLVER A LEER

1. Página 1 (portada) del nº51 del semanario Arquitectura HOY, 26 de febrero de 1994.

Hoy, 26 de febrero, se cumplen 29 años de la publicación en el nº51 del semanario Arquitectura HOY del artículo “¿Dónde está el norte?” de Juan Pedro Posani (1931-2020), quien fuera profesor de Historia de la Arquitectura de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, director del Instituto del Patrimonio Cultural, Premio Nacional de Arquitectura (1992), Doctor Honoris Causa por la Universidad Central de Venezuela (2000) y fundador del Museo Nacional de Arquitectura -MUSARQ- en 2006.

El que quizás ha sido el crítico más importante dentro de la escena arquitectónica venezolana del siglo XX logró, a través de su presencia durante 10 años en las páginas del diario Economía HOY, conformar una verdadera línea de pensamiento que mostraba una renovada actitud hacia lo real y lo regional basada en la búsqueda de formas y modelos expresivos, constructivos y ambientales que se correspondieran sanamente con el lugar del mundo en que nos encontramos. Bajo el supuesto de que no puede haber diversidad sin autenticidad, Posani siempre apuntó a observar la arquitectura venezolana en toda su amplitud y también a dedicarse al estudio de aquella parte de ella donde la identidad aparece. “¿Dónde está el norte?” es una de las piezas claves para entender lo que Posani intentó construir paso a paso en momentos en que la prensa era la principal tribuna de opinión sobre arquitectura en el país.

2. Izquierda: Portada del Tomo I (Sociedad y cultura), Libro I (Los venezolanos) de Suma del Pensar Venezolano. Derecha: Sumario del capítulo “Sobre la ciudad y la arquitectura” donde se muestra la lista de los textos seleccionados por Marco Negrón.

Seleccionado por Marco Negrón como uno de los textos fundamentales sobre La Arquitectura que, ocupando las páginas 491 y 492, formó parte del Tomo I (Sociedad y cultura), Libro I (Los venezolanos) de Suma del Pensar Venezolano (Editores: Asdrúbal Baptista, José Balza y Ramón Piñango. Caracas: Fundación Empresas Polar, 2015), donde Negrón elaboró tanto el texto introductorio como la antología correspondiente al capítulo “Sobre la ciudad y la arquitectura”, “¿Dónde está el norte?” también se encuentra incorporado a las publicaciones Debate y disquisiciones sobre el anón y el cambur (Juan Pedro Posani y Alberto Sato. Caracas: Ediciones de la Biblioteca de Arquitectura, 2000) y Juan Pedro Posani, Arquitectura Hoy, diez años de pensamiento crítico (Editor: Javier Cerisola. Caracas: Museo Nacional de Arquitectura, 2012).

3. Otros dos libros donde aparece publicado el texto «¿Dónde está el norte?» de Juan Pedro Posani.

Dada la vigencia que aún mantiene el mensaje plasmado por Posani en su escrito, nos ha parecido pertinente reproducirlo de nuevo en su totalidad para quienes no han tenido la oportunidad de leerlo, revisarlo o estudiarlo.

Esperamos sea de provecho y utilidad.

4. Detalle del cuadro de Manuel Espinosa «Unare, Ocasos y Auroras» (1990) que acompañó el artículo de Posani cuando fue publicado por primera vez en 1994

¿Dónde está el norte?

Juan Pedro Posani

¿Dónde está el Norte? Esta era la primera pregunta que Carlos Raúl Villanueva, con ese tono de voz suyo, entre ingenuo y burlón, le planteaba a sus estudiantes.

Quienes lo acompañaban en las correcciones de la Facultad de Arquitectura conocían muy bien el significado de esta pregunta. Era la pregunta por el contexto, por el clima, por la inclinación del sol, por las brisas y las lluvias, por la orientación y por las vistas, por la temperatura, por la geografía y la cosmografía.

Villanueva comenzaba sus críticas por el punto en el cual ha fracasado demasiadas veces nuestra arquitectura actual: su relación con la tierra y con el clima. La vida y el azar nos dieron un tiempo y un lugar. De allí —nos decía Villanueva— hay que partir.

Hace unos años, antropólogos y sociólogos reavivaron un viejo debate: en la historia de la evolución del hombre ¿qué ha sido o es más determinante, la cultura o la naturaleza? La controversia acerca de la oposición “culture-nature” tomó la senda de los enfrentamientos radicales para luego aquietar sus contenidos en una coexistencia crónica que atestigua la salomónica verdad de que es imposible separar antagónicamente lo que es complejo. Ciertamente, también en el caso de la arquitectura es poco sensato separar lo que es inseparable. Los hombres cuando han construido bien han tomado en cuenta tanto la temperatura y la humedad relativa como la suavidad de las curvas de los capiteles. Pero únicamente para los fines de una mayor claridad discursiva, podríamos dividir los dos campos: pongamos sobre la mesa por un lado a la cultura, por el otro a la naturaleza. Y examinemos separadamente las implicaciones que tienen ambas cosas para la enseñanza y la práctica de la arquitectura. Lo primero que salta a la vista es que en un país como el nuestro, que no tiene acumulada la sofisticación de la cultura del objeto ni el refinamiento de esas formas manoseadas, modeladas, negadas o confirmadas durante siglos y siglos, típicas de la historia europea o asiática, la autenticidad —meta de un buen diseño— no puede ser alcanzada si no empezando por las condiciones geoclimáticas y por los dispositivos que las corrigen, las hacen tolerables o que exaltan sus cualidades en lo que podríamos llamar sus indiscutibles ventajas comparativas.

No es el peso de la cultura arquitectónica lo que predomina entre nosotros. No es la historia milenaria, la de las pirámides abstractas, del blanco mármol de Grecia, del perfecto estetismo japonés o la de las aspiraciones intelectuales universales del Renacimiento lo que define nuestro horizonte arquitectónico. Son las inmensas dimensiones de una vegetación opulenta, de calores avasallantes y de lluvias que son torrentes, de una atmósfera cuyos elementos combaten una lucha sin piedad contra el tiempo, las que perfilan los caracteres de las empalizadas arquitectónicas que los hombres cuerdos han levantado en este enclave geográfico determinante y primordial.

Por lo tanto, si se quiere que la arquitectura del país adquiera y conserve el carácter y los rasgos de la autenticidad hay que partir entonces de la índole del clima en su doble aspecto, de condición de su atmósfera y de condición de su soporte geográfico. El clima tropical y la geografía que lo sostienen —frío en la altitud andina, caliente en el llano y en la costa— son el punto de arranque, el supuesto inicial, el necesario marco sensorial y conceptual del cual hay que partir para ir diseñando.

Aun cuando se crea que los recursos modernos de la tecnología del acondicionamiento ambiental puedan resolver todos los problemas, la cordura aconseja considerar al clima como factor prioritario.

James Marston Fitch, por ejemplo, según cuenta Reyner Banham, recomendaba para diseñar en el trópico húmedo algo que puede sonar a receta de la abuela, pero que mantiene toda la serena verdad de la experiencia comprobada durante siglos:

• Pisos separados de la tierra… ofreciendo la máxima exposición a las brisas dominantes.

• Grandes techos livianos a manera de protección contra el sol y la lluvia tropicales.

• Corredores y balcones continuos para proteger las paredes de la inclinación del sol y de la lluvia que las azota.

• Grandes puertas y ventanas, del piso hasta el techo, para la máxima ventilación.

• Cielorrasos altos y desvanes ventilados, para mayor confort.

• Persianas controlables, para proveer todas las combinaciones de ventilación y de privacidad.

Como se ve, recetas del método selectivo o pasivo que no contemplan los recursos de la tecnología energética; pero, en todo caso, una manera de poner las cartas sobre la mesa desde el comienzo, de dejar claro dónde están las definiciones iniciales.

Una vez definidos los aspectos esenciales del enfrentamiento con el clima y de haberlo asumido como factor que determina el horizonte del diseño arquitectónico, el paso siguiente puede ser el de la manipulación espacial y formal, atendiendo a los impulsos de las sensaciones individuales, de la memoria o a la “cross-fertilization” de la información cultural. Ahí es cuando la historia de la arquitectura universal en sus modalidades antiguas, modernas o posmodernas cobra el valor operacional de lo que Picasso llamaba “hacer arte sobre el arte”. Y luego vendrá la invención o la aplicación tecnológica. Seguramente ninguna de estas cosas podrá estar separada como en cajitas chinas. Seguramente, en la realidad de la práctica, un solo proceso confundirá en una sola entidad, demasiado misteriosa para las clasificaciones, a todas estas etapas y a todos estos conocimientos sectoriales.

Pero queda claro, en mi opinión, lo esencial: si algún día podemos hablar de una arquitectura ya generalizada, con la cual nos identifiquemos y en la cual sintamos proyectadas las coordenadas históricas y culturales de un país como el nuestro, es porque habremos logrado generalizar una arquitectura y un diseño urbano basados sobre el latido de la temperatura y la respiración de las brisas.

Diseñar partiendo del norte es poner los pies sobre la tierra; es abrazar la realidad; es observarse en el espejo y acordarse de los abuelos. Diseñar partiendo del norte es, sobre todo, orientarse hacia el futuro; es disponer de un mapa en el cual esté marcado un proyecto de vida y de país.

¿Dónde está el norte? Como el maestro Villanueva, conviene que todos los días volvamos a preguntárnoslo.

ACA

Procedencia de las imágenes

Todas. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad