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La primera Bienal de Arquitectura de Maracaibo realizada en 2005 se inscribe dentro de lo que podríamos denominar como iniciativas de carácter regional que han buscado visibilizar y dar impulso al desarrollo de la actividad profesional con aspiraciones a trascender, en cuanto a su organización y alcances, el ámbito estrictamente local de donde se originan. Sigue los pasos, si se quiere, de los que ya en 1999 había dado el Colegio de Arquitectos de Carabobo para organizar lo que se conoce como el “Salón Malaussena”, otra Bienal de Arquitectura y Urbanismo la cual hasta la fecha ha logrado alcanzar las diez convocatorias. Ambas surgen a la luz del irregular comportamiento que en el tiempo había caracterizado la organización por parte del Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV) de las Bienales Nacionales de Arquitectura, que entre 1963 y 2014 logró estructurar únicamente diez eventos cuando las cuentas dicen que debieron ser veinticinco. Es este vacío que era necesario cubrir para garantizar un mínimo intercambio entre quienes están vinculados a la disciplina, lo que da sentido a la aparición de ambos encuentros. También el hecho de que en ambas localidades (Maracaibo y Valencia) y su entorno inmediato ya se podía mostrar la aparición de obras que hablaban de una pujante actividad constructiva y una buena calidad en cuanto a propuestas arquitectónicas.
Maracaibo, la segunda ciudad en importancia de Venezuela, además de su tradicional competencia en lo político, lo económico y lo cultural con la capital de la República y los sesgos de exacerbación del regionalismo que siempre la han acompañado, también fue la que, a través de la Universidad del Zulia (LUZ), acogió la segunda Escuela de Arquitectura del país que empieza a funcionar en octubre de 1960 con 48 alumnos. De ella egresa la primera promoción en 1967 ya convertida desde 1963 en Facultad de Arquitectura y Planificación con Miguel Casas Armengol como su primer decano, tras haber sido anteriormente el primer director de la Escuela.
Con los desfases temporales que la distancian del desarrollo de la arquitectura en Caracas en cuanto a cantidad y calidad de edificaciones realizadas, número de egresados incorporados a la actividad profesional y avances en cuanto a la investigación y el postgrado, donde la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, creada en 1953, es el buque insignia, Maracaibo comenzó a exhibir a partir de los años 50 un crecimiento que, basado en la consolidación de la industria petrolera (la cual hizo de ella su principal sede), derivó en el incremento de obras de arquitectura de importancia.

Tal y como señalan Janet Cestary, Nereida Petit y Laura Rodríguez O. en “Una mirada hacia la arquitectura de Maracaibo en los últimos cincuenta años”, texto aparecido en Revista de Artes y Humanidades UNICA (2005), antes de la aprobación del Plano Regulador de 1953, Maracaibo se encontraba dividida en dos sectores bien diferenciados: el casco tradicional y el asentamiento urbano impulsado al norte por las colonias petroleras de Bella Vista y las Delicias. Serán las avenidas Las Delicias y Bella Vista que conectaban las dos zonas junto a la avenida 5 de julio (calle 77), considerada como eje vial principal, las que permitirán estructurar el nuevo asentamiento al cual migrarán los usos comerciales, asistenciales, culturales y residenciales que tradicionalmente se localizaban en el centro. Para 1950, según el Censo Nacional, Maracaibo contaba con 271.599 habitantes, cifra que se duplicó para el inicio de la década siguiente.
Coincidiendo con la apertura de los estudios formales de arquitectura, durante la década de los sesenta del siglo XX la ciudad se extiende y se consolida, abandonando en los setenta su condición de ciudad horizontal para darle paso a la verticalidad que caracterizará a muchos de los edificios que se construyan, particularmente los de vivienda multifamiliar.
Los setenta, también, marcan el momento en el que Maracaibo parecerá “una colcha de retazos” y empezarán a aparecer estudios que establecen la importancia de preservar una memoria urbana muy golpeada y en vincular las raíces de su arquitectura a los vestigios de construcciones indígenas palafíticas precolombinas, al desarrollo de una arquitectura colonial asociada a su condición de puerto comercial, al surgimiento durante el período republicano de una rica arquitectura popular autóctona que manifiesta un particular carácter derivado de preocupaciones ambientales y constructivas, a la cual se suma posteriormente la proveniente de su consolidación como puerto de salida de mercancías de los Andes y el occidente venezolano hacia Europa y América y de una floreciente actividad comercial centrada en la exportación del cacao y el café.
Durante los ochenta continua la ciudad bajo el patrón de un crecimiento urbano disperso y prolifera el recubrimiento con tableta de ladrillo como acabado en las edificaciones que se van levantando durante el período. También se resalta la figura del ingeniero de origen belga León Achiel Jerome Höet y su aporte durante las décadas de los años 20 al 40, y a dar importancia a la denominada “arquitectura petrolera” como parte de una identidad marabina inclusiva.
Los años noventa y los primeros del siglo XXI ven como Maracaibo incrementa su población de 1.248.270 habitantes a inicios de la década a 1.571.885 habitantes para el año 2001. Según nos aclararán Cestary, Petit y Rodríguez: “En relación a la vivienda unifamiliar, durante esta década predominó la construcción de conjuntos residenciales cerrados, también denominados Villas…”, que “se caracterizan por estar confinados por un muro perimetral que les otorga seguridad y privacidad; constituidos por conjuntos de diez a noventa viviendas, unifamiliares, aisladas, bifamiliares y pareadas”.
Para los desarrollos de vivienda multifamiliar “reaparece el Bloque como unidades en los conjuntos cerrados, con áreas verdes y áreas mínimas por apartamento, ubicados en diferentes sectores de la ciudad, tanto al norte como al sur” y prevalecen Torres de “entre quince a veinte pisos de altura, de uno o dos apartamentos por piso, dirigidos a una clase social media alta”. Por otro lado, “con la creación de la Ley de Política Habitacional, en 1990, se ejecutó en Maracaibo la construcción de desarrollos habitacionales promovidos por el Instituto de Desarrollo Social (IDES), al cual -a partir de la Ley Orgánica de Ordenamiento Urbanístico (LOOU)-, le corresponden las intervenciones en los ‘asentamientos no controlados’ … ubicados en diferentes zonas de la ciudad, en particular en las zonas noroeste y suroeste… conformados por viviendas unifamiliares y pareadas entre 45 y 56 m2, en parcelas entre 100 y 120 m2”.
Edificaciones de diferente tamaño que van desde el centro comercial a los hipermercados caracterizan las manifestaciones dirigidas a este uso y destaca, dentro del recreacional, el diseño y la construcción de los espacios abiertos del Complejo Polideportivo de la ciudad de Maracaibo realizada en el marco de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en 1998; el proyecto de renovación del Paseo Ciencias (2004); y el proyecto Vereda del Lago.
Teniendo como marco la ciudad que la acoge y los antecedentes someramente mostrados, era de esperarse que los arquitectos marabinos aspiraran a organizar un evento que permitiese mostrar el desarrollo edilicio y urbano de la capital del Zulia, los avances en el terreno investigativo que se consolidaba en sus casas de estudio y la respuesta que se estaba dando a nivel de formación de pregrado.
Orientada justamente a cubrir el período 1990-2005, la I Bienal de Arquitectura de Maracaibo, que llevaba por subtítulo “Arquitectura regional entre milenios”, se abrió desde el 17 de julio al 2 de octubre de 2005, en las salas expositivas del Centro de Bellas Artes-Ateneo de Maracaibo. Conceptualizada, promovida y organizada por AcciónArte, cuya presidenta Anabeli Vera-Marín asumió la Coordinación General del evento, contó con el apoyo y la participación de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad del Zulia (FAD LUZ), el Centro de Bellas Artes-Ateneo de Maracaibo, la Asociación Civil Arquitectos del Estado Zulia y el Centro de Ingenieros del Estado Zulia, cuyos representantes, constituidos en Comité Coordinador de la Bienal, procedieron a hacer una “convocatoria nacional nacional a todos los arquitectos colegiados para presentar los proyectos construidos en la región zuliana durante el período estipulado”.

La Bienal aparece ampliamente reseñada a través de un artículo que, firmado por Anabeli Vera-Marín, apareció en la revista Portafolio, nº 11-12 de 2005, publicación periódica arbitrada de la FAD LUZ. Allí Vera-Marín nos apunta: “Enmarcada en la celebración de los 45 años de la Escuela de Arquitectura de LUZ y los 60 años del Colegio de Arquitectos de Venezuela, la BAM intentó abarcar la arquitectura de los últimos quince años de la región, en un periodo significativo: la década final del convulsionado siglo XX y los primeros cinco años de este nuevo milenio signado por la incertidumbre. Se buscaba así iniciar este tipo de actividad en la capital zuliana, estableciendo una visión arquitectónica y una base de reflexión amplias que constituyesen un sólido fundamento de la historia reciente de la arquitectura en la región.”
La Bienal, que quiso reconocer el magnífico trabajo de cinco décadas continuas en actividad del arquitecto José Antonio Hernández Casas y los cuarenta años de la empresa constructora Faría Sociedad Anónima, FASA, principal promotor de la propiedad horizontal en la región, logró reunir, con base en cuatro categorías, 27 proyectos de 15 oficinas e instituciones dedicadas al ejercicio del tema, 7 publicaciones, 4 animaciones y 10 trabajos de grado, número si se quiere bajo para el amplio abanico abierto tanto en lo temático como en lo temporal.
Así, el Jurado calificador integrado por los arquitectos: William Niño Araque (Jurado Nacional); Aquiles Asprino (Jurado Regional); Ramón Reyes (AcciónArte); Francisco Mustieles (FAD-LUZ); Carlos Aguilar (URU); Sandy Rincón (IUP Santiago Mariño) y Gustavo Gómez (Sociedad Civil Arquitectos del Estado Zulia), otorgó los siguientes reconocimientos:


El premiado edificio Las Laras construido en 1928 por la Caribbean Petroleum Company, formaba parte del proyecto de la colonia petrolera Las Delicias, de la Royal Dutch Shell que lo usaría como sede administrativa hasta 1956 cuando la compañía muda sus oficinas para Caracas y la Costa Oriental del Lago. De la ficha elaborada por IAM Venezuela (https://iamvenezuela.com/2016/01/edificio-las-laras/) hemos conocido que “el nombre de esta edificación se debe a los samanes que la circundaban, llamados laras por los marabinos”.
La misma ficha nos dice lo siguiente: “Su estructura se conforma de dos plantas cuyo espacio se organiza alrededor de un patio central, y el terreno donde se ubica ocupa una manzana. En la fachada principal destaca el acceso que se da mediante un pequeño volumen que sobresale del conjunto con grandes columnas que parten de la planta baja y suben al nivel superior, donde está un balcón. (…) En sus fachadas presenta el uso de galerías perimetrales estrechas en el segundo nivel donde se combinaron diferentes elementos arquitectónicos como el concreto, el metal y la madera. Fue una de las primeras edificaciones en contar con aire acondicionado en la ciudad y también poseía un sistema de refrigeración de agua helada, que requería de un enorme patio para ubicar los aparatos que la hacían funcionar”.
Desde 1956 el edificio Las Laras “funcionó como sede de varios organismos de distintas ramas de servicios públicos. Luego de un incendio que en 1994 consumió gran parte de la edificación, fue restaurado en 2003” por PDVSA, su propietario. En la rehabilitación se planteó como objetivo mantener la fachada original del edificio, modernizando las instalaciones eléctricas, sanitarias, los sistemas contra incendio y de seguridad, y se incorporó, además, el equipamiento necesario para discapacitados. “La zona que era usada para los grandes aires acondicionados se convirtió en áreas de estacionamiento con capacidad para 400 vehículos aproximadamente”. Las Laras fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1991.

Desde 2005, la Bienal de Arquitectura de Maracaibo ya acumula otras tres convocatorias con participación cada vez más nutrida: la segunda de 2008, que abarcó el período 2005-2008, cuyo tema central fue “La Ciudad” vista desde dos perspectivas distintas: una arquitectónica y urbana, otra artística y visionaria, le rindió homenaje al arquitecto Humberto Vera Barrios de destacada actuación en la ciudad de Maracaibo; la tercera 2010 (2008-2010), organizada bajo el lema “Develando experiencias y oportunidades”, homenajeó al arquitecto Tomás José Sanabria, al arquitecto y crítico de arquitectura nacional William Niño Araque y al arquitecto zuliano Aquiles Asprino; y la cuarta 2013 (2010-2013), bajo el lema “Umbrales de cambio”, rindió homenaje a la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad del Zulia (FAD-LUZ), que cumplía 50 años de ininterrumpida labor educativa, social y de investigación.
A partir de entonces han transcurrido siete años en los que, seguramente afectados por la situación que atraviesa el país, a sus promotores se les ha hecho cuesta arriba volver a lograr reunir esfuerzos y recursos que la revitalicen. Ojalá que esto no pase de ser algo temporal con la seguridad de que el tesón que caracteriza a los marabinos hará que así sea.
ACA
Procedencia de las imágenes
2, 3 y 4. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

1968• Diseñado bajo la responsabilidad de la Dirección de Edificios del Ministerios de Obras Públicas (MOP) en 1967, se concluye la construcción y se inaugura el Gimnasio Cubierto «Pedro Elías Belisario Aponte», ubicado en el Sector Los Olivos, instalación integrante del Polideportivo Luis Aparicio Jr., Maracaibo, estado Zulia. Fue proyectado por arquitecto Antonio Vegas Rodríguez (FAU UCV promoción 11A/ 1961) y su asistente fue E. Escozura.
El diseño estructural de la cubierta, asi como la tecnología para su construcción, fue concebida por el Dr. Ing. Waclaw Zalewski (1917-2016), en colaboración del Ing. José Adolfo Peña, para el Ministerio de Obras Públicas en 1966.
La estructura que cubre esta instalación deportiva multiuso está integrada por cables tensores entrelazados entre si, que soportan una piel metálica tipo «sandwich» que contiene un aislante térmico de anime y una delgada capa de concreto.
Bajo la dirección y la supervisión del ingeniero Peña fue posible completar su construcción en un plazo de siete meses para ser inaugurado en agosto del mismo año para los IV Juegos Nacionales.
La cubierta de 44 metros por 90 metros en planta, está basada en una red de cables colgantes en dos direcciones ortogonales, conformando una cubierta de doble curvatura de 3,5 centímetros de espesor, con un peso de 65 kilogramos por metro cuadrado. La ejecución de la misma se hizo bajo la dirección y supervisión del Ing. José A. Peña.
Tiene una capacidad de 4.500 espectadores y con el ajuste de su escenario de madera o «tabloncillo» se puede utilizar para juegos de baloncesto, voleibol, y otros deportes, así como para actos culturales, políticos y religiosos.
Es la sede del equipo de baloncesto «Gaiteros del Zulia».
HVH


La Unidad Vecinal “Pomona” (1951-1954), ubicada al suroeste de Maracaibo, estado Zulia, fue uno de los desarrollos incluidos en el Plan Nacional de la Vivienda 1951-1955, puesto en marcha por el Banco Obrero (BO) durante el mandato de Marcos Pérez Jiménez. Ocupa los terrenos adyacentes a la urbanización “General Rafael Urdaneta” (1943-1947), primer conjunto de envergadura realizado por el BO fuera de Caracas y el más grande ejecutado hasta entonces, conformado por 1.000 viviendas unifamiliares dispuestas en 60 hectáreas para una población estimada de 7.300 personas (7% del total urbano de la ciudad de Maracaibo de entonces), que formó parte del Primer Plan de Vivienda de 1946, con la cual «Pomona» comparte una serie de servicios comunales creados para ambos conglomerados.

Quizás valga la pena apuntar que el Primer Plan de Vivienda de 1946, a cargo de la Sala Técnica del Banco Obrero, tal y como nos señala Beatriz Meza Suinaga en “Gestión estatal de la vivienda en Venezuela: el Plan Nacional (1951-1955)”, artículo aparecido en Cuadernos del Cendes, nº 87, septiembre-diciembre 2014, contemplaba “… la construcción de 40.000 unidades en 10 años, 4.000 en 14 ciudades durante el primer año, 11 de ellas capitales de estado y la capital nacional, ampliándose geográficamente la acción del BO respecto a su orientación anterior”. Dicho Plan estaba regido por “…una noción de planificación global e integración de proyectos (…) contando para ello con diferentes modelos de vivienda, destinados a clase media y obrera, diseñados por (Carlos Raúl) Villanueva y el ingeniero Leopoldo Martínez Olavarría…”.
Pues bien, sin variar en gran medida el enfoque y con miras a enfrentar el nuevo reto que significaba la ejecución del Plan Nacional de la Vivienda 1951-1955, la Sala Técnica se redimensiona para convertirse en el Taller de Arquitectura del Banco Obrero (TABO) que bajo la jefatura de Villanueva, contando con el arquitecto colombiano Carlos Celis Cepero como adjunto, aborda la casi totalidad de los proyectos distribuidos a lo largo de 15 localizaciones distintas a lo largo y ancho del país, contemplándose la construcción de 12.185 unidades de vivienda de las cuales 7.000 se realizarían en Caracas y 1.500 en Maracaibo, ciudades que entre los censos de 1941 y 1950 habían duplicado su población. Así, “Pomona” absorbería la mayor parte de la inversión que se haría en la capital zuliana.
Al poco tiempo de haberse establecido, el Taller cumplió con uno de sus propósitos al exponerse en rueda de prensa el 13 de julio de 1951, de boca del Director del BO Julio Bacalao Lara en compañía de Villanueva, el Plan Nacional de la Vivienda 1951-1955. Allí Bacalao informó «que el problema de la vivienda era una de las más importantes preocupaciones públicas visto el pleno desarrollo económico del país y el rápido crecimiento de la población urbana, por lo cual de acuerdo con ‘la planificación administrativa que en escala nacional realiza la Junta de Gobierno –añadió– el Banco Obrero elaboró un Plan … que ha tenido amplio apoyo en el ejecutivo y será objeto de un financiamiento extraordinario’ ”.
Como otra etapa importante, el 8 de noviembre de 1951 en el Colegio de Ingenieros de Venezuela se abre al público la Exposición sobre el Plan Nacional de la Vivienda 1951-1955 exhibiéndose plantas y perspectivas de urbanizaciones para Maracay, Coro, San Felipe, Maracaibo, Valera, Caracas, así como maquetas para El Tocuyo, Sarría, Maracay, Coro y Ciudad Tablitas, junto a diferentes modelos de viviendas unifamiliares y multifamiliares. Como resultado de este evento se publica el folleto “BO Venezuela exposición 1951-1955-Plan Nacional de la Vivienda”, y se apunta a su presentación en el VIII Congreso Panamericano de Arquitectos a realizarse en los espacios de la Universidad Autónoma de México en 1952, editándose finalmente con mayor despliegue (140 páginas) la publicación 1928-1952. La vivienda popular en Venezuela, preparada y dirigida por Carlos Raúl Villanueva y Carlos Celis Cepero, con la colaboración de Carlos González Bogen, Mateo Manaure, del ingeniero Federico Cortés y Miguel Sosa Bar, con motivo de la celebración en 1955 del IX Congreso Panamericano de Arquitectos en el Aula Magna de la Ciudad Universitaria de Caracas.

De dicha publicación puede rescatarse, en cuanto a la aproximación proyectual efectuada en el TABO, el énfasis en la investigación económica de la vivienda mediante la “construcción masiva, la simplificación de distribución, la eliminación de lo accesorio en el hogar, a favor de lo esencial en su construcción”. Además devela, como señala Meza Suinaga “conexiones entre el TABO y el ideario de la moderna disciplina arquitectónica europea que desde inicios del siglo XX intenta una ruptura histórica radical, abogando por la funcionalidad, la racionalidad, el uso de tecnologías de avanzada y la atención a la vivienda”. Todo lo cual se traduce en una sintonía que los profesionales del TABO asumen mediante el diseño de “Unidades vecinales, grupos cooperativos, urbanizaciones, reurbanizaciones, apartamientos, casas con los cuales se solucionarían técnicamente los problemas para proveer de nuevas viviendas a las familias venezolanas”.
Meza Suinaga agregará: “A la variedad de urbanizaciones del TABO se suman ‘proyectos tipos para casas’ en zonas costeras, montañosas y planas calientes, pretendiéndose individualizar según rasgos climáticos y ambientales de cada localización urbana. Aquí se nota la vinculación con el Plan de 1946 y su diversidad de modelos adaptados a las 14 ciudades seleccionadas. La heterogeneidad, como condición asumida desde sus comienzos, caracteriza el trabajo del Taller donde se generan numerosas propuestas para viviendas unifamiliares y multifamiliares, incluyendo los primeros superbloques, unidades residenciales de alta densidad y gran altura, inspiradas en la obra de Le Corbusier”.


“Pomona” es, dentro del Plan, uno de dos desarrollos que no son proyectados por el TABO que, sin embargo, si supervisa su realización. Ofrece la oportunidad de ver la conjunción de los lineamientos arriba expresados con el aporte adicional de quienes tuvieron a su cargo la propuesta: la firma “Planificación y Vivienda”, integrada por los arquitectos Moisés Benacerraf y Carlos Guinand Baldó más el ingeniero Francisco Carrillo Batalla, contando como asesores con José Luis Sert y Paul Lester Wiener fundadores de la reconocida oficina Town Planning Associates (TPA).

Con una inversión de Bs. 15.136.500 , “Pomona” tiene 384 viviendas, 264 casas y 120 apartamentos. Los apartamentos están ubicados en edificios de tres niveles de altura con dos unidades en cada nivel. Los apartamentos que están dispuestos en fila, tienen dos fachadas exteriores opuestas, lo que les permite tener ventilación cruzada. Los de los extremos se benefician aún mas por tener tres fachadas y un área mayor.
El Conjunto cuenta entre sus servicios con un centro comercial, un grupo escolar, campos deportivos y una unidad sanitaria.
El planteamiento urbano concebido para el conjunto desagregó la circulación peatonal dirigida hacia los centros de servicio, de forma tal que no se cruza con las vías vehiculares de penetración, las cuales parten de la trama de la ciudad. El plano de conjunto del proyecto original ilustra nuestra postal del día de hoy.
La llamativa participación de Sert y Wiener como asesores obedeció a dos motivos fundamentales. El primero es que habían coincidido con Moisés Benacerraf en los Estados Unidos habida cuenta que éste se gradúa en 1945 en Yale, universidad en la que aquellos desarrollarán parte de su carrera docente y donde se establecerán vínculos personales.
El segundo tiene que ver con el nivel de desarrollo que para entonces ya había alcanzado el concepto de “unidad vecinal”, tema ampliamente debatido en los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (CIAM) que para Sert (presidente del CIAM entre 1947 y 1956) se convirtió en objeto de investigación. Fruto de ello será la contratación de sus servicios por parte de la Organización de las Naciones Unidas entre 1951 y 1952 con el fin de estudiar y definir condiciones para mejorar su diseño. También lo será la solicitud de llevar adelante desde la TPA (con Wiener como socio) el Plan de Cidade dos Motores en Brasil (1943-1945) donde, tal y como se recoge del Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia en el artículo dedicado a Sert (http://dbe.rah.es/biografias/8201/jose-luis-sert-lopez), se “proponía una ciudad abierta y ordenada que materializaba de forma rigurosa las doctrinas urbanísticas defendidas por el Movimiento Moderno, con una trama cuadriculada en la que los grandes bloques sobre pilotes concentraban la edificabilidad para preservar la vegetación del territorio, y en la que una amplia red viaria separaba el tráfico rodado y peatonal. A este proyecto le siguieron, entre otros muchos, la Nueva Ciudad de Chimbote, en Perú (1948), los planes directores para Medellín (1949) y Bogotá (1951-1953) y un plan Piloto para La Habana (1955-1958), en los que Sert y sus socios abandonaron progresivamente la ortodoxia de la Cidade dos Motores adaptando el planeamiento a la situación climática, social y económica de cada lugar; para ello emplearon sistemas más adecuados a las condiciones locales, derivados del conocimiento previo de la arquitectura popular que ya había despertado el interés de Sert desde sus primeras obras, abriendo así una nueva vía dentro del urbanismo de la época”.

De todo ello se beneficia “Pomona” y de “Pomona”, indirectamente, el TABO que pudo incorporar de esta experiencia buena parte tanto de sus planteamiento conceptuales en cuanto a lo urbano como de sus modelos de viviendas. También, casi de forma simultánea, por un lado la Comisión Nacional de Urbanismo solicitará la consultoría de TPA en la elaboración del Plano Regulador de Caracas de 1951 y, por el otro, la firma “Planificación y Vivienda” recurrirá a Sert y Wiener como asesores a la hora de serle solicitada en 1951 por la Orinoco Mining Company la planificación de los centros urbanos de Puerto Ordaz y Ciudad Piar y el diseño de viviendas para los trabajadores. Sert y Wiener realizarán en 1953 los centros cívicos de la “New Towns” de Puerto Ordaz y Ciudad Piar y el proyecto de una iglesia para la primera. Luego, siendo Sert decano de la Escuela de Diseño de la Universidad de Harvard, se concreta la participación de esa universidad y el MIT (integrantes del Joint Center for Urban Studies), mediante un contrato firmado con la Corporación Venezolana de Guayana, para asesorar en 1962 la realización del plan Maestro de Desarrollo Urbano para Santo Tomé de Guayana (Ciudad Guayana).
Finalmente, será el ingeniero Francisco Carrillo Batalla, integrante de la Oficina “Planificación y Vivienda”, quien en 1952 le de a Sert la oportunidad de proyectar su única obra -no construida- en Caracas: el proyecto de su vivienda familiar ubicada en la avenida principal del Caracas Country Club, develada en la exposición “Our architects en Caracas. Arquitectura norteamericana en Caracas. 1925-1975” (2017) y reseñada en el catálogo de la misma por Hannia Gómez.

Hoy “Pomona” dada su proximidad a la zona industrial y al puerto de Maracaibo ha sido absorbida por el crecimiento de la ciudad, pese a haber sido concebida como un desarrollo autónomo a las afueras. Si en algún momento resultaba fácil reconocerla dentro de la trama urbana hoy los efectos del tiempo y las intervenciones realizadas por sus pobladores la han mimetizado hasta el punto de verse prácticamente asimilada al desordenado crecimiento de sus alrededores.
Su esquema inicial sufrió una importante modificación al momento de llevarse a cabo el proyecto definitivo y su ejecución, cosa que hemos podido detectar a través de la imagen satelital: las viviendas multifamiliares ubicadas inicialmente al sureste sobre una franja en la que predominan las áreas verdes, pasaron al noroeste, dando la sensación de que los proyectistas, por motivos que desconocemos, llevaron a cabo un rebatimiento completo dejando inalterada la distribución del resto de los componentes del conjunto sobre el terreno.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal, 1, 3 y 5. 1928-1952. La vivienda popular en Venezuela, 1952
2 y 4. Colección Crono Arquitectura Venezuela.
6. Imagen tomada de Googlo Earth.



1970• Con el apoyo económico de la sociedad civil y los gobiernos nacional y regional se concluye e inaugura el 17 de noviembre de 1970 el Teatro de Bellas Artes, ubicado en la Avenida 3F, No. 67-217, Sector Bellas Artes, Maracaibo, estado Zulia, proyectado por los arquitectos Humberto Vera Barrios (1928-2011) (FAU/UCV, promoción 4/1955) y Tubal Faría González (1924-2011) (Escuela de Arquitectura – Facultad de Ingeniería – UCV, promoción 2/ 1951)
Los arquitectos proyectaron el edificio con un auditorio de excelente acústica, iluminación y sonido, con platea y balcón para 614 espectadores, seis camerinos y una sala de arte y ensayos. Se ingresa a la sala a través de unas espectaculares puertas diseñadas por Lía Bermúdez para encontrarse uno frente a un hermoso telón goajiro del artista wayúu Luis Montiel (1914-1998).
Para la inauguración se realizó con un concierto de Gala de la Orquesta Sinfónica de Maracaibo, dirigida por el Maestro Pedro Antonio Ríos Reyna, actuando como solista la pianista Judith Jaimes.
El Teatro de Bellas Artes es la sede de la Orquesta Sinfónica de Maracaibo (OSM) y de las compañías de teatro Titilar, Niño Azul y Teatro Acción.
Como el importante espacio cultural de la capital zuliana ha ofrecido una gran variedad de actividades culturales de excelencia y calidad, entre ellas exposiciones, teatro, ópera, zarzuela, ballet, danza, festivales, conciertos de música clásica y contemporánea, recitales, cine, talleres de creatividad infantil, conferencias, seminarios y encuentros de diferente índole.
Nota: En la segunda foto los arquitectos Humberto Vera Barrios (1928-2011) y Tubal Faría González (1924-2011) frente a su proyecto construido, el Teatro Bellas Artes, Maracaibo, estado Zulia. (Foto James B. Stanley. Colección familia Vera Marín).
En la tercera foto Telón guajiro, obra del artista wayúu Luis Montiel Jarariyuu (1914-1998)
HVH