Este no es un libro sobre jardines ni tampoco sobre el paisaje, sino que es un libro sobre la casa observada desde la óptica del jardín. El texto es una invitación a considerar la casa a través del jardín, que, por otro lado, está tan próximo a ella desde su mismo origen. Tal vez el interés por acercar la casa al jardín pueda explicarse con la afirmación de Ian Hamilton Finlay, el autor del jardín Little Sparta: “Un jardín no es un objeto, sino un proceso”, algo que implica una acción, una tanto nuestra como de la casa.
Cuarto de la serie iniciada con Casa collage, La habitación y La calle y la casa, el libro explora distintas realidades, aísla algunos episodios próximos o aparentemente ajenos a la casa y señala otros que podríamos considerar como “comportamientos”, como la búsqueda de la fantasía, para con ellos tejer un acercamiento a la casa que invite a entenderla como algo de lo que formamos parte, que completamos y que es sensible a la contingencia que la hace crecer. Una casa más cercana a incorporar que a limpiar, a sembrar que a dibujar. El jardín es una casa, y la casa un jardín.
Este libro recoge diferentes textos de Antonio Fernández Alba —uno de los pocos arquitectos españoles que, de forma sistemática, ha simultaneado con dedicación, profundidad y compromiso las labores de arquitecto, docente y crítico—, seleccionados por su autor hasta constituir una suerte de autobiografía intelectual. Azules de otoño cerrado es una pequeña licencia literaria para referirse a una época en la que la arquitectura se desarrollaba todavía en “tiempos de oficio”, entre 1960-2000. Sin embargo, los temas que Fernández Alba propone al lector mantienen absolutamente toda su vigencia: la ciudad, el medio ambiente (tratado por él mucho antes de que este término fuera de uso común), la especulación, la despiadada influencia del mercado sobre los espacios colectivos, la responsabilidad del arquitecto en la definición del hábitat construido, social, visual y cultural, y su capacidad real, en ocasiones demasiado limitada y estéril, de transformar el mundo. El análisis, la objetividad, la lucidez, el valor pedagógico y la intención de profundizar en cada asunto tratado son comunes a todos ellos, así como una prosa excelente plena de sugerencias. Este libro permite al lector ahondar en las ideas más destacadas de un arquitecto siempre a la búsqueda de una ética de la forma, que trabajó y reflexionó con la esperanza de que la modernidad permitiera construir nuevos paradigmas para entender el mundo y abordarlo desde la arquitectura, pero también con la desconfianza en la razón instrumental, que a menudo se queda en un mero inventario de usos, funciones y aprovechamientos sin alcanzar a construir verdaderos espacios para la vida.
Antonio Fernández Alba (Salamanca, 1927) es arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, donde fue catedrático de Elementos de Composición. Es Doctor Honoris Causa por varias universidades (Valladolid, Alcalá de Henares y Politécnica de Cartagena), Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y Académico de la Real Academia Española de la Lengua. De las muchas distinciones que ha recibido destacan el Premio Nacional de Arquitectura en dos ocasiones y el Premio Nacional de Restauración. Fue uno de los fundadores del grupo El Paso, iniciando así una trayectoria profundamente personal, alejada de cualquier moda, que sobrevuela los territorios de la arquitectura, el arte y la cultura. Fernández Alba fue un renovador del lenguaje arquitectónico e introdujo la sensibilidad doméstica y humana de la arquitectura nórdica frente al monumentalismo pomposo y el tradicionalismo insustancial de la arquitectura del franquismo. Entre sus diversos libros cabe señalar El diseño entre la teoría y la praxis, Domus Aurea. Diálogos en la casa de Virgilio, De varia restauratione: intervenciones en el patrimonio arquitectónico, Espacios de la norma. Lugares de invención o La ciudad herida.
Estudios sobre (lo que en su momento se llamó) la ciudad
Rem Koolhaas
Traducción: Jorge Sainz Avia
Editorial Gustavo Gili
2021
Nota de los editores
La metrópolis contemporánea cuestiona nuestros valores más profundos, o al menos aquellos a los que estamos más apegados sentimentalmente. ¿Por qué arquitectos, regímenes políticos y culturas (europeas, americanas, asiáticas) que son completamente diferentes entre sí llegan a configuraciones similares? A través de temas generalmente desatendidos por los arquitectos, como la tabla rasa, el espacio basura o la congestión, Rem Koolhaas cuestiona “lo que en su momento se llamó” la ciudad como un espacio único para la reflexión.
Este libro recoge los ensayos dedicados a algunas ciudades con las que Koolhaas ha tenido contacto por motivos profesionales, académicos o biográficos en las dos décadas de plena madurez: Atlanta, París, Lille, Tokio, Berlín, Nueva York, Moscú y Londres. No se trata de escritos teóricos, sino de un conjunto de textos coyunturales atravesados por laberínticas remisiones internas, situados a mitad de camino entre la experiencia y la reflexión.
Reconocimiento al trabajo de RCR en Francia con una exposición que incluye una selección de 7 proyectos, que van desde el primer concurso que ganaron en el Faro de Punta Aldea hasta las últimas obras aún por construir en París, Île Seguin y el Pabellón Vide. El recorrido por el espacio se realizó a través de una experiencia sensorial -con sonido, iluminación y video-, ampliada con la colaboración artística del dúo CaboSanRoque. La trayectoria de RCR Arquitectes ha sido especialmente reconocida en Francia: nombrados Chevalier y Officier de l’Ordre des Arts et des Lettres 2008 y 2014 respectivamente, la Académie d’Architecture otorgó la Medalla de Oro a Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramon Vilalta el 2015, dos años antes de recibir el Premio Pritzker. No cabe duda de que los edificios producidos por RCR Arquitectes fomentan la experiencia: cruzar, aterrizar, tomarse el tiempo, observar, sentir. Cada uno a su propio ritmo y según sus capacidades, manténgase despierto. La arquitectura de RCR Arquitectes nos prepara para un encuentro con las personas, con la naturaleza, la luz, la historia, las geometrías ocultas, el fluir del tiempo, el espacio que nos rodea. En definitiva, se trata de prepararnos para escuchar. Recientemente, RCR ha creado un laboratorio de arquitectura abierto “La Vila” para ayudar a universidades de todo el mundo a la investigación creativa y transversal.
Arquitectura popular de Venezuela escrito por Graziano Gasparini (arquitecto e historiador) y Luise Margolies (antropóloga social), es un libro de 317 páginas, formato de 24,5 x 28,5 cms., tapa dura, diseñado por el propio Gasparini, impreso por Gráficas Armitano, C.A. en papel Glacé de 150 gramos del que se hizo un tiraje de 8.000 ejemplares.
Dedicado por los autores con “admiración, respeto y afecto” a Miguel Acosta Saignes “padre de la antropología venezolana” quien aún vivía cuando se editó, se trata de un texto de referencia que busca, entre otras cosas, poner de relieve el valor de una categoría que siempre ha ido a remolque y por debajo de “lo erudito”, “lo culto”, “lo propio de las élites”, “lo que se escribe con mayúsculas”.
Adelantándonos a asuntos que son expuestos en el capítulo 9 (“Final”) que bien pudieron aparecer como preámbulo, para los autores, “lo popular” ocupa un espacio que le es propio y que está vinculado etimológicamente a populus (el pueblo) y a las manifestaciones que de él emanan: el saber, la cultura, la tradición, la experiencia, la expresión, el arte, la música, la danza, la medicina, la religión y la arquitectura. “El concepto de arquitectura popular nace para distinguir y definir una de las manifestaciones de la cultura popular” declararán en el mencionado capítulo Gasparini y Margolies. Allí mismo en otro momento expondrán: “Lo popular es sincero. Lo popular es obvio. Lo popular es humano, a veces sencillo y rústico, pero humano. Los sentimientos no necesitan erudición. Para expresarlos no hay que ser literato. Los sentimientos populares nacen de la serenidad, de la meditación, de la sinceridad. (…) No importa la exquisitez de las definiciones. (…) Lo popular es el espinazo de la Nación”.
Con lo anterior por delante y el libro en la mano, cuando Pedro Grases escribe la “Introducción” de Arquitectura popular de Venezuela logra rescatar del primer capítulo titulado “Lo popular y la vivienda” lo que considera resume su propósito fundamental. De allí Grases subraya: “…en los últimos cincuenta años la transformación de la vivienda tradicional en Venezuela ha sido mas violenta y drástica que en los ‘casi cinco siglos de historia desde la llegada de los europeos al Nuevo Mundo’. Los efectos de la era del petróleo, a partir, especialmente, del fin de la II Guerra Mundial han sido determinantes por el cambio económico y cultural, a través de un conjunto de hechos (modernización, industrialización, urbanización, comunicaciones, etc.) que han ido borrando en forma casi incontenible los rasgos característicos de la tradición venezolana en la vivienda de sus habitantes».
Por tanto, el libro, cosa que también devela Grases, debe ser entendido como un documento que deja registro de las manifestaciones construidas más resaltantes sobre las cuales se podría apoyar “… la búsqueda de la tradición como ‘gran unidad dentro de la diversidad y complejidad de las soluciones regionales’ antes de la era petrolera venezolana. Todo ello en trance de desaparición, como tributo inevitable al progreso contemporáneo, por lo que esta obra adquiere un carácter testimonial de valor inapreciable”.
Graziano Gasparini y Luise Margolies socios en esta loable y valiosa empresa que busca “preservar en lo posible la parte más legítima del pasado nacional” y evitar “la total destrucción de lo que simbolizó el alma colectiva”, se combinan desde sus respectivas áreas de conocimiento para ir presentando a través de un sustancioso texto acompañado de excelentes fotografías (aportadas en su gran mayoría por ambos), los temas que consideran claves para comprender cuáles son los elementos constitutivos de nuestra arquitectura popular, aquellos que por su permanencia la definen y contribuyen a precisar su idiosincrasia, así como las categorías que podrían explicarla: lo diverso de sus manifestaciones, la manera como se construye, los materiales y técnicas que se utilizan, la respuesta al clima, las fuentes de las que bebe, la asimilación de lo culto o la forma como se asocia a otras manifestaciones son, entre otros, motivo de atención.
Así, en el primer capítulo (“Lo popular y la vivienda”) ya anunciado, donde se establecen los fundamentos de la obra, los autores se detienen a “precisar el alcance y significado del término ‘arquitectura popular venezolana’, y sobre todo, determinar el período que se puede considerar como representativo de la manifestación cultural”. Será la arquitectura prepetrolera, aquella que va “desde el lejano ayer sin fecha, hasta la segunda guerra mundial”, la que aporte mayores insumos a la definición que se busca y la que ofrece dentro de su diversidad la oportunidad de encontrar gran unidad producto de un equilibrio que existía “entre una forma de vida y una economía basada en las actividades agrícolas”. En consecuencia, se ve a la modernización impulsada por la riqueza petrolera como una amenaza que ha puesto al descubierto la fragilidad de la tradición acumulada la cual hay que preservar a toda costa sin dejar de reconocer que forma parte intrínseca de ella su capacidad de transformarse, mezclarse y adecuarse a los tiempos que se viven.
También aclaran Gasparini y Margolies en el primer capítulo su particular interés por referirse al tema de la “vivienda rural relacionada con la población criolla” la cual consideran como fuente principal de referencias y requiere atención ya que ha despertado interés solamente a partir de los años cincuenta, cuando “apenas acusa débilmente las primeras influencias de los incipientes procesos de industrialización y rápida urbanización” y los trabajos de los folcloristas Felipe Ramón y Rivera y el antropólogo Miguel Acosta Saignes empiezan a ocuparse en vivo de la vivienda indígena.
Portada e imágenes tomadas del interior del libro
Sentadas las bases y expuestos los motivos, el libro a partir del segundo capítulo desarrolla temáticamente aquellos asuntos que refuerzan el interés de los autores. Así, “Arquitectura indígena” (título del capítulo) apunta al rescate de una cultura que prácticamente se ha mantenido inalterable desde la llegada de los primeros europeos y a valorar una serie de aspectos que históricamente siempre han colocado las construcciones de los aborígenes venezolanos en un nivel por debajo de la “gran arquitectura”. Clasificada a grandes rasgos entre vivienda colectiva y vivienda unifamiliar, Gasparini y Margolies despliegan una amplia información visual que acompaña la detallada explicación de cómo y por qué aparecen y se construyen el shabono Yanomamö, el bohío Barí, la churuata Panare, la churuata Piaroa, la churuata Ye’kwana, la churuata Pemón, la casa andina y la vivienda palafítica.
El tercer capítulo dedicado a “La tierra cruda” se pasea por aspectos relacionados a la presencia en el país de la “arquitectura de tierra” y las técnicas utilizadas para elaborarla. El adobe y la tapia constituyen junto al bahareque los elementos más conocidos siendo el último el procedimiento constructivo más usado incluso desde antes de la llegada de los europeos y africanos. A la vivienda de bahareque corresponden las explicaciones dedicadas a su proceso constructivo donde aparecen la horconadura, el encañado, el embutido y el empañetado como sus diferentes etapas.
El cuarto capítulo, dedicado a “Los aportes foráneos” repasa en buena medida el inevitable proceso de mestizaje que se revela dentro del andar y la evolución de la arquitectura popular venezolana. La influencia española, predominante durante casi 300 años, es fundamental para entender la variedad de materiales y elementos que con una diversidad asombrosa se encuentran en los más apartados rincones del país. A partir de la independencia, al abrir Venezuela sus puertas al comercio libre, comienzan a llegar influencias de otras latitudes que se irán sumando y generarán respuestas igualmente interesantes que consistirán en la sustitución y uso de nuevos materiales y con ello también una forma distinta de componer las fachadas.
En “Viviendas y ambiente”, quinto capítulo, se recorre y analiza la manera sabia con que la arquitectura popular da respuesta a las variables climáticas de acuerdo a la región del país donde se localice, fuente inagotable de aprendizaje. De tal forma se dirige la mirada a la casa de Paraguaná, las casas de los páramos andinos y la casa de Maracaibo sumándose a ellas el impacto causado por la aparición del techo de “zin” el cual paulatinamente fue sustituyendo al tradicional de tejas.
Fotografías tomadas del capítulo «Genius loci»
“Genius loci”, sexto capítulo, aborda “uno de los aspectos más atractivos, humanos y siempre diferentes, dentro de la tipología repetitiva de la arquitectura popular, … lo novedoso, único, excéntrico, imprevisible y extravagante del aporte personal en determinadas intervenciones”. Se trata éste de un capítulo donde las fotografías hablan por sí solas para relatar las combinaciones de formas, materiales, colores y elementos que ofrecen infinidad de ingeniosas y atractivas maneras de combinarse y componerse siempre tras la búsqueda de resolver problemas funcionales que sin duda derivan en soluciones con una importante carga estética.
Siendo fundamentalmente una arquitectura anónima y sin duda la más abundante, la popular juega un papel relevante en la conformación del espacio urbano de muchos pueblos y ciudades del país ofreciendo en muchos casos lecciones dignas de estudio. A este tema que podría estar relacionado con el “hacer ciudad”, dedican Gasparini y Magolies el capítulo 7 desplegando una vez mas hermosas imágenes que dan cuenta de este importante hecho en diversas regiones y bajo diferentes circunstancias geográficas y topográficas.
Casi a modo de conclusión, bajo el título “Arquitectura popular hoy”, los autores reconocen cómo “la situación actual de la arquitectura popular venezolana es el resultado incontestable de los cambios sustanciales que han afectado el país; no se trata sólo del aspecto físico, es decir, de los cambios que pueden haber ocasionado los nuevos materiales industrializados o por que se vayan abandonando siempre más las técnicas constructivas tradicionales. Seguramente lo más importante, dentro de los factores de cambios, es la nueva actitud del hombre que ha vivido todas las transformaciones originadas por la modernización”. Es aquí donde se resalta la fragilidad que presenta el tema de la tradición y su sustitución por nuevos anhelos que han afectado sensiblemente la vida en el interior del país tras el hecho irrefutable de que ya para 1980 “Venezuela figuraba a la cabeza del mundo como el país con el más alto porcentaje de población urbana: 83,3%”. Sin embargo, pese a que han cambiado los materiales y desaparecido las técnicas tradicionales “la ‘arquitectura popular’ como fenómeno cultural sigue vigente”.
El formato de Arquitectura popular de Venezuela y la calidad de su contenido fotográfico puede hacer creer que se trata de un “coffee table book” diseñado únicamente para facilitar una placentera revisión de su contenido visual. Sin embargo, sin dejar de reconocer lo anterior, tanto o más importante que ello pasa a ser su bien estructurado discurso y orden de aparición de los temas que trata, donde a cada paso no deja de señalarse un aprendizaje y una advertencia sobre temas medulares que como la tradición, la memoria y la identidad claman por su preservación hoy más que nunca.
Sin embargo, una pregunta empieza a rondar insistentemente una vez terminada de revisar la obra: ¿por qué no se mencionó y menos aún se incluyó como parte importante del desarrollo de la arquitectura popular venezolana la experiencia correspondiente a los barrios autoconstruidos y las viviendas que los conforman, que para el momento de la publicación ya ocupaban una importante proporción de algunas ciudades venezolanas, particularmente Caracas? Responder esta interrogante daría pie, sin lugar a dudas, a otra nota diferente a la aquí presentada que podría tener un contenido crítico más agudo o dar pie a un debate acerca de los verdaderos intereses que movieron a los autores del libro.
Re-thinking the post-Industrial City / Re-pensando la ciudad postindustrial
Almudena Ribot, Enrique Espinosa, Diego García-Setién, Begoña de Abajo, Gaizka Altuna / CoLaboratorio
2020
Actar Publishers
Idioma: inglés
Nota de los editores
Actualmente el 55% de la población mundial vive en ciudades, alcanzando previsiblemente el 70% en 2050. Las ciudades son organismos en continua transformación: crecimiento, cambio, pero también encogimiento o colapso. Ciudad Abierta explora y especula desde la contemporaneidad sobre el futuro de la ciudad postindustrial, donde los archipiélagos industriales (S), los marcos (XL) y las singularidades obsoletas o desprogramadas (M / L) representan contextos críticos pero también oportunidades para una nueva Ciudad Abierta. Los sistemas abiertos han sido el foco de investigación de CoLab. Este libro recopila algunas ideas contemporáneas relevantes y atractivas, incluidas las contribuciones de Andrés Jaque, Juan Herreros, Philipp Oswalt, Momojo Kaijima (Atelier Bow-Wow), Langarita Navarro o Cedric Price, entre otros.
ACA
Nos interesan temas relacionados con el desarrollo urbano y arquitectónico en Venezuela así como todo lo que acontece en su mundo editorial.