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El Concurso Nacional de Ideas «La Cultura Libera al San Carlos. La transformación del cuartel San Carlos en Centro Nacional de Culturas”, promovido por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, el Consejo Nacional de la Cultura (CONAC) y el Instituto de Patrimonio Cultural (IPC), presidido por el arquitecto Leopoldo Provenzali y asistido por el también arquitecto Javier Cerisola, se inscribe en un año en el que la realización de eventos de ese tipo se vio particularmente revitalizada. Así, en el 2000 se llevaron a cabo, además del ya señalado: el Concurso de Ideas por invitación para el Edificio Sede de la Cinemateca Nacional, Los Caobos, Caracas; el Concurso privado convocado por la Fundación UCV para la Propuesta de Recuperación de la Plaza Simón Bolívar, ubicada entre los estadios de la UCV, Caracas; el Concurso Conservación y Rehabilitación del Área Central de Valencia, estado Carabobo (5 elementos de mobiliario urbano); y, Coordinados por INSURBECA con el patrocinio de CONAVI, FONDUR y FUNDACOMUN-CAMEBA, se organizaron como parte del Programa de Habilitación Física de las Zonas de Barrios de la Ley de Política Habitacional, dos Concursos de Ideas correspondientes a diferentes estados del país.



El Cuartel San Carlos, puesto militar que permitía albergar hasta 2000 soldados, construido sobre la planicie de La Trinidad, al Norte de Caracas, por orden del entonces gobernador de la Provincia de Venezuela, don Luis de Unzagay Amenzaga, en 1787, constituiría, como bien señala Iván González Viso en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015) “el punto final del sistema de fortificaciones que punteaba la ruta entre el puerto de La Guaira y Caracas, que formaban parte de la estrategia defensiva del territorio diseñada por el ingeniero militar y brigadier de las Fuerzas Reales, el belga Agustín Cramer. Su primera etapa fue concluida en 1790 y su construcción finalizó en 1792, con espacios destinados al entrenamiento militar, resguardo de armas, dormitorios, calabozos y áreas comunes. El edificio, cuya dimensión original era un cuadrado de 75 por 75 metros, era una pieza única en el área para ese entonces, ya que, por Real Cédula, se prohibían construcciones en su entorno.”
Su nombre rinde honor al rey Carlos III siendo conocido también a través del tiempo como Cuartel de Veteranos, Cuartel de La Trinidad y Cuartel de Santa Ana. “Está construido con muros de tapia y posee un patio de armas rodeado de corredores o galerías con arcadas. El diseño era de dos plantas, con garitas de vigilancia en cada esquina. La estructura fue también utilizada como prisión militar y política” entre 1945 y 1994 pero diferentes fugas de presos llevadas a cabo en la década de 1970 “pusieron en entredicho su seguridad a la hora de albergar prisioneros”.
Durante el terremoto de 1812 el cuartel se vio seriamente afectado quedando sepultada en sus escombros “una tropa de línea compuesta por soldados de Artillería y Zapadores”, según relata la antropóloga Mariana Flores en “Cuartel San Carlos. Yacimiento veterano”, artículo aparecido en Memorias, Revista Digital de Historia y Arqueología desde el Caribe, nº 7, 2007. “No es sino hasta finales del s. XIX, en el año de 1884, cuando se restaura completamente su estructura, aunque sus reparaciones se iniciaron en 1839 en el Gobierno del General Carlos Soublette. El poco presupuesto nacional y el mantenimiento del control interno durante el inicio de la República, no permitieron su culminación sino hasta la época de Antonio Guzmán Blanco. El alojamiento de las tropas durante este siglo, funcionó en el Cuartel de Milicias, Cárcel Pública, y en los Conventos de San Jacinto y San Francisco. (…) En el año de 1900 otro terremoto destruye nuevamente parte del edificio, incluyéndose esta vez durante la reconstrucción, la prolongación de las Naves Este y Oeste y la construcción del edificio de enfermería y de las cuatro garitas de las esquinas, mientras que en 1946 se inserta el edificio de la Comandancia, localizado en el Patio Central”, apuntará Flores.

La edificación, que había sido declarada monumento histórico nacional en 1986 por la Junta Nacional Protectora y Conservadora del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación, es objeto en 1988 del Decreto N° 2.487, emanado de la Presidencia de la República, que destinaba sus instalaciones para sede del Museo Nacional de la Historia, bajo custodia y conservación de la Academia Nacional de la Historia.
En 1995, se ratificó lo pautado en el Decreto 2.487 y, por ende, su condición de “sede del mencionado Museo y demás fines que sean compatibles, de acuerdo a lo que decida el Consejo Nacional de la Cultura”; en el mismo documento se encarga de su restauración al Instituto del Patrimonio Cultural «para devolverlo, en lo posible, a su estado prístino». Cabe destacar que para el momento del llamado a concurso los trabajos de rescate del edificio patrimonial estaban ya en marcha. Se habían iniciado durante la gestión de Juan Pedro Posani como presidente del IPC y continuados sin detenerse por Leopoldo Provenzali, quien lo sucedió en el cargo.
Con el Concurso de Ideas se buscaba mediante un proyecto integral proponer la creación de áreas de exposiciones, auditorios, salas de usos múltiples, aulas y talleres, áreas para oficinas, servicios y depósitos, espacio para un centro de documentación audiovisual y de archivos, servicios gastronómicos y áreas de comercialización de bienes culturales. Se pretendía, así, convertir el antiguo recinto militar en el “Centro Nacional de Culturas”; espacio integrador de las expresiones plurales de todas las regiones de Venezuela.
La Comisión Organizadora del evento estuvo conformada por Guillermo García Ponce, Benito Irady y Carlos Pou habiéndose inscrito, en virtud de las amplias bases que se plantearon para el mismo, más de un centenar de personas.

El numeroso jurado, integrado por Héctor Navarro, Manuel Espinoza, Gustavo Pereira, Gladys Meneses, Jorge Rigamonti, José Manuel Rodríguez, Pedro Romero, Ana María Marín, Marcos Sanoja y Hugo Segawa como invitado internacional, seleccionó como propuesta ganadora la presentada por el equipo integrado por los arquitectos Joel Sanz y Juan Carlos Parilli, con la colaboración de Claudia Hernández, Omar Ladera y Roberto Castillo, formando parte de la información gráfica presentada el material con el que ilustramos nuestra postal del día de hoy. El segundo premio fue ganado por el mismo grupo sumándose como colaboradores Sergio Colombo y Juan José Carrillo; y el tercero por los arquitectos Rafael Mattar Neri, Garam Mattar Neri y Darwing Suárez Bustamante. Así mismo, el jurado otorgó tres Menciones de Honor: la primera para el equipo conformado por Edwing Otero García, Alfredo Sanabria Corrales y Hugo José D´Enjoy Ochoa, con la colaboración de María José Sedales y Natascha Gergoff B.; la segunda para Arturo Lares, José Miguel Fernández Avilán y Yudmar R. Reyes Ramírez; y la tercera para Pablo Lasala Ferrer, Isabel Lasala Hernández y Ana Lasala Hernández con la colaboración de Claudia Ruiz Santana. Adicionalmente otros once trabajos fueron reconocidos con Mención Publicación.
Tal y como fue recogido en el número 343 del semanario Arquitectura HOY del 30 de junio de 2000, los ganadores presentaron unos lineamientos generales donde se subraya la necesidad de crear “un ambiente integrado a la ciudad, un conjunto urbano más que un edificio, que promueva y estimule junto con la necesaria planificación de actividades, la indispensable espontaneidad que hace de estos lugares espacios exitosos, en donde la cultura se acerca a la vida cotidiana de la ciudad a través de espacios interiores y exteriores que permitan su apropiación de manera informal para actividades y eventos difícilmente previsibles en una programación planificada”.
Tal declaración de intenciones se acompaña de una “propuesta urbana” y una “propuesta arquitectónica”. La primera se encuentra respaldada por una serie de acciones “dirigidas a revitalizar la zona, que en parte por su ubicación periférica, y en parte por decisiones erradas de diseño urbano, se ha convertido en un lugar deprimido cuyos problemas deben ser resueltos, trascendiendo los límites del edificio del Cuartel e incluso de la poligonal urbana objeto del concurso”. Para ello la operación principal consistirá en convertir la fachada norte, hoy en día abandonada, en su frente principal, acompañándola con la creación de un atractivo espacio público que le servirá de acceso al edificio.
La segunda propuesta, consecuencia y a la vez acompañante necesario de la primera, “consiste en la creación de un recinto urbano bien definido e identificable, conformado espacialmente por nuevas construcciones que rodean la edificación del Cuartel y a una serie de espacios exteriores (plazas anfiteatros y terrazas), destinados a actividades públicas, formales e informales relacionadas con el uso cultural”. Además se propone la eliminación de todos los anexos (interiores y exteriores) que con el tiempo se le han añadido al edificio, en busca de recuperar las características originales del mismo, evitándose adosar ningún otro cuerpo o edificación “a excepción de un área de acceso y distribución que se construirá en la antigua fachada posterior (ahora principal), entre los dos apéndices construidos en el siglo XIX”.

Como suele suceder en Venezuela, la solución formulada por los vencedores del certamen quedó en el papel. Posteriormente (2006) sólo sabemos que se emprendió el Estudio Arqueológico del Cuartel San Carlos (EACUSAC) del Instituto de Patrimonio Cultural llevado a cabo por EXARCON (Excavaciones Arqueológicas Consultores. C. A.), que abarcó las áreas Traspatio, Patio Central y las Naves Este y Oeste de la edificación, «encontrándose en el sitio una amplia muestra de materiales que reseñan un estilo de vida cotidiana militar, así como las dinámicas sociales internas ocurridas en el San Carlos», del cual el ya mencionado artículo de Mariana Flores da cuenta con lujo de detalles.

El concurso, su concepción, organización, desarrollo y desenlace fue recogido en una publicación editada por los entes organizadores que lleva por título justamente «La Cultura Libera al San Carlos. Concurso Nacional de Ideas. La transformación del cuartel San Carlos en Centro Nacional de Culturas”, siendo uno de los pocos documentos que se han hecho para registrar evento alguno de este tipo realizado en el país y por tanto referencia en dicha área temática. El libro está estructurado con base en una “Introducción” conformada por cuatro textos de Héctor Navarro, Manuel Espinoza, Leopoldo Provenzali y Benito Irady; tres capítulos (“El Cuartel San Carlos” -reseña histórica, cronología del edificio, levantamiento planimétrico y registro fotográfico-, “La cultura libera al San Carlos” -seis artículos de Guillermo García Ponce, Carlos Pou Ruan, Gustavo Pereira, Pedro Romero, Jorge Rigamonti, Hugo Segawa, Christian Valles y Francisco Sesto- y “Concurso Nacional de Ideas. Resultados”); y un “Apéndice” que contiene las bases, los documentos de referencia, el veredicto y la lista de participantes. Cabe destacar que buena parte de la información que manejamos para elaborar esta nota la hemos obtenido de esta cuidada y relevante edición.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal y 5. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad
2 izquierda. Colección Crono Arquitectura Venezuela.
2 derecha. https://www.pinterest.com/pin/384917099387254655/
3. http://guiaccs.com/obras/cuartel-san-carlos/
4. http://viejosrecuerdos.eklablog.com/cuartel-san-carlos-a107384020
6. file:///Users/aziercalvo/Downloads/Dialnet-CuartelSanCarlosYacimientoVeterano-2321930.pdf
7. https://www.lasalaylasala.net/la-cultura-libera-a-san-carlos

Según los datos generales que se pueden recoger en internet, el estado Cojedes está situado en el centro-occidente del país y debe su nombre al río homónimo que significa “donde todo se da”. Otros asocian etimológicamente la denominación “cojedes” a la lengua Caribe traduciéndola por “pueblo de cerámica o pueblo de ceramistas”. Posee una extensión territorial de 14.800 kilómetros cuadrados, que representa el 1.62% del territorio nacional por lo que es el decimoquinto con mayor superficie del país. Su clima es cálido y pertenece al sistema geográfico de los Llanos Centrales junto con el estado Guárico. Además, con 416.327 habitantes, en 2018, es el tercer estado menos poblado sólo por delante de Delta Amacuro y Amazonas.
Por ser tradicionalmente una entidad cuyas principales actividades económicas son la agricultura y la ganadería, Cojedes pasó a un segundo plano desde el momento en que Venezuela comenzó a despuntar como país fundamentalmente minero, a pesar del enorme potencial de tierras aptas para el cultivo que posee las cuales no han sido debidamente aprovechadas, aunque se ha registrado un ligero repunte de la actividad agrícola gracias al uso de la irrigación y la mecanización. Su población, por otra parte, posee un bajo nivel de desarrollo y un rezago en cuanto a la atención que se le ofrece desde los presupuestos que asigna el gobierno central. Cabe destacar que la fundación en 1989 del Hato Piñero, ubicado al sur del estado, le ha permitido sacar provecho de lo que se conoce como eco-turismo ya que se trata de casi 80 mil hectáreas de verdes paisajes, encontrándose allí la reserva natural más grande de América y la tercera a nivel mundial.
San Carlos, su capital, fue fundada en 1678 con el nombre de San Carlos de Austria siguiendo las pautas establecidas en las Leyes de Indias. Es una ciudad modesta, que tiene un limitado patrimonio arquitectónico y cuenta con sólo 150.000 habitantes según el censo del 2011. Se encuentra a aproximadamente 300 kms de Caracas. Históricamente, San Carlos se encuentra vinculada a las actuaciones de José Tomás Boves durante la guerra de independencia y a la muerte de Ezequiel Zamora en la Guerra Federal de quien tomó el nombre el municipio que la acoge. Tuvo resonancia más allá de nuestras fronteras durante los tres años (1976-79) en los que el Autódromo Internacional ubicado cerca de la ciudad fue sede de los Campeonatos Mundiales de Motociclismo.
Hecho el preámbulo necesario, el que haya sido escogida San Carlos como sede de los XV Juegos Deportivos Nacionales que se realizarían el año 2003 no dejó de ser todo un acontecimiento para una región en cierta forma olvidada. La ocasión, por tanto, se presentaba como idónea para inyectarle un dinamismo que pocas veces por allí se había vivido.
Pero desde el terreno que nos ocupa, lo más interesante de lo acontecido alrededor de aquellos Juegos Nacionales fue, por un lado, la oportunidad que se le dio a la buena arquitectura y a la idoneidad profesional de hacer acto de presencia y, por el otro, las circunstancias que permitieron que haya sido así, hasta el punto de que se podría considerar como una experiencia única y excepcional sin precedentes dentro de la historia democrática venezolana y mas aún en medio de un sistema político que se ha caracterizado por el sectarismo.

Seleccionados los terrenos en los que se desarrollaría el complejo deportivo al noreste de San Carlos, corresponderá al arquitecto Orlando Martínez Santana, a la sazón Director de Infraestructura y Servicios de la Gobernación del Estado Cojedes desde el año 2000 y designado a la vez Director General de Planificación e Infraestructura de los XV Juegos Deportivos Nacionales, tomar las más importantes decisiones que condujeron a la realización del Plan Maestro y la contratación de los proyectos que conformaron lo que se denominó la “Ciudad Deportiva”, parque urbano que ampliaría los servicios de la capital del estado.
Martínez, egresado en 1990 del Taller Firminy y entre 1994 y 2007 también profesor dentro de este grupo docente de diseño fundado en 1983 por Oscar Tenreiro dentro de la Escuela de Arquitectura de la FAU UCV, saltando por encima de las acostumbradas vías clientelares que recomendaban no contar con “la disidencia” para realizar cualquier trabajo impulsado desde el gobierno, decide convocar a Tenreiro para que realice el Plan Maestro (cuya imagen ilustra nuestra postal del día de hoy) y a un grupo de arquitectos, en su gran mayoría docentes de la FAU, para que desarrollen los proyectos de las instalaciones. Es así como a finales de 2001, con el tiempo apremiando para poder cumplir con la fecha de inicio (2003), con base en el plan trazado por Tenreiro se le asignan a Joel Sanz, Jorge Rigamonti, Augusto Terán, Ana María Marín y José Luis Sánchez, Edwing Otero, José Alejandro Santana y al propio Tenreiro la ejecución de los proyectos del Centro de Tenis, el Pabellón para Gimnasia Olímpica, el Centro de Ajedrez, el Centro de Piscinas, los Gimnasios de Combate, el Estadio Olímpico, y el Centro de Atención al Atleta más el Gimnasio de Basket, respectivamente. Todos, valga decir, capaces profesionales con muy poca obra construida.






La historia del ensayo realizado en San Carlos y de las vicisitudes que surgieron en el proceso de elaboración de los proyectos y las que finalmente se tuvieron que superar para poder lograr la culminación (incompleta en muchos casos) de los trabajos de construcción de las instalaciones deportivas, donde se resalta el respeto que siempre caracterizó a Martínez para con el grupo contratado pese a las divergencias políticas que los distanciaban, se pueden encontrar muy bien relatadas en el blog Entre lo cierto y lo verdadero de Oscar Tenreiro en el texto titulado “Una experiencia” con fecha 28/09/013.
De lo expresado por Tenreiro rescatamos, para dar una idea de cómo una experiencia que nació muy bien encaminada logró finalmente desvirtuarse, lo siguiente: “Pero el fantasma del autoritarismo con todas sus consecuencias habría de imponerse en lo sucesivo, sumado a la marea ideológica que se instaló en todos los niveles de la acción pública, sobre todo a partir de las incidencias políticas de Abril de 2002 y el comienzo en los primeros meses de 2003 del movimiento hacia el Referendo Revocatorio que impulsó la oposición venezolana. A eso habría de sumarse la codicia corrupta de los altos personajes del Ejecutivo Regional que veían a Martínez como una figura incómoda. En primer lugar… su autoridad fue reducida y vulnerada. Por otro lado a los arquitectos se les fue restando injerencia hasta que ya cercana la apertura de los Juegos su presencia adquirió un carácter más bien aparente mientras se alteraban los proyectos o se dejaban incompletos. Se impuso una vez más la tradición venezolana: casi todo quedó hecho a medias, de modo improvisado o sujeto a múltiples interferencias.”
Para Tenreiro son únicamente rescatables de los niveles de irrespeto que sufrieron proyectos y obras el Centro de Ajedrez (Augusto Terán), el Centro de Asistencia al Atleta (de su autoría), el Pabellón para Gimnasia Olímpica (Jorge Rigamonti) y muy particularmente Centro de Tenis (Joel Sanz), donde el arquitecto logró una muy buena sinergia con los constructores gracias al completo proyecto realizado, a su perseverancia en la supervisión de los trabajos y al sentimiento de que se le abría una oportunidad que no quería desaprovechar. “Casi todos los demás edificios se pusieron en servicio sin estar terminados, mereciendo capítulo aparte por lo lamentable en relación al papel que podría haber cumplido para la ciudad de San Carlos, el abandono del Plan Maestro de la Ciudad Deportiva y la no construcción del conjunto de viviendas cercano a ella que debía servir como Villa Olímpica”, concluirá Tenreiro.
La realización de los XV Juegos Deportivos Nacionales sirvió para impulsar la creación en 2003 de Universidad Iberoamericana del Deporte (ahora llamada Universidad Deportiva del Sur) en terrenos cercanos a la Ciudad Deportiva, convirtiéndose además en objeto de estudio del «Primer Simposio de Arquitectura para el Deporte» realizado en noviembre de 2006 y luego del Diplomado “Diseño arquitectónico de instalaciones para el deporte y la recreación”, abierto en su primera versión en mayo de 2015 en la FAU UCV, ambos bajo la responsabilidad de AVADER (Asociación Venezolana de Arquitectura Deportiva y Recreacional).
Tras 17 años, las instalaciones, como tantas cosas en el país, han sido pasto de la desidia y la falta de mantenimiento quedando para la posteridad un relato que, pese a las expectativas que generó en su momento como caso del mayor interés, formará parte de las experiencias malogradas pero auspiciosas que reflejan además de responsabilidad profesional una generosidad y apertura que habrá que rescatar.
ACA
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Todas las demás: Colección Crono Arquitectura Venezuela


2000• El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, el Consejo Nacional de la Cultura (CONAC) y el Instituto de Patrimonio Cultural (IPC), presidido por el arquitecto Leopoldo Provenzali y asistido por el también arquitecto Javier Cerisola, promueven el Concurso Nacional de Ideas «La Cultura Libera al San Carlos”, obteniendo el Primer Premio el equipo integrado por los arquitectos Joel Sanz (FAU UCV, promoción 18B/ 1969) y Juan Carlos Parilli, con la colaboración de Claudia Hernández (FAU UCV, promoción 47º A/2000), Omar Ladera y Roberto Castillo (FAU UCV, promoción 41º B/ 1993).
Para el momento del llamado a concurso los trabajos de rescate del edificio patrimonial estaban ya en marcha. Se habían iniciado durante la gestión de Juan Pedro Posani como presidente del IPC y continuados sin detenerse por Leopoldo Provenzali, quien lo sucedió en el cargo.
El Cuartel San Carlos, edificación del siglo XVIII, había sido declarado monumento histórico nacional en 1986, por la Junta Nacional Protectora y Conservadora del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación.
En 1988, se dictó el Decreto N° 2.487, emanado de la Presidencia de la República, destinando sus instalaciones para sede del Museo Nacional de la Historia, bajo custodia y conservación de la Academia Nacional de la Historia.
En 1995, se ratificó su destino en el Decreto 2.487 «para sede del mencionado Museo y demás fines que sean compatibles, de acuerdo a lo que decida el Consejo Nacional de la Cultura; en el mismo se encarga de su restauración al Instituto del Patrimonio Cultural para devolverlo, en lo posible, a su estado prístino».
Con el Concurso de Ideas se buscaba la creación de áreas de exposiciones, auditorios, salas de usos múltiples, aulas y talleres, áreas para oficinas, servicios y depósitos, espacio para un centro de documentación audiovisual y de archivos, servicios gastronómicos y áreas de comercialización de bienes culturales. Se pretendía convertir el antiguo recinto militar en el “Centro Nacional de Culturas”; espacio integrador de las expresiones plurales de todas las regiones de Venezuela.
Lamentablemente, como suele suceder en Venezuela, nunca se llevaron los resultados del Concurso Nacional organizado a la fase de construcción.
HVH
… el 11 de junio de 1994 aparece en las páginas centrales del nº 64 de Arquitectura HOY el veredicto y las imágenes del proyecto ganador del Concurso Nacional de Ideas para Sede de la Junta Parroquial de la Parroquia Catedral y Centro Deportivo del Liceo Fermín Toro, realizado por el arquitecto Joel Sanz Pino (1947-2013).

Sanz, egresado de la FAU UCV en 1970, Premio Nacional de Arquitectura en el año 2000, insigne profesor de proyectos, admirador de la obra de James Stirling y de la labor pedagógica de Ramón González Almeida, se caracterizó por ser un sempiterno concursante quizás siguiendo los pasos de su compañero y amigo Pablo Lasala. En esas lides, ya Sanz había logrado previamente alzarse victorioso en el Concurso de Ideas para la Nueva Sede del Centro Italiano Venezolano de Oriente, Barcelona (1989) y del Centro Comercial City Garden, Maracay (1993), acompañado en este caso por sus socios Juan Carlos Parilli y Francisco Arocha con quienes durante años conformó la firma S+P+A Arquitectos C.A. Más adelante también ganará junto a Juan Carlos Parilli, Claudia Hernández, Omar Ladera y Roberto Castillo, el Concurso Nacional de Ideas “La Cultura Libera al San Carlos” para la Transformación del Cuartel San Carlos en Centro Nacional de Culturas, promovido por el Instituto de Patrimonio Cultural (IPC), el Consejo Nacional de la Cultura y el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes el año 2000.
El certamen que hoy nos ocupa, promovido por la Alcaldía del Municipio Libertador, cuyo veredicto fue dado a conocer el 2 de junio de 1994 en la sede del Concejo Municipal de Caracas, se proponía para dar respuesta a dos programas disímiles a los que debía preverse su construcción separada, a ser localizados en un terreno en esquina ubicado en el sector Caño Amarillo con frente hacia la Avenida Sucre en su acera oeste, muy próximo al Liceo Fermín Toro, al Arco de la Federación y a la escalinata del Parque el Calvario.
La propuesta, realizada en colaboración con Juan Carlos Parilli, Francisco Arocha, María Inés Gómez, Omar Ladera, Roberto Castillo, Aleisa Mondolfi, Elizabeth Bernys, María Patricia Sabas y Ricardo Sanz, se destacó entre las 71 ideas presentadas porque, según palabras del jurado, se escoge “una implantación y una organización volumétrica que separa y hace identificables, en un espacio que les es propio y que a la vez se vincula claramente con la ciudad, a la junta parroquial y al centro deportivo, permite su fácil construcción por etapas y controla sus magnitudes, con un adecuado sentido de la escala de la intervención”. Así mismo, “el jurado valoriza el espacio arbolado entre las dos instituciones, que constituye el corazón interno del proyecto, conectando los sectores alto y bajo, dando así una respuesta contundente a una de las exigencias esenciales de las bases. Igualmente considera acertada la forma de enfrentar volumétricamente la avenida Sucre, y el hecho de que la central eléctrica de algún modo se integra a la volumetría del proyecto sin ser negada”.
La claridad con que es expuesto el veredicto sin lugar a dudas tiene que ver con la composición de un calificado jurado presidido por Oscar Tenreiro que contó con el acompañamiento de Fernando Pérez Oyarzún (Chile) y Luigi Snozzi (Suiza) como invitados internacionales y Frank Marcano, Lucas Pou, Edwing Otero, José Manuel Rodríguez e Isabel Sánchez como representantes nacionales.
Con este concurso se abrió de nuevo otra expectativa en la que se buscaba esperanzadoramente “que la construcción del proyecto ganador sea el primer paso de una serie de operaciones similares, generada igualmente de concursos, dirigida a convertir la arquitectura de las instituciones en tema esencial de la cultura urbana de nuestro país”.
Lamentablemente tan loables intenciones no se cumplieron y finalmente el proyecto ganador del Concurso Nacional de Ideas para Sede de la Junta Parroquial de la Parroquia Catedral y Centro Deportivo del Liceo Fermín Toro no se construyó, pasando a engrosar la larga lista de iniciativas de este tipo que en nuestro país han tenido el mismo destino.
ACA

1985• La Comisión de Urbanismo del Concejo Municipal del Distrito Sucre con el auspicio del Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV) organizan en dos etapas el Concurso Palacio Municipal del Distrito Sucre. Clasifican en la primera etapa los profesionales Miguel Acosta; Marcos Sanoja; Oswaldo Molina y Sergio Sevcik; Ángel Luis García Palmas; y Juan Carlos Parilli, Joel Sanz y Francisco Arocha, grupo de arquitectos al cual se le otorga el Primer Premio en la segunda etapa. Lamentablemente el edificio nunca fue construido.
HVH