Stories from Architecture Behind the Lines at Drawing Matter
Philippa Lewis
MIT Pres
2021
Idioma: inglés
Las historias imaginadas de veinticinco dibujos y maquetas arquitectónicas, contadas a través de reminiscencias, relatos, conversaciones, cartas y monólogos.
Incluso cuando un dibujo arquitectónico no muestra ninguna figura humana, podemos imaginar muchos personajes diferentes justo fuera de la página: arquitectos, artistas, espectadores, clientes, constructores, desarrolladores, filántropos, trabajando, observando, admirando, discutiendo. En Stories from Architecture, Philippa Lewis captura algunas de estas personalidades a través de reminiscencias, anécdotas, conversaciones, cartas y monólogos que colectivamente ofrecen las historias imaginadas de veinticinco dibujos arquitectónicos.
Algunas de estas historias no contadas son fácticas, como la correspondencia de Frank Lloyd Wright con una bibliotecaria de Wisconsin sobre la casa de sus sueños de $5,000, o las cartas escritas por el arquitecto inglés John Nash a su irascible cliente aristocrático. Otros relatan un escenario ficticio, aunque creíble, al colocar estos dibujos, y con ellos a sus personajes, en su contexto social inmediato. Por ejemplo, los dilemas que enfrenta una pareja Regency que está considerando mudarse a una villa suburbana; una solicitud de la oficina de Richard Neutra de un asistente para medir el Rolls-Royce de Josef von Sternberg para que el amado vehículo del director pudiera caber en el garaje que estaba diseñando su arquitecto; un adolescente que sueña con una vida lejos de la supervisión de sus padres mirando un piso de soltero lleno de artilugios en la revista Playboy; incluso un policía grabando los planos de la casa de la escena de un crimen. Los dibujos, reproducidos en color, provienen todos de la colección Drawing Matter en Somerset, Reino Unido, y son objetos fascinantes en sí mismos; pero Lewis desvía nuestra atención más allá de la imagen hacia otras posibles historias que perduran, invisibles, más allá de la página, y en el proceso anima no solo una serie de documentos de archivo, sino también la escritura de la historia de la arquitectura.
LA GUAIRA.Orígenes históricos. Morfología urbana, tal y como menciona Graziano Gasparini en el Prólogo y agradecimiento, “es el primero de una serie que se propone investigar sobre los orígenes históricos y destacar los valores morfológicos de algunas ciudades venezolanas”. Dentro de la prolífica producción de Gasparini este libro sería el número 24 que publicaría desde que apareciera Templos coloniales de Venezuela en 1959. La salida del libro en 1981 coincidiría con el de la segunda edición de La arquitectura colonial en Venezuela que como se sabe vio luz por primera vez en 1965.
Realizado conjuntamente con los reconocidos historiadores ManuelPérez Vila y Carlos Duarte, el libro «tapa dura» de 424 páginas cuya diagramación y selección de fotografías fueron responsabilidad de Gasparini, fue impreso en papel Camedo Dull 120 gramos siendo la selección del color realizado “por Computadora y Rayos Laser” en los talleres de Gráficas Armitano. Se terminó de imprimir el 29 de junio de 1981 “día de La Guaira”. La cubierta de la portada, se encuentra bellamente ilustrada con undetalle del Plano de Agustín Crame, fechado el 15 de mayo de 1778, indicando “Todos sus castillos y baterías” en los cerros” que está contenido en las páginas 220 y 221 del libro.
1. Izquierda: Tapa dura sin cubierta de LA GUAIRA. Orígenes históricos. Morfología urbana. Derecha: Página del Contenido2. Izquierda: Felipe II pintado por Alonso Sánchez Coello antes de 1582. Museo del Prado, Madrid. p. 35. Derecha: Navío de línea español. S. XVIII. p. 91.3. La Guaira colonial en un grabado del siglo XIX. p. 111.4. Calle de La Guaira según un grabado del año de 1893. p. 116.
Correspondió a Pérez Vila la primera parte dedicada a los “Orígenes históricos” (pp. 9-127), la cual, siguiendo un orden si se quiere cronológico, está dividida a su vez en: Leyenda y realidad; El marco geopolítico: mar, tierra y hombres; Las primeras fundaciones hispanas en el Litoral; Orígenes y decadencia de Caraballeda; La ciudad de Caraballeda y el puerto de La Guaira; Unas atarazanas, un fuerte y una caleta; La Guaira y Arrecifes: una breve e intensa rivalidad; Fue el pueblo; y La Lucha por la autonomía.
La segunda parte (la más voluminosa, pp.129-379) estuvo a cargo de Gasparini y se enfoca en desarrollar la “Morfología urbana” de la ciudad apelando a una profusa y muy bien seleccionada información gráfica, donde la evolución que muestra la ciudad en el tiempo es el tema que ocupa la parte inicial, dedicándose al final a llevar adelante una descripción más próxima al momento en que el libro se publica. Abarca: El pueblo fortificado. El siglo XVII; Comienzos del siglo XVIII; La relación de Olavarriaga; Desde Gayangos Lascari al Conde Roncali; González Dávila, Agustín Crame y Fermín de Rueda; Las fortificaciones hoy; Descripción de La Guaira; y La morfología urbana.
Cierra el libro Carlos Duarte con “Las artes en el puerto de La Guaira durante la época colonial”, colocando en manos del lector una importante cantidad de piezas de orden utilitario y reliquias atesoradas en casas e iglesias de la ciudad producto de la acuciosa labor que como conservador y estudioso del arte de ese período ha llevado adelante durante mucho tiempo.
5. Carlos Duarte y una obra de Abraham Bosse de su colección de arte colonial.6. Manuel Pérez Vila y una de sus obras Simón Bolívar. El Libertador (Síntesis biográfica).
Manuel Pérez Vila nacido en Gerona en 1922 y fallecido en Caracas en 1991 fue director de la primera edición del Diccionario de historia de Venezuela. Según se recoge en el artículo dedicado a su persona publicado en la edición digital de esta obra, elaborado por Astrid Avendaño Vera, tras exilarse en Francia a causa de la Guerra Civil Española, Pérez Vila se formará en las universidades de Burdeos y Toulouse casas de estudio con tradición en los estudios hispánicos, que “le proporcionarán no solo una rigurosa formación para el análisis crítico, sino también una sólida formación intelectual que se preocupará por ampliar y profundizar a través del tiempo. Esos 2 elementos serán característicos de su aproximación al estudio histórico: rigurosidad analítica y una amplitud de criterios que solo proporciona una vasta formación cultural”.
Su llegada a Venezuela se da a fines de 1948 y desde entonces “no tarda en irse abriendo campo en la docencia, ya como profesor particular y en el colegio América (1949-1955), y como investigador, iniciándose como tal, a través de Pedro Grases, con la localización de la obra de Andrés Bello existente en la Biblioteca Nacional y en las academias de la Historia y de la Lengua (1949)”. Dedicado a profundizar en la temática bolivariana y a conocer a fondo la historia del país, Pérez Vila desarrollará una intensa carrera que le llevó a desarrollar bajo la dirección de Vicente Lecuna “la organización y clasificación del Archivo de Simón Bolívar existente en la Casa Natal del Libertador (1950-1954) a fin de elaborar índices, los estudios de historia a nivel universitario daban sus primeros pasos y faltarían 8 años para la creación de la Escuela de Historia en la Universidad Central de Venezuela (1958)”.
Para cuando Pérez Vila realiza con Graziano Gasparini el libro que hoy comentamos, aún era director del Boletín Histórico de la Fundación John Boulton y ya había publicado, fruto de su trabajo con los archivos del Libertador, una biografía de José Rafael Revenga (1953) y Vida de Daniel Florencio O’Leary, primer edecán del Libertador (1957), considerada su primera gran obra, y más tarde producto del conocimiento y experiencia adquirida en temas bolivarianos y su minuciosa labor de documentalista Pensamiento político venezolano del sigloXIX (1960-1962) y los Escritos del Libertador (1964-1981). En 1983 con motivo de la celebración del bicentenario del natalicio del Libertador Simón Bolívar, le tocará ejercer como asesor histórico de la exposición preparada en su homenaje y dos años más tarde, será electo individuo de número de la Academia Nacional de la Historia (marzo 1985).
De tal manera, el aporte de Pérez Vila al libro LA GUAIRA. Orígenes históricos. Morfología urbana convierte el segmento al que se dedicó en una pieza de gran valor por la riqueza de la documentación que llega a manejar que se ve reflejada en las 421 notas a pie de página que la acompañan.
7. Fragmento de la parte superior del plano de Santiago de León de Caracas que acompañó la relación del gobernador Juan de Pimentel en 1578, el cual muestra sólo una parte de la costa. En la toponimia ya aparece «puerto de la guaira» en fechas anteriores a la fundación de la ciudad (p. 139)8. Vista de La Guaira desde el mar. Año 1700 (p.147)9. Grabado que ilustra el ataque a La Guaira por la flota inglesa al mando del Cap. Charles Knowles, el 2 de marzo de 1743 (p.170)10. Plano de la Serranía entre Caracas y La Guaira por Agustín Crame. Caracas, 15 de mayo de 1778 (pp. 226-227)11. La Guaira a comienzos del siglo XX y La Guaira hoy
Profusa y ricamente ilustrado con material proveniente del Archivo General de Indias en Sevilla, el Archivo de Historia Militar de Madrid, el Archivo Fotográfico de Graziano Gasparini, las colecciones de Luis E. Doguis, Carlos F. Duarte, Dirección de Cartografía Nacional, Fundación Boulton, Graziano Gasparini, Paolo Gasparini, Pedro Grases, Leopoldo Morillo, Museo del Prado, Museo Naval de Madrid y Servicio Geográfico del Ejército, Madrid, para lo cual la curaduría llevada a cabo por Graziano Gasparini fue fundamental, LA GUAIRA. Orígenes históricos. Morfología urbana se convierte en una obra de consulta obligada no sólo por lo allí escrito sino particularmente por las fotografías, dibujos, grabados y planos que contiene.
De la serie dedicada a ciudades venezolanas anunciada por Gasparini al momento de publicar el libro comentado, que sepamos, sólo apareció Coro: patrimonio mundial en 1994, por lo quedó truncada una bonita iniciativa que hoy en día sería de agradecer, lo cual no desmerece en lo más mínimo la gran labor que como investigador y divulgador Gasparini llevó a cabo durante toda su vida.
Sumado a lo que fue un buen año para el desarrollo del mundo editorial en temas de arquitectura en el país, el libro Hélène de Garay. Vida y arquitectura podría considerarse una rara avis dentro de los estándares de publicaciones dedicadas a profesionales que ya cuentan con el reconocimiento de sus pares. Además se trata del primer libro publicado en Venezuela donde el protagonismo lo tiene una mujer arquitecto.
Producto del trabajo presentado por la doctora y profesora Jeannette Díaz para finalizar su participación en el Taller sobre Periodismo y Memoria, proyecto impulsado por la Fundación Empresas Polar desde 2001 y coordinado por la periodista y escritora Milagros Socorro, a través de él no sólo hizo un aporte a la historia reciente venezolana mediante la indagación en torno a la presencia de la mujer en el mundo profesional (tema, por cierto, muy poco abordado), sino que además supo convertirlo en 2005 en el Trabajo de Ascenso que le permitió alcanzar la categoría de profesor titular dentro del escalafón universitario en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV.
Retocado posteriormente para su conversión en libro de interés para todo público, en enero de 2009, como colofón al productivo Taller guiado por Socorro, la Fundación Empresas Polar publica la investigación de Díaz junto a otros dos trabajos producidos allí: Alicia Eduardo. Una historia de vida, de Cecilia Sucre y Caminos y fogones de una familia trasandina, de Julie Carbonell, con la particularidad de que para Hélène de Garay. Vida y arquitectura se pudo lograr la participación conjunta de Ediciones FAU UCV, gracias a los buenos oficios de su autora. Las tres obras lanzadas en 2009 se sumaban asía las doce publicadas en el lapso de duración del Taller, como resultado de los aprendizajes y las destrezas metodológicas adquiridas por los cursantes que durante 8 años ininterrumpidos acudieron a la exitosa cátedra.
El libro de 185 páginas en papel lumisilk y formato de 22,5 x 21,5 cms, contó con la coordinación editorial de Manuel Rodríguez Campos, producción de Gisela Goyo, corrección de Teresa Casique, fotografía de Hélène de Garay y cuidado diseño gráfico de Aixa Díaz, en el que se independizó en todo momento las imágenes de los textos. Fue impreso por La Galaxia y tuvo un tiraje de 1000 ejemplares.
El contenido se encuentra repartido entre la Introducción, seis Capítulos (Mapa referencial metodológico; Reconocimiento del terreno personal; Atenea proyecta; Heratenea: entre dos aguas;Detrás de los bastidores; y Vivencia y teoría: en busca de sentido),Referencias bibliográficas y, como anexo, la síntesis curricular de Hélène de Garay.En él se explora, en síntesis, 3 áreas temáticas: el desarrollo de la mujer como profesional de la arquitectura, la influencia de sus rasgos personales en el desarrollo de su carrera y, finalmente, las habilidades y destrezas que la han ayudado a consolidar su quehacer disciplinar.
Como confiesa la autora del libro en la propia Introducción, “podemos conocer las creaciones de Hélène de Garay visitando sus edificios o analizando planos, dibujos o fotografías. Sin embargo, mi propósito ha sido develar su sentido vital a través de sus testimonios, poniendo de manifiesto rasgos relevantes de su persona, entorno familiar y desarrollo profesional en Venezuela desde los años setenta hasta hoy”. A lo cual añadirá en el capítulo I para terminar de esclarecer hacia dónde apuntó la búsqueda: “La intención germinal que motivó esta indagación fue descubrir el sentido que Hélène de Garay ha encontrado en su práctica de la arquitectura y cómo este sentido, desde su condición de mujer, ha condicionado su experiencia vital desde y hacia la arquitectura. El estado del arte en esta área de interés indicaba una carencia de estudios que abordaran la práctica profesional de arquitectas, lo que constituyó un estímulo para indagar sobre esta temática. Así, por tratarse de una investigación exploratoria sobre una persona, se planteó como un caso de estudio único, utilizando el método de historia de vida”.
La selección de Hélène de Garay “se realizó buscando referencias de arquitectas que tuvieran al menos veinte años de práctica ininterrumpida en el diseño de proyectos de arquitectura y que hubieran acumulado méritos profesionales. Se hizo una pequeña encuesta a quince colegas en ejercicio pidiéndoles que seleccionaran tres arquitectas con esas condiciones. La arquitecta Garay fue mencionada en doce de esas listas. Finalmente subjetividades y afinidades personales, con una buena dosis de determinación de mi parte, permitieron que Hélène de Garay fuera el centro de este estudio”, acotará Díaz. Las otras dos profesionales objeto de mención fueron Celina Bentata y Maricarmen Sánchez.
Inicialmente los intereses de la autora, quien conocía a Garay sólo de referencia, encontraron cierta resistencia en quien iba a ser objeto de estudio para ser entrevistada sobre tópicos sobre los cuales no se sentía cómoda, en el afán de conjugar logros profesionales y vida personal, hasta el punto que el proyecto estuvo a punto de ser abortado. Sin embargo, llevados a cabo los ajuntes necesarios, hasta el punto de condicionar a su aprobación previa cualquier publicación de lo que se escribiera, se logró la fluidez necesaria que permitió el alumbramiento del libro.
Como ya adelantamos, y aquí tal vez hubo algo vinculado a la incomodidad señalada en el párrafo anterior, la mirada de Díaz, enmarcada dentro de una aproximación cualitativa, no discurre, como tradicionalmente acontece con monografías dedicadas a arquitectos, sobre lo disciplinar o se basa en el análisis crítico de la obra y los edificios que se suelen publicar. En este caso se ofrece una perspectiva diferente a la acostumbrada en este tipo de estudios siendo “episodios de vida los encargados de irnos develando la construcción de una exitosa carrera profesional, pues el eje estructurador de este libro parte de la propia Hélène de Garay. Es su voz la que da inicio a los capítulos centrales para luego completar su relato con testimonios y opiniones de familiares, relacionados, colegas y profesores conocedores de su trabajo. En el capítulo inicial y en el que cierra el volumen a modo de conclusión, la autora expone las pautas metodológicas que han guiado esta singular manera de aproximarse a tan importante obra arquitectónica”, se apunta en la Sinopsis que acompaña la presentación de la obra en https://bibliofep.fundacionempresaspolar.org/publicaciones/libros/helene-de-garay-vida-y-arquitectura/.
Reconocida y premiada por su obra, tanto nacional como internacionalmente, Hélène Lluch Cebrián nació en Toulouse (Francia) durante la II Guerra. Es la hija menor de Enrique Lluch de Mons y Lucy Cebrián quienes tuvieron que huir de España en 1939. Emigra de Francia a Venezuela con su familia a comienzos de los años 1950 donde se residencia definitivamente. Casada en Caracas con el constructor vasco Mikel Garay a mediados de los años 1960 (relación que duró 29 años y de la que nacieron dos hijos varones), egresa de arquitecto en la FAU UCV en 1967. En el resumen curricular publicado en el libro de Díaz se puede observar que tiene como primer proyecto reconocido el Centro Comercial Los Molinos, San Martín, ganado a través de un concurso privado (1975-1979). Le siguen, entre otros, el edificio industrial y de servicios Catabia, La Urbina (1986) -Mención Premio Metropolitano de Arquitectura en la VII Bienal de Arquitectura 1987-; el edificio de oficinas Fosforera Venezolana, Antímano (1989) -Primer Premio Internacional de la VII Bienal de Arquitectura de Quito, Ecuador, 1990-; el edificio de oficinas Torre KPMG, avenida Francisco de Miranda (1993); el edificio PDVSA Sur, avenida Libertador (1994); y el Palacio de Justicia de Barcelona, estado Anzoátegui (1998), a los que se suman casi treinta edificios de vivienda multifamiliar realizados entre 1976 y la actualidad ubicados casi en su totalidad en Caracas y el Litoral Central.
Hélène de Garay fue uno de los Directores fundadores el año 1988 de la Fundación Museo de Arquitectura junto con Celina Bentata, William Niño, Martín Padrón, Juan Pedro Posani, Jorge Rigamonti, José Miguel Roig, Leszek Zawisza y Fernando Tábora. Además ha participado en numerosos eventos nacionales e internacionales, obtenido varios premios y distinciones y realizado una relevante actividad académica e institucional que incluye el haber sido jurado de premios tanto en Venezuela como en otras partes del mundo. Su obra ha sido publicada en diversidad de revistas tanto académicas como de divulgación y en libros escritos por connotados autores.
Además de la investigación de Jeannette Díaz que dio origen a la publicación que hoy hemos comentado, la figura de Hélène de Garay ha sido motivo de atención en otros dos trabajos académicos: uno realizado por el Arq. Philippe Fortuney, Facultad de Arquitectura de la Universidad del Zulia, y otro por el Arq. Rubén Araña, Facultad de Arquitectura y Arte de la Universidad de Los Andes.
El término ‘meritocracia’ fue acuñado en 1958 por el sociólogo británico Michael Young, en un libro que ya entonces presentaba el concepto bajo una luz oscura, The Rise of Meritocracy, donde advertía del riesgo de la creación de una nueva casta basada en la educación y el talento. Este debate se ha avivado en fechas recientes con dos obras de eminentes profesores, Daniel Markovits de Yale (The Meritocracy Trap, 2019) y Michael Sandel de Harvard (The Tyranny of Merit, 2020). El primero de ellos resumía su tesis en portada —‘Cómo el mito fundacional americano alimenta la desigualdad, desmantela la clase media y devora a la élite’—, argumentaba que «el mérito no es sino una impostura» y censuraba la transmisión hereditaria del privilegio a través de la educación elitista; y para el segundo —Premio Princesa de Asturias, y traducido ya al castellano— la meritocracia es tóxica, divide la sociedad en ganadores y perdedores, generando tanta altanería como resentimiento, y debe combatirse poniendo énfasis en lo comunitario. Frente a esta demolición intelectual de la movilidad social a través de la formación y el esfuerzo —sobre la que esta revista se pronunció en marzo con ‘Menosprecio del mérito’— se ha alzado en 2021 Adrian Wooldridge con The Aristocracy of Talent, una sólidamente argumentada defensa de la meritocracia, «lo más próximo que tenemos a una ideología universal».
Doctor en Historia por Oxford y ‘political editor’ del Economist, Wooldridge aborda aquí «la idea revolucionaria de la meritocracia», inseparable de una modernidad que pone en cuestión la hermética estratificación social del Antiguo Régimen, donde cada cargo o trabajo estaba asociado a la posición que otorga el nacimiento. Cuando muchas de las ideas que han modelado las sociedades occidentales durante los últimos siglos están en crisis —«la democracia retrocede, el liberalismo pugna por mantenerse, y el capitalismo ha perdido el brillo»—, la meritocracia es popular en todo el mundo porque afirma la capacidad de llegar tan lejos como permita el talento de cada uno, asegura la igualdad de oportunidades a través de la educación, prohíbe la discriminación por raza o sexo, y selecciona evitando el patronazgo o el clientelismo. El tránsito de la ética aristocrática a la ética meritocrática supone una auténtica revolución moral, y este es un argumento en defensa del mérito más poderoso aun que su evidente vinculación con el crecimiento económico y la prosperidad. En su desarrollo histórico, los socialistas del siglo XIX apoyaron la idea como un vehículo hacia una sociedad mejor, mientras los conservadores la veían como una amenaza al orden social, pero tras la II Guerra Mundial la meritocracia alcanzó en Occidente una aceptación unánime, solo agrietada en las últimas décadas por la censura de la izquierda radical, que le reprocha haberse convertido en una plutocracia, y de la derecha populista, que rechaza el cosmopolitismo displicente de las ‘élites cognitivas’.
La aristocracia del talento es desde luego un oxímoron, y al autor no se le escapa que la meritocracia está hoy en el taller de reparaciones, porque se ha hecho hereditaria y el ascensor social está averiado. Wooldridge propone regenerarla volviendo a dar una dimensión moral a la educación de las élites y otorgando estatus a la formación profesional, para evitar el egoísmo arrogante de los unos y el rencor iracundo de los otros. Acepta el fundamento sociológico de las críticas de Markovits o Sandel, pero también polemiza con John Rawls cuando el filósofo asegura que es injusto recompensar a los que tuvieron la fortuna de nacer mejor dotados, porque «hasta el joven Mozart tenía que practicar». Es esa ética del esfuerzo la que ve afianzarse en Asia, y muy especialmente en China, fiel a su tradición confuciana, y que ha extendido la meritocracia del ámbito de la educación al de la política. Y aunque muestra distancia frente a la modernidad autoritaria de la superpotencia asiática, también expresa preocupación porque en Occidente avance la democracia refrendaria, que adopta decisiones de gran calado con mayorías escuetas y sin suficiente debate informado. Ante el desafío de China por el liderazgo global, Wooldridge cree que Occidente solo puede competir con ella templando la democracia con el conocimiento de los expertos, y regenerando una meritocracia genuinamente liberal que conjure el peligro detectado por Young hace seis décadas.
The Aristocracy of Talent
How Meritocracy Made the Modern World
Adrian Wooldridge
Editorial Allen Lane
2021
Idioma: inglés
Nota de los editores
En The Aristocracy of Talent, el estimado periodista e historiador Adrian Wooldridge traza la historia de la meritocracia forjada por los políticos y funcionarios que introdujeron el principio revolucionario de la competencia abierta, los psicólogos que idearon métodos para medir las habilidades mentales naturales y los educadores que construyeron escaleras de oportunidad educativa. Mira más allá de las culturas occidentales y muestra los efectos transformadores que ha tenido en todos los lugares donde se ha adoptado, especialmente una vez que las mujeres ingresaron al sistema meritocrático.
Wooldridge también muestra cómo la meritocracia ahora se ha corrompido y argumenta que el reciente estancamiento de la movilidad social es el resultado del fracaso para completar la revolución meritocrática. En lugar de abandonar la meritocracia, dice, deberíamos pedir su renovación.
… 7 de febrero, nace en 1841 Auguste Choisy y en 1859 fallece Agustín Codazzi.
1. Izquierda: Auguste Choisy. Derecha: Agustín Codazzi
Auguste Choisy (1841-1909), ingeniero francés, historiador y teórico de la arquitectura, autor de un libro fundamental como Histoire de l’Architecture (1899), destacó durante el siglo XIX por resaltar dentro de la historia de la arquitectura fundamentalmente sus aspectos técnicos, lo cual le valió un importante lugar dentro del capítulo “La tradición académica y el concepto de composición elemental” desarrollado por Reyner Banham en su libro Teoría y diseño en la primera era de la máquina (1985) a quien dedica el segmento titulado “Choisy: racionalismo y técnica”.
2. La Histoire de l’Architecture (1899) libro fundamental dentro de la disciplina y pieza clave en la gestación de la arquitectura moderna.
Banham, para quien la función y la construcción no pueden existir sin la estética, aunque rechaza de Choisy la visión de que la arquitectura es una consecuencia lógica de la técnica y también su racionalismo que deja reducido a cinco conceptos fundamentales “Lógica, análisis, función, economía y rendimiento”, reconoce en él la adecuación espontánea de la técnica y el Zeitgeist: si para Choisy el dórico y el gótico podrían ser considerados como los dos grandes estilos, para Banham la arquitectura de la primera edad de la máquina (1900-1930) ocuparía el lugar de tercer gran estilo, ya que los tres son fruto de una interacción singular entre la fe en el progreso y las principales innovaciones tecnológicas.
También valora Banham las ventajas que ofrecen la presentación y las ilustraciones que acompañan la Histoire de l’Architecture: “… está editada en dos volúmenes importantes, mas no demasiado grandes; al menos no tan grandes como para no poder llevárselos a casa. El texto se expone en párrafos relativamente breves, cada uno de los cuales está dedicado -normalmente- a demostrar un solo punto, de suerte que la consulta resulta fácil y en casi todas las páginas hay por lo menos una ilustración notable. Nada podría subrayar tan bien la idea de continuidad de la práctica arquitectónica como la completa homogeneidad de estilo de estas 1.700 ilustraciones, todas dibujadas por Choisy conforme a una fórmula invariable. Las desviaciones con respecto a esa fórmula no son numerosas -una perspectiva ocasional, un simple alzado o una planta-, ni memorables, y esto es lo más importante. La fórmula es de desarrollo isométrico: presenta planta, sección y alzado en una sola imagen, suprime los detalles y presenta al lector un diagrama elegante y de comprensión inmediata.”. No hay que olvidar que la isometría, utilizada en el libro con naturalidad, debido a su abstracción, fue incorporada durante la generación siguiente a la arquitectura y al arte abstracto, cosa que también reconoce Banham señalando que las ilustraciones del libro fueron utilizadas por Le Corbusier en su revista L’Esprit Nouveau.
3. Algunas de las ilustraciones que acompañan la Histoire de l’Architecture de Auguste Choisy
Choisy, también es reconocido por Kenneth Frampton en Estudios sobre cultura tectónica (1999), por su capacidad en identificar la buena arquitectura con la buena construcción y explicar la sucesión temporal de los estilos según las expresiones tectónicas de una sociedad en relación con su medio físico. En el capítulo “Greco-Gótico y Neo-gótico: los orígenes anglo-franceses de la forma tectónica”, dentro de la saga greco-gótica francesa conformada por Claude Perrault, Michel de Fremin, el abate de Cordemoy y el abate Laugier durante el siglo XVIII, se suma otra neo-gótica anglo-francesa durante el XIX iniciada por Charles de Montalembert y Augustus Welby Northmore Pugin, seguida por Robert Willis y Arcisse de Caumont y que concluye con Henri Labrouste, Eugène Viollet-le-Duc y dos de sus seguidores: Joseph Eugène Anatole de Baudot y justamente Auguste Choisy, quien tiene poco en común con su maestro “salvo una pasión saint-simoniana conjunta por la aplicación de un análisis objetivo a la historia de la arquitectura”. Para Frampton, “aparte de Auguste Perret, que en muchos sentidos fue su seguidor, Choisy parece haber sido el último teórico del ideal greco-gótico, ya que en su historia enciclopédica dedicó una tercera parte del primer volumen y otro tanto del segundo a la arquitectura griega y gótica, respectivamente. Empleando la isometría vista desde arriba, donde el volumen corpóreo y sus soportes columnarios aparecen representados de forma homogénea, Choisy parece haber anticipado el hormigón armado como única técnica capaz de superar el antiguo cisma, fusionando en una sola entidad las dos grandes líneas de la cultura edificadora occidental.”
Para Panayotis Tournikiotis en La historiografía de la arquitectura moderna (2001), Choisy fue, junto con Eugène Viollet-le-Duc y Julien Guadet, uno de los tres historiadores de la arquitectura decimonónicos que más influyeron en la gestación de la arquitectura moderna.
4. Viajes de Agustín Codazzi (1816-1822).
Más próximo a nosotros, Agustín Codazzi (1793-1859), militar, explorador, ingeniero, cartógrafo y naturalista, nace en Italia y muere en Colombia pero será en nuestro país donde dejará una impronta que lo colocaría dentro de los más ilustres nombres del siglo XIX nacional y latinoamericano.
Autor del primer Atlas de Venezuela, Codazzi, tal y como señala uno de sus principales estudiosos, Juan José Pérez Rancel en “Agustín Codazzi: un romántico de la Ilustración en América”, texto aparecido en El Nacional el 13 de octubre de 2019 en homenaje a los 160 años de su fallecimiento cumplidos en enero de aquel año, en realidad “no era geógrafo de profesión: se había formado entre 1810 y 1815 como Sub-Oficial de Artillería montada, en la Escuela italiana de Artilleros de Pavía, en donde se capacitó en estrategia militar, fortificación, matemáticas, astronomía, cartografía, agrimensura, física, química y las aplicaciones prácticas de esas disciplinas. Cumplió esos estudios bajo el influjo de las Revoluciones Industrial, Científica y Agrícola que sucedían entre el ‘700 y el ‘800, y del auge de las exploraciones naturalistas, la botánica, la antropología y del liberalismo económico y político occidental.”
5. Documento de la proclamación de la República de Florida, 1817.6. Fuerte del corsario francés Louis-Michel Aury en la isla de Providencia en donde estuvo entre 1818 y 1821. El dibujo fue hecho por su secretario de estado, Luis Perú de Lacroix.
No deja se ser interesante repasar la intensa vida de Codazzi desde su juventud cuando su padre Domenico Codazzi lo encaminó para que fuera un hombre de leyes a cursar en la Universidad de Bolonia, su cambio de opinión en 1810 para decidir realizar estudios militares ingresando a la Escuela de Ingeniería y Artillería de Módena y a la Academia de Guerra de Pavía, donde se formó como suboficial de Artillería y obtuvo el grado de subteniente, participando posteriormente como soldado del Imperio francés en las Guerras Napoleónicas y luego en la disolución del Reino Itálico; sus dilemas entre “la espada y el arado” y sus inciertos viajes por Italia, el Mediterráneo y Europa oriental; su llegada a Amsterdam desde Varsovia para recalar en los Estados Unidos y enterarse allí de la gesta libertadora de Simón Bolívar, para sumarse como “corsario de la libertad” a la División Unión de Louis Aury, participar en la creación de la fallida República de Florida y más adelante dirigir junto a Constante Ferrari la fortificación, construcción de muelles, caminos e infraestructura del archipiélago de San Andrés; su paulatina madurez como cartógrafo y sus travesías interoceánicas aunadas a su desarrollo como político; su regreso a Italia “llamado por la tierra” donde con Ferrari como socio se instala como granjero en el valle del Po, luego de que en 1922 muriera Aury y se disolviera la División Unión; su regreso a América embarcándose rumbo a Cartagena de Indias en 1826 para, casi de inmediato, ir a Bogotá para engrosar las filas del ejército grancolombino con el cargo de brigadier del cuerpo de artillería del departamento del Zulia, donde se le encargará entre 1827 y 1830 “la fortificación y defensa de las 2.780 leguas cuadradas del Departamento del Zulia, desde las montañas merideñas al Sur del lago hasta el Golfo de Venezuela, y entre la cuenca del Lago y Valledupar al oeste de Perijá. Como resultado surgió no solo el plano de la ciudad-puerto artillada y el Plan de Defensa, sino la única cartografía detallada de una región de la Colombia confederada, primer mapa de una provincia de Venezuela independiente”, preludio de lo que será su gran obra: el Atlas Físico y Político de la República de Venezuela y el Resumen de la Geografía de Venezuela ambas de 1840.
7. Portada del Atlas Físico y Político de la República de Venezuela (1840)8. Mapa general de Venezuela dibujado y publicado por Agustín Codazzi en 1840.9. Agustín Codazzi y sus colaboradores en el campamento de Yarumito, provincia de Soto.
Con respecto a la elaboración del Atlas de Venezuela, Pérez Rancel nos apuntará: “A finales de 1838, finalizaron las expediciones corográficas y en la casa de Codazzi en Valencia comenzó el trazado final de las cartas originales hasta 1839, cuando Codazzi elaboró un prospecto del proyecto editorial para buscar suscriptores y financiamiento público y privado para la impresión en los talleres de París a escoger. A la edición se añadió un Mapa general del país y los datos históricos, que en un principio debían ir en párrafos marginales a las cartas, convirtiéndose en tres volúmenes adicionales redactados principalmente por el Capitán de artilleros Rafael María Baralt. A mediados de 1840 partió de La Guaira la Comisión, con los manuscritos originales y las cartas terminadas, para finalizar las demás en la casa-taller habilitada en París, en la cual recibían las visitas, entre otros, del septuagenario Barón de Humboldt, entusiasmado por ver materializarse sus previsiones y recomendaciones de cuarenta años antes. Los doce volúmenes de manuscritos resultantes contenían las estadísticas físicas, demográficas y de recursos de los Cantones o distritos provinciales; las conclusiones sobre la botánica y los tipos de agricultura posibles para el país; la red de caminos existentes y de canales, navegación fluvial y ferrocarriles propuestos para el territorio, entonces de 1.250.000 m2; los paisajes y sitios naturales notables, etc. Debido a los costos, Codazzi debió reducir a tres volúmenes las páginas de datos y conclusiones manuscritas, titulándolas Resumen de la Geografía de Venezuela, y encabezó el Atlas con los Informes del Secretario de la Sociedad Geográfica de París, Sabine Berthelot, primero en revisar los originales y recién designado Agente Especial en Europa para la Inmigración, y de Jean Baptiste Boussingault, quien había sido comisionado por la Academia de Ciencias de Francia por recomendación de Humboldt para la evaluación científica de la obra. Durante ocho meses imprimieron y para agosto de 1841 ya circulaban en Caracas los ejemplares. Los elogios científicos a la obra culminaron con el reconocimiento de su valor por la Royal Geographic Society y el otorgamiento a Codazzi en 1842 de la Orden de la Legión de Honor, por parte del rey Luis Felipe de Francia”.
El aporte de Codazzi incluirá posteriormente la organización del poblamiento del país cristalizando así las ideas ya esbozadas en Resumen de la Geografía de Venezuela que tendrá como fruto la llegada el 8 de abril de 1843 al sitio donde el primer grupo de colonos (378 inmigrantes procedentes de Alemania) fundarían la Colonia Tovar. También se encargará Codazzi de organizar el traslado a Caracas de los restos de Simón Bolívar en 1842.
“La permanencia de Codazzi en la Colonia Tovar se vio interrumpida por su designación en diciembre de 1845 como Gobernador de la provincia de Barinas. (…) En febrero de 1848, después de la invasión del Congreso en Caracas por las turbas monaguistas, Codazzi renunció a la Gobernación, obstaculizada durante 1847 por el nombramiento de Monagas como Presidente y por la oposición del Partido Liberal, que en Barinas instigó los intentos de asesinarlo. Así culminaron los veinte años de Codazzi en su segunda Patria.”
10. Agustín Codazzi. Carta XII – División política de la Nueva Granada, 1851
Desde mediados de 1948 Codazzi se radicará en la Nueva Granada (su tercera patria) para dirigir su Comisión Corográfica para la cual trabajará sin descanso hasta que la muerte, causada por la malaria, lo alcanza en las faldas de la Sierra Nevada de Santa Marta el 7 de febrero de 1859. De Wikipedia extraemos lo siguiente: “Aunque su obra en la Nueva Granada quedó incompleta, correspondió a sus asistentes y seguidores completar y publicar los mapas de la república. El primer resultado de esta labor se vio en 1865 con el Atlas de los Estados Unidos de Colombia de parte de Manuel Ponce de León y Manuel María Paz y cuyas cartas se basaban enteramente en las dibujadas por Codazzi durante la comisión. En 1890 fue publicado el Atlas Geográfico e Histórico de la República de Colombia, con la cartografía por parte de Manuel María Paz y con el texto explicativo de parte de Felipe Pérez”.
Los restos de Codazzi fueron exhumados y trasportados a Bogotá, a la Iglesia de San Juan de Dios. Posteriormente el Gobierno de Venezuela los solicitó para depositarios en el Panteón Nacional de Caracas, lugar en el cual actualmente reposan desde 1942.
11. Tres publicaciones dedicadas a Agustín Codazzi realizadas por Juan José Pérez Rancel
Nota
Juan José Pérez Rancel, investigador y profesor en la FAU UCV, ha publicado sobre Codazzi dos libros: Agustin Codazzi. Italia y la construcción del Nuevo Mundo (2002) fruto de su tesis doctoral realizada en Italia y Agustín Codazzi (Biblioteca Biográfica Venezolana, volumen 37) de 2006. También coordinó la edición de Agustín Codazzi. Arquitecto del territorio. Simposio-Foro (2001).
ACA
Procedencia de las imágenes
1, 2, 3 y 11. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad
El libro Los cines de La Habana reconstruye la historia de esa función en la capital cubana y se detiene en el análisis y valoración de las salas cinematográficas, con énfasis en su impacto urbano, arquitectónico y socio cultural. Los cines de La Habana no solo sorprenden por su profusión, sino también por la calidad de su diseño y construcción. En sus fachadas, espacios interiores y mobiliario se pueden leer con facilidad los principales lenguajes formales por los que avanzó la arquitectura cubana. Su estudio constituye un momento inseparable del empeño mayor de aprehender los hitos fundamentales de la evolución de la arquitectura habanera en los primeros 60 años del siglo XX. En las edificaciones que les sirvieron de espacio vital quedaron reflejados los principales momentos del quehacer constructivo en La Habana y algunos de ellos representaron hitos en esa evolución
El texto está organizado en dos capítulos. En el primero se cuenta como las exhibiciones cinematográficas se convirtieron en una de las actividades recreativas más exitosas en La Habana, transitando desde de la readecuación de locales, en particular de viviendas, hasta la consolidación de una tipología propia, fácilmente identificable, con sus fachadas monumentales y sus inconfundibles marquesinas. Y también narra cómo el cine formó parte de los cambios y novedades que le imprimieron un ritmo acelerado a la vida habanera del siglo XX, con una nueva forma de comunicación masiva de alto nivel estético.
El segundo capítulo penetra en la relación de los cines con la ciudad y en cómo las salas más importantes desempeñaron un papel muy significativo en el protagonismo que adquirieron sus principales calles como centros lineales de actividades recreativas, a la vez que los llamados cines de barrio coadyuvaron a la conformación de la identidad cultural de los diferentes sectores capitalinos. Asimismo, posibilita un mejor entendimiento del proceso de crecimiento de La Habana y adentrarse en la vida cultural de muchas generaciones de cubanos, pues demuestra que el cine, siendo cultura en sí mismo, se relacionó con otras manifestaciones dentro del universo artístico nacional.
El tema resultó novedoso en el ámbito historiográfico cubano pues ese estudio no tenía precedentes. Las consideraciones que se ofrecen están respaldadas por una seria exploración en fuentes primarias. Se ofrecen los resultados del procesamiento de información sobre 191 cines de La Habana, que recoge año de construcción, propietarios, proyectistas y características técnicas, entre otros datos de interés, complementada con una profusa información documental de planos originales, lindas fotos de época e imágenes actuales. Junto al disfrute de su lectura, el libro permite aumentar la sensibilidad de la población frente al patrimonio construido y ofrece información a los especialistas para su valoración y evaluación como bienes patrimoniales.
El libro Los cines de La Habana constituye una abarcadora, y acuciosa pesquisa monográfica destinada a rescatar las memorias de las salas cinematográficas habaneras desaparecidas, y más que todo, a reclamar el rescate de aquellas que perviven, un conjunto excepcional de más de 80, tarea heroica, pero no utópica.
Nota de los editores
Los cines de La Habana es un extenso estudio histórico, arquitectónico y cultural sobre la introducción y desarrollo en Cuba de las salas de cine. Indaga en torno a los emblemáticos edificios que las albergaron, sus propietarios, arquitectos y decoradores que dejaron sus huellas en ellos. Son sus autoras: Maria Victoria Zardoya [La Habana 1962], arquitecta, y Loureda Marisol Marrero Oliva [Volgogrado, Rusia 1973], graduada de ingeniería civil.
ACA
Nos interesan temas relacionados con el desarrollo urbano y arquitectónico en Venezuela así como todo lo que acontece en su mundo editorial.