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1909• Inauguración de la Fábrica Nacional de Cementos

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1909•  Luego de dos años de estudios y construcción el 19 de abril Juan Vicente Gómez inaugura la Fábrica Nacional de Cementos ubicada en La Vega, Caracas, propiedad de ingeniero Alberto Smith, quien se había desempeñado en el cargo de Ministro de Obras Públicas.
La planta industrial se fundó con un capital de Bs. 626.000 teniendo como referencia las experiencias europeas, sobre todo la alemana.
Se previó una producción de 19 a 20 mil toneladas anuales (unos 50 sacos diarios). Las maquinarias se movían utilizando carbón importado de Europa.
Los ensayos realizados con briquetas del material producido (puro y mezclado con arena) dieron buenos resultados, algunos superiores a los establecidos por las normas europeas.

HVH

TEXTOS FUNDAMENTALES

Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista

Ciro Caraballo Perichi

Corporación de Turismo de Venezuela

1993

Editorial Ex Libris

Prólogo de Pedro Cunill Grau

Cuando en 1993 aparece Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista se llena otro importante vacío sobre un tema que nuestra historiografía había dejado de lado hasta ese momento.

Concebido como un ambicioso proyecto, auspiciado por la Corporación de Turismo de Venezuela, que a su vez originó una minuciosa investigación acompañada de un denso acopio documental, este libro “tapa dura” de 378 páginas, con formato tamaño carta y características de “coffee table”, permite a su autor, el profesor Ciro Caraballo Perichi, dejarnos en las manos una sustanciosa obra fácil de leer que además se convierte en referencia por su manera de repasar tanto la historia del tópico que aborda como los avatares asociados a sus temas fundamentales.

Prologada por el reconocido geógrafo Pedro Cunill Grau, quien, al adentrarse en las profundidades de la investigación resalta, “sin desconocer las innegables virtudes que tiene esta obra para la arquitectura y la historia”, su “aporte básico para la geohistoria del brutal cambio de la Venezuela prepetrolera a la Venezuela petrolera”, la publicación desarrolla una extensa “Introducción” necesaria para colocar a la hotelería y al turismo en contexto, tanto en cuanto al origen y evolución de ellos como protagonistas de la historia que se narra como en el  momento histórico que interesó escudriñar: la Venezuela gomecista.

La “Introducción” está integrada por tres partes: A “Del albergue para viajeros al gran hotel”, compuesta a su vez por “Revolución Industrial: Revolución de la hotelería”, y “De la terma de salud a la terma de placer”; B “Del viaje de salud al viaje de aventura”, contando como oportunidad para explayarse a través de “Las elegantes ciudades-balnearios a orillas del mar”, “El contacto con la prístina naturaleza salvaje”, “Comercio y aventura en los enclaves coloniales”, y “Los hoteles de veraneo en América Latina”; y C “Turismo, un fenómeno del siglo XX”, desarrollado mediante “Organizando el fenómeno turístico”, “Teoría y práctica de la ciencia turística” y “América Latina: ¿un exótico destino alternativo?”.

Al enjundioso texto introductorio se añadirán para conformar el cuerpo central de la obra seis grandes capítulos:

el I “Venezuela: El Hotel Comercial Republicano”, subdividido a su vez en otros dos subcapítulos, el A “Comercio y hotelería: un binomio del siglo XIX” y el B “Caracas: del ‘León de Oro’ al ‘Gran Hotel Klindt’ ”;

el II “Salud y alojamiento: Venezuela siglo XIX”, conformado por A “Sitios de temperar: el ferrocarril como medio”, B “Balnearios de mar y río”, y C “Baños hidroterapéuticos y sitios termales”;

el III “El turismo y la empresa privada”, compuesto por A “Venezuela, un destino en los circuitos turísticos”, y B “La respuesta de la hotelería”;

el IV “Hotelería oficial: un ambiguo nacimiento”, integrado por A “El hotel termal: primogénito de los hoteles nacionales”, y B “El Miramar: inicio de la política oficial de turismo”;

el V “Maracay, corazón turístico de Venezuela”, completado por A “Maracay, refulgente capital del gomecismo”, B “Maracay,: principal polo de atracción turística”, y C “Las instalaciones hoteleras en Maracay”;

y el VI “El Turismo: una política oficial”, complementado por A “El gobierno gomecista como promotor del turismo”, B “Los hoteles nacionales: promoción y funcionamiento”, y C “Turismo y gomecismo: ideas y proyectos inconclusos”.

Cierra el libro con un “Epílogo” que reflexiona sobre “Permanencia, decadencia y mutación” y se complementa con “A modo de conclusión”; exponiendo finalmente las “Fuentes” y un apetitoso “Anexo documental”, todos ellos material de consulta obligada sobre el tema.

Ya de por sí la lectura del índice transcrito creemos que genera la curiosidad necesaria y ofrece toda la amplitud que el tema tratado permite, por lo que no añadiremos comentarios adicionales más allá de reiterar la ligera y amena lectura que el libro comporta lo cual acrecienta su valor formativo e informativo. Sin embargo, si creemos importante señalar el fundamental apoyo y el valor instrumental que para quienes laboramos desde esta página tendrá la publicación con la finalidad de abrir a posteriori (a modo de Star Wars) un necesario preámbulo al viaje que emprendiéramos a través de la Red Hotelera Nacional, impulsada a mediados de los años 50 del siglo XX por la dictadura perezjimenista, que nos permitió mostrar, visitar y comentar las 12 piezas que la conformaron y que terminásemos de cubrir en el Contacto FAC nº 133 con el tercer texto dedicado al hotel Humboldt. Con ello queremos decir que Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista nos servirá para abrir desde ahora otra serie de notas que nos permitirán sentar las bases de lo que aquella experiencia significó, su vinculación con ésta última, si es que ello existió, y mostrar poco a poco las edificaciones que formarían parte de esta nueva saga.

ACA

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Portada del libro La real fuerza de Santiago de Araya de Graziano Gasparini

La real fuerza de Santiago de Araya

Graziano Gasparini

Editorial Arte

2019

Texto de la solapa del libro escrito por el autor

Investigar los motivos persuasivos que demanda la construcción de un monumento singular que dejó huellas en la historia y en la arquitectura de un país, resulta satisfactorio conocer las razones de su presencia y de sus características. Más aún cuando ese monumento fue casi ignorado por los historiadores que se dedicaron a investigar la historia de la arquitectura militar del Caribe y, posteriormente, a las fortificaciones concebidas por los Antonelli. El castillo de Araya (1604-1762), a pesar de ser una obra de Bautista Antonelli, pasó casi desapercibida por los historiadores.

Conocí las ruinas de Araya en 1952 y desde entonces advertí que se trataba de una “traza italiana”. Para esa fecha ya se sabía de varias obras de los Antonelli pero nadie conocía sus orígenes natalicios. Pasaron varios años de investigaciones hasta tener la seguridad que los Antonelli eran originarios de Gatteo en Italia. Así me lo confirmó el alcalde Mario Ornelli en una carta del 22 de septiembre de 1999. En efecto, encontraron en el archivo comunal un acta testamentaria del siglo XVII en la cual Juan Bautista dejaba una suma considerable para los pobres de Gatteo. Sin embargo, no sabían de sus actividades de ingeniero militar ni de sus obras realizadas en el Caribe. Suministré datos y fotos y eso contribuyó a divulgar “la saga de los Antonelli”.

El castillo de Araya tiene conceptos y características de la arquitectura militar abaluartada de Tardo Renacimiento. Personalmente considero que es el monumento más valioso del patrimonio histórico-arquitectónico del período colonial de Venezuela.

Nota

Desde su primer libro Templos coloniales de Venezuela (1959) hasta la presente obra, Graziano Gasparini (Gorizia, 1924), ha publicado sesenta libros sobre temas de arquitectura precolombina, formación urbana, restauración, arquitectura colonial venezolana y arquitectura civil, religiosa y militar de Iberoamérica.

ACA

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

La ciudad en el imaginario venezolano

IV: Del viernes negro a la Caracas roja

Arturo Almandoz Marte

Fundación para la Cultura Urbana

2018

Nota de prensa tomada de Prodavinci del 9/11/2018

La Fundación para la Cultura Urbana cierra el tercer trimestre del año con buenas noticias. La primera de ellas es la edición y lanzamiento de un cuarto tomo de la conocida y exitosa investigación que desde 2002 ha realizado Arturo Almandoz Marte desde la Universidad Simón Bolívar, con el apoyo de la FCU, La ciudad en el imaginario venezolano.

Siguiendo con el procedimiento y la ordenación de los tres libros anteriores de esta investigación –Del tiempo de Maricastaña a la masificación de los techos rojos (2002; 2009); De 1936 a los pequeños seres (2004) y, De 1958 a la metrópoli parroquiana (2009)–, esta cuarta parte, con prólogo de Ana Teresa Torres, identifica y articula los principales momentos del imaginario ensayístico y novelesco de autores venezolanos en los años 80 y 90 del siglo XX.

Un interesante recorrido lleva al lector desde el agotamiento de la Gran Venezuela y su paso de los años setenta hacia los ochenta, prefigurando el llamado Viernes Negro, como coordenadas históricas que abren el inquietante imaginario del primer capítulo, sobre los “malestares capitalinos”. La comedia humana que transita la muestra, principalmente narrativa, de la primera parte es completada en la segunda con el ensayo y la crónica que registran los irreversibles desequilibrios de la urbanización venezolana, sobre todo en lo atinente al desbalance entre cultura, civilización y memoria.

Tal como ha ocurrido en libros anteriores, una tercera parte se dedica al imaginario urbano venezolano siguiendo, por un lado, los itinerarios de los viajes y las migraciones internacionales –incluyendo Miami, por supuesto– y, por otro lado, a ciudades y comarcas del interior de nuestro país. Los capítulos finales –“Urbes fracturadas y violentas” y “Hacia la Caracas roja”– abren con las señaladas advertencias, que a partir del Caracazo de 1989, hicieran Uslar, Liscano y otros de los así llamados Notables sobre el inminente cataclismo político y económico, con sus nefastas consecuencias sobre las urbes ya fracturadas irreversiblemente. Encabezados por Ana Teresa Torres y Antonieta Madrid, Eduardo Liendo y Carlos Noguera, los novelistas dieron respuestas finiseculares a todo ese proceso, al reconstruir la memoria citadina a través de la urbanización de las parentelas que atraviesan el quinto capítulo. Destaca en este sentido el caso de Torres, cuya Malena, entre otras voces femeninas de El exilio del tiempo (1990), resuena como canto de cisne finisecular frente a la Maricastaña de Picón Salas, quien abriera el primer libro de esta investigación. Y como cierre de la trunca modernización nacional, pero a la vez como adelanto de las vicisitudes políticas y sociales por asolar al país en el siglo XXI –cuyo imaginario apenas asoma en este cuarto libro– el último capítulo vislumbra la Venezuela roja y revolucionaria.
En el prólogo a este libro, Ana Teresa Torres señala que Almandoz “trabaja con la parsimonia y la prolijidad del investigador para quien todo puede ser de interés para ampliar, circundar, iluminar el objeto propuesto, y así, con una prosa detallada (y elegante) va poco a poco penetrando en los terrenos que ha decidido urbanizar literariamente. Los nombres de ensayistas, novelistas, cuentistas y cronistas saltan entre las páginas componiendo el retablo de la escritura venezolana del último tercio del siglo XX, pero no a modo de panorama o de recuento sino de voces que hablan desde la ciudad, y asimismo la ciudad –la polis, podría decirse– habla desde ellos. No es un crítico literario reescribiendo la literatura venezolana, ni un experto en ciudades describiendo a Caracas, ni un historiador recontando los tramos de nuestro pasado, ni un sociólogo estudiando la venezolanidad. Es la labor de entretejido la que verdaderamente cuenta aquí.”

ACA

TEXTOS FUNDAMENTALES

Arquitectura y obras públicas en Venezuela. Siglo XIX

Leszek Zawisza

Ediciones de la Presidencia de la República

1988-89

La aparición en tres tomos, editados entre 1988 y 1989 por la Presidencia de la República, de Arquitectura y obras públicas en Venezuela. Siglo XIX, significó para Leszek Zawisza (1920-2014) la culminación de un proceso que como docente e investigador activo dentro del Sector de Historia y Crítica de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, lo llevó a ocupar un relevante nicho de dentro de la historiografía de la arquitectura venezolana.

Con esta obra Zawisza no sólo completó y organizó una valiosa información para entonces dispersa que dificultaba ver en su conjunto la arquitectura del siglo XIX venezolano, sino que afianzó un línea de trabajo que, como señala Alfonso Arellano en “Historiografía de la arquitectura venezolana. Arquitectura como arte” (revista Portafolio nº18, 2008), lo alejaba de posturas que valoraban la inspiración del arquitecto como artista que se revela tras la presencia de la idea de lo bello en el pasado construido que se examina, o de consideraciones históricas que buscaban transformar la realidad a partir del pasado o de una mítica autenticidad (o identidad) en la arquitectura venezolana, personificadas en las figuras de Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani, respectivamente. Por el contrario, afirma Arellano, “en la historia de Zawisza la noción de mímesis domina casi todas las descripciones de las edificaciones, tanto como considera la actuación de los arquitectos que las erigieron, progresando en la reproducción. No es casualidad, por tanto, que Zawisza examine el siglo XIX, la época del historicismo,

la era de la racionalización de la mímesis en la teoría y en la práctica de la arquitectura.”

Así, su visualización de la arquitectura como “arte realista”, su interés por “testimoniar y documentar la obra arquitectónica evitando toda crítica”, el acudir a la revisión de las fuentes documentales ya no “para examinar y aprehender los cambios sociales, políticos y económicos” o para “establecer o discutir sobre su significación”, sino para “reproducir las vicisitudes que condujeron hasta el objeto arquitectónico”, hacen de la tarea emprendida por Zawisza una labor que evade cualquier interpretación subjetiva y aspira a la neutralidad que ofrece la presentación pura y simple de los datos visibles encontrados.

Arquitectura y obras públicas en Venezuela. Siglo XIX, a lo largo de sus tres tomos, es, según Arellano, “el resultado de una rigurosa investigación histórica, basada en una metodología filologista, derivada genéricamente del positivismo del siglo XIX”, donde se “demuestra un minucioso trabajo de rescate, atribución y datación de información documental, gráfica y fotográfica sobre la arquitectura y la ingeniería del siglo XIX, así como de los eventos sociopolíticos que las rodean. Cubre una amplia gama de fuentes hemerográficas y bibliográficas localizada en diversos archivos, la cual traslada al escrito histórico ampliándola en forma de comentario, adecuadamente relacionándola o entrelazándola, pero dejando claro que ella debe hablar por si sola.”

La valorización del material auscultado revela a través de la publicación su ordenación secuencial por períodos históricos, comenzando en los últimos años del siglo XVIII hasta 1830, o período de transición (recogidos en el tomo 1 de 329 páginas), continuando con los años que van entre 1830 y 1869, desde Páez hasta la Guerra Federal (tomo 2, 379 páginas), hasta llegar, finalmente, al período de Guzmán Blanco (tomo 3, el más voluminoso, 461 páginas).

También recoge Arquitectura y obras públicas en Venezuela. Siglo XIX los frutos que Zawisza  sembró desde su incorporación a la planta profesoral de la FAU UCV en 1968 y de su trabajo entre 1979 y 1984 como Director del Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas -CIHE-, en sustitución de Graziano Gasparini, período en que dicho Centro “emprendió las importantísimas investigaciones ‘Vivienda Rural en Venezuela’, ‘Arquitectura y Obras Públicas en Venezuela, 1908-1935’ y el ‘Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Venezuela’, todas bajo su coordinación junto con el profesor Ciro Caraballo y un valioso grupo de jóvenes investigadores, formados bajo su guía académica”, tal y como apunta Juan José Pérez Rancel en la nota aparecida en el portal la revista Entrerayas el 6 de julio de 2014, dos días después del fallecimiento de Zawisza, quien se había residenciado en Italia desde 1989.

Tampoco es de menor monta el hecho de que Zawisza haya publicado, previamente a Arquitectura y obras públicas en Venezuela. Siglo XIX , como parte de una incesante calistenia: Alberto Lutowski: contribución al conocimiento de la ingeniería venezolana del siglo XIX (1980); La Academia de Matemáticas de Caracas (1980); y Colonia Tovar, tierra venezolana (1980) y, posteriormente, León Achiel Hoet, un ingeniero de la vieja Maracaibo (1989); y Breve historia de los jardines en Venezuela (1990), para cerrar con otra obra clave y absolutamente complementaria al texto que hoy nos ocupa: La crítica de la arquitectura en Venezuela durante el s. XIX (1998). También es importante el aporte realizado a través de los artículos que publicó en el Boletín del CIHE, la revista CAV y la editorial FUNDARTE pero resalta, particularmente, la edición del nº 59 de la revista Punto dedicada la “La Ciudad Universitaria de Caracas” donde bajo su coordinación se llevó a cabo un riguroso e impactante registro de la situación de deterioro de la Ciudad Universitaria, veinte años antes de que fuese declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO.

Dominada en su gran mayoría por ingenieros-arquitectos, para Zawisza las obras  realizadas durante el siglo XIX en Venezuela “… no tienen ningún soporte teórico y en su base ninguna corriente cultural propia”, subrayando el hecho, resaltado por Arellano, de no encontrar ideas en el objeto. Se asume así una polémica postura (propia de la ideología del progreso, la ciencia y la técnica positivista) según la cual dichos objetos son lo que son “sin que haya que buscar significados más allá de su obvio y específico papel instrumental para la imagen del régimen de turno”, quedando despojados de la poética propia de los arquitectos, quienes además para Zawisza “no lograron lo que podría llamarse una escuela o corriente”, quedando reducidas las obras “tan sólo a una reproducción pragmática de modelos a partir de determinadas condiciones financieras, promotoras y técnicas, pero sobre todo políticas”. La ausencia de una poética en la arquitectura venezolana del siglo XIX, tesis desarrollada por Zawisza en La crítica de la arquitectura en Venezuela durante el s. XIX (1998), nos permite toparnos, no sólo con una justificación de la postura historiográfica asumida en Arquitectura y obras públicas en Venezuela. Siglo XIX, sino con la oportunidad de problematizar la tendencia superficial e imitativa que siempre nos ha acompañado y de preguntarnos si la carencia de una base teórica y de un trasfondo cultural, también presentes en lo que construía por aquel entonces, aún perdura.

ACA