Nada fuera de lo común / Encuentro y descubrimiento en La Palomera
enlacefundación & Ciudad Laboratorio invitan al octavo encuentro del programa «Integración en Proceso Caracas» para el cual estarán habilitando, a través de interacciones, fusiones y coreografías, un lugar que ha estado en desuso por mucho tiempo para imaginar en qué pudiese convertirse.
La invitación es a encontrarse en un espacio que es de todos, que convenientemente está en esa frontera invisible que tanto han insistido en borrar. El sábado 12 de octubre la cita es en la Casa de Todos de Baruta con el evento «Nada fuera de lo común / Encuentro y descubrimiento en La Palomera», para poner en evidencia que el espacio se convierte en lo que queramos a través del uso. Entre el casco de Baruta y el barrio La Palomera se abrirá un lugar para disfrutar, bailar, comer, reflexionar, imaginar, descubrirnos y reconocernos.
Se tendrá una programación variada, proyecciones, música y baile, además la comunidad estará ofreciendo un sancocho y muchas otras cosas para beber y comer. Habrá punto de venta y pago móvil para cancelar.
Como de costumbre se ofrecerá el servicio de transporte desde plaza Francia de Altamira hasta plaza Bolívar de Baruta. Para reservaciones usar el correo: info@enlacearquitectura.net
El arquitecto venezolano, Maximilian Nowotka, ha sido el único venezolano – en esta ocasión – en ser invitado a participar en la 12ª Bienal Internacional de Arquitectura de São Paulo, que se inaguró el martes 10 de septiembre en Brasil y estará hasta el próximo 8 de diciembre. Nowotka con su proyecto Diario / Daily, forma parte de la exposición principal de la Bienal “Arquitecturas diarias” en el Centro Cultural São Paulo.
El evento muestra proyectos de arquitectura, urbanismo, instalaciones, fotografías, publicaciones y videos de 70 arquitectos y oficinas de arquitectura de más de 20 países que tratan de reimaginar cómo la vida cotidiana da forma al mundo
La duodécima edición de la Bienal Internacional de Arquitectura de São Paulo propone que profesionales y público en general reflexionen sobre la vida cotidiana, la dimensión más trivial de la realidad en la arquitectura y el entorno construido del siglo XXI.
El proyecto venezolano, Diario / Daily, es un relato de lo que sucede día a día. Busca documentar mediante dibujos, gráficos, conversaciones, documentos de obra, fotografías y otros soportes, las reinterpretaciones de lo cotidiano desde cuatro ejes fundamentales: la obra construida, el anteproyecto, el concurso público y el auto-encargo especulativo.
A modo de cuadernos, cada uno de ellos muestra historias que documentan procesos, ideas y narraciones de la cotidianidad diversa, desde lo banal y lo ordinario, lo simple y lo nostálgico, hasta lo técnico y lo habitado.
Cada diario compromete y pone en crisis las formas convencionales de mostrar un proyecto, evidencia las relaciones y condiciones de cada tipo de ejercicios a los que normalmente está sometido un arquitecto en su práctica.
La propuesta curatorial de la 12ª Bienal Internacional de Arquitectura de São Paulo (12ª BIA), bajo el título TODOS LOS DÍAS/EVERYDAY, propone destacar el protagonismo de la vida cotidiana, la dimensión más trivial de la realidad, en la arquitectura y el urbanismo en el siglo XXI. El poder discreto de la vida cotidiana radica en su capacidad para traducir la forma en que vivimos, usar los recursos naturales y mantener el espacio en prácticas comunes que hacen que el proyecto sea algo relevante y una preocupación compartida, dicen los curadores de esta edición. La 12ª BIA consta de dos exposiciones que ocupan dos edificios manifiestos de la vida cotidiana de São Paulo:
TODOS LOS DÍAS en Sesc 24 de mayo (2017, Paulo Mendes da Rocha y MMBB), del 10 al 29 de septiembre de 2019, y
ARQUITECTURAS DE LA VIDA COTIDIANA, en el Centro Cultural de São Paulo (1982, Eurico Prado Lopes y Luiz Telles), del 13 de septiembre al 8 de diciembre de 2019.
… que en 1987, en los espacios del Museo de Bellas Artes (MBA) de Caracas, se llevó a cabo la VIII Bienal Nacional de Arquitectura?
Cuando aquel año el Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV) -presidido por Italo Balbi- junto al Ministerio de Estado para la Cultura a través del Consejo Nacional de la Cultura (CONAC) -con Paulina Gamus a la cabeza de ambas entidades- y el Concejo Municipal y la Gobernación del Distrito Federal a través de la Fundación para el Desarrollo de las Artes (FUNDARTE) -siendo Miguel Ángel Contreras Laguado gobernador y a la vez presidente encargado de la Fundación-, convocan a participar en la VIII Bienal Nacional de Arquitectura, se estaban conmemorando el XXV aniversario de la creación de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Los Andes (ULA), el centenario del nacimiento de Le Corbusier y se entraba en el año en que se celebraría el cincuentenario del Museo de Bellas Artes de Caracas que tenía en ese momento a Oswaldo Trejo como director.
Se trataba del octavo llamado en 24 años de un evento que se supone debía ser cada dos, lo cual habla a las claras de una intermitencia que luego incluso se agudizará. También marca esta Bienal un punto de inflexión en cuanto a la manera y significado que tendrá el ser distinguido con el Premio Nacional de Arquitectura, es decir, desde 1963 hasta 1987 la selección del mejor edificio u obra le daba automáticamente a su autor o autores el Premio, pasando a partir de este momento a ser otorgado el mismo, anualmente, a través del CONAC a fin de equiparar el reconocimiento a la Arquitectura como expresión artística y cultural (junto a las Artes Plásticas, la Fotografía, el Cine, la Danza, la Literatura, el Teatro, la Música, las Humanidades, los Saberes Tradicionales y la Artesanía), premiándose de esta manera una trayectoria y no un elemento o hecho puntual. Las Bienales a partir de la IX se empezaron a caracterizar por el otorgamiento de un Gran Premio a la mejor obra del conjunto seleccionado para la ocasión por un calificado jurado.
Así pues, este último eslabón del que podríamos llamar como primer ciclo a cargo del CAV, retomó la sana costumbre de realizarse después de una suspensión de siete años (desde 1980) y tuvo como tema “La arquitectura del Lugar”. Se montó en tres meses y superó los 160 trabajos aceptados, lo cual indica que el tiempo transcurrido operó como una represa que al fin abrió un aliviadero. Se modificaron las bases de confrontación y a las categorías habituales (Arquitectura Urbana, Vivienda Multifamiliar, Vivienda Unifamiliar, Vivienda y Obra de Interés Social y Arquitectura Paisajista amén de los premios Metropolitano y los Regionales), se sumaron distinciones que abarcaron todos los campos donde la arquitectura se desarrolla, reconociéndose la Restauración y Conservación, el Reciclaje y Acondicionamiento de Edificios, la Docencia, la Investigación y la Crítica e Historia.
Como bien señala Shully Rosenthal, presidente de la VIII Bienal, “más que un evento de promoción a los mejores trabajos en cada renglón, (lo mostrado) en esta oportunidad trasciende del ámbito de los Arquitectos y se muestra al público en general, como el esfuerzo que a diario realizamos en esta actividad creadora de los espacios donde el hombre se desenvuelve, visualizando en esta muestra de la Arquitectura de los años 80 la recuperación del espacio urbano, la importancia adquirida por el peatón, el nuevo sistema de transporte dentro de la ciudad, la búsqueda de nuevas soluciones tecnológicas de fuerte contenido formal, un adecuado conocimiento del contexto, la mejor interpretación a los problemas ambientales, las condiciones plásticas, todo esto conjugando y configurando nuestro paisaje cultural.”
Al revisarse todos los factores que incidieron en el llamado y montaje del acontecimiento, podría perfectamente decirse que se convirtió en el escenario que permitió ver, analizar y presentar la arquitectura venezolana de toda una década, momento en que el rescate del tema del lugar ocupaba un sitial predominante en el debate arquitectónico latinoamericano y donde asuntos como la identidad se convertían junto a él en punta de lanza desde los Seminarios de Arquitectura Latinoamericana (SAL). También le permitió a William Niño Araque, a la sazón curador de la exposición, continuar desarrollando tópicos que poco a poco le permitieron configurar una especie de plataforma desde la cual efectuar una posible lectura de lo más significativo. O, en otras palabras, seguir ejercitándose en una especie de gimnasia crítica que le permitía hablar con mayor insistencia de “La ciudad recobrada” (título del ensayo central del extenso y muy bien documentado catálogo del evento, cuya impecable publicación fue coordinada por Martín Padrón), y con ello de la Bienal como escenario de encuentros, la arquitectura como arte, el valor recobrado para el juicio estético y la consideración de la forma y sus amarres simbólicos para finalmente declarar que si durante la década de los años 70 se podía hablar de una “posible” Escuela de Caracas, en la de los 80 ya se vislumbra una alternativa que “al ‘Potenciar’ los instrumentos propios del conocimiento arquitectónico (permite) identificar durante los últimos años, una línea crítica y reflexiva que no pretende agotarse en los límites de un trabajo concreto, sino que aspira a introducir los factores espaciales en el marco más general de un reflexión sobre la identidad artística y los propios instrumentos que la arquitectura puede desarrollar.”
Así, para Niño Araque serían de destacar un grupo heterogéneo y dispar de obras “que enmarcan la producción estéticamente más interesante de cuanta se ha producido en el ámbito profesional de la última década. Con una proximidad a lo que en el resto de la experiencia plástica han sido las corrientes del minimalismo, el conceptualismo o la post-figuración, el proyecto para la nueva sede de la Galería de Arte Nacional, las estaciones del Metro de Caracas, el Edificio de la Electricidad de Caracas, la proposición para el ‘Foro Libertador’, el ejercicio ideado para la ‘Catedral del Agua’ en Ciudad Guayana, la Plaza Bicentenario o el Monasterio de Güigüe, Estado Carabobo, son algunas de las realizaciones o proyectos que van más allá del trabajo bien hecho a partir de la contradicción entendida entre la arquitectura y la creación estética en general producida en nuestra sociedad consumista y poco informada.”
Premio Nacional de Arquitectura otorgado en la Bienal de 1987 al Metro de Caracas y al arquitecto Max Pedemonte por la obra realizada por la División de Arquitectura de ese organismo que Pedemonte denominó como «Rutas Paralelas»
En virtud de la vasta amplitud de la muestra, la decisión del jurado seleccionado para otorgar el Premio Nacional en esta ocasión, integrado por los arquitectos José Miguel Galia, Leszek Zawisza, Fruto Vivas, Gustavo Legóburu y Celina Bentata, no fue sencilla de tomar. Sin embargo, con plena justicia, la máxima distinción se le dio al Metro de Caracas y al arquitecto Max Pedemonte por la obra realizada por la División de Arquitectura de ese organismo premiando lo que Pedemonte denominó como las “Rutas Paralelas”, el conjunto de operaciones realizadas para construir y complementar la infraestructura peatonal a lo largo de las rutas del sistema de transporte subterráneo. Como ya adelantamos, correspondiendo a una segunda etapa desde que el Premio Nacional lo empieza a otorgar el CONAC, la IX Bienal se realizó en 1998, la X en 2001, la XI en 2014, la XII en 2016 y la XIII en 2019, es decir, 5 eventos en 32 años superándose con creces la falta de periodicidad mostrada durante los primeros 8 llamados. Las causas para que ello haya ocurrido y las consecuencias que ha traído pueden muy bien ser motivo de otra nota que las analice.