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¿SABÍA USTED…

… que en 1961 se diseña y en 1962 se construye el Parque Miranda, Municipio Sucre, Caracas?

1. Parque Miranda (c.1962). Cafetín y sanitarios de la zona deportiva.

El crecimiento urbano de Caracas hacia el este durante las primeras décadas del siglo XX, que en 1934 quedó claramente plasmado en el hermoso “Plano de Caracas y sus alrededores” de Eduardo Röhl, ejemplifica como pocos la transformación de las haciendas que ocupaban esa parte del valle en urbanizaciones que, a modo de eslabones de una cadena, fueron apareciendo enlazadas por el camino que conectaba el casco central con Petare y que en 1947, en el tramo entre Sabana Grande y Los Palos Grandes, dio origen a la Carretera del Este.

2. Captura parcial del «Plano de Caracas y sus alrededores» de Eduardo Röhl (1934).
3. Detalle del «Plano de Caracas y sus alrededores» de Eduardo Röhl (1934) con la ubicación de la Hacienda San José.

En el plano de Röhl puede notarse justo al sur de Sebucán, entre el camino y el Guaire, la vasta extensión de terreno que ocupaba la Hacienda San José, propiedad de la familia del escritor Manuel Díaz Rodríguez dedicada al cultivo de café y caña de azúcar, lugar que sería expropiado mediante decreto del 19 de mayo de 1950 para ser destinado a la construcción de un gran parque para la ciudad.

4. Parque del Este. Plano preparado por Roberto Burle Marx y su equipo para ser presentado en la V Bienal de San Pablo, la cual se llevó a cabo en 1959. La franja ubicada al norte, separada por la avenida Francisco de Miranda, que luego se convertiría en el Parque Miranda se encuentra comunicada con el Parque del Este por un puente y se ve trabajada con criterios similares a éste en cuanto a su diseño.
5. El Parque del Este en el centro, el Museo del Transporte al este y el Parque Miranda al norte.

La inauguración en 1954 de la avenida Francisco de Miranda sobre el trazado de la antigua Carretera del Este, alargando su extensión original desde Los Palos Grandes hasta Petare; en 1955 de la prolongación de la Autopista del Este (abierta en 1953) entre La Carlota y La California Sur, y luego su correspondiente conexión con la Francisco de Miranda; y la apertura a comienzos de los años 1960, de la avenida El Samán (hoy Rómulo Gallegos), que uniría Los Palos Grandes con La Urbina, dejarían demarcado el terreno que se destinarían al Parque del Este (82 hectáreas al sur de la Francisco de Miranda hasta la autopista y al este de La Floresta hasta la conexión entre la Miranda y la autopista), quedando a la deriva dos franjas residuales: la comprendida entre la conexión autopista-Av. Miranda y la quebrada Agua de Maíz; y la ubicada entre la Miranda y la avenida El Samán desde la intersección de ambas hasta la quebrada. La primera, de aproximadamente 2 hectáreas, ocupada inicialmente por talleres y depósitos del Ministerio de Obras Públicas (MOP), terminaría albergando en sus galpones desde 1970 al Museo del Transporte. La segunda de aproximadamente 7 hectáreas, usada como apoyo a la construcción del Parque del Este y luego abandonada, daría origen al proyecto del “Parque Miranda” al cual dedicaremos la presente nota.

6. Parque Miranda (1961-62). Planta general de anteproyecto.

Así, producto de una estrecha colaboración que se daría entre la Ingeniería Municipal y Obras Públicas Municipales del Distrito Sucre del estado Miranda y la División de Obras Especiales del Ministerio de Obras Públicas (MOP), el diseño y construcción del Parque Miranda, respondería a la necesidad de rescatar unos terrenos que entre 1952 y 1961, luego de delimitar el Parque del Este, definir el trazado de la Av. Miranda y construirse la Av. El Samán, se habían convertido en “basurero público no autorizado y refugio de maleantes”.

Las aproximadamente 7 hectáreas objeto de la intervención, con una longitud de 850 metros lineales y un promedio de ancho de 65 metros, fueron proyectadas por el equipo integrado por los arquitectos Julio Coll Rojas y John Machado, el arquitecto paisajista Eduardo Robles Piquer, el ingeniero agrónomo William Rojas y el ingeniero civil Enrique Samaniego.

7. Parque Miranda (1961-62). Planta general definitiva.

De la detallada descripción titulada “El Parque Miranda o un trabajo en equipo”, publicada en la Revista SVA, nº6 junio-julio 1962, se desprende que “la topografía presentaba accidentes, pero de poca magnitud” y que “la vegetación era abundante hacia el Oeste, nula en su centro y escasa hacia el Este”.

Con las determinantes provenientes de la ubicación y características del lote, “el planteamiento que privó en el grupo, fue el que partía del principio que, teniendo como vecino inmediato al Parque Nacional del Este, cuya característica es semipasiva, se debía proyectar un parque cuya actividad fuese sumamente activa, o sea, un parque donde se puedan hacer deportes, competencias deportivas y grandes áreas destinadas a parques infantiles”.

8. Parque Miranda (1961-62). Zonificación definitiva.

El terreno, que se vio afectado en su lindero norte por la previsión de ensanche de la avenida El Samán, restándole 11 metros a todo lo largo y una disminución de alrededor de 10.000 m2, fue sectorizado en cinco zonas que guiaron su programación definitiva: una deportiva, una para juegos infantiles, una plaza, pasos peatonales y otra para estacionamiento.

Tomando en consideración la importancia de interconectar peatonalmente la zona residencial ubicada al norte en la avenida El Samán con la avenida Francisco de Miranda (eje predominante en cuanto al flujo de transporte colectivo), se decidió proponer dos pasos: uno a la altura de la urbanización Sebucán y otro frente a la urbanización Santa Eduvigis, que serían utilizados para la demarcación de las zonas del parque. “Estos pasos estaban trazados pues ya los habían delimitado los peatones dentro de aquel matorral y basurero…”, señalarán los proyectistas en su memoria.

9. Parque Miranda (c.1962). Zona de juegos infantiles.

Así, al extremo oeste, entre la intersección de las avenidas Francisco de Miranda y El Samán y el pasaje Santa Eduvigis, se desarrollaría una plaza o “zona de descanso para adultos” aprovechando la existencia de un estanque que sirvió de almacenamiento de agua, creándole niveles inferiores y sumándole una buena iluminación junto a bancos donde sentarse.

Moviéndonos hacia el este, entre el paso peatonal de Santa Eduvigis y el de Sebucán, se ubicó la “zona de juegos infantiles” en concordancia con la abundante vegetación existente. Bordeada por una malla metálica que permitía el acceso desde los pasos peatonales, en medio del trazado sinuoso de la caminería diseñada por Robles Piquer para salvar árboles de valor, se colocaron grupos de trapecios, toboganes, sube y baja, túneles y de máquinas pesadas en desuso, acompañados de dos cafetines y kioskos abiertos para la protección del agua y el sol. También se previó reforestar para aumentar la sombra.

10. Parque Miranda (c.1962). Cafetín y sanitarios de la zona de juegos infantiles.
11. Parque Miranda (c.1962). Juego infantil construido a bese de troncos de árboles hallados en el sitio.

Entre el paso peatonal de Sebucán y el límite al extremo este (la quebrada de Agua de Maíz), el sector menos arbolado y de mayor superficie, se ubicó la “zona deportiva”. Bajo criterios que respetaban la correcta orientación, generando un sistema de caminerías que los interconectaban, proveyéndolos de un adecuado sistema de iluminación nocturna, separándolos de la calle con una cerca metálica y sembrando una importante cantidad de árboles “netamente criollos”, fueron distribuidos de oeste a este: un campo para juego de béisbol infantil y sóftbol (en la zona del terreno donde no existía ningún árbol); tres canchas reglamentarias de baloncesto; tres canchas reglamentarias de voleibol; una cancha con dos cestas para practicar baloncesto y, en el extremo sureste, cuatro canchas gigantes de bolas criollas. Además, el área fue dotada de vestuario con duchas y sanitarios para damas y caballeros; cafetín con sanitarios para damas y caballeros y una casa para para el guardián del parque.

12. Parque Miranda (c.1962). Izquierda: Brocal de concreto a ras de tierra con secciones de tubos de asbesto de 2, 3 y 4 pulgadas alternadas con viguetas de monte. Derecha: Canchas para el juego de bolas criollas. Brocales de concreto con viguetas de monte embutidas.

Finalmente, como un cuerpo extraño dentro de la trama se insertó, con acceso desde la avenida El Samán, entre el parque infantil y el campo de béisbol, limitado por el paso peatonal de Sebucán, un estacionamiento con capacidad para 150 vehículos. “Aprovechando que esta zona está a nivel de las avenidas se colocaron allí dos diseños de muros en los cuales va puesto el nombre de ‘Parque Miranda’ y un asta de bandera de 30 metros de alto”, acotarán los diseñadores.

13. Parque Miranda (c.1962). Izquierda: Laberinto de escaleras tubulares policromadas. Derecha: Escalera construida con secciones de troncos.

En resumen, el proyecto definitivo que guio la construcción contempló: 28.000 m2 para la Zona Deportiva; 18.000 m2 para la Zona de Juegos Infantiles; 3.000 m2 para la Zona de Plaza; 1.500 m2 para las Zonas de Pasos Peatonales; y 4.500 m2 para la Zona de Estacionamiento, dando un total de 55.000 m2 en los que se aprovechaba la totalidad del terreno disponible.

Ante la proximidad de la temporada de lluvias correspondiente al año 1962 y con base en un estricto cronograma de obras, el parque se construyó en tan sólo 38 días.

14. Parque Miranda (c.1962). Ambiente techado. Piso de canto rodado y baldosas circulares de diferentes diámetros prefabricadas en sitio.

Una vez abierto y puesto en funcionamiento el parque incorporó al sector una considerable vitalidad producto del rescate de una zona en deterioro que se destinó a un uso público, con base en un proyecto realizado sin alardes, basado en la racionalidad, recurriendo al uso de materiales nobles y accesibles, transitable de punta a punta y que tuvo en el respeto a la vegetación existente y la reforestación sus objetivos primordiales.

15. Vista general del Parque Miranda en 1963. En primer plano el campo de béisbol infantil/sóftbol, luego el paso peatonal Sebucán, después el estacionamiento y al fondo la arbolada zona infantil.

Veinte años mantuvo el lugar su fisonomía original teniendo que soportar la falta de mantenimiento y el correspondiente deterioro propio de nuestras obras públicas. Sería a comienzos de los años 1980 cuando a lo anterior se sumaría la canibalización progresiva de las áreas que originalmente conformaban el parque hasta llegar al lamentable estado en el que hoy se encuentra.

16. Vistas exteriores del Gimnasio “José Joaquín ‘Papá’ Carrillo”.
17. Vista aérea reciente de la esquina sureste del Parque Miranda con la Plaza Miranda y el Millenium Mall a continuación.

El primer zarpazo le sería dado al decidirse la ubicación en lo que fue la zona deportiva del Gimnasio “José Joaquín ‘Papá’ Carrillo”, construido para albergar la disciplina del voleibol de los IX Juegos Deportivos Panamericanos de 1983. Con capacidad para 3.500 espectadores y sin contar con áreas de estacionamiento, el impacto que trajo a la zona, convertido luego en sede de un equipo profesional de baloncesto, ha sido altamente negativo. Adicionalmente, en el extremo este fue construida una edificación en la que la municipalidad ofrece un servicio de salud.

18. Vistas de la piscina «Alberto Figueredo».
19. Vista aérea del “Complejo Deportivo Parque Miranda”.

De 1983, formando parte de las obras para los Panamericanos, data la construcción de una piscina olímpica, conocida oficialmente con el nombre de “Alberto Figueredo”, en el lugar donde antes se ubicó el estacionamiento. La piscina, el gimnasio y el campo de béisbol infantil/sóftbol (única pieza sobreviviente del proyecto original junto al paso peatonal de Sebucán) llevan hoy el pomposo nombre de “Complejo Deportivo Parque Miranda”.

Otra nefasta intervención la constituye la construcción entre el gimnasio y el parque de béisbol infantil/sóftbol de un galpón que eventualmente funge de mercado.

20. La estación Parque del Este (hoy Miranda) vista desde la avenida Rómulo Gallegos.
21. Vista desde el oeste del Parque Miranda hoy con la estación Parque del Este en primer plano.

Situándonos ahora en el extremo oeste, otro significativo impacto se produjo al construirse en 1988 la estación Parque del Este (hoy Miranda) de la Línea 1 del Metro de Caracas sobre parte de lo que era la zona infantil. Por tratarse de una de las estaciones de mayor tamaño con una marcada presencia superficial, se procedió a eliminar toda la arborización existente lo cual se terminó de consumar al construirse más hacia el este una escuela (donde antes hubo un preescolar armónicamente integrado al lugar) y un cuartel de guardaparques, de escasa calidad arquitectónica que nada ofrecen a la ciudad.

22. Vista desde el norte del campamento abandonado por Odebrecht en lo que era la zona infantil del Parque Miranda.
23. Vista aérea del campamento abandonado por Odebrecht en lo que era la zona infantil del Parque Miranda.

Pero la estocada final a la zona más arbolada del antiguo parque se produjo en 2014 cuando la firma Odebrecht instaló allí el campamento de construcción y la fosa de la estación Miranda II, una obra que forma parte de la Línea 5 del Metro de Caracas y que se encuentra actualmente paralizada. La obra, rodeada por una pared de concreto y cercas metálicas, que solo alcanzó un 54% de ejecución antes de ser abandonada, conllevó la tala de aproximadamente 400 árboles y la desaparición de toda la fauna que allí habitaba. María Isabel Peña, apreciada profesora y vecina de la zona nos ha manifestado que junto a Diana Fernández y John Stoddart lograron documentar el ecocidio e hicieron una propuesta de reforestación (8 árboles por cada uno de los talados), que Odebrecht se comprometió a ejecutar sin cumplir su ofrecimiento, engañando por completo a toda la comunidad circundante.

24. Imagen comparativa de la planta general definitiva del proyecto del Parque Miranda de 1962 (arriba) y una vista aérea reciente. Sólo sobreviven el campo de béisbol infantil/sóftbol y el paso peatonal de Sebucán.

Por si lo anterior fuera poco, el borde sur del parque sobre la avenida Francisco de Miranda y a lo largo de su frente con el Parque del Este, se ha convertido en una parada longitudinal de autobuses que hacen rutas urbanas e interurbanas. También, sobre lo que hoy es la avenida Rómulo Gallegos, María Isabel nos comentó: “El campo de béisbol es muy activo, ¡la gente ve los juegos recostada de la reja y de sus automóviles estacionados en el borde y además tomando cerveza que venden en los comercios del edificio que está enfrente …!”. Además, que “hay otra cosa interesante: de un lado del campo de juego y lindando con el estacionamiento de la piscina hay un pasaje con un kiosko de mucho éxito y donde se reúne gente … A lo largo del muro altísimo levantado por Odebrecht con unos murales pobrísimos, recientemente aparecieron kioskos que ocupan casi toda la acera (uno de chicha muy exitoso) y al lado de los guardaparques un camioncito viejo pintado de negro con terraza en el techo… vende cochino en todos los formatos y tiene hasta acomodadores de puestos para los carros … ¡Todo un eje de entretenimiento pues …!”.

Claro ejemplo que un pedazo de ciudad rescatado en su momento de la desidia y que el tiempo ha hecho que aparezca de nuevo bajo otro formato, el Parque Miranda muestra hoy la cara de un territorio fronterizo anarquizado y degradado que pide a gritos un rescate que le devuelva la dignidad con la que por muchos años acompañó a su noble vecino el Parque del Este.

ACA

Procedencia de las imágenes

1 y 6-14. «El Parque Miranda o un trabajo en equipo». Revista SVA, nº6 junio-julio 1962.

2 y 3. Irma De Sola Ricardo. Contribución al estudio de los planos de Caracas, Ediciones del Comité de obras culturales del Cuatricentenario de Caracas, 1967.

4. Fernando Tábora. Dos parques. Un equipo, 2007.

5, 19 y 23. Capturas de Google Earth.

15. Venezuela te extraño (https://www.facebook.com/venezuelatextra/photos_by)

16, 18 y 24. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.

17. Wikipedia. Los Dos Caminos (https://es.wikipedia.org/wiki/Los_Dos_Caminos)

20 y 21. Conacero (https://conacero.com.ve/py/estacion-de-metro-parque-del-este/)

22. Cortesía de María Isabel Peña.

¿SABÍA USTED…

… que en 1993 se concluye el proyecto y se inicia la construcción del Centro Ambiental de Venezuela, ubicado en El Helicoide?

1. El Helicoide: Centro Ambiental de Venezuela.

Cuando en otras tres ocasiones desde estas páginas hemos tocado el “tema Helicoide”, hemos tenido ocasión de mostrar la manera en que la impactante y monumental estructura siempre ha estado en la mente de quienes, desde funciones de gobierno, han buscado aprovecharla tan pronto cesó su construcción en 1961 tras haber alcanzado el 90% de avance. Desde su concepción inicial como “Centro Comercial y Exposición de Industrias”, hasta la oprobiosa y contradictoria función “penitenciaria-judicial-educacional” que alberga el día de hoy, se ha buscado destinarlo a una llamativa diversidad de usos, unos con mayor y otros con menor nivel de concreción tanto proyectual como constructiva, pero todos con igual nivel de fracaso y frustración en cuanto a su feliz finalización.

2. Izquierda: El Portachuelo visto desde la Roca Tarpeya, lugar donde se construirá El Helicoide. Derecha: Vista aérea de El Helicoide en plena construcción.
3. Vista aérea de El Helicoide (c.1985).

Sólo a modo de repaso, recordemos que El Helicoide fue una iniciativa de carácter privado que tuvo en el arquitecto Jorge Romero Gutiérrez su principal ideólogo y promotor, siendo acompañado en la ejecución del proyecto por los también arquitectos Dirk Bornhorst y Pedro Neuberger. Según los datos aparecidos en la revista Integral (otra iniciativa de Romero) en su nº 5, diciembre 1956, El Helicoide se gesta tras la idea de tallar un pequeño cerro denominado la Roca Tarpeya, ubicado al sureste del casco central de Caracas (sector El Portachuelo), de 101.940 m2 de los cuales 29.192 m2 se destinaron a vías y espacios verdes, y el resto 72.748 m2 a su construcción, siendo 46.715 de ellos dedicados a locales comerciales y exposición de industrias, 8.445 a bienes comunes y 17.588 “a la construcción actual o futura de entrepisos o mezaninas en los locales que sobrepasen el 50% computables”. Además, existían 17.000 m2 destinados a estacionamientos y aceras cubiertas. En resumen, la edificación se ubicó en el 50% del área del lote y se construyó con base en el 100% de su superficie.

Finalizado el proyecto en 1956 se inicia su construcción en 1957 con el capital producto de la preventa inicial de sus espacios, y luego de cuatro años de trabajos ininterrumpidos, El Helicoide se paraliza definitivamente una vez que se ralentiza el ritmo de la obra en 1958 con la caída de la dictadura de Pérez Jiménez, y no logran cristalizar las múltiples negociaciones entre los promotores, el Gobierno Nacional y los entes económicos financistas.

4. En 1979 el Helicoide pasó a convertirse en «refugio provisional» para damnificados por las lluvias, siendo hacinadas casi 10.000 personas dentro de contenedores en sus rampas, pernoctando 3 años sin las más elementales condiciones.

Asociado equivocadamente a la dictadura perezjimenista, la cual no colocó ni un céntimo en su desarrollo, pero se benefició de su imagen de avanzada y de su sorprendente audacia, aquello que se consideró desde entonces como un “elefante blanco”, empezó tan temprano como 1966 a servir de refugio a damnificados causados por las lluvias, situación que se repitió en 1971 con la colocación de viviendas tipo trailers y se agudizó entre 1979 y 1982 cuando la estructura llegó a estar ocupada por 1.860 familias y unas 9.300 personas.

Entretanto, en 1969 el MOP propone sustituir el uso comercial original del Helicoide por oficinas públicas, centro de estudios y adiestramiento del IVSS y del INCE. En 1971 se presenta la posibilidad de convertirlo o bien en el Centro Nacional de la Cultura, que agruparía todas las instituciones y escuelas de arte dispersas por la capital, o bien en un centro industrial formado por pequeñas industrias y exhibiciones. De 1972 es la fugaz idea, manifestada por la Dirección Nacional de Identificación y Extranjería, de convertir El Helicoide en un centro que prestara servicios de migración y de convertirlo en un terminal de salida de pasajeros que viajarían por avión desde Maiquetía.

5. Propuesta de la Oficina de Arquitectura Oscar R. Tenreiro Degwitz. El Helicoide sería la sede de la Biblioteca Nacional, el Archivo General de la Nación, la Imprenta Nacional, el Museo de Historia y el Museo de la Ciencia y de la Técnica.

En 1971, a solicitud del Centro Simón Bolívar, la Oficina de Arquitectura Oscar R. Tenreiro Degwitz propone El Helicoide como sede para la Biblioteca Nacional a la cual se sumarán el Archivo General de la Nación, la Imprenta Nacional, el Museo de Historia y el Museo de la Ciencia y de la Técnica. Se programan las necesidades de todas las instituciones (las de los museos prácticamente se inventan), se presentan hasta tres ideas para lograrlo, y se avanza en el desarrollo de una cuarta llegándose a niveles de anteproyecto. Esta iniciativa, una de las más completas de las que se han presentado para rescatar el polémico edificio, fue interrumpida por el nuevo gobierno electo luego de las elecciones de 1973.

6. «Nuevo Helicoide Caracas». Grupo Tekto (Carlos Celis Cepero y Ana Teresa Caraballo-Gramko de Celis Cepero).

En 1975 mediante Decreto de expropiación se autoriza al recién creado Instituto Nacional de la Vivienda (INAVI) la adquisición de los bienes afectados y se encarga el proyecto “Nuevo Helicoide Caracas” al Grupo Tekto (Carlos Celis Cepero y Ana Teresa Caraballo-Gramko de Celis Cepero), quienes solicitan la asesoría de los autores del proyecto original y proponen mantener el uso inicial de centro comercial, ampliando los porcentajes de construcción a cien mil metros cuadrados incorporando un gran hotel en forma de torre cilíndrica y otros cuerpos rentables. De 1977 es la idea que contemplaba la creación del Centro Latinoamericano para la Investigación del Arte y la Cultura con su respectiva galería de arte, talleres, biblioteca y salas de conferencia contando con un complejo de plazas y bulevares representativos de la identidad venezolana, en la que participaron de nuevo Carlos Celis Cepero y Ana Teresa Caraballo-Gramko de Celis Cepero ahora acompañados de un grupo de importantes artistas plásticos. En 1981 se anuncia que el edificio sería convertido al año siguiente en un majestuoso mercado donde también habría helipuerto y restaurantes y en 1982 se propuso convertirlo en la sede del Congreso Nacional.

Pero no es sino hasta 1982 que El Helicoide llega a ser desalojado completamente en seis meses gracias a la presión ejercida por el “Comité de rescate del Helicoide”, luego “Proyecto Helicoide”, coordinado por Sonia Miquilena de Cárdenas, quien propone convertirlo en una “ciudadela cultural”. Entregado en comodato a la Gobernación del Distrito Federal, en 1983 se anuncia la construcción de la primera etapa de dicha “ciudadela” (proyectada por el arquitecto Ralph Erminy), lográndose sólo rescatar y ubicar en su lugar el domo geodésico de Buckminster Fuller (almacenado en cajas desde 1957) para albergar actividades culturales.

Acto seguido, una comisión presidencial después de sesudos estudios recomienda desarrollar el lugar en cuatro etapas: 1) Centro de documentación, información, exhibición y facturación de la industria nacional; 2) Edificio de estacionamientos y servicios; 3) Centro profesional empresarial; 4) Hotel de 500 habitaciones.

En 1984 aparece la propuesta de parte de Guillermo Frontado, Enrique Larrañaga, Nury Bofill, Alicia Vila y David Gouverneur de convertir al Helicoide en un digno monumento funerario, destinado a los héroes nacionales que deben partir del Panteón pero que no pueden reposar junto al común de los mortales en el Cementerio General del Sur, siendo ese el mejor uso a bajo costo que, según los proponentes, podría dársele.

Y, finalmente, en 1985 se vuelve a proclamar por la prensa que “por primera vez en los últimos 27 años El Helicoide tiene un destino cierto y definido”. Mindur (Ministerio del Desarrollo Urbano) en una clara demostración de falta de planificación, puso en servicio sus primeras instalaciones rescatadas, destinándolas a ser la sede de la sección de motorizados de la Disip y, también, apresuraba “los trámites para dar cabida allí a dependencias de la Marina, Universidad Nacional Abierta, Cámara Agrícola, Bandesir, y algunas instituciones sin fines de lucro (…) Además tendrá albergue la Biblioteca del Ministerio de la Defensa (…) Mindur adelanta conversaciones con Fundarte con el objeto de entregarle la cúpula del Helicoide a fin de que administre y organice allí eventos artísticos y culturales para el público en general”. Lo único cierto es que el 10 de septiembre de 1986, El Helicoide es adjudicado por 15 años a la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención DISIP (SEBIN desde 2010).

7. Los arquitectos Julio Coll y Jorge Castillo (izquierda) y el equipo que participó en el proyecto dentro del Taller JC-JC (derecha).
8. Consideraciones iniciales tomadas en cuenta para la conceptualización del proyecto.

En tales condiciones surgirá la que quizás sea la propuesta que logró contar con un planteamiento realmente sólido en cuanto al origen, desarrollo y destino final del Helicoide y la que más lejos llegó en cuanto a su cristalización: su conversión en el Centro Ambiental de Venezuela, sede del Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (MARNR).

Estrenándose la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez, que debía transcurrir entre 1989 y 1994, el ingeniero Enrique Colmenares Finol, designado como Ministro del Ambiente, recibe la orden de desalojar el edificio Camejo del Centro Simón Bolívar donde funcionaba la mitad de la entidad (incluida la Dirección de Cartografía Nacional), ya que se requería el inmueble para completar el Palacio de Justicia. Es en ese momento que el propio presidente Pérez propone ubicar Cartografía Nacional en El Helicoide lo cual permitirá a Colmenares Finol percatarse de que en el edificio podría funcionar no sólo Cartografía sino todo el Ministerio.

La posibilidad de pensar la obra en función de albergar el que en su momento fue un organismo como el MARNR, pionero en América Latina, que en 1977 (durante el primer gobierno de Pérez y con Arnoldo José Gabaldón a la cabeza), fue creado a partir de la fusión de la Dirección General de Recursos Hidráulicos del MOP y la Dirección General de Recursos Naturales del Ministerio de Agricultura y Cría, para “garantizar una mejor calidad de vida, mediante la gestión ambiental transversal, rectora, ejecutora y normativa, del uso y conservación de los recursos naturales promoviendo la participación de la sociedad para lograr el desarrollo sostenible”, va tomando cuerpo.

Por otra coincidencia, el ministro entra en contacto con los arquitectos Julio Coll y Jorge Castillo (egresados de la UCV en 1960 y 1959, respectivamente), quienes proyectaban para el ente gubernamental la remodelación de la Torre Sur del Centro Simón Bolívar y, al pedírseles su opinión, entregan en 15 días un informe evaluativo que planteaba la absoluta posibilidad de ubicar el MARNR en El Helicoide. La idea de considerar el proyecto como el Centro Ambiental de Venezuela y ofrecerle al “gigante dormido” la oportunidad de convertirse en punto de partida de lo que podía ser la recuperación ambiental de Caracas, muy pronto empezó a transformarse en un proyecto ambicioso que contempló un plan de renovación urbana y saneamiento que incluía todo el entorno incorporando al Jardín Botánico, previendo, además, las mejores condiciones laborales para los 12.000 funcionarios que integraban las Direcciones Generales Sectoriales de Servicios Autónomos de Geografía y Cartografía Nacional, Investigación, Conservación de Suelos, Aguas y Vegetación, Agencia de la Cuenca del Rio Tuy, la Administración y Servicios Pro-Fauna, así como el Despacho del Ministro y sus dependencias auxiliares.

9. Plan de inversiones para la remodelación y acondicionamiento del Helicoide, del cual se llegó a ejecutar más de las tres cuartas partes.

Jorge Castillo, en entrevista aparecida dentro de la publicación “El Helicoide. Renovación Urbana, Nuevo Símbolo para Caracas. Centro Ambiental de Venezuela. Sede del Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables”, editada en 1993, cuando los avances de la obra eran importantes y todo apuntaba a su exitosa finalización, expresó cómo en 1990, “sin tardanzas empezaron los planes de acción. Había que distribuir esa cantidad de oficinas en disposiciones espaciales lógicas, por vínculos y relaciones, de acuerdo al abultado organigrama del Ministerio. De seguido, el Plan Maestro 1991, 1992 y finalmente el Plan 1993. En total 85.000 m2 existentes, luego de agregarle 27.000 m2 en mezzaninas para llegar al metraje requerido”, para concluir: “en la actualidad el proyecto es prácticamente irreversible, porque ya estamos construyendo”. Para aquel momento solo quedaba por realizar el Plan Maestro 1994, que contemplaba el diseño y construcción de obras anexas, llegando con ello el Centro Ambiental de Venezuela a completar en total 139.000 m2 de construcción.

10. Criterios generales propuestos para el proyecto paisajístico y de condicionamiento ambiental interno.
11. Criterios generales propuestos para el proyecto de señalización.

Teniendo como premisa fundamental la calidad ambiental en todas y cada una de las decisiones que se fueron tomando, el proyecto de arquitectura incluyó como parte muy importante la correspondiente al tratamiento paisajístico (a cargo de Eduardo Robles Piquer y Pedro Vallone), sobre el que empezó a descansar el cambio de lectura exterior (inspirada en la imagen arquetípica de los jardines escalonados y colgantes de Babilonia) de un edificio que siempre fue visto como una mole de concreto de la que poco sabía sobre su destino el ciudadano común, gracias a la integración de la vegetación a la vialidad interna del complejo.

También se tuvo especial cuidado en toda la señalización (proyecto del diseñador Iván Castillo) que debía enfrentar el reto de orientar de manera fácil al usuario y al visitante dentro de una estructura extendida poco profunda que no facilitaba el reconocimiento espacial desde su interior.

Coll y Castillo, arquitectos proyectistas y cabezas visibles del Taller JC-JC, conformaron un equipo con 60 profesionales interdisciplinarios y técnicos, bajo la coordinación de proyectos de Alexandra Englert y la asesoría de Jorge Romero Gutiérrez.

12. Estado de avance que presentaban las obras para el momento de su interrupción.

Como parte de la mala fortuna que a través del tiempo ha acompañado a El Helicoide, el plan a cuatro años presentado por Coll y Castillo para llevar adelante  las obras de remodelación y acondicionamiento del edificio y sus alrededores, a concluirse en 1994, se topó con las accidentadas condiciones políticas que atravesó el segundo período presidencial de Carlos Andrés Pérez (dos golpes militares en 1992 y separación del cargo tras su enjuiciamiento en mayo de 1993), lo cual, pese al empeño que quienes continuaron la gestión de Colmenares Finol después de junio de 1993, se convirtió en una carga muy dura de sobrellevar, quedando muchas de las obras concluidas pero sin que ninguna mudanza se hiciera efectiva, ni siquiera la de Cartografía Nacional, que aún hoy se encuentra en los espacios cuya solicitud de desocupación dio origen hace más de 30 años a todo el proyecto. Valga añadir como otro inconveniente no menor la permanente reticencia de los funcionarios de MARNR a cambiar sus condiciones de trabajo originales por otras dentro de una zona de la ciudad que no contaba con las mejores conexiones ni de transporte ni de seguridad.

Tras las elecciones de finales de 1993 ganadas por Rafael Caldera en medio de una importante crisis política y financiera, el proyecto se engavetó y lo realizado fue aprovechado en la medida de los posible por los sucesivos ocupantes del edificio, mostrando hoy niveles muy altos de descuido y falta de mantenimiento.

La sugerente frase pronunciada por Colmenares Finol que rezaba: “Por los alrededores del Helicoide empezó el deterioro urbano ambiental de Caracas, y por ahí debe empezar su recuperación” quedó como otro sueño que acompañará al “elefante blanco” en su desdichada historia.

13. Portada de la publicación “El Helicoide. Renovación Urbana, Nuevo Símbolo para Caracas. Centro Ambiental de Venezuela. Sede del Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables”, editada en 1993

Nota

Esta reseña sólo ha sido posible elaborarla gracias a la consulta hecha a la completa publicación “El Helicoide. Renovación Urbana, Nuevo Símbolo para Caracas. Centro Ambiental de Venezuela. Sede del Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables”, editada en 1993 bajo la coordinación general y diseño del diseñador gráfico Iván Castillo y un amplio equipo de colaboradores, e impresa por Jaspe Editores.

ACA

Procedencia de las imágenes

1, 7, 8, 9, 10, 11, 12 y 13. El Helicoide. Renovación Urbana, Nuevo Símbolo para Caracas. Centro Ambiental de Venezuela. Sede del Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables, Iván Castillo (coord.), 1993.

2 y 3. Colección Crono Arquitectura Venezuela

4. https://twitter.com/GFdeVenezuela/status/1421573440604147717

5. Oscar Tenreiro, Todo llega al mar, 2020

6. Revista ARKETIPOS, nº1, 1984.

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 180

La Exposición Panamericana de Ingeniería e Industria celebrada, entre los meses de septiembre y octubre de 1970, en Buenos Aires, evento cuyo catálogo ilustra nuestra postal del día de hoy constituye, si se quiere, una manifestación menor dentro de las programaciones de este tipo que se desarrollan a lo largo del mundo, tanto por su carácter regional como por la especificidad en cuanto al objeto al que iba dirigida. A pesar de ello y de las limitaciones que hemos tenido para encontrar información más detallada, no deja de ser importante el resaltar varios aspectos que giran en torno a la realización de esta muestra.

En primer lugar el hecho de que la convocatoria haya abarcado el ámbito continental y que, a su vez, haya sido auspiciada por la Unión Panamericana de Asociaciones de Ingenieros (UPADI) y su filial local (la Unión Argentina de Asociaciones de Ingenieros), es lo que justifica que se haya llevado a cabo en el predio de la Sociedad Rural de Palermo, Buenos Aires, ámbito que paradójicamente estaba asociado al tradicional patriciado ganadero argentino, donde un mes después se inauguraría otra importante exposición denominada Exposhow “una exhibición que ponía en escena la expansión contemporánea de la sociedad de consumo, los medios masivos y las nuevas tecnologías de la comunicación en Buenos Aires”, y albergaría 20 años más tarde la conocida Feria del Libro, una vez que ocupara desde 1970 el recién fundado Centro de Exposiciones de Buenos Aires. Hoy, la capital argentina cuenta con un novedoso Centro de Exposiciones y Convenciones ganado por concurso, auspiciado por el Gobierno de la Ciudad y la Sociedad Central de Arquitectos, por el arquitecto Edgardo Minond en 2012, proyectado luego de superar algunos obstáculos, y terminado de construirse a finales de 2017 habiéndose asociado para entonces Minond con la arquitecto Ana Bulla.

1. Taller de composición, Escuela de Arquitectura FAU UCV. Ralph Erminy, Julio Coll, Domingo Álvarez, Jorge Castillo y Francisco Muriño Estevas (circa 1965)

También resulta revelador el que Venezuela se haya presentado a la Expo con un pabellón (stand) diseñado por el joven arquitecto Julio Coll Rojas, quien además de su interés por la actividad profesional y docente ya asomaba un claro compromiso con la actividad gremial lo que seguramente lo levó a ser considerado por el Colegio de Ingenieros de Venezuela como el profesional idóneo para llevar adelante el proyecto.

2. El Presidente de Argentina, General Marcelo Levingston, entrega al arquitecto Julio Coll Rojas el Premio Mayor por el diseño del Pabellón de Venezuela en la Exposición Panamericana de Ingeniería e Industria, Buenos Aires 1970

Y por si fuera poco, también resalta el hecho de que la propuesta de 540 m2 materializada por Coll (de la cual lamentablemente no tenemos información gráfica ni fotográfica), caracterizada por su alta carga audiovisual (manifiesta a través de permitir proyecciones simultáneas con un equipo de hasta 16 proyectores de diapositivas y 4 proyectores de películas), que apoyaba su fin didáctico y promocional, haya sido acreedora del Premio Mayor en competencia con otros 450 expositores de numerosos países del continente, galardón que le fue entregado ni más ni menos que por el Presidente de la República Argentina del momento, General Marcelo Levingston, otro dato interesante que permite ubicar la relevancia del acontecimiento.

3. Julio Coll Rojas. Izquierda: Casa de habitación (1960). Derecha: Edificio Nuevo Centro, Chacao (1966)

Julio Coll Rojas (1933-2002) (FAU UCV promoción 10/1960), inicia su actividad como arquitecto con el proyecto de su propia casa (1960-1963) en la que, sumándose al espíritu experimental que una parte de la formación de arquitectos inducía por aquel momento, construye utilizando cúpulas de concreto alabeadas, de planta cuadrangular (paraboloides hiperbólicos), soportadas por esbeltas columnas, que le permitieron a Rafael Gerardo Páez expresar en la ponencia presentada en las XXXIII Jornadas del IDEC FAU UCV (2015), titulada “Análisis geométrico y estructural de viviendas construidas con paraboloides hiperbólicos por Eduardo Catalano en Estados Unidos, Félix Candela en México y Julio Coll Rojas en Venezuela”:  “Esta casa habitación constituye una de las más significativas muestras de innovación tecnológica en materia de viviendas solucionadas con paraboloides hiperbólicos en Venezuela. De hecho después de esta propuesta habitacional, no hubo algún otro ejemplo relevante hasta que el arquitecto Álvaro Coto Asenjo, diseñó y construyó (parcialmente) su vivienda en Porlamar, estado Nueva Esparta”. La vivienda de Coll, por tal motivo, debió confrontar y resolver problemas con trabajadores que no poseían entrenamiento idóneo para elaborar este tipo de construcción y técnicos relativos al espesor inusual (4 cms) que se lograban obtener con este tipo de superficie el cual no estaba permitido por las normas vigentes.

4. Parque Miranda, Av. Francisco de Miranda, Sucre. Caracas. Julio Coll, John Machado y Eduardo Robles Piquer (1962)

Un poco más adelante Coll, producto de la estrecha colaboración entre la Ingeniería Municipal y Obras Públicas Municipales del Distrito Sucre y la División de Obras Especiales del Ministerio de Obras Públicas (MOP), participa junto al arquitecto John Machado, el arquitecto paisajista Eduardo Robles Piquer, el ingeniero agrónomo William Rojas y el ingeniero civil Enrique Samán, en el diseño y construcción del Parque Miranda, ubicado en la estrecha faja de terreno que restó luego de delimitar en Parque del Este y definir el trazado de la Av. Miranda, en cuyo programa se establecieron 5 zonas: una deportiva, una para juegos infantiles, una plaza, pasos peatonales y otra para estacionamiento. El parque construido en un lapso de 38 días dejó de nuevo a las claras la utilización de sistemas ligeros y fáciles de armar como parte de su lógica proyectual.

Otra incursión temprana a otra escala y no por ello exenta de polémica la constituyó el proyecto del edificio de oficinas Nuevo Centro, ubicado en la Av. Libertador, Chacao, diseñado por Coll en el año 1963 y concluido en 1966. La edificación que ocupa una parcela de 2.700 m2, tiene 14.000 m2 de construcción y cuenta con un estacionamiento mecánico en la parte posterior del terreno, denotó tras la búsqueda de una cierta originalidad y dinamismo en el diseño de los elementos de protección solar de sus fachadas norte y sur, una evidente desproporción con relación a su verdadero propósito, que hicieron expresar a Mariano Goldberg en la Guía de edificaciones contemporáneas en Venezuela. Caracas. Parte 1 (1980), al presentar el edificio, “los quiebrasoles, quizás excesivamente frágiles aparentan más decoración que elemento funcional”.

4. Izquierda: Julio Coll y Jorge Castillo. Proyecto del Centro Ambiental de Venezuela (CAV), a ubicarse en El Helicoide de la Roca Tarpeya. Folleto divulgativo (1993). Derecha: Julio Coll. Edificio Sede de la C.A. Venezolana de Navegación, avenida Rómulo Gallegos, Caracas (1984)

Sin pretender describir minuciosamente su trayectoria, debemos hacer otras dos paradas dentro de ella. La primera en la participación de Coll en el diseño y construcción del edificio Sede de la Compañía Anónima Venezolana de Navegación CAVN (hoy Universidad Alejandro Humboldt), ubicada en la Av. Rómulo Gallegos, Los Dos Caminos, donde contó durante la realización del proyecto con la estrecha colaboración del artista plástico Carlos Cruz-Diez, quien creó varias obras que se incorporaron al edificio. Y la segunda más tarde (1993) cuando se decide la creación del Centro Ambiental de Venezuela (CAV), una de las muchas propuestas presentadas a través de los años para reutilizar El Helicoide de la Roca Tarpeya, asociado en este caso con el arquitecto Jorge Castillo a través del Taller JC – JC. La idea se originó en la necesidad de mudar el Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables de su sede en el edificio Camejo (Centro Simón Bolívar) que sería ocupado por el proyectado Palacio de Justicia, dando pie a un ambicioso plan de renovación urbana y saneamiento ambiental que incluía áreas hasta el Jardín Botánico y 38.000 m2, dentro de El Helicoide.

5. Federación Panamericana de Asociaciones de Arquitectos, logo ganado por concurso por Julio Coll Rojas (1971)
5. Foto tomada en una reunión del Colegio de Arquitectos de Venezuela. De izquierda a derecha arquitectos Alvaro Coto, Julio Coll Rojas, Carlos Brando Paz y Américo Faillace (circa 1980)

Por último como una curiosidad de lo polifacético de la actividad de Coll como diseñador hay que señalar que fue el ganador por concurso en 1971 del logotipo de la Federación Panamericana de Asociaciones de Arquitectos (FPAA), con el cual la entidad se identifica desde entonces hasta el día de hoy. Coll, quien en vida siempre mencionó la necesidad de que todo arquitecto orientara su actividad hacia tres frentes: la participación gremial, la docencia y la actividad profesional, las que cumplió a cabalidad al ser presidente del Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV) y pieza clave dentro de su historia, como profesor de diseño en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV particularmente en los semestres iniciales de formación y autor de diversas obras de arquitectura. Fue distinguido en la VIII Bienal Nacional de Arquitectura con el Premio CAV y aunque reconocía su formación “moderna”, no negó su condición ecléctica, su respeto por el post-modernismo y su convicción en la importancia de la integración de las artes a través de la arquitectura

ACA

Procedencia de las imágenes

Todas. Colección Crono Arquitectura Venezuela