1908• Gustavo J. Sanabria, Gobernador Político y Militar del Distrito Federal y Presidente del Jockey Club de Venezuela, conjuntamente con José Gil Fortoul, Manuel V. Lander Gallegos, Celestino Martínez, Eduardo Sucre, Félix Galavís y Manuel Corao, miembros de esta agrupación hípica nacional, inauguran el recién terminado Hipódromo de El Paraíso.
Para ello habían adquirido un año antes 10 hectáreas a los hermanos García Prim en la naciente urbanización El Paraíso y traspasado al Concejo Municipal del Distrito Federal por medio de un contrato estos terrenos para la construcción, utilizando las gradería del desmantelado Hipódromo de Las Delicias, Sabana Grande, las columnas rescatadas como chatarra del Mercado de San Jacinto y rejas de hierro especialmente fabricadas por la Escuela de Artes y Oficios de Caracas.
1900• Con sólo cuatro años de existencia cierra el 25 de marzo el Hipódromo de Sabana Grande de Las Delicias, el cual tenía una pista ovalada de 1.250 metros de largo, considerado el primer hipódromo organizado de manera formal en Venezuela. La pista de carrera estuvo orientada norte-sur, desde donde hoy existen la Clínica Santiago León de Caracas hasta la avenida Francisco Solano López. El Presidente de la República, General Joaquín Crespo, muy aficionado al hipismo, asistía con regularidad a estas carreras.
El “Plano de Caracas y sus alrededores” que Federico Vegas e Iván González Viso no dudan en calificar como “El plano más bello de Caracas” en el ensayo introductorio de Caracas del valle al mar . Guía de arquitectura y paisaje (2015) titulado “Historia de Caracas a través de sus planos”, nos permite reconocer, en primer lugar, a Eduardo Röhl como sucesor de Ricardo Razetti en la importante tarea de representar gráficamente la ciudad.
Los planos de Röhl a diferencia de los de Razetti ofrecen la oportunidad de encontrar un nuevo estilo y una nueva visión a la hora de plasmar la trama urbana donde sin lugar a dudas la geografía pasa a ser el principal protagonista. En particular el que hoy ilustra nuestra postal se trata de un dibujo de 96 x 65 cms, en tonos ocres, amarillo y naranja realizado a escala 1: 30.000 con base en una foto aérea donde aparecen todas las montañas y valles de lo que será la Caracas metropolitana que permite, al igual que en la primera representación 1576, hablar tanto de un plano como de un mapa ya que abarca las costas del Caribe e incorpora a La Guaira y Macuto como áreas de influencia de la capital.
Como también señalan Vegas y González Viso el plano de Röhl permite delimitar lo que se ha denominado como “la ciudad del caballo”: “En este enorme contexto geográfico parece adivinarse un caballo recostado contra el Ávila, cuyo hocico muerde a Catia y por entre sus orejas sale la vía hacia La Guaira, mientras una pata delantera se alarga al oeste, acompañando el curso del Guaire y pisando Antímano con su casco; la otra pata se dirige hacia El Valle, acompañada por el río del mismo nombre. De las patas traseras vemos poco; el plano no ofrece gran parte de las áreas del sureste hacia donde Caracas aún está por desarrollarse. Parece que Röhl no previó un crecimiento en esa dirección. El noble caballo tiene a Petare en los testículos y la cola se alza señalando el camino hacia Guarenas. Justo en su corazón reside la vieja trama colonial y la plaza Bolívar. Como buen herbívoro tiene en el estómago al parque Los Caobos”.
Más allá de posibles asociaciones figurativas, este plano, que se realiza un año antes de la muerte de Gómez, evidencia el crecimiento de una ciudad impulsada por la bonanza que ya otorgaba la explotación petrolera. Caracas se empieza a ampliar decididamente hacia el este: la trama del damero fundacional salta la quebrada de Anauco y se desordena en función de la paulatina ocupación que se irá dando de las haciendas ubicadas al oriente que, de manos de urbanizadores como Luis Roche y Juan Bernardo Arismendi, se pensaba podrían permanecer al margen del centro de la ciudad albergando “viviendas unifamiliares aisladas”. Dichos desarrollos aparecen en tonos de amarillo al igual que las nuevas urbanizaciones ya trazadas para la época: Los Caobos, La Florida, el Country Club, Campo Alegre, Los Palos Grandes y Sebucán donde sus edificaciones aparecen resaltadas junto a la vialidad. Por otro lado el color naranja se usa para señalar el casco colonial del centro y los pueblos de origen colonial como Petare y Chacao, los cuales pasan a ser importantes puntos de referencia, quedando en blanco “entre los relieves de las montañas y colinas, gran parte de las tierras de los valles (…), como vacíos que esperan el impacto urbano”.
La “Conquista del este”, particularmente resaltada por Vegas y González Viso, les permitirá afirmar cómo el tipo de desarrollo allí planteado basado en lo “unifamiliar” y lo “aislado” se constituiría en “una difícil semilla para cultivar una ciudad”. El hecho de que los nuevos urbanismos no se hubieran planteado ni siquiera estar comunicados entre sí en virtud de la separación que imponían las quebradas que bajaban del Ávila en sentido norte-sur entre diferentes haciendas cafetaleras, permite apreciar como único medio de conexión la aparición al sur de lo que será la avenida Francisco de Miranda. Aunque a trancas y barrancas las conexiones entre urbanizaciones se producirán después, sin duda “este aislamiento parece ser parte de una estrategia, de una intención consciente. Se está pasando de la ciudad congregada a una ciudad disgregada por vocación”, donde vemos cómo “las texturas compactas, que definen la cuadra del damero, contrastan con la textura atomizada de las viviendas aisladas” y “la casa urbana de patio comenzaba a ser relegada por las casas suburbanas de jardín perimetral”.
Resultados de la Convocatoria de proyectos participativos en el espacio público de Caracas en su 450 aniversario
El pasado jueves 14 de diciembre se hicieron públicos los resultados de la “Convocatoria de proyectos participativos en el espacio público de Caracas en su 450 aniversario” promovido desde CCScity450, proyecto producto del trabajo de investigación dirigido por los profesores Aliz Mena y Franco Micucci de la Universidad Simón Bolívar y miembros fundadores de Fundación Espacio, junto a María Isabel Peña, de la Universidad Central de Venezuela (miembro asociado de dicha Fundación), gracias al apoyo de una serie de instituciones públicas, asociaciones, agrupaciones y entes privados; así como la participación de profesionales, profesores y estudiantes de las dos casas de estudio. El concurso tuvo por objeto convocar a las mejores propuestas para situaciones propias del espacio público en la ciudad de Caracas, a partir de la intervención de lugares emblemáticos por su valor arquitectónico, histórico o de conjunto derivados de la investigación desarrollada por Mena, Micucci y Peña, la cual registra las obras desarrolladas en Caracas desde 1925 por reconocidos arquitectos, urbanistas, paisajistas y artistas norteamericanos en asociación con profesionales venezolanos. Ello como parte de un proceso de integración política, económica, social y cultural con diversos países que participaron en la construcción del imaginario moderno de la ciudad. Se buscaba así invitar a un proceso de reflexión sobre las condiciones del espacio público en sectores diversos de la geografía de la ciudad. Esto, a partir de la posibilidad de compartir ideas o puntos de vista sobre la ciudad, su historia, su condición actual y una proyección de ésta hacia un futuro cercano. Las ideas o propuestas recibidas serían evaluadas para que las más relevantes pudieran ser ejecutadas o implementadas a partir de su factibilidad. El jurado estuvo conformado por la urbanista Zulma Bolívar, el arquitecto Jorge Villota, el arquitecto Henrique Vera, el arquitecto Alejandro Haiek, la arquitecto paisajista Diana Henríquez de Fernández, la arquitecto Elisa Silva y el licenciado José Carvajal. Como invitados durante la discusión, participaron diversos representantes de las alcaldías y entes oficiales, así como representantes de las comunidades, miembros de las asociaciones de vecinos o usuarios de algunas de las edificaciones involucradas. La deliberación se realizó los días 29 y 30 de noviembre y 1 de diciembre de 2017 en la ciudad de Caracas. De los 10 Sectores en los que se dividió la ciudad con el objeto de realizar propuestas el jurado otorgó premiación en 7 de ellos, declarándose los otros tres como desiertos. Del acta se desprende que “El jurado considera que los resultados del concurso evidencian diferentes escenarios posibles para la ciudad que buscan reclamar y reconquistar espacios. Es exitoso por la conquista de un público amplio a partir de una buena cantidad y variedad de propuestas de alto nivel. Se reconocen ganadores o finalistas en cada sector así como menciones; en los sectores donde no hubiera finalista o ganador se han declarado como desiertos.” Los equipos participantes que obtuvieron reconocimiento estuvieron integrados en su gran mayoría por jóvenes profesionales y estudiantes de arquitectura lo que ha hecho del concurso un espacio de relevancia para ofrecer oportunidad a las nuevas generaciones. Por problemas de espacio, disculpándonos por ello con el resto de los integrantes de cada equipo y con los que obtuvieron mención, sólo mencionaremos al profesional que apareció como responsable de las propuestas ganadoras. En todo caso, toda la información detallada se puede obtener en http://www.ccscity450.com.ve/resultados-concurso-ccscity450/ He aquí, en resumen, las propuestas ganadoras:
S10-M03 Propuesta Ganadora COROTOS Responsable: Juan Carlos Parilli
GANADORES POR ORDEN DE CALIFICACIÓN El jurado ha establecido un orden para otorgar los diez premios a los finalistas, distribuidos en siete (7) de los diez (10) sectores convocados; el orden permite establecer los criterios para identificar las tres propuestas ganadoras que serán financiadas para su ejecución durante el primer trimestre del año 2018. En el caso que alguna de las primeras tres primeras propuestas no pueda ser ejecutada, el financiamiento se otorgará a la siguiente en el orden indicado.
1. S03-I01 | S03 Ciudad Hospitalaria (Karlys Anais Pulido Vásquez) 2. S08-L08 |S08 Ciudad Industrial (Josymar Rodríguez) 3. S07-N05 | S07 Ciudad Jardín (Karen Sofía Matas Ortas)
4. S06-M09| S06 Ciudad Río (Francisco Paúl) 5. S05-I03 | S05 Ciudad Recreativa (Rodrigo Antonio Marín Briceño) 6. S01-L07 | S01 Ciudad Histórica (Josymar Rodríguez) 7. S05-L10 | S05 Ciudad Recreativa (Mawari Núñez) 8. S10-I02 | S10 Ciudad Verde (Karlys Anais Pulido Vásquez) 9. S10-M03| S10 Ciudad Verde (Juan Carlos Parilli) 10. S08-J01 | S08 Ciudad Industrial (Sonia Sansone)
Vayan desde aquí nuestra más sinceras felicitaciones a todos.
El Sistema Estructural Metálico Apernado (SIEMA) es tal vez uno de los elementos que mejor permiten explicar la evolución de la visión que caracteriza la línea de trabajo dedicada al desarrollo tecnológico de la construcción del IDEC FAU UCV, desde sus inicios (1975) hasta la actualidad. En primer lugar porque se trata de una clara muestra de lo que se considera un sistema constructivo abierto, basado en el ensamblaje en obra de componentes estandarizados producidos industrialmente, económico, versátil, de fácil montaje, ligero y flexible. En segundo lugar porque su conformación modular permite diversos acomodos internos, cambios de dirección en la retícula estructural, previsión de crecimiento progresivo y la posibilidad de explorar con variadas formas de cerramiento, según el uso a que se destine la edificación que lo emplee, pudiéndose alcanzar hasta tres pisos de altura. Y, en tercer lugar, porque denota la presencia actualizada de los primeros contactos que establecieron los fundadores del Instituto, a comienzos de los años 60, con el Programa Especial del Consorcio de Autoridades Locales del Reino Unido (CLASP), que a través del CLASP Development Group los proveyó posteriormente (1977-78), gracias al convenio CONICIT-IDEC-CLASP, bajo la figura de transferencia, de una tecnología flexible y abierta basada en el uso del acero en edificaciones educativas que, por ensayo y error, será plenamente adaptada por el IDEC a las condiciones de nuestro país para su utilización en una amplia gama de construcciones, tal y como señala Alberto Lovera en el artículo “Los laberintos de la innovación tecnológica. El Sistema Siema del IDEC» (1993).
Detenerse a conocer las características de este sistema (información que puede consultarse ampliamente en http://www.fau.ucv.ve/idec/pdf/propuestasidec.pdf), cobra sentido para enfatizar su condición de andamiaje o soporte de múltiples posibilidades que a su vez permiten detectar la habilidad y el talento del diseñador o diseñadores que echan mano de él y, en particular, la participación de Henrique Hernández, junto a Alejandro Calvo y Nora de la Maza, en el proyecto y construcción de la sede para el Banco del Libro, Altamira (Caracas).
1. Izquierda: Plano de conjunto. Derecha arriba: detalle del acceso. Derecha abajo: hall de acceso
Las condiciones que debieron sortearse de antemano en el proyecto del edificio no eran nada favorables: necesitaba ubicarse en un lote estrecho y largo próximo al Distribuidor Altamira al borde de la vía que conecta la autopista Francisco Fajardo con la plaza Francia, por lo que el volumen prismático producto de la utilización del sistema tendría que orientar sus caras más largas hacia el este y el oeste. De aquí que las operaciones relacionadas con la implantación del objeto, su relación con el entorno y su comportamiento climático pasarían a ser fundamentales a la hora de tomar decisiones de orden arquitectónico.
Haciendo valer su ya demostrada capacidad para sacar partido de las adversidades, Henrique Hernández ubica el edificio de 1.500 m2 de construcción, una bien proporcionada caja de tres pisos de 12.60 mts de ancho por 39.60 de largo y una altura de 9.15 mts, cuya planta responde a un módulo estructural de 3.60 mts a lo largo, con luces de 7.20 mts y 5.40 mts para cubrir el ancho, organizada en función de dos núcleos de circulación y servicios colocados uno a cada extremo, lo más alejado posible de las desfavorables condiciones de ruido y tráfico prevalecientes al sur, con la intención de lograr hacia el norte un modesto y a la vez digno acceso que estaría acompañado de una pequeña plaza (desde donde está tomada la foto que ilustra nuestra postal del día de hoy) en la que se proponía la inserción (no consumada) de una obra de Alejandro Otero. De esta forma se conseguiría también dar cabida más al norte a un pequeño estacionamiento y a la incorporación de los retiros como espacios de expansión (a modo de patios) de las actividades públicas ubicadas en la planta baja, gracias al atinado papel que juega el muro perimetral. Así, la edificación se convierte ella misma en acceso y elemento ordenador principal de las diferentes fases de crecimiento del programa y de ocupación del resto del complicado terreno.
2. Detalle de la fachada sur3. Fachada oeste
El otro gran acierto del edificio estriba en la manera como es tratada su envolvente la cual no sólo actúa como respuesta acorde a su desfavorable orientación, sino que brinda la oportunidad de llevar a cabo una cuidadosa selección de los elementos que la integran y sobre todo de incorporarle un rico y variado dinamismo. Sin abandonar preocupaciones de índole funcional que privan a la hora de mostrar al exterior los ambientes que su piel recubre, las fachadas del edificio hablan por si solas de un claro deleite por la composición de los planos que las definen y su permanente diálogo con la modulación estructural: romanillas fijas y móviles (de variadas dimensiones) de aluminio anodizado, así como marcos de ventanas y cerramientos sólidos del mismo material, se combinan contrastando con casquetes seccionados a media bóveda en fibra de vidrio de color amarillo, inyectándole a la ligereza de las cerchas y columnas que componen el sistema constructivo una sugerente capacidad expresiva que no atenta contra su sobriedad. Todo este esfuerzo estético, reforzado con la participación de Carlos Cruz-Diez en el tratamiento del hall de entrada, deriva, además, en haber logrado condiciones óptimas de ahorro energético ante las circunstancias adversas del medio.
4- Patio cubierto
En el Banco del Libro, Hernández y su equipo logran plasmar una obra madura que muestra cómo tras la aparente frialdad y esquematismo de la estructura que soporta el edificio es posible conmover al visitante no sólo desde fuera sino particularmente cuando se disfruta de la atmósfera interior, plenamente alcanzada teniendo al control de la luz como protagonista. De esta manera se aprovecha una de las mayores ventajas que aporta el SIEMA: lograr la libre disposición de las partes constitutivas del programa propio de una institución pública dentro de la máxima flexibilidad espacial con la menor cantidad de elementos.
5. Arriba izquierda: fachada norte. Arriba derecha: fachada sur. Abajo: escalera con estructura metálica a la vista
Posteriormente a la realización del Banco del Libro el IDEC, a través de su empresa TECNIDEC, construirá en Sartenejas (1991) la ampliación de la Fundación Instituto de Ingeniería en la que de nuevo participa Henrique Hernández, esta vez acompañado por Alejandro Galbe y Cristina Echeverría. El sistema se comercializa y también en 1991 se utiliza para la construcción de un edificio de laboratorios de la Procter & Gamble en La Yaguara (Caracas), proyecto del arquitecto Pablo Lasala, para luego servir de soporte (tras la firma de un contrato de Licencia con la empresa CORYLUM C.A.) para contener la sede del Grupo CORIMON en la Zona Industrial de Valencia, estado Carabobo del arquitecto Servio Tulio Ferrer y, más recientemente, el núcleo de Maturín de la UCV del arquitecto Nelson Rodríguez.
El seguirle la pista a los orígenes y desarrollo del SIEMA ha permitido a Alberto Lovera en el ya citado artículo develar “los laberintos de la innovación tecnológica”, pero sobre todo el poder constatar, de nuevo, que Henrique Hernández al usar el catálogo de piezas que lo conforman, ha logrado no sólo complementarlo sino dotar a la edificación resultante de un carácter que trasciende la simple resolución automática de los problemas arquitectónicos involucrados, sin dejar de convertirse en una nueva acentuación del sistema constructivo más que en una búsqueda de formas originales. La experiencia acumulada, unida al aprendizaje que produjo el episodio del edificio de Trasbordo, cobra en el Banco del Libro un tono menos programático pero igualmente experimental dando como resultado un contenedor que dialoga con el lugar y no un objeto derivado de la literal traducción de un proceso. La paradoja que encierra el largo tiempo transcurrido entre la realización del proyecto y su inauguración (cerca de 5 años cuando no debió pasar de uno), atribuible a problemas de orden presupuestario y de diversa índole, no desmeritan el valor del Banco del Libro como manifiesto arquitectónico a favor de una particular visión comprometida con la ideación desde la sistematicidad constructiva de cualquier obra que busca ser eficiente, económica y de rápida ejecución.
ACA
Procedencia de las imágenes
Revista ESPACIO, nº 4, 1989
Nos interesan temas relacionados con el desarrollo urbano y arquitectónico en Venezuela así como todo lo que acontece en su mundo editorial.