Hoy 7 de julio a las 11:30 a.m. se inaugura en los espacios de Hacienda La Trinidad Parque Cultural una muestra itinerante de la Bienal Iberoamericana de Diseño (BID), una de las citas más importantes del diseño contemporáneo iberoamericano que se celebra cada dos años en la Central de Diseño de Matadero, Madrid, ciudad que acoge esta gran iniciativa y que actúa como puente para todas sus itinerancias, como la que ahora llega a Caracas.
Con la finalidad de ser un punto de encuentro y espacio de reflexión para la cultura del diseño, la Casa de Hacienda y el Secadero 3 exhibirán, además de una selección de los Premios y Menciones de la 6º Bienal (BID18), los trabajos de los diseñadores venezolanos que participaron en las ediciones de 2014, 2016 y 2018.
La muestra itinerante –que llega a Caracas de la mano de la Fundación Diseño Madrid (DIMAD) y el apoyo de la Oficina Cultural de la Embajada de España en Venezuela– cuenta con la curaduría del diseñador industrial y asesor de la BID por Venezuela Ignacio Urbina Polo, así como con la colaboración de Álvaro Sotillo, también miembro del comité asesor BID. Respecto a lo que se podrá encontrar en esta exposición, Urbina comenta: “Este año presentamos, junto a los Premios y Menciones de la BID18, 46 proyectos de los diseñadores venezolanos que participaron en las ediciones de la BID14, BID16 y BID18. Seleccionados todos por un jurado internacional, estos trabajos proponen una imagen de país que permite divisar potenciales áreas sensibles de alta pertinencia, relevancia y poco visitadas por el diseño.”
La BID, evento que arriba a su décimo aniversario como una referencia mundial de las mejores expresiones del diseño reciente, convoca a profesionales y organizaciones del Diseño de Latinoamérica, España y Portugal alrededor de todas las áreas del Diseño: Gráfico, Textil y Moda, Digital y Diseño de Producto, Arquitectura e Interiorismo, Diseño de servicios y Diseños transversales que incluye criterios de “Diseño para todos”, “Diseño para el desarrollo”, “Diseño y sostenibilidad” y “Diseño e innovación”, entre otros. Esta iniciativa bianual es posible gracias al apoyo del Ayuntamiento de Madrid y del Programa ACERCA de capacitación para el desarrollo en el sector cultural de la Cooperación española (AECID), además de otras instituciones participantes. En la semana posterior a la inauguración de la muestra “La Bienal Iberoamericana de Diseño en Caracas. Venezuela en la BID y Selección 2018”, los espacios de la Hacienda ofrecerán una variada programación de eventos especiales que incluirán charlas, clases magistrales, talleres, presentación de portafolios, así como encuentros con profesionales y protagonistas del arte de diseñar, esperando sirvan de inspiración y aporte a la creatividad, formación, desarrollo, economía y cultura de esta esencial, valiosa y necesaria disciplina.
En el último cuarto del siglo XX y a principios del siglo XXI la ciudad de Caracas crece sin un verdadero espíritu de renovación, y disminuye la fuerza, la escala y la proporción de las propuestas urbanas, que en tiempos de Guzmán Blanco, Medina Angarita o Pérez Jiménez fueron modelos estructurantes de su desarrollo.
Sin embargo, comenzando el siglo XXI, la aerofotografía que engalana nuestra postal del día de hoy revela una lectura de la totalidad del área metropolitana a una escala donde, tal y como relatan Federico Vegas e Iván González Viso en «Historia de Caracas a través de sus planos» (Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015), “resulta imposible identificar a la ciudad con una visión, un discurso, un estilo, una misión”. Al mismo tiempo la historiografía muestra que no parece haber un plano capaz de mostrar el estado actual de la metrópoli o los planes futuros para la ciudad en este momento histórico, donde Caracas ha pasado a ser la sumatoria de muchos rumbos, contradicciones, tiempos, texturas.
La imagen del Área Metropolitana de Caracas, tomada en un vuelo desde un avión con una cámara fotogramétrica en el 2009, muestra una ciudad compleja. Una gran mancha limitada por el cerro Ávila que se extiende por cada uno de los valles que alimentan el valle central, y que alberga una población que sumada a la de los Valles del Tuy Medio, la conurbación Guarenas-Guatire-Araira, los Altos Mirandinos y el Litoral Central, alcanza más de cinco millones de habitantes.
La original obtenida en el 2009 es una imagen a escala real del terreno. Está generada por el proceso conocido como “ortorrectificación” y permite medir sobre la imagen así como superponer otros mapas sobre ella. Si bien no hemos logrado identificar qué empresa u organismo se encargó de generarla, sabemos que ella se construye conociendo la posición y la orientación de la cámara en el momento del disparo y la forma de la topografía del terreno mediante exactas medidas topográficas y fotogramétricas. Su ventaja respecto al mapa topográfico convencional consiste en que no hay que interpretar ningún símbolo cartográfico, ya que las autopistas, urbanizaciones, edificios, casas y parcelas, se muestran tal y como se verían desde un avión. Es una foto de la ciudad 442 años después de su fundación, marcada por cicatrices derivadas de su forma de organización urbana.
La falta de planes generales para la capital hará que para el 2009 la red de autopistas, que comienza con el plan vial de 1951, se convierta en la intervención con más peso y presencia en la transformación de la estructura de la ciudad y será el aspecto más característico y significativo de nuestro urbanismo, interrumpiendo, cortando, modificando, superponiéndose y dividiendo a la ciudad con una estética y unas leyes propias.
También para el año 2009 el modo de expansión urbana del Área Metropolitana de Caracas -a pesar de las fuertes inversiones en infraestructuras de transporte público que se realizaron en las últimas décadas del siglo XX, como el sistema Metro o, a inicios del XXI, como el Metrocable- había ocasionado una fuerte segregación residencial según los ingresos y, paralelamente, condiciones inequitativas de movilidad y accesibilidad.
Desde el punto de vista de la gobernabilidad, el año donde se produce esta imagen, marca una ruptura, ya que hasta el 2009 la gestión de la ciudad estaba dividida en cinco municipios (Libertador, Baruta, Chacao, El Hatillo y Sucre), cada uno con su respectivo alcalde, pero administrada por la Alcaldía Metropolitana con competencias en materia de seguridad, salud y educación. A partir de este año, con la aprobación de la Ley Especial sobre la Organización y Régimen del Distrito Capital, se elimina definitivamente el Distrito Federal y la gobernabilidad de la ciudad pasa a manos de una autoridad única, lo cual desata pugnas por el control político de administración de la capital. La designación por parte del Presidente de la República de una autoridad única del Distrito Capital, quien sería la encargada de elaborar su Plan de Desarrollo Económico y Social, profundizaría los desacuerdos y los planes unilaterales que conducirían a un desbalance en las actuaciones sobre la ciudad y al paulatino ahogamiento de la Alcaldía Metropolitana.
Por otro lado, en los primeros lustros del siglo XXI, en el área metropolitana se consolidan y aumentan los desarrollos que permanecen al margen de la legislación y de los servicios urbanos. La ciudad ya había perdido la idea de un lenguaje urbano propio, tradicional, popular, común y, en consecuencia, todo aquello que se desarrolle al margen de las nuevas leyes ocurrirá desordenadamente, sin ninguna tradición que lo estructure. Por un lado, existirá una legislación urbana, un catastro y unas normas arquitectónicas que pretenden organizar la ciudad. Pero, por otro lado, se desarrollará una ciudad paralela como un campamento provisional. Poco a poco esa segunda ciudad se irá haciendo mayor hasta ocupar grandes áreas de territorio periférico, para albergar más habitantes que la ciudad legalizada. Esta ciudad marginal irá configurando una verdadera red multiforme y unifuncional, un sistema de veredas, caminos y escalinatas que conforman verdaderos laberintos que alimentan viviendas en emergencia que con el pasar del tiempo serán permanentes. La proporción entre este uso de vivienda y las otras funciones propias de una ciudad será muy reveladora, pues este tipo de desarrollo urbano tendrá una evolución vertiginosa en las siguientes décadas tal y como será posible constatar en el plano aparecido en la publicación CABA. Cartografía de los barrios de Caracas 1966-2014 (Enlace Arquitectura, 2015), elaborado cinco años mas tarde, en el año 2014. La extensión de la mancha del área metropolitana reflejada en esta imagen, anticipada en la silueta con forma de caballo expresada en el plano de Eduardo Röhl de 1934, evidencia la pérdida de la herencia histórica del damero, y la transformación del mismo por un modelo de desarrollo que convirtió a Caracas en un organismo mediocre de alta densidad, regido por un modelo cuantitativo y especulador. Citando a Federico Vegas e Iván González Viso en “Una ciudad en sus redes y en sus tramas” (Venezuela siglo XX. Visiones y testimonios, Fundación Polar, 2000), “esta realidad tuvo y tiene efectos profundos en el alma de la ciudad, precisamente porque ésta ha perdido la idea de alma. De esta forma la ciudad identificada con su origen histórico, su epicentro, sus formas originarias, y la trama que le sirvió de punto de partida, hoy se asocia con el caos, con el deterioro, con lo irrecuperable”.