La galería La Fábrica inauguró el pasado 7 de noviembre la exposición Caracas, del arquitecto Ramón Paolini, organizada junto al Archivo Fotografía Urbana.
La exposición está compuesta por 25 fotografías en blanco y negro que el propio autor define como “un cuento de la imagen urbana de la ciudad”.
Arquitecto de profesión, Ramón Paolini lleva más de treinta años retratando la capital venezolana. Como él mismo señala: “He tratado de captar su imagen en el transcurso de los años, intentando descifrar su tercera dimensión sobre las coordenadas donde se mueve la arquitectura: su espacio geográfico y su tiempo histórico definido por más de cuatro siglos, donde los últimos setenta años han marcado definitivamente su actual perfil urbano.”
El trabajo de Paolini nos ofrece una visión personal de un lugar con historia, con un presente y un futuro que se construye y reconstruye con una tenacidad asombrosa.
Caracas es más que una ciudad desordenada; es un homenaje a la paradoja. Hecha de cemento, acero y cristal, sin embargo, está situada en un extraordinario paraje geográfico, rodeada de una extravagante naturaleza en la que no faltan montañas, valles y ríos.
A pesar de que la evolución arquitectónica de esta ciudad ha estado marcada por la influencia europea, Caracas ha sabido mantener un carácter y una presencia singulares que le otorgan una gran personalidad entre las grandes urbes latinoamericanas.
Coincidiendo con la exposición, La Fábrica y el Archivo Fotografía Urbana han coeditado un volumen con 120 fotografías urbanas de Paolini. Un recorrido de más de 30 años de una de las capitales con más personalidad de Latinoamérica.
El libro cuenta con una introducción de Martín Caparrós en la que el periodista y escritor pone en relación la biografía del Ramón Paolini con la ciudad que se convertiría en su lugar de residencia a los 17 años cuando se trasladó a la capital, desde su Carache natal, para estudiar en la Facultad de Arquitectura. Como señala Caparrós, Paolini llegó a Caracas en un momento de esplendor de la ciudad en el que: “Venezuela se anegaba de dineros y los gastaba con el placer del nuevo rico”. Seducido por el contraste que supuso para él llegar a la gran ciudad, Paolini, la estudió, trabajó en la rehabilitación de algunos de sus rincones más singulares y por fin, la retrató. Como señala Caparrós: “Paolini empezó a conservar en esos papeles, sus mejores recuerdos del futuro.” Y añade: “Ramón Paolini admira y detesta la ciudad -y por eso, nos la hace ver sin más filtros, en todo su poder, tan brutal, tan frágil, tan arrolladora-.”
Precisamente sobre esos contrastes en los que se sustenta la ciudad y que encienden los encuentros y desencuentros del arquitecto con Caracas, reflexiona Paolini en los cuatro textos que se incluyen en el libro que explican la génesis del proyecto, descubren la historia de la evolución arquitectónica y demográfica de la ciudad y reflexionan sobre su futuro. Tanto la muestra, que cierra hoy 8 de diciembre, como el libro que la acompaña son una reivindicación de un lugar con una historia que contar, y que es desconocida tanto para sus habitantes como para quien la visita.
Sobre Ramón Paolini Ramón Paolini (Carache, Andes venezolanos, 1949) es diplomado en Arquitectura por la Universidad Central de Venezuela en 1973 y especialista en Restauración. En 1974 formó parte del equipo fundador de la Dirección de Patrimonio Histórico, Artístico y Ambiental del CONAC, institución que dirigió de 1986 a 1989. Durante estos años, también organizó las exposiciones Aproximación a la arquitectura popular venezolana (1985) y Patrimonio cultural andino (1996), entre otras. Ha realizado fotografías para diferentes publicaciones y, en su trabajo personal, ha planteado un enfoque visual que se distancia de las perspectivas románticas y pintorescas, desarrollando una mirada responsable e hiperreal sobre las diversas tipologías constructivas, los volúmenes y los espacios internos de la arquitectura hispanoamericana. Actualmente, dirige junto a su hijo Alfonso el estudio de arquitectura Paolini Arquitectos en Caracas (Venezuela) y en Lecce (Italia).
1. Izquierda: SS Columbus, buque insignia de Norddeutscher Lloyd NDL, desde la rada del puerto de La Guaira en 1930. Derecha: Turistas alemanes del SS Columbus desembarcando en el puerto de La Guaira, 1930
A modo de preámbulo (y II)
En nuestro Contacto FAC nº 146 (06-10-2019) habíamos dejado pendiente, como etapa previa a abordar los Hoteles Nacionales creados durante la dictadura gomecista, el terminar de cubrir el tema correspondiente a la relación entre el turismo y la empresa privada, atendiendo dos instalaciones que fueron diseñadas por importantes arquitectos para tal fin en la década de 1920 del siglo XX venezolano: los hoteles “Palace” proyectado por Alejandro Chataing, inaugurado en 1921, ubicado de Veroes a Ibarras, y “Majestic”, producto de la adaptación de dos edificios destinados a oficinas y comercio realizada por Manuel Mujica Millán cerca de 1927, abierto en 1930.
Sin embargo, siguiendo la pauta que nos establece el libro Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista de Ciro Caraballo Perichi (1993), no estaría de más precisar que, tanto para entender la relación entre turismo y empresa privada como para contextualizar la aparición de hoteles como el “Palace” o el “Majestic”, Venezuela entra al siglo XX con varias asignaturas pendientes que debía aprobar si quería incorporarse al boom de la industria turística que ya empezaba a beneficiar a diversos países de la región. La primera era asimilar justamente la existencia de un individuo que, personificado en el “viajero por placer”, se denominaba “turista”, vocablo que poco a poco se fue insertando en las promociones de hoteles locales que empezaban a aparecer en la prensa. Para ello colaboró de forma importante el hecho de que el venezolano empezase a personificar al mencionado individuo al tener la oportunidad de viajar y vivir en carne propia la forma como era tratado en el extranjero y el tipo de facilidades que empezaban a crearse para hacer más confortable cualquier traslado o estadía.
De tal manera, el comprender al turismo como una red que implicaba la existencia de toda una serie de componentes que permitirían más adelante hablar de una “industria”, donde su comercialización ocupaba un lugar prominente generó la necesidad de incorporar al país al mercado internacional, pese a que ofrecía notables dificultades. Para que Venezuela fuese incluida como destino en los circuitos turísticos, no bastaba poseer innegables ventajas comparativas y tangibles atractivos tales como sus bellezas naturales, su tradición histórica, su clima, su ubicación geográfica, una población hospitalaria, una importante red de carreteras desarrollada por el régimen gomecista para interconectar y controlar el país, un frente marítimo con puertos importantes que lo atienden y hasta un incipiente desarrollo del transporte aéreo. El promotor turístico nacional empezaba a tener claro que para desarrollar todo ello “…necesitamos, como punto previo, amoldarnos al turismo, esto es, crear oficinas de información que le suministren a los viajeros toda clase de informes, hoteles y casas de albergues en el interior del país, apropiados a los diversos gustos. Y luego que hayamos establecido y organizado todo esto, ocurriremos (sic) a la publicidad en revistas y periódicos de aquí y del extranjero”, tal y como señalaba en 1920 Avelino Fuentes en un artículo titulado “Intereses Venezolanos. El Turismo” aparecido en El Nuevo Diario de Caracas, citado por Caraballo.
2. Avisos aparecidos en la prensa promocionando el turismo en la década de los años 1930
Por tanto, la promoción que del turismo poco a poco se fue desarrollando hizo de Venezuela un país “emisor y receptor”. Su incorporación a la red turística internacional inicialmente se logró a través de la vía marítima, beneficiada por el impacto que causó la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y posteriormente el crash de la bolsa de los Estados Unidos de 1929 en el viajero promedio norteamericano, nuestro principal mercado, quien por razones de inestabilidad política, de costos e incluso climáticas empezó a ver en el Caribe un destino posible.
El toque de buques de turismo en La Guaira de manos de importantes empresas navieras extranjeras, comercializado por nacionales, empezó a hacerse frecuente pese a la limitación del poco calado que el puerto ofrecía y los inconvenientes a ello asociados. Ciro Caraballo hace un interesante recuento de compañías, nombres de buques, paseos que se organizaban y agencias de turismo local que no transcribiremos e invitamos a recorrer en su libro. También señala las razones de “seguridad” por las que el régimen gomecista limitó el turismo fronterizo y da fundamental importancia a la creación en 1932 del “Club de Turismo Venezolano” (junto al eslogan “Conozca Venezuela primero”), para el desarrollo e incremento del desplazamiento por carretera, inicialmente copado por la alta burguesía caraqueña.
3. Gran Hotel Caracas. Vista exterior y anuncio de promoción (circa 1925).
Llegados al punto relacionado con la respuesta que da la hotelería para aprovechar la apertura que se venía dando, Caraballo detecta “una tímida renovación de la planta hotelera”, producto de la desconfianza que en el sector privado aún producía dicha actividad dado su limitado desarrollo. La industria petrolera, que definitivamente convirtió a los Estados Unidos en principal aliado comercial del país sustituyendo a los europeos con quienes se intercambiaban los productos de exportación tradicionales (café, cacao, balatá y plumas de garza), empezaba a demandar para sus empleados y hombres de negocios vinculados a ella y también para el visitante medio, la construcción de un importante hotel en Caracas, asunto que ya tenía tiempo en el tapete. “Desde la construcción en 1895, frente a la Plaza Bolívar, del ‘Gran Hotel Venezuela’ -luego denominado ‘Gran Hotel Klindt’- hasta 1912, no se había realizado ninguna nueva edificación hotelera en la Capital. La recepción de excursionistas de cruceros que tomaban su lunch en el comedor del céntrico Hotel Klindt hacía sentir la demanda por un local más confortable, destinado no ya a los comerciantes, sino a los turistas y veraneantes, preferiblemente situado en las afueras de la ciudad. Todas las iniciativas hoteleras eran vistas aún entonces como un negocio de familia, no sólo en lo que competía al servicio sino además en cuanto a la inversión, lo cual impedía en la práctica la concreción de empresas mercantiles de capital accionario orientadas a satisfacer la demanda”, nos apuntará Caraballo.
4. Proyecto del Hotel Paraíso, El Paraíso, Caracas. Alejandro Chataing, 1913
Dentro del pausado giro que se empieza a dar, buscando atender los requerimientos del nuevo usuario es que se inscribirá la iniciativa frustrada del empresario Heriberto A. De Lima por proyectar y construir en 1912 un gran hotel en El Paraíso que se le encargó al reputado arquitecto Alejandro Chataing.
Finalizada la Primera Guerra Mundial, al incrementarse el flujo de comerciantes y visitantes, se agudizará de nuevo la carencia de una planta hotelera a la altura más allá del ya mencionado Hotel Klindt, el “Gran Hotel” fundado por el Sr. Juan Rodríguez Cordero en 1909 (refundado en 1921 como “Gran Hotel Caracas” luego de ser objeto de una profunda renovación), ubicado en la calle Comercio de Bolsa a Mercaderes, en el mismo inmueble que durante mucho tiempo ocupó la afamada posada “El León de Oro” y, después de 1918, el “Hotel Middleton” localizado de Veroes a Ibarras propiedad del norteamericano Harry W. Middleton dedicado a albergar huéspedes básicamente de esa nacionalidad. “Tan caótica era la situación de alojamiento en la capital, que se recomendaba a los extranjeros el uso de pensiones en vez de los alojamientos llamados ‘hoteles’, dado que en aquellas al menos el servicio de comida era satisfactorio, a tiempo que la atención era más personal”.
5. Hotel Palace. Vista exterior y anuncios publicitarios (circa 1923)
En este contexto debe enmarcarse la segunda ocasión en que Alejandro Chataing participa en el diseño de una instalación hotelera de nueva planta cuando el Dr. Adriano Riera le encarga el proyecto, en un terreno largo y estrecho entre medianeras, de Veroes a Ibarras, del que se conoció como “Hotel Palace”, primero de su tipo que lograba construirse.
Para el diseño del “Palace”, cuya simétrica fachada con tres ventanas a cada lado del acceso responde al lenguaje con que Chataing ya en otras ocasiones había ido manifestando su particular eclecticismo (“molduras, balaustres y cornisas prefabricadas, combinadas con ladrillo visto en los dinteles y el entablamento”), se debió recurrir a la incorporación de una serie de patios necesarios para lograr la adecuada iluminación y ventilación de ambientes y habitaciones. “El edificio culminaba en el fondo en terrazas descubiertas, donde se ubicaban mesas para atender a los huéspedes, mientras que un pequeño kiosko para música, especie de tempietto con cúpula, cerraba axialmente la composición”, nos dirá Caraballo. Su modesto tamaño (40 habitaciones, 23 con baño propio y 17 atendidas por 6 baños generales, además de espacios públicos destinados a salones y comedores, más la cocina y demás servicios), no llegó a cubrir aún las expectativas del hotel que Caracas estaba demandando, pese a convertirse en el más importante establecimiento de este tipo durante la década de 1920 en la ciudad en virtud de su organización como empresa comercial de capital mixto, su buena administración (que compartió de manera conjunta con el “Hotel Victoria” de Maracaibo), la variedad de programas que ofrecía y su correspondiente conversión en lugar de encuentro social, y el menú dirigido fundamentalmente a su casi exclusiva clientela norteamericana.
6. Diversas imágenes del hotel Majestic. Arriba izquierda: primera etapa (circa 1927). Arriba derecha: hotel con la ampliación diseñada por Manuel Mujica Millán (circa 1930). Centro izquierda: vista desde la esquina del Teatro Municipal. Centro derecha: dibujos de detalles del proyecto de Mujica Millán. Abajo izquierda: vista interior del Gran Salón. Abajo derecha: imagen del hotel demolido (circa 1949).
La década de 1930 vio como el “Palace” sería desbancado por el hoy ya mítico “Hotel Majestic”, resultado de la adaptación para ese uso de dos edificaciones recién construidas entre la calle Sur 4 y la plaza José Gregorio Monagas (en diagonal con el Teatro Municipal) para albergar oficinas y comercio. Esta operación permitiría detectar la presencia de un arriesgado empresario-constructor en la figura del Sr. Eloy María Pérez Alfonso y la primera oportunidad en que Manuel Mujica Millán interviene como arquitecto en nuestro país, contratado en Barcelona por Pérez, en principio, para la realización del proyecto de conversión una vez que arriba en octubre de 1927. Así, Mujica “prepararía detallados planos de las edificaciones complementarias, destinadas a nuevas habitaciones y espacios de servicios, ubicadas en el interior del lote, al igual que se ocuparía de unificar las fachadas de los dos edificios (…) un collage de difícil definición…”, que alcanzaría los cuatro pisos y contaría como elemento que reconoce la esquina del lote donde se encontraba con una torre “de fuerte sabor decimonónico” el cual, además de ser el principal ornamento del edificio, se constituyó en su símbolo. Mujica “también realizaría toda la arquitectura interior del hotel, dibujando bocetos, planos y detalles de las decoraciones de los salones”, otorgándole a cada uno una ambientación particular.
Del “Majestic” hay abundantes reseñas y comentarios, muchos de ellos asociados al rol que jugó como verdadero hotel de lujo en la Caracas de entonces, a su condición de ser el edificio privado de mayor altura de la ciudad, a la diversidad de figuras que en él se alojaron (desde Carlos Gardel al torero Manolete) y a las vicisitudes que rodearon la compra del terreno (de 473 m2, con 33,96 m de frente hacia la plaza Monagas y 13,93 m sobre la calle Sur 4), el primer destino de lo que en principio se había construido en el terreno de la esquina según proyecto del arquitecto catalán Marcelino Mari (la sede de la Lotería de Beneficencia Pública y el debate que en torno a ello dividió a la opinión pública), su adaptación y su posterior supervivencia hasta ser demolido a causa de la realización del ala sur del Centro Simón Bolívar, construido siguiendo las pautas del Plan Rotival.
La capacidad del “Majestic” (menos de 100 habitaciones muchas orientadas hacia patios interiores y otras sin sala de baño integrada al dormitorio, que buscó incrementarse con la aparición parcial de un quinto piso que lució siempre como un añadido), quedaba aún corta para la capital de un país que ya había virado de su condición agrícola a la minera. Sin embargo su fama, glamour, exquisita decoración y lujoso mobiliario, llegaron a opacar las numerosas deficiencias funcionales de las que adolecía colocándolo como la instalación más importante realizada en el país durante los primeros 30 años del siglo XX. Su corta vida entre la apertura el 30 de diciembre de 1930, coincidiendo con la perspectiva de que la ciudad recibiría un crecido número de delegados y visitantes extranjeros, con motivo de la Conmemoración del Centenario de la muerte del Libertador, y su pesarosa demolición el 8 de marzo de 1949, dejaron en la historia de la ciudad y en la vida de sus ciudadanos una leyenda que aún perdura. Con la mención y recuerdo del “Majestic” finalizamos el repaso de la intervención privada en el incipiente desarrollo turístico venezolano a través de la hotelería a lo largo de las tres primeras décadas del siglo XX, para dedicarnos a partir de una próxima entrega del aporte oficial en cuanto a instalaciones de ese tipo auspiciado por el régimen de Juan Vicente Gómez.
Cuando entre el 4 y el 6 de mayo de 2005 se celebra el II Simposio Latinoamericano de Tenso-Estructuras (SLTE) en Caracas, ya se contaba con la experiencia previa del realizado en 2002 por la Escuela Politécnica y la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo, Brasil, tanto en lo relativo a la organización y logística que siempre demandan este tipo de eventos, como en la consolidación de un tema que, como el de las estructuras tensadas, ya se encontraba suficientemente robustecida a nivel regional.
Carlos Henrique Hernández y Rui Marcelo Oliveira promotores de los Simposios Latinoamericanos de Tenso-Estructuras
La idea de montar periódicamente este tipo de encuentros proviene del empuje dado por los profesores Carlos Henrique Hernández, investigador del Instituto de Desarrollo Experimental de la Construcción (IDEC) de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la Universidad Central de Venezuela (UCV), y Rui Marcelo Oliveira Pauletti de la mencionada Escuela Politécnica de São Paulo, quienes ya al finalizar el primero de ellos consideraron importante preservar su continuidad dándoles el carácter regional que finalmente adoptaron.
En Caracas, se sigue un formato similar al de Brasil contándose con el aval de una institución académica (en este caso la UCV a través de sus Facultades de Arquitectura y Urbanismo e Ingeniería), la participación de invitados internacionales con conferencias magistrales, la presentación de ponencias arbitradas por un Comité Científico, y ampliándose la participación estudiantil a través de la organización por vez primera de un Concurso para proyectos realizados por alumnos de las diferentes universidades de la región en torno al tema de las tenso-estructuras, siendo éste un importante elemento que va a formar parte permanente de la filosofía de los SLTE de aquí en adelante. También se introduce por primera vez la traducción al inglés para permitir la incorporación de participantes de fuera del área de habla hispana.
De lo que se recoge en http://www.grupoestran.com/simposio/, el objetivo del Simposio caraqueño no era otro que “Estimular y promover el desarrollo, el diseño y la construcción de estructuras tensadas en Latinoamérica a través de la creación de un foro de discusión sobre los temas de diseño, ingeniería, construcción y comercialización”. Es decir, se le abría la puerta a investigadores, profesionales, empresarios y estudiantes interesados en el tema y se contaría con “la presencia de un grupo de especialistas reconocidos a nivel mundial con los cuales intercambiar experiencias, así como con una representación de empresas que mostrarán el estado del arte de equipos y materiales”.
Dos posters elaborados con motivo del II Simposio Latinoamericano de Tenso-Estructuras de Caracas, 2005. Uno como invitación general y otro para convocar al Concurso para proyectos realizados por alumnos de las diferentes universidades de la regiónConferencistas internacionales invitados al II Simposio Latinoamericano de Tenso-Estructuras, Caracas, 2005
Asistieron un total de 530 personas que representaron a 18 países, de las cuales 54 eran profesores, 132 profesionales y 344 estudiantes. Además fueron presentadas 42 ponencias y se contó con la presencia como conferenciastas internacionales del Ing. Horst Berger (Alemania), el Prof. Aldo Capasso (Italia), el Prof. Félix Escrig (España), el Arq. Nicholas Goldsmith (EEUU), el Prof. José Ignacio Llorens (España), y el Prof. Juan Monjo Carrio (España), todo lo cual habla de manera muy positiva acerca del éxito y cuidado que se tuvo en la organización del encuentro el cual se veía respaldado por la si se quiere reciente declaración de la Ciudad Universitaria de Caracas como Patrimonio Mundial por la UNESCO. Así mismo, se contó con apoyo de nueve instituciones nacionales e internacionales y el patrocinio de once entidades y firmas comerciales públicas y privadas.
Quizás para ampliar un poco más la información y tener una visión más amplia del tema que ocupa este tipo de eventos valga decir que “Las estructuras flexibles o tenso-estructuras, tales como: las mallas de cables, los tensigrid y las membranas (estructuras de tensión) son conocidas por la simplicidad de sus elementos, así como por su fácil ensamblaje, mínimo consumo de materiales, mínimo desperdicio y eficiencia energética. Aspectos estos que les permiten sobrepasar a cualquier otro sistema estructural en términos de ligereza y capacidad para cubrir grandes luces. (…) A pesar de que su uso se remonta a las primeras etapas de la humanidad, las estructuras tensionadas son eminentemente modernas y su construcción requiere de materiales sofisticados, como es el caso de las membranas sintéticas, cables de acero de alta resistencia y sofisticadas teorías de diseño”. Su uso, gracias al desarrollo tecnológico que ha tenido lugar durante las últimas décadas, se ha ampliado del ámbito arquitectónico al urbano abarcando “desde espacios transitorios a espacios permanentes, desde viviendas unifamiliares a gigantescos estadios, desde techos de aeropuertos a fachadas de rascacielos” (citas tomadas de http://www.grupoestran.com/simposio/).
Grupo Estran C.A.. Cubierta del Museo Arqueológico de Taima-Taima. Edo Falcón (1998/2004)
El desarrollo de las tenso-estructuras en nuestro país, las cuales pueden considerarse como una derivación de las estructuras transformables (aquellas cuya característica principal es su capacidad de plegarse y desplegarse), ha tenido un importante impulso a través de la apertura desde 1988 de una línea de investigación dentro del Instituto de Desarrollo Experimental de la Construcción (IDEC) a cargo de Carlos Henrique Hernández quien, recién llegado de terminar un Master of Science in Architecture en MIT, empezó a identificar los resultados experimentales que de allí surgieron con la denominación “estran” (contracción proveniente de tomar la primera sílaba de las palabras estructura y transformable). Dicha labor, cuyos productos empezaron a comercializarse a través de TECNIDEC S.A. (primera entre todas las empresas universitarias, ligada al IDEC), fue trasladada por Hernández al ámbito privado a través del Grupo Estran C.A. desde donde ha logrado comercializar todo lo derivado del trabajo investigativo iniciado en la academia, convirtiéndose dicho grupo (junto a TECNIDEC) en pionero en Venezuela en el diseño y aplicación de esta tecnología contando con un numeroso portafolio de obras ejecutadas.
Para la fecha en que se realiza el II SLTE ya el Grupo Estran C.A. había ejecutado no menos de 20 proyectos y obras que empezaron a ser reconocidas dentro de diferentes zonas de la ciudad y el resto del país, destacando del 2003 la Cubierta Tensil para el Área de Excavación del Museo Arqueológico de Taima-Taima, Edo. Falcón y de 1998-1999 las Cubiertas Textiles para el Área de Juego “Diverxity” del Centro Comercial Sambil, Caracas (en colaboración con TECNIDEC S.A.), cuya reducción a objeto de valor gráfico sirvió de identificación al evento e ilustra nuestra postal del día de hoy.
Catálogo del II Simposio Latinoamericano de Tenso-Estructuras realizado en Caracas el año 2005
En el encuentro realizado en Caracas, como aspecto relevante, Carlos Henrique Hernández propuso la creación de la Red Latinoamericana de Tenso-Estructuras la cual tuvo una amplia acogida, firmándose el documento fundacional por los participantes allí presentes y que hoy se puede identificar como TENSORED. Adicionalmente logró publicarse un cuidado catálogo que recogió todos los pormenores relacionados con la realización del evento.
Poster del VII Simposio Latinoamericano de Tenso-Estructuras, Lima, 2018Dos portadas de la revista entre rayas dedicadas al tema de las tensoestructuras
La organización del Simposio ha mantenido su regularidad habiéndose realizado hasta la fecha, luego de los de São Paulo y Caracas, otros cinco: Acapulco, México (2008), Montevideo, Uruguay (2011), Santiago de Chile, Chile (2012), Brasilia, Brasil (2014) y Lima, Perú (2018), éste último acogido por la Universidad Ricardo Palma.
El uso de las tenso-estructuras al día de hoy, a partir de que Frei Otto le diera carta de identidad a nivel internacional en los Juegos Olímpicos de Munich (1968-72), se encuentra ampliamente difundido y su desarrollo ha seguido alcanzando cada vez más niveles de optimización y eficiencia, sin dejar de lado el valor estético que su intrínseca ligereza de por sí siempre ha guardado. Para aquellos curiosos interesados en conocer un poco más sobre su evolución en nuestro país recomendamos leer el artículo “Evolución de las tenso-estructuras en Venezuela” de Carlos Henrique Hernández que puede ser descargado de http://saber.ucv.ve/handle/123456789/3805?mode=full, el cual ofrece una amplia bibliografía que cada quien puede incrementar a través de la presencia en la web de textos más recientes. También la revista entrerayas ha convertido el tema el objeto de su interés habiendo publicado hasta ahora hasta cinco números monográficos, siendo el último el 126 (Tensoestructuras V) correspondiente a agosto-septiembre de 2018 donde se dedica un importante espacio al VII SLTE realizado en Perú.