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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 351

Nuestra postal del día de hoy dedicada a reproducir el “Mapa índice de los lotes adjudicados por el Sindicato Blandín a sus suscriptores”, trazado por la Oficina de Ingeniería Edgar Pardo Stolk sobre el General Plan del Caracas Country Club (plano nº23, archivo 7947), Caracas, Venezuela, de Olmsted Brothers-Landscape Architects, Brookline, Massachusetts, fechado en noviembre de 1928, nos permite repasar varios aspectos involucrados a la creación de esa urbanización, sus antecedentes y su significado dentro del desarrollo de la trama urbana de la capital venezolana.

El primer asunto que puede ofrecernos pistas sobre los antecedentes del tema que abordaremos tiene que ver con el momento en el que un “selecto grupo de personas de la sociedad caraqueña” encabezado por los señores William Phelps, Robert Wesselhoeft y A. Mustard, quienes para entonces ya habían comenzado a practicar el golf, deciden fundar en 1918 el “Caracas Golf Club”, antecedente directo de lo que hoy conocemos como “Caracas Country Club”. El acta constitutiva sería firmada por ciento treinta y cuatro personas y el sitio escogido para albergar las primeras actividades y luego la correspondiente casa-club, se ubicaría en el sector Las Barrancas de la Hacienda La Vega, área que luego llevó el nombre de La Quebradita.

1. Primera ubicación del Caracas Golf Club, luego Caracas Country Club, en el sector Las Barrancas de la Hacienda La Vega (extremo oeste de la actual avenida San Martín, entrada de la urbanización Vista Alegre)
2. Las instalaciones del club desde el este (f.1920s).

Tal y como señala Hannia Gómez en “An experimental green” texto publicado en su blog Desde la memoria urbana el 19 de septiembre de 2019, el lugar donde funcionaría el club era “…una amplia franja de piedemonte en forma de media luna que se extendía al norte del rio Guayre, del Camino Real (hoy Avenida San Martín) y de la línea del Ferrocarril, llegando hasta el sitio llamado ‘Cruz de la Vega’ (la esquina del mismo nombre aún se conserva). Los terrenos de suave pendiente combinaban una vasta sabana de árboles ocasionales, en su mayoría hermosos Cujíes, con una serie de barrancos”.

El acondicionamiento de los terrenos se llevó a cabo de forma progresiva desde su estado inicial “con un solo solo green y nueve diferentes tees de salida … hasta convertirse en una nueva cancha formal con 9 hoyos con su propio tee y su propio green, diseñada por el arquitecto de golf norteamericano Charles Henry Banks (quien luego también proyectaría los campos de golf de Blandín) y que duró en vigencia hasta la mudanza del club en 1930”. Sobre una explanada de 5.000 m2 cercana al Camino Real se decidió ubicar la casa-club, terminada de construir en 1923 y cuya autoría se la disputan entre el fundador Robert Wesselhoeft y el para entonces joven arquitecto, recién llegado de Europa, Alfredo Jahn López, quien en 1926 diseñaría la sede del Club Paraíso. El camino de acceso se ubicaba en el lugar donde hoy se encuentra el monumento a Artigas al final de la avenida San Martín en la entrada de la urbanización Vista Alegre.

3. Frederick Law Olmsted y Calvert Vaux. Central Park, Nueva York (1858).

Así, cuando en 1928 el Sindicato Blandín (constituido por las familias Vaamonde, Phelps, Hauck, Brandt, Machado y Arismendi), por sugerencia de Nelson Rockefeller, encarga a la ya mencionada firma Olmsted Brothers-Landscape Architects (proyectistas de Central Park de Nueva York), el diseño al este de la ciudad de una urbanización campestre que contendría 18 hoyos para practicar el golf, en los terrenos que ocupaban la antigua Hacienda Blandín junto a los de las haciendas Lecuna, el Samán y la Granja, se trasladará el antiguo Caracas Golf Club (ya para entonces denominado Caracas Country Club) a una nueva sede, dejando atrás los terrenos acondicionados de La Quebradita, contratándose para el diseño del nuevo campo al ya conocido especialista Charles Henry Banks.

4. Crecimiento de Caracas hacia el este plasmado en el «Plano de Caracas y sus alrededores» de Eduardo Rohl (1934).
5. Detalle del plano de Rohl en el que se ve el trazado del Country Club (izquierda) y foto aérea de la construcción de la urbanización en fechas cercanas a 1930 (derecha).

De esta manera, la urbanización Country Club, proyectada en 1928, construida por etapas y terminada en 1941 se convertiría, tras Los Chorros (1914-1935) y junto a Los Palos Grandes (1928-1940) y La Florida (1929), en pionera dentro del racimo de desarrollos que hacia el este ya empezaban a poblar el valle de Caracas producto de la venta de los terrenos de las haciendas que los ocupaban. De esa manera también surgirían Campo Alegre (1932), San Bernardino (1939), Los Caobos (1939-1941) y Altamira (1943-1944).

Por otra parte, como señalan María Isabel Peña e Iván González Viso en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015), el Caracas Country Club “es un desarrollo pionero del urbanismo residencial en la ciudad, que logró integrar el diseño urbano con el paisajismo natural del valle (…) La firma norteamericana de Olmsted, padre del paisajismo americano (…), planteó aprovechar el valor del escénico paisaje de la Hacienda Blandín, la presencia de grandes árboles como mangos, bucares rosados, mijaos y sus incomparables vistas sobre el valle de Chacao y el pico Ávila. El plan maestro colocó la casa club en el mismo sitio donde se ubicaba la casa de hacienda, manteniendo la relación entre la vieja casona y su entorno, reafirmando los valores paisajísticos del existente camino Blandín flanqueado por palmas washingtonias en la avenida principal y un inolvidable túnel de bambú en el acceso a la casa club. El puente sobre la quebrada Chacaíto (siglo XVIII) también se mantuvo en su ubicación tradicional, mientras que la vía de acceso, paralela a la quebrada de Chacaíto, se planteó a lo largo del arroyo que regaba la plantación de café, lo que reforzó la costumbre de arbolar las entradas a las haciendas en el valle de Caracas, entre los años 30 y 40 (tal como la avenida Vollmer en San Bernardino o la avenida del Parque en Campo Alegre)”.

6. La urbanización en plena construcción (izquierda) y ya concluida en fechas cercanas a su inauguración (derecha).
7. Dos vistas de los campos de golf y una de la vialidad principal.

También, continúan Peña y González Viso, “los campos de golf, diseñados por el arquitecto norteamericano C. H. Banks, fueron construidos en dos etapas (nueve hoyos en 1930, y el resto en 1934), preservando la topografía natural de las faldas del Ávila y reforzando las vistas hacia las colinas del sur y la montaña. Para conservar intactos los árboles centenarios que aún hoy vemos florecer, se trazaron parcelas de formas irregulares y se desvió el trazado de las calles, colocando grandes extensiones de grama bordeadas por masas de árboles al mejor estilo del movimiento internacional Garden City”.

Con relación a los proyectistas quizás valga la pena señalar que la firma Olmsted se originó en el otoño de 1857, cuando Frederick Law Olmsted y Calvert Vaux acordaron participar en el concurso de diseño de Central Park en Nueva York. Cuando su plan «Greensward» recibió el primer premio en abril de 1858, los dos hombres se comprometieron a supervisar la construcción del parque: Olmsted como arquitecto en jefe y Vaux en una posición subordinada como arquitecto consultor. Durante los siguientes siete años colaboraron en diferentes trabajos, pero aparentemente no tenían ningún acuerdo formal de asociación. Esta situación cambió en el otoño de 1865, cuando formaron la firma de Olmsted, Vaux & Co. con la cual obtuvieron varios encargos importantes. Olmsted también fue socio del estudio de arquitectura Vaux, Withers & Co. Ambas sociedades se disolvieron en 1872.

8. Frederick Law Olmsted (padre) y Calvert Vaux.
9. John Charles Olmsted y Frederick Law Olmsted (hijo) fundadores de Olmsted Brothers en 1898.

Luego, Frederick Law Olmsted creará F.L. Olmsted & Co, y en 1893 junto a John Charles Olmsted (su sobrino e hijo adoptivo) y Charles Eliot fundará Olmsted, Olmsted & Eliot. Después de 1895, Olmsted ya no ejerció activamente y dos años más tarde, tras la muerte de Eliot, los socios restantes de la firma, John Charles Olmsted y Frederick Law Olmsted, Jr. la rebautizaron como F.L. & J.C. Olmsted. Al año siguiente, la firma se hizo conocida como Olmsted Brothers.

Para cuando a Olmsted Brothers se le encarga el proyecto del Caracas Country Club ya J.C. Olmsted había fallecido (1920) y había quedado al frente de la firma Frederick Law Olmsted, Jr., sumándose luego como socios de pleno derecho James Frederick Dawson en 1922, Percival Gallagher en 1927, Edward Clark Whiting en 1927 y Henry Vincent Hubbard también en 1927, todos arquitectos paisajistas formados en la oficina. Para entonces la compañía Olmsted Brothers-Landscape Architects ya era la más importante de los Estados Unidos en su ramo.

10. Postal que muestra el acceso a la casa-club (c.1935.).
11. Fachada y planta de la casa-club.

Con relación al diseño de la casa-club del Caracas Country Club, sólo agregar que sería William H. Phelps quien invitaría a Cliford Charles Wendehack, quien fuera su compañero de estudios en la escuela de Lawrenceville, a participar en el concurso internacional que el Sindicato Blandín había organizado para tal fin. Una vez declarado ganador, Wendehack quien había presentado una propuesta en estilo Spanish revival vería como se le abrían las puertas para realizar en Caracas “gran cantidad de obras, empezando por una serie de casas-modelo para la venta en el propio club, con cinco tipologías que eran todas variaciones de un mismo tema, en torno siempre a una torre cilíndrica”, señalará Hannia Gómez en Our architects en Caracas, catálogo de la exposición del mismo nombre realizada en 2017.

La construcción de la casa-club “estuvo a cargo de Carlos Guinand Sandoz, quien resolvió gran parte de su arquitectura e hizo aportes fundamentales en su imagen final. Inaugurada en diciembre de 1930, esta obra representa una de las mejores realizaciones en su tipo en Venezuela”, señalará González Viso en Caracas del valle al mar…

12. Manuel Cabré y El Ávila pintado desde el Caracas Country Club.

Desde su finalización, los campos de golf del Caracas Country Club se convirtieron lugar de visita frecuente para los caraqueños y en el sitio predilecto desde donde Manuel Cabré realizó buena parte de las obras donde el cerro El Ávila sería el protagonista principal, encontrando allí encuadres y lugares que convirtieron esa serie de pinturas en una colección memorable.

Como se indica en www.ccscity450.com, a mediados de los años setenta, dado el incremento del tráfico por las calles de la urbanización y el paulatino aumento de la inseguridad, “los campos de golf fueron cercados y posteriormente amurallados, impidiendo su contemplación al paso y negando una de las experiencias escenográficas más hermosas de Caracas, donde el paisajismo acompaña las vistas hacia el Ávila de manera única”.

13. Vista aérea de la urbanización en la actualidad.

Wikipedia por su parte señala: “En dos ocasiones (2006 y 2010) el gobierno de la Alcaldía mayor y el central propusieron dar un uso diferente al CCC para construir edificios residenciales en sus terrenos de golf, pero finalmente el proyecto no se llevó a cabo”.

Lo anterior ocurría pese a que en 2005 el Instituto del Patrimonio Cultural, había declarado a la urbanización Caracas Country Club (el parcelamiento, sus calles y casas) “Bien de Interés Cultural de la Nación”, publicándose así en la Resolución Nº 003-05 de fecha 20 de febrero, pasando, en consecuencia, a estar protegida por el artículo 178 de la Constitución Nacional.

Hoy en día el Caracas Country Club es considerado un importante pulmón vegetal y forma parte del patrimonio moderno de Caracas.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. http://guiaccs.com/obras/caracas-country-club/

1 y 2. http://hanniagomez.blogspot.com/2019/09/an-experimental-green.html

3. https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:New_York_City-Manhattan-Central_Park_(Gentry).jpg

4. http://guiaccs.com/planos/la-ciudad-del-caballo/

5. http://guiaccs.com/planos/la-ciudad-del-caballo/ y https://ceovenezuela.com/articulo/cesar-garcia-urbano-taylor-el-country-club-la-historia-de-caracas-en-una-sola-urbanizacion/

6. Colección Crono Arquitectura Venezuela y http://guiaccs.com/obras/caracas-country-club/

7. http://guiaccs.com/obras/caracas-country-club/ y https://www.ccscity450.com/obra/campos-de-golf-caracas-country-club/

8. https://www.olmsted.org/the-olmsted-legacy/frederick-law-olmsted-sr y https://www.nps.gov/people/calvert-vaux.htm

9. https://www.olmsted.org/the-olmsted-legacy/john-charles-olmsted y https://www.olmsted.org/the-olmsted-legacy/frederick-law-olmsted-jr

10. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

11. http://guiaccs.com/obras/casa-club-caracas-country-club/

12. https://www.revistafairway.com/venezuela/cabre-pintaba-desde-el-caracas-country-club/

13. https://ceovenezuela.com/articulo/cesar-garcia-urbano-taylor-el-country-club-la-historia-de-caracas-en-una-sola-urbanizacion/

TEXTOS FUNDAMENTALES

Las casas de los caraqueños

Edgar Pardo Stolk

Gráficas Herpa

1969

La publicación del libro Las casas de los caraqueños el año 1969, le brindó a su autor, Edgar Pardo Stolk (1905-1982), la oportunidad de expresar de una forma sencilla, no necesariamente exhaustiva y sin exageradas pretensiones literarias o académicas, su particular interpretación del proceso de crecimiento y transformación de Caracas a través de un tema que, como para cualquier ciudad, constituye el insumo fundamental de su tejido urbano: la vivienda.

Editado en 1969, cuando ya habían pasado las celebraciones del cuatricentenario de la capital venezolana y el sacudón del terremoto (ambos, como se sabe, acontecidos en 1967), y coincidiendo con la aparición de Caracas a través de su arquitectura de Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani (que quizás lo opacó en cuanto a interés dentro del medio arquitectónico), Las casas de los caraqueños, como el mismo Pardo Stolk manifiesta en el “Prólogo”, parte de una curiosa inquietud originada de una observación que como habitante y conocedor de su ciudad natal lo había acompañado durante mucho tiempo: “la coincidencia entre el estilo de las construcciones oficiales y el de las particulares de la misma época”.

1. Prólogo del libro Las casas de los caraqueños escrito por Edgar Pardo Stolk en
diciembre de 1967.

De dicha semejanza observada, influida sin duda por la presencia de gobiernos de tinte autoritario que caracterizaron el país prácticamente desde su emancipación pero muy particularmente durante los primeros 35 años del siglo XX, surgen como primeras hipótesis, por un lado, el afán de parte de cierto sector de la población de ponerse a tono con lo que el gobierno realizaba y, por el otro, “el hecho de que hasta hace solamente pocos años, la mayoría de las personas que disponían de los fondos para hacer construcciones de relativa importancia, eran parte del Gobierno y por lo tanto estaban afectadas por la misma inclinación”.

Sin embargo, una vez graduado en la Universidad Central de Venezuela primero de agrimensor (1921) y luego de Doctor en Ciencias Físicas y Matemáticas (1926), y trabajando en los servicios técnicos del Ministerio de Obras Públicas (MOP) entre 1922 y 1929, a Pardo Stolk se le amplía el rango posibilidades para obtener respuesta a sus inquietudes. Viendo lo que acontecía en otros países intuye que en el nuestro posiblemente impactaban otros dos factores o variantes que influyeron directamente en la ejecución de las construcciones: la moda o gusto del momento, “el cual no sé por qué sistema, dado lo escaso y difícil de las comunicaciones, se regaba por el mundo con una rapidez sorprendente”; y “la aparición de nuevos materiales y la llegada de artesanos con nuevas escuelas”.

Abrumado por lo amplio del tema, número de variantes y causas del fenómeno para cuyo complejo abordaje no se sentía suficientemente preparado, Pardo Stolk había decidido abandonar la idea de realizar publicación alguna. Será gracias a la posibilidad que le abrió el contar con una excelente máquina fotográfica y de “haber leído unos libros sobre la mejor manera de usarla” que retomará, armado con ella y desde otra mirada, sus recorridos por Caracas con base en itinerarios muy precisos. “Mientras hacía esto -dirá Pardo Stolk- iba reviviendo toda una serie de anécdotas e incidentes que sólo quedan en la tradición oral y al final pensé que quizá eso, en sí mismo, era de mayor interés”.

2. Edgar Pardo Stolk (1905-1982).
3. Las únicas páginas del libro que contienen dibujos.
4. Dos de las páginas interiores del libro.

Sobre dicha base absolutamente empírica, a la que se sumaron 40 años de experiencia profesional tanto en el sector público como en el privado (Stolk participó en 1930 como auxiliar del doctor Hernán Ayala en la ejecución de los trabajos de reformas del Panteón Nacional según proyecto de Manuel Mujica Millán, y más tarde interviene en los proyectos de ingeniería de la Escuela de Medicina y del Hospital Universitario de Caracas), el haber liderizado importantes estudios y proyectos (como el estanque de El Polvorín para el abastecimiento del agua de Caracas en 1934 o la planta de las Salinas de Araya inaugurada en 1942), elaborado normas y leyes (en 1936, redactó las primeras “Normas para la construcción de edificios”), participado en o dirigido reconocidas instituciones y ostentado altos cargos (entre otros, Jefe del Servicio de la Dirección de Vías de Comunicación del Ministerio de Obra Públicas entre 1929 y 1930; Director Técnico del Ministerio de Obras Públicas -1933-; Presidente del Colegio de Ingenieros de Venezuela en 1932 y entre 1942 y 1943; Miembro de la Comisión Nacional de Urbanismo -1946-; y entre 1947 y 1948 Ministro de Obras Públicas en el gobierno de Rómulo Gallegos); y elegido Miembro Correspondiente Nacional de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (1960) e Individuo de Número en 1964, Pardo Stolk decide escribir Las casas de los caraqueños.

De esa manera y con ese bagaje, da salida a una visión muy particular salpicada de historia e importantes datos sobre: la manera como se construía en el país, las técnicas utilizadas y los materiales empleados; la tipología de la vivienda entre medianeras del centro de la ciudad; los lugares donde las primeras casas fueron apareciendo fuera del casco central y los estilos que poco a poco se fueron asumiendo; las relaciones entre el desarrollo urbano y el poder; la incorporación paulatina de las normas sanitarias en la construcción; el cambio de paradigma de Europa a los Estados Unidos después de la Primera Guerra Mundial; la escasa participación de profesionales en la construcción de la ciudad durante el primer cuarto de siglo donde cualquiera lo hacía sin orden ni concierto; la tímida presencia inicial de Alejandro Chataing, Ricardo Razetti y Luis B. Castillo en la realización de obras públicas y la posterior llegada de los primeros arquitectos formados en el exterior (Alfredo Jahn, Carlos Guinand Sandoz, Manuel Mujica Millán, Carlos Raúl Villanueva y Luis Malaussena); la aparición de los grandes urbanizadores (Luis Roche y Juan Bernardo Arismendi como los más destacados); el arribo de los constructores catalanes (a finales de los años 20) y vascos (a finales de los años 30); la revalorización de las actividades de los ingenieros y arquitectos tras la muerte de Gómez y la creación de la Escuela de Arquitectura de la UCV; el tránsito de la vivienda unifamiliar a la multifamiliar y el surgimiento de las “casas de vecindad”; las dificultades para implantar la Ley de Propiedad Horizontal; para finalizar con un análisis de la formación y posterior consolidación de los primeros barrios de ranchos y las viviendas que los conforman.

5. Algunas de las páginas interiores del libro.

Con la sinceridad por delante, Pardo Stolk confiesa que, en definitiva, el libro resultante “no es ni de arquitectura ni de historia, sino una simple narración de tradiciones por los mayores en la familia, o de incidencias observadas o vividas por mí y que acompaño con la información gráfica obtenida”.

Pese a ello, por la manera como trata el tema y la abundante cantidad de imágenes que posee (no todas de buena calidad ni debidamente identificadas), Las casas de los caraqueños se trata de un libro de referencia y de consulta de donde se pueden extraer significativos datos sobre la situación política, social y económica del país. Sus 9 capítulos, 136 páginas sin numerar y cerca de 210 fotografías (todas realizadas por Pardo Stolk, a las que se suman dos dibujos) guardan, para quien sepa leer entre líneas, muchos secretos que permiten desentrañar un proceso que se inicia con el análisis de la casa típica de Caracas anterior a 1940 (que no es otra que la casa urbana entre medianeras del centro) y que, transitando por el proceso paulatino de poblamiento de la ciudad primero a través de casas (curiosamente Pardo Stolk no utiliza ni una sola vez el término “quinta” como sinónimo a lo largo de todo el libro) y luego de edificios, concluye con una propuesta de avanzada relacionada con la observación acerca de la manera como se va dando la transformación de ranchos en viviendas consolidadas gracias a la participación de los usuarios en la autoconstrucción de las mismas.

6. Dos de las páginas interiores del libro.

Así, sobre este asunto, Pardo Stolk nos dejará en el último párrafo del libro la siguiente reflexión: “Vale la pena pensar en la tremenda fuerza de realización que supone esa cantidad de personas, con interés directo en el resultado, y lo que realizaría, si fuera adecuadamente guiada, en la organización y coordinación de un servicio adecuado, que debería prestar gratuitamente, todo profesional de la ingeniería o de la arquitectura, en los barrios cercanos a su vivienda”.

ACA

Procedencia de las imágenes

Todas menos la 2. Edgar Pardo Stolk. Las casas de los caraqueños, 1969

2. Venezuela en Retrospectiva (https://venezuelaenretrospectiva.wordpress.com/2018/05/19/edgar-pardo-stolk/comment-page-1/)

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 344

La decisión de la Royal Dutch Shell de cambiar su sede de San Bernardino, donde se había instalado en 1950 en el edificio diseñado por Clarence Badgeley y Charles Bradbury cuatro años antes, la convierte en la segunda empresa que engrosa el segundo “distrito petrolero” que, a partir de mediados de los años 1950, Henry Vicente ubica en el eje que va desde Los Chaguaramos a Chuao al sur del río Guaire.

Al igual que otros consocios dedicados a la extracción de hidrocarburos, tras casi 40 años de presencia en el país caracterizados por la dispersión de sus dependencias y la ausencia de sedes realmente corporativas, la Shell (que había llegado a Venezuela en 1912) se ubica durante las décadas de 1920 y 1930 en la esquina de Mijares de la capital venezolana instalando allí en una modesta edificación existente una división más de la compañía.

Dicha situación cambiará a partir de la promulgación de la Ley de Hidrocarburos de 1943, la cual (en concordancia con la coyuntura de la Segunda Guerra Mundial), impulsará una modificación sustancial de las relaciones de las petroleras con el país. Producto de ello será, por un lado, la construcción de refinerías (Cardón por parte de la Shell en 1949 y Amuay por la Creole en 1950) y, por el otro, la decisión de centralizar en Caracas la dirección de las empresas y la consecuente construcción de sendas sedes.

1. Clarence Badgeley y Charles Bradbury. Primer edificio sede de la Royal Dutch Shell, San Bernardino, Caracas (1950) -hoy Comandancia General de la Armada-

Serán La Candelaria y San Bernardino, como bien señala Henry Vicente, los epicentros de lo que considera el primer Distrito Petrolero detectado en la ciudad y el lugar donde, como ya mencionamos, la Shell, luego de adquirir en 1945 un terreno de 12.132 m2, decidirá levantar su flamante centro de operaciones de 14.430 m2 de construcción y tres niveles que, siguiendo un esquema beauxartiano, remataría el eje de la arbolada avenida Vollmer de la primera urbanización que desarrolló un esquema de ocupación territorial diametralmente opuesto al del casco histórico. Considerado en su momento como “el edificio de oficinas más grande de la ciudad”, las demoras para su apertura definitiva en 1950 fueron achacadas por W. L. Forster, gerente general de la Shell, a la dificultad para obtener los materiales debido a la escasez ocasionada por la guerra.

Tras la mudanza en 1955 de la Creole a su nueva sede en Los Chaguaramos (proyectada por Lathrop Douglass en 1949), a ocho años de haber dejado la anterior (que ocuparía la Seguridad Nacional) en la Plaza Mohedano -denominada Plaza Morelos a partir de 1953-, se daría el primer paso para la conformación del segundo Distrito Petrolero a lo largo de la ribera sur del Guaire.  Siguiendo los pasos de la Creole, la Shell hará otro tanto cuando, por “‘la falta de adecuados estacionamientos para automóviles, imperdonable para un arquitecto norteamericano y un cliente petrolero’, como decía Rafael Valery, y las carencias del edificio obligaron a buscar otras sedes, como la Casa de Italia (1958), obra de Doménico Filippone, mezcla de usos de oficinas, comercio y actividades propias de un centro social de inmigrantes”, en 1960 se mudaría al este de la ciudad.

2. Dos fotografías de la maqueta de la segunda sede de la Shell a construirse en Chuao.
3. El segundo edificio sede de la Shell y su entorno en fechas cercanas a su inauguración en 1960.

El nuevo edificio de la Shell, a diferencia del anterior incorporado en una trama bien estructurada, se ubicaría en un sector vacío de la urbanización Chuao destinado a comercios y oficinas apareciendo como primer elemento de importancia en una zona que se poblará posteriormente de edificios corporativos y en la que privará el valor de cada pieza como solista en detrimento de un verdadero valor coral.

También a diferencia de la sede anterior, el nuevo edificio será diseñado por arquitectos radicados en Venezuela. Corresponderá a Diego Carbonell y Miguel Salvador Díaz junto a José Lino Vaamonde llevar adelante entre 1957 y 1958 el proyecto arquitectónico que, además de resolver las insuficiencias de espacio y unificar la dispersión de sus funciones en la ciudad, devolvía a la empresa una imagen corporativa contundente. Así, proponiendo un elegante prisma moderno de correctas proporciones, líneas y colores sobrios, que funcionaba eficientemente y se elevaba imponente en el entorno, quedaban atrás las reminiscencias academicistas del edificio anterior.

La torre de 17 pisos estaría equipada con diez ascensores, aire acondicionado central en todas sus áreas, servicios de última generación para los empleados (entre los cuales destacaba un consultorio médico ubicado en la planta baja), una amplia sala de cine para cien personas y un estacionamiento con capacidad de 1.030 puestos, clara señal de que se privilegiaba el acceso por automóvil, en virtud de que el lote de terreno sobre el cual se construyó es una “isla” en medio de Chuao, como asomáramos anteriormente.

4. Diego Carbonell y dos de sus obras. El Centro Comercial del Este (1953) y la sede del Colegio de Médicos del Distrito Federal (1955).

Diego Carbonell Parra (Rio de Janeiro, 1923-Caracas, 2000), arquitecto egresado del Massachusetts Institute of Technology (MIT), al regresar a Venezuela proyectó en 1947 la sede de la Cruz Roja Venezolana para, posteriormente, conformar junto a Tomás José Sanabria entre 1949 y 1953 una de las primeras oficinas de arquitectura del país de cuya sociedad destacan, por un lado, una serie de casas notables impregnadas de un funcionalismo ligado a la tradición y, por el otro, su participación en los proyectos para el edificio de oficinas Pardo e hijos (1951), la sede de la Electricidad de Caracas en San Bernardino (1951-53) y el Grupo Escolar Carlos Delgado Chalbaud (1952-53), entre otros. Luego, en solitario, diseñará en Caracas: el Centro Comercial del Este (1953, sobre la avenida Casanova); la sede del Colegio de Médicos del Distrito Federal (1955, Plaza Las Tres Gracias); el edificio Las Fundaciones (1955, Avenida Andrés Bello); el edificio La Hacienda (1957, Las Mercedes); y la Casa Club del Junko Golf Club (1958, El Junko), por citar algunas de sus obras, a las que habría de sumarse el trazado y diseño de viviendas tipo para las urbanizaciones Santa Marta y Santa Cecilia contratado por Venezolana de Inversiones -VICA- (1955) y, entre 1976 y 1982, el Centro Ciudad Comercial Tamanaco (CCCT), Chuao, con el arquitecto norteamericano Chris Ramos.

5. Miguel Salvador Díaz y dos de sus obras. El Instituto Nacional de Tuberculosis (1950) y el Mirador El Vigía (1954).

Por su parte, Miguel Salvador Díaz, nacido en Madrid en 1926, hijo del arquitecto exiliado Fernando Salvador Carreras de amplia trayectoria en Venezuela en el área médico-asistencial, egresará de la UCV en 1948 como parte de la 1ª promoción de la Escuela de Arquitectura de la Facultad de Ingeniería. Diseñaría como sus obras más destacadas: el Instituto Nacional de Tuberculosis, El Algodonal, Antímano, Caracas, inaugurado en 1950; el Mirador El Vigía, Ciudad Vacacional Los Caracas, Litoral Central (1954); y la Casa Parroquial junto a la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, Las Mercedes, Baruta (1955).

6. José Luino Vaamonde y dos de sus obras. El Edificio de oficinas de la refinería Cardón (1959) y el Club Manaure (1953).

José Lino Vaamonde (Orense, 1900-Caracas, 1986), director de Arquitectura de la Shell para cuando es proyectada la segunda sede de Caracas, exiliado político a causa de la Guerra Civil española, también diseñaría para la petrolera: el Edificio Shell para el Agricultor, Cagua, estado Aragua (1952), el Centro de Entrenamiento Artesanal de Lagunillas, estado Zulia (1953); el Club Manaure, Cardón, estado Falcón (1953); la Unidad de quemaduras del Hospital Shell, Maracaibo, estado Zulia (1955); el Plan Regulador de Lagunillas, estado Zulia (1958); el Edificio de oficinas de la refinería Cardón, estado Falcón (1959), y las Estaciones de Servicio Blandín, La Castellana, Caracas (1954) y Las Mercedes, Caracas (supervisando a Carlos Augusto Gramcko, 1955). En solitario, proyectaría el Colegio Claret, Los Dos Caminos, Caracas (1957).

7. Vista general de la fachada norte del edificio La Estancia -hoy sede de la Universidad Nacional Experimental de las Fuerzas Armadas -UNEFA- (c.2015)

El “cuartel general” de la Shell en Chuao, conocido también como edificio La Estancia, se planteó, como señala Iván González Viso en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015), “con el núcleo de circulación ubicado en la fachada sur, permitiendo liberar la fachada norte. Ambas fachadas están protegidas por brise soleil de aluminio, elemento que le otorga al edificio su especial carácter”. Y añade: “Los pórticos ubicados en planta baja otorgan escala al visitante”. Por otro lado, las fachadas este y oeste, ciegas, cobran escala gracias a la presencia de las ligeras escaleras de emergencia, contrastantes con relación a la solidez del volumen.

A modo de complemento, Hannia Gómez en Suite Iberia. La arquitectura de influencia española en Caracas, catálogo de la exposición del mismo nombre montada en la Sala TAC entre julio y agosto de 2015, apuntará: “La adusta y enorme torre de oficinas, un verdadero ícono moderno, atracó en el este de la ciudad derrochando severidad con su escala asombrosa. En ella se entretejen ‘la rígida batuta geométrica producto de la saga académica del MIT’ de Carbonell, la mano del airoso diseño de Miguel Salvador Díaz y el amor por las cubiertas plegables de concreto de Vaamonde”.

8. Fachada sur (izquierda arriba y abajo) y detalles del acceso y la fachada norte del edificio La Estancia.

Es tal vez la caracterización del edificio lograda a través de la piel de aluminio que lo envuelve y funge de protección solar, lo que sin duda nos permite concluir que, a pesar del cambio de uso y de los elementos añadidos al sur del terreno y la planta baja al que ha sido sometido para albergar un centro educativo, Carbonell, Salvador y Vaamonde tenían muy claro donde estaba el norte, condición que hoy hemos reavivado con la transcripción del texto de Posani.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Colección Crono Arquitectura Venezuela

1. http://guiaccs.com/obras/comandancia-general-de-la-armada-antiguo-edificio-shell/

2. Catálogo de la exposición Suite Iberia. La arquitectura de influencia española en Caracas (2015)

3. https://www.facebook.com/photo/?fbid=904990736207624&set=diego-carbonell-parra-con-miguel-salvador-diaz-edificio-la-estancia-en-construcc

4. https://www.facebook.com/photo/?fbid=904990736207624&set=diego-carbonell-parra-con-miguel-salvador-diaz-edificio-la-estancia-en-construcc y Colección Crono Arquitectura Venezuela

5. https://www.facebook.com/photo/?fbid=664130150293685&set=a.592640707442630

6. https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Lino_Vaamonde y https://www.instagram.com/p/CnQse8HL_-P/

7. https://www.flickr.com/photos/juliocesarmesa/34026217440

8. https://elgrangestor.com/c-venezuela/unefa/, https://www.vtv.gob.ve/tag/unefa/, https://twitter.com/Edcruzideas/status/1507043862329667586/photo/1, https://twitter.com/ArquitecturaVzl/status/315205588676141056 y http://guiaccs.com/obras/edificio-la-estancia-antiguo-edificio-shell/