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TEXTOS FUNDAMENTALES

Las casas de los caraqueños

Edgar Pardo Stolk

Gráficas Herpa

1969

La publicación del libro Las casas de los caraqueños el año 1969, le brindó a su autor, Edgar Pardo Stolk (1905-1982), la oportunidad de expresar de una forma sencilla, no necesariamente exhaustiva y sin exageradas pretensiones literarias o académicas, su particular interpretación del proceso de crecimiento y transformación de Caracas a través de un tema que, como para cualquier ciudad, constituye el insumo fundamental de su tejido urbano: la vivienda.

Editado en 1969, cuando ya habían pasado las celebraciones del cuatricentenario de la capital venezolana y el sacudón del terremoto (ambos, como se sabe, acontecidos en 1967), y coincidiendo con la aparición de Caracas a través de su arquitectura de Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani (que quizás lo opacó en cuanto a interés dentro del medio arquitectónico), Las casas de los caraqueños, como el mismo Pardo Stolk manifiesta en el “Prólogo”, parte de una curiosa inquietud originada de una observación que como habitante y conocedor de su ciudad natal lo había acompañado durante mucho tiempo: “la coincidencia entre el estilo de las construcciones oficiales y el de las particulares de la misma época”.

1. Prólogo del libro Las casas de los caraqueños escrito por Edgar Pardo Stolk en
diciembre de 1967.

De dicha semejanza observada, influida sin duda por la presencia de gobiernos de tinte autoritario que caracterizaron el país prácticamente desde su emancipación pero muy particularmente durante los primeros 35 años del siglo XX, surgen como primeras hipótesis, por un lado, el afán de parte de cierto sector de la población de ponerse a tono con lo que el gobierno realizaba y, por el otro, “el hecho de que hasta hace solamente pocos años, la mayoría de las personas que disponían de los fondos para hacer construcciones de relativa importancia, eran parte del Gobierno y por lo tanto estaban afectadas por la misma inclinación”.

Sin embargo, una vez graduado en la Universidad Central de Venezuela primero de agrimensor (1921) y luego de Doctor en Ciencias Físicas y Matemáticas (1926), y trabajando en los servicios técnicos del Ministerio de Obras Públicas (MOP) entre 1922 y 1929, a Pardo Stolk se le amplía el rango posibilidades para obtener respuesta a sus inquietudes. Viendo lo que acontecía en otros países intuye que en el nuestro posiblemente impactaban otros dos factores o variantes que influyeron directamente en la ejecución de las construcciones: la moda o gusto del momento, “el cual no sé por qué sistema, dado lo escaso y difícil de las comunicaciones, se regaba por el mundo con una rapidez sorprendente”; y “la aparición de nuevos materiales y la llegada de artesanos con nuevas escuelas”.

Abrumado por lo amplio del tema, número de variantes y causas del fenómeno para cuyo complejo abordaje no se sentía suficientemente preparado, Pardo Stolk había decidido abandonar la idea de realizar publicación alguna. Será gracias a la posibilidad que le abrió el contar con una excelente máquina fotográfica y de “haber leído unos libros sobre la mejor manera de usarla” que retomará, armado con ella y desde otra mirada, sus recorridos por Caracas con base en itinerarios muy precisos. “Mientras hacía esto -dirá Pardo Stolk- iba reviviendo toda una serie de anécdotas e incidentes que sólo quedan en la tradición oral y al final pensé que quizá eso, en sí mismo, era de mayor interés”.

2. Edgar Pardo Stolk (1905-1982).
3. Las únicas páginas del libro que contienen dibujos.
4. Dos de las páginas interiores del libro.

Sobre dicha base absolutamente empírica, a la que se sumaron 40 años de experiencia profesional tanto en el sector público como en el privado (Stolk participó en 1930 como auxiliar del doctor Hernán Ayala en la ejecución de los trabajos de reformas del Panteón Nacional según proyecto de Manuel Mujica Millán, y más tarde interviene en los proyectos de ingeniería de la Escuela de Medicina y del Hospital Universitario de Caracas), el haber liderizado importantes estudios y proyectos (como el estanque de El Polvorín para el abastecimiento del agua de Caracas en 1934 o la planta de las Salinas de Araya inaugurada en 1942), elaborado normas y leyes (en 1936, redactó las primeras “Normas para la construcción de edificios”), participado en o dirigido reconocidas instituciones y ostentado altos cargos (entre otros, Jefe del Servicio de la Dirección de Vías de Comunicación del Ministerio de Obra Públicas entre 1929 y 1930; Director Técnico del Ministerio de Obras Públicas -1933-; Presidente del Colegio de Ingenieros de Venezuela en 1932 y entre 1942 y 1943; Miembro de la Comisión Nacional de Urbanismo -1946-; y entre 1947 y 1948 Ministro de Obras Públicas en el gobierno de Rómulo Gallegos); y elegido Miembro Correspondiente Nacional de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (1960) e Individuo de Número en 1964, Pardo Stolk decide escribir Las casas de los caraqueños.

De esa manera y con ese bagaje, da salida a una visión muy particular salpicada de historia e importantes datos sobre: la manera como se construía en el país, las técnicas utilizadas y los materiales empleados; la tipología de la vivienda entre medianeras del centro de la ciudad; los lugares donde las primeras casas fueron apareciendo fuera del casco central y los estilos que poco a poco se fueron asumiendo; las relaciones entre el desarrollo urbano y el poder; la incorporación paulatina de las normas sanitarias en la construcción; el cambio de paradigma de Europa a los Estados Unidos después de la Primera Guerra Mundial; la escasa participación de profesionales en la construcción de la ciudad durante el primer cuarto de siglo donde cualquiera lo hacía sin orden ni concierto; la tímida presencia inicial de Alejandro Chataing, Ricardo Razetti y Luis B. Castillo en la realización de obras públicas y la posterior llegada de los primeros arquitectos formados en el exterior (Alfredo Jahn, Carlos Guinand Sandoz, Manuel Mujica Millán, Carlos Raúl Villanueva y Luis Malaussena); la aparición de los grandes urbanizadores (Luis Roche y Juan Bernardo Arismendi como los más destacados); el arribo de los constructores catalanes (a finales de los años 20) y vascos (a finales de los años 30); la revalorización de las actividades de los ingenieros y arquitectos tras la muerte de Gómez y la creación de la Escuela de Arquitectura de la UCV; el tránsito de la vivienda unifamiliar a la multifamiliar y el surgimiento de las “casas de vecindad”; las dificultades para implantar la Ley de Propiedad Horizontal; para finalizar con un análisis de la formación y posterior consolidación de los primeros barrios de ranchos y las viviendas que los conforman.

5. Algunas de las páginas interiores del libro.

Con la sinceridad por delante, Pardo Stolk confiesa que, en definitiva, el libro resultante “no es ni de arquitectura ni de historia, sino una simple narración de tradiciones por los mayores en la familia, o de incidencias observadas o vividas por mí y que acompaño con la información gráfica obtenida”.

Pese a ello, por la manera como trata el tema y la abundante cantidad de imágenes que posee (no todas de buena calidad ni debidamente identificadas), Las casas de los caraqueños se trata de un libro de referencia y de consulta de donde se pueden extraer significativos datos sobre la situación política, social y económica del país. Sus 9 capítulos, 136 páginas sin numerar y cerca de 210 fotografías (todas realizadas por Pardo Stolk, a las que se suman dos dibujos) guardan, para quien sepa leer entre líneas, muchos secretos que permiten desentrañar un proceso que se inicia con el análisis de la casa típica de Caracas anterior a 1940 (que no es otra que la casa urbana entre medianeras del centro) y que, transitando por el proceso paulatino de poblamiento de la ciudad primero a través de casas (curiosamente Pardo Stolk no utiliza ni una sola vez el término “quinta” como sinónimo a lo largo de todo el libro) y luego de edificios, concluye con una propuesta de avanzada relacionada con la observación acerca de la manera como se va dando la transformación de ranchos en viviendas consolidadas gracias a la participación de los usuarios en la autoconstrucción de las mismas.

6. Dos de las páginas interiores del libro.

Así, sobre este asunto, Pardo Stolk nos dejará en el último párrafo del libro la siguiente reflexión: “Vale la pena pensar en la tremenda fuerza de realización que supone esa cantidad de personas, con interés directo en el resultado, y lo que realizaría, si fuera adecuadamente guiada, en la organización y coordinación de un servicio adecuado, que debería prestar gratuitamente, todo profesional de la ingeniería o de la arquitectura, en los barrios cercanos a su vivienda”.

ACA

Procedencia de las imágenes

Todas menos la 2. Edgar Pardo Stolk. Las casas de los caraqueños, 1969

2. Venezuela en Retrospectiva (https://venezuelaenretrospectiva.wordpress.com/2018/05/19/edgar-pardo-stolk/comment-page-1/)

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 344

La decisión de la Royal Dutch Shell de cambiar su sede de San Bernardino, donde se había instalado en 1950 en el edificio diseñado por Clarence Badgeley y Charles Bradbury cuatro años antes, la convierte en la segunda empresa que engrosa el segundo “distrito petrolero” que, a partir de mediados de los años 1950, Henry Vicente ubica en el eje que va desde Los Chaguaramos a Chuao al sur del río Guaire.

Al igual que otros consocios dedicados a la extracción de hidrocarburos, tras casi 40 años de presencia en el país caracterizados por la dispersión de sus dependencias y la ausencia de sedes realmente corporativas, la Shell (que había llegado a Venezuela en 1912) se ubica durante las décadas de 1920 y 1930 en la esquina de Mijares de la capital venezolana instalando allí en una modesta edificación existente una división más de la compañía.

Dicha situación cambiará a partir de la promulgación de la Ley de Hidrocarburos de 1943, la cual (en concordancia con la coyuntura de la Segunda Guerra Mundial), impulsará una modificación sustancial de las relaciones de las petroleras con el país. Producto de ello será, por un lado, la construcción de refinerías (Cardón por parte de la Shell en 1949 y Amuay por la Creole en 1950) y, por el otro, la decisión de centralizar en Caracas la dirección de las empresas y la consecuente construcción de sendas sedes.

1. Clarence Badgeley y Charles Bradbury. Primer edificio sede de la Royal Dutch Shell, San Bernardino, Caracas (1950) -hoy Comandancia General de la Armada-

Serán La Candelaria y San Bernardino, como bien señala Henry Vicente, los epicentros de lo que considera el primer Distrito Petrolero detectado en la ciudad y el lugar donde, como ya mencionamos, la Shell, luego de adquirir en 1945 un terreno de 12.132 m2, decidirá levantar su flamante centro de operaciones de 14.430 m2 de construcción y tres niveles que, siguiendo un esquema beauxartiano, remataría el eje de la arbolada avenida Vollmer de la primera urbanización que desarrolló un esquema de ocupación territorial diametralmente opuesto al del casco histórico. Considerado en su momento como “el edificio de oficinas más grande de la ciudad”, las demoras para su apertura definitiva en 1950 fueron achacadas por W. L. Forster, gerente general de la Shell, a la dificultad para obtener los materiales debido a la escasez ocasionada por la guerra.

Tras la mudanza en 1955 de la Creole a su nueva sede en Los Chaguaramos (proyectada por Lathrop Douglass en 1949), a ocho años de haber dejado la anterior (que ocuparía la Seguridad Nacional) en la Plaza Mohedano -denominada Plaza Morelos a partir de 1953-, se daría el primer paso para la conformación del segundo Distrito Petrolero a lo largo de la ribera sur del Guaire.  Siguiendo los pasos de la Creole, la Shell hará otro tanto cuando, por “‘la falta de adecuados estacionamientos para automóviles, imperdonable para un arquitecto norteamericano y un cliente petrolero’, como decía Rafael Valery, y las carencias del edificio obligaron a buscar otras sedes, como la Casa de Italia (1958), obra de Doménico Filippone, mezcla de usos de oficinas, comercio y actividades propias de un centro social de inmigrantes”, en 1960 se mudaría al este de la ciudad.

2. Dos fotografías de la maqueta de la segunda sede de la Shell a construirse en Chuao.
3. El segundo edificio sede de la Shell y su entorno en fechas cercanas a su inauguración en 1960.

El nuevo edificio de la Shell, a diferencia del anterior incorporado en una trama bien estructurada, se ubicaría en un sector vacío de la urbanización Chuao destinado a comercios y oficinas apareciendo como primer elemento de importancia en una zona que se poblará posteriormente de edificios corporativos y en la que privará el valor de cada pieza como solista en detrimento de un verdadero valor coral.

También a diferencia de la sede anterior, el nuevo edificio será diseñado por arquitectos radicados en Venezuela. Corresponderá a Diego Carbonell y Miguel Salvador Díaz junto a José Lino Vaamonde llevar adelante entre 1957 y 1958 el proyecto arquitectónico que, además de resolver las insuficiencias de espacio y unificar la dispersión de sus funciones en la ciudad, devolvía a la empresa una imagen corporativa contundente. Así, proponiendo un elegante prisma moderno de correctas proporciones, líneas y colores sobrios, que funcionaba eficientemente y se elevaba imponente en el entorno, quedaban atrás las reminiscencias academicistas del edificio anterior.

La torre de 17 pisos estaría equipada con diez ascensores, aire acondicionado central en todas sus áreas, servicios de última generación para los empleados (entre los cuales destacaba un consultorio médico ubicado en la planta baja), una amplia sala de cine para cien personas y un estacionamiento con capacidad de 1.030 puestos, clara señal de que se privilegiaba el acceso por automóvil, en virtud de que el lote de terreno sobre el cual se construyó es una “isla” en medio de Chuao, como asomáramos anteriormente.

4. Diego Carbonell y dos de sus obras. El Centro Comercial del Este (1953) y la sede del Colegio de Médicos del Distrito Federal (1955).

Diego Carbonell Parra (Rio de Janeiro, 1923-Caracas, 2000), arquitecto egresado del Massachusetts Institute of Technology (MIT), al regresar a Venezuela proyectó en 1947 la sede de la Cruz Roja Venezolana para, posteriormente, conformar junto a Tomás José Sanabria entre 1949 y 1953 una de las primeras oficinas de arquitectura del país de cuya sociedad destacan, por un lado, una serie de casas notables impregnadas de un funcionalismo ligado a la tradición y, por el otro, su participación en los proyectos para el edificio de oficinas Pardo e hijos (1951), la sede de la Electricidad de Caracas en San Bernardino (1951-53) y el Grupo Escolar Carlos Delgado Chalbaud (1952-53), entre otros. Luego, en solitario, diseñará en Caracas: el Centro Comercial del Este (1953, sobre la avenida Casanova); la sede del Colegio de Médicos del Distrito Federal (1955, Plaza Las Tres Gracias); el edificio Las Fundaciones (1955, Avenida Andrés Bello); el edificio La Hacienda (1957, Las Mercedes); y la Casa Club del Junko Golf Club (1958, El Junko), por citar algunas de sus obras, a las que habría de sumarse el trazado y diseño de viviendas tipo para las urbanizaciones Santa Marta y Santa Cecilia contratado por Venezolana de Inversiones -VICA- (1955) y, entre 1976 y 1982, el Centro Ciudad Comercial Tamanaco (CCCT), Chuao, con el arquitecto norteamericano Chris Ramos.

5. Miguel Salvador Díaz y dos de sus obras. El Instituto Nacional de Tuberculosis (1950) y el Mirador El Vigía (1954).

Por su parte, Miguel Salvador Díaz, nacido en Madrid en 1926, hijo del arquitecto exiliado Fernando Salvador Carreras de amplia trayectoria en Venezuela en el área médico-asistencial, egresará de la UCV en 1948 como parte de la 1ª promoción de la Escuela de Arquitectura de la Facultad de Ingeniería. Diseñaría como sus obras más destacadas: el Instituto Nacional de Tuberculosis, El Algodonal, Antímano, Caracas, inaugurado en 1950; el Mirador El Vigía, Ciudad Vacacional Los Caracas, Litoral Central (1954); y la Casa Parroquial junto a la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, Las Mercedes, Baruta (1955).

6. José Luino Vaamonde y dos de sus obras. El Edificio de oficinas de la refinería Cardón (1959) y el Club Manaure (1953).

José Lino Vaamonde (Orense, 1900-Caracas, 1986), director de Arquitectura de la Shell para cuando es proyectada la segunda sede de Caracas, exiliado político a causa de la Guerra Civil española, también diseñaría para la petrolera: el Edificio Shell para el Agricultor, Cagua, estado Aragua (1952), el Centro de Entrenamiento Artesanal de Lagunillas, estado Zulia (1953); el Club Manaure, Cardón, estado Falcón (1953); la Unidad de quemaduras del Hospital Shell, Maracaibo, estado Zulia (1955); el Plan Regulador de Lagunillas, estado Zulia (1958); el Edificio de oficinas de la refinería Cardón, estado Falcón (1959), y las Estaciones de Servicio Blandín, La Castellana, Caracas (1954) y Las Mercedes, Caracas (supervisando a Carlos Augusto Gramcko, 1955). En solitario, proyectaría el Colegio Claret, Los Dos Caminos, Caracas (1957).

7. Vista general de la fachada norte del edificio La Estancia -hoy sede de la Universidad Nacional Experimental de las Fuerzas Armadas -UNEFA- (c.2015)

El “cuartel general” de la Shell en Chuao, conocido también como edificio La Estancia, se planteó, como señala Iván González Viso en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015), “con el núcleo de circulación ubicado en la fachada sur, permitiendo liberar la fachada norte. Ambas fachadas están protegidas por brise soleil de aluminio, elemento que le otorga al edificio su especial carácter”. Y añade: “Los pórticos ubicados en planta baja otorgan escala al visitante”. Por otro lado, las fachadas este y oeste, ciegas, cobran escala gracias a la presencia de las ligeras escaleras de emergencia, contrastantes con relación a la solidez del volumen.

A modo de complemento, Hannia Gómez en Suite Iberia. La arquitectura de influencia española en Caracas, catálogo de la exposición del mismo nombre montada en la Sala TAC entre julio y agosto de 2015, apuntará: “La adusta y enorme torre de oficinas, un verdadero ícono moderno, atracó en el este de la ciudad derrochando severidad con su escala asombrosa. En ella se entretejen ‘la rígida batuta geométrica producto de la saga académica del MIT’ de Carbonell, la mano del airoso diseño de Miguel Salvador Díaz y el amor por las cubiertas plegables de concreto de Vaamonde”.

8. Fachada sur (izquierda arriba y abajo) y detalles del acceso y la fachada norte del edificio La Estancia.

Es tal vez la caracterización del edificio lograda a través de la piel de aluminio que lo envuelve y funge de protección solar, lo que sin duda nos permite concluir que, a pesar del cambio de uso y de los elementos añadidos al sur del terreno y la planta baja al que ha sido sometido para albergar un centro educativo, Carbonell, Salvador y Vaamonde tenían muy claro donde estaba el norte, condición que hoy hemos reavivado con la transcripción del texto de Posani.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Colección Crono Arquitectura Venezuela

1. http://guiaccs.com/obras/comandancia-general-de-la-armada-antiguo-edificio-shell/

2. Catálogo de la exposición Suite Iberia. La arquitectura de influencia española en Caracas (2015)

3. https://www.facebook.com/photo/?fbid=904990736207624&set=diego-carbonell-parra-con-miguel-salvador-diaz-edificio-la-estancia-en-construcc

4. https://www.facebook.com/photo/?fbid=904990736207624&set=diego-carbonell-parra-con-miguel-salvador-diaz-edificio-la-estancia-en-construcc y Colección Crono Arquitectura Venezuela

5. https://www.facebook.com/photo/?fbid=664130150293685&set=a.592640707442630

6. https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Lino_Vaamonde y https://www.instagram.com/p/CnQse8HL_-P/

7. https://www.flickr.com/photos/juliocesarmesa/34026217440

8. https://elgrangestor.com/c-venezuela/unefa/, https://www.vtv.gob.ve/tag/unefa/, https://twitter.com/Edcruzideas/status/1507043862329667586/photo/1, https://twitter.com/ArquitecturaVzl/status/315205588676141056 y http://guiaccs.com/obras/edificio-la-estancia-antiguo-edificio-shell/

¿SABÍA USTED…

… en 1945, se reinaugura la Plaza Miranda en el centro de Caracas?

1. Vista general de la plaza Miranda (c.2015)

El espacio que hoy conocemos como Plaza Miranda, ubicado sobre la avenida Baralt (entre las avenidas Oeste 8 y Oeste 10)  y que va de la esquina de Puente San Pablo a la de Miranda, frente al Bloque nº7 de la reurbanización de El Silencio, Parroquia San Juan, registra una interesante evolución desde el momento en que puede detectarse su presencia como espacio por primera vez en los planos de la ciudad elaborados desde la colonia hasta nuestros días.

2. Ubicación de la manzana donde hoy se encuentra la Plaza Miranda en un detalle del «Plan de la ciudad de Caracas, con división de sus barrios» del cartógrafo Joseph Carlos de Agüero (1775).

Remontándonos a 1775, el «Plan de la ciudad de Caracas, con división de sus barrios» del cartógrafo Joseph Carlos de Agüero, que muestra una ciudad idealizada de 256 cuadras idénticas inscritas en un damero perfecto, permite, por un lado, detectar la proximidad del lugar que hoy nos ocupa a la Iglesia de San Pablo (ubicada más al este) de la cual estaba separado por media cuadra. Cabe añadir que San Pablo, erigida a finales del siglo XVI, contaba en su frente con un amplio espacio público, para la época el segundo en tamaño después de la Plaza Mayor y albergó desde muy temprano la talla en madera de pino flandes de Sevilla realizada por Felipe de Ribas conocida como «El Nazareno» (hoy colocada en la Iglesia de Santa Teresa), que aún despierta gran devoción entre los feligreses.

Por otro lado, el plano de De Agüero también permite precisar la cercanía del espacio a la Quebrada de Caroata, la cual lo delimitaba por el este, existiendo al norte uno de los puentes que permitían salvarla (el puente de San Pablo, construido en 1728 por iniciativa del Alcalde Ordinario de primera elección don Diego de Liendo), cuya importancia consistía en facilitar la continuidad de la trama urbana hacia el oeste.

3. Ubicación de la manzana donde hoy se encuentra la Plaza Miranda en sendos detalles del “Plan de la Ville de Caracas, dans l’Amerique Meridionale ” de De Pons (1806) –izquierda– y del Plano de 1810, realizado el 1910 con motivo de la conmemoración del centenario de la declaración de la Independencia por Enrique Mendoza Solar –derecha
4. La plaza y la iglesia de San Pablo a mediados del siglo XIX.

La información recogida por De Agüero en 1775 será plasmada con mayor precisión en el “Plan de la Ville de Caracas, dans l’Amerique Meridionale” de De Pons (1806, sobre el cual elaboramos una nota la semana anterior), apareciendo en este caso (próxima al puente San Pablo) una edificación que ocupa el tercio norte de la manzana dejando el resto como área vacía.

Será en el Plano de 1810, realizado el 1910 con motivo de la conmemoración del centenario de la declaración de la Independencia por Enrique Mendoza Solar, “según apuntaciones de Illmo. Señor Don Mariano Martí y planos de F. d Pons; A.J Jesurun y otros historiadores e ingenieros; desde 1771 hasta 1843”, donde aparecerán dos datos importantes: el primero es que la quebrada Caroata ahora pasará en medio de una cuadra ampliada que cobra forma trapezoidal, dejando separado el tercio este (donde finalmente se llevará a cabo la Plaza Miranda); el segundo es que al norte del espacio aparece señalado con el nº19 el “Hospital y Capilla de Caridad para Mujeres”, construcción de la que no hemos podido obtener mayor información.

5. Ubicación de la manzana donde hoy se encuentra la Plaza Miranda en sendos detalles del “Plano Topográfico de la Ciudad de Caracas” de 1889, realizado por el General Vicente Mestre –izquierda– y del «Plano de Caracas” de 1897 de Ricardo Razetti –derecha
6. La plaza San Pablo transformada en plaza del Teatro Municipal con la estatua de
José Tadeo Monagas.
7. Mercado de San Pablo. Imagen aparecida en nº39 de El Cojo Ilustrado del 1 de agosto de 1893. Allí se señala que «en el mercado había una doble actividad, en la mañana servía de suplidor de alimentos a los parroquianos y en la noche se convertía en una taberna en la que además de servirse licores, se jugaba. De allí que fuese bautizado como el ‘Molino Rojo'»

En el “Plano Topográfico de la Ciudad de Caracas” de 1889, realizado por el General Vicente Mestre, que recoge las obras ejecutadas durante el período de Guzmán Blanco, aparece por una parte el Teatro Municipal ocupando el lugar de la Iglesia de San Pablo (demolida para llevar a cabo la construcción del fastuoso edificio) y, por la otra, sobre el espacio que estamos auscultando (donde aparentemente se había realizado un primer embaulamiento de la quebrada Caroata), señalado con el nº26, el “Mercado San Pablo” edificación de la que se ha podido hallar, no sin dificultad, algún registro fotográfico. Luego, en el “Plano de Caracas” de 1897 de Ricardo Razetti se mantiene en el lugar el mercado (identificado con el nº33 dentro de los edificios públicos), pero curiosamente en el de 1906, se registra, con el mismo nº33, el “Colegio Municipal San Pablo -de Puente San Pablo a Puente Miranda-” y la “Plaza San Pablo” (letra O) uno al sur y la otra al norte, con la quebrada definitivamente embaulada.

8. Ubicación de la manzana donde hoy se encuentra la Plaza Miranda en sendos detalles de los Planos de Caracas de 1906 (izquierda) y 1929 (derecha) de Ricardo Razetti
9. Fotografía (postal) de la plaza Bermúdez (1924).

Más adelante, Razetti en el plano de 1929 (el último realizado por él), señala la presencia en el espacio, con proporciones muy próximas a las actuales, de la “Plaza Bermúdez” cuya construcción había sido concluida en 1924 siendo ministro de Obras Públicas Tomás Bueno y a la que se le cambió la denominación por “Plaza Miranda” en 1936, marcando uno de los límites hacia el este del barrio “El Silencio”, que paulatinamente había ido densificándose desde comienzos del siglo XX.

Sobre el cambio de denominación de Plaza Bermúdez a Plaza Miranda (que a su vez tomaría el de la esquina del mismo nombre localizada al sur) escribe María F. Sigillo en su blog Caracas en retrospectiva el 16 de noviembre de 2012 al referirse a “La demolición del “Barrio ‘El Silencio’ 1942”: “El cambio de Plaza Bermúdez a Plaza Miranda aparece por primera vez en el plano de Caracas de 1936 editado por el MOP, Dirección de Cartografía Nacional, y este cambio de nombre obedece al hecho de que a la Esquina de la Plaza se le llama Miranda por lo ocurrido en el año de 1812 con un señor de nombre Juan Miranda y que Enrique Bernardo Núñez narra de la siguiente manera: ‘A los pocos meses del terremoto de 1812 que tantos estragos causó en Caracas, árboles y malezas crecían rápidamente entre las ruinas. Cerca del paredón del Puente San Pablo, en un solar perteneciente a Don Cristóbal Ponte y alquilado al mencionado Juan Miranda, crecía un corpulento castaño silvestre que amenazaba derribar con sus raíces al paredón y éste a su vez, la casa donde se hallaba refugiado con su familia el licenciado Isidro González. Además, el castaño, servía de refugio a frecuentes ‘rochelas de hombres y mujeres’, y hombres embozados, que no se distinguen en la oscuridad, lo cual hacía temer al licenciado por su vida, por lo que encareció repetidamente a Miranda el corte del castaño y otros árboles. En vista de la inutilidad de sus esfuerzos, se dirigió por último al ayuntamiento, que libró al efecto órdenes perentorias”.

10. Delimitación del área correspondiente al barrio El Silencio que sería afectada para llevar a cabo la remodelación proyectada por Carlos Raúl Villanueva. Abajo a la derecha la arbolada Plaza Miranda.
11. Carlos Raúl Villanueva. Reurbanización de El Silencio (1942-1945). Esquemas y vista aérea dentro del casco central de Caracas.

Es bajo las circunstancias más arriba señaladas que, convertido El Silencia en lugar insalubre y peligroso, con la particularidad de encontrarse en un sector muy próximo al centro de la ciudad, el gobierno de Isaías Medina Angarita a través del Banco Obrero, toma la decisión de emprender el saneamiento de la zona y convocar a un concurso para desarrollar un conjunto de viviendas de alta densidad y baja altura destinado a la clase obrera que es ganado por Carlos Raúl Villanueva.

La propuesta de Villanueva, adaptada plenamente al trazado y perímetro de las manzanas que constituían el área de afectación, aprovecha la oportunidad de revitalizar el espacio ocupado por la Plaza Miranda, destinarla definitivamente a rendir homenaje al prócer precursor de la Independencia y ofrecerla como frente privilegiado al bloque nº7 del conjunto de viviendas, del que aprovecha su galería comercial en planta baja de la cual estaría, sin embargo, separada por una calle de servicios que con el tiempo sería eliminada.

12. Plaza Miranda. Izquierda: Planta (c.2015). Derecha: Fotografía tomada en fechas cercanas a su reinauguración (1945) y que en Caracas en tres tiempos venía acompañada de la siguiente leyenda: «Abertura lateral hacia la vegetación tropical de la plaza Miranda, la cual da a los apartamientos la tranquilidad necesaria para la vida».

Sobre el tratamiento anterior del espacio, Villanueva propone para la plaza Miranda, respetando su condición topográfica ligeramente inclinada de norte a sur y la frondosa vegetación existente, una sencilla intervención que consistirá en renovar el pavimento, definir caminerías, proponer zonas de descanso que aprovechen la sombra de los árboles existentes y dejar el protagonismo a la estatua de Miranda como punto focal principal en el centro.

Reinaugurada en 1945 cuando concluyen las obras de El Silencio iniciadas en 1942, la Plaza Miranda pasará a compartir con la O’Leary el privilegio de ser uno de los dos espacios públicos más notables del sector, tras desaparecer el que aún se mantenía frente al Teatro Municipal (residuo de la antigua plaza San Pablo) con motivo de la realización de las obras del Centro Simón Bolívar.

13. La plaza Miranda en la actualidad.

Entrado el siglo XXI, tras un proceso de creciente deterioro y abandono que fue afectando a la mayoría de los espacios públicos de la ciudad, transformándolos en lugares peligrosos y albergue para la indigencia, la Plaza Miranda será objeto de dos intervenciones que alteraron significativamente el diseño original previsto por Villanueva. Una se realizó en 2006 con ocasión del bicentenario de la llegada de Francisco de Miranda a La Vela de Coro, y otra diez años después en 2016 para conmemorar los 200 años de la muerte del prócer. En esta última, considerada como una transformación realmente profunda, se triplicaron las áreas verdes incluyéndose en ellas “parques infantiles y biosaludables”, se hicieron nuevas caminerías donde se colocó “mármol color verde” al igual que en el resto de los espacios de descanso, se instaló un nuevo sistema de iluminación y se recuperó el área donde se encuentra la estatua de Miranda. También fue dotada de un nuevo mobiliario urbano que fue ubicado en las zonas próximas a la vegetación y lugares de recreo. El diseño del pavimento, delimitación de áreas y ubicación del equipamiento y lugar para la estatua de Miranda obedeció a una modulación orientada 45º con respecto a la ortogonalidad propia de la manzana. Las autoridades del momento afirmaban que:La remodelación de la plaza se concibió para proporcionar a la población un desplazamiento sin ningún tipo de barreras (sin muros ni escaleras) para las personas con alguna discapacidad y a las madres que transitan con niños en coches” y para que, “…deje de ser un lugar de transición, es decir, que no sea utilizada solamente por personas que se desplazan desde un punto de la ciudad a otro, sino que tenga áreas óptimas para el disfrute lúdico y la recreación”.

Sin el necesario mantenimiento adecuado, que ya arroja nuevos signos de deterioro en los componentes de su espacio, veremos de nos depara para la plaza Miranda la llegada del año 2026 al cumplirse 10 años de su último remozamiento.

ACA

Procedencia de las imágenes

1. http://guiaccs.com/obras/plaza-miranda/

2, 3, 5 y 8. Iván González Viso, María Isabel Peña y Federico Vegas. Caracas del valle a mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015)

4. https://www.pinterest.com/pin/492933121708355707/

6. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

7. El Cojo Ilustrado, nº39, 1 de agosto de 1893

9. Colección Crono Arquitectura Venezuela.

10 y 11. Carlos Raúl Villanueva. Caracas en tres tiempos (1966)

12. http://guiaccs.com/obras/plaza-miranda/ y Carlos Raúl Villanueva. Caracas en tres tiempos (1966)

13. https://es.wikipedia.org/wiki/Plaza_Miranda_(El_Silencio), https://www.facebook.com/photo/?fbid=165076438507892&set=a.109248557424014 y Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 343

Cuando el arquitecto nacido en Vitoria, Álava, Manuel Mujica Millán (1897-1963) hace pública en 1928 su “Propuesta de urbanización de la Plaza Bolívar de Caracas y proyecto de reforma de la Catedral de Caracas”, de la cual el dibujo que ilustra nuestra postal del día de hoy forma parte, tenía 31 años y escasamente uno de haber llegado a Venezuela (octubre de 1927), contratado por el empresario Eloy Pérez para hacerse cargo del refuerzo de la estructura y cimentación del Hotel Majestic, que presentaba serios problemas.

Del proyecto planteado para “urbanizar” el corazón de la capital venezolana, que imaginamos se presentó acompañado de una interesante información gráfica y de una memoria que seguramente lo sustentaba, sólo conocemos este impactante dibujo. Sin tener certeza de si nuestra suposición es cierta, intentaremos, sin embargo, contextualizar y comentar la iniciativa de Mujica de la mejor forma posible.

Quizás para empezar valga la pena apuntar, siguiendo el excelente texto titulado “Manuel Mujica Millán y el urbanismo novecentista en Cataluña, 1917-1927” de Vicente Casals Costa, publicado en Biblio 3W, Revista bibliográfica de geografía y ciencias sociales de la Universidad de Barcelona en mayo de 2011 (visitable en https://www.ub.edu/geocrit/b3w-925.htm), que Mujica, aunque nace en el País Vasco, se traslada desde muy joven (en 1906) con su familia a Barcelona, donde crecerá y desarrollará todos sus estudios, por lo que su arraigo con Cataluña tuvo un peso si se quiere aún mayor que con su lugar de nacimiento. “En 1913, a los 17 años, comenzó las pruebas para ser admitido en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona, lo que le tuvo ocupado durante los cursos 1913-14, 1914-15 y 1915-16. El 10 de octubre de 1916 obtuvo la certificación académica expedida por la Facultad de Ciencias de la Universidad de Barcelona (de la que entonces dependía la Escuela de Arquitectura), que le permitía comenzar la carrera de arquitectura en la referida Facultad”, acotará Casals Costa. Mujica, finalmente, se tituló el 27 de enero de 1925.

1. Ejercicios académicos realizados por Manuel Mujica Millán durante sus estudios de arquitectura. Izquierda: Croquis para una torre de Aguas, ejercicio para la asignatura de Hidráulica, del curso 1922-23 . Derecha: Instituto de 2ª enseñanza para una población de 2º orden. Alzado frontal, 1923.

Las dificultades económicas que atravesó su familia impulsaron a Mujica a trabajar desde muy joven como ayudante en oficinas de reconocidos arquitectos catalanes. La indagación hecha por Casals Costa lo lleva a afirmar que colaboró con Eusebio Bona desde 1922, con Francisco de Paula Nebot en 1923, con Cayetano Cabañes Marfá, en 1924 y quizás con Fernando Tarragó. “Bona, Nebot y Tarragó eran, además, profesores de la Escuela de Arquitectura, donde impartían, entre otras, las asignaturas de Historia de la arquitectura, Teoría del arte, Composición de edificios (Bona); Detalles, Modelado en barro (Nebot); Proyectos de detalles, Proyectos de conjuntos 1 (Tarragó), en las que Mujica cosechó sus mejores resultados, buena parte, además, en la modalidad ‘libre’. Es fácil adivinar que su facilidad para el dibujo y su habilidad compositiva fue lo que hizo que estos arquitectos buscaran la colaboración de su alumno”.

Además de los efectos que su temprana incorporación al mercado de trabajo trajo en el desarrollo de sus estudios, también Casals Costa deja constancia de los problemas que tuvo Mujica con “las asignaturas de tipo físico-matemático y su mayor facilidad con las de tipo compositivo y de diseño”, siendo su bajo rendimiento en las primeras otro motivo que influyó en su tardanza en licenciarse. Curioso dato este que contrasta con la razón eminentemente técnica que trajo a Mujica a Venezuela y que apoya aún más el valor de la práctica que logró acumular en el campo profesional en Barcelona: tres años como estudiante y dos ya graduado.

Esa valiosa experiencia profesional acumulada por Mujica en Barcelona, además de sus innegables dotes para el dibujo, el diseño y la composición arquitectónica, se convertirán en un importante bagaje que traerá consigo cuando comience a ejercer en Venezuela, aportando referencias para la aproximación a la iniciativa que lo impulsó a hacer su propuesta para la plaza Bolívar y la Catedral de Caracas.

2. Tres dibujos realizados por Mujica para el proyecto de la capilla del Palacio Real de Pedralbes, Barcelona (1922).

Brevemente, creemos que vale la pena refrescar la importancia que tuvo la aportación de Mujica en el proyecto de la capilla del Palacio Real de Pedralbes trabajando para Eusebio Bona, cuando este fuera contratado por el conde Güell para proyectar todo el edificio en 1922. Luego, “en 1923 trabajó para Francisco de Paula Nebot en el diseño y construcción del cine Coliseum de Barcelona, una de las obras destacadas de la época… En 1924 lo encontramos como ayudante de Cayetano Cabañes Marfá en relación a algún proyecto de la ciudad de Mataró, ciudad de la que fue arquitecto municipal por aquella época (lo era en 1927) Fernando Tarragó Nogué, también profesor de Mujica”. Sólo añadir que Bona y Nebot fueron dos de los más destacados representantes de novecentismo monumentalista en arquitectura, corriente que tuvo particular influencia en la formación de Mujica. También que su colaboración con Nebot en la realización del Coliseum seguramente tuvo mucho que ver, por las características y demandas estructurales del edificio, en la aceptación de su posterior trabajo para el hotel Majestic caraqueño.

Ya como arquitecto, se registra la participación de Mujica en 1925 (a poco de haberse graduado), en el proyecto completo (memoria y colección de planos) de la ciudad-jardín La Florida en Santa Perpètua de Mogoda, promovida por Escolapio Cáncer Duaso, donde también elaboró los planos de dos casas para la urbanización. Más adelante, en 1927, participa en el frustrado proyecto de urbanización y reforma del barrio de Atarazanas, en Barcelona, el cual “constituía la prosecución de una propuesta de Ildefonso Cerdá”, y donde intervendrán también el arquitecto Luis Girona y el comandante de ingenieros Mario Giménez. Así, “… lo que Giménez, Mujica y Girona llamaban barrio de Atarazanas quedaba comprendida por el espacio delimitado por el paseo Colón, la avenida del Marqués del Duero (actualmente avenida del Paral·lel), Santa Madrona y la Rambla de Santa Mónica”.

3. Dos dibujos realizados por Mujica como parte del Proyecto de reforma del barrio de Atarazanas, Barcelona. Izquierda: Perspectiva general a vuelo de pájaro. Derecha: Perspectiva a vuelo de pájaro de la Plaza Reina Victoria.
4. Izquierda: Perspectiva de la fachada posterior del Palacio del Sol presentada por Mujica al concurso de anteproyectos de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929 (diciembre de 1926). Derecha: Vista a vuelo de pájaro del Proyecto de urbanización de la Rambla y plaza de Santa Ana, Mataró (abril de 1927).

Del plan para Atarazanas, interesante propuesta que no detallaremos aquí, y que tenía como perspectiva ser un aporte a la ciudad con motivo de la realización de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, señala Casals Costa lo siguiente: “La influencia del proyecto de Atarazanas está presente, por las informaciones que hemos podido obtener, en otra propuesta, no realizada, de Manuel Mujica, para la remodelación de la plaza Bolívar, de Caracas (1927). También parece que algunos de los esquemas compositivos utilizados en el barrio barcelonés lo fueron más adelante en su tardío proyecto de urbanización El Rosario, en Mérida (1961), lo que mostraría la larga pervivencia de la memoria de su experiencia barcelonesa”.

Mujica participaría a finales de 1926 en el concurso de anteproyectos para la construcción del Palacio del Sol dentro de la exposición de 1929 y, en 1927, en el Proyecto de urbanización de la Rambla y plaza de Santa Ana, Mataró, lo que corrobora el interés y experiencia que había desarrollado en temas de renovación urbana.

“Además del ya referido chalet en Sitges, Mujica intervino en algunos otros proyectos, de los cuales tenemos constancia de tres. El primero de ellos es su participación en el concurso para el edificio de la Compañía Telefónica, en Madrid, en el que obtuvo el segundo premio según la referencia que consta en unas cuartillas escritas a mano conservadas en el archivo de la Cátedra Gaudí, aunque no documentación gráfica localizada. El segundo lo constituye su proyecto para un hotelito en la villa cántabra de Laredo, y el tercero lo constituye el proyecto de casa para Marcos Alonso, en la población de Tiana, en la comarca litoral del Maresme, a medio camino entre Barcelona y Mataró”.

5. Manuel Mujica Millán trabajando en una de las habitaciones del Hotel Majestic.

El amplio panorama que hemos presentado, sirve de antecedente a la intensa actividad que Mujica comenzará a realizar en Venezuela gracias a la puerta que le abrió el trabajo en el hotel Majestic. Sólo bastaría señalar para corroborarlo que, en 1928, además de la propuesta para la plaza Bolívar y la Catedral, el arquitecto realizó: una residencia “estilo vasco” en Los Chorros, Caracas, para el Sr. Rotundo Mendoza; el proyecto para el concurso de la Sede del Caracas Country Club, Caracas; dentro del trabajo de reforzamiento de las bases del hotel Majestic, aprovecha el sótano para una tasca, entrada, pasillo, comedor, salón y salida a la terraza los cuales proyecta; la reforma completa de la casa de la Sra. Carolina de Herrera Uslar (proyecto, planos y dirección) y el Oratorio para la Sra. Matilde de Salas.

De más está decir que Mujica llega a Venezuela un año antes de que lo hiciera Carlos Raúl Villanueva, encontrando un país provinciano, gobernado por un dictador que se había instalado en Maracay desentendido de la capital y en el que todo estaba por hacerse, con la particularidad de que ya empezaba a notarse paulatinamente el influjo de la aparición del petróleo. Quizás esta circunstancia lo impulsa a proponer una reforma “modernizadora” de la envergadura que plasmó en el dibujo que hoy presentamos.

El ambicioso proyecto el cual, insistimos, seguramente Mujica documentó ampliamente, ofrece dos aspectos a tomar en cuenta: por un lado, se plantea la “urbanización de la Plaza Bolívar de Caracas” y, por el otro, “la reforma de la Catedral de Caracas”.

6. Manuel Mujica Millán. Urbanización de la Plaza Bolívar de Caracas. Sección transversal del andén norte y estación de los ferrocarriles (1928).

De lo que se puede cotejar en la representación, con respecto a la urbanización de la Plaza Bolívar, llama la atención la incorporación de una estación y su andén para un ferrocarril subterráneo por debajo del tramo que va entre la esquina de Principal y La Torre, sobre el cual se mantiene el tránsito vehicular y el paso de la línea de tranvías que para ese momento existía en la capital. Esta operación modifica sustancialmente el frente norte de la plaza (donde se amplía la calzada) y los niveles del espacio público, al tratar de obtener un acceso directo a la estación desde el recinto. Así, la plaza contaría con un nuevo frente de dos niveles ubicado prácticamente en su interior, que albergaría en el nivel superior una glorieta neoclásica en forma de balcón que sustituiría a la actual y permitiría no sólo colocar a la orquesta en ocasiones especiales, sino contemplar la totalidad del espacio público. Por su parte, en el nivel inferior de este nuevo cuerpo se ubicaría una galería como transición entre plaza y estación.

Otro aspecto que se pone en evidencia a través del dibujo es la manera agresiva como la nueva construcción se aproxima a la estatua de Bolívar (ahora colocada sobre un alto pedestal), en lo que parece ser una nueva localización más al norte. Ello habla de una alteración importante del trazado geométrico original de la plaza y de un desplazamiento de su principal foco de atención, aspectos para nada menores si de hablar de la memoria urbana de la ciudad hablamos.

7. Detalle del dibujo de la propuesta para la urbanización de la Plaza Bolívar donde se puede apreciar al fondo a la derecha el aspecto que Mujica buscaba darle a la Catedral de Caracas.

En cuanto a lo que pudo haber sido el proyecto para “la reforma de la Catedral de Caracas”, el dibujo que hoy analizamos muestra al fondo del lado derecho de la imagen, detrás del alto pedestal con la escultura de Bolívar, de manera algo difuminada pero legible, la única pista de lo que pareciera ser su posible materialización. Ella consistiría, como mínimo, en modificar la fachada original del principal templo de la capital, cambiándola por otra de rasgos claramente neobarrocos, mostrándonos Mujica de esta manera un adelanto de lo que posteriormente será la remodelación del Panteón Nacional (1930) y la Capilla de Nuestra Señora del Carmen en Campo Alegre (que proyecta en 1932 y se construye entre 1935 y 1936).

La Catedral, valga decirlo, ya mostraba para aquel entonces signos de un visible deterioro a causa del mal estado en que se encontraba su cubierta, el cual tal vez Mujica quiso atender, y que finalmente originaron la polémica remodelación realizada por Gustavo Wallis Legórburu en 1932. Wallis, al igual que Mujica cuando busca intervenir el espacio urbano, actuará en la Catedral “desde una perspectiva ahistórica, moderna y eficientista; elimina los techos y las cubiertas de pares y nudillos, reemplazándolos por placas de concreto armado con el objeto de instalar bóvedas de yeso”, tal y como expresarán Carmen Araujo y William Niño Araque en el texto central del catálogo de la exposición “Wallis, Domínguez y Guinand. Arquitectos pioneros de una época” (1998).

Como información complementaria, de la página Crono Arquitectura Venezuela (https://www.facebook.com/cronoarquitectura/) hemos sabido que, en 1942, Mujica “con los proyectos ya elaborados, plantea a los gobiernos Ejecutivos, Municipales y Nacionales, la remodelación de la Plaza Bolívar de Caracas y la construcción de un tren subterráneo como forma de contribuir a resolver el problema del transporte colectivo de la capital. La necesidad de resolver esta problemática fue para el arquitecto Mujica Millán un tema recurrente a lo largo de su vida”. En este sentido existe plena coincidencia con las inquietudes de otro arquitecto español, en este caso exiliado, que llegará a Venezuela en 1938: Rafael Bergamín.

8. Carátula y páginas interiores del catálogo de la exposición Manuel Mujica Millán. Arquitecto. Galería de Arte Nacional (1991).

La impronta de Mujica, tanto en Caracas como en Mérida (donde falleció), fue objeto entre julio y septiembre de 1991 de una primera, y hasta el momento única, exposición antológica titulada “Manuel Mujica Millán. Arquitecto”, organizada en la Galería de Arte Nacional por la Fundación Museo de Arquitectura y la Fundación Galería de Arte Nacional, con la colaboración de las Facultades de Arquitectura de la Universidad de Los Andes y la Universidad Central de Venezuela. La curaduría fue realizada por los arquitectos Bernardo Moncada, William Niño y Martín Padrón, quien además tuvo a su cargo la edición del catálogo de la muestra. El esfuerzo logrado por los curadores, que los llevó a recopilar una cantidad importante de bosquejos y perspectivas dispersos realizados por el notable arquitecto (entre los que se encontraba el que hoy nos ha ocupado), puso de relieve el rol que a lo largo de toda su trayectoria jugó el dibujo como instrumento creativo indispensable y como aproximación a la comprensión del espacio.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 6 y 7. Colección Crono Arquitectura Venezuela.

1, 2, 3 y 4. Vicente Casals Costa, “Manuel Mujica Millán y el urbanismo novecentista en Cataluña, 1917-1927”, Biblio 3W, mayo de 2011 (visitable en https://www.ub.edu/geocrit/b3w-925.htm)

5. Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani, Caracas a través de su arquitectura, 1969.

8. Catálogo de la exposición Manuel Mujica Millán. Arquitecto. Galería de Arte Nacional, 1991. (Colección Fundación Arquitectura y Ciudad)