Como una verdadera primicia nos llega la noticia del lanzamiento previsto para el próximo mes de septiembre de esta publicación de la casa editorial alemana DOM publishers. Basada en buena parte del material recopilado en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, y en la experiencia de su elaboración, sus autores han llevado a cabo un importante trabajo de selección y curaduría que junto a las impecables fotografías de Julio César Mesa, Jorge Andrés Castillo y Diana Domínguez, nos permite afirmar que se trata de una obra independiente, con un carácter propio. La publicación, que forma parte de la colección de prestigiosas guías de arquitectura de la casa editorial, es la quinta que produce DOM Publishers sobre arquitectura latinoamericana: dos sobre países (Brasil y Chile) y las tres restantes sobre ciudades: La Habana, Ciudad México y ahora Caracas. En las dos primeras se evidencia cómo la arquitectura de valor se halla repartida homogéneamente a lo largo y ancho de sus respectivos territorios cosa que no ocurre al descollar la impronta moderna, sin encontrar prácticamente competencia, en las capitales de México, Cuba y Venezuela por sobre el resto de sus geografías. De la reseña que resume el libro cabe resaltar el descubrimiento e interés por Caracas en la medida que se trata de una ciudad de marcados contrastes, problemática, afectada por un presente político que la desborda y con ella a sus espacios públicos pero sin embargo poblada de grandiosos edificios legados por la modernidad. Acompañando su complejidad inherente y la diversidad de lecturas que propicia, se rescata el hecho de hacer coincidir el lanzamiento de la guía con la celebración del 450 aniversario de la fundación de la ciudad resaltándose, como no, el valor de su espectacular enclave entendido como un todo del litoral al valle donde el Ávila lejos de ser un elemento que separa es paisaje que integra. De esta manera se “forja una identidad coherente (…) donde convergen diferentes escalas, geografías, estilos arquitectónicos y paisajes naturales y urbanos” resaltando sobremanera la presencia de la Ciudad Universitaria de Caracas diseñada por Carlos Raúl Villanueva y construida entre 1940 y 1960. Al igual que en Caracas del Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje “se delinean la arquitectura y los espacios urbanos que se encuentran en diez zonas a lo largo de la ciudad, así como los conceptos planteados por arquitectos y expertos en planificación urbana -como Federico Vegas y María Isabel Peña- en torno a futuras iniciativas que podrían transformar y realzar la ciudad.” Se resalta cómo a pesar de que la arquitectura latinoamericana ha sido objeto de interés desde que el MoMA montó en 1955 la célebre exposición Latin American Architecture Since 1945, aparte de la obra de Villanueva, sobre Caracas y Venezuela aún se sabe poco, asunto que la guía intenta subsanar. Los editores al citar a Bernard Tschumi quien una década atrás expresó: «Las tensiones de larga data entre la urbanización y la naturaleza, las economías informales y formales y las necesidades e intereses de la infraestructura regional y los barrios locales son ahora más agudos que nunca», intentan por un lado resaltar la vigencia de lo dicho y a la vez resumir de alguna manera la condición que impera en la ciudad que en esta ocasión ha sido su objeto de atención. La guía será presentada por sus autores y comentada por Alberto Sato el próximo 19 de septiembre de 2017, en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la Pontifica Universidad Católica de Chile.
Pablo Lasala Ferrer (Zaragoza,1940-Caracas, 2000), destacado arquitecto venezolano graduado en 1963, decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV (1987-1990), gran dibujante y reconocido docente de diseño fue, según comenta su hija Isabel en el libro Creando lugares (2014), en el buen sentido de la palabra, un adicto a los concursos de arquitectura. Quienes lo conocieron en vida pudieron palpar “el gusto que tenía por medirse” en este tipo de competencias. Pablo “tuvo permanentemente presente que los concursos son una inversión de tiempo y dinero que, para él, siempre fue remunerada, aunque no obtuviera un galardón en la contienda. El tema del premio, aunque siempre anhelado, quedaba en segundo lugar, porque a su juicio los concursos, finalmente representan un crecimiento…”. Esta convicción permite determinar que no sea casual el que se devele dentro de su trayectoria la participación en al menos veinticinco certámenes (públicos o privados, abiertos o por invitación) en un lapso de menos de treinta años sin contar en la mayoría de ellos con numerosos equipos de trabajo ni con los recursos tecnológicos de que hoy se disponen. Esta actividad que conocía como nadie y lo hacía temible cada vez que se llevaba a cabo una convocatoria, le permitió desarrollar variadas estrategias para abordar las dificultades que una competencia impone y, a la vez, dejar “salir todo de sí, mostrando de una manera transparente sus ideas y posturas ante determinados temas y situaciones”. La capacidad de generar ideas y desarrollarlas al máximo lo llevó al extremo de entregar en varias ocasiones hasta dos propuestas que debían ser evaluadas por los respectivos jurados las cuales, casi siempre, eran reconocibles a pesar del anonimato que se suele exigir, dado el inconfundible carácter expresivo que las presentaciones, y dentro de ellas los dibujos en perspectiva, traslucían. Lasala también logró inculcar entre sus estudiantes y colegas cercanos que lo veían trabajar un gusto especial por incorporarse en estas competencias de entre quienes salieron, posteriormente, sus más enconados “rivales”, cosa que lo satisfacía enormemente. De su consetudinaria participación en estas lides, desarrollada en colaboración con su esposa Silvia Hernández, destaca la obtención del primer premio en el Concurso para el Edificio para las Oficinas Administrativas del Congreso Nacional y Sede del Ministerio de Relaciones Exteriores (1974) como la que le permitió abrirse paso de manera independiente en el mundo de la profesión. También es la que le abre las puertas para separarse de la oficina de Bernardo Borges y Francisco Pimentel donde en aquel momento trabajaba y en la que había dejando su impronta en el diseño del edificio La Previsora (1973), ícono dentro el paisaje urbano caraqueño. El Concurso para el Edificio para las Oficinas Administrativas del Congreso Nacional y Sede del Ministerio de Relaciones Exteriores fue el primero ganado por Lasala quien ya anteriormente había participado en 1971 en el convocado para diseñar la Sala de Conciertos Sede de la Orquesta Sinfónica Venezuela (que dio pie a la construcción del Complejo Teresa Carreño), donde obtuvo “mención de honor”. Ello lo coloca, por muchas razones, en un lugar privilegiado dentro de su trayectoria e incluso dentro de los certámenes realizados en el país dada la envergadura de la intervención que se proponía y el impacto que tendría en el casco histórico de la ciudad de Caracas. Recordemos que se exigía llevar a cabo una propuesta de intervención que abarcaba las dos cuadras al norte del Capitolio con límite en la avenida Urdaneta en el frente abarcado por el Banco Central de Venezuela en la que se veían involucradas, además, directa o indirectamente, la Casa Amarilla, la Santa Capilla, la Gobernación del Distrito Federal y la propia Plaza Bolívar.
1. Página de la revista Punto nº 51 (abril 1974) con la que se da inicio a la publicación del primer premio del Concurso de anteproyectos del Edificio para las Oficinas Administrativas del Congreso Nacional y Sede del Ministerio de Relaciones Exteriores
El equipo ganador del Concurso (reseñado en el nº 51 de la revista Punto) estaba encabezado por Pablo Lasala y Silvia Hernández de Lasala y contó como asesores: de Urbanismo, Melqui Silva; de estructuras, Agustín Mazzeo y de Aire Acondicionado, Luis José Odón. Como Jefe de Dibujantes aparece Gabriel Pradera. Como colaboradores figuran: Leonor Rodríguez, Oswaldo Molina, Ricardo Álvarez, Francisco Javier Larrauri y Virgilio Ciliberti. Las maquetas estuvieron a cargo de Juan Andrés Gutiérrez y María Luisa Usarraga. Cabe destacar cómo tras la composición de este grupo se encuentra una clara señal de la seriedad y compromiso con que eran abordados por Pablo Lasala los certámenes en que participaba. El programa expuesto de forma sintética por los autores del proyecto se reduce a “tres diferentes tipos de espacios: 1. Espacios flexibles para oficina. 2. Espacios generales para actividades específicas como auditorios, exposiciones, recepciones, biblioteca, etc. 3. Servicios generales como estacionamiento, áreas de mantenimiento, etc. (…) De estos tres grupos, el primero (…) predomina sobre los demás”. La propuesta en sí (la que desarrolló “paralelamente en su casa durante las noches y fines de semana” ya que dirigió otra -no ganadora- mientras trabajaba en la oficina de los arquitectos Bernardo Borges y Francisco Pimentel), se encuentra enmarcada dentro de lo que Isabel Lasala en términos muy generales denomina el “tema del paisaje” en la que se integran “superficies naturales y superficies construidas”: “un volumen más complejo en el paisaje” será el término que con más precisión calificaría a este trabajo. Así, la impresionante perspectiva que acompaña nuestra postal de hoy revela ciertamente la creación de una verdadera topografía artificial como recurso para salvar los inconvenientes que el contexto imponía y realzar el entorno en el que se debía insertar “sin caer en la absoluta complacencia”. En las propias palabras de Isabel se trataba en comparación con retos asumidos anteriormente de “… un terreno mucho mayor y en un contexto más complejo, la respuesta queda principalmente en manos del basamento, que resuelve a través de un juego de plazas las diversas exigencias formales urbanas de las importantes piezas de valor patrimonial del entorno”. De entre ellas es fácil reconocer en este dibujo que mira al norte la presencia de la “torre financiera” del Banco Central de Venezuela de Tomás Sanabria y del imponente cerro Ávila. La técnica que como dibujante Lasala nos muestra aquí es producto, no sólo de un indudable talento, sino de una ejercitación constante que lo acompañaba donde quiera que se encontraba y que desarrolló casi desde niño. El excepcional dominio del dibujo en perspectiva proviene de allí pero muy particularmente del hecho de haber sido durante muchos años profesor de geometría descriptiva, sin olvidar que su trabajo de ascenso a la categoría de agregado (1990), Perspectiva para arquitectos, es una importante referencia poco publicitada pero de un rigor digno de ser señalado. “Sus dibujos a lápiz o a tinta tienen una base técnicamente dibujada con lápiz 4H, en la que luego, por medio de distintos tonos de sombra, se da forma a la imagen, a fin de que las aristas no estén definidas mediante líneas, sino con la intersección de dos tonos distintos de sombra”, nos aclarará Isabel Lasala. Aunque la mayoría de sus propuestas ganadoras de concurso hayan quedado sólo en papel (incluida la que hoy nos ha ocupado), para Pablo Lasala siempre estuvo claro que en ellas se escondía el “goce de la creación arquitectónica”, o en sus propias palabras: “… los concursos constituyen una de las mejores oportunidades para divulgar y confrontar cuál es la arquitectura que somos capaces de hacer. (…) Los concursos no son para sufrirlos, son para disfrutarlos (…) Pero sobre todo, el concurso nos permite ejercer intensamente la actividad creadora, esa necesidad de hacer arquitectura es la que nos ha llevado a escoger nuestra profesión…”.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal. Lasala I. Creando lugares. Entre la exaltación y la superación del objeto en la obra de Pablo Lasala, 2014
Como continuación de la crónica adelantada la semana pasada, que sirvió de preámbulo para poder ahondar acerca del trance sufrido por el lote correspondiente al cuadrante noroeste de la esquina de La Torre, frente a la Plaza Bolívar de Caracas, recordemos que el espacio hoy vacío ocupado por un estacionamiento que alberga vehículos oficiales, presenta este lamentable aspecto desde el momento en que se decidió la demolición del edificio Washington (antes Hotel Klindt y previamente Gran Hotel Venezuela) el año de 1957. Es decir, ya han transcurrido 60 años de infructuosos esfuerzos por dignificar una esquina que sin duda se lo merece dado su histórico emplazamiento. (1)
2. Proyecto del edificio Washington, Esquina de La Torre, Plaza Bolívar Caracas. 1957. Fachada sur. Tomás José Sanabria3. Proyecto del edificio Washington, Esquina de La Torre, Plaza Bolívar, Caracas. 1957. Perspectiva. Tomás José Sanabria
Probablemente asociado al derribamiento del mencionado edificio Washington, la primera propuesta de la que tenemos registro para el solar en cuestión es la que Tomás José Sanabria elabora justo con ese mismo nombre el mismo año en que el vacío se instala allí (1957). Sanabria diseña un edificio de oficinas de veinte pisos, con planta baja libre a doble altura , fachada uniforme trabajada considerando la incidencia del sol y aislada dentro del terreno, que sin duda traduce una clara omisión de las variables contextuales imperantes: por un lado suma un espacio público que no se sabe si la Plaza Bolívar agradecería, y por el otro compite y opaca a la Torre de la Catedral, elemento que desde la colonia ha sido el protagonista de la esquina que lleva su nombre. (2 y 3)
4. Conjunto del Banco Central de Venezuela, Caracas. 1960-67. Perspectiva aérea. Tomás José Sanabria5. Conjunto del Banco Central de Venezuela, Caracas. 1960-67. Frente hacia la avenida Urdaneta. Tomás José Sanabria
Este proyecto equívoco, que no se compadece con las reflexiones que Sanabria acumuló a través de los años respecto al tratamiento de nuestro centro histórico, y alejado de las tendencias que ya cuestionaban las propuestas del Movimiento Moderno a partir de la posguerra con relación a la disminución del protagonismo del objeto solicitando un mayor sensibilidad ante las preexistencias ambientales en espacios patrimoniales, luce más bien como una especie de calistenia de lo que finalmente fue la construcción de la “torre financiera”, segunda etapa del conjunto del Banco Central de Venezuela, que Sanabria ubicó en la esquina de Santa Capilla, templo si se quiere más modesto que la Catedral que también se ve impactado por la presencia de una mole mitigado en este caso por el ancho que tiene la avenida Urdaneta. (4 y 5)
6. Concurso Sede del Edificio Administrativo para la Gobernación del Distrito Federal, 1981. Propuesta ganadora. Maqueta. Daniel Betti, Raúl Grioni y Javier Usarraga7. Concurso Sede del Edificio Administrativo para la Gobernación del Distrito Federal, 1981. Propuesta ganadora. Boceto de la fachada. Daniel Betti, Raúl Grioni y Javier Usarraga
Aunque nos ha sido imposible determinar a quien correspondía la tenencia del terreno, habida cuenta de que el edificio Washington pertenecía a un particular y no sabemos si su demolición ya insinuaba un cambio de dueño, el segundo momento al que no referiremos en esta saga de espasmódicas preocupaciones y subsiguientes frustraciones por atender la esquina de La Torre es el correspondiente a la convocatoria al Concurso Sede del Edificio Administrativo para la Gobernación del Distrito Federal (1981), fecha en que detectamos la presencia de un ente público de jerarquía dentro de la ciudad dando muestras, no sólo de ser el propietario del solar sino de que asume la responsabilidad de atender el problema urbano allí existente. Para el momento se encontraba ocupando el tan señalado terreno un pequeño domo colocado allí por la propia Gobernación para publicitar su gestión dentro de la ciudad. Este concurso, que se convoca pocos meses después de otro que tuvo gran repercusión a nivel del gremio a escala nacional (el de la Catedral de San Tomé de Guayana), en el que se inscriben 92 equipos profesionales y se terminan entregando 52 proyectos, permitió a través de las ideas presentadas apreciar una vez más el estado del arte con respecto al tratamiento de un lugar con una importante carga patrimonial localizado en el corazón mismo de la capital. La propuesta ganadora a cargo de los arquitectos Daniel Betti, Raúl Grioni y Javier Usarraga (6 y 7), a pesar de estar cargada de un carácter monumental logrado a través de la distorsión que hace al jugar con la escala, de claras reminiscencias clásicas y ávida de protagonismo propio, puede sumarse sin mayores inconvenientes al criterio que en mayor o menor medida priva entre los participantes: el considerar la necesidad de reconstruir la esquina como un aspecto prioritario y en otorgar un valor referencial a las alturas de los edificios que conforman el frente norte de la Plaza Bolívar (las para entonces sedes de la Gobernación y de la Prefectura) y el frente este que va de Torre a Veroes a la hora de determinar alturas, accesos, localización de usos y manejo de los de espacios públicos así como gestos que permitieran manejar libremente las variables de un programa abierto, dotado de una clara neutralidad, conformado por un auditorio para 400 personas y áreas de oficinas para la entidad convocante.
8. Concurso Sede del Edificio Administrativo para la Gobernación del Distrito Federal, 1981. Propuesta presentada por Pablo Lasala9. Concurso Sede del Edificio Administrativo para la Gobernación del Distrito Federal, 1981. Propuesta presentada por Alfredo Guinand10 y 11. Concurso Sede del Edificio Administrativo para la Gobernación del Distrito Federal, 1981. Propuesta presentada por Gorka Dorronsoro12. Concurso Sede del Edificio Administrativo para la Gobernación del Distrito Federal, 1981. Propuesta presentada por Doménico Silvestro
La propuesta que Wallis hiciera en 1933 (ver Contacto FAC nº 33 del 25-6-2017) resuena a la hora de comprender el énfasis en el problema de la representatividad que muchos de los pre-anteproyectos presentados buscaban incorporar. Así mismo, cajas neutras, podios macizos, rebatimiento de las fachadas existentes, lenguaje neoclásico, impronta moderna, énfasis en lo tecnológico, sugestiva tropicalidad o uso de elementos tradicionales (8, 9, 10, 11 y 12), van de la mano de una diversidad de posibilidades que giran todas en torno a un compromiso asumido con la ciudad que los aires posmodernos del momento insinuaban abriendo la esperanza de poder recuperar el perfil urbano que llevaba más de treinta años perdido. Los promotores con bombos y platillos anunciaban que la obra se iniciaría en marzo de 1982, cosa que desde un comienzo asomaba buenos augurios y que finalmente no se cumplió. El domo siguió allí durante un buen tiempo.
13. Concurso de Ideas para diseñar “Un patio-jardín para la esquina de La Torre”. Propuestas seleccionadas para pasar a la segunda etapa publicadas en Arquitectura HOY, nº 105, 6 de mayo de 1995 14. Concurso de Ideas para diseñar “Un patio-jardín para la esquina de La Torre”. Propuesta ganadora. Jorge Rigamonti, Mario Quirós y Alfredo Caraballo. Vista renderizada desde la torre de la Catedral15. Concurso de Ideas para diseñar “Un patio-jardín para la esquina de La Torre”. Propuesta ganadora. Jorge Rigamonti, Mario Quirós y Alfredo Caraballo. Vista renderizada del Patio 16. Concurso de Ideas para diseñar “Un patio-jardín para la esquina de La Torre”. Propuesta ganadora. Jorge Rigamonti, Mario Quirós y Alfredo Caraballo. Vista renderizada del patio.
En 1995 vuelve a intentarse desde la Gobernación del Distrito Federal, con el apoyo del Instituto de Patrimonio Cultural, abordar la ya crónica dolencia que a la ciudad aquejaba. Así, se convoca un nuevo concurso, en este caso de aspiraciones mucho más modestas que el anterior puestas en evidencia desde su propia denominación. Se buscaban ideas para diseñar “Un patio-jardín para la esquina de La Torre”. Más allá de que el enunciado ya delata una especie de reconocimiento a la provisionalidad que el uso del terreno mostraba y una renuncia a las posibilidades de “edificar” y de “llenar”, apostándose en este caso por reconocer un vacío accidental y cuestionable ante la proximidad de la Plaza Bolívar, la convocatoria atrae a un importante número de arquitectos que lidiaron con las desventajosas condiciones impuestas desde las propias bases. Con elementos muchos de ellos escenográficos o, en el mejor de los casos, de gran sensibilidad tectónica y formal, los concursantes sienten la necesidad de completar la esquina, separarse de la plaza y generar recintos autónomos muchos de ellos cargados de una clara impronta artística o poética. La idea ganadora, luego de un proceso previo de preselección de 5 opciones (13), que contaron con un plazo de dos meses adicionales para ser presentadas atendiendo las observaciones del jurado, estuvo a cargo de Jorge Rigamonti, Alfredo Caraballo y Mario Quirós (14, 15 y 16).
17. Esquina de La Torre a Principal (1900’s-2010)
Transcurridos ya más de 20 años desde que el 23 de mayo de 1995 el jurado conformado por Asdrúbal Aguiar, Juan Pedro Posani, Carlos Gómez de Llarena, Pablo Lasala, Morella Montero y William Niño premiara la sensible y atinada propuesta de Rigamonti, Caraballo y Quirós, seguimos encontrándonos con que el noroeste de la esquina La Torre sigue pidiendo a gritos la atención de los entes que tienen injerencia sobre su espacio (17). Heredado desde finales de la dictadura, atendido espasmódicamente y a la vez vuelto a desatender durante la democracia, cargado de ideas que pudieran devolverle su dignidad perdida, el vacío de la que hemos denominado como “la más descuidada entre las más importantes esquinas del país” se halla aún a la espera de un mejor destino que ojalá no sea asumido por la Gran Misión Vivienda Venezuela.
En 1975, José Antonio Abreu funda la Acción Social para la Música creando años mas tarde el Sistema Nacional de las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (FESNOJIV), en el que hoy participan casi 350.000 jóvenes. El exitoso programa social que ha sabido sortear las dificultades de la crisis venezolana, y sostenerse financiado por el estado, extendiendose dentro y fuera de las fronteras del país, construye su sede en el 2009, financiada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y proyectada por el arquitecto Tomás Lugo (1943-2016). Inaugurado en el 2011, el Centro de Acción Social por la música (CASM) emerge como un paralelepípedo inserto en el área de influencia del Parque Los Caobos. Allí se planta como uno de los edificios de mayor relevancia en el contexto de la antigua Calle Real de Quebrada Honda (hoy Bulevar Amador Bandayán), donde predominan edificios temáticos producto de la falta de un plan de ordenamiento que le otorgue sentido al sector.
1. Planta nivel 7
La sede fué concebida como un espacio para la formación de orquestas, donde se integra la academia con otras disciplinas artísticas a fin de promover la difusión del acervo musical artístico nacional y universal. El sentido del programa, fundamentado en la acción social, la masificación de la música y las orquestas, le otorgó al diseño del edificio un carácter austero, con una estructura convencional de concreto armado, aporticada, columnas de sección mínima, vigas altas y materiales de bajo mantenimiento, que en su interior alberga espacios con flexibilidad acústica para acoger distintos géneros musicales. La necesidades del programa obligaron a que el edificio fuera creciendo exponencialmente según los requerimientos del Maestro Abreu, lo cual obligó a concentrar en un lote de solo 3.000 m2, salas de ensayo, aulas, un gran auditorio, áreas de enseñanza, salones de ensayo instrumental y coral, biblioteca, salas de concierto y teatro, salas de música de cámara, áreas para talleres de fabricación de instrumentos musicales, la sede del Centro Nacional Audiovisual, cabinas de grabación, camerinos, cafeterías, servicios administrativos y una concha acústica al aire libre que finalmente se transformaron en casi 16,000 metros cuadrados de construcción. El edificio pese a todos los recursos formales que utiliza, no supera en calidad espacial, capacidad y diseño al Teresa Carreño, pero sin duda logra en sus salas y en la sala «Simón Bolivar”, transmitir los valores de las artes musicales en un auditorio digno y esplendido, revestido de los mejores materiales, con una acústica notable y la más alta tecnología, a lo que se suman elementos clásicos de la música como el gran organo “Klais” con 3.309 tubos tallados en estaño, plomo y madera. Su austera materialidad exterior en hormigón y bloques a la vista, contrasta con la fineza que se refleja en el uso de la madera y materiales nobles en el interior de la gran sala y los auditorios.
2. Vista general del edificio
El complejo apuesta al desarrollo vertical del programa, con un volumen conformado por un cuerpo al norte, de once plantas, cercano al Bulevar Amador Bendayán, donde funciona la parte académica del Sistema (aulas y salas de ensayo), estacionamientos y oficinas; y un cuerpo ubicado al sur, hacia el parque Los Caobos, que incluye la gran sala “Simón Bolívar” con cuatro palcos y capacidad para 1.200 personas, asi como la sala “Fedora Alemán”, la anfiteátrica y la concha acústica abierta al parque.
3. Nivel de acceso
Los suelos del primer nivel exhiben la obra «Inducción cromática a doble frecuencia» de Carlos Cruz-Diez (1923), un río cromático que se extiende a las zonas de acceso a la Sala de Conciertos, balcones y pasillos, e involucran al espectador al caminar permitiéndole que perciban nuevas tonalidades con una condición “inmaterial”. El mosaico produce el color aditivo propio de las investigaciones de Cruz-Diez, y conduce a la obra «Gran virtual amarillo» de Jesús Soto (1923-2005). Por su parte, la obra de Soto, ubicada en la fachada norte del edificio, se percibe como una lluvia bicolor que se inserta a su vez dentro del edificio procurando el lógico diálogo espacial entre el arte y la arquitectura, emulando los valores presentes en el Teatro Teresa Carreño, sin contar con los generosos espacios del icónico edificio. La pieza acompaña al visitante en su recorrido desde el acceso principal de la plaza hasta el vestíbulo que antecede a la sala «Simón Bolívar». El ovoide blanco y amarillo crea un punto focal en el extremo oeste de la fachada norte. Asímismo, la incorporación de la obra de Carlos Cruz-Diez en los revestimientos de las butacas de la sala “Simón Bolivar” constituye tambien un elemento novedoso y singular.
4. Interior de la sala principal
El edificio fue la última gran obra proyectada por Tomas Lugo. Adyacente a ella se construye hoy el Complejo Internacional de Acción Social por la Música Simón Bolívar, proyecto ganado mediante concurso por la firma ADJKM, que aspira a consolidar el sector al norte del Parque Los Caobos como un importante polo cultural en la ciudad.
La Fundación Arquitectura y Ciudad (FAC) y Ediciones Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela (Ediciones FAU UCV) llaman a participar a autores de cualquier parte del mundo en el
CONCURSO DE ENSAYOS
CARACAS
1567-2017
Caracas al llegar a su 450 aniversario luce agotada, descuidada, olvidada, deteriorada, desarticulada y agredida, y a la vez preservada por su inmejorable clima, su inigualable paisaje y el calor de su gente. Por ende, ofrece la oportunidad única de mirarla sin dejar de pensarla, sentirla, mimarla, reivindicarla, desearla, soñarla, recordarla, imaginarla, proyectarla…
El concurso de ensayos Caracas 1567-2017 se convoca con la intención de dejar plasmadas las múltiples lecturas de que puede ser objeto esta ciudad que es eje de nuestros pensamientos, motivo de nuestras angustias y territorio de nuestros pesares, objeto de amor y de odio, siempre verde como la esperanza.
La convocatoria estará vigente desde el viernes 17 de febrero de 2017 hasta el jueves 31 de agosto de 2017.
Se otorgarán 2 premios en efectivo y tantas menciones como el jurado considere pertinentes. Para conocer las bases completas ir a www.edicionesfau.com