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… 9 de julio de 1994 aparece publicado en el semanario Arquitectura HOY el texto “Seis exploraciones arquitectónicas para un mismo tema” de Iván González Viso

Aprovechando que aún sigue abierta en los espacios de la FAU UCV la muestra “Todo llega al mar. Pensamiento y obra del arquitecto Oscar Tenreiro”, nos hemos topado con la feliz coincidencia de que un día como hoy en 1994 las páginas centrales del semanario Arquitectura HOY publicaban, como complemento a la exhibición “Una interpretación gráfica de seis casas de Oscar Tenreiro” (también albergada por la FAU UCV desde mediados de junio hasta el 14 de julio de aquel año), el texto “Seis exploraciones arquitectónicas para un mismo tema” de Iván González Viso, extracto del trabajo final presentado para alcanzar el grado de Magister en Arquitectura en la Pontificia Universidad Católica de Chile con Fernando Pérez Oyarzun como tutor, cuyo título adoptó el nombre de la exposición y estuvo acompañado del subtítulo “Variaciones sobre temas de arquitectura venezolana”.

La investigación llevada a cabo por González Viso se centró en analizar la experiencia desarrollada por Oscar Tenreiro y Francisco Sesto (quienes por aquellos años compartían como socios su oficina de proyectos en Caracas), en torno a una serie de cinco casas que les habían sido encargadas para la venta por el constructor Manuel Furió (cuyo apellido fue tomado para nombrar la serie), proyectadas y levantadas entre 1985 y 1987, las cuales Tenreiro y Sesto trabajaron como variaciones modernas sobre temas propios de la arquitectura venezolana con énfasis diferenciados. Cabe acotar que la sexta casa llamada la Casa Cantero (1990-1992), aunque forma parte de la misma indagación cerrando el ciclo, se realizó fuera de la experiencia constructiva compartida con el Sr. Furió.

Las casas estudiadas representan para González Viso “un conjunto de viviendas en las cuales es posible reconocer una exploración acotada y consciente de las posibilidades de desarrollo de ciertos temas de la arquitectura moderna venezolana. Realizadas en forma sucesiva forman parte … de un proceso evolutivo y se fundamentan en dos obras de gran envergadura como lo son la Plaza Bicentenario (1982-1987) y el Proyecto de la Galería de Arte Nacional (1981)”. Así, “la casa Furió I -ubicada en La Lagunita- marcó el comienzo de una serie. Una clásica imagen de ‘vivienda’ proyectada a la manera de una gran nave central que cubre un patio; la Furió II retoma el tema del zaguán y hace alardes estructurales al albergar una piscina en el techo; la Furió III se debate entre dualidades y se identifica con una casa-corredor; la Casa Furió IV explora los recorridos del techo jardín; la Furió V es mezcla de claustro y torre; y la Casa Cantero (la más moderna de todas) se desarrolla bajo una bóveda de concreto sobre la cual se sobrepone el techo jardín”. Cabe destacar que en tres de las casas, la I, la IV y la V hubo una evolución de nació del concepto del patio.

Las interpretaciones gráficas elaboradas por González Viso como parte fundamental de su trabajo traducidas en dibujos altamente “museables” que dieron vida a la exposición, derivan en “un análisis que estudia la organización de la casa contemporánea, las implicaciones de su origen comercial, los materiales, temas recurrentes, implantación, estructura y uso del color, entre otros aspectos”. De entre ellas, el uso del color no sólo permitió identificarlas (a la Furió III se le llamó “la casa verde”, a la Furió IV “la casa blanca”, a la Furió V “la casa azul” y a Cantero “la casa roja”), sino establecer fuertes conexiones entre la arquitectura propuesta y la popular.
Resalta también González Viso el hecho de que las obras están conformadas por un repertorio de elementos formales autónomos que dan como resultado diversos volúmenes finales producto de “una sintaxis basada en estrategias de montaje, composición y tramas de orden (la yuxtaposición, la superposición y la subdivisión), que se suman y mezclan conjuntamente con ciertas claves o temas tradicionales y modernos que constituyen motivo para la densificación conceptual”.

Oscar Tenreiro dedica a las casas las páginas que van de la 245 a la 277 del libro Todo llega al mar de 2020 (punto de partida de la exhibición que, como mencionamos, hoy se encuentra en la FAU UCV), dentro de la Tercera parte titulada “Incertidumbre”, donde las describe y explica con lujo de detalles. Antecedidas por la Plaza Bicentenario (1982-1987), el Proyecto de la Galería de Arte Nacional (1981), la propuesta para el Concurso de la Catedral de Guayana (1981) y el Proyecto del Museo del Petróleo (1984), la serie, a la cual Tenreiro otorga valor como experiencia de construcción intensiva, lograda en compañía de un promotor experimentado que ofreció pocas resistencias y se mostró siempre abierto a sus sugerencias, puede resumirse en una exploración gramatical que se asoció a la oportunidad de verificar la imagen arquetipal que se tiene de la vivienda; la relación exterior-interior; el uso del color, los materiales (la madera, la arcilla, el concreto en obra limpia); el control y dosificación de la luz en el interior del espacio.

Pese a los rasgos posmodernistas que reconoce en ellas traducidos en gestos y recursos formales, tal vez producto del momento en que se realizaron, para Tenreiro las casas le “ofrecieron oportunidades muy importantes, sin que me atreva a decir que alguna de ellas haya quedado para mí como una realización de las que enorgullecen (con la excepción tal vez de la Casa Verde que es la que encuentro más lograda, aún con su aire vernacular, y desgraciadamente la única que ha sido modificada gravemente). Y más bien me ocurre que algunos de sus rasgos me parecen hoy demasiado glamorosos, si bien deben verse en algunos casos -porque fue así- como mohines destinados a hacerlas atractivas a posibles clientes. Y fueron precisamente esos rasgos los que más despertaron críticas de gente cuyo juicio respeto pero que tal vez fueron incapaces de verlas como lo que fueron: oportunidades de experimentación, aprendizaje de las realidades de la construcción, momentos para la prueba y el error, en fin escalones de conocimiento… y todo ello partiendo de una operación comercial, condición que agrega no poco mérito”.
Pues bien, 29 años después de aquella exposición basada en el trabajo de grado de Iván González Viso reseñada tal día como hoy en Arquitectura HOY, las casas Furió ocupan un lugar destacado dentro de la exposición “Todo llega al mar” convertidas en eslabón que se tradujo, según Tenreiro, en “prolongaciones o más bien consecuencias” para diseños posteriores. Sumadas al conjunto de una sólida trayectoria signada más bien por la prevalencia de proyectos institucionales, aquellas modestas «casas para la venta» han contribuido a conformar un consistente trabajo que permite ubicar a Oscar Tenreiro como uno de los arquitectos venezolanos más importantes de su generación.


Nota aclaratoria
La numeración que hemos usado para identificar las casas Furió la hemos tomado del trabajo de Iván González Viso que da origen a esta nota. En tal sentido, debemos mencionar que ella no coincide con la usada por Oscar Tenreiro en su libro Todo llega al mar. Así, aunque hay coincidencias en lo referente a denominar como casa I la ubicada en el sector El Arroyo, La Lagunita y como la casa III a “la casa verde”, la llamada “casa blanca” es para Tenreiro la casa II y para González Viso la IV; la “casa azul” es para Tenreiro la casa IV y para González Viso la V; y la “casa de la piscina” es para Tenreiro la casa V y para González Viso la II.
ACA
Procedencia de las imágenes
1 y 2. Arquitectura HOY, nº69, 9 de julio de 1994.
3, 4 y 5. https://www.behance.net/gallery/35548963/TESIS-MAGISTER-EN-ARQUITECTURA-PUCCH-(1993)
6 y 7. Oscar Tenreiro. Todo llega al mar. Pensamiento y obra del arquitecto Oscar Tenreiro, 2020 (pp. 250, 251 y 255)

Cuando la familia Boulton Pietri adquiere en los años 1930 una parte de una colina de aproximadamente 50 há en Los Guayabitos, zona próxima a Sartenejas en las afueras de la ciudad de Caracas, Andrés Boulton, Alfredo Boulton y Anita Boulton de Phelps decidieron construir allí sendas casas en las que transcurrió buena parte de sus vidas. En particular, Andrés Boulton, tras casarse a comienzos de aquella década con Thereza Figueira de Mello, hija del embajador brasileño en Venezuela, levanta junto a ella una vivienda de campo que la llamaron Samambaya, (denominación que escrita como samambaia significa helecho en el idioma portugués, planta que crece a sus anchas en las periferias de la casa), nombre que además es elegido por doña Thereza por el recuerdo que le traía la zona de Los Guayabitos con Petrópolis en Brasil, lugar donde de pequeña pasaba largas temporadas cuando vivía en su ciudad natal, Río de Janeiro.
Residenciados permanentemente en Villa Castelania, ubicada en la urbanización El Paraíso, Samambaya, por tanto, era visitada por la familia Boulton Figueira de Mello para pasar temporadas o fines de semana alejados de una Caracas aún provinciana en la que apenas empezaban a soplar aires de modernidad. Imaginamos que la falta de buenas vías de comunicación convertía aquellos viajes a Los Guayabitos en verdaderas expediciones que se veían compensadas por el contacto con la naturaleza y su exuberante vegetación, las estupendas vistas que se abrían hacia el valle y el buen clima que allí reinaba.


Será en 1957, al casarse María Teresa (hija de Don Andrés), con el arquitecto ecuatoriano-francés Yves Denis Zaldumbide, hijo de los embajadores de Francia en Venezuela, cuando recibirá de su padre como regalo de matrimonio la pequeña casa de campo. Seis años más tarde, en 1963, al crecer la familia, los Denis Boulton construirán la segunda Samambaya como vivienda principal diseñada por Yves, quien aquel mismo año, además de revalidar su título de arquitecto en la UCV, había creado con su compatriota, el ingeniero ecuatoriano Claudio Creamer Gómez (socio durante algunos años del arquitecto norteamericano Don Hatch), la conocida compañía constructora Creamer y Denis que dedicó buena parte de sus esfuerzos a desarrollar sistemas constructivos prefabricados para viviendas de interés social construidas por el Banco Obrero.
De la unión de Yves y María Teresa nacerían cuatro hijos (Roland, Gonzalo, Francisco y Javier) y poco antes de la llegada del cuarto, en 1973, tomarán la decisión de ampliar la casa construida 10 años antes pudiéndose decir que apareció una tercera Samambaya.
Residencia de la familia Denis Boulton por más de 18 años donde llevaron una intensa vida social y familiar en los que la quinta fue permanentemente objeto de remodelaciones, Samambaya en 1974 pasará a ser ocupada de nuevo por quien había construido la primera casa: Don Andrés Boulton ahora con su tercera esposa Jean Harley, poco después de que los Denis Boulton, tras la separación de Yves y María Teresa, fijaran residencia en Ecuador. Don Andrés y Jean vivirán allí por más de 20 años donde disfrutaron de una intensa vida social en cuyas fiestas, cenas y agasajos participaban grandes personalidades de la vida venezolana e internacional para los que la casa servía de excelente marco. Tras la muerte de Don Andrés en 1998 la propiedad retorna a manos de los hermanos Denis Boulton.



Gonzalo Denis Boulton en entrevista aparecida en https://puraguapuraweb.com/blog/2018/9/20/quinta-samambaya, comentará cómo en los años 90, cuando su abuelo por razones de salud dejó de frecuentarla, Samambaya tuvo varios inquilinos, todos con necesidades muy peculiares. “Vino una señora que quería hacer un kínder y fue transformada. Después se la alquilaron a un cubano y casi la perdimos. La casa era un desastre, salones de clases, las áreas verdes ya no lo eran tanto, había una cantina, administración, biblioteca. Aún hay algunos vestigios de aquella época”.
Justamente le corresponderá a Gonzalo, arquitecto egresado de la UCV en 1988, devolverla desde 2013 a su estado original y mantener la integridad de la obra, luego de que fuera declarada ese mismo año Patrimonio Arquitectónico del Municipio Baruta por la gestión del alcalde Gerardo Blyde. “Yo agarro la casa y la voy remodelando. Ahora está disponible para todo tipo de eventos”, comentará Gonzalo para Puraguapura.
La valiosa información obtenida de la página https://www.facebook.com/quintasamambaya/ junto al testimonio de Gonzalo Denis y el reportaje hecho por Faitha Nahmens aparecido en Prodavinci titulado “Samambaya, el arte de ser parnaso” (https://prodavinci.com/samambaya-el-arte-de-ser-parnaso/), nos han permitido reconstruir su historia y determinar que la hermosa quinta que hoy conocemos no sólo fue construida por etapas, sino que durante el tiempo fue ocupada por diversos inquilinos y objeto de diversas modificaciones hasta que de manos de Gonzalo y con el apoyo de la familia hoy se ha convertido en lugar idóneo para la celebración de eventos, negocio sustentable que permitirá mantener la obra para las futuras generaciones.
De lo que no hay duda es de que Yves Denis Zaldumbide es el responsable de convertirla en referente arquitectónico y constructivo a partir de 1963: “Mi padre hizo de Samambaya una villa magnífica. Le otorgó el talante estilístico que detenta”, afirmará Gonzalo. “Para hacerla más funcional, no menos hermosa, mi padre transformó la bella casa donde vivía la belleza, y la belleza era mi madre, en una suerte de laboratorio de creatividad: el techo abovedado sería una ocurrencia que le daría carácter. Se habían visto techos así, hasta entonces solo en tiendas de automóviles, y la madera de todos sus acabados, pasamanerías y remates le añadirán calidez”, pasa revista Gonzalo. “Nosotros también participamos de la ocurrencia: las cerámicas usadas en los baños son las de la empresa de la familia y mantienen todavía el diseño añadido: están intervenidas por nosotros, los hijos”, dice sonriendo en el reportaje de Prodavinci.

Si a elaborar una ficha técnica nos dedicamos, podríamos decir que Samambaya se trata de una vivienda de 800 m2 de construcción, levantada en un bosque tropical lluvioso de 5 hectáreas, y que tiene planta en L. En uno de sus brazos se ubicaron los dormitorios, baños y vestier. En el otro brazo, las áreas sociales, cocina-pantry y comedor principal. En un nivel por debajo, las áreas de servicio. Entre ambos pisos, a medio nivel se desarrolla el salón principal.
La disposición de sus cerramientos, acristalados en muchos casos, permite establecer desde casi todos los ambientes, visuales hacia los jardines y su cuidado paisajismo o, a la distancia, con El Ávila, reforzando su continuidad espacial. El sistema estructural es de pórticos construidos con columnas de concreto armado y las losas de la cubierta son reticulares, habiéndose utilizado cajetones plásticos como encofrado, dándole un acabado liso para dejarlo a la vista. El bambú, planta que prolifera en la zona, ha sido uno de los principales elementos utilizados en su construcción apareciendo como elemento de fachada, y en la elaboración de portones, techos, escalones, barandas y muebles, entre otros.

De https://www.facebook.com/quintasamambaya/ extraemos como complemento las siguientes características: “El manejo estructural de la techumbre que converge en un eje principal formando un ave que está a punto de tomar vuelo sobre el valle de Caracas. El uso de la formaleta como solución para vencer grandes luces y volados donde percibimos que ese gran techo flotara sobre vidrios y espejos. El canal principal de concreto que recoge las aguas del techo para formar una cascada sobre unas piedras de cuarzo. El manejo de elementos de concreto en obra limpia maravillosamente dispuestos en las ventanas. El trabajo minucioso de la madera en puertas y ventanas. El piso traído del Japón de color rojo en la zona social de la casa y blanca en los espacios privados que recorre lo interno y externo como una gran alfombra que toma el mismo protagonismo del techo”.
Hoy gracias al permiso de vocación turística otorgado por la Alcaldía de Baruta desde su declaratoria patrimonial, Samambaya funciona como una estancia con servicios anexos como salón de eventos, restaurante, tienda y galería. Ofrece la posibilidad de realizar eventos para lo cual cuenta con sus amplios jardines, piscina, terrazas, tres salones, cinco baños de invitados y dos baños para personal. Además, tiene capacidad para 70 carros y un estacionamiento aledaño para otros 50 carros pudiendo albergar cómodamente hasta 400 personas.


También en su terreno ampliado que cubre hasta 20 hectáreas se ha comenzado a sembrar cacao proveniente de la zona de Paria (en específico de la hacienda Agua Fria) que ya ha dado como fruto la elaboración del chocolate Río Cacao en seis variedades.
Cuenta Samambaya con una colección permanente de obras de arte en la que predomina, por tradición familiar, la fotografía. Allí encontramos, entre otros, trabajos de: Vicente Diez, Paolo Gasparini, Luisa Richter, Alfredo Boulton, Alexander Apóstol, Ricardo Benaim, Yoshi, Ricardo Gómez Pérez, Fabiola Ferrero, Evelyn (Ivoly) Noguera Penso, Daniel González, Diana Sucre, Karim Dannery, Jenny Woodman, Margarita Scannone, Margarita Boulton, Suwon Lee y Josefina Gómez Revenga.
Rescatada con gran sensibilidad y equipada con gusto exquisito acorde con su riqueza espacial, Samambaya se constituye en una referencia ineludible a la hora de hablar de las grandes quintas caraqueñas.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal. Colección Crono Arquitectura Venezuela.
1, 2, 4, 5 y 8. https://www.facebook.com/quintasamambaya/
3. https://puraguapuraweb.com/blog/2018/9/20/quinta-samambaya y https://www.facebook.com/quintasamambaya/
6. https://www.facebook.com/quintasamambaya/ y https://puraguapuraweb.com/blog/2018/9/20/quinta-samambaya
7. https://prodavinci.com/samambaya-el-arte-de-ser-parnaso/ y https://puraguapuraweb.com/blog/2018/9/20/quinta-samambaya
9. https://www.facebook.com/quintasamambaya/, https://prodavinci.com/samambaya-el-arte-de-ser-parnaso/ y https://www.estadeboda.com/quintasamambaya

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Cuando el artista plástico, diseñador y profesor universitario Cornelis Zitman (Leiden,1926- Caracas, 2016), toma la decisión a comienzos de los años 60 del siglo XX de buscar un lugar alejado del mundanal ruido caraqueño en el que construir tanto su vivienda como su taller de trabajo, encuentra en las ruinas del antiguo molino de caña de azúcar de la Hacienda La Trinidad, ubicada entre los pueblos de Baruta y El Hatillo, el lugar ideal.
Zitman llega en 1947 a Venezuela procedente de los Países Bajos a bordo de un petrolero sueco con 21 años, luego de haber finalizado sus estudios en la Academia de Bellas Artes de La Haya y de rehusarse a hacer el servicio militar por estar en desacuerdo con las acciones políticas holandesas en Indonesia. A su llegada, se instala en la ciudad de Coro, donde encuentra empleo como dibujante técnico en una empresa constructora. En su tiempo libre pinta y hace sus primeras incursiones en el campo de la escultura. Dos años después se traslada a Caracas, donde fue empleado por Promociones y Decoraciones Dibo (DecoDibo), que hacía muebles por encargo y en la que alcanzó el puesto de director técnico de la fábrica ubicada en Quinta Crespo. Allí comenzaría a diseñar muebles y años más tarde, fundaría los talleres Zitman C.A. En 1951 recibe el Premio Nacional de Escultura y comienza a dar clases de diseño en la Universidad Central de Venezuela. En 1954 los talleres Zitman C.A. fueron absorbidos por la empresa Tecoteca (Tepuy Compañía Técnica C.A.), que también importaba equipos para arquitectos y llegó a tener tiendas en Caracas, Maracaibo, Valencia y Maracay.


En 1958, Zitman expone un conjunto de pinturas y dibujos en la Galería de Arte Contemporáneo de Caracas. Decide abandonar la vida de empresario y se muda a la isla de Grenada, donde se dedica por completo a la pintura y comienza a afirmar su carácter de escultor. En 1961 viaja a Boston, Estados Unidos, para participar en una exposición de pintura y diseño. Ese mismo año regresa a Holanda con el deseo de estudiar las técnicas de fundición. En 1964 trabaja como aprendiz en la fundición del escultor Pieter Starreveld y regresa definitivamente a Venezuela contratado, de nuevo, por la Universidad Central como profesor de diseño.
Por tanto, es 1964 el momento en que Zitman emprende la búsqueda que lo lleva a instalarse en 1965 en la vieja ruina, cuyos orígenes se remontan al siglo XVIII (1759), cuando el Padre Ignacio Rengifo Pimentel era el dueño de la hacienda que para la época se hacía llamar Hacienda San Pedro y San Pablo, en momentos en que se iniciaban los cultivos de la caña de azúcar en el valle de Baruta y cuyo último lote, ya bajo la denominación de Hacienda La Trinidad, fue producido para los años de 1945, justo cuando se le da el golpe de estado a Isaías Medina Angarita.

Si bien podría considerarse que lo construido originalmente en el lugar se trata de un conjunto, conformado por la antigua casa de hacienda, el trapiche y los siete cubos que constituían los secaderos para el tabaco, Zitman para resolver su casa-taller se acopla a las ruinas del antiguo molino del que quedaba como elemento original el torreón, cuatro paredes internas y una rueda hidráulica los cuales aprovecha para ir labrando, cuan escultor que era, su refugio íntimo mediante toda una aventura constructiva de carácter progresivo.

En esta «casa imposible» como la calificaría Zitman en 1973 cuando fuera publicada en la Revista CAV nº 34, hecha poco a poco en la medida de sus posibilidades y de su tiempo, y que ya hoy puede considerarse como un verdadero museo, se ponen de relieve por un lado el contacto que este escultor siempre tuvo con la arquitectura y sus aspectos constructivos, y por el otro la libre interpretación que hace de la tradición y la historia que transpira el sitio que ocupa. Rodeada por una espesa vegetación, la casa-taller de Zitman se trata de uno de esos edificios difíciles de fotografiar externamente, pero en el que su sensible tratamiento espacial, cromático y lumínico lo convierten en toda una experiencia fenomenológica llena de sorpresas. En ella es posible identificar el aprovechamiento e integración que se hizo de las viejas ruinas en pro las de mejoras «modernas» posteriores, mediante un minucioso análisis de la tradición constructiva venezolana: techos de caña amarga, ladrillos criollos, muros de mampostería, aleros con trabas entre pares y canecillos, pies derechos, rejas y matas. Podríamos afirmar que en esta intervención se produce, de la mano de un hacedor de origen extranjero que no era arquitecto, una cierta “nacionalización” si se quiere menos académica, más localista pero igualmente significativa de los alcances que una reinterpretación cultural plena puede tener y en la que la condición del intérprete, su sensibilidad y su procedencia juegan positivamente un papel de primer orden.



La casa está llena de detalles que denotan la estrecha relación que Zitman siempre tuvo con la arquitectura. Como bien expresará Iván González Viso en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015): “La casa de ladrillos, muros de adobe color ocre, techos de caña amarga y madera se organiza alrededor del patio del trapiche, con galerías, donde destaca la chimenea como elemento vertical. Su interior está habitado por sus características esculturas: figuras femeninas plasmadas en diversas situaciones cotidianas”.
En la parte norte del torreón hay una terraza donde se puede ver los secaderos de Hacienda La Trinidad, el edificio de la P&G y en días despejados el Ávila. En la parte trasera de la estructura se encuentra el taller, una amplia área de trabajo a doble altura con grandes tragaluces que dan una confortable sensación de amplitud y donde Zitman daba libertad a su capacidad creativa, sin dejar de lado la experimentación, con piezas poco convencionales como armazones de carros, transformándolas y cambiándoles su uso. Allí reposan prototipos y moldes de yeso de diferentes esculturas.
Graziano Gasparini en Casa venezolana (1992), al referirse al refugio de Zitman expresó: “El resultado es toda una sucesión de sorpresas visuales en las que se identifican viejos pilares, muros, rafas y la chimenea del viejo trapiche. Todo lo aprovechable fue aprovechado y lo nuevo se integró al antiguo con respeto y armonía. Parece que la casa fue así desde siempre”.


Zitman, quien junto a su esposa Vera Roos vivió en «El Trapiche» hasta su fallecimiento el año 2016, vio desde su recinto el afortunado surgimiento a partir de 2011 de lo que hoy se como la Hacienda La Trinidad Parque Cultural en los terrenos de la antigua Hacienda La Trinidad.
Como se recoge en https://haciendalatrinidad.org/quienes-somos/, dentro del parque cultural, “en la antigua Casa de Semillas funciona un centro de salud alternativa; en la Casa de Hacienda se desarrollan exposiciones y eventos culturales; el Trapiche corresponde al taller y residencia del artista Cornelis Zitman; en los siete secaderos hacen vida una tienda especializada en artesanía tradicional y diseño contemporáneo, una galería de arte contemporáneo, un café-restaurante, un espacio de alquiler para eventos corporativos, un laboratorio dedicado a la investigación sobre el cacao, una librería y un recinto para el incentivo y la práctica de la fotografía”.
También, en la misma página se puntualiza: “Hacia 1950 cesó la actividad agrícola a gran escala. En pocas décadas, las antiguas haciendas se fueron convirtiendo en modernas urbanizaciones, con la consecuente desaparición de un viejo modo de vida y de una arquitectura a él asociado. La Hacienda La Trinidad no fue una excepción, pero sí fue objeto de una decisión afortunada y única tomada en 1970: la preservación de los 15.000 m2 que albergaban sus principales construcciones y su marco natural como un refugio para la memoria histórica. En 2005, esta disposición sería corroborada cuando el Instituto del Patrimonio Cultural declarase esta propiedad como Bien de Interés Cultural del Municipio de Baruta. Para el año 2011 abre al público Hacienda La Trinidad Parque Cultural, un centro cultural y patrimonial concebido para fomentar el arte, la historia y la cultural venezolana y lo consoliden como parte importante de un circuito de turismo cultural que contribuya positivamente al cambio social, educativo y cultural de la comunidad”.

Hoy en día la casa-estudio de Zitman se ha convertido en un lugar casi mítico donde sus esculturas cobran vida en cada espacio, pareciendo que fueron creadas o que nacieron en cada punto donde están ubicadas. El sol y el paso del tiempo corren por ellos sin dejar mayor huella.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal. http://guiaccs.com/obras/el-trapiche-2/
2. https://m.facebook.com/media/set/?set=a.1341211965951931.1073741844.147186205354519&type=3
3. Revista CAV, nº34, 1973 y https://haciendalatrinidad.org/
4. Revista CAV, nº 34, 1973.
5. Graziano Gasparini, Casa Venezolana, 1992.
6. https://haciendalatrinidad.org/
7. https://entrerayas.com/2016/01/una-butaca-de-cornelis-zitman-por-gregory-vertullo/

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