
Archivo de la etiqueta: Visitas Memorables
VISITAS MEMORABLES

Frei Otto (1925-2015)
La única visita que hiciera el arquitecto alemán Frei Otto a Venezuela data de noviembre de 1962, obedeciendo a una invitación que le formulara el para entonces primer director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad del Zulia -LUZ- (creada en 1961, dependiente de la Facultad de Ingeniería), Miguel Casas Armengol, en momentos en que estaba a punto de cristalizar la creación de la Facultad de Arquitectura, hecho que ocurriría el año siguiente (1963).
Según relata la reconocida profesora de origen chileno Ingrid Jacobsen, radicada en Maracaibo desde 1959 y docente en la Escuela de Arquitectura de LUZ prácticamente desde su fundación, en una entrevista concedida a Marina González de Kauffman publicada en la revista Portafolio nº 27 (enero-junio 2013), “en julio de 1962, aprovechando un viaje de visita a familiares en Europa había programado ver de paso algunas de las obras famosas de la arquitectura moderna. El decano Miguel Casas, dentro de su política de apoyar los intereses del profesorado en beneficio de la Facultad, me preparó tres cartas de presentación dirigidas a Pier Luigi Nervi, en Roma, Frei Otto en Berlín y Curt Siegel en Stuttgart. Conocer las imponentes y bellas obras de estas personalidades quienes en persona me llevaron a visitarlas, los comentarios sobre sus trabajos, logros y preocupaciones y, al mismo tiempo, su modestia me impresionó sobremanera. Fue una gran experiencia”. Y continúa: “Todos tres, siendo profesores universitarios mostraron gran curiosidad, un interés genuino por nuestra nueva Facultad en Maracaibo. Al poco tiempo, en noviembre del mismo año, vino Frei Otto a dictar un ciclo de conferencias sobre estructuras colgantes, su especialidad. También estuvo el 24 de noviembre de 1963, invitado por el Centro de Ingenieros, Richard Buckminster Fuller, autor de las cúpulas geodésicas”.
De tal manera, la joven Facultad de Arquitectura de LUZ, buscaba sumarse al cuestionamiento de la enseñanza de las estructuras a nivel internacional que había derivado, dado el énfasis que se le daba al cálculo, en esquematismo y desinterés por parte de los estudiantes. Como parte del estímulo necesario para entender dicha disciplina dentro de criterios no necesariamente convencionales gobernados por el diseño, allí se toma la iniciativa de formar a sus cuadros los cuales, a su vez, transmitirían lo aprendido a sus discípulos. A las visitas de Otto y Fuller se sumará como momento culminante la de Curt Siegel, autor del célebre libro Formas estructurales de la arquitectura moderna (1962), en marzo de 1964, quien dictaría un ciclo de conferencias y un seminario práctico dirigido a los estudiantes, de gran repercusión nacional y Latinoamericana, organizados por la profesora Jacobsen.


Otto se formó como arquitecto en la Universidad Técnica de Berlín (UTB) donde, tras haber iniciado sus estudios en 1943, y una accidentada carrera interrumpida por la Segunda Guerra Mundial, se gradúa en 1952. De inmediato (1953) empieza sus estudios doctorales de ingeniería en la misma universidad, culminándolos con la tesis “Das hängende Dach” (El techo suspendido) en 1954, la cual se publica muy rápidamente en alemán, polaco, español y ruso con el título Das hängende Dach: Gestalt und Struktur (El techo suspendido. Forma y estructura). De 1955 es el pabellón-tienda de cuatro puntas para la Exposición Federal de Jardinería en Kassel, primera construcción de una superficie ligera y con forma de “silla de montar” (paraboloide hiperbólico), la cual le valió su primera cuota de fama.
En 1961, Otto trabaja como asistente para Peter Poelzis en la UTB, conoce a Johann Gerhard Helmcke, profesor de biología y antropología y funda un grupo de investigación sobre biología y construcción en la Universidad Técnica de Berlín que marcan el inicio de trabajos cooperativos entre arquitectos, ingenieros y biólogos.




Así, al momento de visitar nuestro país, aunque ya había logrado importantes avances dentro de su línea de investigación dirigida hacia las estructuras colgantes y tensiles, Otto no había alcanzado el reconocimiento internacional que posteriormente obtuvo con el pabellón alemán en la Expo Montreal 1967 (realizado junto a Rolf Gutbord y Fritz Leonhardt) y, sobre todo, en las instalaciones para las Olimpíadas de Munich culminadas en 1972 con la colaboración de Günter Behnisch.
Sin embargo, aquel año de 1962 Otto vio cómo, fruto de su trabajo, se publicaba en alemán, inglés, húngaro y ruso el primer volumen de Zugbeanspruchte Konstruktionen. Gestalt, Struktur und Berechnung von Bauten aus Seilen, Netzen und Membranen (Estructuras tensadas. Diseño, estructura y cálculo de cables, redes y membranas), cuyo segundo volumen aparece en 1966. Antes de llegar a Maracaibo el mes de noviembre, Otto había dictado un Seminario especial sobre construcciones ligeras en la Universidad Técnica de Berlín y sido profesor visitante en la Universidad de California, Berkeley, EEUU, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Cambridge, EEUU y la Universidad de Harvard, Cambridge, EEUU, por lo que las expectativas creadas en torno a su presencia entre nosotros fueron muy elevadas.
Más allá de la trascendencia de su obra construida, también es de temprana data (1964) la creación del Instituto para Estructuras Ligeras (Institut für leichte Flächentragwerke, IL) en la Universidad de Stuttgart del cual Otto es designado su primer director, cargo que ejerció hasta su retiro de la vida académica. En 1965 es nombrado profesor honorario de esa misma universidad.


Transcurridos casi 40 años (38 para ser más precisos), consagrado como reconocida figura internacional y la mayor autoridad en estructuras tensadas y de membranas de bajo peso, se da otra aproximación, en este caso indirecta, de Otto con nuestro país. Ello ocurrió en momentos en que se trabajaba en buscar la mejor solución para resolver la cubierta plegable del pabellón de Venezuela para la Exposición Universal de Hannover 2000, proyecto del arquitecto Fruto Vivas.
Vivas había concebido el recinto de lo que llamó “Una flor de Venezuela para el mundo”, como “8 pétalos gigantes alrededor de un mástil central de 18 m de altura” donde se “albergaban las plataformas de la exposición” que “se abrían -o cerraban- de acuerdo a las condiciones climáticas para favorecer el acondicionamiento interior”. De allí a su materialización final se recorrió un largo trecho en lo atinente al diseño y cálculo estructural, pensado en términos de eficiencia, óptimo funcionamiento y máximas consideraciones relacionadas a la sostenibilidad, sin ir en desmedro de las condiciones espaciales del edificio, todo lo cual es recogido con detalle en el artículo “El pabellón de Venezuela en la Expo 2000 de Hannover” de Ch. García Diego, J. Llorens y H. Poppinghaus aparecido en el nº 473 de la revista Informes de la Construcción (2001) y en la revista venezolana DADA, nº 2 (2000).
En la ficha técnica del pabellón se reconoce, en cuanto a la cubierta móvil, a García Diego, Llorens y Poppinghaus como coordinadores y como encargados del proyecto y ejecución al equipo J. Bradatsch, B. Rasch, Gawenat (c& T. Elser de S.L., Rasch con Frei Otto del Atelier Warmbronn, Stuttgart y J. Young de Buro Happold, Londres, quienes por lo justo del tiempo, que no permitía desarrollar y experimentar soluciones completamente nuevas, apelan a la idea ya realizada en 1992 por B. Rash & J. Bradatsch para los paraguas que dan sombra a la Plaza de Medina Haram en Arabia Saudita. La participación de Otto consistió en proponer la manera cómo debían formalizarse, realizarse y sostenerse los 16 pétalos que en definitiva la conformaron, los cuales volarían desde “el cáliz central, manteniéndolos invariables durante el movimiento, con la membrana fija y atirantada por la estructura de soporte tubular”.


Dentro del concepto general, cada pétalo, pensado dentro de la lógica de una pieza ligera que debía ser izada y posteriormente tensada pasó, a partir de los croquis realizados por Otto, por las fases de parametrización, patronaje y dibujo mediante sistemas computarizados para luego ser sometidos a ensayos mediante una maqueta en el túnel del viento, que les dieron al conjunto la forma final. Cada pétalo sería recubierto por “un tejido de fibra de poliéster, que suministra la resistencia, revestido con cloruro de polivinilo, que le da la impermeabilidad, color y protección”.
También en la Expo Hannover 2000, Otto participa de forma más comprometida desde un inicio en el diseño junto a Shigeru Ban del pabellón japonés obra que si es recogida y resaltada dentro de su amplia cronología.


Otto, a quien el MoMA le rindió homenaje en la muestra The work of Frei Otto (1971), que se pudo ver en 80 países, logró acumular en vida innumerables reconocimientos siendo el más destacado, sin duda, el Pritzker que se le otorgó en 2015 cuando estaba a punto de cumplir 90 años y se mantenía aún activo profesionalmente. Queda para la historia el hecho de que cuando la directora ejecutiva del premio informó al arquitecto sobre su triunfo y de que el anuncio público oficial se haría el 23 de marzo de 2015, éste lo agradeció complacido y feliz. Pero, inesperadamente, el laureado falleció el 9 de marzo lo cual llevó al comité a anunciar su triunfo el día siguiente. La ceremonia de premiación —a título póstumo— a cargo de Frank Gehry se programó para el 15 de mayo de 2015, siendo el único caso en que se ha dado esta circunstancia ya que el Pritzker se otorga y entrega a arquitectos que aún se encuentran vivos. “El jurado -diría un comunicado emanado del comité del premio a modo de aclaratoria de esta última circunstancia- había acordado concederle el premio cuando Otto aún estaba vivo» y los representantes del comité «pudieron hablar con él, encontrarse con él y darle la noticia».


El hecho que vinculó la muerte de Frei Otto con el otorgamiento del Premio Pritzker, fue objeto de gran cobertura mediática tanto por los dos sucesos como por la incómoda situación no prevista que tuvieron que solventar los organizadores del evento. De los artículos publicados en aquel entonces que resumían la trayectoria del maestro alemán, tal vez el escrito por Anatxu Zabalbeascoa el 11 de marzo de 2015 es de los que mejor resumen su brillante trayectoria. De allí extraeremos la siguiente cita con la que cerraremos esta nota: “…el desaparecido Frei Otto es el premiado perfecto para, desde la ligereza de sus cubiertas tensadas, dejar clara la solidez de la mejor arquitectura. (…) Adelantado de la preocupación ecológica, precedente del profesional que analiza e inventa y antesala del creador que comparte sus hallazgos —en lugar de registrarlos para negociar con ellos— Otto es un modelo incuestionable para los tiempos actuales. Tal vez por eso, la suya fue la historia de una obsesión, la que relacionó arquitectura y biología, construcción y naturaleza, una dicotomía sobre la que no dejó de investigar, escribir y enseñar en Harvard o MIT y, casi 30 años, en la Universidad de Stuttgart.(…) Como miembro del selecto grupo de los grandes inventores de la arquitectura (en compañía del español Félix Candela con sus paraboloides hiperbólicas, el uruguayo Eladio Dieste con sus cerámicas armadas o el estadounidense Buckminster Fuller con sus prefabricados), Otto cuestionó no sólo el estilo imperante en cada momento sino, sobre todo, los valores que representaban las arquitecturas más admiradas. Como todos los citados —que además del ingenio compartían la preocupación por hacer de la arquitectura un arte más útil que representativo— su vida serviría para escribir una novela.”
ACA
Procedencia de las imágenes
1, 2 y 9. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad
3. http://www.arquitecturaenacero.org/historia/arquitectos/frei-otto-pritzker
4. https://www.smow.com/blog/2014/08/form-follows-nature-at-the-kunsthaus-kaufbeuren-allgau-germany/frei-otto-olympiastadion-munchen-1972-teilansicht-il-uni-stuttgart/, https://es.wikipedia.org/wiki/Eurocopa_1988#/media/Archivo:Olympiastadion_Muenchen.jpg y https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Munich_-Frei_Otto_Tensed_structures-_5293.jpg
5 izquierda, 6 y 7. https://informesdelaconstruccion.revistas.csic.es/index.php/informesdelaconstruccion/article/view/668/769
5 derecha. Colección Crono Arquitectura Venezuela
8 y 10. https://elpais.com/elpais/2015/03/11/album/1426060416_355218.html#foto_gal_8
11. https://zkm.de/en/presskit/2016/exhibition-frei-otto-thinking-in-models
CONTACTO FAC 196
VISITAS MEMORABLES

Richard Meier (Newark, 1934)
El hecho de que en julio de 1985 una figura de la talla de Richard Meier haya aceptado la invitación que le hicieran los organizadores del Mes de la Arquitectura (el Colegio de Arquitectos de Venezuela -CAV- y la Asociación Venezolana del Diseño), habla a las claras del significado que tenía Venezuela dentro del circuito internacional de la disciplina. Meier había recibido el año anterior el Premio Pritzker, como se sabe, el más alto galardón de la arquitectura a nivel mundial, siendo el sexto arquitecto en obtenerlo y, si a hablar de Premios Pritzker vamos, por nuestro país han pasado, además del norteamericano: Oscar Niemeyer, Frei Otto, Kenzo Tange, Aldo Rossi, Rafael Moneo, Jean Nouvel, Glenn Murcutt, Richard Rogers y Frank Gehry, lo cual no es poca cosa.

Aquel Mes de la Arquitectura de 1985, estructurado en torno a la presencia de Meier, permitió la realización de charlas, coloquios y actividades de intercambio y sirvió de marco a la celebración de los 40 años de la creación de la Sociedad Venezolana de Arquitectos (SVA) y los 19 de la fundación del CAV. La organización del evento estuvo a cargo del arquitecto Alejandro Mendoza D’Ascoli y en todas las actividades programadas destacó la activa presencia de profesionales, estudiantes y público en general. Estrenaba el Colegio nueva imagen y en la clausura fue presentado el número 48 de la remozada revista CAV, dirigida a partir de ese momento por William Niño Araque y María Teresa Novoa acompañados por un Comité de Redacción conformado por: Hannia Gómez, Max Pedemonte, Magali Ruz Brewer, Oscar Tenreiro y Esdras Parra. El presidente del ente gremial entre 1984 y 1986 fue Ítalo Balbi.
Pues bien, la presencia de Meier formó parte de los nuevos aires que soplaban dentro de un gremio caracterizado durante años por privilegiar asuntos algo alejados de la visión de la arquitectura como fenómeno cultural, cosa que ahora interesaba. Los números 48 (1985) y 49 (1986) de la ya mencionada revista CAV así como el número especial dedicado a Ciudad Guayana dan fe de ello y, dentro de la 49, correspondió a Hannia Gómez publicar el texto “Richard Meier. Cuando las catedrales son blancas”, título que parafraseaba el conocido libro de Le Corbusier Cuando las catedrales eran blancas (que alude a la construcción de catedrales en el siglo XIII, el culmen del estilo gótico en Francia, momento en que dichas edificaciones dominaban sin discusión el paisaje de las ciudades), con el que intentó “definir cuál es la trascendencia real de esta figura internacional, y cuáles los beneficios de su presencia entre nosotros”.
El nombre del ensayo también apunta claramente a resaltar la actitud del primer Meier quien, a contracorriente de lo que acontecía en los Estados Unidos durante los años sesenta, “propuso sus primeros proyectos de casas blancas siguiendo la tradición corbusieriana de los años veinte”.
Gracias al artículo de Gómez conocimos, por ejemplo, que del recorrido que hizo el arquitecto norteamericano en su corta estadía “encontró a El Silencio de Villanueva (1942-45) entre los edificios de Caracas especialmente interesante”. Asunto curioso si se quiere ya que bien pudo haberse referido a obras que, como las suyas, bebieron y expresaron en los años 30 y 40 claras vinculaciones con la arquitectura moderna internacional como las níveas casas de Manuel Mujica Millán o el primer racionalismo del propio Villanueva, obras que, a ciencia cierta, no sabemos si llegó a visitar.
Quizás sea también el escrito de Gómez el que mejor puede guiarnos para contextualizar el momento que transitaba Meier en aquel entonces dentro de su exitosa carrera.
Graduado en la Universidad de Cornell en 1957, al terminar sus estudios viajó por Europa donde tuvo la ocasión de conocer a Le Corbusier influencia clave en su arquitectura, como ya se ha adelantado. A su vuelta a Estados Unidos, trabajó en varios despachos de arquitectos, entre ellos los de Skidmore, Owings and Merrill (SOM) y Marcel Breuer, hasta que en 1963 abrió su propio estudio.
Meier visita Caracas en plena madurez con 51 años y más de 20 de ejercicio profesional a cuestas en los que había transitado su etapa más prolífica en cuanto a producción de obras determinantes que luego le sirvieron para asentar un modo de hacer arquitectura que le sería propio. Para Hannia Gómez, ubicados en el momento de su visita, “debemos ver en la presencia de Meier el lanzamiento de un indicio de excelencia y profesionalismo a la población de diseñadores y arquitectos que trabajamos en Venezuela”.

Hacía ya trece años que había aparecido Cinco Arquitectos (Five Architects), libro que, junto a la exposición organizada en el MoMA por Arthur Drexler en 1967, podríamos decir que en 1972 presentó en sociedad (en este caso de la mano de Drexler, Colin Rowe y Keneth Frampton), a un grupo de arquitectos formados en Nueva York compuesto por Peter Eisenman, Michael Graves, Charles Gwathmey, John Hejduk y el propio Meier. Vistos como grupo al momento de su aparición, conformaron lo que Helio Piñon en 1984 calificó como una de las “neovanguardias” (fundamentalmente valorada por la obra de Hejduk y Eisenman) que surgieron a mediados de los años sesenta y los setenta del siglo XX, reflejando en este caso una lealtad común a una forma pura de la arquitectura moderna. Posteriormente los miembros del grupo fueron realizando un trabajo divergente, negando cualquier relación con los demás. Graves se apuntó decididamente al postmodernismo. Eisenman ha limitado su trabajo a las imágenes y los modelos de los diseños arquitectónicos de futuro en los medios impresos, aunque se convirtió en el arquitecto más asociado con el deconstructivismo. Gwathmey también se ha mantenido fiel al estilo moderno, aunque su pureza se ha visto atenuada por la realidad de las grandes comisiones corporativas y públicas, y Meier ha sido el más fiel a la estética moderna y al estilo de Le Corbusier.

Superado “el modernismo juvenil de las casas blancas de New England, (Meier) empieza a replantearse el problema de la modernidad contemporánea con una precisión y una fortaleza que está sorprendiendo a todos”, dirá Hannia Gómez. Tras los años de su producción doméstica, apunta luego a formular con toda claridad un estilo propio basado en “un asentamiento objetivo en la intención de sus proyectos”. El grupo de trabajos conformado por el Atheneum de New Harmony, Indiana (1979), el Seminario de Hartford, Connecticut (1981), los nuevos edificios administrativos para la Renault en Boulogne-Billancourt, Francia (1982), la entrada a Concurso Internacional para el Reciclaje del Lingotto Fiat, Torino (1984), el Kunsthandwerk Museum, Frankfurt (1985) y el High Museum of Art, Atlanta (1984), en los que Meier reemprende la búsqueda de un lenguaje institucional, constituyen para Gómez “nuevas catedrales blancas ya no de piedra de Francia recién tallada, sino de láminas de hierro porcelanizado, que brillan ahora también con la radiante racionalidad de un nuevo rigor estructural”.
Arropado por sus anfitriones gremiales, Meier no tuvo en Caracas, que sepamos, contacto con la academia, lo cual quedó a deber. Sí dio una charla magistral con epicentro en su obra en los espacios del Museo de Bellas Artes, lugar donde se desarrollaron la mayor parte de los eventos de intercambio de aquel Mes de la Arquitectura. Valga agregar que su paso causó un revuelo que no se veía desde la venida de Aldo Rossi en 1980.

Para quienes recuerdan aquella época y se sintieron (y sienten) atraídos por su arquitectura, tienen hoy una muy buena oportunidad para calibrar los efectos del paso del tiempo y para constatar si aún, como afirmaba John Hejduk en Richard Meier, Architect (1976), Meier es “la pasión de la arquitectura, la creación, la re-creación y realización de una obra que nos paraliza con su intensidad” o, como lo hace Hannia Gómez, la suya es “una arquitectura intensa que produce a la vez obras de memorable polémica (el Bronx Developmental Center) y obras de vigencia y aceptación presentes (el High Museum of Art de Atlanta), que han mantenido interesada a la crítica por más de diez años”. Desde aquí pensamos que los mejores años de Meier ya pasaron, siendo justamente aquellos que abarcaron sus primeras tres décadas de trabajo los que recogen lo más trascendente de su obra. Hoy transfigurado en Richard Meier & Partners Architects, despacho con más de 130 proyectos diseminados por todo el mundo, quizás queda sólo como importante vestigio la blancura de su arquitectura y el máximo rigor en el ejercicio del oficio.
ACA
Procedencia de las imágenes
- Colección Crono Arquitectura Venezuela
3 arriba izquierda: https://tecnne.com/contextos/richard-meier-smith-house/
3 arriba derecha: http://byricardomarcenaroi.blogspot.com/2011/04/architecture-arquitectura-richard-meier.html
3 abajo izquierda: https://larryspeck.com/photography/hartford-seminary/
4. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad
CONTACTO FAC 188
VISITAS MEMORABLES

Rafael Moneo (Tudela, 1937)
Rafael Moneo visita por primera y única vez Venezuela en 1989 cuando es invitado por los organizadores del Primer Seminario sobre Arquitectura Española, evento estructurado en torno a la exposición “Nuevos caminos de la arquitectura española” montada con el auspicio de la Fundación Museo de Arquitectura en los espacios del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber (MACCSI), la cual a su vez estuvo acompañada por otra titulada “6 arquitectos españoles a vuelo de fotógrafo” con imágenes tomadas por Rosángela Yajure.
En su corto viaje a Caracas, Moneo presentó el jueves 11 de mayo en la Sala Plenaria de Parque Central una memorable conferencia donde expuso con excelentes fotografías y coherente discurso lo más relevante de su obra construida y el eje central de su pensamiento. También concedió una sustanciosa entrevista realizada el día anterior en la quinta “Los Aromos”, vivienda particular del arquitecto Oscar Tenreiro quien estuvo acompañado por su socio profesional de entonces, Francisco Sesto, y por Carlos Pou, todos ellos integrantes de la planta profesoral de lo que se conoció con el “Taller Firminy”, experiencia docente fundada por Tenreiro en 1983 en el seno de la Escuela de Arquitectura de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela. La entrevista concedida a Tenreiro quedó registrada en el libro Sobre arquitectura. Conversaciones con Kenneth Frampton, Oriol Bohigas, Rafael Moneo, Jaume Bach, Gabriel Mora y César Portela, publicado en 1990 al año siguiente de la realización del evento que trajo a Moneo y además a Bach, Mora y Portela, estándose a las puertas de la realización de un segundo encuentro de similares características, que también promovería la Fundación Museo de Arquitectura, en junio de aquel año y que contaría con la presencia de Oriol Bohigas, Antonio Cruz, Anton Capitel y Manuel de las Casas.


Para 1989, año de agitaciones nacionales e internacionales como “El Caracazo” (27 de febrero) y la caída del Muro de Berlín (29 de octubre), la arquitectura española ya se había posicionado como referencia a nivel internacional. El valor propio que lo hizo posible tiene mucho que ver con la capacidad manifestada por los arquitectos españoles de mirar de forma renovada los postulados de la arquitectura moderna desde el rigor tanto conceptual como tectónico, donde la racionalidad iba asociada al desarrollo de una cultura que incorporaba el análisis interpretativo lo cual, a su vez, derivó en un nuevo lenguaje. Además, España ya había despegado desde el punto de vista económico hacia lugares que la colocarían entre las naciones europeas con mayor crecimiento y, por tales razones, había logrado que Barcelona y Sevilla fueran seleccionadas para albergar en 1992 los XXV Juegos Olímpicos de la era moderna y la Exposición Universal, respectivamente.
Por otro lado, para la arquitectura venezolana el observar la experiencia española cobraba particular interés por lo nutritivo de las raíces sobre las que se fundaba, por el ejemplo que daba el hecho de haberse desarrollado desde la acción pública más que desde la privada, por la relación entre sus representantes más notables con la docencia universitaria, y por la sintonía con una tradición muy próxima a las enseñanzas de Carlos Raúl Villanueva, cuya más importante exposición antológica justamente se había realizado desde el 20 de Noviembre 1988 hasta febrero 1989 en los espacios del MACCSI.
De allí que el haber podido traer a Venezuela a cuatro de sus arquitectos más representativos no deja de ser, además, una señal de las posibilidades y oportunidades que el país ofrecía y de la capacidad que aún se tenía de organizar eventos y traer invitados de gran envergadura, tradición que se remonta a los años 50 del siglo XX.
Moneo, egresado de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid en 1961, quien había trabajado con Francisco Javier Sáenz de Oiza mientras estudiaba (1956-1961) y con Jørn Utzon recién recibido entre 1961 y 1962, se concentra, tal y como se recoge de su biografía, en profundizar su formación superior a partir de 1963 “cuando recibió una beca de dos años para estudiar en la Academia de España en Roma, estancia que tuvo gran influencia sobre su trabajo posterior. Volvió a España en 1965 y fue en primer lugar profesor adjunto en la Escuela de Arquitectura de Madrid (1966-1970). En 1971 ganó la Cátedra de Elementos de Composición en la ETSAB, lo que le llevó a vivir durante casi diez años en Barcelona, hasta que en 1980 ganó la oposición a catedrático de composición en la Escuela de Arquitectura de Madrid, que abandonó tras unos años de ejercicio”. Ya en 1973 había establecido su propio despacho en Madrid “compaginando desde entonces el diseño arquitectónico con la enseñanza”.

Así, cuando Moneo viene a nuestro país ya era considerado, con 52 años, el más importante e influyente arquitecto español de su generación. Mostraba una muy buena cosecha de proyectos y obras realizadas hasta aquel entonces pero sobre todo personificaba una sólida postura con respecto a la intrínseca relación que debe existir entre el hacer y el pensar la arquitectura. Su trayectoria profesional y su formación intelectual, abonada por un acucioso estudio de las tradiciones nórdica y grecolatina, del aporte de Aldo Rossi y la arquitectura racionalista italiana sin dejar de lado la española, del primer Sterling, de Alvar Aalto y de Robert Venturi, así como el ser un lúcido formador de arquitectos tanto en Madrid como en Barcelona, frentes desde los que “denunció la tendencia moderna de crear edificios con criterios de corto plazo, y defendió el diseño de obras que puedan mantenerse actuales durante un largo tiempo, a modo de monumentos”, representando lo que se ha denominado como “racionalismo contextual”, le habían valido para ser invitado en 1976 a los Estados Unidos, donde trabajó en el Instituto de Arquitectura y Estudios Urbanos de Nueva York y dio clases en la Cooper Union School of Architecture (Nueva York) y, particularmente, para ser nombrado en 1985 decano del Departamento de Arquitectura de la Universidad Harvard, puesto que ocupó durante quince años y que ya había asumido anteriormente Josep Lluis Sert entre 1953 y 1969.
Por tanto, cuando Moneo visita Venezuela detentaba desde hacía 4 años este importante cargo académico en Harvard, dejando en claro de su experiencia norteamericana, tal y como le confiesa a Tenreiro en la entrevista ya mencionada, que si bien las escuelas de arquitectura de ese país hacen un mayor énfasis en lo artístico y muy poco en lo instrumental, “ello tiene como contrapartida una estructura profesional y social muy bien establecida. En el fondo los estudiantes de las escuelas saben que, al final, van a acabar sometidos a la férula de una estructura profesional muy rígida y muy firme y que ese aprendizaje artístico que han tenido, va a tener que redefinirse tan pronto como entren a trabajar en una oficina. Las oficinas, por otra parte, saben que los productos que la sociedad reclama pueden prescindir cada vez más de una buena definición espacial”, viéndose perjudicado, olvidado y excluido el tema de la vivienda, asunto que particularmente le preocupa.
Para 1989 las obras que Moneo ya exhibía en su portafolio se puede decir que conformaban lo más esencial de su exitosa carrera que luego se vería incrementada por la asignación de numerosos encargos, por ser ganador de importantes concursos, amén de la obtención de significativos galardones entre los que destacan el Premio Pritzker (el primero otorgado a un arquitecto español) en 1996 y ese mismo año la Medalla de Oro de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA); la Medalla de Oro del Royal Institute of British Architects (RIBA) en 2003; el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2012 y el Praemium Imperiale de Japón en 2017.


Son obras medulares que merecen especial mención, de acuerdo a lo conversado entre Moneo y Tenreiro: la Ampliación de la sede principal de Bankinter, Paseo de la Castellana (Madrid) (1972-1976), junto con Ramón Bescós; el Ayuntamiento de Logroño (Logroño) (1973-81); el Museo Nacional de Arte Romano (Mérida) (1980-85); el Edificio de la Previsión Española en el paseo de Colón de Sevilla (1982-87); y la Estación de ferrocarril de Atocha (Madrid) (1985-88). Además, sin mencionarlo, se sabe que estaba proyectando el Edificio L’illa Diagonal en la Avenida Diagonal (Barcelona) (1986-93); el Auditorio (Barcelona) (1987-99) y la Fundació Pilar y Joan Miró, (Palma de Mallorca) (1987-1992), obras que definitivamente lo encaminarán hacia la obtención del Pritzker.
Con respecto a la denominación de “Nuevos caminos de la arquitectura española” que se le dio al evento que lo trajo a nuestro país y en donde se le pretendía insertar, fue claro cuando en la entrevista dijo: “Si se hablase de nuevos caminos en la arquitectura española, a lo mejor hay que hablar de una generación que se sitúa inmediatamente después de Juan Navarro, después de Piñón y Viaplana, una generación imprecisa y que seguramente es a la que correspondería en sentido estricto el ser identificada con nuevos caminos. (…) No creo que ni a Juan Navarro ni a mí, nos corresponda ya estar en una exposición que pretende descubrir Nuevos caminos de la arquitectura española”.
Otras dos menciones son importantes hacer dentro de la conversación sostenida con Tenreiro. La primera cuando al hablar de la permanente tensión o debate que se da entre tradicionalistas y modernos en la arquitectura española de los años 50 que se decanta por los últimos y que, luego de la aparición del edificio Torres Blancas de Sáenz de Oiza, se presta durante los 60 a la aparición de muestras “neopopulistas”, “aaltianas” o “historicistas”, introduce el papel que a favor de una ruptura representa el edificio Bankinter “que recoge ya algo de lo que Rossi estaba diciendo; que no se puede decir que sea venturiano pero que no ignora algunos aspectos formales que Venturi ha planteado; que es duro en su respeto a los aspectos disciplinares”, abriendo por aquel entonces “una discusión más general, como en el resto del mundo, y menos determinada por las circunstancias específicas españolas”.
La segunda cuando al referirse al Ayuntamiento de Logroño y todos los avatares que debió transitar su proyecto y construcción en medio del proceso de transición política española, sentencia: “Yo creo que… es uno de los edificios que mejor se podrán citar, dentro de 50 años, como edificios que representaban el espíritu del cambio. Es un edificio que propone que en él actúe una administración seria, digna, abierta. Que trata, con más o menos éxito, de que en él haya la posibilidad de vivir una vida democrática y de que en él se de una relación entre quien administra y quienes son administrados, que no sea retórica ni doméstica. En ese aspecto es un edificio que … a pesar de esa seriedad y de esa condición adusta … tiene también los valores de la arquitectura de las socialdemocracias del norte de Europa. Tiene esa especie de limpieza. Y en eso, me parece a mi, que Logroño resistirá una lectura en clave política más allá de la propia lectura en clave de ideología estética, de la que estábamos hablando.”
El tener presente a la arquitectura española, y a Moneo en particular, es lo que conduce a que en la encuesta realizada desde Arquitectura HOY entre julio y octubre de 1993, dirigida a sus lectores con la finalidad de determinar “La mejor arquitectura reciente en Europa”, el Museo de Arte Romano de Mérida haya sido el edificio más mencionado y España el país más citado entre los 14 arquitectos o grupos de arquitectos consultados.
De los muchos libros que ha escrito, dedicados a analizar críticamente obras de arquitectura y arquitectos de muy diversas épocas en un tono didáctico encomiable, vale la pena destacar el más reciente titulado La vida de los edificios. La mezquita de Córdoba, la lonja de Sevilla y un carmen en Granada, publicado en 2017. Moneo, quien al referirse a Mario Botta, expresaba que “lo peor que le puede pasar a un arquitecto es tener éxito…”, situación a la que siempre se ha visto sometido y de la cual siempre ha tratado de desmarcarse en virtud de que considera que “si no quieres bien a alguien… lo mejor que puedes hacer es desearle éxito, porque no hay quien aguante el éxito…”, vive hoy a los 83 años una etapa de madurez plena y de disminución natural en su capacidad de atender encargos que lo ha llevado a ser, si cabe, aún más selectivo de lo que siempre ha sido. Ya en 1989 decía refiriéndose al edificio de la Previsión Española, y con ello finalizamos, lo siguiente: “Hay un momento … en que los edificios, si se considera que van a tener una vida más larga que la propia tuya, se deben en primer lugar a la ciudad en la que se inscriben. En un sitio tan delicado como era el solar de Previsión Española, mi problema era parecer menos personal… y yo tengo que correr el riesgo de parecer nostálgico, pero lo que no puedo en un lugar como ese, es malograr la coherencia o la tranquilidad, la consistencia de un punto de la ciudad tan claro”, lo cual resume toda una actitud que permite repasar con sus altos y sus bajos una “luminosa trayectoria”.
ACA
Procedencia de las imágenes
2. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad
3. https://www.wearch.eu/sede-de-bankinter-madrid-espana-1972-76/
4 izquierda. https://eardleydesign.com/halls/logrono/
4 derecha. http://www.diedrica.com/2015/07/museo-de-arte-romano-de-merida.html
5. https://www.elmundo.es/elmundo/2012/05/09/andalucia_sevilla/1336567906.html

