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Los concursos de arquitectura en Venezuela, como hemos comentado en otras ocasiones, han tenido la mala fortuna de no haber concluido en su mayoría con la construcción de la edificación objeto de los mismos. Con mucho dolor pero con la objetividad que proveen las cifras, no es difícil concluir que concursar se ha convertido en un mecanismo que, al menos en este país, no ha funcionado más allá de su condición de detonante eminentemente proyectual, de manifestación de las modas y tendencias imperantes en cada momento y de generador de tendencias en cuanto a la consolidación de ciertos y determinados estilos expresivos que poco a poco fueron evolucionando a la vez que demostrando su eficaz poder de convencimiento.
En pocas palabras, si consideramos que la finalidad de todo concurso de arquitectura consiste -más allá del consumo disciplinar interno- en propiciar sustanciales mejoras en el entorno construido y con ello inducir pedagógicamente al ciudadano a apreciar sus bondades como valor cultural, no cabe duda que en Venezuela, dado el bajo porcentaje de realizaciones por esa vía, el fracaso ha sido total, a pesar que aún sostengamos que se trata de una de las expresiones más acabadas del modo de vida democrático, el mecanismo más idóneo para garantizar calidad y variedad a bajo costo y la oportunidad siempre propicia tanto para mantenerse en forma como para manifestar y confrontar ideas, amén de ruta para abrirle camino a las nuevas generaciones.
Lo curioso es que cada vez que se llama a una contienda de este tipo se deja de lado la frustración que históricamente las ha acompañado y, automáticamente, un importante grupo de profesionales, atraídos por el tema, por las bases que se elaboran o por la idoneidad del jurado (asuntos formales importantes siempre muy bien cuidados), se enfrascan en competir por el simple placer de hacerlo a sabiendas de que, más allá de obtener el premio en metálico ofrecido y la posibilidad de desarrollar el proyecto vinculado al llamado hecho, no existen mayores garantías de ver el esfuerzo convertido en obra construida.
Sin duda, existe un particular espíritu en el “arquitecto concursante” quien, además de tener la peculiar condición que todo contendiente debe poseer, traducida en entusiasmo, empuje, desinhibición, ganas de confrontarse y hasta fe tanto en el mecanismo como en el triunfo como medio de promoción de ideas y obtención de trabajo, va acompañado de otros rasgos más próximos al apostolado, al misticismo y, sobre todo, al estoicismo con algunas dosis de masoquismo. Todo el que ha tenido la oportunidad de participar en un concurso de arquitectura sabe que el camino que va desde la decisión de inscribirse a la de entregar se encuentra gobernado por una serie de situaciones oscilantes entre el placer y la angustia, el cálculo y el descontrol, la satisfacción y el sufrimiento, la formulación de una estrategia y el manejo del factor sorpresa. Sabe que concursar significa, aunque sea por un período de tiempo, estar poseído por una obsesión. Pero, también debe saber que, en Venezuela, una vez consumado el triunfo y pasada la borrachera del éxito puede que empiecen los verdaderos dolores de cabeza dentro de la más absoluta soledad.
Es así que, ajustándose al perfil descrito, en nuestro país, durante los últimos veinticinco años del siglo XX, los vencedores en los numerosos certámenes abiertos, convocados normalmente con el aval del Colegio de Arquitectos y alguna institución pública o privada reconocida, fueron a parar a un puñado de habilidosos y talentosos profesionales que desarrollaron estrategias que incluían atractivas técnicas de representación que convencían a los calificados evaluadores nombrados para la ocasión.
Entrado el presente siglo, teniendo como referencia todo la información proveniente de la web y con la definitiva incorporación de los medios de expresión gráficos computarizados, manejados con gran destreza por los más jóvenes, se abrió la puerta no sólo para que éstos demostraran su habilidad en el uso de las más avanzadas herramientas de dibujo sino además la solidez de la formación recibida en sus respectivas casas de estudio.
El Concurso para el Complejo Internacional de Acción Social por la Música Simón Bolívar (CIASMSB) ganado por el equipo conformado por los nóveles arquitectos Khristian Ceballos, Alejandro Méndez, Mawari Núñez, Daniel Otero, Jean-Marc Río y colaboradores, cuya atractiva imagen nocturna ilustra nuestra postal del día de hoy, es sin duda una clara demostración de muchos de los asuntos que hemos esbozado en las líneas anteriores.

Convocado desde el 8 de enero de 2010, el CIASMSB fue organizado por la Corporación Andina de Fomento (CAF) y la Fundación del Estado para el Sistema Nacional de las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (Fesnojiv) con el auspicio del Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV). Estaría ubicado en el Bulevar Amador Bendayán de la capital venezolana y buscaba obtener la mejor opción arquitectónica para un futuro eje musical complementario con el Centro Nacional de Acción Social por la Música, sede de las orquestas juveniles.
Cerrado el proceso de inscripción el 26 de enero, el cual fue atendido por 234 participantes, y tras 30 días en los que la Secretaría Técnica del concurso atendió las consultas de los inscritos, finalmente el 2 de julio, el jurado internacional integrado por José Antonio Abreu, director del Fesnojiv; Yasuhisa Toyota, ingeniero acústico de Japón; Iñaki Ábalos, arquitecto español; Anita de la Rosa, arquitecto paisajista; Lorenzo González Casas, arquitecto y urbanista; Eduardo Guzmán, representante de la Alcaldía Libertador; Omar Seijas, vicepresidente del Colegio de Arquitectos de Venezuela; y los jurados suplentes Pedro Franco, arquitecto y Paola Posani, representante de la Alcaldía Libertador, luego de evaluar las 55 propuestas entregadas, emitió su fallo mediante el cual otorgaban tres premios y cuatro menciones.
Los evaluadores opinaron que la propuesta ganadora presentada por Ceballos, Méndez, Núñez, Otero, Río y colaboradores se distinguía por “la acertada respuesta a las variables del contexto, estableciendo un importante vínculo entre el Bulevar Amador Bendayán y el Parque Los Caobos mediante la utilización del recurso de la transparencia, y de un programa espacial que valora el uso del espacio público».
El segundo premio correspondió a Urban-Think Tank / Arquitectos, Urbanistas, C.A. y SLiK Steinemann Lemmerzahl Kueng Architekten GMBH; y el tercero a la arquitecto Sullka Lima. Las menciones fueron otorgadas a: Juan Castellanos, Laura Plazas, Jairo Fleitas, Carlos Jiménez, Alejandra Vergara y colaboradores; Carlos Olaizola, Alfredo Sanabria, Andrés Orellana y colaboradores; Odart Graterol, Ricardo Rebolledo y Wilhelm Scheuren; y Micucci Arquitectos Asociados, conformado por Franco Micucci, Aliz Mena, Claudia Vergara, Andrés Guzmán, Sarah Lipps, Gabriela Semeco y colaboradores.


Los concursantes tuvieron que enfrentar un complejo y exigente programa compuesto de dos unidades: un conservatorio de música y las salas de concierto. El conservatorio incluía aulas de clases, grandes salas de ensayo y puestos individuales. Las salas de conciertos modulares se componían de una sala de 1700 plazas y otra de 1300 plazas. Una tercera sala con 500 plazas comparte sus funciones entre conciertos y ensayos. Los requerimientos restantes contemplaban: la administración, residencias de músicos, restaurante y cafetería, un centro multimedia, y áreas de estacionamiento.
Para los ganadores, “La proximidad entre el público y los músicos es parte intrínseca de la idea del proyecto… . Las salas de concierto son compactas para permitir una buena acústica y visibilidad, y también son altas para obtener el volumen necesario. (…)
Esas salas son diferentes, para obtener acústicas diferentes, y así responder mejor a las especificidades de las diferentes orquestas. La sala grande de 1700 puestos del programa Infantil tiene vocación internacional, con una escena adaptable y una acústica variable que permite la puesta en escena de 400 músicos y un gran número de espectadores en el público. También puede recibir un programa de eventos. La otra sala de 1300 puestos privilegia los coristas y tiene su escena posicionada más en el centro del espacio. Si el concierto no tiene coristas, sus puestos pueden ser atribuidos a espectadores. La sala de 500 puestos es un auditórium adaptable pero que no contiene modularidades escenografías costosas”.

Por otra parte, dentro de las dificultades que ofrecía un terreno que por sus dimensiones complicaba la resolución del programa, “la idea del proyecto es crear un espacio urbano como un vínculo social en un programa cultural denso. Este fragmento vacío divide el edificio en dos unidades por medio de una grieta horizontal que abre el panorama hacia el parque Los Caobos, e integra la noción de paisaje al proyecto. Es un lugar de encuentro entre los visitantes y los usuarios. Este espacio une el conservatorio de música, un bloque compacto anclado al suelo, y las salas de concierto, un bloque ligero suspendido”.
También, “el proyecto pone en valor la comodidad de los músicos, la facilidad de transporte de los instrumentos, y la reagrupación del público. (…) Un proyecto compacto, organizado alrededor de un nodo central … que permite distribuir de manera eficaz los principales flujos (músicos y público). (…) La yuxtaposición de las distintas familias del programa permiten que cada una funcione de manera independiente pudiendo, en caso de ser necesario, cerrar cualquiera de ellas sin afectar el funcionamiento general del edificio. (…) El acceso general esta concentrado en un solo punto a nivel del boulevard…”.

A diferencia del Centro Nacional de Acción Social por la Música diseñado por Tomás Lugo, concebido como un “conservatorio del siglo XXI” con énfasis en lo educativo, compuesto por 2 salas de conciertos, una de para 1.100 personas y otra para 400 personas, que por aquel entonces se construía en un terreno adyacente al asignado para el concurso que nos ocupa, se trataba ahora de dar una proyección decididamente internacional a “el sistema” pudiéndose considerar como su edificio “cúspide” lo cual se ve reflejado en su denominación. Tan es así que en la convocatoria se expresaba lo siguiente: “ ‘La arquitectura es una música congelada’. Es indudable que a Caracas con este concurso, le llega la hora de ponerse al nivel de otras ciudades con relación a la música: Londres con su ‘Royal Albert Hall’, New York con su ‘Canergie Hall’ y Viena con su ‘Musikverein’, junto con el ‘Symphony Hall’ de Boston, y el ‘Concertgebouw’ de Ámsterdam, llevan la ‘batuta’, en relación a este tipo de edificaciones y programas musicales”.

Agrupados a través de la firma adjkm, prácticamente recién egresados (entre 2004 y 2006) de sus estudios realizados en la Escuela de Arquitectura Carlos Raúl Villanueva FAU UCV (Ceballos de Barquisimeto y el resto de Caracas), y tras haber coincidido cuatro de ellos en actividades de postgrado en París, es a su regreso cuando, asociados con Río deciden participar en el concurso que les dará notoriedad dentro del mundo de la arquitectura.
Cuando en 2014, en pleno proceso de desarrollo del proyecto para el CIASMSB fueron entrevistados por Natacha Tiniacos y Florencia Alvarado para el portal Backroom (http://backroomcaracas.com/entrevista/adjkm-laboratorio-de-pensamiento/) bajo el título “ADJKM: laboratorio de pensamiento”, Ceballos, Méndez, Otero y Núñez (con Ríos ya fuera del equipo), con la frescura y espontaneidad que da la juventud, expresaban prácticamente a coro: “Es un punto en común. Nosotros no nos fuimos escapando de algo sino a formarnos y por una afinidad muy fuerte con Francia. Siempre teníamos el deseo de hacer cosas en Venezuela. Apenas salió el concurso de la Sinfónica (que es muy raro que surjan concursos en Venezuela) vimos que esa era la oportunidad. Ni siquiera con vías a ganar sino simplemente participar y… divertirnos un rato. (…) Ahora, una vez que ganamos sí tuvimos que desprendernos de todos nuestros nexos en Francia y venirnos para asumir la responsabilidad”. Y ante la pregunta “¿Cuánto tiempo les llevó hacer el proyecto para mandarlo al concurso?”, respondieron: “Tres meses. Es muy divertido el proceso porque no son tres meses dibujando ni produciendo cosas, son tres meses pensando, discutiendo… Algún día les mostraremos el mail madre de discusiones que tiene como 160 correos que nos hemos escrito. (…) Teníamos reuniones en bares… Era una actividad ‘after work’ donde nos sentábamos a hablar del proyecto. (…) El proyecto final llegó después de unas cuantas cervezas, de estar en la casa solo, pensando… Es un proceso que no se transforma en un dibujo o una carga de trabajo como se piensa, sino de discusión en discusión”.
Intuimos que tras la muerte del maestro José Antonio Abreu en 2018, creador en 1975 del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela y motor incansable en los logros alcanzados por el mismo durante 40 años, sumado a la crisis estructural que vive el país, el inicio de la construcción del CIASMSB ha entrado en un letargo que como tantos otros no sabemos hasta cuándo durará.
Sin embargo, con algunos de los integrantes de adjkm de nuevo en Francia, llama la atención que en la página web de “el sistema” (https://elsistema.org.ve/ ) no se haga mención del Concurso, de su desenlace, del desarrollo del proyecto y de su estado actual que asumimos completamente concluido.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal, 2, 3, 4, 5 y 6. https://www.plataformaarquitectura.cl/cl/02-148692/complejo-internacional-de-accion-social-por-la-musica-simon-bolivar-adjkm/6_adjkm-ciasmsb-plano-salasb?next_project=no

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El Concurso Nacional de Ideas «La Cultura Libera al San Carlos. La transformación del cuartel San Carlos en Centro Nacional de Culturas”, promovido por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, el Consejo Nacional de la Cultura (CONAC) y el Instituto de Patrimonio Cultural (IPC), presidido por el arquitecto Leopoldo Provenzali y asistido por el también arquitecto Javier Cerisola, se inscribe en un año en el que la realización de eventos de ese tipo se vio particularmente revitalizada. Así, en el 2000 se llevaron a cabo, además del ya señalado: el Concurso de Ideas por invitación para el Edificio Sede de la Cinemateca Nacional, Los Caobos, Caracas; el Concurso privado convocado por la Fundación UCV para la Propuesta de Recuperación de la Plaza Simón Bolívar, ubicada entre los estadios de la UCV, Caracas; el Concurso Conservación y Rehabilitación del Área Central de Valencia, estado Carabobo (5 elementos de mobiliario urbano); y, Coordinados por INSURBECA con el patrocinio de CONAVI, FONDUR y FUNDACOMUN-CAMEBA, se organizaron como parte del Programa de Habilitación Física de las Zonas de Barrios de la Ley de Política Habitacional, dos Concursos de Ideas correspondientes a diferentes estados del país.



El Cuartel San Carlos, puesto militar que permitía albergar hasta 2000 soldados, construido sobre la planicie de La Trinidad, al Norte de Caracas, por orden del entonces gobernador de la Provincia de Venezuela, don Luis de Unzagay Amenzaga, en 1787, constituiría, como bien señala Iván González Viso en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015) “el punto final del sistema de fortificaciones que punteaba la ruta entre el puerto de La Guaira y Caracas, que formaban parte de la estrategia defensiva del territorio diseñada por el ingeniero militar y brigadier de las Fuerzas Reales, el belga Agustín Cramer. Su primera etapa fue concluida en 1790 y su construcción finalizó en 1792, con espacios destinados al entrenamiento militar, resguardo de armas, dormitorios, calabozos y áreas comunes. El edificio, cuya dimensión original era un cuadrado de 75 por 75 metros, era una pieza única en el área para ese entonces, ya que, por Real Cédula, se prohibían construcciones en su entorno.”
Su nombre rinde honor al rey Carlos III siendo conocido también a través del tiempo como Cuartel de Veteranos, Cuartel de La Trinidad y Cuartel de Santa Ana. “Está construido con muros de tapia y posee un patio de armas rodeado de corredores o galerías con arcadas. El diseño era de dos plantas, con garitas de vigilancia en cada esquina. La estructura fue también utilizada como prisión militar y política” entre 1945 y 1994 pero diferentes fugas de presos llevadas a cabo en la década de 1970 “pusieron en entredicho su seguridad a la hora de albergar prisioneros”.
Durante el terremoto de 1812 el cuartel se vio seriamente afectado quedando sepultada en sus escombros “una tropa de línea compuesta por soldados de Artillería y Zapadores”, según relata la antropóloga Mariana Flores en “Cuartel San Carlos. Yacimiento veterano”, artículo aparecido en Memorias, Revista Digital de Historia y Arqueología desde el Caribe, nº 7, 2007. “No es sino hasta finales del s. XIX, en el año de 1884, cuando se restaura completamente su estructura, aunque sus reparaciones se iniciaron en 1839 en el Gobierno del General Carlos Soublette. El poco presupuesto nacional y el mantenimiento del control interno durante el inicio de la República, no permitieron su culminación sino hasta la época de Antonio Guzmán Blanco. El alojamiento de las tropas durante este siglo, funcionó en el Cuartel de Milicias, Cárcel Pública, y en los Conventos de San Jacinto y San Francisco. (…) En el año de 1900 otro terremoto destruye nuevamente parte del edificio, incluyéndose esta vez durante la reconstrucción, la prolongación de las Naves Este y Oeste y la construcción del edificio de enfermería y de las cuatro garitas de las esquinas, mientras que en 1946 se inserta el edificio de la Comandancia, localizado en el Patio Central”, apuntará Flores.

La edificación, que había sido declarada monumento histórico nacional en 1986 por la Junta Nacional Protectora y Conservadora del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación, es objeto en 1988 del Decreto N° 2.487, emanado de la Presidencia de la República, que destinaba sus instalaciones para sede del Museo Nacional de la Historia, bajo custodia y conservación de la Academia Nacional de la Historia.
En 1995, se ratificó lo pautado en el Decreto 2.487 y, por ende, su condición de “sede del mencionado Museo y demás fines que sean compatibles, de acuerdo a lo que decida el Consejo Nacional de la Cultura”; en el mismo documento se encarga de su restauración al Instituto del Patrimonio Cultural «para devolverlo, en lo posible, a su estado prístino». Cabe destacar que para el momento del llamado a concurso los trabajos de rescate del edificio patrimonial estaban ya en marcha. Se habían iniciado durante la gestión de Juan Pedro Posani como presidente del IPC y continuados sin detenerse por Leopoldo Provenzali, quien lo sucedió en el cargo.
Con el Concurso de Ideas se buscaba mediante un proyecto integral proponer la creación de áreas de exposiciones, auditorios, salas de usos múltiples, aulas y talleres, áreas para oficinas, servicios y depósitos, espacio para un centro de documentación audiovisual y de archivos, servicios gastronómicos y áreas de comercialización de bienes culturales. Se pretendía, así, convertir el antiguo recinto militar en el “Centro Nacional de Culturas”; espacio integrador de las expresiones plurales de todas las regiones de Venezuela.
La Comisión Organizadora del evento estuvo conformada por Guillermo García Ponce, Benito Irady y Carlos Pou habiéndose inscrito, en virtud de las amplias bases que se plantearon para el mismo, más de un centenar de personas.

El numeroso jurado, integrado por Héctor Navarro, Manuel Espinoza, Gustavo Pereira, Gladys Meneses, Jorge Rigamonti, José Manuel Rodríguez, Pedro Romero, Ana María Marín, Marcos Sanoja y Hugo Segawa como invitado internacional, seleccionó como propuesta ganadora la presentada por el equipo integrado por los arquitectos Joel Sanz y Juan Carlos Parilli, con la colaboración de Claudia Hernández, Omar Ladera y Roberto Castillo, formando parte de la información gráfica presentada el material con el que ilustramos nuestra postal del día de hoy. El segundo premio fue ganado por el mismo grupo sumándose como colaboradores Sergio Colombo y Juan José Carrillo; y el tercero por los arquitectos Rafael Mattar Neri, Garam Mattar Neri y Darwing Suárez Bustamante. Así mismo, el jurado otorgó tres Menciones de Honor: la primera para el equipo conformado por Edwing Otero García, Alfredo Sanabria Corrales y Hugo José D´Enjoy Ochoa, con la colaboración de María José Sedales y Natascha Gergoff B.; la segunda para Arturo Lares, José Miguel Fernández Avilán y Yudmar R. Reyes Ramírez; y la tercera para Pablo Lasala Ferrer, Isabel Lasala Hernández y Ana Lasala Hernández con la colaboración de Claudia Ruiz Santana. Adicionalmente otros once trabajos fueron reconocidos con Mención Publicación.
Tal y como fue recogido en el número 343 del semanario Arquitectura HOY del 30 de junio de 2000, los ganadores presentaron unos lineamientos generales donde se subraya la necesidad de crear “un ambiente integrado a la ciudad, un conjunto urbano más que un edificio, que promueva y estimule junto con la necesaria planificación de actividades, la indispensable espontaneidad que hace de estos lugares espacios exitosos, en donde la cultura se acerca a la vida cotidiana de la ciudad a través de espacios interiores y exteriores que permitan su apropiación de manera informal para actividades y eventos difícilmente previsibles en una programación planificada”.
Tal declaración de intenciones se acompaña de una “propuesta urbana” y una “propuesta arquitectónica”. La primera se encuentra respaldada por una serie de acciones “dirigidas a revitalizar la zona, que en parte por su ubicación periférica, y en parte por decisiones erradas de diseño urbano, se ha convertido en un lugar deprimido cuyos problemas deben ser resueltos, trascendiendo los límites del edificio del Cuartel e incluso de la poligonal urbana objeto del concurso”. Para ello la operación principal consistirá en convertir la fachada norte, hoy en día abandonada, en su frente principal, acompañándola con la creación de un atractivo espacio público que le servirá de acceso al edificio.
La segunda propuesta, consecuencia y a la vez acompañante necesario de la primera, “consiste en la creación de un recinto urbano bien definido e identificable, conformado espacialmente por nuevas construcciones que rodean la edificación del Cuartel y a una serie de espacios exteriores (plazas anfiteatros y terrazas), destinados a actividades públicas, formales e informales relacionadas con el uso cultural”. Además se propone la eliminación de todos los anexos (interiores y exteriores) que con el tiempo se le han añadido al edificio, en busca de recuperar las características originales del mismo, evitándose adosar ningún otro cuerpo o edificación “a excepción de un área de acceso y distribución que se construirá en la antigua fachada posterior (ahora principal), entre los dos apéndices construidos en el siglo XIX”.

Como suele suceder en Venezuela, la solución formulada por los vencedores del certamen quedó en el papel. Posteriormente (2006) sólo sabemos que se emprendió el Estudio Arqueológico del Cuartel San Carlos (EACUSAC) del Instituto de Patrimonio Cultural llevado a cabo por EXARCON (Excavaciones Arqueológicas Consultores. C. A.), que abarcó las áreas Traspatio, Patio Central y las Naves Este y Oeste de la edificación, «encontrándose en el sitio una amplia muestra de materiales que reseñan un estilo de vida cotidiana militar, así como las dinámicas sociales internas ocurridas en el San Carlos», del cual el ya mencionado artículo de Mariana Flores da cuenta con lujo de detalles.

El concurso, su concepción, organización, desarrollo y desenlace fue recogido en una publicación editada por los entes organizadores que lleva por título justamente «La Cultura Libera al San Carlos. Concurso Nacional de Ideas. La transformación del cuartel San Carlos en Centro Nacional de Culturas”, siendo uno de los pocos documentos que se han hecho para registrar evento alguno de este tipo realizado en el país y por tanto referencia en dicha área temática. El libro está estructurado con base en una “Introducción” conformada por cuatro textos de Héctor Navarro, Manuel Espinoza, Leopoldo Provenzali y Benito Irady; tres capítulos (“El Cuartel San Carlos” -reseña histórica, cronología del edificio, levantamiento planimétrico y registro fotográfico-, “La cultura libera al San Carlos” -seis artículos de Guillermo García Ponce, Carlos Pou Ruan, Gustavo Pereira, Pedro Romero, Jorge Rigamonti, Hugo Segawa, Christian Valles y Francisco Sesto- y “Concurso Nacional de Ideas. Resultados”); y un “Apéndice” que contiene las bases, los documentos de referencia, el veredicto y la lista de participantes. Cabe destacar que buena parte de la información que manejamos para elaborar esta nota la hemos obtenido de esta cuidada y relevante edición.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal y 5. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad
2 izquierda. Colección Crono Arquitectura Venezuela.
2 derecha. https://www.pinterest.com/pin/384917099387254655/
3. http://guiaccs.com/obras/cuartel-san-carlos/
4. http://viejosrecuerdos.eklablog.com/cuartel-san-carlos-a107384020
6. file:///Users/aziercalvo/Downloads/Dialnet-CuartelSanCarlosYacimientoVeterano-2321930.pdf
7. https://www.lasalaylasala.net/la-cultura-libera-a-san-carlos

Frank Gehry (Toronto, 1929)
Si algo podríamos decir que caracterizó las visitas que hiciera a Venezuela el mundialmente famoso arquitecto Frank Gehry, vinculadas todas al proyecto para la sede del Centro de Acción Social para la Música en Barquisimeto, estado Lara, fue la brevedad, la concisión, homogeneidad en la cobertura, escaso contacto con el medio académico y profesional venezolanos y manipulación política que de ellas se hizo, particularmente la última del 23 de diciembre de 2014.
Frank Owen Goldberg (Toronto, 1929), residenciado en Los Ángeles desde joven cuando sus padres de origen judío-polaco se trasladan desde Canadá a esa ciudad en 1947, se graduó en 1954 de arquitecto en la Universidad del Sur de California (USC), obteniendo más tarde la nacionalidad estadounidense. En 1956, por sugerencia de su entonces esposa Anita Snyder, en un esfuerzo para evadir el antisemitismo reinante en Estados Unidos, cambia su nombre por el de Frank O. Gehry por el que se le conocerá en adelante y reconocerá en todo el mundo. Ejerciendo desde su propio despacho desde 1962, Gehry ha sido galardonado, entre otros, con el Premio Pritzker en 1989, la Medalla de Oro del Instituto Americano de Arquitectos (1999) y el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2014 (séptimo arquitecto en recibirlo). Su nota biográfica recoge cómo “animado por su abuela, de niño se entretenía construyendo edificios y ciudades con restos de materiales que encontraba en la ferretería de su abuelo. Esa forma de trabajar y el interés por materiales de construcción no convencionales, como metal corrugado y el titanio, y el desarrollo de una estética cruda e inacabada, han hecho de Gehry uno de los diseñadores más característicos y fácilmente reconocibles del pasado reciente”.


Su camino al estrellato se inicia con la remodelación entre 1977 y 1979 de su propia vivienda en Santa Mónica (California) signada por una estética que fue catalogada de deconstructivista, y alcanza su nivel máximo con el Museo Guggenheim de Bilbao (1997) en la que plasma su visión de la arquitectura como obra de arte. El Vitra Design Museum (1989-90), junto a Günter Pfeifer en Weil am Rhein, Alemania; la Dancing House (1992-96), junto a Vlado Milunić en Praga; y el Walt Disney Concert Hall en Los Ángeles por nombrar sólo unas cuantas, son obras que se han convertido en íconos dentro de las ciudades donde se han realizado demostrando una actitud siempre abierta a la experimentación, caracterizada por un interés particular en la manipulación y yuxtaposición de las formas, por la innovación técnica y el contenido conceptual y espacial de los edificios.

La irrupción de Gehry en la escena venezolana está absolutamente ligada a las figuras de José Antonio Abreu (Valera, estado Trujillo,1939-Caracas, 2018), músico, economista, político, activista y educador, fundador en 1975 de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil y la Fundación del Estado para el Sistema Nacional de las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (FESNOJIV), que tiene como su máxima expresión la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar (fundada en 1979); y de su más dilecto discípulo, Gustavo Dudamel (Barquisimeto, 1981), músico y compositor, el más notorio ejemplo de la excelente formación que provee lo que se ha conocido como “El Sistema”, nombrado en 1999 director de música de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar y de la Orquesta Sinfónica Nacional de la Juventud de Venezuela, y desde 2009 hasta hoy rutilante director musical de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles (LA Phil).
Una muy completa nota de prensa publicada el 16 de junio de 2014 por el diario El Impulso de Barquisimeto (https://www.elimpulso.com/2014/06/16/a-la-espera-del-centro-de-accion-social-para-la-musica/), aporta como datos que se manejaron cuando se hizo inminente la necesidad de construir el Centro de Acción Social para la Música para esa ciudad, en virtud de “la multiplicación de agrupaciones musicales, ensambles y bandas y el incuestionable aglomeramiento en el Conservatorio Vicente Emilio Sojo”, el que “el proyecto de construcción del edificio y la Sala de Conciertos Gustavo Dudamel comenzó a gestarse en 2002 tras un convenio establecido entre el Ejecutivo Nacional y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El BID habría prestado a Venezuela 150 millones de dólares para la edificación de siete centros musicales”, gracias a las siempre diligentes y perseverantes gestiones de José Antonio Abreu.

Sin contarse aún con un claro proyectista para el complejo, el terreno, ubicado en la avenida Libertador con avenida Argimiro Bracamonte, frente al Parque del Este, fue concedido por la Alcaldía del Municipio Iribarren el 5 de junio de 2006. “El proyecto original contempla 8.742 m² de construcción para los 8.000 alumnos de la entidad larense, distribuidos en cinco niveles, Sala de Conciertos para 1.597 personas (platea: 994, balcón 1: 154, balcón 2: 164, coro: 140), 17 Salas de Ensayo, un tiempo estimado de construcción de 36 meses y un presupuesto inicial de 22 millones de dólares en 2007, estimado por los arquitectos larenses Nelson Morellos y Rafael Moreno. El desarrollo de la obra sería mediante los aportes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Gobierno nacional y regional”. Los primeros movimientos de tierra se dieron a principios de 2009, cuando el 24 de enero el propio Dudamel había colocado la primera piedra en presencia de los maestros José Antonio Abreu, Tarcisio Barreto Ceballos, Alfredo D’ Addona, el gobernador Henri Falcón y Joel Branski del BID, entre otras personalidades.
El proyecto se redimensiona en 2009 “a fin de beneficiar a músicos de los estados Yaracuy, Portuguesa, Falcón y Trujillo. Con una inversión de 250 millones de dólares la sede abrigaría a unos 15.000 músicos.(…) Para más señas, la Organización de Estados Americanos tomaría la sede de Barquisimeto para hacer su plan piloto para el Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de las Américas”. Se ampliaban los alcances, se aumentaban los costos y se rendía pleitesía a las grandilocuencias del momento.
El descrito vendría siendo el panorama cuando Gehry visita por primera vez nuestro país en 2009, tras haber conocido poco antes en Los Ángeles a Dudamel, con la intención de dar inicio al proyecto del Centro de Acción Social para la Música de Centroccidente. La empatía surgida entre Gehry y Dudamel nace de una mutua admiración por las actividades que ambos realizan y está abonada por el hecho de que residían en la misma ciudad (Los Ángeles), de que el primero había diseñado la sede de la orquesta que dirigía el segundo (el Walt Disney Concert Hall construido entre 1992 y 2003) y por la sinergia producida entre ambos a partir de la fascinación e identificación de Gehry con los logros y proyección social de “El Sistema”.
Así, según la nota de prensa ya señalada, “El 12 de julio de 2009, Barquisimeto recibió a Frank Owen Gehry. Ese día se conoció que el reconocido arquitecto asesoraría el proyecto. Junto a Dudamel, Abreu, el gobernador Falcón y otras personalidades, Gehry recorrió el terreno. La visita marcó el primer encuentro entre el diseñador del Museo Guggenheim de Bilbao y el futuro Centro de Acción Social para la Música de Centroccidente. (…) Luego de inspeccionar el terreno, el ganador del Pritzker en 1989, organizaría sus ideas a fin de integrarlas a las propuestas de Abreu y Dudamel y en consecuencia, idear un edificio de acuerdo a las especificaciones técnicas, necesidades de los músicos y espectadores. Para la fecha se conoció que Gehry trabajaría con el japonés Yasu Toyota, uno de los mejores ingenieros acústicos del mundo”.
Relacionados con esta visita, Oscar Tenreiro y Enrique Larrañaga escribieron dos punzantes artículos cuya lectura recomendamos para obtener una visión crítica con relación al tema: el del primero, fechado el 20 de julio de 2009, se titula “Frank Gehry es el camino” y apareció publicado en el blog Entre lo cierto y lo verdadero; el del segundo titulado «En Bilbao tunai; Barquisimeto tumorro nai…» fue publicado inicialmente en facebook también en julio de 2009 y posteriormente en el blog Reflejos urbanos el 7 de marzo de 2012.
A partir de ese momento el trabajo adelantado por Gehry entra en un profundo silencio quedando como nota al margen la convocatoria en 2010 del Concurso de arquitectura para el desarrollo del Complejo Internacional de Acción Social por la Música, Simón Bolívar, en el Bulevar Amador Bendayán de la capital venezolana ganado por Khristian Ceballos, Alejandro Mendez, Mawari Núñez, Daniel Otero, Jean-Marc Río y colaboradores, y la inauguración el 12 febrero de 2011 del Centro Nacional de Acción Social por la Música (Cnaspm), sobre el mismo Bulevar, proyecto de Tomás Lugo.
De la sede barquisimetana sólo se tiene atisbos cuando Gehry manifiesta en marzo de 2012 que se inspirará en Abreu, Dudamel y “El Sistema” para diseñar el edificio (momento en que aparentemente pasa de ser asesor a tomar las riendas definitivas del encargo), y cuando el 28 de noviembre de 2013 luego de una reunión con el presidente de la República, realizada en el Palacio de Miraflores, el maestro Abreu (acompañado por Dudamel) informó que “uno de los puntos que tratamos esta noche fue la construcción de la Sala Dudamel en Barquisimeto, la sede de la orquesta en Lara, producto del máximo arquitecto actual Frank Gehry quien donó el proyecto en honor a Gustavo y en honor a la orquesta y que va a ser una referencia mundial de primer orden. Esto es un primer paso que estaremos dando para el primer trimestre del año”.
Luego, a través de declaraciones dadas cuando es entrevistado por el diario español El Mundo a raíz del otorgamiento el 7 de mayo de 2014 del Premio Príncipe de Asturias de las Artes, Gehry manifiesta: “Me emociona mi trabajo con el director de orquesta Gustavo Dudamel. Estamos construyendo un campus para los músicos del Sistema en la localidad de Barquisimeto. Es uno de los proyectos educativos en el mundo que más me ilusiona y tiene que ver con lo que hace mi fundación, que acaba de lanzar una iniciativa para potenciar la educación artística en las escuelas de barrios pobres”. Por esas fechas, el portal fundamusical.org.ve dando a entender (sin que lo hayamos podido corroborar) que Gehry había realizado varias visitas a Venezuela, rescata su visión sobre lo que “El Sistema” ha hecho en Venezuela: “Cada vez que vengo aprendo más sobre cómo los venezolanos viven la música. Es una forma distinta a la de la gente en Estados Unidos. Son culturas diferentes. Creo que este nuevo edificio tiene que entender cómo es la audiencia venezolana y los miles de niños que hacen música en este país. Creo que El Sistema es el modelo más importante de educación alrededor del mundo”.
Entre las declaraciones que diera en 2014 se ha resaltado con insistencia y como muestra de cierta incoherencia en el actuar de Gehry ante gobiernos autoritarios, el haber comentado que mientras cursaba el postgrado en urbanismo en la Universidad de Harvard (1956) iba a ser incorporado por Josep Lluis Sert (Decano de Arquitectura en aquel momento) al equipo que presentaría el Plan Piloto de La Habana, Cuba, solicitado por el entonces presidente de la isla caribeña Fulgencio Batista, en el que colaboraron Paul Lester Wiener y Paul Schulz y los arquitectos cubanos Nicolás Arroyo (Ministro de Obras Públicas del gobierno de Batista), Gabriela Menéndez y Mario Romañach. Pues bien, Gehry al respecto confesó: «Sert me pidió que trabajara durante unos meses en su estudio y llegué allí con una amiga cubana. Al ver lo que estaba haciendo aquel señor, decidimos irnos. No queríamos trabajar para un dictador.»




Como colofón de todo el proceso que se inició en 2012, es la noche del 23 de diciembre de 2014 cuando Gehry presenta en Miraflores ante las máximas autoridades del país, acompañado de Dudamel, varias maquetas y planos del proyecto que se había comprometido a hacer. De dicha reunión fue mucha y a la vez muy uniforme la cobertura mediática y escasa la información relacionada con material que pudiese ser de provecho para llevar a cabo de manera rigurosa un análisis de la propuesta, más allá de que quizás con base a la programación inicialmente formulada se contaría con dos salas de conciertos para 3.700 personas (originalmente sería una con 1.567 butacas), apoyadas con sus respectivas áreas de servicio y de la edificación que albergaría toda la actividad docente del Centro de Acción Social para la Música en la “ciudad musical de Venezuela”.
Nada acerca de los costos. Solo demagógicas declaraciones que, apuntando a 2016 como posible inicio de las obras, afirmaban que “Faltan dos años todavía y vamos a inyectar los recursos necesarios para construir esta maravillosa obra en Barquisimeto, en el corazón de lo que ha sido tradicionalmente el gran emporio de la cultura musical venezolana”. También formaba parte de la nota de prensa esta descripción acerca de Gehry: “Es un arquitecto estrella de fama mundial con edificios emblemáticos repartidos por todo el mundo, casi siempre caracterizados por esas sábanas retorcidas y arrugadas de metal, acero y cristal”, imagen que tal vez transmite la maqueta presentada siendo las imágenes que presentamos de lo poco que hemos podido rescatar.


Casi seis años han transcurrido desde entonces. Durante este lapso Dudamel (y Gehry seguramente con él) comienza a distanciarse de un régimen que incrementa la represión sobre la ciudadanía ante lo cual emite unas fuertes declaraciones en 2017 las cuales lo convierten de inmediato en “enemigo”. En 2018 muere el maestro Abreu y como consecuencia de todo ello queda el proyecto del Centro de Acción Social para la Música de Centroccidente en el olvido.
No obstante, al dupla Gehry-Dudamel ha reorientado su labor social hacia la conformación en 2007 de una orquesta juvenil en la zona sur de Los Ángeles (conocida como YOLA según sus siglas en inglés) vinculada a la LA Phil, inspirada en “El Sistema”. Para ella el conocido arquitecto ha proyectado una modesta sede destinada a atender a más de 1.200 estudiantes adaptando un edificio bancario de mediados de siglo XX, ubicado en el Centro Cívico de Inglewood, con oficinas, espacios de reunión comunitaria y salas de ensayo. La edificación remodelada se espera que abra en 2020, y la construcción se programó para comenzar en la primavera de 2019 coincidiendo con el centenario de la creación de la orquesta, con un costo de € 12,6 millones.
Se abren las apuestas acerca de si esta nueva iniciativa llegará, ahora sí, a feliz término.
ACA
Procedencia de las imágenes
3. https://elpais.com/cultura/2018/03/25/actualidad/1521969779_347169.html
4. Google Earth
5. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad
6. https://www.farodevigo.es/vida-y-estilo/gente/2018/08/17/musica-promover-cambio-social-15920865.html