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¿SABÍA USTED…
…que en 1929 se inicia el desarrollo de la urbanización La Florida en Caracas?

Luego del éxito obtenido a mediados de los años 1920 por Juan Bernardo Arismendi (1887-1982), asociado con Juan M. Benzo, Luis Roche y Santiago Alfonzo Rivas, en la construcción de San Agustín del Norte (la primera expansión de Caracas hacia el sureste) y más tarde, con Benzo y Tomás Sarmiento, en el desarrollo de urbanización El Conde (prolongación del trazado vial de la anterior), Arismendi junto a Roche (1888-1965) contratan en 1928, bajo la figura ampliada de una Asociación Civil (o “Sindicato”), al arquitecto Manuel Mujica Millán (1897-1963) para que diseñe, en terrenos de la Estancia Ávila (antigua hacienda cafetalera Los Bueno) y la Granja de los Chapellín, el plan de la urbanización La Florida, considerada el primer suburbio-jardín construido en la capital.

El nuevo desarrollo, que contó con la participación del ingeniero-arquitecto Carlos Delgado Sarmiento y para el que se sumaron en la etapa constructiva Carlos Morales y la firma Miranda-Velutini, fue concebido por Mujica (llegado a Venezuela en 1927 contratado para corregir las fundaciones del hotel Majestic), apoyado en la formación recibida en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, la influencia del movimiento de la ciudad jardín en Barcelona conformado en 1912 y su órgano de divulgación (la revista Civitas, publicada a partir de 1914 durante una década) y su experiencia acumulada desde 1917, como parte de quienes dan continuidad al urbanismo novecentista catalán. De hecho, en 1925 (el mismo año en que se recibe de arquitecto), Mujica proyecta en Santa Perpètua de Mogoda, en las cercanías de Barcelona, otro desarrollo también denominado “La Florida” (muy bien documentado por Vicente Casals Costa en “Manuel Mujica Millán y el urbanismo novecentista en Cataluña, 1917-1927”, https://www.ub.edu/geocrit/b3w-925.htm), que muestra, pese a su carácter más modesto, los mismos rasgos propios de la ciudad jardín presentes en la urbanización caraqueña, constituyéndose ambas experiencias en referenciales dentro de su trayectoria así como fundamento para el diseño posterior, también en Caracas, de la urbanización Campo Alegre (1929-1932).

El proyecto de Mujica para La Florida, analizado al detalle por Izaskun Landa en “Transferencias del modelo de urbanismo jardín europeo: el caso del primer suburbio jardín de Manuel Mujica en Caracas” (http://www-etsav.upc.es/personals/iphs2004/pdf/111_p.pdf), muestra “su experiencia en el lenguaje académico, destreza en la proyectación y desarrollo de conjuntos urbanísticos, pero en particular el dominio y conocimientos profundos sobre el urbanismo jardín en los términos funcionales, simbólicos y morfológicos planteados por (Raymond) Unwín y (Barry) Parker” en 1904 mediante la propuesta ganadora del concurso de Letcworth Garden City y en 1906 cuando proyectaron el suburbio londinense de Hampstead Garden siguiendo buena parte de los planteamientos formulados con anterioridad por Ebenezer Howard.

Los predios agrícolas en los que se ubica La Florida están “separados del casco tradicional por otros cultivos, en un sector atravesado por una quebrada con abundante vegetación que generaría la atmósfera ideal para lograr el concepto del urbanismo jardín, además, estaba muy bien conectado al casco urbano mediante la ampliada Carretera del Este y el ferrocarril Caracas-Petare a través de la estación Sabana Grande”, explicará Landa.

La urbanización, cuyas fotografías rápidamente se convirtieron en ilustraciones de numerosas postales de la época, constaba de más de doscientas parcelas y en su desarrollo se marcó con toda claridad la diferencia entre dos zonas: una baja, al sur, (objeto del proyecto inicial elaborado por Mujica) que se estructuraba con base en una retícula que presenta una combinación de trazado regular e irregular (primer ejemplo de este tipo en la ciudad), donde destacan grandes avenidas arboladas jerarquizadas en función al ancho de la calle y diferenciadas por los nombres de las especies que les dieron nombre (acacias, samanes, jabillos, naranjos, almendros y manolos), con islas anchas, paseos peatonales y doble hilera de árboles, bancos y ornamentos, así como amplias aceras y variedad de redomas y plazoletas ajardinadas de diversas formas y tamaños propuestas en las intersecciones viales, todo lo cual serviría de marco a la aparición lujosas quintas unifamiliares aisladas con amplios jardines, caldo de cultivo de una arquitectura de variados lenguajes estilísticos.


La zona alta, al norte, con mayor pendiente dada su proximidad al Ávila, fue desarrollada combinando parcelas de mediano tamaño con otras destinadas a ofrecer en venta soluciones dirigidas a la clase media y profesional, muy acordes a la manera cómo Arismendi solía enfrentar sus emprendimientos. Así, aunque las avenidas procurarán mantener nombres de especies de árboles (en este caso mangos, chaguaramos, pinos o pomagás), disminuirán su sección, las parcelas su metraje y las quintas (de menor tamaño) adoptarán otros rasgos más anónimos e incluso aceptarán la presencia de modelos repetitivos, sin dejar de mirar o recrear los estilos de las soluciones que prevalecían al sur. Si en el plan de venta inicial se pueden encontrar parcelas de hasta 3000 m2 de terreno que albergan mansiones de 1000 m2 de construcción, el posterior desarrollo registra la presencia de casas cuya área de construcción oscila entre los 100 y los 200 m2 en terrenos que rondan los 1000 m2.


Cuando La Florida empieza a promoverse como “un jardín en Caracas”, varios aspectos son resaltados en el folleto publicitario impreso para tal fin (toda una novedad para la época) por quienes tienen a su cargo convencer a los futuros compradores de terrenos. De entre ellos el énfasis en el uso del automóvil para desplazarse y conectarse con el resto de la ciudad, síntoma inequívoco de modernidad y de “evolución constante de las condiciones de vida”, surge como paradójico anhelo contrapuesto a la “búsqueda de aire y tranquilidad” que se enarbola como argumento para vender la “superioridad de la casa de campo sobre la casa de la ciudad”, y más aún cuando se plantea “el auto con sus ruidos y sus gases (como) destructor de nervios y de salud”. Al exponerse: “Si el trabajar en la ciudad es inevitable, el vivir fuera también lo es” y se añade “Hemos llegado, pues, a la conclusión de que en bien de nuestros hijos… debemos dejar la ciudad al comercio… y debemos buscar en medio de la naturaleza, oxígeno para los pulmones y sedativo para los nervios”, no deja de sorprender que también se subraye la “proximidad a Caracas” y el asegurar que “se está en plena ciudad: a siete minutos en auto de la Plaza Bolívar”.

El encuentro de la avenida Las Acacias con la Carretera del Este marcará el acceso vehicular a la urbanización y estará enfatizado con la presencia de una plaza ajardinada. Pensada como un bulevar y a la vez vía principal, Las Acacias fue diseñada inicialmente con una anchura de 52 metros y “presenta un trazado en sentido norte-sur adaptado al recorrido y pendientes de la quebrada mediante líneas curvas amplias y muy suaves” que finaliza en las estribaciones de la Silla de Caracas. “Así mismo, en el cruce de esta avenida con la línea del ferrocarril se conforma otra plaza (…) (suerte de) nodo del trazado vial a partir de la cual se originan dos bulevares de menor jerarquía en el mismo sentido norte-sur (las avenidas Los Samanes y Los Jabillos), diseñados también con un trazado sinuoso y suave e integrados mediante calles transversales de menor jerarquía (…), algunas de las cuales finalizan en calles ciegas que rematan en redomas o plazas que presentan una gran riqueza de formas geométricas, tal como los ejemplos ingleses”, puntualizará Landa. El más importante bulevar transversal será la avenida Los Manolos cuya posterior prolongación hacia el oeste hasta San Bernardino dará origen a la avenida Andrés Bello cuyo impacto, sin duda, alterará significativamente las condiciones iniciales deseadas para la urbanización.

Sobre Los Manolos entre las avenidas Los Samanes y Los Jabillos se ubicará el Club Florida, de carácter privado, referencia para la Caracas de entonces y centro institucional, social y simbólico de la urbanización, que incluyó parques, jardines y canchas deportivas pero ningún espacio público. Esta particularidad hará que el desarrollo, pese a sus evidentes similitudes formales con el urbanismo jardín, al no escoger a la iglesia o la escuela para asumir el rol de nodo cívico permita afirmar a Landa que “…La Florida podría ser considerada como el primer ejemplo de suburbio jardín en Caracas únicamente en los términos conceptuales, funcionales y morfológicos planteados por Unwin y Parker, debido a que dos de los conceptos esenciales del urbanismo jardín planteados por Howard nunca fueron aplicados en Caracas”. La inexistencia de espacios públicos notables en La Florida no se producirá ni siquiera cuando el terreno del club, una vez demolido, sea destinado a la construcción de la iglesia de Nuestra Señora de Chiquinquirá y el colegio San Antonio.



Vale la pena recordar que Carlos Raúl Villanueva llega a Venezuela justamente en 1928 en pleno proceso de gestación de La Florida y que contraerá nupcias con Margot Arismendi Amengual (hija del promotor del urbanismo) en 1933. Este hecho le permitirá diseñar en la urbanización sus dos primeras viviendas familiares: la casa nº36 de la avenida Los Manolos cruce con Los Samanes (frente al club) en 1934 (demolida en 1979), y luego Caoma en la avenida Los Jabillos de 1953 (que habitará hasta su fallecimiento en 1975), construida tras derribar la quinta propiedad de su esposa que ocupaba la parcela donde se habían mudado a finales de la década de 1930 de la que sólo se conservará el nombre. También le dará la oportunidad de colaborar con su suegro proyectando numerosos modelos de quintas dentro de la urbanización que se repetirán y estarán al alcance de un mayor número de personas, las cuales han sido estudiadas por Luis Polito en “Las quintas de Manuel Mujica Millán y Carlos Raúl Villanueva alrededor de los años ’30”, Trabajo Final presentado para obtener el título de Magister Scientiarum en Historia de la Arquitectura de la FAU UCV en 1996.
“Debido a su inmediato éxito inmobiliario entre la creciente clase media alta, que no solamente exigía un urbanismo de calidad sino que también requería identificarse a través de los nuevos códigos y valores estéticos nacientes en los países centrales, La Florida se constituyó como el modelo de urbanización a seguir y por lo tanto se convirtió en arquetipo de los promotores inmobiliarios a partir de los años treinta. Así, San Bosco, San Bernardino, Los Caobos, Altamira, La Castellana, Colinas de Bello Monte y otras urbanizaciones ubicadas en el sur-este de Caracas serían a su vez, trasplantes, reinterpretaciones y adaptaciones -con mayor profusión o menor utilización de elementos comunes, según el caso- del lenguaje formal de La Florida y por lo tanto de los códigos funcionales y morfológicos del urbanismo jardín europeo”, concluirá Landa.

Afectada como ya señalamos por su apertura franca a la ciudad, por cambios en su zonificación y por la aparición cada vez más extendida de usos comerciales, La Florida con el tiempo ha sufrido un proceso de creciente deterioro que ha derivado en la desmejora de su calidad ambiental pese a que conserva el verdor en sus avenidas y la frondosidad de los árboles que aún dan nombre a muchas de sus calles.
ACA
Procedencia de las imágenes
- Colección Crono Arquitectura Venezuela.
2. Casals Costa, Vicente. «Manuel Mujica Millán y el urbanismo novecentista en Cataluña, 1917-1927», Biblio 3W, Vol. XVI, nº 925, 2011 (https://www.ub.edu/geocrit/b3w-925.htm); y Di Pasquo, Carlos. Caracas 1925-1935. Iniciativa privada y crecimiento urbano, Universidad Central de Venezuela, 1985.
3. Roche, Marcel. La sonrisa de Luis Roche, Ediciones Arte, 1967
4. De Sola Ricardo, Irma. Contribución al Estudio de los Planos de Caracas 1567 – 1967, Ediciones del Comité de Obras Culturales del Cuatricentenario de Caracas, 1967
5. De Sola Ricardo, Irma. Contribución al Estudio de los Planos de Caracas 1567 – 1967, Ediciones del Comité de Obras Culturales del Cuatricentenario de Caracas, 1967; y Polito, Luis. Las quintas de Manuel Mujica Millán y Carlos Raúl Villanueva alrededor de los años ’30, Trabajo Final presentado para obtener el título de Magister Scientiarum en Historia de la Arquitectura, FAU UCV, 1996.
6, 8, 9 y 10. Fundación CIEV. «El éxodo de la ciudad hacia el este o breve historia de las urbanizaciones de Caracas a partir de 1928 – Parte 2», 2017 (https://fundacionciev.com/el-exodo-de-la-ciudad-hacia-el-este-o-breve-historia-de-las-urbanizaciones-de-caracas-parte-2?x-host=fundacionciev.com)
7. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad; Caracas Cuéntame (https://twitter.com/Caracascuentame/status/1061058955655430144); Fundación CIEV. «El éxodo de la ciudad hacia el este o breve historia de las urbanizaciones de Caracas a partir de 1928 – Parte 2», 2017 (https://fundacionciev.com/el-exodo-de-la-ciudad-hacia-el-este-o-breve-historia-de-las-urbanizaciones-de-caracas-parte-2?x-host=fundacionciev.com); y El Universal. «La Florida conserva su apariencia tradicional» (https://www.eluniversal.com/caracas/23599/la-florida-conserva-su-apariencia-tradicional)
11. Fundación CIEV. «El éxodo de la ciudad hacia el este o breve historia de las urbanizaciones de Caracas a partir de 1928 – Parte 2», 2017 (https://fundacionciev.com/el-exodo-de-la-ciudad-hacia-el-este-o-breve-historia-de-las-urbanizaciones-de-caracas-parte-2?x-host=fundacionciev.com); y Jorge Peña, CARACAS en retrospectiva II (https://www.facebook.com/caracasretro/photos/a.21187152210/436207152210/?type=3)
12. Gómez, Hannia. El Cerrito: la obra maestra de Gio Ponti en Caracas, ULTREYA/Fundación Planchart, 2009; y Gasparini, Graziano y Posani, Juan Pedro. Caracas a través de su arquitectura, Armitano Editores/Fundación Fina Gómez, 1969.
13. IAM Venezuela. «Manuel Mujica Millán, el español que modernizó la arquitectura en Venezuela» (https://iamvenezuela.com/2019/05/manuel-mujica-millan-el-espanol-que-modernizo-la-arquitectura-en-venezuela/); y Polito, Luis. Las quintas de Manuel Mujica Millán y Carlos Raúl Villanueva alrededor de los años ’30, Trabajo Final presentado para obtener el título de Magister Scientiarum en Historia de la Arquitectura, FAU UCV, 1996.
14. Villanueva, Paulina y Pintó, Maciá. Carlos Raúl Villanueva, Alfadil Editores, 2000.
15. Captura de Google Earth y La Caracas Inolvidable (https://www.facebook.com/groups/586879391415561/posts/3482186595218145/)
¿SABÍA USTED…
…que de 1776 data la primera presencia en planos de la Plaza del León hoy conocida como Plaza Capuchinos?

De acuerdo al trabajo de Buenaventura de Carrocera titulado “CAPUCHINOS EN VENEZUELA; Su apostolado asistencial” (accesible en https://www.dhial.org/diccionario/index.php?title=CAPUCHINOS_EN_VENEZUELA;_Su_apostolado_asistencial), la llegada de la orden de los Capuchinos a Venezuela se remonta al mes de julio del año de 1658 cuando ocho de sus miembros arribaron en el mismo viaje que trajo a nuestras tierras al nuevo gobernador de la provincia D. Pedro de Porres y Toledo. Ya para entonces era proverbial la inclinación de los clérigos a prestar asistencia “tanto en lo espiritual como en lo temporal a los enfermos o víctimas de públicas calamidades, sobre todo de guerras o epidemias”, y aunque su destino eran las misiones de Cumaná y los Llanos de Caracas, al presentarse en la capital “los primeros brotes de una terrible epidemia, designada con el nombre de ‘puntada’, que en los primeros días de agosto se desarrolló notablemente” cobrándose la vida de hasta 2000 personas, los ocho monjes ofrecieron a Porres y Toledo sus servicios incondicionalmente.

“Los Capuchinos no tuvieron en tierras de las Indias Occidentales convento formal alguno; sí en cambio dispusieron de ‘hospicios’ o residencias, considerados por los misioneros como necesarios o muy útiles, y por eso los pidieron y les fueron concedidos. Estos fueron sitios o casas de aclimatación para cuantos iban llegando de España. También se les destinó para que los enfermos o ancianos convaleciesen o recibiesen los auxilios convenientes”, señalará De Carrocera.
Dentro de ese marco, a escasos tres años de su llegada, la orden solicita al rey en 1661, la instalación de un hospicio en la propia ciudad de Caracas, gracia que les fue concedida dos años después. Obtenido el beneplácito, “el gobernador Porres y Toledo les dio toda clase de facilidades: les entregó una iglesia reconstruida por él con todo lo necesario para el culto, y una persona bienhechora les cedió una casa y huerta, anejas a la iglesia, donde permanecieron varios años”. La donante de la casa y huerta fue Da. María del Rincón y al parecer estaban ubicadas al suroeste del casco central, colindantes con la carretera que conducía a La Vega y Antímano, frente a la que se conocía como fuente del León, la cual se dice estuvo adornada con el león y el escudo de armas de Caracas.

Años más tarde, a partir de 1736, tras haber instalado sucesivamente hospicios en La Guaira, Cumaná y los Llanos, al presentarse problemas con las propiedades asignadas en los dos últimos lugares, los Capuchinos comienzan a hacer nuevas gestiones para conseguir su instalación en Caracas. Ellas se intensificarían desde 1748 y años posteriores en que “construida por el sacerdote D. Salvador José Bello la iglesia de la Divina Pastora con la casa adjunta, existió gran probabilidad de que todo ello fuese entregado a los capuchinos, lo que ya se daba por seguro en 1773 y sobre todo en 1777”.
Ante la reticencia del obispo Martí de que aquella donación se concretara y una vez expedida la orden de parte del rey en 1777 (ratificada dos años más tarde) de que se fijase en concreto el sitio donde debía levantarse el lugar de acogida, Martí “decidió en 1785 que el hospicio fuese una realidad; se instalaría en terrenos próximos a la parroquia de San Pablo, cedidos graciosamente por el mismo Martí, lo que mereció la aprobación del rey, quien una vez más indicaba fuese construido sin aquellas circunstancias ‘que puedan hacerle parecer convento, y que en él residiese un padre, un hermano y tres religiosos enfermos, ancianos o achacosos, y los transeúntes’”.

En los terrenos mencionados, ubicados frente a la ya para entonces conocida Plaza del León, “se levantó iglesia, casa con diez habitaciones y demás dependencias, y quedó sitio para huerta”. La obra, iniciada luego de ser aceptada y aprobada la solicitud por medio de la Real Cédula de Carlos III de España, quedó terminada en los primeros días de 1791. “Pero toda aquella construcción se vino abajo en el terremoto del 26 de marzo de 1812. Un año después se comenzó a reedificar pero no con la amplitud anterior”.
La iglesia se llamó de San Juan Bautista, la que, agrandada posteriormente y erigida en parroquia el 22 de febrero de 1834, sustituyó a la de San Pablo cuando se segrega de la antigua Parroquia de San Pablo. Aquella capilla de medianas proporciones, fue sustituida por una iglesia parroquial en 1843. Años más tarde, y tras considerar el valor que había cobrado el sitio, se llevó a cabo la construcción de una nueva edificación neoclásica, inaugurada en 1869, que ha perdurado hasta nuestros días.

Aunque la historia del espacio público que hoy nos ocupa no sólo la ubica como una de los primeros de la ciudad, sino que, como se ha visto, se encuentra absolutamente ligado a presencia de los padres Capuchinos, el primer nombre que se le dio (1776), como ya se ha asomado, fue el de Plaza del León como reconocimiento a la ya citada fuente que aludía a los símbolos de la ciudad. Luego, por disposición del presidente Antonio Guzmán Blanco en honor a su ascenso al poder en abril de 1870, fue renombrada Plaza de Abril entre 1875 y 1881. Este año ocurre otro cambio y se decide renombrar como Plaza Zamora. Según recogemos de Wikipedia “para ello se derriba la fuente que contenía el león del escudo de armas de Caracas y se levanta en ella una estatua en honor a Ezequiel Zamora, obra realizada por el escultor francés Vital Gabriel Dubray (1813-1892)». La escultura fue removida en la década de 1950 y enviada a Cúa, ciudad natal de Zamora, donde desde 1959 preside la plaza que lleva su nombre.


Entre 1929 y 1930 el espacio es intervenido, parte de su vegetación es talada, se aumenta la superficie pavimentada, se colocan una serie de pérgolas de madera y se incorporan una pequeña torre habitable (hoy conocida como «el palomar» donde se afirma que era una pequeña biblioteca en donde se podían consultar las obras de Andrés Bello) y la primera estatua de Bello en Caracas, obra del escultor español Chicharro Gamo localizada hoy en día en Coche.
Con la construcción en 1954 del primer tramo de la avenida San Martín (inaugurado en 1955), se redujo considerablemente el tamaño de la plaza y más tarde, en 1959, se le volvió a cambiar de nombre por el de “19 de abril” hasta que muy poco después, finalmente, se impuso tanto la tradición como la memoria urbana pasando a denominarse Plaza Capuchinos.
Dos hechos históricos acaecen asociados al lugar. El primero tiene por fecha el 14 de octubre de 1813 cuando “se celebró una ceremonia que partía desde la plaza hasta la Catedral de Caracas para trasladar en un carro fúnebre los restos de Atanasio Girardot; entre los presentes en la ceremonia destacaban Simón Bolívar y José Félix Ribas”. El segundo del 10 de enero de 1827 recoge una parada realizada por Bolívar en lo que fue su último viaje a la ciudad de Caracas donde estuvo acompañado por José Antonio Páez.



Ubicada, pues, sobre la avenida San Martín en la esquina de Luzón, la plaza Capuchinos tal y como hoy la conocemos tiene forma triangular y se encuentra delimitada además por la avenida Oeste 14 y la calle Empalme. Como señala María Isabel Peña en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015), “la pequeña plaza posee un elemento urbano hoy poco frecuente: una torre de tres niveles para albergar palomas. Intervenida con pérgolas de madera sobre columnas de ladrillo de sección cuadrada y brocales de ladrillo que contravienen su espíritu, la plaza se muestra, en imágenes históricas, como un espacio urbano arbolado y sombreado”, cosa que ha venido recuperando paulatinamente pese a la prevalencia de la superficie pavimentada que ocupa su centro geométrico.


En una de las viviendas que rodea la plaza Capuchinos (devenida hoy en “Casa patrimonial”) vivió el poeta y humorista Aquiles Nazoa quien en 1920 había nacido en la barriada de El Guarataro ubicada en la propia parroquia San Juan. Nazoa había estudiado primaria en la escuela Zamora ubicada al borde de la plaza y siempre tuvo especial afecto por la zona. Dentro de su producción literaria se encuentra el poema titulado “Adiós a la Plaza Capuchinos” que escribiría en la década de los años 50 cuando se realizó la ampliación de la avenida San Martín y el espacio público en el que jugó cuando era un niño fue cercenado.
Cercana a la plaza se encuentra la estación del Metro de Caracas que lleva su nombre, cuyas obras la afectaron una vez más primero en 1986 con la construcción de la línea 2 y luego en 2006 con la construcción de la línea 4 (pasando a ser, por tanto, una estación de transferencia).
Pese a las agresiones a las que se ha visto sometida a través de tiempo, la plaza es sin duda un vital punto de encuentro y de referencia para los habitantes de El Guarataro y vecinos de la parroquia San Juan, para quienes su escala familiar aporta frescura, calor y proximidad.
ACA
Procedencia de las imágenes
1 y 10. https://guiaccs.com/obras/plaza-capuchinos/
2. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.
3. http://guiaccs.com/planos/la-recaudacion-fiscal/
4. https://guiaccs.com/planos/la-descripcion-del-viajero/ y https://mapasmilhaud.com/mapas-urbanos/plano-de-santiago-de-leon-de-caracas-1810/
5. http://caracas-antesahora.blogspot.com/2008/03/evolucin-histrica-de-caracas.html y http://guiaccs.com/planos/la-ciudad-en-tiempos-de-castro/
6. https://lacaracasdeantier.wordpress.com/2016/03/02/la-plaza-capuchinos/ y http://mariafsigillo.blogspot.com/2016/07/coche-cementerio-de-estatuas.html
7. https://www.facebook.com/groups/271184867665916/posts/474324630685271/ y https://iamvenezuela.com/2017/12/plaza-ezequiel-zamora-de-cua-miranda/
8. https://twitter.com/Caracascuentame/status/1080995314075684865 y Colección Crono Arquitectura Venezuela.
9. Capturas de Google Earth.
11. https://www.google.com/search?q=fotos+plaza+capuchinos, https://lacaracasdeantier.wordpress.com/2016/03/02/la-plaza-capuchinos/ y https://www.facebook.com/groups/lavenezueladeayer
CONTACTO FAC 349
CONTACTO FAC 344
¿SABÍA USTED…
…que en 1941 se termina la construcción y se pone en servicio el Puente Las Mercedes?

La “conquista” y ocupación ordenada de la ribera sur del río Guaire, como se sabe, no se empieza a dar en Caracas sino a finales del siglo XIX y se acelerará a partir del terremoto del 29 de octubre de 1900, cuando algunas familias pudientes deciden comprar terrenos y construir sus viviendas en la urbanización El Paraíso, que ya se venía gestando desde 1891.
Pieza importante en ese primer paso lo constituirá la inauguración en 1875 del “Puente de Hierro” (bautizado como Puente de la Regeneración, obra de Luciano Urdaneta y Henry Cook) que, como bien señala Mónica Silva Contreras en “Puentes metálicos sobre el río Guaire: el carácter de la tradición académica y la imagen del diseño estructural” (artículo publicado en Tecnología y Construcción en 2004), será seguido por otros seis conectores metálicos: el Puente Constitución (1880-1881 de Juan Hurtado Manrique), sustituido por otro también en acero que se llamó Puente Sucre (1895 de José María Ortega Martínez); el Puente El Paraíso (1895 de Manuel Felipe Herrera Tovar); el Puente Dolores (1898 de Manuel Felipe Herrera Tovar), el Puente Restaurador (1905 de Rafael Nuñez Cáceres) y el Puente 19 de diciembre (1910 de Herman Stelling) y, más adelante, del Puente Ayacucho en 1924 de Herman Ayala (el primero de tres en arco de concreto armado construido en el país) y el Puente Bolívar en 1933 de Pedro Bernardo Pérez Barrio (llamado también Puente de las Barrancas y hoy de Los Leones, el cual marca una vuelta al acero como componente estructural), que darán un impulso definitivo al desarrollo de la zona. También, con este grupo de elementos que permitieron cruzar el Guaire, el crecimiento hacia el sur así como la conexión con la población de El Valle y el occidente del país ya estaba encaminada.




Caracas, ciudad accidentada y poblada de quebradas en su mayoría procedentes del Ávila (del total aproximado de 25 cursos de agua, 21 provienen de la vertiente sur de la Cordillera de la Costa y drenan al Guaire por su margen izquierda), ya tenía desde la colonia una importante tradición en la construcción de puentes que poco a poco le permitieron sortear cauces y hondonadas y con ello ampliar el damero fundacional. El Puente Carlos III (1772-1775 de Juan Domingo del Sacramento Infante, sobre la quebrada de Catuche) y el Puente Anauco (1786-1790 de Francisco Jacor, pieza clave en el impulso del desarrollo hacia el este del valle), se reconocen aún como sobrevivientes minusvalorados de importantes obras donde la ingeniería se hizo presente, que recuerdan momentos en los que la gesta urbanizadora se abrió paso al norte del Guaire. Estudiosos en la materia citados por Octavio Sisco Ricciardi en el artículo “El Pontifex de Las Mercedes. Amor, Valor, Labor e Impetus” publicado en https://www.redpatrimonio-ve.com el 26 de septiembre de 2019, han identificado alrededor de “221 puentes construidos en los últimos dos siglos y medio para salvar irregularidades y cursos de agua, lo cual ha permitido el crecimiento urbano de la ciudad. Algo más de una quinta parte del total anterior fue construido con anterioridad al siglo XX”.
Muy afectados por las sucesivas crecidas del Guaire (siendo de ingrata recordación la acaecida en 1892), los primeros puentes metálicos (Puente Hierro, Sucre, Dolores, Paraíso, Restaurador, 19 de diciembre y Bolívar) serían, en consonancia con el aumento en la producción de cemento en el país, paulatinamente sustituidos por estructuras de concreto armado: primero el Sucre en 1925, segundo el Puente de Hierro en 1937 y el resto a partir de 1940.

Así, el plano de Caracas y sus alrededores de Eduardo Rohl de 1934 en el que ya se muestra el paulatino nacimiento en forma de racimo de urbanizaciones hacia el este de la ciudad al norte del río, permite apreciar, sin embargo, la inexistencia de puentes en sentido norte-sur sobre el Guaire en virtud de que las tierras ubicadas en su margen derecha tenían uso agrícola y no habían sido aun pensadas para ser desarrolladas.
Luego del puente de San Agustín, que unirá el norte y el sur de esa urbanización atravesando el río, y del que enlazará la Plaza Venezuela con los terrenos de la Hacienda Ibarra, no veríamos sino en 1941 la aparición casi simultánea de dos conectores que cruzarán el Guaire, ambos diseñados por Carlos Guinand Sandoz (1889-1963), formando parte de la saga de los calculados en concreto armado de mayor resistencia a los embates del río: el Puente Las Acacias que une Bello Monte (al norte) con Colinas de Bello Monte (al sur) abriéndole la puerta a Inocente Palacios para revalorizar su emprendimiento “colinero”; y el Puente Las Mercedes que vinculará El Rosal con Las Mercedes facilitando el desarrollo del sureste de la ciudad el cual, guardando las debidas distancias, podría equiparar su rol al jugado en su momento por el Puente Anauco.
La comparación entre los dos puentes diseñados por Guinand la desarrolla claramente Hannia Gómez en el artículo “Puente de paz”, publicado en su blog Desde la memoria urbana el 27 de febrero de 2016. Señalará Gómez: “Ambos son de los años cuarenta y son puentes alegóricos, porque poseen esculturas en bajo relieve. Las barandas mantienen su material original, debido a que fueron hechas en mampostería. Son de estructura de concreto y su lenguaje arquitectónico es Art Déco. Los dos comparten el tema de las cuatro luminarias en pilares que son cuatro columnas-faro”.


En lo atinente al Puente Las Mercedes, que sustituyó uno de hierro que daba acceso a la hacienda del mismo nombre desde el camino que conectaba hacia el norte con la Carretera del Este, valga recordar que la decisión de construirlo se toma cuando, una vez desarrollada la urbanización El Rosal durante los años 30 del siglo XX de parte de la empresa Venezolana de Inversiones C.A. (con el ingeniero civil mexicano Gustavo San Román al frente), ésta se asocia con la familia Eraso, dueños de las haciendas Las Mercedes y Valle Arriba, para impulsar en sus terrenos el parcelamiento destinado a sendas urbanizaciones. El Rosal, ubicada sobre la Carretera del Este luego de pasar Chacaíto, se había convertido en un exitoso globo de ensayo proponiendo viviendas unifamiliares y multifamiliares de baja altura para la clase media en la franja que se ubicaba entre la carretera y el río lo cual, junto al interés mostrado por las empresas petroleras radicadas en el país de proveer techo y servicios para sus empleados, animó a VICA a dar un paso adelante y saltar la corriente de agua.


El puente que hoy nos ocupa refleja claramente la formación académica que recibió Guinand Sandoz cuando estudió en la Koniglich Bayerische Technische Hochshule de Munich, “donde le habían inculcado la noción del arquitecto como un artista que debía dominar todos los oficios”, lo cual incluía en muchos casos la ornamentación de sus obras. Es el caso de “los cuatro bajorrelieves de las cuatro columnas-faro que caracterizan el puente, (según testimonio que nos legó un buen día el arquitecto Gustavo Ferrero-Tamayo). Una balaustrada de cemento une los cuatro pilares, que originalmente estaban adornados por guirnaldas de flores de cemento y letras de bronce que rezan: ‘LAS MERCEDES’ y ‘1941’. En los extremos, el puente se convertía en espacio público: las aceras se ensanchaban en cuatro pequeñas plazas definidas por ocho bancos públicos de cemento insertos en las barandas, de los cuales desde 2005 sólo queda el banco que da hacia el suroeste”, recapitulará Hannia Gómez.

Lo alegórico hace presencia en el puente, como ya adelantáramos, a través de esculturas en relieve trabajadas en las cuatro columnas-faro que lo enmarcan y delimitan, duplicadas en dos de sus caras para sumar un total de ocho. Dedicada cada una a un tema, Amor, Valor, Labor e Impetus se harán presentes caracterizando las intervenciones. De tal manera, como señalará Sisco Ricciardi en el artículo ya citado: “De notoriedad formal decó, el Amor está simbolizado por el abrazo tierno de una figura femenina que sostiene a su infante…; el Valor, (por) una efigie femenina estilizada que lleva sobre su hombro izquierdo una frondosa cesta de frutos del campo, (personificando) el conjunto de las cualidades para alimentar el cuerpo; Impetus del latín fuerza, (está) representado por una estampa de un hombre adulto que sostiene en su mano derecha un libro y con su brazo izquierdo conduce a un niño impulsándolo por el camino del conocimiento, valores para el alimento del espíritu; y Labor, (está) realzado por una figura musculosa masculina quien acompañado de una rueda dentada, empuña un martillo para impulsar con su fuerza el motor de toda industria: el trabajo”.

Objeto de numerosas agresiones que se remontan a 1976 con la construcción del elevado metálico “provisional” que permitió la continuidad de la avenida Río de Janeiro hacia la principal de Colinas de Bello Monte, el cual afectó sin duda su apreciación integral; continuando con la del año 2000 por parte de la Alcaldía de Baruta que modificó la inscripción de su fecha de realización e incorporó unos parales de hierro forjado como postes lumínicos, desnaturalizando así el concepto artístico de las torres originales; y llegando hasta la desafortunada colocación en 2015 por parte del Ministerio del Poder Popular para el Transporte Terrestre de un puente metálico vial prácticamente adosado a su margen, que lo afectó como totalidad y bloqueó la percepción de sus formas Art Deco y sus relieves artísticos, el Puente Las Mercedes, aunque aún no es patrimonio declarado, sí es desde 2006 bien de interés cultural urbano preinventariado por la Fundación de la Memoria Urbana para el IPC.
Su indudable valor histórico, urbano, arquitectónico y artístico; su carácter pionero como conector hacia el sureste de la ciudad, función que aún cumple dignamente; su revalorización como vía peatonal que enlaza Chacaíto y Las Mercedes; y el valor simbólico, moral y pedagógico que transmite su labrada superficie, ameritan para el Puente Las Mercedes una consideración muy distinta a la que hasta hoy se le ha brindado.
ACA
Procedencia de las imágenes
2. https://www.facebook.com/photo/?fbid=446286554183688&set=pb.100064070406191.-2207520000&locale=es_LA
3 y 4. Mónica Silva Contreras. “Puentes metálicos sobre el río Guaire: el carácter de la tradición académica y la imagen del diseño estructural”, Tecnología y Construcción, 2004
5. Mónica Silva Contreras. “Puentes metálicos sobre el río Guaire: el carácter de la tradición académica y la imagen del diseño estructural”, Tecnología y Construcción, 2004 y Colección Crono Arquitectura Venezuela.
6. https://guiaccs.com/planos/la-ciudad-del-caballo/
7. Colección Crono Arquitectura Venezuela y https://www.pinterest.com/pin/290834088413694974/
8. https://www.facebook.com/BitacoraDeAgora/photos/a.112659453742221/287367976271367/?type=3 y https://www.facebook.com/lavenezuelainmortal/photos/a.192793934152881/922602524505348/?type=3&locale=es_LA
9. https://www.facebook.com/lavenezuelainmortal/photos/a.192793934152881.38600.192346174197657/902136463218621/?locale=fr_FR&paipv=0&eav=AfZw7UcCyvBX6sc_L0E6zag-vl7ptxP_mD7IJ73jcfVTf8QkQx2K5gSHvwsJbJ8kC1U&_rdr y Colección Crono Arquitectura Venezuela
10. http://guiaccs.com/planos/petroleo-automovil-y-turismo/ y Captura de Google Earth
12. Captura de Google Earth, http://hanniagomez.blogspot.com/2016/02/puente-de-paz.html y Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

